27/5/08

Otras enciclopedias (2)


an acabado el edificio construido a cambio de aquel en el que yo viví la primera parte de mi vida. Le han puesto con gran prurito urbanístico a la puerta el mismo número que tuvo la nuestra, el 22. Tras las demoliciones sólo quedó en pie la bajada de la esquina, con su escalera, no la rampa por donde resbalamos con tierra y cartones. En esa escalera puede encontrar un punto de apoyo la memoria. A partir de esa escalera se pueden situar las coordenadas, reconstruir los escenarios donde transcurrió mi infancia. Bien se podría creer que allí no pasó nada, que por allí no pasaban los barrenderos, ni las mujeres volvían cargadas del mercado, ni se jugó a canicas o al churro media manga mangotero adivina lo que tengo en el puchero de mi abuelo. Nada hace pensar que hubo allí una tienda de hielo.

Gracias a La voz del niño, en donde Gabriel Celaya recogió todo tipo de cancioncillas, ensalmos, trabalenguas, canciones de comba y gomas, es posible reconstruir algo aquellos años. Claro está que ese libro precioso no recoge la cancioncilla "Guamerú, Guamerú, llamando a Campamento Guamerú Guamerú", que se salmodiaba cuando se saltaba sobre dos gomas. Era una de mis preferidas. La otra era "Un gato se cayó en un pozo, las tripas le hicieron guá, arremoto pitipoto arremoto pitipá". Aunque nací en el barrio de Gracia, más concretamente en la Clínica de Lourdes (que después del baby boom pasó directamente a ser un geriátrico y ahora es una especie de residencia estudiantil para los de Erasmus), pues aunque nací en el barrio de Gracia, me crié en el Turó de la Peira. Tuve la suerte de ir a un colegio mixto y encima sin ningún patrón ideológico, donde lo mismo se rezaba el mes de María en mayo como nos ponían en un tocadiscos de vinilo a Serrat. Hasta tuvimos un profesor que nos llamaba por el nombre y no por el apellido. Jiménez. Como en el colegio se admitía a cualquier niño con tal que pagara, teníamos en mi clase hasta dos disminuidos psíquicos. Nos enseñaron muy bien las Matemáticas, y eso se nos nota.

En la calle donde crecí y donde tantas veces me dejé la piel de las rodillas, había gente de Andalucía, de Asturias, de Castilla. Hasta había algunos catalanes, pero los menos, y apenas salían a callejear. Aunque después de la declaración de demolición progresiva por la aluminosis, se fueron derrumbando y construyendo otros bloques, todo está cambiado. En la actualidad hay muchos rusos, centroamericanos, sudamericanos y paquistaníes. Los vecinos de toda la vida son ancianos, nos hemos mudado o se han muerto.

Pero ese es otro tema, el que yo perseguía hoy es el de una infancia llena de "ofertas culturales". En verano me enviaban al pueblo y allí las tijeras eran más grandes pero los vasos eran más pequeños. Pero nunca se me ocurrió comparar. Todo me parecía, y me parece, una oportunidad, una celebración, una ofrenda, un regalo, una sorpresa. La leche.

La Historia también me gustaba, y me gusta, pero por una parte hay muchos historiadores demasiado terciaristas y por otra parte hay muchos historiadores que no son sugerentes. Entre los historiadores terciaristas circula por ejemplo un "dato" que se repite y se repite y se repite, pero que encima no es del todo verdad. Se dice que los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de España y es verdad, pero también es verdad que antes, por ejemplo, habían sido expulsados de la Corona de Aragón. Hacia la segunda década del siglo XV si mal no recuerdo. Los judíos expulsados de Cataluña digo yo que se irían a Mallorca, a Castilla, o a Andalucía, o a Italia.

Otra cosa que pasa con los libros de Historia es que se omiten datos (porque se obvian o eliden) o bien simplemente se omiten para dar más relieve a los que sí interesa destacar. Verbi gratia: éstos últimos días he estado buscando y buscando los castillos humanos de la India, pero no había manera de encontrarlos en internet. Hasta que se me ocurrió la frase "human pyramid", que sin embargo recuperaba las pirámides humanas que hacen las cheerleaders americanas, las de los forzudos del circo, las de los elefantes, etc. Finalmente di con las dahi handi, los castillos humanos que se elevan durante el Festival de Janmashtami, durante el cual se celebra el nacimiento de Khrisna. E incluso encontré información sobre las muixerangues (mojigangas) de Algemesí, en la Ribera Alta de Valencia, cuyo origen no es posterior a las fiestas de la Virgen de la Salud de 1724. Las muixerangues se imitaron en las comarcas tarragoninas a finales del siglo XVIII. Pero, explicado por la Enciclopedia Catalana [enlace roto], no se llegaría nunca a esa elemental conclusión:

"La ciutat de Valls és considerada el bressol casteller per antonomàsia, malgrat que hom ha suggerit que l'origen dels castells es troba a la veïna vila d'Alcover, on hom té constància d'un casteller anomenat Cargol el 1789. El fet d'ésser Valls la població on arrelà amb més força el costum d'aixecar una torreta com a apoteosi del ball de Valencians, i també a causa de la popular composició de J.A. Clavé, Els Xiquets de Valls, han convertit la locució xiquet de Valls en sinònim de casteller. Amb tot, durant bona part del s XIX, prevalgué arreu el terme Valencians, mentre que el de xiquets de Valls és de mitjan segle." [...] L'increment de l'afecció pels castells al llarg del s XIX conduí a la formació de colles en altres indrets. Entre les més importants, cal citar la Moixiganga d'Igualada —colles del Traguetes i del Carinyo— i els Torraires de Montblanc, també amb colles Vella i Nova, la colla de la Mercè dels xiquets de Tarragona, constituïda per elements de colles anteriors i escindida en dues al cap de poc temps, i una colla a Gràcia formada el 1890 per immigrants procedents del Camp de Tarragona i el Penedès." [...] D'altra banda, cal destacar la proliferació de colles tant pel que fa al nombre com a la procedència: al principi del 1997 caldria comptar-ne una seixantena i esmentar la creació de les primeres colles a les comarques gironines, a Mallorca i a la Catalunya del Nord. [...] L'any 1998 es crearen colles catelleres a Querétaro (Mèxic) i a Castelar (Argentina)".

[Traducción: La ciudad de Valls se considera la cuna castellera por antonomasia, a pesar de que se ha sugerido que el origen de los castillos se encuentra en el vecino pueblo de Alcover, de donde se tiene constancia de un casteller llamado Cargol ["Caracol"] el año 1789. El hecho de ser Valls la población donde arraigara con más fuerza la costumbre de levantar una torre como apoteosis del baile de los Valencianos, y también a causa de la composición de J. A. Clavé, Els xiquets de Valls, han convertido la locución xiquet de Valls en sinónimo de casteller. Con todo, durante una buena parte del siglo XIX, prevaleció por todas partes el término Valencianos, mientras que el de xiquets de Valls es de mediados del siglo. [...] El incremento de la afición por los castillos a lo largo del siglo XIX condujo a la formación de "colles" en otros lugares. Entre los más importantes se debe citar la Moixiganga d’Igualada –"colles" del Traguetes y del Carinyo- y los Torraires de Montblanc, también las "colles" Vella y la Nova, la "colla" de la Merced de los xiquets de Tarragona, constituida por elementos de "colles" anteriores y escindida en dos después de poco tiempo, y una "colla" de Gracia, formada el 1890 formada el 1890 por los emigrantes procedentes del Camp de Tarragona y del Penedès. [...] Por otra parte, hay que destacar la proliferación de "colles" tanto en número como en procedencia: en el principio de 1997 se podían contar una sesentena y mencionar la creación de las primeras "colles" en las comarcas gerundenses, en Mallorca y en la Cataluña del Norte. [...] El año 1998 se crearon "colles" castelleras a Querétaro (Méjico) y en Castelar (Argentina)].

La web de los Castellers de Barcelona, abunda en la idea del origen vallense de los castillos:

"Los "castells" -palabra catalana que significa castillos- son una manifestación cultural propia de Catalunya, que consiste en levantar construcciones humanas. Los orígenes de esta tradición se remontan a finales del siglo XVIII en Valls, cuando las cuadrillas, llamadas "colles", empezaron a rivalizar en la construcción de diferentes tipos de estructuras humanas, como las que hoy conocemos. "

Yo no sé si se puede hablar de los dahi handi de la India como precedentes de las mojigangas de Algemesí, y sólo me atrevo a señalar la cronología documentada de éstas respecto a los posteriores castells de Tarragona. Como en la India casi todo tiene 3000 años, está claro que los dahi handi de Mumbai y Pune no son catalanes ni valencianos, pero es algo que también habría que poder contemplar. Nunca se sabe.

A cambio, me ha encantado la explicación llana y vivencial de María Isabel Gavina en su bitácora. Por eso escribo un blog.

La Colla Vella dels Xiquets de Valls actuará el 15 de junio en Barcelona e iré a verlos alzar sus prodigiosas pirámides humanas si no surge ningún contratiempo. De un tiempo a esta parte hasta se calculan la disposición de cada uno de los sostenes, de las "manilles" y el "folre", la base o piña en forma de estrella, todo, con complejos programas matemáticos y de ingeniería del movimiento. Después de un desafortunado accidente hará tres años, todo "anxeneta" (niño o niña que sube el último y corona el castillo alzando su mano) lleva un casco en la cabeza. Entre los logros alcanzados en número de pisos y las novedades en la seguridad y en los algoritmos, y la retransmisión televisiva, la tradición se ve renovar cada día. Nada que ver con tirar cabras desde los campanarios.

Circo de elefantes (espectáculo actualmente prohibido)

Castellers de Barcelona actuando en la Plaza de Sant Jaume


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22/5/08

Post 126: Dichosos los ojos

A Salvador

 




as críticas desfavorables a la última película de Isabel Coixet (Elegy, 2008) no sé si han reparado también en la abrumadora abundancia de primerísimos primeros planos, en la torpeza del guiño a Goya y en el abuso de la música, sobre todo tratándose de Arvo Pärt y Erik Satie. Me gustó Things I never told you. No he podido quitarme de mi cabeza la enorme cabeza rapada de Ben Kingsley (nombre artístico del actor angloindio llamado Krishna Bhanji) que ocupaba tres cuartas partes de la pantalla de Elegy y tres cuartas partes de todo el celuloide. Aún me dura el mareo. Hay que decir que si bien el guión de Isabel Coixet nos excusa benévolamente de las felaciones del relato original de Philip Roth, no nos evita un uso pobre y socorrido de las gnosianas imperdonable.

Creo que de todos los cánceres posibles el peor no es el del tabaquismo o el de los inocentes o el de algún lugar del cuello, sino los que suelen padecer las actrices de Isabel Coixet. Le llegué a tomar una cierta aprensión a Verdi porque en sus óperas siempre tiene que llorar la protagonista femenina, como cima de un clímax mórbido con el que no puedo simpatizar ni empatizar ni nada. Incluso había en algún acto un barítono o un bajo que animaban el llanto de la soprano ("Piange, piange") como para expiar no sé que terribles errores u horrores o regodearse en todos ellos.

El cine nos ha acostumbrado a reconocer algo que los expertos en lenguaje no verbal tipificaron en cuatro clases: la distancia que se produce entre el que habla y un auditorio grande, la distancia entre los miembros de un grupo social más pequeño y cohesionado, la que hay entre dos personas que guardan un trato cortés pero que se relacionan estrictamente a un metro de distancia, y la distancia inferior a 30 centímetros que existe entre dos personas que se tratan íntimamente. No es que quiera proponer ni mucho menos aplicar esta clasificación a todo relato. Pero sí afirmo que un relato literario o cinematográfico en que todas los personajes se vieran a 60 metros de distancia o todos a 6 centímetros, sería pesado de sobrellevar. Al menos a mí me lo parece. Y quiero hacer constar que tales aberraciones ópticas ocurren más de lo que se pudiera esperar. El escenario teatral salva sus limitaciones de campo visual por medio de las agrupaciones de las figuras. Se reúnen, se dispersan, etcétera. El cine puede recurrir a muchos más recursos, desde la panorámica hasta el plano picado de un detalle. Visconti, que era un escenógrafo además de director de cine, dejó unos fotogramas que ilustran muy bien los diferentes planos, además de la batalla de pictografía, el gran baile y el escote. La suite para violonchelo de Bach que encabeza los primeros fotogramas de La caduta degli dei (que no hay que confundir con El crepúsculo de los dioses, de B. Wilder, excelente también) nos imponen la presencia inusitada de la cámara. El obstinato coincide con el paseo de la cámara del cineasta planeando sobre la sala en que se inicia la primera escena. Visconti no desechó el fru-fru de los vestidos decimononos y sin embargo el afeitado de Burt Lancaster en Il gattopardo no precisó del primerísimo primer plano.

De Orlando (Sally Potter, 1992) me gustaron mucho dos cosas. Una fue la recreación de uno de los fragmentos más inolvidables de la novela homónima, de Virginia Woolf:

"La Gran Helada fue, los historiadores lo dicen, la más severa que ha afligido estas islas. Los pájaros se helaban en el aire y se venían al suelo como una piedra. En Norwich una aldeana rozagante quiso cruzar la calle y, al azotarla el viento helado en la esquina, varios testigos presenciales vieron que se hizo polvo y fue aventada sobre los techos. [...]

Cerca el Puente de Londres, donde el río estaba helado hasta unas veinte brazas de profundidad, se veía claramente un bote en el fondo, donde había naufragado el último otoño, cargado de manzanas. La vieja del bote, que traía su fruta al mercado de la ribera de Surrey, estaba sentada entre su guardainfante y sus chales con la falda llena de manzanas, como si fuera a atender a un cliente, aunque cierto tinte azulado de los labios insinuaba la verdad".

La segunda cosa que me gustó fue cada vez que Tilda Swinton, la protagonista, tal vez coincidiendo con sus transformaciones sucesivas en hombre y en mujer, miraba hacia la cámara pero no a la cámara sino como si mirase a alguien, a cada uno de nosotros y no a todos. De hecho parecía que consiguiera traspasar la ficción y el tiempo y conectar con el aquí y el ahora. Creo que no hay nada igual.

La imagen del post de hoy es un fotocromo del castillo de Neuschwanstein, construido gracias a Luis II de Baviera en homenaje a Richard Wagner. Para mí es un ejemplo del hallazgo del plano perfecto. Tomado de lejos o más cerca no tiene nada que ver. Ese castillo está catalogado como folly, que es tanto como decir que no tiene valor arquitectónico funcional alguno, que es un edificio construido con el único objeto de realzar un paisaje. El castillo de Luis II inspiró el de la Bella Durmiente y el de la Cenicienta Walt Disney, que no son menos sugestivos. Aunque en general condeno los cachivaches y los objetos inútiles, aunque no llego a comprender en toda su plenitud qué aportan los castillos de arena, las figuras de hielo y las catedrales hechas con palillos planos o chapas de cerveza, reconozco que me parecen tremendamente emocionantes algunas construcciones visionarias y algunos montajes de cartón piedra. No todos. Como se dice en Galicia, "o que e tolo, e do meolo" (el que está loco lo está de raíz). A ver: a mí el castillo de Disneyland París y el lago de Winnie the Pooh me parece una gozada sólo comparable al almacén del Servicio Estación o o el de la Bauhaus (las mayores ferreterías de Barcelona). Y el castillo de Neuschwanstein así, a esa exacta distancia, me parece irresistible. Incluso me parece impresionante el Palais idéal que fue construyendo Ferdinand Cheval a finales del siglo XIX y durante 33 años con las piedras que iba recogiendo cada día durante su jornada como cartero. El palacio ideal recuerda a los templos hinduistas, abigarrado, denso, como hecho de mortero y meteoros de estrellas que están más allá de las piedras de cantería, de Neuschwanstein, de los quijarros humildes y de los cantos rodados de que hablaba León Felipe, de los materiales de Man (Manfried Grädringer), el eremita de Camelle, y de los pájaros congelados de la Woolf. 

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11/5/08

La ropa exterior (1): disfraces, uniformes y máscaras

 

El conjunto es un modelito sport para perros falderos a la última. Se han quedado anticuados aquellos atavíos clásicos de cuadros escoceses, los mismos en que están inspiradas las "entrañables" zapatillas de franela Wamba y los forros de las bolsas de agua caliente. Como estoy más que convencida de que los perros son más nobles de corazón que muchas personas, lo que me resulta llamativo no es que haya una moda para perros y hasta golosinas laxantes, sino que el muestrario se asimile al de los niños y resulte un tanto chusco.

La ornamentación de elefantes o el enjaezamiento de los caballos poco tienen que ver con la comicidad que inspira o quiere inspirar -que no es lo mismo- un chimpanzé vestido por un decir de futbolista. Se empezó a vestir a los monos para realzar su antropomorfismo y por decoro. Y es que tiene la ropa en general elementos de decoro y al mismo tiempo de ostentación. Como las máscaras. Lo que va de un disfraz a un uniforme es el uso que de ellos se haga, a pesar de que el disfraz tenderá a lo grotesco y el uniforme impone sobre todo la identidad con una organización solvente, la credibilidad y la fiabilidad.

Por razones que otro día habrá que explicar con mayor detenimiento, los mecánicos de automóviles no usan pareo de batik, pero tal cosa no obsta para que -dada la ocasión- no se lo quisieran probar incluso enrrollado en torno a la cabeza para verse transfigurados. ¿O es que alguien puede creer que algún mecánico no ha hecho nunca tal cosa? El uniforme de locutor de telediario o de interventor bancario o de subdirector general no dan mucho margen a la originalidad, no aportan nada a la medianía, ni siquiera a través de esos atisbos patéticos de estilo en algún discreto detalle de la corbata de rigor. De todas maneras, la originalidad es un valor pasajero y a la baja, como lo fue la virginidad y lo será la coherencia.

Que los hombres de treinta años y más vistan como teenagers me resulta aún chocante y a veces embarazoso. Pero la ropa deportiva ha triunfado lo mismo que en diferentes épocas históricas e histéricas se instauraron los patrones de corte militar y hasta su guarnicionería, el macuto. El blue jeans o denim o pantalón vaquero concebido como ropa de trabajo, ha prosperado en las alfombras rojas y en el selecto mundillo del acontecimiento guay. Aparece ligeramente modificado con lentejuelas o pedrería y bordados hechos a máquina, o con un envejecimiento afectado vintage, un desaliño rebuscado pero casual, en las mujeres y exmujeres de los toreros.

Las transferencias de ideas y modas entre clases sociales tiene su gracia. Sobre la transferencia de ideas entre clases sociales he pensado mucho. La Historia de las mujeres en Occidente dirigida por Georges Duby y Michelle Parrot, nos recuerda: "Incluso en el siglo XVIII, sólo las actrices, las limpiadoras de ventanas, las prostitutas y las aristócratas usaban bragas, cuyas funciones primordiales seguían siendo las de protección del recato o la estimulación de la imaginación erótica. A la revolución higiénica del siglo XIX correspondería imponer las bragas como elemento básico del guardarropa femenino" (Sara F. Matthews Grico, "El cuerpo, apariencia y sexualidad, Historia de las mujeres en Occidente. Barcelona: Taurusminor, 1993, v.III, p. 84). Hay que aclarar que durante muchos siglos el agua fue descartada en la higiene, confiándola a la ropa blanca, que no todo el mundo podía adquirir ni mucho menos.

La ropa interior merece un post para sí, pero la menciono aquí porque la ropa interior a veces se lleva por fuera o se deja ver y porque hasta he visto bragas con bolsillos. Quiero hacer constar que me había llegado a hacer a la idea de la utilidad de que los bolsillos tuvieran bragas, incluso de que los pijamas contaran con bolsillos (hasta uno pechero para el bolígrafo o un peine) pero, ¿bolsillos en las bragas? (!)

Por la misma razón por la cual la ironía ha llegado a la gastronomía molecular ("El Bulli", "The Fat Duck"), en la moda se debe de buscar la travestidura (hombre/mujer, niño/adulto, adulto/anciano, viejo/nuevo), el intercambio de funciones (interior/exterior, trabajo/lujo) y hasta la exageración. Tras haber agotado el motivo de la pata de gallo hasta en el campo de las prendas de baño y en los inefables triquinis con cinturón, no quedaba otra opción que desestructurarlo en manchas de camuflaje o magnificarlo y llevarlo a colores ácidos.

En "El País" de los noventa hubo dos polémicas inolvidables en la sección de Cartas a los lectores: una sobre si el papel de wáter debe colgar hacia afuera o por dentro, y otra sobre con qué ropa combinan los calcetines de rombos o golf. No recuerdo que se haya suscitado desde entonces una discusión tan animada y vibrante y con tanta participación. Fue lo más parecido a un blog de los que cuidan a sus comentaristas. No hay fondo de armario que resista con bien la prueba de la blusa con estampado de cebra ni la de los calcetines de rombos. Tal vez la gabardina sirve para todo, hasta para un descosido y para una camisa de once varas. Para los calcetines de rombos, que además de tener esos rombos ajacquarados, son multicolores, creo que sólo le caen bien unos pantalones de caza o de cheviot (ingl. tweed). Un cardigan o blaiser marinero si lleva anclas es muy malo de combinar. No pega ni con un huipil "ad lib" ibicenco ni con un camiserito florido de viscosilla como los que se ponía Caroline de Mónaco cuando estaba viuda y vivía en un bucólico Saint-Rémy-de-Provence, o el rojo de Victoria Abril en ¿Gazon maudit? o los de Juliette Binoche en Chocolat. Cuando hay anclas pero no hay yate siempre queda el recurso del pantalón blanco y una camiseta o t-shirt blanca a imagen y semejanza de Julio Iglesias y Miranda Rijnsburger cuando posan a juego. El blanco lo mismo sirve para el yate como para el avión privado como para ir a trabajar.

No sé si volverán las deportivas con tacones, las faldas de tablilla, el guatiné y el poncho, pero yo me pregunto ¿cómo diantre hará Custo para que cuando te pones una de sus camisetas parece que no lleves nada? =8)

Track de regalo: Lo que me dicta comentar, de Cerillo

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