"Desde muy joven, allá en mi ciudad
levítica, yo había admirado la literatura de Cela, afilada y hermosa como un
puñal, relampagueante de tinieblas, pero también de una ensimismada piedad por
sus criaturas, a veces criminales, a veces deformes, a veces idiotas, pero
siempre rezumantes de humanidad. Cela dejaba la pluma sobre el escritorio como
quien deja un escalpelo y se levantaba dificultosamente del asiento, donde
quedaba el molde de sus posaderas; y se quejaba:
-¡Hay que joderse! ¡Mira que me he hecho
viejo!"
Juan Manuel de Prada, Cela,
un escritor bárbaro, "ABC" (20 de octubre de 2014)

a firma Levenger, tiene sede en Belmont
(Massachussets) y una colección de materiales de escritorio llamativa,
especialmente para los que padecemos una manía severa por todas los
instrumentos, fungibles y elementos auxiliares para la escritura y la
organización de sus productos. A pesar de la globalización aún es posible
encontrar productos en Levenger con un inconfundible aire de Nueva Inglaterra,
y en Jackson's de Londres encontramos unos estuches para pinceles tan prácticos
como bien acabados y sin embargo no muy caros. No seré yo quien se gaste
40$ en ver qué efecto final tiene la tinta "Cardinal", precisamente
por el riesgo de que no me convenza su color o porque su textura no me acabe de
satisfacer. La tinta azul que ofrecen en catálogo es un azul
ultramarino brillante y a mí me gusta el azul negro (donde el negro
recuerda al gris de Payne). Al final, sin embargo, aunque uso bolígrafo y pluma
cuando me tengo que dirigir a alguien, por una cortesía que no sé si siempre es
entendida, mi instrumento de escritura preferido es el lápiz, sin preferencias.
El esfuerzo que le supone a mi pobre tunel carpiano escribir con pluma o
bolígrafo, por bien calibrados que estén, no sé si vale la pena.
Para dibujar son muy buenos en toda su
serie los Faber-Castell, pero también uso Ticonderoga y un
portaminas de Caran d'Ache y otro de Rotring y cualquier lapicero que
se deje afilar repetidamente del número 2B.
Para los lápices de color, aunque la
serie acuarelable de Faber-Castell es inmejorable, siento predilección por la
paleta de la serie también acuarelable de Caran d'Ache y tengo una caja de
Derwent que solo uso para hacer pruebas y trazos secundarios o rellenos. Hace
poco tuve que comprar una plumilla Brause de 2 mm y es óptima para la
escritura gótica. Aunque hay estilográficas cuyas plumillas son capaces de
imitar el trazo de estas otras plumillas de carga manual, los calígrafos usan
los instrumentos tradicionales y a mí me parece bien. Puedo incluso generalizar
y decir que cuanto diga y haga un calígrafo me parece bien.
Yo abogo porque los aprendices aprendamos con materiales e instrumentos lo más
primitivos o genuinos posibles. En mi opinión es mejor aprender a tocar la
guitarra con un instrumento que sea de gama media, porque usar un instrumento
que prácticamente lo dé todo hecho nos impedirá en cierta manera perseguir la
excelencia de una manera más desnuda y sin desviaciones. Un buen papel y una
buena tinta hacen mucho, pero la pelea se dirime con los elementos de tal
manera que es de esa lucha de donde debe de salir la habilidad para que todo se
convierta en algo expresivo. Si nos ejercitamos con un instrumento muy templado
y de buena calidad obtendremos mejores resultados, pero nos habremos perdido en
lo exterior. Dejaría los buenos instrumentos y los buenos materiales para los
que son ya virtuosos, los cuales seguramente se apañarían con cualquier cosa.
La prueba de que dejé de ser joven hace tiempo
es que empiezo a pensar cosas como que a los cocineros, a los tapiceros, a los
carpinteros, les vendría bien conocer cómo se harían las mismas cosas que
hacemos ahora pero hace solo 100 años. Tal vez una pequeña parte de ellos aún
sepa hacerlas así, como se hacían hace 100 años, aunque también sepa hacerlas
con todos los recursos y la tecnología actual. Pero estoy convencida de que en
el fundamento de cada oficio hay unos conocimientos y destrezas imperecederas,
que es lo que debe distinguir supongo a un buen profesional del que no lo es.
De la misma manera que un buen profesional
de cualquier ramo se distingue porque sabe apreciar el trabajo de otro
profesional, es también para mí seguro que un buen profesional neófito sabrá
apreciar el estilo de un buen profesional experimentado, o viceversa.
Inmersos entre el papanatismo cultural, por
el cual todo cuanto suena a inglés es superior, y una adoración por las
dinámicas consumistas, por las cuales todo cuanto es novedoso es atractivo,
estamos a merced de cualquier campaña comercial y de las modas.
Hace unos días me compre un mop
de pelo de ardilla para acuarela. El mío no es de Jackson's, sino Raphael,
pero viene siendo al menos en apariencia lo mismo. Este pincel tiene la virtud
de capturar gran cantidad de agua y de soltarla gradualmente en una superficie
extensa, cosa que lo hace ideal para cubrir una buena extensión de color. Por
ejemplo un cielo. Lo cubre tan bien que apenas hay que corregir algo el
sobrante que queda en la parte inferior, embebiéndolo muy someramente. En
cuanto lo probé me di cuenta de que un proceso que con otros pinceles me había
costado Dios y ayuda, se resolvía de la forma más sencilla. Pero necesito que
esas cuestiones se conviertan en algo muy secundario, que prevalezca -como
dije- la expresión.
Una vez mostraron en la TV cómo
escribía Cela y se podía ver que escribía con la mano derecha y
tomando el bolígrafo o la pluma de una forma muy peculiar, se diría que
difícil. Produce dolor solo mirarlo. Me he hinchado de ver algunos vídeos de
Andrés Segovia tocando la guitarra y la impresión que me dan siempre sus manos
sobre las cuerdas es difícilmente explicable. Además, es tan diferente lo que
tiene que hacer la mano derecha sobre las cuerdas y la mano izquierda sobre los
trastes, que casi podríamos decir que son extremidades que por muy coordinadas
que vayan precisan condiciones algo diferentes. Las manos de Segovia no se
puede decir que sean fuertes, ni blandas, ni que hagan un particular esfuerzo
de precisión (aunque lo hacen). Lo que intento decir es más elocuente cuando vemos
cómo tocaba Paco de Lucía. Como el flamenco está llenísimo de notas, la mano
tiene que ir más rápida y, si se me permite la comparación, las de Paco de
Lucía recuerdan al nervio de un caballo a la carrera. Intento imaginarme y
adoptar la posición de la mano de Cela sobre la hoja en blanco y me cuesta
representarme su pluma como un escalpelo, aunque seguro que su escritura no fue
ligera, sino uniforme, firme, como de quien labra o cincela.
Cada persona desgastamos los teclados de
los ordenadores de una manera distinta. Yo por ejemplo desgasto mucho la tecla
espaciadora, que pulso -como canónicamente tiene que ser según las técnicas
mecanográficas clásicas- con los pulgares. Hay gente que desgasta hasta borrar
las letras las teclas que corresponden a los dedos índice. Especialmente las
personas que se dejan crecer las uñas y las pulen en pico. He visto ante el
mismo teclado a personas que apenas dejaban oír su paso por las teclas donde
otras martilleaban casi que con furia o como si estuvieran en las máquinas del
gimnasio. Pero luego esos rasgos como de estilo o de carácter, apenas se pueden
percibir más que en la forma de desenvolverse sintácticamente, que también.
Tinta de Levenger
Circa notebook de páginas "removibles"
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