5/11/13

Ju(z)gar con las palabras


ealmente, cuando una mira la galería de dioses navahos, cuesta alcanzar a decir algo que esté a su altura. Como nuestro imaginario está atiborrado de la mitología griega, latina, egipcia y hasta hindú, como nuestros sentidos están adormecidos por la abrumadora abundancia de ladies gagas, penélopes cruces y reinonas petardas de más o menos pelo, descubrir las imágenes de una divinidad en estado puro, como una fuerza de la naturaleza encarnada, es en dos palabras im presionante. Pero es obvio que a estas alturas de la película no me voy a hacer navaha ni nada que se le parezca. Otra cosa es que de todo el saber ancestral el chamanismo y la espiritualidad de los nativos norteamericanos son para mí los que mejor conservan la esencia del poder de la naturaleza. Lo que pueda quedar en Europa ha pasado a formar parte del patrimonio folklórico y el costumbrismo, por lo tanto está desprovisto de lo fundamental, que es la fuerza, un vigor que proviene mismamente de los elementos.
Aunque no es primera página en la prensa ni lo será, hace años que las cifras de suicidios de los escasos indígenas que van quedando en el Amazonas, especialmente los de jóvenes, son desnudamente toda una afirmación sobre el desnortamiento de la humanidad y su afán de explotación. Los indios se suicidan cuando son desterrados y cuando ven que sin sus tierras sus vidas no tienen sentido. Eso se lo cuentan a quien se compró el último I-Phone, o tiene un BMW, o a quien cada vez que fusiona dos empresas se lleva un 10-20% de la operación o pasa sus vacaciones en un resort virginal del Pacífico, y lo ven absurdo, por no decir "pesimista" y negativo, dos palabras que son inconcebibles en la selva, tanto como lo es un jamón en Decathlon o un taquillón rústico en Ikea. El pesimismo y la negatividad son enfermedades nuestras, son nuestras neurosis. Que en tiempos de Walt Whitman -un poeta tan vitalista, o el que más- hubieran 70 o 90 millones de bisontes campando por las verdes praderas, y una barbaridad de uapitís o alces negros, nos da una idea de la labor de la civilización en aquellas tierras, donde para cuando T. S. Eliot publicó La tierra baldía no quedarían más de 258. Y no digo millones, digo 258 bisontes. Aunque hubiera dinero, que no lo hay, para que los chicos indios amazónicos tuvieran cada cual su BMW, su parejita, su Forlady, sus vacaciones pagadas, sus chándales, sus bisteques, me temo que no tienen depositada en esas fruslerías su felicidad y mucho menos su dignidad.
Cuando ayer alguien me reprendía por mi rareza de no querer wasap, le dije, "huy, pues si supieras que tampoco me gustan los tomates transgénicos, ni los coches, ni tantas cosas..." Y el cebollino. Qué pesados con el cebollino, hombre. Que se lo metan ya saben donde.
La imagen de hoy, un hombre vestido como una abeto, pero no camuflado, que se arroga la divinidad del agua, de la que tanto dependemos, un elemento tan cambiante, que lo mismo puede ser frío que caliente que tibio, sólido o líquido, claro u oscuro, temible y amable, empodrecedor o purificador. Es una imagen tan poderosa y al mismo tiempo tan simple que -como digo- me ahorra palabras. O al menos a mí me lo parece.
De cuando en vez vuelvo a los arquetipos del Tarot. Hace poco estuve mirando con detenimiento el arcano de La Justicia, que es en sí una alegoría de una virtud cardinal, no como El Loco o La Estrella, otros dos arcanos que me gustan mucho. En la balanza se contrapesan no ya nuestro debe y nuestro haber sino la realidad que trasluce aquello de que "el que esté libre de culpa que eche la primera piedra" (Juan 8:7). Hay varias maneras de que nos demos por enterados de que hacemos algo mal: porque nos lo advierte alguien (sea desde el afecto o desde la hostilidad), porque lo vemos en otros y si recapacitamos nos damos cuenta de que obramos igual, y 3) porque actúen de esa forma con nosotros. No creo que la vida se empeñe en repartir lecciones a diestra y siniestra ni que haya una inteligencia cósmica justiciera con su libro de contabilidad puesto al día por hordas de contables resentidos y puñeteros. Más bien creo que todos somos bastante iguales. Hay unos que son mejores que otros, y luego están los malos malísimos y los buenos buenísimos, pero nadie se libra de equivocarse. Y no creo que la venganza le devuelva la razón, ni la paz ni la alegría a nadie. 
En la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, formado por universitarios que apenas han trabajado en el mundo real de la Justicia, se revisó la Doctrina Parot de una forma que muchos se han apresurado a condenar. por el terrible disgusto que les causa a las víctimas y/o a sus familiares, ya de por sí desconsolados. Otros hablan también de que el perdón (por parte de las víctimas y/o sus familiares y allegados) tiene que ser la opción política ante el futuro. Que sin ese futuro no hay política o que sin esa política no hay futuro. Perdonen que juegue con los palabras. Claro está que a las víctimas se les abren las carnes cada vez que ven sueltos a los asesinos y los violadores, que es pedirles algo muy por encima o por fuera o por dentro de sus posibilidades. Yo no quisiera verme en la piel de esas personas que tanto han sufrido, ni en la de los que han revisado la doctrina Parot tampoco. Veremos que nos dirá el tiempo, cuyas sentencias son menos locuaces pero muy elocuentes.


Tó Neinilii o "Tonenili", dios navajo del agua (Library of Congress). Foto: Edward S. Curtis (1905)


4/9/13

La gestión de la ignorancia

 "El amarillo indio se presume que originalmente fue producido recolectando
orina de ganado alimentado únicamente con hojas de mango.
Los pintores holandeses y flamencos de los siglos XVII y XVIII
apreciaban el pigmento por su luminosidad. El tinte moderno
de Amarillo Indio es una mezcla de pigmentos sintéticos
y se comercializa con el nombre de Amarillo Azoico".

"Pigmento" (Wikipedia)

 


uele ser esa explicación de la Wikipedia la que se trasmite, y de hecho yo estaba familiarizada por La joven de la perla (Peter Webber, 2003), la película sobre la novela sobre el cuadro de Vermeer. Este no va a ser un post sobre la película sobre la novela sobre el cuadro de Vermeer, ni siquiera será sobre el cuadro de Vermeer ni sobre la novela sobre el cuadro de Vermeer.  La anadiplosis como figura literaria me encanta y por eso la traigo, pero nada más. Ni Vermeer, ni Chevalier ni Webber. Y lo del pipí de vaca es una historia bonita, aunque me temo que es un cuento y que la versión está mejorada en otro artículo de la Enciclopedia, el que han hecho y hacen sobre el Amarillo indio, en particular cuando se introduce la hipótesis de que la laca amarilla de la India procedía de los cálculos biliares de camellos, elefantes y búfalos
La primera vez que oí la palabra bezoar, que es de origen persa, fue porque en el Hospital de Bellvitge teníamos unos cuantos casos de gente que tenía la manía de comer pelos (tricotilomanía), cucharas, tenedores, hojas de afeitar y otras rarezas. No eran faquires, eran maníacos. De los pelos se acababa formando en el mejor de los casos un bezoar, un tricobezoar si queremos ser precisos. Les prometo por la gloria de mi canario Trini que estos ojos vieron radiografías de gente que había ingerido hasta 8 hojas de afeitar Gilette. Yo me irrito sobremanera cuando alguien se horroriza porque me como un escamarlán entero, aunque es cierto que se me puede desgarrar algo el intestino o quedárseme una cáscara en un rincón hasta la intemerata. Pero lo de un tenedor de los de comer el segundo plato, es algo espectacular de ver en una radiografía digestiva simple.  No comprendo porqué en la pica (que es el nombre que recibe el trastorno por el cual se ingieren cosas que no son nutritivas) se incluye la tierra y el yeso. Tanto yo en mi primera infancia, como mi canario a lo largo de su vida, ingerimos yeso. Y sé que una arcilla especialmente preparada para la vía oral también es hasta terapéutica. A mí me lo permitieron, lo del yeso, porque pensaban que es que necesitaba calcio (?), lo malo es que lo consumía directamente de la pared, de la cabecera de mi cuna, y llegué a hacer un buen agujero a fuerza de arañar un surco.  A Trini le colgábamos un hueso de jibia o sepia y consumía a discreción, nunca de una forma que nos hiciera pensar en algún trastorno psiquiátrico. 

En mi segunda infancia me gustaba después de la comida central del día, mascar un pedacito de pastilla de caldo Avecrem, cosa digna de señalar porque la carne no la podía ver ni en pintura. Supongo que mis padres hicieron la vista gorda precisamente por mis dificultades para ingerir bistecs de ternera y demás. Como hice de pinche de un cocinero chino en mi voluntariado durante un mes en Toronto el año del conejo de 1999, puedo decir y digo que en la gastronomía china hay todo tipo de alimentos. Es una cocina prodigiosa y mal valorada. De hecho creo que fue Álvaro Cunqueiro -un escritor que parece haberse olvidado bajo el palio de todas las ínfulas de tanto escritor tipo IESE-Badson y demás-, fue él, digo, quien dijo que los chinos y los gallegos nos parecíamos en eso, en que nos lo comíamos todo. A ver: todo todo no. Todo no. Pero es que con el Génesis en la mano los judíos ortodoxos no pueden comer ni marisco ni pulpo ni mejillones ni cerdo ni muchas cosas. Cosa que me recuerda una frase del padre de un amigo mío, hippy, que decía: "Cuantos más homosexuales y vegetarianos, mejor para nosotros".  Espero de verdad que nadie se tome a mal ni lo de que los chinos y los gallegos se lo comen todo ni la última frase, porque si ya no podemos decir eso es que ya no se puede decir nada. Se dice con todo el respeto por los cerdos, por los chinos, por los gallegos, por los hippies, por los vegetarianos y por los homosexuales.

Y total el llamado amarillo indio tal y como viene señalado en la Wikipedia yo no lo veo exactamente en los maestros flamencos ni en ese pareo que hoy me compré por 6 euros en Índigo [enlace roto], una tienda que importa ropa del gigante asiático y algo de Etiopía. El llamado amarillo indio en la Wikipedia es como el que aparece con el verde y el blanco en su bandera, calabaza claro. Y el amarillo caca de oca no sé si es bien bien el de Vermeer y el de mi pareo. Por cierto, aprovecho para ofrecerles la escala de heces de Bristol, por si les pudiera ser de utilidad en alguna ocasión, aunque es una tipología que se ordena por texturas o consistencias y no por tonos. Las reproducciones del célebre cuadro de "La lechera" que me devuelve Google tienen unos tonos como los de los colores del parchís y la cultura cretomicénica, cuando en verdad yo recuerdo un amarillo más fermentadillo él, con un punto agrio y otro luminoso. Las imágenes digitalizadas adquirieron un matiz como cúrcuma y algo opaco. Si yo no sé porqué me mato, un día de estos fotografiaré el paño a la luz del día y verán ustedes. Ahora, que como encuentre el nombre exacto del color...

Dedico el título de mi entrada de hoy a invertir esa disciplina que se da en llamar "Gestión del conocimiento", habida cuenta de que a lo largo de mi vida -dedicada a la búsqueda de la humildad y la no-violencia- no he conseguido avanzar un solo paso. Incluso se diría a veces que voy a peor, que en todo caso hago como aquellos coches que ruedan en su socavón y profundizan en un agujero del que difícilmente saldrán como no les empujen o arrastren. Paciencia.

 Fotografía de Garry Winogrand

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4/8/13

Los menos malos

"Em sap greu el que diré. Però dic el què penso.
Potser als Bárcenas, Millets, i altra mena de fauna es mereixerien
un ensurt en forma de terrible
malaltia. Ja se que quedo fatal, però no esta bé que els dolents,
defraudadors, corruptes i gent que no té honor se'n surti
com si res . Disculpeu . Ja que la justícia no fa res, que
ho faci la natura. Malaltia amb dolor.... Ara ja l'he liat...."

(Leído en Facebook)

 




a hace mucho tiempo hablaba con una tía mía que es como la memoria RAM de la familia. Aunque ya va siendo mayor aún goza de una buena memoria y aunque es la única hermana de mi madre que no ha tenido hijos vivió muchos años con sus padres y aún vive en la casa familiar, cosa que pienso que la hace ser un elemento central. Una discapacidad física consecuencia de una temprana poliomielitis, y de las operaciones que le practicaron, le impide moverse más allá de lo  necesario para su higiene, etcétera. Todo ello, como digo, me la hace ver como la memoria RAM de la familia. Y ya les quisiera advertir de entrada que no me merece la menor consideración el asunto llamado de las "constelaciones familiares" ni nada que tenga que ver con el o la Gestalt, un movimiento que en Barcelona goza de muchos simpatizantes pero que a mí me inspira una gran antipatía.

Una vez, ante una gran cadena de desgracias en otra casa le pregunté a mi tía-memoria RAM si creía que había una justicia divina y me dijo de una manera tan convincente que ya no me he vuelto a plantear nunca más ni una sola pregunta que se le acerque: "Dios no se mete en esas cosas". Y pienso que es así, que las intervenciones divinas tienen sus razones y que intoxicarlas con las nuestras es algo que solo demuestra una vez más nuestra ruindad. Mi amiga de Facebook apela a la naturaleza, la cual ya sabemos que es indiferente a nuestros sinvivires. Dios por lo menos hace algún milagro, la naturaleza no interviene. Siempre sugiero a quien me explica un problema o un disgusto grande que se acerque al mar o a una montaña, como si allí nuestros pesares adquirieran la proporción real y la naturaleza fuera capaz de responder a esas preguntas que se nos ocurren y de hacerlo personalmente. A falta de un buen paisaje se puede recurrir al cielo, pero solo por mirar sus colores, las nubes, la obra del sol. Mi amiga es una persona de buen corazón, incapaz de hacerle daño a nadie. Por eso es por lo que recojo su frase, aunque sé que esa misma frase con toda su literalidad punto por punto sería un asco en manos de una persona con otro fondo, o en manos de la selección española femenina de waterpolo.

Los malos, si se me permite una palabra tan ingenua, incluso en plena desgracia son capaces de sacar un gran rendimiento y hacerla valer a su favor y sacarle partido. El cáncer más terrible los hace "mejores" (otra palabra ingenua donde las haya), una cadena de muertes familiares tan inesperadas como trágicas la convierten en una experiencia de la que salen más redimidos que la leche y justificados para impartir dictámenes sobre el bien y el mal. Ya que hablamos de la desgracia, del bien y del mal, hay que recordar que con muchos años de ¿ventaja? nuestra poeta existencialista avant-la-léttre,  Rosalía de Castro, ya lo dijo: O mal do inferno é fillo: o ben, do ceo; / a disgracia, ¿de quén?». Rosalía de Castro podía hablar con propiedad porque conocía unas cuantas desgracias.

La justicia divina no existe, por lo menos a nuestra medida y comprensión, pero existe la justicia humana, falible y siempre cuestionada por el lodo y las maniobras de los psicofantes (falsas delaciones). Pensemos ahora en las protestas por el indulto de Mohamed VI de Marruecos de 48 presos españoles, y en especial por el de Manuel Galván, pederasta condenado hasta por apelación y casación. De hecho, la diferencia entre amnistía e indulto tengo entendido que estriba en que se amnistía a quien no ha sido todavía juzgado y solo puede indultarse a quien ha sido ya condenado. El indulto que Mohamed VI hizo coincidir con la visita de Juan Carlos I a Marruecos no es algo excepcional. Cuando nació su hijo el príncipe Mulay Hasán el año 2003 concedió el indulto a 47.988 presos y cuando nació el año 2007 su hija Lala Jadiya concedió el indulto a 33.054 presos. El indulto real tiene que ver con prerrogativas del soberano alauí, su clemencia. Por lo tanto podríamos creer que esas cifras corresponden bien a un cálculo fractal de su magnanimidad que responde a fórmulas arcanas y de una gran complejidad metafísica. O que simplemente responden a un corte arbitrario de la bolsa de penados. Parece que lo de Manuel Galván, condenado a 30 años de reclusión, fue un error, su indulto, y que el resto de indultados lo fueron por tráfico de hachís. De manera que dejamos ahí esbozado el tema de que la justicia se equivoca cuando castiga y a veces también cuando perdona.

Es conocido el brocardo o máxima jurídica del Derecho romano, "Dura lex sed lex" (la ley es dura pero es la ley). Por tiempo que pase me sigue resultando incomprensible que este axioma llegara a inspirar el nombre de la marca registrada de Duralex (R), un vidrio que es muy resistente pero que -por cierto- cuando se rompe un plato en la cocina puedes estar recogiendo pedacitos de cristal siglos enteros. El verre trempé Duralex asume tal vez el significado metafórico de la fuerza de la ley. Aunque a veces nos quejamos de los privilegios de los parlamentarios, cuyas causas si no me equivoco son juzgadas por el Tribunal Supremo y que gozan de inmunidad diplomática y de otras ventajas. Pero esta condición de ser aforado por estar en las Cortes, que en algunos casos ya se ve que constituye un abuso (pensamos en Silvio Berlusconi pero en nuestro país tenemos unos cuantos ejemplos), es estrictamente necesaria para contrarrestar otros abusos. Y es que si la condición de los parlamentarios fuera la normal de cualquier ciudadano tendríamos un día sí otro también entorpecidas las sesiones parlamentarias en su actividad legislativa y otras. Se les envolvería en querellas de querulantes, en falsas acusaciones con tal de entorpecer las votaciones en el Congreso y así impedir el normal desarrollo de las leyes. También los querulantes fomentan la calumnia, que es la forma más degradante de la venganza y/o del juego sucio.

Ya comenté en su momento mi desagrado ante técnicas de acoso y linchamiento como el escrache. El escrache entraría dentro de lo que sería tomarse la justicia por la mano e incluso  -mucho peor- al servicio de terceros, con forma superhipermegaguai de guerrilla lúdica. Y estos días me acordaba del escrache porque repasé el caso de "La vampiresa del carrer Ponent" (1912), hoy calle Joaquín Costa, nº 29. La vampira de la calle Joaquín Costa, proxeneta y asesina de niños muy pequeños, que a principios de siglo pasado murió linchada en la cárcel y no llegó a ser juzgada. Pero hay quien sospecha que no interesaba que fuera juzgada porque había gente de la alta burguesía que había solicitado sus servicios, fuera para usar sus ungüentos hechos con huesos y demás, sea porque usaban a sus niños secuestrados (de entre 3 y 14 años) como objetos sexuales. Enriqueta Martí era un monstruo. Cabe sospechar que el linchamiento fue hostigado por esos individuos de clase alta que veían amenazado su monstruoso bienestar social y familiar ante la posibilidad de ser acusados por haber disfrutado de los monstruosos servicios de Enriqueta y sus niños. Hubiera sido mejor un juicio. Siempre es mejor un juicio y no un juicio bufo o kangaroo.
Me estoy acordando también de "M, el asesino de Düsseldorf" (Fritz Lang, 1931), basada en una historia real de un asesino de niñas, que es capturado por la perfecta organización del hampa de la ciudad alemana, que por razones que a ninguno se nos escapará cuenta con sus propios recursos de investigación y orden. Consiguen adelantarse como es natural a los de la policía e incluso celebran un "juicio" inmediatamente después de la "detención" del monstruo de Düsseldorf (
1:33:58). Ese juicio, además de que creo que es el primero de la larga historia de películas con un juicio reúne todos los temas que nos preocupan. El asesino, un Peter Lorre en una magnífica interpretación expresionista, les recuerda a los que le van a juzgar que ellos son unos criminales. El "abogado" del psicópata, que parece que es un jugador aficionado a la bebida o un bebedor aficionado al juego, defiende que no puede ser condenado un hombre que no controla sus propios actos. Que tiene que ser confiado a la Medicina. Verdaderamente M se excita cada vez que oye el fragmento de Peer Gynt (En la gruta del rey de la montaña) de Edvard Grieg, o cuando se excita silba Peer Gynt, que por cierto es la melodía que anuncia las apariciones de Gargamel y Asrael (los malos) en "Los pitufos". Una mujerzuela, que ha perdido a algún hijo no sabemos cómo, grita fuera de sí que le pregunten a las madres qué hay que hacer. Y en el juicio de verdad, el juicio legal, una de las madres cuya hija fue asesinada por M dirá la última frase de la película, que nadie les devolverá a sus hijas.

A veces ha estado de mi mano la revancha y nunca la he aprovechado porque nada podrá restituir lo que se ha perdido. Ni siquiera en condiciones normales me ha producido nunca el menor placer "ganar". Por otra parte, la venganza no proporciona placer alguno. La justicia sí, pero no porque es un derecho sino cuando se ejerce como un deber, por desagradable que sea. Y seguramente la mejor lección que podemos obtener todos es un poco de nuestra "Medicina", los más malos y los menos malos.

Fotograma de "M" (Fritz Lang, 1931)

27/7/13

El Shanghái Express

 

"El popular sobrenombre fue acuñado por Ángel Rodríguez L­ópez, un ferroviario monfortino de Ribas Altas. Según contó Ángel, se encontraba en su puesto de trabajo en la caseta de circulación de entre vías en la estación de Vilanova de Barcelona. A las 20.55 horas de un lunes de 1950 levantó el teléfono y anunció a la siguiente estación la salida de Barcelona del tren 4025, "el Shanghái", con destino a Vigo y A Coruña. Los jefes de circulación de todas las estaciones del recorrido, que escalonadamente fueron recibiendo el singular aviso, aceptaron de buen grado la broma del monfortino y así nació el nombre oficioso de uno de los tren más populares.

Lo de Shanghái se debe a que en esa época era muy famosa la película Shanghai Express, protagonizada por la célebre Marlene Dietrich, sobre un tren que sufría en su largo recorrido infinidad de contratiempos. Si a esto le añadimos los habituales retrasos del tren español, el nombrecito no pudo ser más ocurrente. Las llamadas telefónicas entre estaciones eran preceptivas en la época en que el control de trenes se hacía por el sistema de bloqueo telefónico. Es decir, la estación de origen anunciaba por teléfono la salida al jefe de la estación siguiente, y éste no permitía más circulaciones en sentido contrario hasta la llegada del convoy anunciado."

(El mítico 'Shanghái', que enlaza a Galicia con Cataluña, se despide [enlace roto])

 

ara cada hijo de vecino hay cosas, ya no digamos sensaciones y recuerdos o ideas, que están unidas indisolublemente a una experiencia dada. Por ejemplo para mí un bolígrafo Bic cristal azul siempre será algo más que un bolígrafo Bic cristal azul porque le tuve que pedir a una enferma de la clínica donde murió mi padre que me dejara un bolígrafo mientras yo estaba haciendo una llamada telefónica en la cabina de la clínica al tanatorio la cual, para variar, era cerrada. Y hay que decirlo porque normalmente las que hay en los hospitales públicos, al menos los del ICS son murales. La enferma me prestó un Bic cristal azul y yo tomé nota. La importancia no se rige por razones que se puedan contabilizar y estratificar o jerarquizar. Además no podríamos lo que se dice vivir si todo nos produjera un torrente de asociaciones. En el camino desde el comedor a la cocina para ir a buscar un vaso de agua nos pasarían tantas cosas por la cabeza que al llegar ya no nos acordaríamos qué íbamos a hacer o qué hacemos allí.

Ya por lo general tiene una muchas cosas en la mollera, aunque por pura costumbre sé dejar de lado las que no tienen remedio, las que no importan y las que tienen que esperar, y la operación se acaba convirtiendo no diré que en un reflejo pero casi. Ahora mismo estoy pensando, además de en el poso de café que les presentaré a continuación, en que tengo que pintar la habitación en que me encuentro. Eso me lo recuerda constantemente el hecho de que ayer la estuve preparando con cinta de papel para enmascarar marcos, interruptores y zócalos. Y eso me recuerda en parte a Raymond Dufayel, el pintor con osteogénesis imperfecta de Amélie (2001), con toda la casa protegida contra posibles fracturas. Y que un cuadro que copia, de Renoir (!) les sirve para hablar de ellos como no podrían hacerlo de otra manera. Es "Le déjeuner des canotiers" (1881) y en él una joven, que está en el centro y entre mucha gente, parece estar como ausente, pensando tal vez en algún muchacho. Que eso también nos pasa, que nuestro pensamiento y nuestras ensoñaciones se conservan libres de la mirada y los oídos ajenos. Y que a veces a través de un objeto, ya no digamos de una obra de arte, es cuando podemos o nos atrevemos a decir indirectamente algo que no puede ser expresado directamente por lo que sea.

Tal vez es por todo lo que llevo dicho y por todo lo que que aún me queda por decir pero no sé si llegaré a decir por lo que el test de Rorschach, el de la mancha de tinta, siempre me resultó aceptable, sobre todo al lado del arsenal de test psicológicos y parapsicológicos que hay en el mundo, o cuestionarios como el Proust, cuyo único interés para mí es el de que podemos contrastar resultados de diferentes personas. Pero admitamos que ha rodado tanto que me temo que es imposible obtener ya respuestas espontáneas a las preguntas, a no ser demostraciones de ingenio, de originalidad y tuiterías. Supe de la adivinación por el poso de café en Estambul, donde el café, como es de pote, dejaba unos posos en los que era posible ver hasta "Lo que el viento se llevó" con todo detalle. Es un café con mucho marro y creo que los cafeománticos hacen una maniobra con el vasito donde se sirve para que no quede todo al fondo del recipiente. La foto que yo tomé del poso de mi café es el producto de la típica cafetera italiana o de moka, por lo que los restos son mínimos. El resultado es todo lo más una pequeña escena casi siempre incomprensible. Podría ser como esas escenas pastoriles que hay en algunas lozas antiguas, con una pareja descansando en un cercado bajo un roble, ella con corpiño y él con zapatos de hebilla, ovejas, perros y algún matojo.

Por más que he mirado y mirado en mi mancha no he visto más que una especie de duende que va a saltar o un elefante-serpiente (no como la serpiente que se comió un elefante en El principito, sino con rasgos de ambos). Los pequeños puntos de cáscara tostada de granos de café también me han excitado bastante la imaginación, pero sin poder concretar nada. Al querer dar una idea de como la imagen se podía transformar con diferentes miradas, me salió algo que no es lo que quería pero que también sirve para ilustrar la cuestión de que aún en el caso de que consiguiéramos interpretar bien la realidad, otra cosa es que supiéramos expresarnos.

Todo esto lo pensaba estos días, a raíz del fatal accidente ferroviario en Angrois, a cuatro quilómetros de Santiago de Compostela, la noche de la verbena. Cada cual diciendo la suya y después cada cual aprovechando, como aprovechaban Amélie Poulain y Raymond Dufayel, para proyectar sus propias ideas sobre infraestructuras y seguridad, sobre política y sobre cosas peores. Nunca falta, sobre todo en la prensa, el baile de cifras y que alguien -con su forma especial o interesada de ver las cosas- empeore lo que parecía que no podía ser empeorado. Siempre hay quien lo consigue. Aunque he evitado la increíble cobertura informativa que se ha producido, singularmente en la Primera, pudo escuchar, creo que en Antena 3, las declaraciones de Isidoro, un señor que hace las funciones de alcalde en esa pequeña parroquia. Aparte de ser el autor de uno de los vídeos que se han ofrecido hasta la saciedad, miles de veces, estuvo ayudando toda aquella larga noche a retirar los cuerpos de los vagones siniestrados, de vivos y de muertos. Cuando lo entrevistaban eran las dos de la tarde y al final de la entrevista pidió que le permitieran añadir un par de observaciones. Dijo, la primera es que ha sido un milagro que el vagón que saltó el talud y cayó sobre la plaza que normalmente está llena de niños y abuelos, no enganchara a nadie. La segunda, algo así como que aquella vía estaba requeteinaugurada por José Blanco cuando había sido ministro de Fomento. He podido encontrar una parte de su entrevista, que enlazo [enlace roto] para dejar constancia de que Isidoro habla con toda la serenidad y que no es un patán ni nadie al servicio del BNG, el PP o el PSG. Tal vez, pienso, en el momento que habló, apenas unas 13-15 horas después del descarrilamento, ya se le estaban dando la culpa a los "recortes". El BNG es como ERC, para irnos entendiendo.

"Shanghai Express" (Josef von Sternberg, 1932)

Parece que cobra cuerpo que las medidas de seguridad no eran las propias de la alta velocidad, aunque hay que añadir que se trataba de una línea híbrida, y que hubo imprudencia temeraria por parte del maquinista. En Galicia el tema fácilmente vira hacia el "nunca máis", siempre a punto para rescatarnos de la contaminación marina, como de las preferentes como de cualquier cosa que se mueva, desde una salmonelosis en un picnic hasta de las chapuzas de Fomento y obras públicas por el gobierno de turno. Los accidentes más deletéreos que han habido en España en los últimos 80 años han sido la mayoría en líneas que cubren tierras gallegas. Mi madre, que llegó en el llamado Shanghái a Barcelona hace casi 60 años, después de dos días de trayecto, me dijo ayer: "Con el Shanghái llegabas machacada pero llegabas". Después el Shanghái se llamó "Estrella de Galicia". Yo fui con 3 años en el trayecto inverso (Barcelona-La Coruña) y el viaje duraba más de 24 horas. Llegabas con las orejas negras de carbonilla. Por León se pasaba de noche y en pleno agosto veías gente con abrigo y con las bocas que humeaban claramente en la oscuridad. Siempre había alguna mujer que vendía Mantecadas de Astorga y alguna vendería. Después de Lugo, el tren se quedaba prácticamente vacío. En Orense bajaban muchos. En La Coruña prácticamente quedábamos nosotros y dos o tres más. Aún nos quedaba coger un autocar de línea y llegar a trancas y barrancas al pueblo por una carretera que cubría los 80 y tantos quilómetros en cosa de 3 horas y media. Ahora hay una autovía y algún incauto se jacta de ponerse en Finisterre en tres cuartos de hora. Zumbando.

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26/7/13

Post 1019: Y lo que surja

"Sin embargo, «monoparental» no deriva de «padre» sino de «pariente»,
en el sentido de «progenitor». De otro modo, la expresión
sería «monopaternal». En segundo lugar, la inmensa mayoría
de las familias «biparentales» (en las que está presente
un padre y una madre) son «monomarentales» (es decir, que
sólo tienen una madre)."


El otro día oí que una buena mujer que deseaba acogerse a los derechos de inseminación decía que ella era una familia monoparental. "Yo soy una familia monoparental".  Hay tal caterva de bobos que la verdad es que empieza a ser algo agobiante y abrumador. Claro, que de acuerdo a Derecho igual sí que existe la posibilidad de ser una familia monoparental, monopaternal o monomarental o, mejor, un núcleo familiar monoparental, monopaternal o monomarental. Ya sé que esto es como oír a Susana Díaz, la única candidata en firme a la Junta de Andalucía, la región más grande de España y creo que también la más poblada. No se crean que voy a ir hacia un análisis de la frase de la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato ("La ausencia de varón no es un problema médico"), que aprovecho para comentar que usa un perfecto castellano, de gran concisión y claridad, a pesar de que se ha querido emponzoñar con una controversia cuyas consecuencias no se me alcanzan.  No, más bien me voy a intentar referir a la familia, aunque mal y pronto, esto es sin haber pensado demasiado el tema y con pocas ganas de profundizar.

Pienso en primer lugar en cuando se legalizó el divorcio en Irlanda, donde se creía que el principal impedimento era de tipo religioso cuando en realidad era debido al sistema de transmisión patrimonial de las tierras. Es decir, un país de base aún bastante rural, podía ver temblar sus fundamentos si las tierras se dividían o pasaban por todos los lances que se me ocurren ante una separación de bienes con hijos por medio. También pienso en las bases del Derecho Romano, donde la institución del pater familias aseguraba situaciones tan anómalas o absurdas como que uno podía ser considerado padre incluso aunque falleciera tres años antes del nacimiento de su hijo, mientras que lo de ser madre estaba casi siempre en entredicho o, por ser más exactos, merecía otra consideración. Evidentemente, entre el derecho que rige en Irlanda y los albores de Europa hay mucho que contar. Pero tanto si sumamos como si restamos, tanto si nos remontamos al modelo hutu como si nos inspiramos en otros menos exóticos, pensamos que una familia, nuclear o extensa, es algo que existe en todas las sociedades humanas. Lo de la señora del principio también se conoce en ámbitos de la Antropología cultural como unidad doméstica matrifocal. 

A lo que quiero llegar, y les voy a evitar cualquier merodeo, es al hecho de que en una familia -sea una unidad doméstica matrifocal al estilo de la película aquella titulada Mi hija Hildegart (Fernando Fernán Gómez, 1977), sea una comuna, sea polígama, monógama o lo que sea- siempre hay una relación de poder. Y algunas veces ya sabemos que una relación de poder puede llegar a ser incompatible con la dignidad de las personas. 

En las unidades de urgencias de los hospitales y en los juzgados de guardia ven todo lo que da de sí la dignidad de las personas y las relaciones de poder. Y ya no me refiero al maltrato llamado de género, físico o psíquico. Me refiero a cosas como que a uno de los cónyuges el otro le revuelva los cajones o el disco duro o que se meta incluso en sus cuentas en internet para fisgonear qué hay y qué no hay. He sabido de dos casos, en matrimonios de lo más normal, que aparentemente llevan una vida que desde fuera se considera ordenada y sin nada fuera de lo corriente o de la media. El primer caso me lo comentó la parte contratante femenina de un matrimonio cuyo nivel cultural podemos considerar medio-alto, de profesores universitarios. En aquel entonces me pareció deleznable. Y mido mis palabras.  La confidencia me incomodó en su mayor medida por cuanto era, como suele ocurrir, un desahogo. Siguen felizmente juntos. El segundo caso lo descubrí yo, hace unos días. Por lo tanto vi invadir mi propia intimidad y, por razones que no sé si hace falta explicar, decidí hacer mutis y alejarme. En cualquier caso, a estas alturas ya he llegado a la conclusión de que ocurren dentro del matrimonio cuestiones de sexo, mentiras y cintas de vídeo que no pueden ser valoradas así como así desde fuera.  Y, como decía una amiga mía, "las mujeres tenemos dos ocasiones de hacer el ridículo, cuando nos enamoramos y cuando somos madres". La frase sirve para los hombres también, para las unidades domésticas monomaternales y para cualquier tipo de pareja. Quien no haya hecho el ridículo alguna vez que tire la primera piedra.

Las relaciones amorosas o matrimoniales son tan contradictorias como lo son otras relaciones de poder y una nunca sabe quien "manda", como si se tratara de monstruos bifrontes.  


"Jewish giant at home with his parents" (Diane Arbus,1970)

13/7/13

El verano

Es un placer
Atravesar el río en verano
Con las sandalias en la mano

Yosa Buson

 


que no sabían que Herman Van Rompuy es aficionado a escribir haikus? Es propiamente un haijin.
Ayer bajando por el Carmelo en la línea del 19 me pareció ver una mujer muy madura ofreciendo sus servicios sexuales. Me lo confirmó ver otra un poco más adelante en el recorrido, ya girando hacia la calle Dante Alighieri, en el Carmelo. Nunca antes había visto ni asomo del negocio en el barrio y me lo tomé, supongo que erróneamente, como un signo más de la famosa crisis y los cambios sobrevenidos en la calle. La oferta en el Raval ya dijimos que era abrumadora y hace tiempo que se ven mujeres que tanto por su número y edad (demasiado corta o demasiado larga) dan buena cuenta de una realidad elocuente que exuda objetividad y subjetividad a raudales. El consistorio, especialmente desde que está en manos de Convergència, no se ha puesto a perseguir la prostitución pero impone disuasivas multas no tanto a quien la ejerce como a quien la demanda, de manera que queda bien claro que lo que se pretende es imponer la discreción y dejar las calles lo más vacías posible de pilinguis, rabizas y furcias de todo jaez, profesionales o no. 
Otra cosa es qué demanda pueda haber en el Carmelo, donde no se me figura que los hombres busquen lo que no encuentran en sus casas allí mismo, calles arriba o calles abajo. A no ser que pensemos en los emigrantes. En cualquier caso, la observación queda hecha y la dejo ahí a la espera de ver en qué para todo. También hay que decir que en el verano se ven y se oyen cosas que no se conciben por ejemplo en invierno o en otoño. De la misma manera que hay un cambio de la noche al día, también lo hay de la primavera al verano. El verano es quizás la temporada más denigrada por los prójimos. Especialmente debido al calor. Que se anuncie con una fiesta consagrada al estruendo, la salmonellosis y las vomitonas (San Juan) ya es un algo. Georgie Dann también ha contribuido a convertir el verano en algo pachanguero, lúbrico, desenfadado y chorra. Un poco de Georgie Dann es mucho.
Recuerdo una vez que abrimos una caja de bombones en una biblioteca y la pusimos a la entrada, como ofreciéndola a todos cuantos accedían. Fue curioso ver la reacción de cada persona. Algunos miraban como por encima del hombro, otros observaban bombón por bombón hasta elegir uno, poniendo dos dedos en pinza en un gesto que parecía llegar miméticamente hasta los labios y la nariz. Era tan reveladora la actitud de cada persona que lo que me extraña es que no haya una caja de bombones en la puerta de todas las instituciones. Supongo que llegado un momento las reacciones perderían su espontaneidad y dejarían de ser significativas y verdaderas, pero de forma esporádica son todo un experimento. Como para mí lo es lo del calor. La relación de las personas con el calor. Los comentarios, las quejas.
Tengo la sensación de que la mayor parte de los prójimos considera el calor un incordio. Tal vez nos gustaría ser como máquinas, como esos aparatitos que cada vez parece que necesitamos más. Pero no somos máquinas, sentimos. A lo mejor pensar no pensamos, pero sentir sí sentimos, todos. Unos más, otros menos. A todo lo más a lo que llegamos es a cambiar un poco los hábitos alimentarios y a descartar la sopa para incorporar las ensaladas, los gazpachos, y el vichyssoise, aunque me parece que ya no está de moda. Hay que abrir las ventanas o poner la refrigeración, ese invento infernal, el máximo símbolo de la mala relación con el calor y de nuestro empeño de aislarnos y sentirnos como máquinas. Pero aparte de esas medidas o la de intensificar el horario laboral, pretendemos vivir todo el año igual. Insisto, como si fuéramos aparatos.
En esta época del año se trata de adoptar otro ritmo, mirar de refrescarse y de no acalorarse, reorganizar la actividad para evitar la insolación y, como siempre, disfrutar. En la medida de lo posible.
Lo bonito del orden alfabético es que "Georgie Dann" va justo delante de "Haiku".

 
Imogen Cunningham y la modelo Twinka Thiebaud (Fotografía de Judy Dater, 1974)

 

"I hate big models"

Imogen Cunningham



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8/7/13

Post 1010: Los rollos

"Escribo para definirme, un acto de autocreación, en un diálogo conmigo misma,
con escritores que admiro, vivos y muertos, con lectores ideales.
Porque me da placer. No sé con certeza para qué sirve mi trabajo".
"La vida del hombre creativo está guiada, dirigida y controlada por el aburrimiento.
Evitar el aburrimiento es uno de nuestros propósitos más importantes".

Susan Sontag



l año pasado adquirí a través de todocolección.net unos papeles secantes que tenían su interés. Cuando yo empecé a escribir con pluma se usaban unos papeles secantes de color rosa, pero los que se ofrecen por lo general en todocolección.net (hoy cosa de 5000) llevan por un lado publicidad de todo tipo, no ya de materiales de escritorio sino también de medicamentos, crecepelos y productos de la higiene diaria. En el álbum incorporo hoy la imagen de uno de los papeles secantes de Waterman y otra de un papel continuo que se aplicaba en un artilugio llamado secafirmas, donde podía ser repuesto según el uso. 
El formato del rollo de reposición "As" de secafirmas me hace pensar en el papel higiénico "El elefante", que junto con el Jabón Lagarto y la Lejía Conejo, formaban la troika de la higiene de los años 60. Y no olvidemos que los primeros libros de nuestras latitudes eran rollos. Se creen los geeks que los libros como un conjunto de hojas de papel unidas por el lomo y más o menos numeradas es una cosa que se improvisa y se piensa en un abrir y cerrar de ojos. No. Habrá que decir que para más Henry la primera biblioteca donde al parecer se pusieron los libros derechos, con los lomos indicando su contenido y colocados verticalmente, fue en la herreriana biblioteca de nuestro monumento de El Escorial. Pero ese es otro tema, y nos ocupa el tema de los rollos. 
Ayer me acordaba porque leía muy a pesar la colaboración de un periodista o una periodista en un diario de tirada nacional y percibí -gajes del oficio- que el plumífero o la plumífera se aburría él a sí mismo o a sí misma a todas luces. No es que quiera imitar a la candidata Díaz a la Junta de Andalucía, que aburre a las ostras con esa cruzada contra la gramática y con esa manía socialdemócrata de desdoblar los géneros, cuando el género masculino sirve para el género cero o no marcado, que no para todo o por mera dominación. No, empleo el desdoblamiento de géneros porque no quisiera dar pistas sobre la identidad del pobre periodista que contra viento y marea hizo su columnita y me trasmitió (por lo menos a mí) su cansancio. Solo le he leído tres columnas mal contadas y en las tres recurre 1) a dar a entender que está bien relacionado (colchón social, asinus asinum fricat); 2) a ser algo displicente para con sus semejantes (como los genios a veces son maleducados, creen los maleducados que son geniales), y 3) a no definirse gran cosa, ya que tiene dificultades para decir exactamente lo que piensa, aunque es peor cuando lo consigue que cuando no, ya que al menos cuando no lo consigue deja una especie de vaho de misterio insondable impostado que tiene su atractivo estilístico.

Pero si hay algo que da más pena que ver a un escribidor que se aburre de sí mismo o a una escribidora que se aburre de sí misma (lo sé bien) es la mentira piadosa dirigida a un texto o, en general, a cualquier obra creativa. También lo sé bien y por partida doble. Por activa y por pasiva. Yo he tenido en mis propias manos lecturas que me han ofrecido con todo el afecto y que se me caído de las manos arrojándome a una tristeza de difícil asimilación, especialmente cuando nos han dado a leer o a ver u oír algo con el propósito de obtener nuestra opinión y/o felicitaciones. Tiene una algo más que una ligera idea de lo que representa ponerse a escribir y a leer. Y tanto a un lado como al otro de la barrera, si se me admite el lenguaje taurino, prefiero la verdad. No podemos perder el tiempo ni hacérselo perder a los demás. Siempre se puede decir algo benevolente de todo cuanto se cruza en nuestras vidas, claro está. Y sin embargo tengo a gala que lo que yo diga gustará o no gustará pero jamás he dicho ni una sola mentira piadosa. Y la verdad es que no veo el objeto. Y aunque dijo Susan Sontag "La mentira es la forma más simple de autodefensa", siempre estoy mejor dispuesta (por temperamento) a entender una verdad -por atroz que me resulte- que cualquier mentira, por liviana que parezca. Y he observado que solo ganan mi admiración aquellas personas que son capaces de actuar según lo que les dicta directamente el corazón.

Hoja de papel secante

Los libros gordos

 


so sí, para libros gordos los de la señera Enciclopedia Espasa. Pero tenía su qué, o lo tiene aún, tener en las manos un mamotreto cuya tangibilidad nos da exacta proporción de su alcance. Con la virtualización de los contenidos, para advertir su alcance, tenemos que hacer otras pruebas. Aparte de que hay mucho refrito de "
difusión cultural" que no indica las fuentes (se las apropia directamente) y no anda muy interesado en asentar si una frase se la debemos a Freud o a Shakespeare, ya que cualquiera sirve.

Desde el sábado la Real Academia Española cuenta con una página en Facebook. La de Twitter lleva ya tiempo. Casi simultáneamente, su director, José Manuel Blecua, advierte de que la vigésimo tercera edición del Diccionario tendrá 60.000 modificaciones respecto a la edición previa, sea por la eliminación de entradas obsoletas como por la incorporación de americanismos, tecnicismos o la renovación de descripciones. Esos cambios representan -en un cuerpo de 90.000 entradas- dos terceras partes de su contenido. 

Continuamente sin embargo se tiene una que acordar del DRAE porque tiene una legión de adoradores que lo usan como si se tratara del Código Civil o el de la circulación, cuando la lengua -aparte de que es más cosas que un léxico representado convencionalmente en orden alfabético- no necesita ese tipo de gendarmes. Me ocurre con los aficionados a la lexicografía exactamente lo mismo que le ocurría a Marguerite Yourcenar con los aficionados a la heráldica (¿o era a la genealogía?), ocupaciones todas ellas para gente con una curiosidad muy limitada y que se ha decidido por algún campo que no exija otra cosa que tiempo. Al lado de los adoradores del DRAE y otros productos lexicográficos se ha amparado una legión no por menor menos perniciosa de prescriptivistas y neologistas, que consensuadamente deciden qué palabra es correcta y cual no. Son los intervencionistas lingüísticos. Aquí nos referimos hace poco a los obtentores de palabras y en concreto a la voz "sinologia" que en catalán, en oposición al resto de las lenguas comunes se ha adoptado -en vez de senologia-  para referirse al estudio de las mamas, aunque sinologia era un término que se avenía mejor al panorama internacional y tradicional y designaba el estudio de la cultura china. 

Los aficionados a la heráldica, la genealogía y la lexicografía en un momento dado, cuando menos se les espera, deciden abrir más nuestros ojos y nos señalan por ejemplo que la palabra "evidencia" no es equivalente a la del mundo anglófono, donde se adoptó para designar una especie de escuela médica que basa sus hallazgos en datos contrastadísimos. Los aficionados a la Filología proponen entonces la expresión "medicina basada en pruebas", y eso a pesar de que "prueba" en español es tan polisémico que lo mismo significa evidencia que intento. Los aspavientos que hace un maníaco del diccionario ante lo que consideran un error vienen a substituir los gestos de escándalo y bochorno de otras épocas ante costumbres indecorosas. Consideren que la mayor parte de las veces es gente que no puede aportar mucho más allá de lo que pone el diccionario.

Los aficionados a la verbografía corrieron a condenar la voz "escrache", cuando lo que tenían que haber visto es que la palabra no tenía equivalente en el español europeo oficial contemporáneo porque tampoco lo tenía la práctica en sí, que vino o la trajeron de donde les diré. De hecho lo que tenían que haber apreciado es que los escraches se habían venido desde la Argentina. Yo me traje la palabra en agosto de 2009 al blog pero porque me la había sugerido Liliana Costa Staksrud por aquel entonces. Sin embargo me libraré mucho de adoptar una palabra como "ingresar", que los argentinos usan para referirse a la acción de introducir datos en un formulario. O "menúes", palabra que advertí hace poco en una guía traducida del inglés.

Yo diría que consulto más en su formato en papel el María Moliner que el diccionario de la RAE, pero lo que sí creo que tengo que hacer de tanto en vez es leer algún libro de Cervantes o Quevedo o Cela para no perder de vista, como si fueran diapasones, el ritmo cierto de mi lengua, el régimen de los verbos y el uso correcto de las preposiciones. 

Debo admitir que me divierte terrriblemente imaginar el desconcierto de aquellos de quienes les dije que siempre están empuñando el DRAE, cuando vean que dos de cada tres palabras ya no son lo que eran. Se tendrán que buscar otro entretenimiento.

 

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4/7/13

Las mil caras

"Buenas noches" dije a mi hijo pequeño
cuando cansado se acostó.
Entonces me dijo con clara voz
"Papá, ¿de qué color es la piel de Dios?
¿De qué color es la piel de Dios?,
¿de qué color es la piel de Dios?".
Dije "Negra, amarilla, roja y blanca es;
todos son iguales a los ojos de Dios".



uscaba una cita de Ramon Llull sobre la gran variedad de rostros que tenemos los humanos pero no soy capaz de encontrarla, aunque tengo la seguridad de que está en el Llibre de meravelles ya que empezaba "Jo em meravell..." En cualquier caso la recuerdo y sé que el filósofo había reparado en ello con una especial intensidad.
Por lo general, al hablar del retrato hay que hablar del retrato romano y eso a pesar de que se suele considerar el arte romano como algo inferior al de Grecia, Egipto y no digamos el de los etruscos. Yo no creo que el Panteón de Agripa sea menor ni mucho menos y pienso a menudo que el retrato romano no es la única contribución al acervo cultural de Occidente ni tampoco la mayor, aunque tal vez es la más original. Respecto a lo primero, la afirmación sempiterna de que en lo que despuntaron los romanos fue en las obras de ingeniería, también se suele decir que apenas se esmeraron en sus incursiones en Hispania o en la Gallia, dejando sus obras más prodigiosas u ostentosas para el Asia Menor y el Oriente en general, donde era más difícil impresionar a los conquistados. Y esto es por la misma razón por lo que durante los años en que Berlín estuvo dividida entre la Alemania Democrática y la Federal, la mayoría de los edificios emblemáticos del poder capitalista se construyeron cabe el muro. 
Seguramente nuestros conquistadores no fueron los primeros en reparar en la personalidad del rostro y en apartarse un tanto de la idealización que había contorneado la escultura helénica y sus principales figuras olímpicas. Aunque lo desconozco casi todo sobre el retrato romano si sé, por ejemplo, que hubo una época en que las estatuas de los patricios se esculpían calvas al objeto de irle poniendo "pelucas" según la moda de los peinados, cosa que indica una cierta preocupación por el valor de la efigie.
Diremos que, como en todo, la historia del retrato se ve surcada por esas tendencias: la idealización, la moda, y la fidelidad al carácter de cada persona. En todo ello venía pensando estos días cuando observo tan a menudo en Facebook -que no olvidemos que significa "libro de caras"- una tendencia que creo que representa una verdadera novedad en el panorama del retrato y es la necesidad que tenemos de dar/recibir nuestra aprobación a las fotografías que la gente asocia a su perfil. Esto ocurre en Facebook, con el "Me gusta" tan odioso, pero también ocurre en Twitter, donde abundan más los avatares simbólicos o icónicos, que cuadran más con el formato de la red social y su ritmo. 
Aunque en mis agregados hay extranjeros -y ahora por extranjeros me refiero estrictamente a los que son más diferentes a nosotros- no sé si afirmar que esa costumbre de la aprobación o juicio populares propia de nuestra latitud. Sí tengo por cierto que la preocupación de nosotros los "latinos" por nuestro aspecto exterior es abrumadoramente patente. Por decirlo de una vez: los alemanes se visten con cualquier cosa e incluso usan los colores de una forma que nos resulta descuidada. El dispendio de los italianos en sus complementos, ropa, calzado y joyas es llamativo e incluso a veces subraya una cierta servidumbre o dependencia. Y no me refiero al código o a la etiqueta, sino a aquella forma de arreglarse de acuerdo con la moda y demás para demostrar la potencia. Otra cosa es el celo que tienen las mujeres de la India por mostrarse hermosas y ataviadas en sus bellísimos saris de colores tan alegres y fascinantes como las alas de las mariposas. Cualquier mujer de la india que no sea más que pobre intentará no solo lucir un bello sari para agasajar a quienes las rodean sino que incluso se vestirán más de uno al día, según la ocasión. Pero no olvidemos que una gran parte de la humanidad considera fuera de lugar hacer explícita su aprobación o desaprobación ante nuestro aspecto.
La fotografía de hoy ilustra una de las primeras imágenes que se tomaron de gentes de la clase trabajadora. Es una fotografía de los inicios de la técnica, uno de los trabajos de los escoceses Hill y Adamson, que aparecen juntos en la Wikipedia porque a la sazón trabajaron juntos en los calotipos, uno como artista y el otro como ingeniero. De esta joint venture han quedado admirables pruebas que se conservan no solo en el MAT sino también en otras galerías, aunque sorprendentemente yo esperaba que hubiera más en la National Portrait Gallery de Londres, uno de los centros más importantes del tema (retratos pintados y fotografíados). Que Hill y Adamson detuvieran su atención en unas recolectoras de ostras de Newhaven me parece radicalmente conmovedor y -volviendo a Llull- maravilloso. Por aquellos años estábamos hablando de pequeños retratos condenados a ser guardados en un álbum y cuya particularidad máxima era el gusto por plasmar por ejemplo a niños dormidos. Luego vendrían los retratos postmórtem, cosa que se puso de moda masivamente, si se me admite la exageración, con las epidemias de gripe europeas. Se suele decir que había retratos que simulaban que el difunto aún vivía (e incluso se veían con los ojos abiertos), otros que simulaban que dormía y otros que no simulaban nada. Yo diría que los segundos procedían de aquellos daguerrotipos de los pioneros en que gustaba representar a los niños dormidos, en su inocencia.
Interesante es también reparar en las poses, en especial para mí que aborrezco algunos estereotipos y sobre todo los que se fueron imponiendo a través del papel couché. Ya hace unos años que nos libramos del reportaje fotográfico del primer día de playa de Ana Obregón, en cuyo cuerpo se empezaban a notar los estragos de la silicona y los propios de su edad. Sin darnos cuenta nos vamos amoldando a los clichés. Y curiosamente hemos adoptado los de la pornografía. O no tan curiosamente, puesto que tantas costumbres son las que hemos adquirido a través de por ejemplo la prostitución que lo raro es que no hubiéramos incorporado antes el catálogo de posturas, tema que habría que desarrollar y hoy solo indico. Como avance les recuerdo la moda del supuesto beso lésbico y la variante de enseñar las lenguas "desabrochadas", algo que solo hace 50 años era una ordinariez pero que ahora no puede faltar en ninguna galería de las mujeres que tienen menos de 27 años.
También parece gozar de un prestigio incontestable la sonrisa, y deberíamos puntualizar: la hedonista ¿Es necesario que repare en lo diferente que es el optimismo del hedonismo? Un optimista es capaz de bajar la basura de su casa a la calle, un hedonista no. Nunca verán un hedonista bajando la basura, pero si lo ven corran a decírmelo porque me gustará verlo. Por más que intento recordar alguna sonrisa que no sea la etrusca, la del Buda,  la de la Gioconda (que parece haber acabado de devorar un ratón) o la de los músicos del Pórtico de la Gloria en Compostela, no puedo. No recuerdo ese empeño en sonreír mostrando los dientes ("Dientes, dientes" dijo Isabel Pantoja) o hasta la campanilla, algo que se impuso con las celebrities de Hollywood, "Viva la gente" (aquí en español),¿De qué color es la piel de Dios?Que canten los niños y el mensaje de paz de Cocacola u-uh. Por más que me devano los sesos no puedo. 
Mujeres marineras de Newhaven, Escocia (David Octavius Hill y Robert Adamson, 1843-1847). Metropolitan Museum of Art, NY.