Este
cuadro del matrimonio Arnolfini lo vimos en marzo de 2011 por aquí, hace 242
posts, y en especial vimos el detalle del terrier y del espejo cóncavo, que
encierra una miniatura del propio cuadro, de Jan Van Eyck. Sólo por esa
razón me eximo de todo comentario sobre la obra y por eso mismo la he elegido
entre el gran número de fotografías manipuladas de la web. Algunas de las fotos
están manipuladas con Photoshop -como ya se han visto hasta la saciedad la
Gioconda y el David o hasta la Capilla Sixtina o Flora- y yo no sé decir qué
impresión es mejor o peor, la de que una obra de arte simplemente se use como
capa de fondo para el discurso publicitario o si es mejor o peor que se le vean
los dientes a Monna Lisa y ponerle calzoncillos a la escultura más famosa de
Miguel Ángel. Cada cosa tiene su qué.
Estos
días se viene hablando mucho de la "restauración" que
le hizo una señora al Cristo de su parroquia, en un pueblo de Zaragoza, cosa
que en sucesivas ediciones de los diarios se va contextualizando con detalles
de que si es octogenaria, si tiene un hijo discapacitado, si lo hizo con buena
intención y ella misma se dio cuenta de que se le había ido la mano, etcétera.
Verdaderamente su versión no deja de tener un mérito, pero está claro que
preferimos el original por maltrecho que esté. Y la prueba es que finalmente se
va a restaurar pero de verdad el fresco, que es lo que parece que es esa
pintura.
Esta
noticia me ha hecho pensar (se lo crean o no) que a mí a veces me han venido
ganas de... modificar un grabado del que estoy hasta las narices que hay por lo
menos cosa de 400 veces en el complejo de edificios que conforman la residencia
sanitaria del Valle Hebron. Lo firma Jordi Alumà y yo no sabría afirmar si es
bueno o no, si me gusta o no. Lo que sí puedo decir es que me tiene harta. Aún
no me he podido olvidar de los cuadritos que habían en la sala de espera de mi
difunto dentista. Y eso que tenía muy buen gusto. Uno de los cuadros era además
una sala de espera de un dentista pero de un siglo anterior. Y en él uno de los
pacientes llevaba un pañuelo blanco y grande anudado en la cabeza, de aquella
forma que he visto con que les atan las quijadas a los difuntos si murieron con
la boca abierta.
Yo
que no soy de happenings ni de performances o payasadas, y mucho
menos aún de fakes, como les decía días atrás por culpa de Gordillo,
Assange e tutti quelli, me darían ganas de coger la "Noia
mediterrània" y dejarla como si fuera otra. La que enlazo creo que es la
numerada 268, incertidumbre que me obligará mañana a volverla a mirar. Encima.
No sé si me explico.

