22/12/22

"¿Cómo la ves?"




l pasado 5 de diciembre falleció mi madre, después de haber soportado a lo largo del año cuatro ingresos en el hospital. Como había venido haciendo desde hacía unos años, siempre estaba a su lado procurando su mejoría, incluso a veces alimentándola y teniendo el cuidado de su higiene. Los últimos meses de su vida 

los pasó en una residencia de ancianos, porque yo ya no podía atenderla ni tanto ni por tanto tiempo. La visitaba cuanto podía, teniendo en cuenta que por algunas semanas se les confinó en sus habitaciones o las visitas estaban restringidas y condicionadas por el resultado de los tests de antígenos que todos conocemos.

Casi siempre pude distinguir entre lo que fue mi incomodidad y mi desaliento ante su aislamiento, y las condiciones en las que tenía que vivir y ella sufría. A pesar de que no puedo hablar más que bien de la residencia en la que se pasó los últimos 17 meses de su vida (Residencia Barcelona), fui plenamente consciente de lo anómalo de que mi madre viviera en una institución.

Mi madre había tenido poco trato con las instituciones porque apenas fue al colegio y siempre trabajó por cuenta propia excepto cuando de joven sirvió en la casa de un diputado en La Coruña, o en Barcelona en casa de los Tardà. Nunca tuvo interés en participar en ninguna organización y, por decirlo de una vez, iba por libre. Así que su adaptación fue penosa, aunque pronto adoptó una actitud de resistencia pasiva que yo creo que fue lo más inteligente porque nos exasperó lo justo para darnos cuenta de la dignidad que consiguió sacarle a la situación.

La pena que me inspiraba cada vez que me decía que se quería morir solo se vio corregida o suavizaba porque yo hice todo lo que pude por conseguir su bienestar. A veces sólo podía peinarla, cortarle las uñas, acariciarle la cabeza, rellenarle la botella del agua, cepillarle las zapatillas, cosas así. Pero como apenas hablaba ya, yo encontraba ahí una forma de comunicación y un consuelo para las dos.

Uno de los primeros días de diciembre, una enfermera me dijo: "¿Tú cómo la ves?". La pregunta me cogió porsorpresa y me indujo a pensar, de una forma muy delicada, que a lo mejor me estaba mostrando lo que yo no veía o hacía como que no veía. Otra persona sin su profesionalidad y su sensibilidad podría haberme dicho: "¿Es que tú no ves que está mal?". Yo había ido viendo que cada vez estaba más pálida, más frágil, que tenía los tobillos inflados, que respiraba poco y mal, que su maravilloso pelazo estaba debilitado, muchos signos más. Pero seguía al pie del cañón pensando que se produciría una vez más ─como habia pasado durante otras convalescencias─ el milagro de la mejoría, siempre abrupta y acompañada de buen ánimo. La enfermera se llama Esther y es una excelente profesional.

Es cierto que me daba cuenta de su anemia, aunque no sabía que todo venía de minúsculas pérdidas de sangre a causa de un tumor intestinal. Y nadie más la veía. Debo decir que me sorprendió saber que otra persona de mi familia no había advertido que tenía los pies inflados, tan inflados que no se podía calzar bien. Sin embargo no es la primera vez que me doy cuenta de que no vemos lo mismo y que situaciones que a veces se nos ofrecen con la mayor claridad son totalmente imperceptibles a otras personas.

Sería el año 2007 cuando acudió un médico de familia a casa de mis padres porque habíamos visto que mi padre estaba obnubilado y con algo de fiebre. Tan pronto como llegó nos dijo que tenía una infección de orina, extendió una receta y se fue a otra visita domiciliaria sin apenas detenerse. Una semana después apareció en LaContra de La Vanguardia,y ahí quedaba claro que era peruano, que allí en Perú cuando acaban la carrera de Medicina se ve que los envían a hacer atención rural a zonas de la selva o de la montaña donde es improbable que haya un laboratorio bioquímico o un gabinete radiológico. Es decir, que tiene uno que basarse en el llamado ojo clínico.

Todo el armamento tecnológico y de pruebas de imagen, de laboratorio y demás es algo impresionante, escalable y muchas veces incruento, aunque está claro que el diagnóstico no puede descansar solo en esos medios. Y lo mismo aplica para cualquier profesión y oficio.

Estos primeros días de duelo ante la ausencia de mi madre, aunque creo (estoy segura) de que la volveré a ver, están aún impregnados por las sensaciones de los últimas horas en el hospital. Gracias a que pude pasar mucho tiempo con mi madre y a que tuvimos muchas vivencias juntas, mis recuerdos alcanzan muchos años y a pesar de que prevalezca la tristeza de este año, también puedo revivir muchos recuerdos de nuestra intimidad.

Martinus Rørbye (Vista desde la ventana del artista, 1825) 

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28/11/22

Los buenos manantiales

 Arroz con chícharos, patacas novas, repolo de Betanzos e máis cebola…

Tradicional  gallega


uando estuvo de moda Cien años de soledad uno de los detalles que más renovaron la atmósfera de la ficción fue el lío de Aurelianos y Buendías, puesto que iba apareciendo de tanto en cuanto alguno pero sin ser exactamente el mismo, sino de otra generación o, como se diría ahora, transversal. 

No soy muy ducha en el tema de las constelaciones familiares y, aunque estoy segura de que funcionan, prefiero hacerme consciente de la posición de cada cual sin necesidad de forzarlo, por pura reflexión. Se me disculpará la arrogancia pero más bien es un cincuenta por ciento de pudor y un cincuenta por ciento de mi aversión a los terapeutas formados en la Gestalt, que es en donde parece que más se ha desarrollado este trabajo psíquico.

Ya he escrito antes que tuve diez tías y un tío. Actualmente me queda solo una, que es la que nació la última y cuando ya nadie la hubiera esperado, porque nació el año en que mi abuela fue por última vez madre y por primera vez abuela. Mi trato con cada una de las tías fue muy desigual porque algunas ni siquiera estaban en Barcelona, por la afinidad, por infinidad de factores. Y por mi forma de ser, creo que mi predisposición a la figura familiar de tías y tíos, primos, es porque mi interés por los prójimos es casi siempre por los que consideraríamos nuestros "iguales". Los tíos y las tías manifiestan generalmente mejor "rollo" que el que no tienen más remedio que asumir the mamas and the papas, que por causa de su rol supongo que se ven obligados a no mostrar complicidad alguna. Los primos quedan más lejos pero nos permiten apreciar la reproducción de rasgos genéticos sueltos o aislados cuyo efecto sobre mi atención es hipnótico como un fractal. 

Mi tía Raquel Domínguez era la hermana pequeña de mi padre y murió el año 1982 por un tumor cerebral, como su hermana mayor Nieves Domínguez. Según dijera su ginecólogo nunca había visto dos mujeres tan parecidas. Normal. A mi tía Nieves casi no la conocí porque se murió cuando yo tenía 3 años y solo puedo decir que tenía una presencia contundente, unos grandes ojos que el tumor cegó, pero que seguían teniendo una fuerza que solo pudo extinguir la muerte. Mi parecido con ellas de momento no ha surgido en lo que yo creo que no deja de ser una malformación arteriovenosa congénita cerebral y apenas he heredado la belleza que tuvo cualquiera de las dos, pero sí un lunar en la mejilla izquierda idéntico al que tuvo de nacimiento Raquel.

Mi tía Raquel además de ser la hermana pequeña de mi padre era mi padrina, me sostuvo en sus brazos cuando me bautizaron al tercer día de haber nacido, a turnos con mi padrino, que fue mi abuelo paterno. Como del registro civil se ocupó mi padre se ve que dijo que me llamaría Marta Raquel Magdalena (se confundió con los nombres de pila) y, en resumen, cuando a la mayoría de edad me fui a hacer el D.N.I. resulta que en vez de llamarme Marta me llamaba Marta Raquel. Aunque hay algunas personas que han hecho de esa duplicidad motivo de guasa, a mí no me disgusta y la he mantenido. Uso como nombre Marta, toutcourt, y mantengo el de mi padrina en su recuerdo. Además, creo que lo de cambiarse el nombre es de alguna manera una canallada. O el fruto de una canallada ajena.

Mi tía Raquel no pudo tener hijos, como le pasó a la Raquel bíblica, y pensamos que fue porque el marido no era fértil, cosa que nunca se comprobó. Ella fue al médico pero él no quiso. Cuando llevaban unos 15 años escasos casados se separaron y mi tía no se volvió a casar. Sin embargo quizás era de mis diez tías la que más hubiera deseado ser madre. O, mejor dicho, tener hijos, que no es lo mismo. Muchas veces yo pasaba un día con su noche en su casa y sentía su afecto y cómo me introducía en los placeres sencillos, y cómo llenaba algo que no había cubierto su propia vida. En estos tiempos esa carencia no hubiera sido un problema, pero en aquel entonces solo lo estaba empezando a dejar de ser. Se me tiene que disculpar que yo era una niña que sin ser huraña evitaba las muestras de afecto a no ser que no fueran de mi elección y eso llevó a mis padres a alguna situación embarazosa, pero ese es otro tema. 

La complicidad que se suele dar con los tíos en el caso de mi tía Raquel estaba modificado por lo que he explicado, que no tuvo hijos, pero la mayor parte del tiempo era muy divertida. Nos llevaba a mi hermano y a mí a su apartamento en Castelldefels y a partes iguales iba lanzando improperios a los que cometían infracciones o simplemente se le cruzaban y cantaba canciones de las que se inventaba la letra. Mantenía la música pero la letra la improvisaba. Cuandose le declaró el tumor cerebral perdió la vista del ojo izquierdo por lo que acabaron por impedirle que condujera, cosa que había sido de las cosas que más le gustaban, aparte de comer cocido, las anchoas, el güisqui y el yogaDe alguna manera, además del lunar malar heredé lo del cocido, las anchoas,el güisqui y el yoga. Sí, ella ya practicaba yoga a finales de los años setenta y en el barrio, en su barrio de Horta. Güísqui no tomo casi nunca porque el que me gusta es el Lagavulin de 16 años o el de la misma edad Yamazaki, que suelen costar lo que un frasquito de Chanel 5, que es el único perfume que consigue elevar el ánimo. Ella tomaba Johnny Walker. Pero eso sería porque no conocía el Lagavulin.

Mi tía Raquel era, como se suele decir, una disfrutona. Se tomaba un güisqui los domingos por la tarde y se fumaba un Winston. Después, el resto de los días, trabajaba con gusto en una tienda que tuvo y que le fue bastante bien yo creo que porque el gen domínguez es dado a hacer buenos negocios y porque transmitía ilusión, cosa que es muy importante en los buenos vendedores. Sin ilusión es difícil vender.

Murió como aquel que dice de un día para otro, unos ocho años después de que le extirparan el tumor. Un día estaba trabajando y al día siguiente la tuvimos que acompañar a L'Aliança, donde murió sin prácticamente recibir asistencia médica alguna (porque no la requirió) y en silencio. Se fue al otro mundo sin decir esta boca es mía. Ojalá yo la pueda imitar también en esa buena muerte, por la que su madre Consuelo rezó toda la vida y con éxito. A veces en su homenaje me hago una tortilla con pedacitos de chorizo y guisantes, muy betanzeira, y hay que reconocer que hay pocas cosas tan sencillas y sabrosas.

 

Mi tía Raquel (izquierda) y mi madre en el apartamento de Castelldefels (ca. 1969)

Mi tía Raquel el día de mi bautizo en la Clínica de Lourdes 
(25 de julio de 1961, Solemnidad del Apóstol Santiago)

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19/11/22

En blanco y negro: Genaro Agraso


bro una serie de posts sobre mis muertos y elijo como el primero a mi tío Genaro Agraso. Por el nombre, me recuerda uno de esos 100 personajes que dicen que Camilo José Cela recuperó de sus novelas y otros textos para Los viejos amigos. 

Los viejos amigos de Cela(1960) no tienen nada que ver con Los viejos amigos de Rafael Chirbes (2003), como es fácil de deducir no solo por la cronología sino por la estirpe ideológica de ambos escritores. La novela de Rafael Chirbes es, según veo por su solapa al uso (*), un producto de su época y tiene un planteamiento convencional. Otra cosa es admitir que Chirbes, en la novela y media que he leído de su obra, desarrolla perfectamente los personajes y vamos a decir su roña. Mucha roña hay también en Los viejos amigos de Cela, pero salimos alentados por su sentido del humor y algo que abunda tiernamente en nuestros clásicos de la España más negra. Cela recupera en breves textos de un cierto realismo fantástico a sus personajes amigos, tras una breve cita a la fuente original. Como si hiciera un desarrollo del personaje que había esbozado, pero con poco recorrido porque el sujeto no da para más, aunque a veces envuelve historias tremendas.

No voy a hacer nada por el estilo ni de Chirbes ni de Cela, tampoco tengo sus alturas, pero me he acordado de CJC porque los nombres de los personajes son increíbles: Matroniano Gordaliza Villapeceñil, Don Estanislao de Kotska Rodíguez y Rodríguez, alias El Mierda, Sinforosa Chumillas, Mansueto Machezo, Quiquito Esteban. Ya sabemos que a pesar de los años que lleva el libro primero en circulación y después si no agotado, casi, esos nombres podrían ser inventados pero no mucho.

Genaro Agraso es un nombre que no podía ser más gallego, pero no puedo saber donde nació y como conoció a mi tía María Domínguez, Maruxa. Tiendo a pensar que en algún pueblo de La Coruña. Lo recuerdo bien, aunque la última vez que lo vi fue hacia 1986, por la muerte de Raquel Domínguez. Poco tiempo después murió Maruxa y lo supimos al cabo de unos días, cuando ya estaba enterrada en lo que yo llamo "nuestro terrenito" en el cementerio de Sant Andreu.

Mi tío Genaro era pulquérrimo. Recuerdo que tenía un traje negro de ojo de perdiz que debía estar confeccionado a medida porque le quedaba fetén. Nunca le ví con ropa de colores y por eso lo asocio con aquellos años del blanco y negro y que sin embargo fueron tan alegres en el colorido. Podría decirse que los demás podíamos ir de colores gracias a la gente que como él iban de blanco y negro.

También recuerdo su semblante, de grandes ojos negros, el pelo casi blanco y un rostro que transmitía su bondad, una personalidad sufrida y la atención serena. Como es normal, siempre lo veía recién afeitado y acicalado, porque la familia se reunía los domingos por la mañana y en alguna boda o comunión o el día de los Fieles Difuntos. Pero es que además mis tíos tenían una perfumería también pulquérrima. Vivían en el altillo de la tienda, también limpísimo. Recuerdo que mi primo Ricardo era muy alto y no cabía en la cama, porque no habían camas más largas en aquel tiempo.

Cuando ya llevaban años muertos y enterrados los dos (mis tíos), mi madre me explicó que cuando íbamos a verlos a Santa Coloma de Gramenet, no nos dejaban entrar en el baño. Pensé que era por la manía de la higiene, que la tenían todas las hermanas de mi padre excepto una, que fue la más longeva. Insistí en que me lo confirmara y me dijo: "Tu tía Raquel decía que era porque allí guardaban el dinero". Aunque mi madre creo que ignora la prerrogativa de la prescripción de los derechos, hay muchas cosas que se las ha callado hasta que ha pasado mucho tiempo de la muerte de alguno de nuestros finados.

Cuando dibujé mi serie de raras aves, al casuario le puse por nombre Genaro, en homenaje a mi tío, un hombre pacífico. Y eso fue porque injustamente se consideraba a los casuarios como los pájaros más peligrosos de toda la fauna. En realidad el casuario solo ataca si se ve acosado o acorralado o burlado, o cuando atacan a suscrías y se dispara su cerebro reptiliano de velociraptor. Y aunque es verdad que puede usar sus garras para eviscerar a su atacante, con su poderoso segundo dedo, tambiénlo es que suelen antes patearlo que matarlo. De hecho nada más hay una muerte documentada el año 1926.

José Domínguez, Corona Senra y Genaro Agraso (c.1970 en la boda de María Raquel González, mi prima mayor)

Casuario (Genaro), de la serie "Raras aves"

Genaro y Trini, de la serie "Raras aves"


(*)"Un grupo de viejos camaradas son convocados a una cena. Un día estuvieron unidos por un luminoso, aunque confuso, proyecto común: la revolución. Ahora, tantos años después, hacen repaso de sus existencias. El espejo del tiempo les devuelve la imagen de unas vidas vividas provisionalmente, y cuyo vacío se llena a menudo de culpa, desengaño, rencor o traición. Un constructor, un pintor que trabaja de vigilante en un hotel, una profesora, una publicitaria, un novelista fracasado que malvive vendiendo apartamentos a los turistas son los actores principales de una novela compleja y exigente. Las voces se suceden, matizan y contradicen unas a otras para tejeruna tupida redde vidas cruzadas que se trabanenunjuegode contrapuntos revelador de las trampas de la memoria. Escrita desde un punto de vista en el que no caben los discursos complacientes, Los viejos amigos propone una reflexión sobre la condición humana y las posibilidades del individuo de intervenir en el curso de la historia, a la vez que saca a relucir las contradicciones que surgen del enfrentamiento entre las miserias privadas y el vacío de ciertos discursos ideológicos." (Editorial Anagrama)


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8/5/22

Mi Alcarràs


e gustaría disponer de algo de tiempo para dar un repaso al teatro griego y al papel del protagonista, especialmente en la tragedia. Pero remito a la Wikipedia y simplemente reproduzco el significado de la palabra: del griego antiguo πρωταγωνιστής, prōtagōnistḗs "el que hace el primer papel, actor principal". 

Más tiempo habría que dedicarle a las obras de teatro, cine, literatura, donde se podría decir que no hay protagonistas. Para ir rápido, porque no tengo tiempo, no por otra cosa, recuerdo como en obras donde hay grandes personajes principales, como Romeo y Julieta, por ejemplo, hay unos personajes secundarios que están muy matizados ─estoy pensando en la nodriza─ a pesar de tener un papel muy corto y un rol no especialmente relevante. Es decir, que busco un argumento lógico de que nos podemos cuestionar la necesidad de protagonistas en un único ejemplo en que el papel de los secundarios está muy bien desarrollado. Se podría hacer una obra solocon protagonistas (los griegos le añadieron un coro) y se podría hacer una obra solo con personajes secundarios. 

Recientemente en Belfast (2021), la película autobiográfica de Kenneth Branagh, hemos podido apreciar la noción que pretendo defender de que es posible elaborar una película sin protagonistas, coral. Vemos el maravilloso y contundente papel de la abuela, interpretado por Judi Dench, que no es ensombrecido por la interpretación del abuelo, otro personaje con el que el espectador conecta desde el primer momento. No sobresale ninguno de los personajes, y esto no se hace para subrayar el inclusismo de moda y al estilo de las comedias francesas o la unión, la fuerza de la familia, sino porque en la realidad (salvo cuando hay elementos tóxicos) no hay protagonistas.

Un precedente de lo que querría demostrar lo encontramos tambiénen Las uvas de la ira (John Ford, 1940). Tal vez hay un ligero predominio de Tom Joad (Henry Fonda), que además ayuda a enlazar las escenas y ligar los elementos, término que tomo de la cocina. Pero su papel no es superior al de los otros miembros de la familia y los otros personajes. No tenemos la impresión de que Tom Joad tenga un papel más elaborado o que se profundice más. Y que la película se detenga en cada personaje lo que produce no es el efecto de la unión, que tanto se invoca en las series televisivas de final feliz, sino el de la soledad de cada persona. Al cierre del post veo que Miqui Otero en El periódico hace una reseña o crítica de la película de Carla Simon, Alcarràs (2021) titulada Los melocotones de la ira. Efectivamente los paralelismos son destacables.

En Alfarràs pasa un buen metraje hasta que nos damos cuenta de qué relaciones familiares se dan, puesto que hay un padrí (abuelo), la abuela, el hijo y sus dos hermanas,un cuñado, la esposa del hijo, y la prole (un joven, una adolescente y cuatro niños). Es decir, que ni siquiera está definida la familia nuclear, tan propia del mundo urbano. En la entrevista de La Vanguardia que enlazo, Carla Simon explica las influencias que recoge en su película:

"Una de las primeras películas que cita Simón como ascendente de su segundo filme es El árbol de los zuecos, de Ermanno Olmi, que ganó la Palma de Oro en Cannes en 1978. En el filme hay aún más personajes que en Alcarràs , cuatro familias de agricultores que viven en una sola casa. “Nos sirvió a la hora de trabajar la coralidad”, detalla la realizadora. “Teníamos muy claro que no queríamos una estructura como de serie de televisión. De ahí aprendimos que para generar empatía con un personaje tienes que pasar un tiempo con él”.

Cuando Alcarràs se estrenó en Berlín, varios críticos aludieron al neorrealismo italiano por esa voluntad de verdad. No iban desencaminados.Simón y Vilaró repasaron películas como La terra trema, de Visconti, en la que unos pescadores deciden rebelarse contra su amo y trabajar con su propia barca."

A mí me gustaría añadir que la película de Carla Simon también le debe algo a otros puntos de vistas cineastas femeninos, y estoy pensando en Agnès Varda. Teniendo en cuenta además que la película de Carla Simón está interpretada por vecinos y vecinas del Segrià, y no por profesionales de la interpretación, lo que en algún momento nos hace pensar en un documental. Para el casting o selección de actores se recibieron 9000 personas. Me lo imagino y creo que ya eso daría para otra película.

Como digo, en la realidad no hay protagonistas. Puede ser que alguien se crea que lo es y que se conduzca por la vida como tal, como si los demás incluso no es que fuéramos sus personajes secundarios o sus antagonistas, sino su público (¡!).

Me preguntan en Twitter que "si no hay protagonistas, ¿quién marca el guion?" en Alfarràs. No sé si responde a esta interesante pregunta decir que el guion lo marca el tiempo porque la trama va avanzando durante el tiempo de la cosecha de los melocotones.Vemos las dificultades económicas de la familia y eso condensa como nada cualquier otro planteamiento.

Podría detenerme en el galardón que obtuvo la película en la Berlinale, con su Oso de oro, pero con el tiempo que dispongo prefiero referirme al salto generacional que observamos, incluso en el lenguaje. La variante del catalán que apreciamos es la del Segrià, de terra ferma, por la que yo siempre he tenido debilidadcon las lógicas connotaciones por la edad de cada cual. En un momento dado (en dos momentos dados habría que decir), la unión de las voces del padrí Rogelio y de su nieta Iris, resultan muy emocionantes. Ojalá fuera una promesa para la viabilidad el futuro de esta región de Cataluña y de la pagesia.

Casa Montagut, Alfarràs (foto de internet)




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17/4/22

Post 1768: Animales sin compañía

"Algunas jibias y unos pocos pulpos sufren un proceso caleidoscópico casi continuo de cambio de color que no parece relacionado con nada de lo que ocurre a su alrededor, sinoquequizá responde aunaexpresióninvoluntaria deltumulto electroquímicode su interior. Una vez que la maquinaria de producción de color en la piel está conectada a la red eléctrica del cerebro,podrían producirse toda suerte de colores y pautas que no serían más que efectos colaterales de lo que sucede dentro"

Peter Godfrey-Smith,Otras mentes: el pulpo, el mar y los orígenes profundos de la consciencia.






tras mentes refiere que la piel de un cefalópodo es una pantalla de capas controlada directamente por el cerebro. Sus neuronas van desde el cerebro hasta la piel, pasando por todo el cuerpo, donde controlan músculos. Estos, a su vez, controlan millones de bolsas de color parecidas a píxeles. Una jibia percibe o decide algo, y su color cambiaen un instante. En la "pantalla" de la piel de los cefalópodos intervienen tres tipos de dispositivos: los cromatóforos (para el rojo, el amarillo y el negro/pardo), los iridóforos (que permiten generar verdes y azules) y los leucóforos reflectantes.

El despliegue de patrones de camuflaje o deimáticos o por el simple "tumulto electrolítico" está muy bien explicado en el libro de Peter Godfrey-Smith y puede acabarse de concretar en infinidad de vídeos como el que National Geographic ofrece en su portal, o en los que abundan en youtube. Eso me recuerda aquel precioso cortometraje de animación Oktapodi (2007), que ganó un óscar el 2009. Claramente la capacidad cromática natural de los cefalópodos es muy superior a la de Julien Bocabeille, François-Xavier Chanioux, Olivier Delabarre, Thierry Marchand, Quentin Marmier y Emud Mokhberi con la tecnología, pero es un corto delicioso. 

No deja de ser conmovedor el esfuerzo de las criaturas para vivir cada cual en la medida de sus posibilidades. El libro de Godfrey-Smith da un giro dramático cuando nos dice que la vida de los cefalópodos no pasa de los dos años, cosa que redimensiona las maravillas que nos explica sobre el sistema nervioso que los caracteriza. Ese párrafo toma un cierto carácter dramático: 

"Hacia el final de aquel invierno austral las jibias experimentaron un deterioro repentino.Eravisible a lo largo desemanas,a vecesalo largo de días,cuando yo podía seguir a un individuo concreto. De forma espontánea empezaron a desmembrarse. A algunas pronto les faltaron los brazos y porciones de carne. Comenzaron a perder su mágica piel. Al principio creí que algunas de ellas producían manchas blancas como parte de una exhibición, pero una observación más detallada me demostró que, en cambio, la capa exterior de pie, la pantalla de video viva, se caía a trozos y dejaba atrás carne blanca y desnuda. Sus ojos se agrisaron. Cuendo este proceso alcanza su final, la jibia es incapaz de controlar su nivel en el agua. Una vez que se manifiesta el deterioro, este se produce de forma muy rápida. Parece como si su salud se desplomara desde lo alto de un acantilado".

Este tremendo final, si lo pensamos dos veces, nos sugiere más que el deterioro o el horror del estrago la idea de una metamorfosis hacia la opacidad, el desmembramiento y la indeterminación. La magnífica pantalla viva del cefalópodo se convierte en un trapo harapiento y sus ojos se velan. Es un proceso impresionante del que podríamos aprender lo que estemos dispuestos a admitir. En resumen iríamos a aquello de que cada cual muere como ha vivido. En los hospitales hemos visto muchos enfermos que se rebelaban contra la enfermedad y la muerte, como si nos pudiéramos rebelar contra lo que es inexorable.

Para los que saben apreciar el valor gastronómico de las sepias, los calamares y los pulpos, podríamos decir que a pesar de que el consumo es muy elevado y podría parecer que es insostenible, la posible preocupación quedaría atenuada por el hecho de que las puestas de cada cefalópodo sonmuy copiosas. Una hembra de pulpopuede poner hasta 100.000 huevos de una vez en una puesta. Dicho sea con el mayor de los respetos. Es decir, que si queremos comer pulpo podemos comerlo, aunque sean considerados "vertebrados honorarios" por los científicos. Pero sin extravagancias culinarias, y no me refiero a la mermelada de medusa de Bob Esponja.

 

Sepia del Oceanario de Lisboa


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24/3/22

Reduflaciones

"Había tenido que promover 32 guerras, y violar todos sus pactos con la muerte y revolcarse como un cerdo en el muladar de la gloria, para descubrir con casi cuarenta años de retraso los privilegios de la simplicidad"

Gabriel García Márquez, Cien años de soledad



l coronel Aureliano Buendía descubrió los privilegios de la simplicidad al volver a la platería familiar. Claro que ese género de descubrimientos se produce con melancolía, por ser demasiado tarde o por darse cada cual cuenta de que la vida pasa en un suspiro. 
Estos días me regalaron un libro de Mario Satz, Pequeños paraísos: el espíritu de los jardines, que es un buen ejemplo del eufuísmo que heredó el mismísimo William Shakespeare y que acabó también él mismo abandonando:
"PRINCESA - Querido señor Boyet, mi hermosura, sea cual fuere, no necesita los floreos afectados de vuestras alabanzas. La hermosura se aquilata por el juicio de los ojos, no se manifiesta por el anuncio vil de un traficante de mercado. Me enorgullece menos oíros ensalzar los méritos que a vos pasar por inteligente derrochando vuestro ingenio en el elogio del mío." (Trabajos de amor perdidos)
El pequeño libro de Satz darían ganas de reescribirlo, no solo por el ejercicio de aligerarlo y hacerlo más legible y ligero, sino para aprovecharlo como documentación y seguir sus aspiraciones líricas, historicistas, y la inspiración borgiana. Al libro de Satz lo antecedió la Jardinosofía de Santiago Berueta, un libro diez veces más voluminoso, más ordenado, muy fundamentado y sobre todo claro. Aunque los Pequeños paraísos de Satz llegan a rozar pasajes deliciosos, se detiene en los símbolos, y los símbolos encasquillan la lectura. Yo diría que ya no hay tantos lanzamientos de coffee table books (como si lo hubo hace unos 25 años) pero que ahora salen libros de encargo a zaga de las modas temáticas, que tienen que ver con el entretenimiento, las aficiones y un historicismo de perfil bajo y la espiritualidad de consumo. Los coffee table books tenían un cierta calidad y eran costosos; estos otros libros antológicos son más baratos  pero muy pretenciosos.
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El año pasado pude participar en un curso de catalán C2 que impartía Montserrat Fullola Pericot y aprendí mucho sobre cómo escribir con claridad, luego me temo que un poco he vuelto a las andadas, pero al menos ya sé que es mucho más atractivo escribir llanamente. María Pilar Manero Sorolla, cuando impartía también en la Universidad de Barcelona un curso sobre Siglos de Oro, nos prevenía de los textos eufuístas, profusos y poco inteligibles.


La simplicidad no es fácil, de manera comparable a que ser ambiciosos no es lo mismo que ser pretenciosos. En tiempos de reduflación habría que hablar también de la tontería que nos asiste. Hace años que tomo una taza de café al levantarme y que lo preparo con la típica cafetera Oroley, que en realidad deberíamos llamar Bialetti, porque fue Alfonso Bialettiquien la inventóen Italia elaño1930. Elmodelo de Bialetti prácticamente no se ha alterado. Bien mirado es un artefacto muy curioso, con materiales ─aluminio y baquelita─ que pregonan una funcionalidad sincera. El diseño dicen que es Art déco y no digo que no, pero creo que añade elementos del futurismo italiano. Es una preciosidad, como lo fueron los melones cuadrados de Marino Benejam o el procedimiento para descargar mercancías con jirafa, de los inventos del TBO.

Más allá del diseño, del que soy incapaz de abstraerme, pienso en el café moka. Lo suelo comprar en una cafetería Caracas de mi barrio. Tienen el producto básico, que es una mezcla y después ofrecen varios cafes (de Burundi, Kenia, Brasil, Papua Nueva Guinea, Colombia, Costa Rica, etcétera). Todos los diferentes tipos de café están en grano y ya tostado. Te los muelen al momento según el tipo de cafetera que se usa y creo que incluso es posible comprar esas cápsulas horrendas que se popularizaron (inexplicablemente) en los últimos años. Por siete euros más o menos se puede tener un paquete de café de 250 grs. de Costa Rica. Es decir, que sinentrara calcular céntimoa céntimo,yo diría que sale mucho más barato un café moka de sibarita que las cápsulas dichosas. Quien prueba una taza de café recién molido de Costa Rica o de Honduras, nada ácido pero muy sabroso, es dificil que admita compararlo con el que se ofrece en cápsula. Es cierto que el café de cápsula que a mí me han servido muchas veces tiene mucho olor y mucho sabor, pero es algo que resulta si se me permite decirlo así adulterado. El olor del café recién molido o de las avellanas acabadas de tostar y hechas en su punto, no tiene competencia.

¿En qué momento tanta gente se dejo seducir por esas andróminas de aluminio o plástico? ¿Qué las hizo interesantes? Me figuro que detrás de su lanzamiento la multinacional Nestlé hizo todo un análisis mercadotécnico y que el producto es imparable. Pero a mis ojos, o debería decir que a mi gusto y a mi olfato, resulta lejos de la comprensión. La única explicación que le veo es que se pueden usar en el trabajo a cambio del a veces espantoso café que nos ofrecen en algunas cadenas.

Diseño de la cafetera de Alfonso Bialetti (1930)



10/3/22

La revolución de las especies


l sábado pasado emitieron en Betevé Le bonheur (Agnès Varda, 1965), que fue la tercera película de la directora y su primera película en color. Seguro queelcolor noes el factor más importante de los muchos que intervienen en Le bonheur, pero sí que es el que primero nos sorprende cuando empieza la película. Empieza la trama con una escena campestre, dominical, idílica, adanista y de verano. Los colores suaves y vaporosos de la hierba agostada contrastan con los colores vivos de los vestidos de dos niños que junto con su padre y su madre componen una escena de felicidad. Al principio de la película abundan los colores primarios y brillantes (rojo, azul, amarillo), que impactan visualmente y que a lo largo de la película irán perdiendo estridencia o tonalidad para incorporar tonos más suaves e indefinidos. En una escena familiar luctuosa predominan los vestidos negros y poco a poco entramos en el otoño y se establece otro giro cromático donde al final prevalece el color anaranjado en otra escena campestre.

La evolución del verano al otoño y de los colores más frescos e infantiles hasta llegar al color naranja, que tiene una vibración más atenuada que la del rojo, se ve acompañado además de por la propia trama, por dos piezas de W. A. Mozart, el Quinteto para clarinete en La M (KV 581) o Quinteto Stadler, tan alegre y lírico, y el Adagio y fuga en Dom (KV546), tan implorante e hiriente. El Quinteto Stadler coincide con la primera parte de la película y la composición en tono menor coincide con la segunda parte. El lenguaje cinematográfico es pues claro, aunque por ejemplo hay señales cruzadas entre la primera parte y la segunda. Por ejemplo, en el entierro de Thèrese vemos en primer plano el montículo de tierra y ramos de gerberas de color naranja o amarillo azafrán. Como las flores son un elemento presente en las escenas domésticas, no es por tanto un detalle intrascendente ni casual.

Varda incorpora a la película, en esa forma femenina "inclusiva" reciclante que llegó a su máxima expresión teórica en Les glaneurs et la glaneuse (2000), otros elementos que remiten a la pintura impresionista, a la publicidad, al cine de Jean Renoir o incluso a Marc Chagall y GeorgesBraque. Las escenas campestres y de reuniones familiares en torno a la comida nos recuerdan a muchas pinturas famosas del impresionismo. Pero también hay escenas de estilo publicitario o que incluyen publicidad, cosa que incorpora mensajes tremendamente explícitos. Por ejemplo en el apartamento de Émilie hay enganchadas unas fotos con estrellas de cine que son clichés de las mujeres como objetos de consumo. En el taller de carpintería donde trabaja François, también hay enganchadas unas fotos de mujeres, costumbre que nosé de donde proviene pero que se va perdiendo. El primer calendario Pirelli se publicó el año 1964, por cierto.

Me detengo especialmente en las referencias a Jean Renoir, tanto indirectas como indirectas. Es decir, advertiremos que hay escenas que recuerdan en gran manera otras escenas de Renoir en que reúne elementos que forman un encuadre complejo al juntarse una ventana, una pantalla, un cuadro, una foto, etcétera. Son un poco como hijos de Las Meninas puesto que de una forma un tanto irónica nos hacen dudar si el foco de atención es una televisión o bien el retrato que está sobre el televisor o la escena en la que se encuentran el retrato y la televisión.

Precisamente la imagen que incluyo hoy en el álbum Témporas como homenaje a Renoir por parte de Varda, es de la película Le déjeuner sur l'herbe (Jean Renoir, 1959), que a su vez remite a Édouard Manet y a Claude Monet. En la película de Jean Renoir también hay dos mujeres, pero no son como las dos mujeres de Le bonheur, diferentes en sus roles por lo menos en los iniciales, pero que son fundamentalmente muy parecidas en su aspecto exterior. Le dejeuner sur l'herbe trata sobre la fecundación artificial, por lo que Renoir hizo valer todo su arsenal de argumentos por la joie de vivre. Así que el fotograma que pongo en primer lugar nos muestra una escena de la película de Renoir, un retrato arquetípico sobre el televisor que nos relata una boda convencional de acuerdo con la iconografía al uso, y a François en una posición de desenfado que lo define muy bien.

La crítica ha señalado que probablemente es a través de los ojos de François como "vemos" la película, es su visión. Durante la película no hay nunca un reproche ni una situación que podría ser incómoda o áspera, todo discurre sin problemas porque su visión es lúdica, despreocupada. François no ve problema alguno en tener su vida con su familia y en tener una amante, que como hemos dicho es muy parecida a su mujer. Creo recordar incluso que hay una escena de cama en la que su espalda tapa el rostro de una mujer que podría ser una como podría ser la otra. Cuando Thèrese muere, Émilie asume su papel (no sabemos si enteramente) en el cuidado de los niños y no como una intrusa.

La única diferencia, no menor, entre Thèrese y Émilie, es que Thèrese se ocupa de las cosas de la casa, no así François, a quien todo lo más vemos afeitándose. Esas labores aparecen en el acto aislado, no vemos a Thérese, vemos sus manos que planchan, que cosen, que se ocupan de los dos niños pequeños, que cocinan, que amasan, que arreglan la cama. Tal vez dan la idea de la despersonalización. Thèrese hace vestidos, pero trabaja en casa, mientras que Émilie trabaja en la Poste (correos) como empleada, y lleva uniforme y tiene un horario.

La desaparición de Thèrese es trágica pero no adquiere tintes dramáticos porque lo que seguramente pretendía mostrarnos Varda es el papel femenino como objeto y no solo como objeto sexual, lo "natural" y sencillo que le resulta a François que ocupe el lugar de Thèrese la otra mujer.

La escena de Le déjeuner sur l'herbe que se incluye en Le bonheur es una escena campestre en que el biólogo que aboga por la fecundación artificial se encuentra con la campesina. Ella le pide que le hable, de lo que sea, porque le gusta oírle, y le propone que hable de "la revolución de las especies" en vez de sobre "la evolución de las especies". Me extraña que no haya sido un éxito esa variante.


Fotograma de Le bonheur (Agnes Varde) con Le déjeuner sur l'herbe (Jean Renoir)

Fotograma de Le bonheur (Agnes Varde)

Fotograma de Le bonheur (Agnes Varde)
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20/2/22

El vacío


e comenta una amiga que estamos todos pendientes de hacer deporte ver exposiciones. No es mi caso, porque hacía ahora mucho tiempo que no iba a ver una exposición, y ayer rompí la racha para ver la de la Sala Parés en su último día, titulada "Viajeros".De ese ratito bueno me traje el cuadro que he colgado al final del post, de Modest Urgell. Es uno de sus numerosos cuadros con un conjunto rural, un paisaje mínimo y el resplandor de los últimos rayos del sol que da un tono intimista y sobrecogedor al lienzo, con una calidad aterciopelada de las sombras. Este paisaje tiene la particularidad de incluir una luz que —como diría un decorador— le da un toque acogedor al conjunto. Debe de ser una de esas luces que alumbran la vuelta del rezagado, que tal vez invita al ajeno. Esa luz vela en la oscuridad y arroja una luz mortecina sobre la pared lateral y hasta sobre el camino que lleva a las casas. 
Como el panorama en Barcelona no es muy halagüeño, es bueno buscar una gratificación para la mirada y hacer algún ejercicio. La batalla contra la salud, me decía un día un profesor de artes marciales, está perdida de antemano. Llega un día en quela salud falla, y si no es asíes porque hay un accidente fatídico que precipita el final de nuestro bienestar. Sin embargo es bueno cuidar del cuerpo y no permitir que la decadencia sea mayor de lo que pueda ser, sin excesos.
Llenamos el vacío con actividad y una productividad no siempre reconocida. La amiga que me hacía ver lo del deporte y las exposiciones no es una maestra de wu wey (la"no acción" del tao) y ella misma podría reconocer que hace cosas que en el fondo no sirven para nada. A veces lo que hacemos es vivir la vida de los demás, ser sus invitados o "secundarios".
Hace muchos años el padre de otra amiga, jubilado ya hacía tiempo, se sentaba en nuestra calley leía novelas de aquellas de Marcial Lafuente Estefanía. Cuando ya hacía mucho tiempo que se había muerto, su propia hija me explicó que había leído dos veces el Quijote, cosa que no puede decir mucha gente, por cierto. En mi modesta opinión es mejor leer a Cervantes que a Lafuente, pero no perdería mucho tiempo en defenderla. Lo bueno es que él pudiera leer en cada momento lo que en verdad tenía ganas de leer. No olvidemos que el filisteísmo a veces se disfraza de una inquietud cultural cosmética.
En mi juventud leí unas novelas de Zane Grey que estaban reunidas en un volumen grueso de color verde, muy bien editado por la Editorial Juventud. En aquella época y sólo con ese libro me ocurrió que asociaba a los personajes (los "buenos" y los"malos") con personas de mi entorno, con lo que la lectura no se entorpecía pero adquiría un valor añadido. No hace falta decir que los malos reunían defectos como la falsedad, la mezquindad y elegoismo. Eran,en una palabra, tramposos. Había caballos y paisajes muy bonitos que era fácil recrear en la imaginación ¿Qué más se le puede pedir a un libro? 
Soy capaz de entender casi todas las debilidades humanas y nuestras formas de ocupar el tiempo. No entiendo las burlas. Y no acabo de entender ni quiero cosas como lo de hacerse una lengua bífida o llenarse el cuerpo de perforaciones y tatuajes, casi siempre horrendos. Dicen sus portadores que llevan su propia historia en la piel,y cuesta callar para no decirles que es mejor que se la guarden donde nos la guardamos lo demás. Vengo de ver en Youtube un vídeo de una influencer que explica cómo cepillarse la lengua bífida y que ella lo hace con un cepillo de bambú.

Ante el vacío yo rezo.

Llum de tardor, Modest Urgell (1839-1919)

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9/2/22

Days like this


n Opiniones y versiones, en 2017, me referí a que el celebrado final de El tercer hombre (Carol Reed, 1949) es la versión del director, no es fiel a la novela de Graham Greene. Rollo Martin, en la versión cinematográfica, es ignorado por Anna Schmidt (Alida Valli). Se ve el largo paseo con árboles a lado y lado, ella se acerca a Martins, pero pasa delante de él sin decirle nada y sigue su camino. Si a Graham Greene le gustó o no el final de Reed, cuestión en la que me extendí en el post mencionado, es para mí accesorio.
Es cierto que el papel de Anna Schmidt “salva” al canalla de Harry Lime (Orson Welles), a pesar de ser culpable de haber adulterado penicilina. Su amor es incondicional, o habría que decir mejor “indefectible”. Sin embargo, el regocijo que produjo en Twitter el desplante de Anna hacia Rollo, su mediocridad, me ganaron la simpatía por el personaje. El final no me resultó tan convincente como a Greene, a Garci, etc. Después de la huida por las cloacas, ese camino bordeado por árboles que escapan en el horizonte es demasiado manifiesto.
El sábado pasado vi recién estrenada Belfast (Kenneth Brannagh) y me gustaron mucho: 1) la interpretación, 2) la ambientación (aunque creo que no era necesario recalcar tanto el uso del blanco y negro, 3) el papel de los abuelos, y 4) lamúsica de Van Morrison.
Me parece que el hermano mayor de Kenneth Brannagh no dice nada, pero no estoy totalmente segura. Quien más habla es tal vez el abuelo. Y tanto él como la abuela tienen papeles entrañables. En tiempos de edadismo cruel y cipotudo es toda una declaración de principios que Brannagh presente a sus abuelos paternos como una pareja con tanta jovialidad y con tanta complicidad con el nieto pequeño.
El papel de la abuela está desempeñado por dame Judi Dench, tan transfigurada que en su primera aparición en la película resulta irreconocible. Lleva unas medias gruesas que nos hablan de una insuficiencia venosa como la que padeció mi propia abuela paterna. Camina pesadamente y con cuidado. Las gafas estilo “ojos de gato” y la melena tipo paje a la moda de los años 50-60, acaban de trazar los rasgos del personaje, pero todos sabemos que esa caracterización es irrelevante al lado de la fuerza que le sabe insuflar Judi Dench.
Cuando la familia de Brannagh decide abandonar Belfast, acuciados por las deudas e impelidos por la violencia civil, ella se queda sola. Pero desaparece por la puerta de entrada de la casa familiar silenciosamente y –quien más, quien menos—ya sabemos qué soledad le espera adentro. Esos dos otres pasos que da hacia la puerta tienen una sencillez y una gravedad que le dan ochocientas mil vueltas a la pasada de largo de Anna Schmidt, tan rígida y frígida. 
Irlanda, como Galicia, debió de estar llena de viudas de “vivos e mortos” y llegados aquí solo cabe celebrar la sensibilidad de Kenneth Brannagh.


Judi Dench caracterizada en Belfast (KennethBrannagh, 2021)

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