Ayer en el gabinete de "Julia en la
onda" se discutió sobre la izquierda desunida española. Participaban
Melchor Miralles, Manuel Delgado y Severino Rodríguez. A partir del
minuto 1:15:45 del
podcast pueden oír:
"Melchor Miralles - Y no te planteas,
Manuel, si esto no os ocurre porque sois demasiado dogmáticos. Yo te escucho de
verdad, Manuel, con todo el respeto e incluso el cariño pero, desde una
discrepancia tan radical... pero, ¿por qué este empeño en la clasificación?
Citar a Lévi-Strauss no da sello de veracidad. Yo creo que hay que ser menos
dogmáticos, si no estuvierais instalados en el dogmatismo y en el sectarismo os
iría muchísimo mejor, yo estoy convencido.
Manuel Delgado - Grftkjht entraríamosjuh.
Yo creo que el problema de la izquierda es que piensa y es una cosa que siempre
te complica la vida. Y puedo decirle [sic], queridos oyentes, que se puede
pensar y se puede hacer una vida normal, de verdad, no pasa nada. Lo que ocurre
es que te complicas la vida. Yñandoycando cuando te piensas te das cuenta de
que en efecto esa clasificación es compleja, contradictoria y paradójica, que
no está hecha de compartimentos fijos. Y esto implica automáticamente que vives
en una situación permanente de contradicción entre lo que quieres y lo que
querrías, entre lo que vives y lo que desearías vivir, entre lo que deseas y lo
que tienes. Urjth.
Melchor Miralles - Manuel, es que hay en
tus palabras, yo percibo un complejo de superioridad que me acojona.
Manuel Delgado - Unghtk déjese de meter
conmigo unghgf q hoy el tema no soy yo ufr monográficokgh.
Melchor Miralles - No es que si hablo de ti
porque creo, conozco muchas personas, amigos, que piensan como tú y se expresan
como tú. El problema es que nosotros pensamos ¿y todos los que no están en
vuestra posición ideológica es que no piensan? Osea ¿todos los demás somos
idiotas?".
Como el profesor de Antropología lleva más
de 20 años en Onda Cero todo el mundo lo conoce y sabe de sus fintas
y aparato de confusión tiquitaca forrado de doctrina universitaria y de maneras
de enfant terrible. Aunque no es tan desinhibido como Salvador
Sostres para mí son más o menos por el estilo, si no entramos en
ideologías. En su desprecio por los "iguales" y ya no digamos los
"desiguales".
Pero lo que me lleva a traer este pedacito
de los horrores diarios que se arrojan en los medios no es a Manuel
Delgado en sí (el tema no es él) sino a hacer una diferencia de las dos
preposiciones "con" y "por" con un ejemplo. Y es que cuesta
saber si Manuel Delgado (M.D.) habla con soberbia o por soberbia. Me
refiero a la pulsión predominante, que yo creo que es la segunda.
El manejo de las dos preposiciones no es
baladí y les remito a la primera impresión (no a la segunda) que causarían
binomios como "por amor"/"con amor", "por
pena"/"con pena", "lloro por tí"/"lloro
contigo".
No tengo paciencia ni tiempo para demostrar
que lo que dijo ayer 14 de julio el profesor de Antropología podremos volverlo
a oír exactamente igual cualquier otro día dentro de dos años o tres si sigue
en el gabinete. Y también lo contrario. Porque el dogmatismo de M.D. se muestra
flexiblemente, de una forma líquida tirando a gaseosa y sustentado por la
anfibología. Si fuera mal pensada a veces incluso habría asegurado que esperaba
la intervención del resto de los miembros del gabinete solo para oponerse. Esa
es su postura, oponerse a todo cuanto oye. Y mantener que ser crítico es ser de
izquierdas me parece que intelectualmente tiene muy poca base. El suyo es un
problema más profundo.
A estas alturas de mi vida cada vez es más
vivo mi deseo de estar cerca del mar, por no decir "en" el mar. A
pesar de vivir a apenas dos quilómetros de la playa más cercana casi no voy y
cuando me acerco al Bogatell para darme un baño o al Moll de Gregal para estar
sentada ante el horizonte, todo me sabe a poco. Necesito un contacto más largo
y más totalizado, como en mis baños de niña, en los largos veranos,
cuando un señor que trabajaba en la Damm me llamaba "Pececito" al
verme salir arrugada como una pasa, pingando agua y temblando.
Estos días me estoy acordando muchas
veces de las últimas palabras de Rosalía, en su agonía, en Padrón:
"Abre esa ventana, que quiero ver el mar". Se ha dicho muchas veces
que desde Padrón no se puede ver el mar. Desde donde yo vivo tampoco, pero a
veces la ventana enmarca un cielo que parece el que había sobre el mar que
quiero.
Al mar le pasa un poco como a la nieve. Si
la nieve fuera negra tal vez no nos gustaría. Pero el mar es generalmente azul.
Un color serio y alegre a la vez, más bien frío pero claro, incluso cuando no
es turquesa o del color del ágata musgosa y vira del azul de Prusia a
un ultramar oscuro. Y cuando es verde o parece gris también nos gusta.
La imagen de hoy es una ilustración de
William Steig sobre el clásico "Caue canem" (Cuidado con el
perro) latino: "¡Cuidado! Perro inestable".

William Steig
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