17/1/15

Usar y tirar (2)


omo tengo esta cabeza, precisamente hoy, cuando quería comprobar si una de las palmeras del Pasaje de las Palmeras estaba catalogada el año 1919 o 1929, resulta que me he dado cuenta de que faltaba el letrero y una de ellas, la que estaba más cerca de la calle Cartellà.

El 18 de mayo de 2013 les hice una fotografía con el móvil a las tres washingtonias robustas que hay en Torre Llobeta, cerca del Pasaje de las Palmeras. Tengo abandonado el blog de la "flora de Barcelona", que es como clasificaron los amigos de Barcelonasfera la "Alquimia del humo". Como el apelativo es bienintencionado y tiene su gracia ni por un momento se me ocurrió reprocharles lo inapropiado que era. Además, en el fondo hay muchas fotografías de Collserola, la sierra que rodea Barcelona y que sí podemos decir que tiene una flora autóctona, aunque con algún ejemplar invasor y mucho incendio. "Esto también pasará" dice el cuento sufí y también el título que se ha apropiado el último lanzamiento de Milena Busquets Tusquets, la hija de la editora desaparecida (otro eufemismo) Esther Tusquets. 

Abandoné la "Alquimia del humo" como abandoné "Raras aves" en parte porque me empecé a identificar tanto con las flores, los árboles y los pájaros, que me proporcionaba un sufrimiento inútil pretender representar su belleza y la constatación de que estaba como levantando acta de cuanto no permanece. Y no permanecen porque es así por naturaleza pero también porque el amor que se tiene aquí por nuestros compañeros de viaje en la Tierra es bien poco. 

Me acabo de dar cuenta de que se habían cargado una de las dos palmeras singulares aunque con la superviviente y la tercera, que es muy posterior y aparece en la fotografía 1 a la derecha de la que sí es histórica, se mantiene el nombre de la calle que, como he dicho, es "pasaje de las palmeras" y lo es desde el 7 de julio de 1942, según el Nomenclàtor. Me di cuenta anteayer que la que ha sido sacrificada tocaba la fachada de la finca y probablemente esa ha sido la causa de su destrucción (fotografía 2) y de que incluso retiraran la placa donde yo quería hoy refrescar mi memoria. No tengo la menor duda de que si hubieran puesto remedio, con un buen tutor o algún sistema que no hacía falta que fuera tan aparatoso como el de las washingtonias robustas de Torre Llobeta, de 1904 (Núm. de catàleg: 0086-08-94), seguramente no hubiera hecho falta sacrificarla.
En el Catàleg d'arbres d'interès local de Barcelona identificaban los dos ejemplares como Phoenix dactylifera, de 1914 y con número de catálogo 0087-08-94, que es consecutivo al de las tres washingtonias. La fotografía 4 reproduce la ficha. Son fotografías de escaso valor pero solo tengo la intención de dejar constancia de otro de los errores de nuestro Ayuntamiento. Recientemente también ha sacrificado unas catalpas que había delante del ambulatorio de La Guineuta, en el Paseo Valldaura, porque están reorganizando el jardín y tal vez allanándolo. Se olvida que lo que da carácter y gran valor a un jardín es su solera.

Así como pude pasearme el año 2011 por el Grüneburg Park de Frankfurt entre olmos por los que también pudo pasear Goethe, me temo que aquí voy a tener que pasear  entre los árboles de turno, de usar y tirar.

Hace poco leí una entrevista que le hicieron a la editora Beatriz de Moura y en ella decía que lamentarse de lo perdido  es poco más o menos que  inútil, que hay que seguir adelante y mirar hacia adelante. Que mirar hacia atrás solo trae que dolor. Supongo que, como en todo, habrá un punto medio entre el desprendimiento y la preservación. Eso sí, para potenciar el turismo (?) en el distrito han hecho un vídeo con drones que me abstengo de comentar. No hay vergüenza. Y este año han vuelto a poner los contenedores para abetos navideños y otra vez se los han llevado vacíos. No se han enterado aún de que en nuestro distrito no tenemos dinero para abetos.

 


Fotografía 1. En primer plano la palmera cat. 0087-08-94, del Pasaje de las Palmeras 

 

Fotografía 2

Fotografía 3: Tocón de la palmera


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16/1/15

Escribiendo en caliente

Hace tiempo que abundan en los medios expresiones recurrentes que se usan hasta que se gastan o adquieren demasiados significados. Una de ellas aún en boga es "legislar en caliente", frase con la que se quiere prevenir de la preparación y promulgación de leyes que pretenden responder a una realidad continuamente actualizada con prontitud, sin dejar un tiempo de reflexión y de poso. De ahí he recreado yo otra expresión, "escribir en caliente". Aunque también podríamos decir "dibujar en caliente" y muchas más.

Ya dijimos aquí que últimamente la Real Academia Española estaba haciendo lexicografía como nunca antes lo había hecho, incorporando palabras que apenas permanecerán, cuando en épocas no muy lejanas se dilataba tanto el plazo de reflexión que apenas trascendía alguna palabra y eso cuando ya casi había perdido su frescura. Se diría que la RAE hace ahora lexicografía "en caliente", como si el tiempo fuera algo que solo se puede perder y lo moderno y megaestupendo fuera producir muchos outputs, mucho movimiento y cantidades ingentes de voces y términos que la automatización ya sacrificará con la misma presteza que los admite. En tal caso me temo que la RAE se convierta en una especie de Dow Jones lexicométrica y que incluso los filólogos acaben haciendo especulaciones, como parece que las hacen todas las nuevas profesiones víctimas de la mercadotecnia.

Leo en "The Lancet", que es una de las publicaciones señeras y venerables de la Medicina, pero también moderna, que se suman a la solidaridad con los dibujantes de Charlie Hebdo:

"The role of journals, including medical journals, is to provoke, criticise, and debate—even to offend—as well as to report, explain, and interpret. Article 2 of France’s Declaration asserts the right to “liberty, property, security, and resistance to oppression”. In defence of our collective right to resist those who seek to destroy our liberties, we stand side-by-side journalists at Charlie Hebdo"

Editorial, The Lancet 2015; 385 (9964): 202.

Pero no se crean que en su previo homenaje a la francesa Declaración de los Derechos el Hombre y del Ciudadano (1789) dejan de citar textualmente su artículo 10, por el cual "Ningún hombre debe ser molestado por razón de sus opiniones, ni aun por sus ideas religiosas, siempre que al manifestarlas no se causen trastornos del orden público establecido por la ley." Aunque la cita es un reconocimiento a lo importante que ha sido la contribución de Francia en el progreso de la humanidad, no se nos escapa que esa puntualización del artículo 10 admite que hay situaciones en que la libertad de expresión puede ser o contraproducente o contravenir el orden público establecido legalmente. De manera que aunque aparentemente The Lancet defiende el derecho a la libertad de expresión e incluso la facultad de las revistas para poder provocar e incluso ofender, también es verdad que no ignora (en uno de los sentidos de la palabra ignorar, por lo menos) que -como diría el Papa Francisco- la libertad de expresión tiene límites.

Escribo en caliente cuando digo que hay bromitas -como aquella de hacer un Cristo al horno o un fotomontaje de un santo empalmado- tienen maldita la gracia. Habrá gente a la que le harán gracia. Gente reprimidilla, en mi opinión. Gente que tiene una risita floja y escora también en sus gustos sexuales, por lo que obtiene un cierto placer vicariante en que se violen monjas, se ridiculicen beatonas (como si no se ridiculizaran ellas mismas sin necesidad de ayuda) y se hagan burlas en general hasta de la patena bendita. Y me circunscribo a las brumas anticatólicas porque créanme que ahí voy a poder medir mejor mis palabras.

La gente que hace unos años se reía a costa de los gangosos y los tartamudos, la gente que tenían como una fuente principal de inspiración humorística a los homosexuales es poco más o menos gente que tenía la misma pulsión onanista y gilipollas que estos otros pobres desgraciados que malviven a costa de las debilidades ajenas.

El humor -blanco, negro, verde, amarillo, etcétera- es necesario como lo es el agua, no menos. Cada día más. Lo que nos preguntamos muchas personas es si ese humor con resabios testimonialistas (que ya es lo último o lo siguiente) le sirve a alguien para algo. Los dibujantes de Charlie Hebdo, a sabiendas de que los ánimos de algunas personas muy irritables estaban enervados y exaltados, podían haber optado por el humor de verdad y sólo han conseguido -además de colocar en la calle cinco millones de ejemplares y más- de su último número, hacernos llorar más. Hay que aquilatar entre dejarse extorsionar por el terror no cediendo a sus desmanes y su fanatismo y refocilarse con una broma que ha molestado.

Ya la publicación se presenta como "irresponsable", palabra que a quien me lea le recordará que hace años que vengo defendiendo la postura responsable frente a aquella postura comprometida que se defendía como meritoria hace 30 años o más. Se hablaba de literatura "comprometida" para referirse a aquella literatura que era fiel o leal a unos principios y que los seguía a toda costa. Pero esa palabra se vio empozoñada por la política de lo clientelar y por los escritores y traductores beneficiados o subsidiados por el poder establecido. Ahora hasta hay escritores en la nómina de La Caixa (?), pero ese es otro tema.
Responsable sería acatar los propios principios o unos principios con sus finales y sus mitades, dar cuenta de las consecuencias de lo que uno escribe o dibuja. Hasta cierto punto, evidentemente, porque si ustedes supieran lo que a veces entienden algunas personas de cuanto leen o ven, sería para cortarse no las venas, no, las piernas.

 Viñeta de Manuel Summers para "ABC"

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El valor de una vida

"A la Biblioteca de Catalunya es guarda una part important
de l'arxiu de l'antic Hospital de la Santa Creu.
L'antic Hospital és una institució creada el 1401 per la ciutat
i el bisbat de Barcelona, que ha perviscut com
a principal centre d'assistència a Catalunya fins al
començament del segle XX, cosa que el converteix en
un dels hospitals generals més antics d'Europa.
Els documents que es presenten en aquesta col·lecció
es corresponen als Llibres d'entrades de malalts,
una de les sèries més rellevants d'aquest fons
per la seva extensió cronològica i la riquesa
d'informació que conté per a la recerca. Altres
sèries com els llibres d'expòsits, els llibres
de dides o els de comptabilitat s'afegiran posteriorment
per tal d'oferir a l'investigador aquest
fons documental essencial per a la història de Catalunya."





Hospital de la Santa Creu de 1401 era una institución caritativa dependiente del cabildo catedralicio de Barcelona y el Consell de Cent. Además de las darderas y las monjas hospitalarias, que por lo menos hasta hace bien poco aún participaban en el funcionamiento del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau modernista, había voluntarios. Fue el único hospital que hubo en Barcelona hasta finales del siglo XIX. Remito al post precedente, "Ciencia y caridad", donde comento el capítulo del libro de Michel Foucault, La vida de los hombres infames, el que lleva por título "Incorporación del hospital a la tecnología moderna": "Decíase en aquellos tiempos –y con razón- que el hospital era un lugar para ir a morir. El personal hospitalario no estaba destinado a curar al enfermo sino a conseguir su propia salvación. Era un personal caritativo (religioso o laico) que estaba en el hospital para hacer obras de misericordia que le garantizaran la salvación eterna".

En aquel post enlazamos una página de un libro de registro de admisión de enfermos del siglo XVI.

 

Libro de registro de enfermos "paisanos" iniciado el año 1679 (Hospital de la Santa Creu)

 

No sé si se pueden apreciar bien (la letra es buena) dos frases que aparecen en la primera página del libro de registro de 1679: la referencia al "infermer" Sr. R. Joseph Ansalada y al pie la frase "Jesús, Joseph y María os doy el corazón y el alma mía", que viene siendo una retahíla como no dejan de serlo esas cosas que a veces ponemos al final de los correos-e: que no imprimamos sin pensar, que en el hospital no se fuma o que el contenido del mensaje es confidencial o que va únicamente dirigido al remitente. El enfermero no era propiamente un enfermero tal y como los conocemos hoy en día -para entendernos, después de las guerras mundiales- y de hecho solo habría en el Hospital de la Santa Creu uno, tal y como se apreciaba en una exposición con la que se abrió el tercer Hospital de Sant Pau, donde se mostraba un plafón con "Les professions dels antics hospitals".

La distinción entre "paisanos" y "soldados" no es baladí si tenemos en cuenta el estudio de Foucault mencionado, donde se recalca:

"A finales del siglo XVII, con la introducción del fusil, el ejército se vuelve mucho más técnico, sutil y costoso. Para aprender a manejar un fusil se requerían ejercicios, maniobras y adiestramiento. Así es como el precio de un soldado excede del de un simple trabajador y el costo del ejército se convierte en un importante capítulo presupuestario de todos los países. Una vez formado un soldado no se le puede dejar morir. Si muere ha de ser en debida forma, como un soldado, en una batalla, no a causa de una enfermedad. No hay que olvidar que en el siglo XVII el índice de mortalidad de los soldados era muy elevado. Por ejemplo, un ejército austríaco que salió de Viena hacia Italia perdió 5/6 de sus hombres antes de llegar al lugar del combate. Estas pérdidas por causa de enfermedades, epidemia o deserción constituían un fenómeno relativamente común.

A partir de esta transformación técnica del ejército, el hospital militar se convierte en una cuestión técnica y militar importante: 1) era preciso vigilar a los hombres en el hospital militar para que no desertaran, ya que habían sido adiestrados con un costo considerable; 2) había que curarlos para que no fallecieran de enfermedad; 3) había que evitar que, una vez restablecidos, fingieran estar todavía enfermos y permanecieran en cama, etcétera."

Estos datos en cierta manera un tanto siniestros o desalmados nos indican que el valor de las vidas humanas ha ido cambiando, y nos permite adivinar que hay vidas que cada vez valen más y otras que cada vez valen menos. O que hay unas víctimas del terrorismo, del paro, de las guerras, etcétera que tienen unas más valor que otras.

En el pesaje de las almas egipcio se representaba una balanza. A un lado el corazón del difunto, al otro lado el jeroglífico de Maat (diosa de la justicia o la armonía), que era una pluma de avestruz. Si el corazón no era "justo de voz" y pesaba más que la pluma el corazón entonces lo devoraba Ammyt, una deidad mitad cocodrilo, mitad hipopótamo.

Foto del segundo Hospital, modernista, de la Santa Creu i Sant Pau

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