30/11/10

Palmeras y tiburones

"En ningún sitio me hallo en casa; en ningún país y en ningún lugar, ni cerca de ninguna persona".

F. W. Murnau


stos días estoy viendo algunas películas de Friedrich W. Murnau, en paralelo al ciclo que le están dedicando en la Filmoteca de Catalunya. Se dice que si Murnau no hubiera muerto prematuramente, a los 42 años, habría acabado como tantos cineastas europeos en Estados Unidos. A resultas de mi repaso de su filmografía en Youtube tengo que desdecirme de algo que afirmé meses atrás (“La versión de Drácula que yo prefiero es sin duda la de Béla Lugosi”). Ahora digo que la versión de Drácula (Tod Browning, 1931) que prefiero es Nosferatu (F. W. Murnau, 1922).
Del año 1931 es la última película que pudo rodar Murnau, Tabú, que codirigió con Robert J. Flaherty. De Flaherty he visto varias veces The man of Aran (1934), que está en Youtube incluso extractado, pero no he visto el que es su primer documental y el primer documental de la historia del cine, Nanook el esquimal (1922), sobre los inuit. Es injusto que me haya tragado –literalmente- el rollo matraquero del héroe angloirlandés Shackleton y el “Endurance” en la Antártida, que haya disfrutado literalmente de Le marche de l´empereur (Luc Jacquet, 2005) y que sin embargo no haya visto aún el documental de Flaherty sobre los inuit. Tampoco he probado las alcaparras porque el olor me disgusta. Es, al parecer, un Ártico supuesto, el de Nanook el esquimal, el que aún no habría sido invadido por los aventureros y semidioses como Shackleton. Me tienen que perdonar, pero es que los británicos se han arrogado tantas conquistas y triunfos y han obviado por ejemplo tanto la ayuda (nada pequeña ni obviable) de los sherpas, que no puedo con Endurance. Hay que admitir sin embargo que reconocieron que las cosas (y no me refiero al barco varado en el hielo) se les empezaron a encarrilar no con la primavera sino cuando se dieron cuenta de que todos tenían que trabajar, los aristócratas incluidos, y que había que repartir el güisqui equitativamente, cristianamente.
De hecho el documental de Flaherty sigue en cierto modo el tema de Tabú, el del bon sauvage o “buen salvaje” y la bondad primigenia y elemental. Tabú, para quien no haya visto la película, trata de una isla polinésica. Representa que es Bora-Bora pero en realidad la localización es Tahití. Para nosotros tanto da, pero como son dos topónimos preciosos, así me doy pie a emplear los dos, que es lo que tiene la autoedición y el bloguerío. Servidora, aparte de los pareos tahitianos y a Vaitiare Bandera, que fue una de las novias de Julio Iglesias Sr., sólo conoce Tabú. Tratamos un día del Ho’oponopono, la medicina hawaiana y obtuvimos el visto bueno de "Amanda", de Gijón. El proceso de sanación del ho’oponopono se basa en la declaración de cuatro frases: “Lo siento”, “perdóname”, “gracias”, “te amo”, que se encierran o hipostasían realmente en una sola: "Ahí te quedas".
La película trata de una pareja que se ve amenazada en su paraíso polinésico porque a ella (Reri) la eligen como doncella sacrificial cuya pureza habrá que mantener a toda costa. Como en algunos pasajes de la película aparece una montaña con pinta de volcán, bien podemos pensar que Reri queda reservada como víctima propiciatoria para bajarle los humos al volcán en caso de que los dioses así lo dispongan o los hechiceros así lo interpreten. Les excuso una descripción de los cocoteros, las casitas de palma, los lei de jazmines, y los lava-lava y tobilleras de rafia.
Como Matahi rapta a Reri para evitarle una vida entregada a los dioses, se van a otra isla del Pacífico con sus cocoteros, sus casitas de palma, los lei o guirnaldas de jazmines, los ukeleles y todo lo demás. Pero allí a Matahi, en su inocencia incorruptible, encuentra una perla y para celebrarlo se va a la cantina del poblado. Allí todo el mundo se pone morado de champagne a sus expensas y él va firmando con una M muy rudimentaria y cándida los pagarés que le extiende en caracteres chinos un cantinero avaro. Así que cuando para huir del pesado del hechicero pretenden comprar unos pasajes para irse también de allí, resulta que los pasajes valen 150 francos pero ellos le deben al cantinero 3.200. Dicho lo cual es suficiente para que al pobre Matahi no se le ocurra otra cosa que dedicarse a pescar perlas negras en un caladero tabú en cuyo fondo reside un tiburón tan voraz como gigantesco. No les cuento el final porque aunque la película ya la podrían haber visto mil veces, no les quiero quitar la gracia.
Flaherty ya había rodado dos películas en los mares del sur y aunque, pobre de mí, como dicen en Pamplona de Navarra, apenas sé nada de cine, creo distinguir qué es Flaherty y qué Murnau. O soy tan incauta que lo digo. Esas imágenes de los idílicos mares del sur sin recargas superfluas son miríficas. El agua dulce y el agua salada, y que conste que no sigo con Julio Iglesias Sr., contribuyen a trasmitirnos la alegría de vivir, la incertidumbre, la desgracia. Flaherty, claro. Ni J. H. Lartigue, el bon vivant que tan bien retrató los deportes acuáticos y el ocio en general. Para acabar, no dejen de pasarse por una de las páginas de productos polinésicos más encantadoras: Myriah's Polynesian Bazaar. Además de las faldas de rafia, también hay las de ti y todo tipo de complementos (como los soutiens de coco o de vieira). Lo que no entiendo es lo que hace un fez turco en la lista de productos del Pacífico, pero ya se sabe que todo -si sabemos esperar- se acaba sabiendo. Siempre he tenido una cierta debilidad de vis hortera por los mares del sur. De hecho, la única vez que a mi madre tuvieron que escayolarle corrí a pintarle un atardecer tipo Honolulú que quedó la mar de bien con los lápices Caran-D'Ache al uso.


Libros biodegradables y desagradables


e corresponde la imagen de hoy  con el momento en que Fausto, en la película de Murnau, se abalanza sobre sus libros para quemarlos a la vista de que la ciudad donde es venerado como sabio sucumbe a una plaga de peste: "No ayuda la fe, no ayuda el saber. Todo es mentira". Solo conozco las versiones de Fausto de Goethe y de Mann. Y de la primera solo recuerdo el momento en que Fausto protesta porque el diablo -como un burócrata- le hace firmar el pacto que le propone, mientras que de la segunda recuerdo (lo que se dice recordar) simplemente el nombre del protagonista, el músico Adrian Leverkühn. Mi versión de Goethe la compré prácticamente biodegradable. Se diría que el papel está a punto de sucumbir como una momia cuando la toca la luz. El papel ya tiene el color café con leche de un caramelo de la Viuda de Solano, que se llamaba Antolina Ruiz-Olalde. Hay que decirlo, porque por ejemplo de la Viuda de José Tolrà, la de la empresa textil que hizo suspensión de pagos en 1986, no me ha sido posible desentrañar su nombre de soltera.

Faust (F. W. Murnau, 1926)

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Debo admitir que recuerdo más cosas de los dos libros sobre el mito pero pertenecen más bien al orden de las sensaciones, de la atmósfera que consiguen crear algunas novelas, no todas. Cuando Faust se abalanza sobre sus libracos para quemarlos todos, está desilusionado y enfurecido. Hay otras escenas paralelas en la literatura, por ejemplo la del escrutinio del cura y el barbero de la biblioteca del Quijote, de la cual apenas salvan algunos libros. Por ejemplo el Tirant lo Blanch de Joanot Martorell. También me estoy acordando de Fahrenheit 451, que remite a la temperatura a la que arde el papel. De hecho cuando se repasan la historia del libro y la de las bibliotecas en lo que se repara, como en el resto de las historias, es en la cantidad de destrucciones y depuraciones que ha habido. Siempre, por lo tanto, me ha dado qué pensar que precisamente hubieran sobrevivido los libros que sí han sobrevivido y no otros. Hace unos meses me referí a Zenódoto de Éfeso, uno de los primeros críticos textuales, que fue llamado "el látigo de Homero" porque obelizó (—) y atetizó (*) muchos versos del poeta que consideró apócrifos. Pues a Zenódoto se le considera el primer bibliotecario de la Biblioteca de Alejandría, esa biblioteca famosa por las sucesivas destrucciones y saqueos que padeció. Gracias a lo mucho que se dijo sobre sus fondos tenemos la certeza de que Sófocles hizo más de cien obras de teatro y no las siete que se conservan.

Al lado de nuestro afán exterminador no es menos llamativa la manía casi fetichista por guardar y requeteguardar libros simplemente porque son libros si se me permite tamaña recontraperogrullada. Ahora me arrepiento de no haber salvado de su total aniquilación al menos un volumen de los que encontré en la basura de una colección primorosamente encuadernada de un semanario "femenino" de los años setenta. Además de que la historia rosa también tiene su aquel, es que allí se reunía el trabajo de varios oficiales de los que ya no quedan. Y sin embargo yo no tengo ningún problema en echar para reciclar los libros que desecho en cuanto le tengo que hacer sitio a otros. Evidentemente si los considerara útiles les daría otro final que el del papel a peso, por ejemplo en el bookcrossing, pero en verdad me desprendo de ellos porque no sirven para nada o son nocivos.

El punto fuerte de los libros, su tangibilidad, es también su talón de Aquiles. Ocupan espacio, mucho espacio. Se han hecho ediciones en papel biblia y en una letra minúscula que yo no podría leer si no es con ayuda de una lente de aumento. Por ejemplo las ediciones en formato pequeño del DRAE son incompatibles con la lectura en los que ya se nos ha declarado la presbicia. También hay soluciones de almacenamiento, como los clásicos archivadores compactos que se deslizan sobre rieles, o cualesquiera de las soluciones que se ingenian para aprovechar espacios muertos. Por ejemplo, la de la escalera forrada de estanterías o la librería-escalera de Levitate (Levitate staircase).

En el pleistoceno superior tuve ocasión de conocer la biblioteca particular de Joan Maragall, de quien el año próximo se conmemora su deceso. Me encantó encontrar anotaciones suyas. Recuerdo incluso alguna onomatopeya de carcajada, bien burguesa, sobre un librito de Bakunin. Entre muchas personas está muy mal visto anotar o subrayar libros, pero yo pienso que cuando es un objeto personal todo está bien. Incluso los de las bibliotecas públicas, si están bien subrayados, también ahorran mucho tiempo al lector apresurado y superficial. Está claro que como bibliotecaria debo desaprobar esa costumbre, pero también lo está que como estudiante no la haría nunca.

Tanto en los archivos como en las bibliotecas, para el que lo quiera saber, hay una política (en el buen sentido de la palabra) de expurgación. En francés, idioma en el que todo suena mejor, se refieren a la expurgación como deshérbage. La revisión de los fondos, eliminando o traspasando a un depósito lo que ya no es propio de la colección, es la contrapartida a la selección. Se suele ignorar que las bibliotecas están constituidas por una colección de documentos adecuados para su condición y que cuando dejan de serlo han de ser expurgados. Incluso las bibliotecas nacionales, que sí tienen la obligación de preservar la producción de cada país, no tienen más que esa obligación y no asumen la de conservar toda la producción del mundo mundial. Esto hay que decirlo porque cuando un bibliotecario -por mucho que quiera dárselas de community manager- rechaza un donativo puede ser censurado poco menos que como un criminal en serie o informator-terminator. Precisamente el otro día en mi biblioteca rehusamos unas doscientas novelitas de asesinatos bestsellers, destinadas a la biblioteca de los pacientes, y he tenido que dar tantas explicaciones que a poco más me muero de asco. Por puro azar una señora de la limpieza del contingente resulta que ha dejado de fumar y se quita la ansiedad leyendo. Se las ha llevado todas. A mí me parece más que raro, porque todo el mundo que sé que ha dejado de fumar o lo ha intentado lo ha hecho comiendo, bebiendo, yo que sé... Nuestra benefactora, ya que voy a decirlo todo, es que también ha dejado como aquel que dice de comer porque le practicaron un bypass gástrico por obesidad mórbida. Terrible.

24/11/10

Apuntarse a un bombardeo



o tengo yo mucha cabeza para la Historia puesto que hay que ir haciéndose unas composiciones de lugar que requieren una memoria como la que en los ordenadores llamamos temporal o en la vida común es la que nos permite memorizar una lista de la compra no muy larga, que es precisamente la que más me falla. La Historia de Roma es la que más me interesa porque es extensa, está bien documentada y sigue, por decirlo de alguna manera, viva. La llamada "memoria histórica" o imaginación histórica es un invento del gobierno socialista que sirve para azuzar el electorado, quitarle lo bailado a la "Transición democrática", repartir subvenciones más a siniestro que a diestro y poco más.
El dibujo escolar que encontré esta tarde en internet está junto con un centenar de imágenes que ha recogido la Mandeville Special Collections Library [enlace roto (!)] primorosamente. Lo que no se dice, pero se desprende de la web, es que los niños de la Guerra Civil a los que se refiere eran niños del bando republicano. Además también se desprende que los dibujos hay que enmarcarlos en actividades marcadas por un cierto proselitismo. De manera que nada más empezar a asomarse a una pequeña colección de algo que no reviste ningún valor que no sea testimonial, ya nos encontramos con que la memoria deja un enorme espacio a la imaginación y a las suposiciones.
El dibujo del niño Vicente Terol Romeros, que pudiera aún estar vivo, me llamó la atención por el uso de los colores y la composición en general. Es bonito de verdad. En la colección Mandeville no es que haya muchos dibujos infantiles sobre bombardeos y éste la verdad es que bien podría ser la copia de otro dibujo de un adulto o de un profesional. Otros bombardeos que refleja la colección son más esquemáticos y hasta fuerzan sugerentemente las leyes de la perspectiva, seguramente son verídicos pero no verosímiles, no tienen la puesta en escena del del Hundimiento del "España". 
Aunque las escenas bélicas pictóricas, o cinematográficas, y las peleas de western y las escaramuzas abundan en nuestro imaginario, es cierto que no es un tema de moda. Si acaso nos enteramos que nuestro entrenador del Barça enfervoriza a sus jugadores con unas escenitas de "Gladiator" (Ridley Scott, 2000) y música de Puccini antes de echarlos al campo. Poco más. Aunque en las películas de artes marciales chinas nos acostumbramos a ver volar a los luchadores, yo me perdí en "Matrix" y ya no digamos con Robert Rodríguez en "Planet terror" (2007). ¿O es que no se acuerdan ustedes de la stripper Cherry que tiene en su pierna amputada en vez de una prótesis una ametralladora? La actriz que encarna a Cherry, Rose McGowan, estuvo unida a Marilyn Manson, cuyo nombre artístico es a la vez un tributo a Marilyn Monroe y al asesino en serie Charles Manson. Chafarderías aparte, les aseguro que después de "Abierto hasta el amanecer" (1996) -cuyo guión lo hicieron por cierto mano a mano Quentin Tarantino y el mísmísimo Robert Rodríguez- ya no he vuelto a disfrutar con una pelea de cine. Son demasiado rápidas o cruentas por demás, nada épicas.
En el dibujo del niño Vicente no falta nada. Lo que ocurre es que aunque invoca un hecho histórico no es verdad. O, mejor dicho, es mentira.

Hundimiento del "España". Vicente Terol Romeros (14 años). Valencia, 22 de enero de 1938 (Mandeville Special Collections Library [enlace roto (!)]. "They still draw pictures". Drawings made by Spanish children during the Spanish Civil War, circa 1938)

La Revista de Cantabria [enlace roto] (2005)

El "España" propiamente es el "España II" porque el España embarrancó el año 1923, cuando nuestro barco se llamaba aún Alfonso XIII. Es decir, el acorazado Alfonso XIII (el que fue botado el año 1915) se pasó a llamar "España" el año 1931, con la instauración de la República. De hecho se le conocía como "El abuelo" porque ya renqueaba. El primer "España" pues embarrancó y el segundo se hundió después de chocar con una mina submarina del propio bando. Fue en abril de 1937. La Armada española lo mismo hace unas gestas increíbles como cae en desastres calamitosos que si no fuera porque son trágicos serían cómicos. Eso sí, valor no les falta.
El acorazado "España" o "España II" participaba en el bando franquista en el bloqueo de la costa cantábrica. Se hundió en menos de 3 horas a 3 millas al norte del Cabo Galizano y a la vista de los santanderinos que lo miraron desde El Sardinero. Las fuentes hablan de 4 o 5 víctimas, pero todas de la sección de máquinas, porque rescató la tripulación el destructor "Velasco", borda con borda. Nada de botes salvavidas. Mientras, los artilleros de ambos buques repelieron el ataque de tres aviones Gourdou-Leseurre provenientes de La Albericia, que no hicieron blanco. ¿Serían franceses? Todo esto, además de que lo ilustra la foto, que es elocuente, está contrastado por los testimonios visuales y además el barco ha sido investigado por los buscadores de pecios. Por lo que podemos afirmar (desde la Tercera España que apelaba Salvador de Madariaga) que esas bombitas que supuestamente cayeron sobre el "España" son mentira o, si quieren, propaganda.
Me hace gracia, es un decir, lo del Hundimiento del España porque precisamente en el que fue el colegio de mi madre (que nació el año 1934), que ahora es un pub, había un libro y ese libro era sobre El hundimiento del Titanic, y ese solo libro tenía una única ilustración según ella recuerda. En Finisterre también había minas pero eran minas a la deriva que eran aún de la Primera Guerra Mundial, otra de nuestras glorias europeas. A consecuencia de esas minas no hubo -entre otras cosas- pescado o hubo muy poco durante muchos años. Estas obviedades hay que decirlas porque la imaginación histórica olvida que los niños que vivían en el bando franquista también pasaron hambre y necesidades. Debe de ser muy jodido pasar hambre y que encima se olvide.

19/11/10

Hace 190 años (el Bar Marsella)

The soul selects her own society
E. Dickinson



uando Ferran Adrià anunció que se iba a dedicar a la investigación exclusivamente y que cerraba "El Bulli", o algo por el estilo, sospeché que algo se estaba moviendo en el Olimpo mundial de la gastronomía molecular. "Efectivamente", como se suele decir ahora que ya superamos el "eso sí", al cabo de unos pocos meses, el primer lugar de la alta cocina de autor fue confiado al danés René Redzepi (31 años) y al restaurante Noma en Copenhague. En la quinielilla Heston Blumenthal y su "The Fat Duck" no sé en qué posición habrán quedado, pero se da una cuenta de que no es fácil mantener el tipo. Así que la ironía de los sabores ha cedido su tribuna a la cocina comprometida con el medioambientalismo y un cierto orgullo nórdico. Que Ana Rodríguez le pidiera el divorcio a José Bono, nuestro actual Presidente del Congreso de los Diputados dicen que no tiene relación con las pesquisas que se han hecho y revelado sobre las cuentas y las irregularidades del patrimonio del político. Yo digo que sí. Todo está conectado, aunque sea desatinadamente, y fuera de la lógica razonable. Hay una lógica absurda.



Ya dedicamos un par de miradas ("Como como", "Mira, como, beben") a la gastronomía molecular y a otros temas que tienen que ver con la comida, aunque muy poco, pero que con lo que no tienen nada que ver es con la nutrición. También hubo posts sobre un clásico de la subliteratura, el de la leche que nos dan las vacas y sus productos derivados ("Gracias, niebla" y "Dos sabores"). Posts sobre los alimentos extremos también los ha habido ("Niña comiendo una manzana"). Sin embargo, apenas sí me he referido a las cafeterías y a los bares. Que yo recuerde, si acaso hice una mención al Café Florian, el más antiguo de Europa, en la Plaza de San Marcos de Venecia, la Serenissima Reppublica.

Parece que el bar más antiguo de Barcelona es el Bar Marsella (1820). La Fonda España (1859) es un restaurante, y por lo que se indica en la página web del ahora llamado Hotel Espanya está (desde octubre, creo) a su cargo el chef Martín Berasategui. Hay otra página web que indica hoy que está cerrado y que el menú es de 30-45 €, información de todo punto improbable. Sobre todo el precio. Casa Almirall (1860), en la calle Joaquín Costa con la Ferlandina, mantiene intactos la puerta original, la barra, el aparador y las luces.

Aunque se suele incluir Els Quatre Gats ("los cuatro gatos") (1897) en las historias de la restauración y la bohemia como una de las joyas del Modernisme, y lo es, no se suele decir que cerró el año 1907 y que hasta 1988 fue un almacén textil. Por lo tanto, aunque es bien verdad que toda la decoración o casi toda se ha preservado, también lo es que no puede tener el caliu ("calor") de un lugar como el Café de la Ópera (1890), que sí ha funcionado ininterrumpidamente sea como parada de posta, como chocolatería vienesa, como restaurante de postguerra -poco proveído- o como lo que es ahora, un lugar con encanto enfrente del Liceu, donde podemos rehacernos con una tapa o dos, una ración de embutidos y gran variedad de cervezas. A bote pronto yo diría que tiene más "guiris" o turistas Els quatre gats que no el Café de la Ópera o Cafè de l'Òpera.

Otro bar que se suele considerar erróneamente como modernista es El Paraigua, en Pas de l'Ensenyança, 2, a metros de la Plaza del Ayuntamiento. En realidad, el propietario de la tienda Gallés (1902), que lo era de paraguas y abanicos, vendió todos los muebles, etc. y también una caja registradora de 1898 al escenógrafo Josep Mª Espada, dado que se derribaba el edificio de su emplazamiento, en la calle dels Arcs, 5. En los años 80, cuando yo frecuenté El Paraigua, se habilitó el subterráneo, que al parecer había sido la bodega de un antiguo convento. El punto fuerte de El Paraigua además de su decorado son los cócteles. Si admitiéramos propiamente El Paraigua como "bar modernista", aunque es precioso, también tendríamos que admitir el Viena (¿ca. 1993?) de las Ramblas, 115, que ocupa el local de la antigua charcutería Mumbrú, fundada en 1889. El Bar London es de 1910 y el Bar Muy Buenas de 1928.

La letra del rótulo de El Paraigua se desmarca del tipo estereotípico de  las rutas bohemias modernistas, el tipo llamado Arnold Böcklin, que se distingue claramente como marca del Cafè de l'Òpera. De Arnold Böcklin lo más conocido como pintor simbolista son las versiones de su cuadro : "Böcklin es conocido sobre todo por sus cinco versiones de La isla de los muertos, que en parte evoca al Cementerio inglés de Florencia, cerca de su estudio y donde había enterrado a su hija pequeña María." (Wikipedia)

Curiosamente este cuadro les gustaba mucho, pero que mucho, a Lenin, a Freud y a Hitler. Y curiosamente Arnold Böcklin dio su nombre al tipo de letra más famoso del Art Nouveau, de Otto Weisert. Normalmente el nombre abreviado es "alfabeto Arnold".

 

Tipo "Arnold Böcklin"

Como todo cuadra, decía, en el Cimitero degli Inglesi de Florencia se enterraron los últimos descendientes de Shakespeare y a Elizabeth Barrett Browning. Parece que uno de los poemas más bellos de Emily Dickinson, el que empieza "El alma elige su propia sociedad", se lo inspiró una foto de la tumba de la poeta inglesa.

Se suele decir que la absenta está prohibida por su poder alucinógeno, y también se dice que en el Bar Marsella lo sirven. Pronto lo comprobaré. Lo segundo. Lo primero no lo creo, aunque en todo caso la tomaría louché, particular que será detallado en su momento.

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(*) La foto del Café de la Ópera que ilustra el ambiente de las Ramblas de finales del siglo XIX, con los tenderetes de pájaros que solo recientemente han sido suprimidos, muestra subiendo un carro de tiro animal. Originalmente el Café de la Ópera fue una parada de posta, como Can Gaig en Horta.

14/11/10

Piedra, papel y tijera

Es fácil temer, pero penoso;
respetar es difícil,
pero más dulce.
Johann Wolfgang von Goethe



esde el día 9 hasta febrero próximo puede verse en la Fundación Francisco Godia la exposición "De Luca Giordano a Goya. Pintura del siglo XVIII". La exposición está en la planta baja de la Fundación, que ocupa –en el recto sentido de la palabra “ocupar”- una parte de la Casa Garriga Nogués desde 2008. Antes estuvo ocupada por la Fundació Enciclopèdia Catalana (que se ha ido a Diagonal Mar) y, antes aún, por el colegio religioso Sagrados Corazones de Jesús y de María. El edificio está situado en la Calle Diputació en el número 250, entre Balmes y Rambla de Cataluña. La familia del banquero Garriga Nogués  vivió allí entre 1901 y 1936. Es obra del arquitecto Enric Sagnier Villavecchia, de quien ya dijimos que hay varios edificios en Barcelona y nos referimos en particular al Patronat Ribas y al templo del Tibidabo. Además de la Colección Godia permanente, destacan del edificio las cuatro ménsulas con figuras femeninas, de Eusebi Arnau, y en el  interior del edificio la escalera de honor en mármol de acceso al primer piso, la claraboya central, un salón rococó y una vidriera modernista del taller de A. Rigalt.

La exposición temporal reune 23 obras poco difundidas pertenecientes a colecciones privadas con aportaciones del Prado y el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Voy a referirme a alguno de los cuadros por diferentes motivos. El de  Tiepolo sobre el estudio de Apeles está en Internet pero (¿mal?) positivado, al revés, es decir en mi memoria yo recuerdo haber visto el perro a la izquierda. Me llamó la atención porque me pareció que era de la misma raza que el perro que sale en la película “Mejor imposible”/”As Good as It Gets” (James L. Brooks, 1997), un griffon de Bruselas. Como he visto el cuadro recientemente, el sábado, puedo asegurar aunque no sin algún desconcierto que el perrillo en el cuadro que yo vi aparecía a la izquierda y no rotado a la derecha. De otra cosa que me acuerdo es de que esa película la vi la tarde de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Será por eso por lo que siempre me confundo con el nombre de la película y la recuerdo como "Peor imposible".

Otro de los cuadros valiosos que se exponen es “La conducción de un sillar” de Goya. Creo que el bodegón de Juan van der Hamen y León pertenece a la exposición permanente. Así que lo que me queda es referirme de lleno al cuadro conocido como "La dueña de la Duquesa de Alba con el infante Luis de Berganza y María de la Luz". La dueña o la beata es la misma que aparece con idéntico vestido en otro cuadro del mismo año (1795) que se puede ver en el Museo del Prado, Rafaela Luisa Velázquez, una de las criadas camaristas de Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo (Duquesa de Alba). Luis de Berganza era el hijo de un mayordomo y María de la Luz, una niña negra adoptada por la duquesa, quien no tuvo descendencia directa.

"La Duquesa de Alba y la Beata" (Goya, 1795). Museo del Prado

 

"La dueña de la Duquesa de Alba con el infante Luis de Berganza y 
María de la Luz"  (Goya, 1795). Colección Arango.

Lo más desconcertante del primer cuadro es que se trata de una broma que le hace la duquesa a la beatona Rafaela a costa de un pedazo de coral, que supuestamente servía o sirve para alejar el mal de ojo. Que Rafaela alce un crucifijo no sabemos si obedece a un reflejo de defensa o ataque o a qué. En cualquier caso el cuento me recordó a una entrevista del viernes en "La Vanguardia" a un psicólogo italiano que se empeñaba en "defender" (utilizo la misma palabra que hace un momento para remarcar un referente) las bondades de la flexibilidad, pero lo hacía tan a ultranza que su postura adquiría a veces una cierta rigidez coralina. La flexibilidad es tan buena como la rigidez, depende de la ocasión. De hecho uno de los fetiches de la autoayuda es la resiliencia, o la resistencia si quieren, que podríamos decir que está constituida en partes iguales por la flexibilidad y la rigidez. 

La entrevista a Walter Riso, que partía del titular "El fundamentalismo no es sólo atentar contra las Torres Gemelas", culminaba en otra frase que contesta a la pregunta "¿Qué tipo de mente es la más predominante?":  "Antes, era la rígida; ahora, la líquida, que nació de la muerte de la ideología". Esta frase que me parece interesante porque servidora se suele mover mejor cuando hay no una dicotomía, sino una tercera opción. Por lo tanto, hay si acaso mentes flexibles, mentes rígidas y mentes líquidas. Mientras en la mente rígida predomina la incapacidad para adaptarse y avanzar, en las mentes líquidas lo definitorio es su amorfia o uniformidad, su falta de compromiso:

"Siguiendo un término acuñado por el sociólogo Zygmunt Bauman, Riso bautiza como “líquida” al segundo tipo de mente. En contraste con el acartonamiento de la mente rígida, la líquida no se interesa comprometerse ni adoptar posturas específicas ante nada, como si todo les pareciese relativo. En su colorido lenguaje, Riso las describe como “Mentes sin cuerpo propio, informes, incoloras, sin constancia ni sustancia, indolentes y lejanas a cualquier compromiso: cerebros son memoria” (Página cero)

Hay líquidos que creen que son ambiguos o anfibológicos, se refugian en la ironía (un sitio donde nunca se detendría un tonto entero) pero en realidad son inseguros, pusilánimes y tímidos -tímidos en el sentido de cobardes no en el de la "vergüenza", que proviene de la virtud romana de la verecundia. Si un líquido llevara su peculiar entropía hasta las últimas consecuencias no haría nada y no afirmaría nada.  Se instalaría rígidamente en un "no sé" que queda balbuciendo. ¿Una mente líquida podría por ejemplo pilotar un avión? ¿Es una mente líquida más proclive a las adicciones? ¿De qué hablan un líquido y un cronopio?

Pero todo esto, ya que hablamos de materias, lo tengo aún crudo, o verde, y solo expongo o como otras veces propongo ideas con las que jugar y no tanto juzgar. Ojalá fuera realidad lo de "la muerte de las ideologías" y verdadera la vida de las ideas. Es que el 28 de noviembre próximo tenemos comicios en Cataluña, la comunidad de España donde se suele decir que es más difícil elegir. 

¿Quién nos pintará los sueños de la razón y los monstruos del siglo XXI?

"Der Schmetterlingsjäger" (Carl Spitzweg, 1840)


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11/11/10

Dos sabores


l domingo pasado, por la visita de Benedicto XVI a Barcelona y la transmisión de la dedicación del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia como Basílica Menor, muchos televidentes pudimos ver el interior del transepto en todo su vértigo gracias a la spidercam o “cámara araña” que TV3 instaló para que recorriera en toda su alzada la obra. En el verano de 2008 ya me referí a mi opinión sobre la obra de la Sagrada Familia, en un post titulado “La originalidad”. Tendré que decir de antemano que los barceloneses solemos usar la obra de la Sagrada Familia para referirnos a algo que no se acaba nunca. Es decir, cuando queremos dar a entender que algo está durando o tardando mucho, decimos que cuesta más que la Sagrada Familia. Las razones que me hacen no reconocer en la Sagrada Familia ningún atractivo o –para no ser ingrata- muy pocos, son básicamente tres: que la obra se apartó hace tiempo del proyecto original de Antoni Gaudí, que está demasiado cargada de símbolos (más allá de lo que lo suelen estar todos los templos religiosos) y por último, que su ubicación me parece monstruosa. De esto también hablé en otro post: “Creo que soy una de las pocas barcinonenses o faventinas que piensa que la Sagrada Familia, tanto la que proyectó Gaudí como la que se está fraguando en las hormigoneras, es un engendro que no pasa de ser un folly como el de Ferdinand Cheval. Lo que ocurre es que los follies suelen estar en lugares retirados, y el nuestro lo tenemos dentro de Barcelona. Así que por una vez estoy de acuerdo con José Gutiérrez Solana” (*).

Canestra di frutta (Michelangelo Merisi di Caravaggio, ¿1599?

Tanto el folly de Ferdinand Cheval, llamado Palais Idéal, como los templos hinduistas en los que parece estar inspirado, están todos en “plena” naturaleza, y sea porque nos hemos acostumbrado a ellos, sea porque no son tan aberrantes, nos parecen más armoniosos. Al parecer, según fue dicho estos días atrás, en el transepto de la Basílica cabría nuestra otra Basílica, la del Mar, entera, con pináculos, campanario y gárgolas incluidos. Cada cual tiene sus gustos, pero yo no me he dejado impresionar nunca por el tamaño, así como tampoco le he visto la gracia al desarrollo de “Las Meninas” de Velázquez en 3D o a las recreaciones de José Manuel Ballester en los “Espacios ocultos” [enlace roto], donde se representan “El Jardín de las delicias” de El Bosco, “La anunciación” de Fra Angelico, o el “Paisaje invernal” de Pieter Brueghel desprovistos de las figuras humanas, monstruosas y divinas de los originales. Está claro que lo que hace de la cúpula de Hagia Sophia una maravilla es su tamaño, creo, pero el tamaño no lo es todo. El arte no es sólo un espectáculo o una proeza. Ya sabemos que puede ser algo muy sencillo, lo mismo que un buen experimento científico no tiene por qué ser complicado. Insisto en que es mi opinión particular. Sí, hacer un Taj Mahal de palillos redondos es admirable, pero no necesariamente es arte.

Todo esto era para referirme a la Granja Pallaresa (1947), en la Calle Petritxol. Apenas ha cambiado desde que yo iba a mis 18 años con asiduedad. En “Gracias, niebla” ya me referí a las granjas catalanas como establecimientos donde podemos comprar y degustar productos lácteos y la repostería asociada. Por el ángulo en que suelen estar tomadas sus fotos ya se advierte que la calle Petritxol es estrecha. Apenas tiene unos tres metros y parece que fue la primera calle peatonal de Barcelona. Una placa al lado de la Granja (o chocolatería) Pallaresa recuerda que ahí al lado ensayaba la soprano Montserrat Caballé en un estudio. Además en la calle hay otra “granja” o chocolatería (“Dulcinea”), que ya era una taberna en el año 1789 –según BCN gourmet- pero que empezó a ser una granja o vaquería el año 1930. Creo que el retrato que se ve al fondo de la entrada corresponde al dramaturgo Àngel Guimerà, pero en estos momentos no puedo asegurarlo. Más allá, tocando la calle del Pi estuvo hasta hace bien poco la Granja “La Xicra” (en español sería "La jícara"). Esta sucesión de granjas permitió al periodista J. Mª. Huertas Clavería darle a la calle Petritxol el nombre de “calle dulce” o carrer dolç.

Servidora es más de salado que de dulce, pero el menjar blanc reusense a base de almendras o el suizo (chocolate con nata por encima, por 2,85 €) de “La Pallaresa” con una ensaimada son muy reconstituyentes y deliciosos. El otro establecimiento de Barcelona con raigambre y recomendable a los golosos es la Horchatería Valenciana fundada en su anterior ubicación el año 1910. Allí es recomendable tomar unos fartons y un zumo de naranjas valencianas recién exprimidas.

 
Chocolatería Dulcinea (Calle Petritxol, Barcelona) | Foto: Marta Domínguez Senra

Con las referencias a la Granja Viader en “Gracias, Niebla” y a estos otros establecimientos (“La Xicra”, “Dulcinea”, “La Pallaresa” y “Orxateria valenciana”) no doy por agotado el tema ni mucho menos. Sólo me permito apuntar dos datos más: el servicio es muy bueno y tradicional, atento, y casi nunca he visto en esos lugares turistas. Cuando más adelante hablemos de otras cafeterías y bares históricos de Barcelona, tendremos que decir que están llenos de turistas. Y es que con tanta Sagrada Familia ir a tomar un cortado (vasito de café con un poco de leche) es estar entre turistas y camareros que a veces apenas conocen los idiomas en los que nos movemos. En "La Pallaresa" no está permitido fumar y eso aumenta el disfrute de los sabores y los aromas.

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(*) “LA IGLESIA DE LA SAGRADA FAMILIA.

En el 1882 se empezaron las obras. A la entrada de la verja se ve esta fecha y, en la piedra, la tiara del papa y unas grandes llaves de San Pedro.

La iglesia de la Sagrada Familia es un edificio modernista que no tiene ni pies ni cabeza. Esta iglesia dicen que estará adornada de herrajes con formas obscenas y da la impresión de un modernista de melenas que se ha vuelto loco y dan ganas de preguntar cuál es la iglesia, pues su mérito mayor es ese de que no se sepa donde está la entrada. Hay unas torres llenas de agujeros inútiles sólo decorativos. Las columnas que sostienen el templo están aplastando a dos grandes tortugas que tienen los ojos fuera. También hay caracoles enormes sacando los cuernos al sol. En el pórtico hay gran cantidad de cabezas de burros y un racimo de figuras tocando la trompeta y aves de corral: gallinas, pollos, y faisanes; también hay una mezcla de rosarios y libros de misa”. José Gutiérrez-Solana, La España negra.

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4/11/10

Quevediana: Nada de lo inhumano ajeno

"Eu quero ir onde as miñas dores foron"
Rosalía de Castro





on ese verso de Rosalía abrimos un post que se titulaba "Sweet home", sobre los confinados y los hikikomoris, esos jóvenes japoneses que están abrumados por el peso o la presión de la sociedad y eligen vivir aislados en sus casas o, mejor dicho, en una pieza de la casa de su familia. Un hikikomori es un nini o neet (ni estudia, ni trabaja), pero un nini no es necesariamente un hikikomori. 

En el caprichoso mundo de las clasificaciones vemos, como en el diagrama, que las definiciones se van estableciendo por  la distribución y/o la concurrencia de atributos. 

El nerd  (que aquí conocemos como "empollón" o "pitagorín" o "cerebrito") es generalmente más freaky que un geek obsesionado por la tecnología informática o un otaku, por ejemplo, puesto que un geek aún conserva habilidades sociales. La diferencia entre un dork y un nerd reside al parecer en la inteligencia: ambos son ineptos para la comunicación interpersonal, pero el dork es además tonto. Caso de que hagamos caso de estas clasificaciones, generalmente peyorativas, yo admito que me cuesta mucho trabajo distinguir un nerd (el empollón con aspecto asexuado o sexualmente atrofiado) de un dork, puesto que externamente ambos suelen representarse miopes, con acné, brackets ortodónticos y clara tendencia a la alopecia. Si un nerd es boffin y ha conseguido hacer de sus tendencias infantiloides edípicas un modus vivendi y trabaja en la investigación biosanitaria, o en una ingeniería, o en cualquier laboratorio o taller donde son necesarios sus servicios,  que lo son, puede ser que su inteligencia no sea cuestionada, pero con toda seguridad se le reconocerá porque cuando se sale del guión (un cálculo, un diagnóstico, lo que sea) y -por un decir- hace una broma, ahí da como miedo o pena. Ahí, en las bromitas, es donde un boffin, un dweeb, un nerd  y un dork son más o menos por el estilo o muy coincidentes.  Tal vez el nerd las prepara y las ejecuta con mayor fruición y un dweeb nunca será cruel. Por eso y por mucho más suelo decir que las bromas son algo muy serio e importante y por lo menos a mí me dan una impresión mucho más fiable que la que pueden dar las muestras de inteligencia y su ostentación. De toda la flora o fauna referida, destaca el nolife verdadero que, a diferencia de los otros,  jamás hace el ridículo per se.


Foto de internet

Todo esto de las clasificaciones asquea bastante y no le veo la utilidad, pero hay que referirse a ellas para dar a entender que nada de lo humano y de lo inhumano nos es ajeno. En cualquier caso sí que es cierto que nos sentimos atraídos o más seguros y confiados cuando estamos con un determinado tipo de gente. Vemos conocidos que van cambiando de pareja pero que parece que siempre están con la misma, por el enorme parecido que guardan. Se diría que no hacía falta que hubieran cambiado de pareja. Así que los rasgos externos o lo que conllevan y las apariencias son como un gancho. Es curioso darse cuenta de repente como no hace tanto la camarilla de ministras, etcétera, de José Luis Rodríguez Zapatero eran todas rubias o con el pelo teñido de rubio. Ahora la excepción es Rosa Aguilar,  que va de morena, y que pertenece a Izquierda Unida (más a la izquierda de Zapatero de lo que lo está Hillary Clinton de Barak Obama). Hasta hace nada el idealismo de José Luis Rodríguez Zapatero nos recordaba el de Barak Obama, o viceversa, pero desde que Obama ha reconocido públicamente haber fallado (cosa que nunca hará nuestro presidente del gobierno), el parecido se ha diluido. Por otra parte, en mi opinión claro está, el electorado estadounidense es más maduro democráticamente hablando que el electorado español. 

Trufa

No sé si Trufa, la perra de la foto, sabrá qué diferencia hay entre caer en gracia y ser graciosa, entre la velocidad y el tocino, entre Obama y Zapatero, etc. Va para 15 días que está sola. Alguien le repone el pienso del comedero y el agua a menudo, pero nada más. Está en el patio adonde dan las ventanas de mi casa y a veces la oigo sollozar. No es como hace unos 8 años, cuando apenas tenía meses. El amo se acababa de divorciar o separar y compró la perra. A los dos meses la dejó sola por tres largos meses. Entonces sí que lloraba toda la noche y hasta aullaba. Cuando finalmente volvió el amo lo hizo con una costura en el pecho como de doble bypass  y circulación extracorpórea. Había estado hospitalizado. Pero, claro, ¿cómo lo iba a entender la perrilla? Ahora, en estos 15 días de abandono casi no se la oye, y sus lamentos no tienen apenas fuerza, son como el ahogo de un dolor sofocado, mordiente, sin objeto. Estoy totalmente convencida de que su estado no le inspira el menor sufrimiento a su amo, esté en un hospital nuevamente o esté en las fiestas de la matanza del cerdo de su pueblo. Esta conclusión a la que he llegado me ha llevado su tiempo, pero ahora no tengo ninguna duda. 

Cuando la memoria de Rosalía de Castro fue ultrajada (si se me permite un término folletinesco) por un comentario desafortunado del  pseudonerd, cursi, parrochón y barbilindo Luis Antonio de Villena, me vinieron a la memoria los mejores de los más metafísicos versos de la principal autora del Rexurdimento gallego. Un lugar donde también se encarnó el dolor de Rosalía de Castro o los dolores fue en el Cementerio de Adina, donde estaban enterrados algunos de sus hijos. El lugar donde se va el dolor no es una frase que haya tenido el  éxito de la del olor de las nubes o aquella otra del material de los sueños, pero para mí es una frase con mucho alcance y cargada de razón. No creo que a mí me gustase ir al lugar donde están mis dolores, no sé. Tal vez hay que hacer nuestra la idea que nos dejó no sé si Proust o Dostoievski (tan distintos) de que teníamos que encontrar nuestra felicidad en nuestro sufrimiento. Esto no sirve para Trufa, está claro. Un perro necesita un amo. Un buen señor, como se dijo para el Cid Campeador. Yo no le serviría a cambio del que la ha abandonado, probablemente ¿Dónde se van, me pregunto, los amores no correspondidos? ¿Dónde las desilusiones? ¿Las decepciones? ¿Las traiciones?

Este verano capté en el patio de vecinos unas imágenes de la primera hora de la mañana en que dormían o dormitaban beatíficamente el conejo belier del piso de abajo, el gato del entresuelo, y  la perra  Trufa. A todo le llamamos vivir.

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