Ando un poco desconcertada. R.V. la han sacado (o puest en "La Revuelta" y el 2019 hizo a su vez un tuit más que viral ("Fuck Vox") que es toda una declaración de principios y de finales, sin embargo no creo que sea todo tan puro. Que R.V. no se case ni con tirios ni con troyanos y haga cantar a los escolanets de Montserrat en español es lo mismo: "puro" sincretismo. Como se dice en catalán: "Embolica que fa fort". Lejos de brindar un espacio a salvo de la famosa polarización, la lía más. Es un producto post-pop cani-choni que nada añade a los otros lanzamientos de las viejas glorias y a la por ahora decadente "música" del tercer milenio. Divas llenas de un talento descomunal se amparan en unos despliegues de mercadotecnia no menos descomunales ¿Es que alguien se ha quedado sin saber que Rosalía ha sacado un disco?
Que Madonna Ciccone o Lady Gaga u otras cantantes recurran a la "imaginería religiosa" supongo que firmas como la del tuit citado la arrogan a un nuevo misticismo, mientras que para los que somos católicos alcanza un matiz satanista indudable. Los animalitos salvajes animados con IA y la voz de Björk de "Berghain" me arrojaron al desamparo de algún círculo woke infernal de Dante, a lo mismo que apareció en los últimos juegos olímpicos en París. Y digo "satanista" porque no va del rollo blasfémico acostumbrado por artistas más sórdidos o cutres, sino que va de un asunto más respaldado desde el globalismo y su agenda 2030.
Pero dejo todo eso a un lado para situarme de lleno en lo que ahora me importa, que es la honestidad de la cineasta Alauda Ruiz de Azúa en su película Los domingos (2025), donde destaca la transparencia y la autenticidad de los personajes. No hay postureo. Se podría decir para empezar que es una obra "coral", en el sentido en el que defendí el término en mi crítica de Alcarràs (Carla Simon, 2022). Esta condición ya hace que el largometraje me resulte atractivo.
Que la trama no se centre en el discernimiento vocacional de Ainara (hacerse monja) y que esté inmerso en situaciones como la familia, o el fin de semana con los compañeros del instituto, permite ver mejor qué ocurre. Eso no quiere decir que el proceso de Ainara quede apenas esbozado, sino que se pretende respaldar con un contexto claro y desinteresado. El planteamiento coral permite que haya posiciones incluso generacionales. Pero se expresan, como digo, con transparencia, sin postureo ideológico. Y es que no es para menos, porque si una mujer en sus tiernos 17 años en pleno baile hormonal y poda sináptica pretende dejar el mundo y meterse en un convento de clausura, asusta mucho. Y es detonante.
También participa de ese contexto lo que no se acaba de manifestar pero que está ahí: la hipoteca del padre, la tía gestora cultural que considera que la niña ha sido de alguna manera adoctrinada y que en un momento dado previene a su propio hijo de la pedofilia clerical, la amiga que la protege de bromas soeces, etc. Cada cual despliega sus habilidades y torpezas. No se nos dice qué le pasó a la madre, porqué murió, pero se deja caer que no llevaba una vida ordenada. Tampoco nos queda muy claro porqué la abuela gallega no dejó atado y bien atado el asunto de su herencia. Y sin embargo esos desplomes o desmayos en la claridad añaden más perfil al problema real, que es la debilidad de la familia o de las familias.
Aunque la orden a la que se refiere Los domingos, las "betinas", no existe, supongo que por no desacreditar por ejemplo a las benedictinas, eso no importa mucho. Las comunidades monásticas no se encuentran en su mejor momento e incluso se están cerrando muchas casas, por lo menos en Barcelona. A pesar de que últimamente se hable de un resurgimiento de la fe católica en los jóvenes, como si hubiera una reacción al desorden, a los excesos y a la disolución de los modelos sociales clásicos, personalmente no veo nada de eso. Y si lo hay, ya se verá en poco tiempo. Como católica agradezco que las escenas de las betinas sean objetivas y no como algo idílico o completamente roñoso.
La tía Maite, interpretada formidablemente por Patricia López Arnaiz, es quien más muestra sus cartas, y en todo momento defiende que es necesario que Ainara debe conocer el mundo. En una paradoja de su sinceridad [atención: spoiler] llega a exagerar (o mentir, habría que decir) para sabotear la entrada de la sobrina en el convento, pero es el personaje que más argumentos despliega y sin tapujos aunque con cuidado.
El padre de Ainara parece estar bajo el peso de la angustia económica, tema que constantemente sobrevuela los diálogos, y podríamos llegar a creer que el hecho de que su hija se haga monja hasta es un alivio para su hacienda. No es baladí que al final de la película se nos presente un cuarto hijo o hija recién nacido, como si en realidad Ainara fuera ─voy a decirlo rápido─ una carga que proviene de su primer matrimonio.
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Vistos el tema del misticismo pop y el tema de la crisis de la familia como modelo social, ya podemos reparar tranquilamente en el de los cenobios, que quiere decir "vida en común" (κοινόβιον). Los primeros cristianos, la Iglesia primitiva de Jerusalén, se regía por la koinonía, la perfecta comunión de los bienes materiales. A veces los estudiosos de la Historia de la Iglesia reparan en cómo los primeros años de martirio, marginación y persecución, cuando los cristianos estaban amenazados por la confiscación, la muerte o la cárcel, fueron más enriquecedores para la fe que el siglo IV con la conversión del emperador Constantino al cristianismo y con la libertad religiosa.
El año 321 se empezó a celebrar civilmente el domingo y después del Edicto de Milán ser cristiano empezó a ser más una ventaja que un peligro. Tal vez esa es la razón por la que se relajaron las virtudes, hubo paganos que se convirtieron de forma oportunista, y en reacción se formó el monacato y se resignificaron las palabras de Jesús: "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme" (Mateo 19: 21). Pero eso es mucho aventurar.
Los historiadores de la Iglesia suelen remitir a las cifras sobre las muchedumbres de monjes y monjas en Egipto y Siria. Egipto, cuya ciudad de Alejandría contaba 250.000 habitantes cuando Roma contaba con medio millón, tuvo en el siglo IV 100.000 monjes y 200.000 monjas. Me recuerda la gran cantidad de eremitas que surgen a cada paso en la literatura española que se produjo con la Contrarreforma. Los personajes literarios no podían dar un paso sin tropezar con un anacoreta, que viene siendo como ahora encontrarse con tatuadores argentinos o gente que viaja en bicicleta dando la vuelta al mundo con dos camisetas.
"Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el Cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen, y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres.El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar." (*)




