4/5/13

Con los cuatro sentidos

“La violetera" es un canción que siempre me gustó mucho. Y cuando digo "mucho" es poco. La primera versión la cantó Raquel Meller (*), cantante de cuplé que murió en Barcelona cuando yo tenía algo más de un año. Hay una versión cantada por Carlos Gardel cuya letra por su interés reproduzco también al pie (**). La melodía de "La violetera" es el hilo conductor de "Luces de ciudad" (Charles Chaplin, 1931) pero su autor, José Padilla, no apareció ni en los créditos, cuestión que motivó un pleito que ganó. Estuve dando tumbos por internet por ver cual es el año de composición de "La violetera" (¿1915?) y he conseguido llegar a saber que la compuso después de haber estado en Buenos Aires. He de suponer que quien inició un pleito contra Charles Chaplin es que estaba más que seguro de su autoría, por lo que no doy más vueltas y doy por seguro que es de Padilla y punto. Siempre es un tema al que se puede regresar.
Hasta hace poco se podía ver "Luces de ciudad" en Youtube, pero ya no, al menos en España. No hay que confundir "Luces de ciudad" (City lights) con "Candilejas" (Limelight) (Charles Chaplin, 1952), su última película, con una B.S.O. también bellísima y muy versionada. En "Luces de ciudad" la vendedora de flores (Virginia Cherrill) es invidente, en "Candilejas" la protagonista se cree que está paralítica. La genialidad de Chaplin estaba en que en las escenas más melodramáticas aparece el humor, y así la escena que está atravesada por la música de "La violetera" de Padilla, nos da una simpática sorpresa cuando estábamos más compungidos y la florista no ve a Chaplin y le echa de sopetón el agua aclarada de las flores para cambiarla por otra limpia. Porque no lo puede ver.
No quisiera en eso del melodrama parecerme a Lauren Postigo, que cuando entrevistó en el Corral de la Pacheca a la Niña de la Puebla (Dolores Jiménez Alcántara) le preguntaba delante de esas gafas negras que llevaba, negras como mi corazón, "¿Pero tú eres siega?", "¿Toa la vía has sío siega?", "Nunca has visto ná...", y así un buen rato. En realidad perdió la vista a los 3 días de edad, según la Wikipedia "por un colirio mal puesto" así que ahora entiendo la cara que puso cuando Lauren Postigo le preguntó "¿Nunca viste la cara de tu madre?". Hombre, pues verla sí que la vio, claro, pero de aquella manera. El programa de Postigo se llamaba "Cantares".
Trabajó conmigo 3 años un celador, Francisco Fernández Cruz, de Morón de la Frontera (Sevilla). Hablaba poco y trabajaba bien aunque le faltaba la mano derecha por un accidente en un laboratorio farmacéutico. Pues me contó que en su bautizo había cantado la Niña. Si les digo que Francisco ponía una llave en una de aquellas arandelas imposibles en un santiamén, con eso ya les digo todo. Bendito sea Dios, y que allí donde están estén todos bien.
Hace unos días salió en la TV un luthier español que ha requerido los servicios de Stevie Wonder, también ciego, para que le ayude a diseñar una guitarra para invidentes, con un mástil con marcas. Yo me quedé de pasta de boniato puesto que según y como ver hasta resulta un impedimento para tocar bien la guitarra. Vaya, ¡cada tontería!

 
"Luces de la ciudad" (Charles Chaplin y Virginia Cherrill, 1931)

Coche "Campanilleros" que la Ford le regaló a la Niña de la Puebla (Archivo Ragel) c. 1930

________

(*)
Como aves precursoras
de primavera
En Madrid aparecen
las violeteras,
Que pregonado
parecen golondrinas
Que van piando
Que van piando...

Llévelo usted señorito,
que no vale
Mas que un real
Llévelo usted señorito,
Cémpreme usted este ramito
Pa' lucirlo en el ojal.

Son sus ojos alegres,
su faz trigueña,
lo que se dice un tipo
de madrileña.
Neta y castiza,
que si entorna los ojos
Te cauteriza,
Te cauteriza...

Llévelo usted señorito
Que no vale más que un real
Llévelo usted señorito
Cómpremelo señorito
Pa' lucirlo en el ojal

La Violetera
Cuplé. 1915
Música del Maestro José Padilla y letra de Eduardo Montesinos


(**)
La linda violetera
sus flores va ofreciendo...
Las bromas respondiendo
con gracia espiritual.
Y al serio y al alegre,
y al rico y al pobrete
le deja un ramillete
prendido en el ojal.
Las mesas del "Concierto",
ruidosas de alegría,
con bella mercancía
se acerca a perfumar
y en este reino loco
del vino y de la risa
serena se desliza
diciendo así al pasar:

¡Caballeros! Son mis flores
mascotitas de fortuna
y han de verlo en sus amores
si se quedan con alguna
de las que yo les ofrezco aquí...
¡Caballeros! Mis violetas
han brotado en los jardines
donde vagan los poetas
y adorables querubines
las cortaron para mí.

La linda violetera,
mezclada a la alegría,
disfraza su agonía
con lírico pregón...
Un día dio su alma
fragante cual sus flores
y fueron sus amores
pagados con traición.
Le queda del romance
la más preciosa herencia
la luz de su existencia:
Su nene... ¡Que es su Dios!
Por él y por sus dulces
ensueños que se han muerto,
de pronto en el "Concierto"
pregona así su voz:

¡Caballeros! Conmovido
desparramo el canastillo
y por ella yo les pido
que den vuelta los bolsillos
todos los que tengan corazón.
¡Caballeros! ¿Hay alguno
que no compre ni un ramito
al saber que cada uno
dará pan para un nenito
y a una madre protección?

La violetera de Carlos Gardel
Tango 1926

Música: Anselmo Aieta
Letra: Francisco García Jiménez

3/5/13

El color del cielo

"En la coronación [sic], Máxima hizo que todas las miradas recayeran sobre ella y no sobre su marido Guillermo. El vestido era una pieza en azul klein del diseñador holandés Jan Taminiau. Lucía detalles en encaje, pedrería y bordados; lo combinó con una capa del mismo color. La Reina brilló con un broche de diamantes, unos pendientes largos con aplicaciones de zafiros y diamante en forma floral. Aunque lo que más llamo la atención fue la tiara de diamantes y zafiros de la casa Mellerio, creada en el siglo XIX". (Europapress)


azul klein a que se refiere la crónica sobre la entronización, que no coronación, de Máxima Zorreguieta, parece que recibe ese nombre de Yves Klein, un neodadaísta, que en los años 50 hizo un montón de performances monocromáticas en ese color azul, que  llegó a patentar como International Klein Blue. El vestido se ha podido ver en la TV y en la prensa a troche y moche. Hay tantos azules, que enmudezco y pienso que si hay algo infinito en este mundo eso son los colores. Yo distingo medio bien el azul francés, del de Prusia y algunos otros azules, pero se puede decir -sin con ello pretender ofender a los invidentes totales o casi totales- que me cuesta mucho distinguir el azur, el azul genciana y el de la florecilla de hoy de lo que sería el azul klein. La pequeña flor tiene, como pueden ver por contraste con una moneda de 20 céntimos de euro, un tamaño bastante inapreciable para las personas que caminamos a más de un metro del suelo y con la presbicia a cuestas, pero está en toda Europa a pesar de su vulnerabilidad. Esta mañana, cuando atravesé el Parc Central de Nou Barris no vi ni una y es que tienen el césped al uno. Así es imposible encontrar ni chiribitas ni arvenses ni nada.

Leo en la Wikipedia sobre la anagallis arvensis que hoy traigo al Álbum: "Del griego άναγελάω, άνάγαλλίς, reír intensamente. Se dice que las gallinas que la comen después cantan eufóricamente". Y lo de la irrefrenable hilaridad es precisamente un síntoma para su prescripción homeopática, cosa que ya les digo desde ahora que ni me va ni me viene. Es decir que me lo puedo creer y al mismo tiempo no veo en qué pueda incidir mi pobre opinión ni mi descrédito. Simplemente lo señalo, que es un remedio homeopático que se da cuando entre otros síntomas aparece la risa floja. No sé si hace falta añadir que el principio homeopático básico parte de de que una ínfima cantidad de lo que causaría el mal es también su remedio. Pero la anagálides se usa también en la aloterapia convencional, en fitoterapia.

Siempre que he visto anagallis arvensis de color rojizo o anaranjado oscuro (que son las que los ingleses llaman "pimpinelas escarlatas") no he tardado en distinguir cerca ejemplares de color azul. Azul klein habría que decir. O tal vez no, puesto que el pigmento de nuestras diminutas anagálides es natural y anterior al neodadaísta. Como natural es el de las sherardias arvensis (raspillas), aún más diminutas, que en la primera foto de las dos que muestro apenas se distinguen por su color. Tienen un tono que sería el que los ingleses, otra vez, llamarían lavender, por la lavanda, que en realidad es casi lila pero sin llegar a púrpura. Yo las raspillas las veo de color malva claro brillante.

Tal vez las pimpinelas rojizas, que tendrían el código html #FF4000 pero apagado, coralino o de kaki, son más brillantes en Inglaterra, porque yo no las veo de color escarlata, palabra por cierto que tiene su origen en el árabe hispánico. Por todo cuanto intento decir, los buscadores botánicos ofrecen una pequeña tabla de colores tal cual y allí elegimos el amarillo, el rosa, el blanco, lo que sea. Y aún así, nuestra florecilla de hoy en algunos está en el azul y en otros en el violeta o en los dos. En mi fotoblog es un tema que no he descuidado a la hora de etiquetar cada imagen, simplemente lo he dejado descansar en el hecho de que el buscador de Google Images permite usar una tabla cromática como la que digo.

Aunque solo hay tres colores primarios, los colores del cielo, los colores del mar, son infinitos.