28/1/09

Post 211: Esta colmena sin miel

“Transcribo al pie de la letra los párrafos que le dedicó Paco Umbral [a Alfonso Sánchez] en su libro Las palabras de la tribu:

[…] Una tarde, como tantas, fui a buscarle a la redac­ción del “Informaciones”. Estaba haciendo la columna.-¿De qué escribes hoy, Alfonso?

-Estoy deseando terminar para saberlo.”

 
A las voces sin voto y a los votos sin voz, que también los hay



yer estuve en el Auditori, una maravilla de la acústica. Magnífico programa: El Concierto para piano #1 y la cuarta sinfonía de Brahms con la London Philarmonic Orchestra dirigida por la estadounidense Marin Alsop, con Jonathan Biss al piano. Aparte de ser un placer para los sentidos, para la inteligencia y para el alma, que no es poco, en ellas se hipostasia una de las pocas citas célebres de Brahms: “Componer no es difícil, lo difícil es dejar las notas superfluas bajo la mesa”.

Servidora lo mismo te escucha embobecida y raptada Brahms, el sinestesista, que se va a María Jiménez con la Cabra mecánica y su versión de “Cerrado por derribo” de Joaquín Sabina, o a Nightnoise, una formación irlandesa prácticamente desaparecida. He buscado la voz del compositor en youtube y he encontrado un documento de 1889 bastante deficiente, una grabación en uno de aquellos cilindros de cera de abeja, supongo. Qué no daría por oír una grabación de la voz de Emily Dickinson o de cualquiera de los “santos” de la galería de *A la flor del berro. En la voz de cada cual hay mucho de sí. Gracias a que alguien se tomó el trabajo de colgar todos los programas televisivos de “A fondo” de Joaquín Soler Serrano, tenemos en Youtube las entrevistas a Jorge Luis Borges, a Camilo José Cela, a Rafael Alberti, a Josep Pla, a Dámaso Alonso, a Gabriel Celaya, a Octavio Paz, a Juan Rulfo [enlaces rotos] e incluso a Salvador Dalí, Antonio Buero Vallejo, Adolfo Marsillach, Chabuca Granda, y a Atahualpa Yupanqui. Me he acordado de la espléndida autobiografía de juventud de Alberti, La arboleda perdida, y me he acordado del desprecio mutuo que se tenían Alberti y Cela. Según leí en las memorias de Umbral, Cela –creo que en el entierro de Dámaso Alonso- le dejó caer: “He visto a tu amigo, el lírico menesteroso, y parece la encargada de una casa de putas de Ceuta”. Yo hubiera jurado que Cela habría dicho antes bien “ceutí”, pero todo cuadra. Precisamente debemos también a Umbral, a su atención y a su precisión, una referencia a la voz de Xènius: “Lo que más impresionaba en D’Ors era la voz, una voz cuidada, profunda, grave, musical y muy social”.

Buscando a Valle-Inclán, del cual sé que hay una grabación tal vez en el patrimonio del Instituto Cervantes, he encontrado un monólogo bastante histriónico de Gómez de la Serna. También estaba Jung, muchos pájaros silvestres, el mar y las ballenas. Seguramente, con paciencia y método, conseguiría recoger un abanico de voces antiguas y modernas. Hay algún fragmento del programa de Letras “Apostrophes”, donde Pivot entrevista a Navokov y a la Duras, pero no he encontrado el vídeo en que entrevistó a Marguerite Yourcenar. Después, como siempre es inevitable cuando una se mete en Youtube, me he ido del coro al caño y del caño al coro. Por suerte para cuidarnos de los desmemoriados y de los torticeros, hay muchos registros de estadistas y hasta de políticos: Pompidou en mayo de 1968, Tony Blair en perfecto francés, Zapatero en inglés, Magdalena Álvarez por activa y por pasiva, Martin Luther King en su speech I've a dream” o Obama cuando su discurso adquiere un tono que recuerda a King Africa y no por su negritud, sino por la euforia. Tanto Harvard para nada. El vozarrón energuménico que se le pone a los políticos en campaña electoral tiene sus puntos de contacto con el tono de los comentaristas de fútbol. Qué diferentes David y Victoria Beckham, p.e. de Maradona, o la recatadísima presentadora del ”Informe semanal” del sábado siguiente al 23 de febrero de 1981 comparada con Rosa María Mateo y ya no digamos con la glamourosa Anne Igartiburu y su equivalente masculino, el conde de Montseny (Lorenzo Milá). Qué diferentes Diana Spencer en su registro aristocrático del desparpajo de nuestra Tamara Falcó Preysler. Otros documentos para mojar pan son aquellos en los que vemos juntos personajes como Federico Jiménez Losantos y Jesús Quintero, el loco de la colina.

Ya cuando era sólo estudiante o trabajaba menos seguía algunos programas radiofónicos como, por ejemplo cuando preparaba la selectividad o el ingreso a la Escuela de Biblioteconomía, uno que hacía a las 6 de la tarde en RNE Andrés Aberasturi. Cuando estaba inspirado era inolvidable y cuando no entonces era admirable, porque lo admitía y entonces sacaba en antena a un pastor o a una panadera y hacían el programa con bien de cualquier cosa. A Aberasturi lo sacaron hace unos años de Tele5 porque no era fotogénico, porque no sabía posar. En la última racha de jubilaciones anticipadas purgaron a Aberasturi y también a Beatriz Bécquer, que a pesar de ser titular (de tener plaza) suplía a Pepa Fernández cuando ésta (que no la tiene pero es muy afín al “régimen”) hacía sus vacaciones. Me resisto a compararlas porque comparar está feo y porque es como comparar la velocidad con el tocino, el culo con las témporas (o las témporas con el culo) y mezclar churras y merinas. En los principios de Carlos Herrera en el programa matinal de Onda Cero se me salía el desayuno por la nariz de puro reír de las historias que contaba la gente que llamaba. Los que tenían gracia porque la tenían y los que no porque no la tenían. Y es que esa confluencia de voces en los programas de cobertura española, es muy atractiva para mí. Todo lo contrario de esas tertulias en que la gente se atropella y se enfada con odio enconado o se encasquilla en una palabra como si las palabras tuvieran tanto valor.

He notado a faltar en Youtube, y en general en la red, rastros del comentarista de cine llamado Alfonso Sánchez, que tenía hasta imitadores humorísticos por su voz un poco gangosa o como entrecortada. Hubo una época en que había muchos humoristas que se ganaban la vida imitando las voces de Llongueras o Calvo Sotelo, que hacían befa y mofa de los gangosos, los tartamudos, los bobitontos y los afeminados, y que imitaban a Alfonso Sánchez con notable parecido. En humilde homenaje a sus presentaciones antes de la programación de los clásicos del cine y a lo que de él dijo Umbral (que estaba deseando acabar su propia columna para ver de qué trataba), le dedico póstumamente este post hermano.

Alfonso Sánchez Martínez (1911-1981)


(c)SafeCreative 
2212162881351

21/1/09

El año del buey

"El animalito mira a la cámara preguntándose por qué rayos lo han hecho venir a este asco de mundo, muy pocos comprendemos su angustiosa pregunta" (Marithesun)

 


esde que murió Olive Ripley con 108 años, la blogger más añosa del mundo es María Amelia, que nació el año 1911 en Muxía, en Costa da Morte (La Coruña). No nos queda ni nada.

Curiosamente el blog de Olive, que creo que nació en las Antípodas, ha sido prolongado por sus amigos. Y por supuesto fueron ellos los que colgaron el post con la noticia de su deceso. Le comenté ahi atrás y ahí debajo, en un comentario de Víctor, que una vez di con una bitácora en la cual la autora comunicaba a su blogosfera que le habían diagnosticado lo que en la prensa se conoce como una larga enfermedad. Era el último post de una larga serie de entradas cuya frecuencia era notable. Qué angustia que fuera el último, que hubiera evitado a sus compañeros blóguicos los detalles de la convalescencia, la curación o lo que fuera que pasó. Por lo menos en el blog, no sé si en la mensajería electrónica. Y es que el blog es, como la amistad, un medio óptimo para la complicidad más que para la confidencia.

Pero voy a confiar en este post mi tristeza. Alguien me ha roto el corazón y eso es una de las pocas cosas que me pueden entristecer. Hay pocas. Ayer veía la noche caer sobre las colinas de El Carmelo y el Guinardó y las casas relucían como sobre áscuas. Dentro de mí había el frío de una ausencia impuesta. Por eso estos días, cuando veo algo como la foto de Tahina, la lemur de Besançon, me acongojo. No falla: de la misma manera que mi amiga Àngels, aquejada de una larga enfermedad mental, sabe que va a entrar en la fase depresiva en cuantito le da por hojear el “Hola”, yo sé que me está cogiendo una pájara cuando un ser indefenso como Tahina apela a mi instinto de protección. Encima “Tahina” significa en algún idioma “necesita ser protegido”. Ese extraño primate nos mira estrábicamente desde un desamparado verde del mismo color que las bellotas de mar y los ojos que les pintan a las hadas y a otros seres emboscados que viven en la más perfecta de las inocencias. Para más Henry, como decía un compañero con el que trabajé en el Hospital de Bellvitge, en otro lugar me la han fotografiado con un teddy, un oso de peluche, cosa que ya es rizar el rizo, porque en mi trastorno de melancolía severa, no hay nada tan concluyente como tropezarse con el montón de los peluches que hay en la sección de objetos de regalo del Opencor de la esquina. Para comprar mi pan de cada día debo entonces desviarme e ir por la sección del whisky, cosa que tampoco es muy halagüeña, porque me recuerda a los desahuciados por la vida. Así que de la misma manera que Àngels se abisma en las bodas del “Hola” en papel couché y ahí en las puestas de largo y los primeros baños de la temporada reconoce las fauces de la depresión, yo veo en la mirada verde, estrábica y desamparada de Tahina y sus congéneres mi propio desamparo.

Éste año nuevo chino, hacia la primera luna de febrero, será el año del buey o del búfalo (v. post scriptum), el segundo animal en su horroróscopo. El primero es la rata. Al parecer hubo una carrera en la que participaron 12 animales o en la que llegaron los primeros 12 animales que constituyen a su vez los signos zodiacales. La rata llegó antes que el buey, que es muy persistente y tenaz, porque se puso sobre su cabeza y llegado el momento de pasar la meta saltó hacia adelante. Tramposa. De acuerdo con el calendario chino yo no sólo estoy bajo el signo del búfalo o buey sino que al ser el búfalo o el buey del elemento metal, mi persistencia y tenacidad son aún más acentuadas. Una no está demasiado por estas cosas tan impregnadas de mitos y maravillas, pero sí que está por las estrellas en sí y por su invocación y la de otras fuerzas de la naturaleza. Nunca he querido mandar ni ser mandada, por lo que mi paso por la Universidad –esa institución inalterable después de tantos siglos, para que luego se diga de la Iglesia-, mi paso, digo, fue dentro de lo razonable... ¿cómo lo diría yo?... Molesto. Y sin embargo siempre he estado abierta a otros saberes. Como por ejemplo el de los animales. He aprendido de los animales lecciones magistrales directas (sin fábulas de por medio) y lo he notado porque su influencia podría marcarse en el mapa de mi vida como un tramo muy bien delimitado. Tuve mi época de gacela, mi época de osa, de loba, de petirrojo, de hormiga y de abeja, así que acepto humildemente una temporada bajo el influjo del peluche como aquel año, el de 1993, en que tuve que aceptar que se me regalaran 3 conejos y cuatro teteras.

PS: El ideograma chino para búfalo y buey es exactamente el mismo, por lo que yo me decanto, como la anglofonía, por ox, "buey", sobre todo porque me parece que los atributos que adornan a los nacidos bajo ese signo son más propios para este animal que no para el búfalo.

Tahina, la lemur de Besançon

(c)SafeCreative 2212162881351


13/1/09

La cuñada del padre del novio de la peluquera de mi vecino

 

“Tu muerte, hijo, no ha ensombrecido el mundo. Ha sido un apagarse de la luz en la luz. Y nosotros aquí, ensordecidos de tragedia, heridos de blancura, mortalmente vivos, diciéndote”.
F. Umbral, Mortal y rosa



oy viene en “El País” en la sección cultural un artículo titulado “Un bosque de árboles genealógicos”, título que inmediatamente me ha recordado la autobiografía de Marguerite Yourcenar, en la que por lo menos dos veces lamenta la reprobable afición de su hermanastro no sé si a la genealogía, la numismática o a la heráldica. En cualquier caso a una ciencia auxiliar de la historia. El título o titular de “El País” está un tanto cogido por los pelos, la verdad, y sólo la entradilla pronto sitúa el tema en su punto justo: “Los testimonios de autores con hijos descapacitados, una tendencia que se impone”. A estas alturas de la tarde, las 17:57, el artículo solo ha generado 2 comentarios y esto ya se le veía venir por la mañana. No es un artículo incendiario o provocativo, como alguno que viene saliendo últimamente en “La Vanguardia”, sobre -por ejemplo- un estudio de la Universitat Pompeu Fabra en torno la pureza de sangre en Cataluña y en el País Vasco, donde tras examinar una muestra de mil y pico individuos de toda España se observó que es donde menos rastros moros, árabes, etc. hay. Esos otros artículos producen un impacto enorme y suman del orden de 300 comentarios o más antes de que den las dos. Hay entre esos comentarios insultos, alardes, y se diría que hasta gritos. No se puede decir que se encuentre un gran despliegue de razones ni de “netiqueta”.

Hay un fragmento que me ha llamado la atención antes incluso de leerlo: “A las miserias de Pablo Neruda dedicó Joan Margarit, el último Premio Nacional de Poesía, uno de sus poemas. “Era un poema de comprensión”, matiza. “El error de Neruda fue sentimental. Escribió miles de versos sobre todo lo habido y por haber pero se olvido de su hija, que tenía hidrocefalia. Él huyó. Yo doy gracias por no haber tenido la oportunidad de huir, porque no sé qué hubiera hecho”.

Lo que hizo Margarit, que en breve publicará en Visor la edición castellana de Misteriosamente feliz (publicado por Proa en catalán), fue escribir hace seis años Joana (Hiperión), dedicado a la muerte de su hija, afectada por el síndrome de Rubinstein-Taybe [sic].”

Ya tenía yo ganas de que se recordara que Pablo Neruda abandonó a su hija con hidrocefalia, cuando por otro lado se deshacía en versos inflamados. Miraba a otro lado. De Pablo Neruda no me han gustado ni sus imitadores y apócrifos, aunque comprendo su… “¿debilidad?”. La comprendo todo lo que se puede llegar a comprender, no más.

El Síndrome de Rubinstein-Taybi de Joana Margarit era genético e implica retraso mental además de anomalías orgánicas y deformidades tipificadas por el defecto de un gen. Mal gen. Ya hablamos en este blog de la polidactilia y Los hermanos Karamazov. Y si no se ha hablado aún, debería hablarse de Mortal y rosa, de Paco Umbral, uno de los libros más bellos que he leído. Así que el hecho de los escritores que escriben sobre los/sus pequeños discapacitados, enfermos o muertos no es ajeno a la enciclopedia. Joan Margarit primero fue escritor y luego fue padre. Otra cosa es hacer de ello un boom editorial, un filón.

Evidentemente el talento de v.g. Rosalía de Castro no se explica en que le cayera su bebé en un brevísimo y fatal descuido, o que el hijo mayor (Virgilio) muriera tuberculoso, o en que su vida fuera un ir y venir entre Padrón y Simancas, y entre su casa y el cementerio de Adina. Se puede escribir poesía visionaria y adelantarse 100 años al existencialismo sin necesidad de pasar por una tragedia o un drama. No se explica su talento tampoco en su cáncer de ovario, idéntica afección a la de otra escritora, Teresa de Jesús. Y cuando se hace broma de los efectos lisérgicos del cornezuelo del centeno, en los que se justifican los arrobamientos y los episodios de levitación de la de Ávila, yo me pregunto porque no volaba toda Castilla, que se ponía morada de pan negro con cornezuelo hasta el corvejón y no levitaba nadie. Los últimos años no sé cómo me hago un lío entre las palabras LSD y ADSL, pero lo de la levitación lo tengo claro.

Posiblemente las páginas de la gran literatura están emborronadas de lágrimas y las pobres musas de las letras han tenido que habérselas con un superávit de desequilibrados y toxicómanos. Y sin embargo a veces los efectos del whisky o, directamente, de alucinógenos, no aseguran una prosa bien ligada, al contrario.

Tenemos de fondo algo que no hay que perder de vista, que el sistema sanitario estadounidense, privado, ha implicado campañas de concienciación y financiación basadas en celebridades. Así la campaña del sida en Rock Hudson, la del tenor Josep Carreras, etc. Esos modelos creo que han abierto la veda a que también los escritores profesionales de alguna manera sacrifiquen y aireen su vida digamos más íntima sobre todo a favor de aquellos que no pueden hablar ni escribir.

A veces doy en darme cuenta de que alguien pues sólo habla de dinero. Dinero por aquí, dinero por allá, dinero siempre. Fulanito gana mucho dinero. “¿Y esto cuánto te ha costado?”. “¿Y dónde dices que estaba el hotel?”. Otros siempre hablan de alguna proeza en el gimnasio, o hablan de trabajo. Que “mi jefe”, que “mi jefa”, que “la fotocopiadora”, que “el teléfono”. Hay gente que solo habla de sí misma. “Yo, yo, me, yo, mío, mi, yo, conmigo”. Hay gente que habla por preguntas, que siempre están preguntando y preguntando pero no sueltan prenda. Hay gente que no deja hablar como hay gente que no escucha. Hay gente que lo cree saber todo y hay quien no quiere saber nada, que no sé qué es peor. Otros, hablan de la cuñada del padre del novio de la peluquera de su vecino, o del vecino de la cuñada de la peluquera del novio, o de la cuñada de la peluquera del padre del novio. Eso viene siendo despistar, como aquel que decía que tenía “un primo que había tomado viagra” y todo el mundo sabe que el viagra lo ha tomado él pero que está haciendo un tiento o tanteo. Los escritores tienen que saber muy bien qué dicen y que (como dice la Biblia) "la boca habla de lo que rebosa el corazón".

Ilustración de Jeffrey Vallance

(c)SafeCreative 2212162881351


5/1/09

La punta de la lengua


inalmente ya tenemos el rompecabezas (
Vídeo de Camarón, Rocío Jurado, Tomatito, Curro Romero y Carlos Herrera) solucionado, gracias al fino oído de Manolotel:

Tengo que armar un tangay
con esta verdad sencilla
tengo que armar un tangay
La mitad del mundo es Cai
y la otra mitad Sevilla
Cai, Sevilla, Sevilla y Cai,
yo he visto el mundo, primo,
esto es lo que hay.

¡Qué paz! No vamos a quitarle mérito a Manolotel, siempre tan gentil, diciendo que, claro, vive en el sur de Andalucía y por lo tanto está avezado al acento y la dicción andaluzas. La cosa estaba difícil y ya estaba tan escamada que iba a acudir a una amiga de Huelva, Carmen. Y eso que no me he metido con el cantar de Camarón, que ya estaría malo. Total ya se veía venir que lo que nos faltaba no le quitaba ni le añadía sentido, pero me cuesta mucho darme por vencida en estos asuntos. Acostumbrada a leer letra de médicos, incluso la mecanoscrita (que sólo arroja un poco más de claridad), desentrañar el significado de algunas palabras ilegibles no presenta para mí demasiada dificultad, sobre todo una vez que ya estoy familiarizada con quien escribe. Hay personas que escriben como aljamiado, como en el alfabeto árabe y escriben diferente una letra según esté al final de la palabra, en medio o al principio. A veces hay adornos innecesarios, rúbricas, otras faltan trazos fundamentales o característicos de cada letra. Vamos, que no me extraña que la escritura a mano sea una prueba pericial y que no haya sorpresas respecto al temperamento y la personalidad de cada cual.

No hay pues escritura que se me resista, pero a cambio mi oído –aunque soy capaz de percibir psicofonías en la lavadora y coros de querubines en el chup-chup de la sopa- es incapaz de afinar demasiado en los célebres listening de las clases de inglés y en todo lo que se le parece. La inquietud que me produjo no poder resolver la copla, aunque teníamos la pista de que tenía que haber una palabra que rimara con “Sevilla”, sólo es parecida a cuando tengo una laguna mental y no consigo recordar una palabra que sé. Como el otro día, cuando vi cerca del Coliseo una mata de acantos. Estuve como dos horas dándole vueltas a la cabeza hasta que la palabra “acantos” volvió a mi boca. Se dirá que es una palabra que se usa poco, pero es que esto mismo me pasa sistemáticamente con la palabra “puntal”, que es mucho más usual. Hasta hace bien poco Barcelona estaba llena de puntales para restaurar las fachadas. También hay acantos, por la sierra de Collserola, pero como hacía tiempo que no había visto…

A lo mejor servidora no está mucho por “le mot juste” pero le tiene a muy mal traer tener una palabra, como se suele decir, en la punta de la lengua. Como un pelo. Por ese motivo he tenido que recurrir a todos los trucos y recursos que se pueden imaginar. Por ejemplo, allá en Roma pensaba “en cuantito llegue a casa me conecto a internet y busco las columnas de orden corintio, y seguro que ahí pondrá lo de las hojas de la planta”. Un poco es como cuando hace unos años iba a la tienda de discos Gong, ahora en Consell de Cent con Rambla de Catalunya, y había una experta dependienta en la sección de música clásica, bandas originales, étnica y new age. Yo le decía “estoy buscando un disco de un pakistaní muy gordo que canta con una percusión de fondo unas canciones muy largas y que te ponen como en trance”. Y me llevaba a Nusrat Fateh Ali Khan como si nada. A veces ni eso, iba y le tarareaba más o menos la música que buscaba y la buena mujer tenía tan buen oído y una cultura musical tan vasta que sin el menor problema me llevaba al otro lado de la laguna Estigia de mi ignorancia. Se debió de jubilar y se ha perdido con su ausencia una fuente de información incalculable.

A pesar de todos los recursos electrónicos, enciclopédicos o lexicográficos que hay, para mí presenta aún una cierta dificultad no tanto reconocer una figura retórica como recordar su denominación, saber cómo se llaman aunque sea el 10% de las herramientas, etcétera que hay en una ferretería o una mercería y pedirlos por su nombre sin necesidad de ir con la muestra o recurrir a la mímica. Pero el placer de saber el nombre de algo para mí es inferior al placer de encontrar algo que no sabía que existiera o el placer de creer (como Rilke) en lo que todavía no ha sido dicho.

Imagen de internet


(c)SafeCreative 2212162881351