30/11/10
Palmeras y tiburones
Libros biodegradables y desagradables
24/11/10
Apuntarse a un bombardeo
19/11/10
Hace 190 años (el Bar Marsella)
Aunque
se suele incluir Els Quatre Gats ("los cuatro gatos") (1897)
en las historias de la restauración y la bohemia como una de las joyas del Modernisme,
y lo es, no se suele decir que cerró el año 1907 y que hasta 1988 fue un
almacén textil. Por lo tanto, aunque es bien verdad que toda la decoración o
casi toda se ha preservado, también lo es que no puede tener el caliu
("calor") de un lugar como el Café de la Ópera (1890),
que sí ha funcionado ininterrumpidamente sea como parada de posta, como
chocolatería vienesa, como restaurante de postguerra -poco proveído- o como lo
que es ahora, un lugar con encanto enfrente del Liceu, donde podemos
rehacernos con una tapa o dos, una ración de embutidos y gran variedad de
cervezas. A bote pronto yo diría que tiene más "guiris" o turistas
Els quatre gats que no el Café de la Ópera o Cafè de l'Òpera.
Otro
bar que se suele considerar erróneamente como modernista es El Paraigua, en Pas de
l'Ensenyança, 2, a metros de la Plaza del Ayuntamiento. En realidad, el
propietario de la tienda Gallés (1902), que lo era de paraguas y abanicos,
vendió todos los muebles, etc. y también una caja registradora de 1898 al
escenógrafo Josep Mª Espada, dado que se derribaba el edificio de su
emplazamiento, en la calle dels Arcs, 5. En los años 80, cuando yo frecuenté El
Paraigua, se habilitó el
subterráneo, que al parecer había sido la bodega de un antiguo convento. El
punto fuerte de El Paraigua además de su decorado son los cócteles. Si
admitiéramos propiamente El Paraigua como "bar modernista", aunque es
precioso, también tendríamos que admitir el Viena
(¿ca. 1993?) de las Ramblas, 115, que ocupa
el local de la antigua charcutería Mumbrú, fundada en 1889. El Bar
London es de 1910 y el Bar Muy Buenas de 1928.
La
letra
del rótulo de El Paraigua se desmarca del tipo estereotípico de las
rutas bohemias modernistas, el tipo llamado Arnold Böcklin, que se
distingue claramente como marca del Cafè
de l'Òpera. De Arnold Böcklin lo más conocido como pintor simbolista son
las versiones de su
cuadro : "Böcklin es conocido sobre todo por sus cinco versiones de La isla de los muertos, que
en parte evoca al Cementerio
inglés de Florencia, cerca de su estudio y donde había enterrado a su hija
pequeña María." (Wikipedia)
Curiosamente
este cuadro les gustaba mucho, pero que mucho, a Lenin, a Freud y a Hitler. Y
curiosamente Arnold Böcklin dio su nombre al tipo de
letra más famoso del Art Nouveau, de Otto Weisert. Normalmente el
nombre abreviado es "alfabeto Arnold".
Tipo "Arnold Böcklin"
14/11/10
Piedra, papel y tijera
La
exposición temporal reune 23 obras poco difundidas pertenecientes a colecciones
privadas con aportaciones del Prado y el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.
Voy a referirme a alguno de los cuadros por diferentes motivos. El de Tiepolo
sobre el estudio de Apeles está en Internet pero (¿mal?) positivado, al
revés, es decir en mi memoria yo recuerdo haber visto el perro a la
izquierda. Me llamó la atención porque me pareció que era de la misma raza que
el perro que sale en la película “Mejor imposible”/”As Good as It Gets” (James
L. Brooks, 1997), un griffon de Bruselas. Como he visto el cuadro
recientemente, el sábado, puedo asegurar aunque no sin algún desconcierto que
el perrillo en el cuadro que yo vi aparecía a la izquierda y no rotado a la
derecha. De otra cosa que me acuerdo es de que esa película la vi la tarde de
los atentados del 11 de septiembre de 2001. Será por eso por lo que
siempre me confundo con el nombre de la película y la recuerdo como "Peor
imposible".
Otro de los cuadros valiosos que se exponen es “La
conducción de un sillar” de Goya. Creo que el
bodegón de Juan van der Hamen y León pertenece a la exposición
permanente. Así que lo que me queda es referirme de lleno al cuadro conocido
como "La dueña de la Duquesa de Alba con el infante Luis de Berganza y
María de la Luz". La dueña o la beata es la misma que aparece con idéntico
vestido en otro cuadro del mismo año (1795) que se puede ver en el Museo del
Prado, Rafaela Luisa Velázquez, una de las criadas camaristas de Doña
María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo (Duquesa de Alba).
Luis de Berganza era el hijo de un mayordomo y María de la Luz, una niña
negra adoptada por la duquesa, quien no tuvo descendencia directa.
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"La Duquesa de Alba y la Beata" (Goya, 1795).
Museo del Prado |
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"La dueña de la Duquesa de Alba con el infante Luis
de Berganza y |
Lo
más desconcertante del primer cuadro es que se trata de una broma que le
hace la duquesa a la beatona Rafaela a costa de un pedazo de coral, que supuestamente
servía o sirve para alejar el mal de ojo. Que Rafaela alce un crucifijo no
sabemos si obedece a un reflejo de defensa o ataque o a qué. En
cualquier caso el cuento me recordó a una entrevista del viernes en "La
Vanguardia" a un psicólogo italiano que se empeñaba en
"defender" (utilizo la misma palabra que hace un momento para
remarcar un referente) las bondades de la flexibilidad, pero lo hacía
tan a ultranza que su postura adquiría a veces una cierta rigidez coralina. La
flexibilidad es tan buena como la rigidez, depende de la ocasión. De hecho uno
de los fetiches de la autoayuda es la resiliencia,
o la resistencia si quieren, que podríamos decir que está constituida en
partes iguales por la flexibilidad y la rigidez.
La
entrevista
a Walter Riso, que partía del titular "El fundamentalismo no es
sólo atentar contra las Torres Gemelas", culminaba en otra frase que
contesta a la pregunta "¿Qué tipo de mente es la más
predominante?": "Antes, era la rígida; ahora, la líquida, que
nació de la muerte de la ideología". Esta frase sí que
me parece interesante porque servidora se suele mover mejor cuando hay no una
dicotomía, sino una tercera opción. Por lo tanto, hay si acaso mentes
flexibles, mentes rígidas y mentes líquidas. Mientras en la mente rígida
predomina la incapacidad para adaptarse y avanzar, en las mentes líquidas lo
definitorio es su amorfia o uniformidad, su falta de compromiso:
"Siguiendo
un término acuñado por el sociólogo Zygmunt Bauman, Riso bautiza como
“líquida” al segundo tipo de mente. En contraste con el acartonamiento de la
mente rígida, la líquida no se interesa comprometerse ni adoptar posturas
específicas ante nada, como si todo les pareciese relativo. En su colorido
lenguaje, Riso las describe como “Mentes sin cuerpo propio, informes, incoloras,
sin constancia ni sustancia, indolentes y lejanas a cualquier compromiso:
cerebros son memoria” (Página
cero)
Hay
líquidos que creen que son ambiguos o anfibológicos, se refugian en la
ironía (un sitio donde nunca se detendría un tonto entero) pero en realidad son
inseguros, pusilánimes y tímidos -tímidos en el sentido de
cobardes no en el de la "vergüenza", que proviene de la virtud romana
de la verecundia. Si un líquido llevara su peculiar entropía hasta las
últimas consecuencias no haría nada y no afirmaría nada. Se instalaría
rígidamente en un "no sé" que queda balbuciendo. ¿Una mente líquida
podría por ejemplo pilotar un avión? ¿Es una mente líquida más proclive a las adicciones?
¿De qué hablan un líquido y un cronopio?
Pero
todo esto, ya que hablamos de materias, lo tengo aún crudo, o verde, y solo
expongo o como otras veces propongo ideas con las que jugar y no tanto
juzgar. Ojalá fuera realidad lo de "la muerte de las ideologías" y verdadera
la vida de las ideas. Es que el 28 de noviembre próximo tenemos comicios en
Cataluña, la comunidad de España donde se suele decir que es más difícil
elegir.
¿Quién nos pintará los sueños de la razón y los monstruos
del siglo XXI?
|
"Der Schmetterlingsjäger" (Carl Spitzweg, 1840) |
11/11/10
Dos sabores
Tanto el folly de
Ferdinand Cheval, llamado Palais
Idéal, como los templos hinduistas en los que parece estar inspirado,
están todos en “plena” naturaleza, y sea porque nos hemos acostumbrado a
ellos, sea porque no son tan aberrantes, nos parecen más armoniosos. Al
parecer, según fue dicho estos días atrás, en el transepto de la Basílica
cabría nuestra otra Basílica, la del
Mar, entera, con pináculos, campanario y gárgolas incluidos. Cada cual
tiene sus gustos, pero yo no me he dejado impresionar nunca por el tamaño, así
como tampoco le he visto la gracia al desarrollo de “Las Meninas” de
Velázquez en 3D o a las recreaciones de José Manuel Ballester en los
“Espacios
ocultos” [enlace roto], donde se representan “El Jardín de
las delicias” de El Bosco, “La
anunciación” de Fra Angelico, o el “Paisaje
invernal” de Pieter Brueghel desprovistos de las figuras humanas,
monstruosas y divinas de los originales. Está claro que lo que hace de la
cúpula de Hagia Sophia una maravilla es su tamaño, creo, pero el tamaño
no lo es todo. El arte no es sólo un espectáculo o una proeza. Ya
sabemos que puede ser algo muy sencillo, lo mismo que un buen experimento
científico no tiene por qué ser complicado. Insisto en que es mi opinión
particular. Sí, hacer un Taj Mahal de palillos redondos es admirable, pero no
necesariamente es arte.
Todo esto era para referirme a la Granja Pallaresa
(1947), en la Calle Petritxol. Apenas ha cambiado desde que yo iba a
mis 18 años con asiduedad. En “Gracias,
niebla” ya me referí a las granjas catalanas como establecimientos donde
podemos comprar y degustar productos lácteos y la repostería asociada. Por
el ángulo en que suelen estar tomadas sus fotos
ya se advierte que la calle Petritxol es estrecha. Apenas tiene unos tres metros
y parece que fue la primera calle peatonal de Barcelona. Una placa al lado de
la Granja (o chocolatería) Pallaresa recuerda que ahí al lado ensayaba la
soprano Montserrat Caballé en un estudio. Además en la calle hay otra
“granja” o chocolatería (“Dulcinea”), que ya era una taberna en el año
1789 –según BCN
gourmet- pero que empezó a ser una granja o vaquería el año 1930. Creo que el
retrato que se ve al fondo de la entrada corresponde al dramaturgo Àngel Guimerà,
pero en estos momentos no puedo asegurarlo. Más allá, tocando la calle del Pi
estuvo hasta hace bien poco la Granja “La Xicra” (en español sería
"La jícara"). Esta sucesión de granjas permitió al periodista J. Mª.
Huertas Clavería darle a la calle Petritxol el nombre de “calle dulce” o carrer
dolç.
Servidora es más de salado que de dulce, pero el menjar blanc reusense a base de almendras o el suizo (chocolate con nata por encima, por 2,85 €) de “La Pallaresa” con una ensaimada son muy reconstituyentes y deliciosos. El otro establecimiento de Barcelona con raigambre y recomendable a los golosos es la Horchatería Valenciana fundada en su anterior ubicación el año 1910. Allí es recomendable tomar unos fartons y un zumo de naranjas valencianas recién exprimidas.

Con las referencias a la Granja Viader en “Gracias,
Niebla” y a estos otros establecimientos (“La Xicra”, “Dulcinea”, “La
Pallaresa” y “Orxateria valenciana”) no doy por agotado el tema ni mucho menos.
Sólo me permito apuntar dos datos más: el servicio es muy bueno y tradicional,
atento, y casi nunca he visto en esos lugares turistas. Cuando más adelante
hablemos de otras cafeterías y bares históricos de Barcelona, tendremos
que decir que están llenos de turistas. Y es que con tanta Sagrada
Familia ir a tomar un cortado (vasito de café con un poco de leche) es estar
entre turistas y camareros que a veces apenas conocen los idiomas en los que
nos movemos. En "La Pallaresa" no está permitido fumar y eso aumenta
el disfrute de los sabores y los aromas.
________________
(*) “LA IGLESIA DE LA SAGRADA FAMILIA.
En el 1882 se empezaron las obras. A la entrada de la
verja se ve esta fecha y, en la piedra, la tiara del papa y unas grandes llaves
de San Pedro.
La iglesia de la Sagrada Familia es un edificio
modernista que no tiene ni pies ni cabeza. Esta iglesia dicen que estará
adornada de herrajes con formas obscenas y da la impresión de un modernista de
melenas que se ha vuelto loco y dan ganas de preguntar cuál es la iglesia, pues
su mérito mayor es ese de que no se sepa donde está la entrada. Hay unas torres
llenas de agujeros inútiles sólo decorativos. Las columnas que sostienen el
templo están aplastando a dos grandes tortugas que tienen los ojos fuera.
También hay caracoles enormes sacando los cuernos al sol. En el pórtico hay gran
cantidad de cabezas de burros y un racimo de figuras tocando la trompeta y aves
de corral: gallinas, pollos, y faisanes; también hay una mezcla de rosarios y
libros de misa”. José Gutiérrez-Solana, La España negra.
4/11/10
Quevediana: Nada de lo inhumano ajeno
on ese verso de Rosalía abrimos un post que se titulaba "Sweet home", sobre los confinados y los hikikomoris, esos jóvenes japoneses que están abrumados por el peso o la presión de la sociedad y eligen vivir aislados en sus casas o, mejor dicho, en una pieza de la casa de su familia. Un hikikomori es un nini o neet (ni estudia, ni trabaja), pero un nini no es necesariamente un hikikomori.
En el caprichoso mundo de las clasificaciones vemos, como en el diagrama, que las definiciones se van estableciendo por la distribución y/o la concurrencia de atributos.
El nerd (que aquí conocemos como "empollón" o "pitagorín" o "cerebrito") es generalmente más freaky que un geek obsesionado por la tecnología informática o un otaku, por ejemplo, puesto que un geek aún conserva habilidades sociales. La diferencia entre un dork y un nerd reside al parecer en la inteligencia: ambos son ineptos para la comunicación interpersonal, pero el dork es además tonto. Caso de que hagamos caso de estas clasificaciones, generalmente peyorativas, yo admito que me cuesta mucho trabajo distinguir un nerd (el empollón con aspecto asexuado o sexualmente atrofiado) de un dork, puesto que externamente ambos suelen representarse miopes, con acné, brackets ortodónticos y clara tendencia a la alopecia. Si un nerd es boffin y ha conseguido hacer de sus tendencias infantiloides edípicas un modus vivendi y trabaja en la investigación biosanitaria, o en una ingeniería, o en cualquier laboratorio o taller donde son necesarios sus servicios, que lo son, puede ser que su inteligencia no sea cuestionada, pero con toda seguridad se le reconocerá porque cuando se sale del guión (un cálculo, un diagnóstico, lo que sea) y -por un decir- hace una broma, ahí da como miedo o pena. Ahí, en las bromitas, es donde un boffin, un dweeb, un nerd y un dork son más o menos por el estilo o muy coincidentes. Tal vez el nerd las prepara y las ejecuta con mayor fruición y un dweeb nunca será cruel. Por eso y por mucho más suelo decir que las bromas son algo muy serio e importante y por lo menos a mí me dan una impresión mucho más fiable que la que pueden dar las muestras de inteligencia y su ostentación. De toda la flora o fauna referida, destaca el nolife verdadero que, a diferencia de los otros, jamás hace el ridículo per se.
Todo esto de las clasificaciones asquea bastante y no le veo la utilidad, pero hay que referirse a ellas para dar a entender que nada de lo humano y de lo inhumano nos es ajeno. En cualquier caso sí que es cierto que nos sentimos atraídos o más seguros y confiados cuando estamos con un determinado tipo de gente. Vemos conocidos que van cambiando de pareja pero que parece que siempre están con la misma, por el enorme parecido que guardan. Se diría que no hacía falta que hubieran cambiado de pareja. Así que los rasgos externos o lo que conllevan y las apariencias son como un gancho. Es curioso darse cuenta de repente como no hace tanto la camarilla de ministras, etcétera, de José Luis Rodríguez Zapatero eran todas rubias o con el pelo teñido de rubio. Ahora la excepción es Rosa Aguilar, que va de morena, y que pertenece a Izquierda Unida (más a la izquierda de Zapatero de lo que lo está Hillary Clinton de Barak Obama). Hasta hace nada el idealismo de José Luis Rodríguez Zapatero nos recordaba el de Barak Obama, o viceversa, pero desde que Obama ha reconocido públicamente haber fallado (cosa que nunca hará nuestro presidente del gobierno), el parecido se ha diluido. Por otra parte, en mi opinión claro está, el electorado estadounidense es más maduro democráticamente hablando que el electorado español.
Cuando
la memoria de Rosalía de Castro fue ultrajada (si se me permite un término
folletinesco) por un comentario desafortunado del pseudonerd, cursi,
parrochón y barbilindo Luis
Antonio de Villena, me vinieron a la memoria los mejores de los más
metafísicos versos de la principal autora del Rexurdimento gallego. Un lugar
donde también se encarnó el dolor de Rosalía de Castro o los dolores fue en el
Cementerio de Adina, donde estaban enterrados algunos de sus hijos. El lugar
donde se va el dolor no es una frase que haya tenido el éxito de la
del olor de las nubes o aquella otra del material de los sueños,
pero para mí es una frase con mucho alcance y cargada de razón. No creo que a
mí me gustase ir al lugar donde están mis dolores, no sé. Tal vez hay que hacer
nuestra la idea que nos dejó no sé si Proust o Dostoievski (tan
distintos) de que teníamos que encontrar nuestra felicidad en nuestro
sufrimiento. Esto no sirve para Trufa, está claro. Un perro necesita un amo. Un
buen señor, como se dijo para el Cid Campeador. Yo no le serviría a cambio del
que la ha abandonado, probablemente ¿Dónde se van, me pregunto, los amores no
correspondidos? ¿Dónde las desilusiones? ¿Las decepciones? ¿Las traiciones?
Este
verano capté en el patio de vecinos unas imágenes de la primera hora de la
mañana en que dormían o dormitaban beatíficamente el conejo
belier del piso de abajo, el gato
del entresuelo, y la perra Trufa.
A todo le llamamos vivir.












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