25/2/15

Turner en 1832

 "The rivalry between Constable and Turner came to a head
a few years later at the Academy Varnishing Day in 1832.
Constable was busy in the gallery putting the finishing
touches to The Opening of Waterloo Bridge,
a picture that had taken him years to paint.
When Turner came in and saw that his own
calm seascape Helvoetsluys looked pale in comparison
with the lively hues of Constable’s work, he painted
an eye-catching red buoy right in the middle of his canvas.
A crestfallen Constable complained that Turner
had been in and ‘fired a gun’." 


unque Mr. Turner ha merecido cuatro nominaciones para los Oscar de esta noche me temo que están muy reñidos y me extrañará que le concedan más que un premio. Vi la película con el mayor interés y en mi opinión es una muy buena película pero debo decir que sus 150 minutos de duración llegan a ser extenuantes y que lo que se hubiera podido decir en hora y media no era necesario alargarlo tanto. 
No he visto muchas películas sobre pintores. Recuerdo El loco del pelo rojo (Vincente Minnelli, 1956) Sobrevivir a Picasso (James Ivory, 1996), La joven de la perla (Peter Webber, 2003) , Frida (Julie Taymor, 2002), y Los fantasmas de Goya (Milos Froman, 2006). Creo que vi El tormento y el éxtasis, sobre Miguel Ángel, en la TV, pero casi es como si no la hubiera visto porque no la recuerdo apenas. En cualquier caso todas las películas que he visto coinciden en una atención más o menos repartida entre la obra y el pintor, cuando a lo mejor a muchos lo que más nos interesa es la obra. Y la técnica.
En Mr. Turner vemos al pintor comprando pigmentos y lo vemos trabajando en su estudio y en los paisajes que pintó, también tomando apuntes. Lo vemos en la Royal Academy of Arts con "los académicos" en por lo menos tres ocasiones y eso nos da una buena medida de su relación con el arte establecido y de cómo se exponían los cuadros en el año 1832 (Royal Academy's Summer Exhibition). Vemos a su rival, John Constable, dando las últimas pinceladas a un paisaje que le llevó años, y el desdén que le produce a Turner, tan meteórico y emotivo, por su forma de trabajar. Turner ve El puente de Waterloo desde las escaleras de Whitehall y le da entonces a su Helvoetsluys un brochazo en rojo y lo rectifica con la mano para que quede la boya como una nota de color en la marina. También lo vemos ante las primeras obras de los prerrafaelistas y hablando con Ruskin, que siempre lo defendió, puesto que sus pinturas no siempre fueron bien aceptadas. Pero es evidente que Ruskin le inspiraba una gran irritación por su forma de hablar tan sublime, afectada y pomposa.
No faltan los detalles del autor en su tropiezo con la industrialización. Lo vemos tomándose un retrato al daguerrotipo en el gabinete de un fotógrafo de Filadelfia y el temor a que ese nuevo ingenio confine la pintura. Y vemos dos máquinas de vapor: una es una locomotora (el Ixion Steam Engine) llenando de una nube de humo infernal y espeso el paisaje. La otra es la que luego representaría en su marina  titulada "The Fighting Temeraire tugged to her Last Berth to be broken up" (1838), esto es El «Temerario» remolcado a su último atraque para el desguace en dique seco. Como el "Temeraire" había participado en la batalla de Trafalgar (1805) es todo un símbolo del fin de una época gloriosa de la armada inglesa.
Turner ciertamente vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX y pudo por tanto presenciar la decadencia de la armada británica, el advenimiento de la era industrial, los profundos cambios en el arte. El amarillo, que era el color preferido de Turner, en el principio de su carrera se elaboraba con el oropimente, un trisulfuro de arsénico altamente tóxico. Pero después se empezó a usar el amarillo de cadmio, un poco menos tóxico al parecer.
Aunque la película nos muestra a Turner en su relación con su padre, con su doncella y con Mrs. Booth, su rudeza, no me interesan tanto estos detalles que a pesar de todo van haciéndose predominantes. Especialmente en forma de gruñidos, porque Timothy Spall conforme envejece su personaje cada vez gruñe más. Como también empeora la psoriasis de la doncella que lo cuidó 40 años. Tal vez el tema de la fascinación por la luz y el movimiento quedan empalidecidos por los otros temas: la enfermedad mental de la madre de Turner, el papel de la abnegada criada, el "artista desmoronado " o menesteroso Benjamin Haydon, la delicadeza de la pianista Miss Coggins, el vigor de la científica escocesa Mary Somerville, etcétera. 
En mi pronóstico y por lo poquito que llevo leído, se diría que el certamen de este año va a agasajar mucho más Gran Hotel Budapest, que aquí comentamos en otro post en su momento. En cualquier caso lo sabremos en pocas horas.
Debo decir que la transfiguración de Timothy Spall como Turner, la expresión de su boca, tiene más que un parecido razonable con la señora que limpia en mi trabajo. Y eso me desconcertaba un tanto, por lo menos lo justo como para que deba comentarlo aquí. Por allí también tenemos un compañero que es idéntico al Salieri de Mozart (F. Murray Abraham). Y hace años estuve trabajando con un celador cuyo parecido con Salvador Espriu era abrumador.

 

Fotogramas de Mr. Turner (Mike Leigh, 2014)

8/2/15

El refugio de los canallas




uando en mi niñez se me acababan los libros ─aunque entre mi hermano y yo teníamos una biblioteca abundante y nunca lo agradeceré bastante─ los volvía leer. Creo que el libro que he leído más veces es Los viajes de Gulliver, a través de traducciones y adaptaciones infantiles, juveniles y en su versión original. Pero a veces cuando se nos acababan los libros nos leíamos cualquier cosa que tuviera letra: la publicidad, las etiquetas, las carátulas de los discos, "El Correo Catalán" que tantos años se compró mi padre a diario. 

Cada día me acuerdo de mi padre. Poco antes de casarse, cuando mi madre aún trabajaba para los Roca, que tenían la empresa de los turrones Tardá, el Sr. Roca hizo investigar a mi padre. Mi madre estaba sola en Barcelona, aunque tenía unas tías (hermanas de su padre) solteras, que vivieron en la Gran Via tocando Plaza España. Ahora tengo entendido que la gente contrata los servicios de los detectives para ver qué hacen sus hijos con las drogas y los amigos, o para reunir pruebas contra su pareja ante un posible divorcio. 

El Sr. Roca le puso un detective a mi padre porque tenía 10 años más que mi madre y quería comprobar que era un buen hombre. Al parecer le siguió 3 días y cuando yo lo supe (a su muerte) me reí lo indecible porque me imaginé lo mucho que se hubo de aburrir el detective a partir del segundo día. Y es que mi padre siempre hacía exactamente lo mismo. Cada día. Excepto los domingos, que se afeitaba cantando (el resto de los días no porque se levantaba a las 6) y además lustraba los zapatos. Cantaba "Juanita Banana" (1966). Aunque la canción la sacaron "The Peels", creo mi padre la conocería por Los 3 sudamericanos o Luis Aguilé. Cantaba el coro, que era una versión humorística del "Caro nome" de Rigoletto. Tan humorística que dudo poder escuchar esta aria de la ópera en su propuesta original, amorosa, jamás de la vida.

Esa costumbre de lustrar los zapatos los domingos yo la he adoptado como por ritual, aunque no siempre. Es decir, siempre que lustro los zapatos lo haga en domingo. En la época a la que me remonté se usaba betún y muchos hombres llevaban restos en los bajos del pantalón porque la crema impregnaba mucho además de que tenía un olor muy fuerte. Mi padre, d.e.p., dejaba el lavadero perdido, llegaba el betún al techo. Después salieron unos sucedáneos que recordaban en todo al betún menos en el olor, y además no manchaban tanto pero se aplicaban mejor. Hace poco descubrí la crema Saphir, francesa, que tiene una base de trementina, cera de abeja y cera de carnaúba, conocida como la "reina de las ceras".

 


Crema de zapatos Saphir

 

La diferencia entre el resultado de limpiar y lustrar los zapatos con un sucedáneo de betún o con la pasta de la reina de las ceras es descomunal. Tiene también mucho que ver la piel del calzado, pero vale la pena si se quiere uno vestir concienzudamente. La atención depositada en la propia higiene y acicalado, y en el lenguaje, es en muchas personas su única veleidad artística, aunque tal vez no lo sepan. 

Cepillos hay muchos, también. El último que compré es de la marca Leopardo, que tiene su sede en San Cibrao das Viñas (Orense). "Cibrao" es Ciprián o Cipriano en gallego. Y en el mismo polígono industrial donde se encuentra Leopardo también está la fábrica de Adolfo Domínguez. La crema Saphir se fabrica en Magnac-Lavalette. Magnac-Lavalette-Villars, según la enciclopedia, "es una población y comuna francesa, en la región de Poitou-Charentes, departamento de Charente, en el distrito de Angoulême y cantón de Villebois-Lavalette".  Y el concello de San Cibrao pertenece a la comarca de Ourense en la provincia de Orense, pero porque cuadró así, la administración española está calcada del sistema francés, que es en su origen al menos tremendamente centralista y que digo yo que algo le deberá a la estructura del imperio romano y de la Iglesia. También nos viene de Francia el chauvinismo, que al veces adoptan los nacionalistas, pero no siempre, y que merece una atención aparte. Y remito a mi antipatía por el chauvinismo cuando digo que en cuanto vi el cepillo gallego me enamoró porque tal vez lo asocié con una robustez que aún se nota en los objetos fabricados en la tierra de mis padres. Si ustedes comparan el tipico cepillo para lustrar zapatos con este otro, verán que las cerdas son más copiosas y el pelo más largo. Los cepillos Leopardo no son más caros que los cepillitos de medio pelo -nunca mejor dicho- que he visto en muchos supermercados.

Ayer, por cierto, hubo en "La Vanguardia" una colaboración interesantísima y muy equilibrada de Rafael Jorba, de principio a fin. Se nos recordaba la superposición o suma de nacionalidades en Europa, incluso no ya como afirmación sino como solución. Obviamente el artículo me gustó porque coincide con mi propia manera de ver las cosas, donde no concibo una Europa desunida. Me gustó una cita de la película Senderos de gloria (Stanley Kubrick), película que se estrenó el año 1957, cuando Artur Mas acababa de nacer:

"Fa cent anys, quan Europa es dessagnava en una guerra fratricida, la retòrica patriòtica era una moneda corrent. Sé que és un recurs fàcil, però com que vivim a l’era de la imatge, on tot es vol simple, emotiu i espectacular, l’utilitzaré: a Camins de glòria, un coronel (Kirk Douglas) és comminat per un general francès a prendre una posició alemanya, al preu d’haver de sacrificar la majoria dels seus homes: “Tota França depèn de vostè”. “No sóc un toro, general; no em posi davant la bandera de França perquè envesteixi”. “Pot ser que estigui equivocada la idea de patriotisme, però on hi ha un patriota hi ha un home honrat”. “No tothom opina així. El doctor Johnson (Samuel) deia una cosa molt diferent sobre el patriotisme… Va dir que era l’últim refugi dels canalles”."

 
Crema de cera de carnaúba y de abejas y cepillo Leopardo