10/8/10

Sesión doble

 


i se lo quiere alguien mirar, hay un post sobre películas del oeste [enlace roto] con la lista de los 100 mejores títulos. No veo “Dodge, la ciudad sin ley” (tit. orig. “Dodge City“, Michael Curtiz, 1939), que incluye una de las peleas de saloon (saloon brawls) más famosas. Empieza con un duelo de canciones de la recientemente acabada Guerra de Secesión americana y por lo tanto empieza, como casi todas las trifulcas, con una provocación. No falta detalle: las puertas de ala de murciélago (batwing doors), las mesas volando por los aires, las chicas del can-can dispersadas, el jaleo, los vaqueros que no se quitan el sombrero casi que en ningún momento a pesar de estar en sitio cerrado, etcétera. Lo que creo que es bastante original es que se incorpore a media pelea el orador de la congregación de las Puras Praderas reunida en una sala contigua al bar. También la llamada a la razón de Olivia de Havilland y el tiroteo al aire final.

Y sin embargo noto a faltar algo que está presente en muchos westerns y que no es la brutalidad. Faltan los hombres que se añaden a la marimorena por el mero gusto de pegarse, sin que les vaya ni les venga nada. Aparece en varias películas, sobre todo en las que podríamos llamar de serie B, pero ahora no soy capaz de rescatar ninguna escena en Youtube.

Olivia de Havilland y Erroll Flynn en “Dodge City”

*

Esas ganas de pelea por la pelea me trae a la memoria un recuerdo de unas vacaciones en mi pueblo, cuando  oí telefonear  al dueño del cine a La Coruña. Dijo: “Mándame unha de chupasos oh que hai mal tempo” (Mándame una [película] de puñetazos, que hace mal tiempo). Se supone que los hombres no podían salir al mar y que se esperaba público masculino en la sala. Hace años que donde había el cine hay ahora un pequeño “supermercado”.

Cuando sólo teníamos una o dos cadenas de televisión, las tardes del sábado, invariablemente, los niños salíamos después de la película de las 4 a la calle.  Se podía saber qué género de película habían echado en “Sesión de tarde” por los juegos de los niños y de las niñas (romanos, piratas, oeste, princesas, caballeros). Ahora hay muchas mujeres que actúan como si acabaran de salir de una película de Almodóvar, de las de la primera y segunda época, y me figuro que eso debe de ser altamente terapéutico. En mi memoria sentimental la primera actriz desinhibida en lo decibélico que yo recuerdo es Sophia Loren. En una de las primeras escenas de la primera parte de la trilogía “Ieri, oggi e domani ” (“Adelina”, Vittorio di Sica,  1963) cuando descubre que si está embarazada puede zafarse de ser recluída en la cárcel, por no pagar una multa, el escándalo con el que se trasmite la noticia por Nápoles no deja de ser una excusa para mostrarnos sus alegres calles y un modelo de conducta más sano que el de las puertas cerradas y el disimulo. La escena rítmica de las bailarinas polinésicas y el somier de muelles de “Delicatessen” (Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet, 1991) (y más aún la que tiene un ritmo coital que se va animando que recorre la espina dorsal del edificio in crescendo) ya estaban en “Adelina”: ten’a panza cia cia ccià, ten’a panza cia cia ccià, marcado el ritmo por una zambomba y una tropa de niños espermatiformes y después por un trombón.

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8/8/10

Martillo, cielo, clavos

“La mujer sexy, por otra parte, es la que lleva grandes escotes y está rodeada de hombres. Pero los hombres que la rodean están allí porque, en realidad, no les gustan las mujeres y consideran que ése es el lugar más seguro de la reunión. La mujer sexy está tan ocupada emitiendo la señal de “soy una mujer… soy un mujer… soy una mujer” que no exige nada del hombre que está a su lado, excepto su total atención; está tan enfrascada en el desempeño de su papel, que no tiene ningún interés real en sus compañeros. En el fondo es una figura trágica. Probablemente de pequeña aprendió a ser una niñita dulce y condescendiente, para agradar a sus padres, que gozaban luciéndose con ella; al mismo tiempo esto le enseñó que con frecuencia las personas se tratan mutuamente como posesiones. A medida que creció comenzaron a abordarla hombres que en el fondo no gustaban de las mujeres. Usaban su compañía simplemente para probar su hombría, haciendo de ella lo que las feministas llaman un objeto sexual. Al final se transforma en una mujer frágil y crispada, que presenta una imagen muy simple de sí misma y ofrece una mercancía muy simple. Puede que incluso diga: «A los hombres sólo les interesa una cosa…» Pero en realidad es ella la que no tiene nada más que ofrecer. Nunca aprendió a responder o comunicarse con otro ser humano”

Flora Davis, La comunicación no verbal.




s cada vez más fácil para mí digerir explicaciones como la que expone Flora Davis sobre esa especie de coreografía que se va forjando a partir de un núcleo en falso. Pero tampoco es que la crea a
pie juntillas,  y no porque le vaya a buscar los cinco pies al gato. Al contrario. Pero sé de los peligros de tomarse este tipo de análisis al pie de la letra y pretender aplicarlos como si se tratara de un código cerrado. Pero está claro que hay que ir un poquito más allá de lo obvio y no quedarse con las apariencias. Resulta que el jueves había un montón de unos 50 ejemplares de fotocopias en la repisa de la boca del metro de la estación España, enfrente de las torres venecianas. Las fotocopias eran unos pliegos de 5 hojas de DINA3 doblado en DINA4 en donde había diferentes contenidos todos en torno de la persecución que está haciendo contra las personas que acceden al metro sin pagar. Cuando llegué tres cuartos de hora más tarde a mi estación de destino encontré  más pero no sé si eran parte de los que habían sido dejados en la Plaza de España. En cualquier caso, más allá del contenido de los panfletos, bastante redundante y cargado de una doctrina que me es ajena, lo que pensé es: ¿de dónde habrán sacado el dinero o los recursos para hacer tantas fotocopias? (*). Y generalmente mi manera de “interpretar” el mundo como imagen es así. No es que esté todo el día pensando en dinero ni mucho menos, pero siempre intento ir un poquito más allá de lo evidente.

Detalle de “El Santo Entierro” (1761-1769) de A. R. Mengs. Museu Nacional d’Art de Catalunya. Foto: Aaoiue

Al vivir en donde vivo además he desarrollado -como dicen que los taxistas ingleses desarrollaron su hipocampo un 25 % más que el resto de la población- un reflejo que me hace pensar porqué pasa algo justamente en determinado momento y no en otro. Me refiero por ejemplo a lo de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña y otras cuestiones. Los que sufrimos o disfrutamos del sistema jerárquico laboral sabemos a ciencia cierta predecir los que se nos viene una vez ya lo hemos visto (de) venir unas pocas veces.

Aunque en fechas pasadas vimos el mecanismo elemental del argumentum ad logicam o falacia del hombre de paja, esto otro de las maniobras de despiste es más propio de las artes de la trampa y el hurto. Aún se puede ver, en Barcelona al menos, señoras de aquellas que van de dos en dos y una le ofrece a las parejas de turistas un clavel rojo mientras que la otra estudia el terreno, etcétera. Normalmente los turistas van medio obnubilados, bastante deshidratados (aunque algunos van pasados de cerveza o de sangría) o cansados, así que hurtarles la cartera y hasta los donuts es de lo más fácil. A pesar de todo, no hay que quitarles mérito. Es un camelo gustoso.

No les quiero fatigar con un alud de ejemplos, es mejor que cada cual se desengañe por sí mismo y a su debido tiempo.

No sé si el gesto del detalle del cuadro puede ser interpretado lejos de nuestra órbita cultural, por ejemplo en China. Habrá gestos universales y otros que no lo son o que sí lo son pero que tienen significados hasta opuestos. El cuadro de Mengs ofrece una composición de diversas figuras en torno al entierro de Jesús de Nazaret. Además de la expresión de las caras, me llama la atención la composición formada por las manos de los allí presentes. Y especialmente me llaman la atención las de su madre (v. detalle abajo) y las María de Magdala (detalle del principio del post). También me llaman la atención las herramientas del suplicio: martillo, clavos, tenazas y corona de espinas al pie del cuadro más lo que probablemente podría ser el letrero que le pusieron en la cruz (**). No falta detalle. Detrás de esas herramientas hay otras manos, claro.

La expresión de las manos de la Magdalena sólo la he visto en mi pueblo y sólo en las mujeres, pero puede y debe de ser el vestigio de un gesto que a lo mejor un tiempo fue más socorrido en Europa. Tal y como yo lo he visto en  Finisterre indica entre desesperación y  horror, pero también indica presencia, estar presente, estar con lo que ocurre enteramente y ahí. Y pienso que todos los gestos en que las manos se unen o se juntan llevan implícito ese sentido de presencia.

Win Yun, mi amiga invisible pelotudísima, se está poniendo pesada con que no deje de hablar de Mei Lan Fang, actor de ópera pequinesa, que se merece un post para él solito. Mei Lan Fang no solo dominó el arte clásico de las expresiones gestuales prefijadas por el clasicismo chino, sino que las perfeccionó estirajando sus posibilidades hasta lo inimaginable. Hubo un tiempo que me gustaba mucho la ópera china pero ahora me irrita mis frágiles nervios no sepan cuanto, aparte de que lo que no me puedan decir en una hora y media ya no me interesa. Casualmente Mei Lan Fang murió tal día como hoy hace 49 años. El mohiniyattam (danza clásica de Kerala, India) también tiene una importante participación de los mudras o gestos manuales, que están más que codificados. El único mudra que conozco que se pueda parecer un poco al gesto del cuadro de Meng es un mudra de protección. Pero seguiré buscando.

Otro detalle del mismo cuadro de Mengs. Foto: Aaoiue

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(*)  La tarifa vigente de una T10, que es la tarjeta más habitual de 10 viajes para usuarios sin ventajas, cuesta 7,95 euros y da derecho a realizar 10 viajes por la llamada zona 1. No les quiero aburrir con las facilidades que van añadidas a la tarifa, como el derecho a poder utilizar otros transportes como el autobús o los ferrocarriles catalanes en el espacio de una hora y cuarto una vez se ha validado el primer trayecto. Hasta hace unos años había que pagar si cambiábamos del metro al autobús o viceversa. Aunque el metro no es barato, reúne todas las condiciones de seguridad, de higiene y del servicio que le es propio. En pura teoría si pasan los inspectores de turno y te pillan sin billete pueden imponerte una multa de 50 euros, que es bastante disuasoria. Y sin embargo todo hijo de vecino ha visto ha muchos colarse por los accesos automáticos, aunque bien es verdad que últimamente se ve menos.

(**) “Y Pilato redactó una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: “Jesús el Nazareno, el rey de los judíos”. Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque estaba cerca el lugar habían crucificado a Jesús, y estaba escrita en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: “El rey de los judíos”, sino: “Éste ha dicho: “Soy el rey de los judíos”. Pilato les contestó: “Lo escrito, escrito está” (Juan 19, 19-22).

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2/8/10

Las vueltas de la vida

 

No hacía ni dos temporadas que Ray-ban había relanzado el modelo de gafas de sol Aviator cuando volvió a sacar las Wayfarer y este año las Clubmaster. Uno de lo numerosos blogs de moda cuenta que este modelo de gafas lo usaron Malcolm X y Katherine Hepburn. Es tan raro ver a Malcolm X sin gafas como ver por ahí alguna foto de la Hepburn con. De hecho se suele decir que consiguió que el finado Michael Jackson se quitara las suyas cuando lo invitó a su casa, según se explica en la biografía que escribió A. S. Berg, puesto que era bueno para sus ojos y porque los ojos son las “ventanas del alma”. Le dio coliflor. Tal vez el post sobre las gafas que ahora son tan cool se refería más bien a Audrey Hepburn,  y a las Clubmaster ovales, que no se han revivido, porque verdaderamente es que a Katherine Hepburn no recuerdo haberla visto con gafas ni siendo ya anciana.

En la única autobiografía que conozco de Katherine Hepburn, Little me, recuerda el suicidio de su hermano, con 14 años:

“The facts were as follows. Next morning I went upstairs to wake him up. There he was -next to the bed- his knees bent- hanged by a torn piece of sheeting. It was a tied to a rafter. He was dead. Strangled.

It made no sense.

In a state of numb shock I cut him down and laid him on the bed.


Tom was dead. He was just plain dead.


Yes. I touched him. Cold. He was dead”.

Más adelante leemos:

“In football games or baseball, the teams that came from the North were very aware of the Southern attitude toward the Negro. And felt that the Virginians -Dad was a Virginian- were cruel and felt superior to the blacks. As a means of irritating these Northerners, the Virginians trained several blacks to pretend they were being hanged. Dad was an expert at this. It was holding his neck in a certain position -a trick- that prevented the noose from cutting off his wind.

Dangerous sport. Could it be that Tom was practicing this and using sheeting instead or rope- the noose was slippery and he could not control it? Dad felt this was a reasonable possibility. And how this must have tortured Dad, but we never talked about it.”

Es decir, que el hermano se colgó y que no supieron si se suicidó o si hizo algo que habría visto hacer varias veces a su padre, virginiano, para escandalizar a los “de la Unión” haciéndoles creer que aún ahorcaban a señores negros. Cuando nació Katherine Hepburn hacía 42 años que había acabado la Guerra de Secesión, si es que las guerras se acaban algún día.

Todo esto lo digo por las Ray-Ban Clubmaster de Malcolm X. Si lo definiéramos o clasificáramos como activista por los derechos de los negros nos quedaríamos cortos. Y también lo digo porque la película homónima (Spike Lee, 1992) ha creado la confusión por estas latitudes  —y ya no digamos en los blogs sobre estilo, moda y tendencias— de que quien llevaba las Ray-Ban Clubmaster era Denzel Washington y no Malcolm X. Estas cuestiones, que no son de detalle baladí, y que solo cuando se ven a 3000 o 4000 años de distancia, son disculpables, son las que me traen al centro del post: las vueltas de la vida.

Las comedias de errores clásicas se quedaron más que cortas con tanta ensalada mediática que hay montada en el circo preelectoral con Leire Pajín haciendo como de Hipatia con síndrome premenstrual y el Molt Honorable Josep Montilla con un conflicto cada vez más severo de identidad.

Zapatera a mis zapatos, vuelvo al proceloso tema de las vueltas de la vida y de la fortuna. Me compré este año unas Ray-Ban Clubmaster de montura negra y vidrios verde botella, hechas en Italia. Las vintage son mejores que las auténticas, claro, porque son más ligeras. Pero también se pueden encontrar por ahí subastas de gafas Clubmaster verdaderas, no de la época en que  Denzel Washington hizo “Malcolm X” sino de la época de Malcolm X. Sospecho no obstante que los expertos de imagen desaconsejarán usar unas gafas genuinas, que lo cool es usarlas de factura moderna. Intentaría desentrañar ese lío, ya que la moda ya sabemos que va volviendo a poner en boga o en vogue, aquello que ya disfrutó de un momento álgido, pero es inextricable. Nunca se sabe que es lo que más conviene al consumo.


Creo decididamente que la alegoría de la Fortuna que más me gusta es la de Dossi, que está sobre una burbuja en vez de sobre el típico globo. La cornucopia es preciosa, también. No sé qué dirán los expertos en alegorías, pero casi siempre que hay una figura de una mujer con una rodilla doblada hay una especie de aceptación de la dualidad de la suerte. Estoy pensando en “La estrella” del Tarot, mi arcano preferido.

Hace muuuuchos años, cuando estudiaba para bibliotecaria, teníamos una asignatura de Catalán y en un examen que habíamos hecho dejé de poner el acento de la i en la palabra París. Por culpa de ese acento me bajaba la media de todo el curso y cuando digo “de todo el curso” digo de todo el curso con todas las asignaturas. Así que al acabar la clase me dirigí a la profesora y le dije que yo sabía que París va con acento en la i, y  no sé qué más le dije.  Que me parta un rayo si me acuerdo. A la escena acudieron tres alumnas más. El ambiente entonces era muy familiar. Entonces la profesora me dijo que jurara por el Pompeu Fabra -que fue el autor de la primera gramática moderna catalana (1912)- que nunca más volvería a escribir París sin acento. Les aseguro que la gente que precisamente es capaz de decir estas ridiculeces y otras están continuamente criticando el famoso prólogo de Nebrija y aquello de “la lengua compañera del imperio” y otras frases que hay que apreciarlas en perspectiva.

Como una es muy susceptible a que la traten como a una niña pequeña (por decir algo), entre que yo ya tenía unos 20 años y que no juro,  le dije que yo no juraba “ni por el Pompeu Fabra ni por la Biblia”. Todo esto para explicarles que mis compañeras corrieron a minimizar lo que yo había ya sentenciado. Una de ellas, la que -oh Fortuna- luego ha sido la Directora de las bibliotecas de la Universitat Pompeu Fabra (!), Mercè Cabo, fue la que más defendió lo oportuna que era la prenda. Mientras, me guiñaba un ojo. Otra colega se esmeraba en quitarle hierro al asunto porque me conocía, se había sentado delante mío durante tres años, y sabía que por allí no me iban a llevar a las fuentes prístinas de la ortografía normativa ni a ninguna parte. Ésta, Glòria Pérez-Salmerón, ha sido nombrada recientemente subdirectora de la Biblioteca Nacional. Que me alegro. Y no ha sido nombrada Directora porque ese cargo lo han eliminado por decretazo de los viernes para ahorrar.

Hasta ayer  pues no até “cabitos”, no vi… ¿”cerrarse”? la escena, en esa burbuja que hace que los refinamientos del destino cobren un cierto (no mucho) sentido y que nos hacen percibir el pasado con claridad. Por no decir que lo había olvidado, pero estaba ahí, esperando que el círculo se cerrara.


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1/8/10

Viejos, antiguos, eternos y los de siempre

“Una anciana, a la que se dio el nombre de Ma Moses, inepta a los 75 años para los trabajos manuales, empezó a pintar miniaturas. A los 100 logró la más célebre de sus obras, una Nochebuena. Murió en Nueva York a los 101 años” (Simone de Beauvoir, La vejez)

“I paint from the top down. From the sky, then the mountains, then the hills, then the houses, then the cattle, and then the people.” (Grandma Moses: My Life’s History)

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o sé ahora si la traducción de Aurora Bernárdez “inepta” para el párrafo de La vejez que reproduzco es literal, puesto que está claro que la palabra en español es un poco extrema y desconsiderada. Pero la consideraremos irrelevante, es una palabra en un libro de más de 600 páginas, y además trasmite o perpetúa o lo que quieran un dato erróneo. Anna Mary Robertson Moses empezó a pintar a sus setenta años porque la artritis ya no le permitía bordar. Y que bordaba se deja ver, creo, por ese otro segundo párrafo que transcribo, de la propia pintora: “Pinto de arriba abajo. Desde el cielo, luego las montañas, después las colinas, después las casas, luego el ganado y por último la gente”.  Lógicamente, aunque desconozco lo más elemental del bordado, la mano tiene que ir trabajando de manera que no tropiece con lo que se lleva hecho para no deslucirlo ni sobarlo. Por lo tanto no se borda sin un método espacial. Digo yo que si Anna R. Moses se había acostumbrado a las labores de la aguja, la costumbre le hizo adoptar inadvertidamente muchas técnicas para la pintura. Más no sé.

Conozco la obra de Moses a través de las postales de Hallmark y en mi mal formado gusto por la pintura no está por detrás de Zurbarán o de Hans Mielich. No me gusta sin embargo traer aquí uno de sus cuadros para ilustrar una de las ideas que he encontrado en los libros que he leído estos días sobre la vejez, que a esa edad se pueden realizar portentos o lo que nunca antes se había hecho. Cicerón en De Senectute se refiere a que Sócrates aprendió a tocar la lira ya siendo un anciano y esta anécdota ha ido pasando de libro en libro desde que el mundo es mundo mundial. Cicerón además sigue a Platón (en La república) y supongo que a Aristóteles (en La república otra) en el viejo tema de la templanza de los sentidos en la vejez, su liberación de la violencia de las pasiones. Esos dos tópicos, de los de siempre, el de que se puede aprender de mayor y el de la templanza de los ancianos, me han hecho aburrirme un tanto con el tema sobre el que pretendía indagar. A veces prefiero los ensayos a la literatura, pero está claro que en este tema al menos prefiero los ejemplos de la literatura a las categorías y las anécdotas de los ensayos.

Simone de Beauvoir escribió una verdadera enciclopedia -aunque desigual- sobre el asunto, con la etnología, la historia, la instauración de las pensiones, los principios de la geriatría como especialidad médica, todo. Cuando digo desigual me refiero al desequilibrio entre las partes y a la  falta de un firme de conjunto, o esa virtud que hace que los textos estén bien trabados y crezcan no por acumulación sino orgánicamente. Las bordadoras saben bien que es imposible dejar en el cañamazo de toda la vida una labor desigual, donde las manos trabajen temperamentalmente, ahora aprieto ahora dejo el hilo más holgado, ahora se me acabó el hilo verde ahora lo pongo violeta… En las labores de aguja es crucial tener un pulso constante.

La vieilleuse muestra sin embargo muy atinadamente el desequilibrio que se da entre la gerontocracia y el desprecio por los ancianos, entre la veneración por el sanedrín y el consejo de ancianos  y la consideración del viejo como una carga para la tribu o para la familia. No sé si Simone de Beauvoir vivió o vio el envejecimiento demográfico de Europa y sin embargo la infantilización o “adolescentización” (?) que han descrito los sociólogos.  Pienso hoy que es domingo en los señores vestidos de pandilleros. Y cuando hablo del Viejo Continente no es con ello me ponga eurocentrista, al contrario. En Burkina Faso una mujer de 38 años ya es un fenómeno paranormal, como para que allí podamos extrapolar nuestros libritos del patrimonio inveterado de los griegos. La filósofa sabía del tedio que padecen los viejos, su situación de exclusión social y de abandono, cuando no de pobreza pura y dura.

En dos patadas: cuando pienso en los viejos, y yo ya voy si todo sigue igual por el camino de serlo, no pienso en Sócrates o en Tolstói ni en Séneca inventando sus cartas a Lucilio.  No quiero pensar en las viejas glorias chocheantes, en las personas tan especiales que tenemos en nuestros catálogos civiles. Pienso en los viejos que veo a mi alrededor y entre ellos en aquellos que están manteniendo con sus exiguas pensiones a familias enteras con desempleados. Pienso en el artículo de Elvira Lindo en “El País” sobre su perro viejo, sordo e incontinente, Chipirón.



Pinturas de de Anna Mary R. Moses (“Grandma Moses”, 1860-1961)