12/2/25
La primera piedra
7/2/25
La providencia
Luis de Rivera
a cita es de "La contra" de La Vanguardia de algún día de 2016 y sé que el psiquiatra Luis de Rivera ha acuñado el término Síndrome de Mediocridad Activa Inoperante (M.I.A.), que ha tenido su reconocimiento o eco en los medios. Se me escapa bastante todo cuanto la Psiquiatría consigue etiquetar, aunque admito que ayuda a entender un poco los resortes de algunas conductas. La primera frase no es propiamente una definición de la mediocridad o el verbo ser no le calza. Yo soy mediocre y sin embargo soy bien capaz de apreciar y admirar la excelencia e incluso tengo mis aspiraciones por ir un poco más allá de mis posibles.
Lo más interesante y acertado de la cita es la tipología de los mediocres: el simple, el fatuo y el M.I.A. Y sin embargo creo que se puede ser mediocre sin desarrollar la indiferencia ante la excelencia, o las triquiñuelas de los impostores o sin llegar al grado máximo de malignidad o agresividad del mediocre activo narcisista. Tal vez Luis de Rivera se refiera a los tipos patológicos de la mediocridad.
En pleno invierno me uní a un grupo reducido de clases de dibujo. Una joven tiene un notable talento para cualquiera de las técnicas en las que nos introducen. Usa la presión ideal en los carboncillos y e los pasteles, una precisa suavidad, pero consigue una gran fuerza expresiva. Cuando nos miramos los resultados de cada cual a la propuesta de la profesora, el desnivel entre lo que ella consigue y lo que conseguimos los demás es grande y notorio. Y, lo mejor de todo, fácilmente.
Mi trato con el material es bastante torpe. Debo decir que me cuesta más o igual que los demás aprender, en la mayoría de las disciplinas (no en todas). Pero también debo decir que una vez que aprendo y mis "alas" se despliegan no me faltan ni la creatividad ni la destreza.
El hecho de que haya personas que tienen un talento natural para adquirir una técnica me descorazona por la distancia que sufro sobre lo que quiero conseguir y lo conseguido, pero no entre lo que quiero conseguir y lo que consiguió la persona con talento. Serían los tres anclajes del punto de vista, siendo el segundo vórtice un nido seguro para la envidia. El primero sería un buen lugar para desarrollar la propia capacidad. Pero sin la mística o la épica del esfuerzo ("Work, work, work").
Me acordé estos días de una vez en que vinieron mis tíos de Brasil (mi tía Lito, su marido y su hijo). Mi tía se fue a São Paulo cuando los otros hermanos emigraron desde Betanzos a Madrid y a Barcelona. Visitaron a mis padres de forma imprevista y se quedaron a cenar. Mi madre había hecho aquel día o la noche anterior unas sardinas en escabeche y mi tía Lito hacia muchos años que no las había comido. No me llegan las palabras para expresar la emoción de mi tía. Y eso que cada vez la entiendo más, porque las sardinas en escabeche no son una tontería, porque fue de imprevisto, porque revivió su juventud más temprana. Como me dijo una vez un gallego ya anciano en La Habana: "El lugar donde uno nace es muy importante".
No recuerdo cuando fue la última vez que mi madre preparó sardinas en escabeche, pero para mí no tenía menos arte que una ciaccona de Francesco Corbetta. Se reunieron ahí aquella noche oportunamente varios factores.
El hombre propone y Dios dispone.
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1/2/25
Ad calendas graecas
Con los memes del cambio de año me llegó el de que 1969 es un año idéntico a este. Me costó mucho conseguir un calendario de mano de 2025 pero ayer me dieron uno al cambiar la pila de un reloj. Me cuesta creer que veré muchos más y no porque me vaya a morir, que también pudiera ser, sino porque estamos todos amorrados a los móviles y usando las agendas electrónicas. Cada soporte cuenta con sus ventajas.
Lo que no he conseguido nunca es leer libros como el de El país de las últimas cosas, y me estoy acordando de uno de José Saramago en concreto, pero hay infinidad, ni leer con un dispositivo electrónico. Aparte de la Biblia, que la consulto a retazos, no le he encontrado el gusto a leer sobre una tablet o en la aplicación de Kindle. Y mira que llevo años intentándolo. El primer desistimiento fue porque se me comía la batería de la tablet, pero luego me di cuenta (en 1999 si no me equivoco) de que mi atención en el papel era mejor.
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