19/9/19

Mi norte



on trabajo soy capaz de interpretar un mapa, con trabajo y no con la facilidad que tienen muchas personas para situarse en él y saber por donde ir. Puedo decir en mi favor que si me dejo llevar y sigo mi instinto en cualquier ciudad casi siempre acabo encontrando el barrio rojo o de más animación de comercio sexual. Supongo que no tiene ningún mérito y que más allá del urbanismo las ciudades viejas guardan una lógica vamos a decir "natural", de la misma manera que los ríos siguen su curso y no llueve hacia arriba. En Barcelona me oriento por el Tibidabo, que es visible desde muchos sitios, o por costumbre. En otras ciudades fijo unos puntos imaginarios y me muevo por esas referencias, de la misma manera que tengo entendido que se basa la robótica quirúrgica, aunque más sofisticadamente que la mía. Por lo demás, ahorro más explicaciones si digo que aunque no soy dada a la limosna ni a llevar el peso de nadie (bastante me cuesta cargar con los míos), siempre estoy dispuesta a dar lasseñas y a, si conviene, acompañar a quien no encuentra su camino.

Hace unos días encontré un mapa de Roma precioso. Casualmente días atrás pensaba en lo mucho que me gustaría conseguir un mapa de Roma de la época tipográfica precedente a esto de ahora. Y lo encontré en el transbordo del metro de Sagrada Familia, en un puesto de Llibre Solidari. Iba dentro de una guía de Bonechi Editore que costó 1 euro. Aunque la guía es del año 1971 (a pesar de que consulto la Wikipedia italiana hoy y se dice que la editorial se fundó el 1973), el mapa es de 1957.

La grafía del mapa me recordó la del historietista Marino Benejam, del TBO, que además de una etapa de Los inventos, también es el autor de las tiras sobre la familia Ulises. El trazado tiene como se puede ver en la imagen que he tomado un efecto tridimensional, que no sé si se consigue por la perspectiva del dibujo o por los dibujos de algunos de los edificios principales de Roma. Se dirá que la Piazza Essedra es actualmente la Piazza della Repubblica, porque también Roma ha sucumbido a la tontería redenominadora municipal. El nombre original remite a la exedra, un tipo de elemento arquitectónico no exento de encanto y tradición. Pero está claro que Roma, como capital de Italia, tenía que tener un símbolo de su gobierno.

El mapa que tanto me gusta no digo que no tenga sus fallos o debilidades, pero comparado con otros mapas más modernos, lo prefiero. ¿Porqué? Porque es más claro a mis ojos, me sitúo en un momento aunque no sepa decir la razón. El mapa que tengo de Roma actual (de una guía de la colección que suelo usar para todas las ciudades por lo manejable que es), está para mi desconcierto al revés. La ciudad queda a la izquierda del Tíber, cuando en la mayoría de los mapas que he visionado en internet, el Tíber queda a la izquierda. Estoy muy desconcertada porque en realidad con el Tíber a la izquierda (si se me permite esta expresión de candidez geográfica), el norte queda donde tiene que quedar, mientras que en otros mapas que tienen el Tiber a la derecha (porque están invertidos) los puntos cardinales están al revés.

En París, la última vez que fui, tuve problemas por el GPS porque veía la ciudad como a través de un espejo. Hasta que me di cuenta de que ese era el problema, cosa que me llevó poco tiempo pero mucho trastorno, estuve en un estado de confusión insoportable. No fue menor mi sensación de desasosiego cuando supe que el Tibidabo es un volcán inactivo.

Tengo la sensación de que de volver a Roma, que seguro que volveré si puedo, iré o sin mapa o con el mapa florentino de 1957. Lo que importa es situarse un poco.

FragmentodemapadeRomadeBonechiEditore(Florencia,1957)

   
Un mapa equivalente moderno con el norte opuesto al del mapa anterior

Historieta de Benajam en el TBO

(c)SafeCreative 2212172887275 

7/9/19

Plásticos y plastas


erá por lo temprano que es pero no me aclaro con los datos de WEFER sobre los coches de metro de Barcelona. Los de las fotografías creo que pertenecen a la serie 400, aunque no soy capaz de identificarlos bien y tal vez la primera imagen es de una máquina más antigua. En cualquier caso, si se me excusa la ignorancia de los datos técnicos,eran unos coches impresionantes. En la época en la que yo estudiaba COU en el Ensanche circulaba en la línea roja dos veces al día por lo menos y apenas entraba en el andén ya por su ruido se le reconocía. Le llamábamos en mi grupo "el tanque" tal vez porque en su exterior habían remaches o porque era más grande que los otros trenes. No solo eran más anchos sino que además eran sobre todo más altos y esa diferencia con otros trenes más modernos y plastificados nos recolocaba en el espacio. El color de la madera y el de los materiales (beig o verde gris o azul tirando a marengo, siempre una gama sufrida) también eran un viaje en el tiempo. No olía tanto a humanidad como sí pasaba con los otros metros, en especial porque no había aire acondicionado por aquel entonces. No me extrañaría nada que los cristales fueran de cristal rompible y las puertas supongo que las abría el conductor, pero en aquellaépoca todos los trenes los abría un operario que a cada estación cuando parábamos accionaba una botonadura con llave. Ese detalle no lo puedo avivar. 

Otra cosa que recuerdo es que aquellos trenes o aquel tren,"el tanque", conservaba la publicidad antigua, que claramente hacía más de 20 años que había perdido su sentido. Eran coches que habían sido retirados y después recuperados a falta de otros. Aparecían limpios y en puesta a punto mecánicamente, pero no renovados, lo que les hacía totalmente fascinantes. Siempre nos alegraba verlo llegar y viajar en él era una experiencia diferente y además deseada. Las novedades, a pesar de su enorme atractivo, no persisten tanto como lo que se recupera.

La paradoja del plástico reside en que algo tan escasamente biodegradable se use tan tontamente. El plástico está tan presente en nuestras vidas que prescindir de él parece poco menos que imposible. En cualquier movimiento que hacemos está, no digamos cuando se nos dice que está incluso presente en el agua como microplásticos que van penetrando en toda la cadena alimenticia. Aunque evitemos los productos de usar y tirar, es ineludible durante la compra y si acaso habría que ver cómo reutilizar y cómo no utilizar, porque lo de tirar en el contenedor oportuno se da por hecho.

Últimamente se ven muchos patinetes y se defienden como "ecológicos", cuando en realidad consumen energía eléctrica (la cual a su vez puede consumir energía nuclear) y usan baterías de iones de litio. Gracias a la permisividad de los ayuntamientos y aque en general la gente es pacífica sufrimos su circulación por vías en las que está prohibida o en un sentido contrario al señalado. Alguien debería explicarles a los patinadores que hay unas normas que seguir, que no son ecológicos y que la única razón por la que pueden circular es porque no son muchos. Es decir, en realidad si hubiera el doble de patinadores, ni ellos mismos podrían circular. De hecho los ciclistas se quejan ya de los patinadores, no sin cierto regocijo por parte de los caminadores. Y los peatones ya no podemos caminar tranquilamente. No solo por causa de los patinetes, también por otras razones, pero su manera de deslizarse por las aceras es, además de irritante, peligrosa.

Debo aclarar que hace muchos años, cuando aún circulaban pocas bicicletas y no existía el Bicing ni nada parecido, yo iba en bicicleta los fines de semana. Pero llegó un momento que empecé a coger miedo y la vendí por poco.

Hemos visto muchos más patinadores el último año y muchos menos seg-ways ─porque tal vez los que tenían seg-way se han pasado al patín─, pero en cualquier caso son "transportadores personales". Eso es algo que también hay que señalar, lo de personales, como lo son otras andróminas egotistas que nos rodean (el móvil, la botellita de agua, etcétera). Lo mejor es caminar, de verdad. Que las ciudades estén llenas de carritos de la compra, caminadores para ancianos, sillas de ruedas, coches, autobuses, patinetes, bicicletas y demás vehículos, más que hacernos pensar en el invento de la rueda nos hace pensar a algunos en lo poco que valemos.

Naturalmente no abogo por una vuelta a los vagones de la serie 400 del Metropolitano de Barcelona, solo dirijo una mirada crítica sobre lo que damos por moderno y asimilamos a nuestros modelos preferidos aunque no resista un análisis somero.

Lo que no he visto en Barcelona son streetluges (trineos de asfalto).


Vagón de la serie 400 o anterior del Metro de Barcelona


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