ealmente, cuando una mira la galería de dioses navahos, cuesta alcanzar a decir algo que esté a su altura. Como nuestro imaginario está atiborrado de la mitología griega, latina, egipcia y hasta hindú, como nuestros sentidos están adormecidos por la abrumadora abundancia de ladies gagas, penélopes cruces y reinonas petardas de más o menos pelo, descubrir las imágenes de una divinidad en estado puro, como una fuerza de la naturaleza encarnada, es en dos palabras im presionante. Pero es obvio que a estas alturas de la película no me voy a hacer navaha ni nada que se le parezca. Otra cosa es que de todo el saber ancestral el chamanismo y la espiritualidad de los nativos norteamericanos son para mí los que mejor conservan la esencia del poder de la naturaleza. Lo que pueda quedar en Europa ha pasado a formar parte del patrimonio folklórico y el costumbrismo, por lo tanto está desprovisto de lo fundamental, que es la fuerza, un vigor que proviene mismamente de los elementos.
5/11/13
Ju(z)gar con las palabras
ealmente, cuando una mira la galería de dioses navahos, cuesta alcanzar a decir algo que esté a su altura. Como nuestro imaginario está atiborrado de la mitología griega, latina, egipcia y hasta hindú, como nuestros sentidos están adormecidos por la abrumadora abundancia de ladies gagas, penélopes cruces y reinonas petardas de más o menos pelo, descubrir las imágenes de una divinidad en estado puro, como una fuerza de la naturaleza encarnada, es en dos palabras im presionante. Pero es obvio que a estas alturas de la película no me voy a hacer navaha ni nada que se le parezca. Otra cosa es que de todo el saber ancestral el chamanismo y la espiritualidad de los nativos norteamericanos son para mí los que mejor conservan la esencia del poder de la naturaleza. Lo que pueda quedar en Europa ha pasado a formar parte del patrimonio folklórico y el costumbrismo, por lo tanto está desprovisto de lo fundamental, que es la fuerza, un vigor que proviene mismamente de los elementos.
4/9/13
La gestión de la ignorancia
En mi segunda infancia me gustaba después de la comida central del
día, mascar un pedacito de pastilla de caldo Avecrem, cosa digna de señalar
porque la carne no la podía ver ni en pintura. Supongo que mis padres hicieron
la vista gorda precisamente por mis dificultades para ingerir bistecs de
ternera y demás. Como hice de pinche de un cocinero chino en mi voluntariado
durante un mes en Toronto el año del conejo de 1999, puedo decir y digo que en
la gastronomía china hay todo tipo de alimentos. Es una cocina prodigiosa y mal
valorada. De hecho creo que fue Álvaro Cunqueiro -un escritor que parece
haberse olvidado bajo el palio de todas las ínfulas de tanto escritor tipo
IESE-Badson y demás-, fue él, digo, quien dijo que los chinos y los gallegos
nos parecíamos en eso, en que nos lo comíamos todo. A ver: todo todo no. Todo
no. Pero es que con el Génesis en la mano los judíos ortodoxos no pueden
comer ni marisco ni pulpo ni mejillones ni cerdo ni muchas cosas. Cosa que me
recuerda una frase del padre de un amigo mío, hippy, que decía: "Cuantos
más homosexuales y vegetarianos, mejor para nosotros". Espero de
verdad que nadie se tome a mal ni lo de que los chinos y los gallegos se lo
comen todo ni la última frase, porque si ya no podemos decir eso es que ya no
se puede decir nada. Se dice con todo el respeto por los cerdos, por los
chinos, por los gallegos, por los hippies, por los vegetarianos y por los
homosexuales.
Y total el llamado amarillo indio tal y como viene señalado en la
Wikipedia yo no lo veo exactamente en los maestros flamencos ni en ese pareo
que hoy me compré por 6 euros en Índigo [enlace roto], una tienda que importa ropa del
gigante asiático y algo de Etiopía. El llamado amarillo indio en la Wikipedia
es como el que aparece con el verde y el blanco en su bandera, calabaza claro.
Y el amarillo caca de oca no sé si es bien bien el de Vermeer y el de mi pareo.
Por cierto, aprovecho para ofrecerles la escala de heces de Bristol, por si les pudiera ser de utilidad en alguna
ocasión, aunque es una tipología que se ordena por texturas o consistencias y
no por tonos. Las reproducciones del célebre cuadro de "La lechera"
que me devuelve Google tienen unos tonos como los de los colores del parchís y
la cultura cretomicénica, cuando en verdad yo recuerdo un amarillo más
fermentadillo él, con un punto agrio y otro luminoso. Las imágenes
digitalizadas adquirieron un matiz como cúrcuma y algo opaco. Si yo no sé
porqué me mato, un día de estos fotografiaré el paño a la luz del día y verán
ustedes. Ahora, que como encuentre el nombre exacto del color...
Dedico el título de mi entrada de hoy a invertir esa disciplina que se da en llamar "Gestión del conocimiento", habida cuenta de que a lo largo de mi vida -dedicada a la búsqueda de la humildad y la no-violencia- no he conseguido avanzar un solo paso. Incluso se diría a veces que voy a peor, que en todo caso hago como aquellos coches que ruedan en su socavón y profundizan en un agujero del que difícilmente saldrán como no les empujen o arrastren. Paciencia.
4/8/13
Los menos malos
Una vez, ante una gran cadena de desgracias en otra casa le pregunté a
mi tía-memoria RAM si creía que había una justicia divina y me dijo de una
manera tan convincente que ya no me he vuelto a plantear nunca más ni una sola
pregunta que se le acerque: "Dios no se mete en esas cosas". Y
pienso que es así, que las intervenciones divinas tienen sus razones y que
intoxicarlas con las nuestras es algo que solo demuestra una vez más nuestra
ruindad. Mi amiga de Facebook apela a la naturaleza, la cual ya sabemos
que es indiferente a nuestros sinvivires. Dios por lo menos hace algún milagro,
la naturaleza no interviene. Siempre sugiero a quien me explica un problema o
un disgusto grande que se acerque al mar o a una montaña, como si allí nuestros
pesares adquirieran la proporción real y la naturaleza fuera capaz de responder
a esas preguntas que se nos ocurren y de hacerlo personalmente. A falta de un
buen paisaje se puede recurrir al cielo, pero solo por mirar sus colores, las
nubes, la obra del sol. Mi amiga es una persona de buen corazón, incapaz de
hacerle daño a nadie. Por eso es por lo que recojo su frase, aunque sé que esa
misma frase con toda su literalidad punto por punto sería un asco en manos de
una persona con otro fondo, o en manos de la selección española femenina de
waterpolo.
Los malos, si se
me permite una palabra tan ingenua, incluso en plena desgracia son capaces de
sacar un gran rendimiento y hacerla valer a su favor y sacarle partido. El
cáncer más terrible los hace "mejores" (otra palabra ingenua donde
las haya), una cadena de muertes familiares tan inesperadas como trágicas la
convierten en una experiencia de la que salen más redimidos que la leche y
justificados para impartir dictámenes sobre el bien y el mal. Ya que hablamos de
la desgracia, del bien y del mal, hay que recordar que con muchos años de
¿ventaja? nuestra poeta existencialista avant-la-léttre, Rosalía
de Castro, ya lo dijo: O mal do inferno é fillo: o ben, do ceo; / a disgracia,
¿de quén?». Rosalía de Castro podía hablar con propiedad porque conocía unas
cuantas desgracias.
La justicia divina no existe, por lo menos a nuestra medida y comprensión, pero existe la justicia humana, falible y siempre cuestionada por el lodo y las maniobras de los psicofantes (falsas delaciones). Pensemos ahora en las protestas por el indulto de Mohamed VI de Marruecos de 48 presos españoles, y en especial por el de Manuel Galván, pederasta condenado hasta por apelación y casación. De hecho, la diferencia entre amnistía e indulto tengo entendido que estriba en que se amnistía a quien no ha sido todavía juzgado y solo puede indultarse a quien ha sido ya condenado. El indulto que Mohamed VI hizo coincidir con la visita de Juan Carlos I a Marruecos no es algo excepcional. Cuando nació su hijo el príncipe Mulay Hasán el año 2003 concedió el indulto a 47.988 presos y cuando nació el año 2007 su hija Lala Jadiya concedió el indulto a 33.054 presos. El indulto real tiene que ver con prerrogativas del soberano alauí, su clemencia. Por lo tanto podríamos creer que esas cifras corresponden bien a un cálculo fractal de su magnanimidad que responde a fórmulas arcanas y de una gran complejidad metafísica. O que simplemente responden a un corte arbitrario de la bolsa de penados. Parece que lo de Manuel Galván, condenado a 30 años de reclusión, fue un error, su indulto, y que el resto de indultados lo fueron por tráfico de hachís. De manera que dejamos ahí esbozado el tema de que la justicia se equivoca cuando castiga y a veces también cuando perdona.
Es conocido el brocardo o máxima jurídica del
Derecho romano, "Dura lex sed lex" (la ley es dura pero es la
ley). Por tiempo que pase me sigue resultando incomprensible que este axioma
llegara a inspirar el nombre de la marca registrada de Duralex (R), un
vidrio que es muy resistente pero que -por cierto- cuando se rompe un plato en
la cocina puedes estar recogiendo pedacitos de cristal siglos enteros. El
verre trempé Duralex asume tal vez el significado metafórico de la
fuerza de la ley. Aunque a veces nos quejamos de los privilegios de los
parlamentarios, cuyas causas si no me equivoco son juzgadas por el Tribunal
Supremo y que gozan de inmunidad diplomática y de otras ventajas. Pero esta
condición de ser aforado por estar en las Cortes, que en algunos casos ya se ve
que constituye un abuso (pensamos en Silvio Berlusconi pero en nuestro país
tenemos unos cuantos ejemplos), es estrictamente necesaria para contrarrestar
otros abusos. Y es que si la condición de los parlamentarios fuera la normal de
cualquier ciudadano tendríamos un día sí otro también entorpecidas las sesiones
parlamentarias en su actividad legislativa y otras. Se les envolvería en
querellas de querulantes, en falsas acusaciones con tal de entorpecer las
votaciones en el Congreso y así impedir el normal desarrollo de las leyes.
También los querulantes fomentan la calumnia, que es la forma más degradante de
la venganza y/o del juego sucio.
Ya comenté en su momento mi desagrado ante técnicas
de acoso y linchamiento como el escrache. El escrache entraría dentro de
lo que sería tomarse la justicia por la mano e incluso -mucho peor- al
servicio de terceros, con forma superhipermegaguai de guerrilla lúdica. Y estos
días me acordaba del escrache porque repasé el caso de "La vampiresa
del carrer Ponent" (1912), hoy calle Joaquín Costa, nº 29. La vampira de la calle
Joaquín Costa,
proxeneta y asesina de niños muy pequeños, que a principios de siglo pasado
murió linchada en la cárcel y no llegó a ser juzgada. Pero hay quien sospecha
que no interesaba que fuera juzgada porque había gente de la alta burguesía que
había solicitado sus servicios, fuera para usar sus ungüentos hechos con huesos
y demás, sea porque usaban a sus niños secuestrados (de entre 3 y 14 años) como
objetos sexuales. Enriqueta Martí era un monstruo. Cabe sospechar que el
linchamiento fue hostigado por esos individuos de clase alta que veían
amenazado su monstruoso bienestar social y familiar ante la posibilidad de ser
acusados por haber disfrutado de los monstruosos servicios de Enriqueta y sus
niños. Hubiera sido mejor un juicio. Siempre es mejor un juicio y no un juicio
bufo o kangaroo.
Me estoy acordando también de "M, el asesino de Düsseldorf"
(Fritz Lang, 1931), basada en una historia real de un asesino de niñas, que es
capturado por la perfecta organización del hampa de la ciudad alemana, que por
razones que a ninguno se nos escapará cuenta con sus propios recursos de
investigación y orden. Consiguen adelantarse como es natural a los de la
policía e incluso celebran un "juicio" inmediatamente después de la
"detención" del monstruo de Düsseldorf (1:33:58). Ese
juicio, además de que creo que es el primero de la larga historia de películas
con un juicio reúne todos los temas que nos preocupan. El asesino, un Peter
Lorre en una magnífica interpretación expresionista, les recuerda a los que
le van a juzgar que ellos son unos criminales. El "abogado" del
psicópata, que parece que es un jugador aficionado a la bebida o un bebedor
aficionado al juego, defiende que no puede ser condenado un hombre que no
controla sus propios actos. Que tiene que ser confiado a la Medicina. Verdaderamente
M se excita cada vez que oye el fragmento de Peer Gynt (En la gruta del rey
de la montaña) de Edvard Grieg, o cuando se excita silba Peer Gynt, que por
cierto es la melodía que anuncia las apariciones de Gargamel y Asrael (los malos)
en "Los pitufos". Una mujerzuela, que ha perdido a algún hijo no
sabemos cómo, grita fuera de sí que le pregunten a las madres qué hay que
hacer. Y en el juicio de verdad, el juicio legal, una de las madres cuya hija
fue asesinada por M dirá la última frase de la película, que nadie les
devolverá a sus hijas.
A veces ha estado de mi mano la revancha y nunca la
he aprovechado porque nada podrá restituir lo que se ha perdido. Ni siquiera en
condiciones normales me ha producido nunca el menor placer "ganar".
Por otra parte, la venganza no proporciona placer alguno. La justicia sí, pero
no porque es un derecho sino cuando se ejerce como un deber, por desagradable
que sea. Y seguramente la mejor lección que podemos obtener todos es un poco de
nuestra "Medicina", los más malos y los menos malos.
27/7/13
El Shanghái Express
"El popular
sobrenombre fue acuñado por Ángel Rodríguez López, un ferroviario
monfortino de Ribas Altas. Según contó Ángel, se encontraba en su puesto de
trabajo en la caseta de circulación de entre vías en la estación de Vilanova de
Barcelona. A las 20.55 horas de un lunes de 1950 levantó el teléfono y anunció
a la siguiente estación la salida de Barcelona del tren 4025, "el
Shanghái", con destino a Vigo y A Coruña. Los jefes de circulación de
todas las estaciones del recorrido, que escalonadamente fueron recibiendo el
singular aviso, aceptaron de buen grado la broma del monfortino y así nació el
nombre oficioso de uno de los tren más populares.
Lo de Shanghái se debe a
que en esa época era muy famosa la película Shanghai Express,
protagonizada por la célebre Marlene Dietrich, sobre un tren que sufría en su
largo recorrido infinidad de contratiempos. Si a esto le añadimos los
habituales retrasos del tren español, el nombrecito no pudo ser más ocurrente.
Las llamadas telefónicas entre estaciones eran preceptivas en la época en que
el control de trenes se hacía por el sistema de bloqueo telefónico. Es decir,
la estación de origen anunciaba por teléfono la salida al jefe de la estación
siguiente, y éste no permitía más circulaciones en sentido contrario hasta la
llegada del convoy anunciado."
(El mítico 'Shanghái', que enlaza a
Galicia con Cataluña, se despide [enlace roto])
Ya por lo general tiene una muchas cosas en la mollera, aunque por pura costumbre sé dejar de lado las que no tienen remedio, las que no importan y las que tienen que esperar, y la operación se acaba convirtiendo no diré que en un reflejo pero casi. Ahora mismo estoy pensando, además de en el poso de café que les presentaré a continuación, en que tengo que pintar la habitación en que me encuentro. Eso me lo recuerda constantemente el hecho de que ayer la estuve preparando con cinta de papel para enmascarar marcos, interruptores y zócalos. Y eso me recuerda en parte a Raymond Dufayel, el pintor con osteogénesis imperfecta de Amélie (2001), con toda la casa protegida contra posibles fracturas. Y que un cuadro que copia, de Renoir (!) les sirve para hablar de ellos como no podrían hacerlo de otra manera. Es "Le déjeuner des canotiers" (1881) y en él una joven, que está en el centro y entre mucha gente, parece estar como ausente, pensando tal vez en algún muchacho. Que eso también nos pasa, que nuestro pensamiento y nuestras ensoñaciones se conservan libres de la mirada y los oídos ajenos. Y que a veces a través de un objeto, ya no digamos de una obra de arte, es cuando podemos o nos atrevemos a decir indirectamente algo que no puede ser expresado directamente por lo que sea.
Tal vez es por todo lo
que llevo dicho y por todo lo que que aún me queda por decir pero no sé si
llegaré a decir por lo que el test de Rorschach, el de la mancha de
tinta, siempre me resultó aceptable, sobre todo al lado del arsenal de test
psicológicos y parapsicológicos que hay en el mundo, o cuestionarios como el Proust, cuyo
único interés para mí es el de que podemos contrastar resultados de diferentes
personas. Pero admitamos que ha rodado tanto que me temo que es imposible
obtener ya respuestas espontáneas a las preguntas, a no ser demostraciones de
ingenio, de originalidad y tuiterías. Supe de la adivinación por el
poso de café en Estambul, donde el café, como es de pote, dejaba unos posos en
los que era posible ver hasta "Lo que el viento se llevó" con todo
detalle. Es un café con mucho marro y creo que los cafeománticos hacen
una maniobra con el vasito donde se sirve para que no quede todo al fondo del
recipiente. La foto que yo tomé del poso de mi café es el producto de la
típica cafetera italiana o de moka, por lo que los restos son
mínimos. El resultado es todo lo más una pequeña escena casi siempre
incomprensible. Podría ser como esas escenas pastoriles que hay en algunas
lozas antiguas, con una pareja descansando en un cercado bajo un roble, ella
con corpiño y él con zapatos de hebilla, ovejas, perros y algún matojo.
Por más que he mirado y
mirado en mi mancha no he visto más que una especie de duende que va a saltar o
un elefante-serpiente (no como la serpiente que se comió un elefante en El
principito, sino con rasgos de ambos). Los pequeños puntos de cáscara
tostada de granos de café también me han excitado bastante la imaginación, pero
sin poder concretar nada. Al querer dar una idea de como la imagen se podía
transformar con diferentes miradas, me salió algo que no es lo que
quería pero que también sirve para ilustrar la cuestión de que aún en el caso
de que consiguiéramos interpretar bien la realidad, otra cosa es
que supiéramos expresarnos.
Todo esto lo pensaba estos días, a raíz del fatal accidente ferroviario en Angrois, a cuatro quilómetros de Santiago de Compostela, la noche de la verbena. Cada cual diciendo la suya y después cada cual aprovechando, como aprovechaban Amélie Poulain y Raymond Dufayel, para proyectar sus propias ideas sobre infraestructuras y seguridad, sobre política y sobre cosas peores. Nunca falta, sobre todo en la prensa, el baile de cifras y que alguien -con su forma especial o interesada de ver las cosas- empeore lo que parecía que no podía ser empeorado. Siempre hay quien lo consigue. Aunque he evitado la increíble cobertura informativa que se ha producido, singularmente en la Primera, pudo escuchar, creo que en Antena 3, las declaraciones de Isidoro, un señor que hace las funciones de alcalde en esa pequeña parroquia. Aparte de ser el autor de uno de los vídeos que se han ofrecido hasta la saciedad, miles de veces, estuvo ayudando toda aquella larga noche a retirar los cuerpos de los vagones siniestrados, de vivos y de muertos. Cuando lo entrevistaban eran las dos de la tarde y al final de la entrevista pidió que le permitieran añadir un par de observaciones. Dijo, la primera es que ha sido un milagro que el vagón que saltó el talud y cayó sobre la plaza que normalmente está llena de niños y abuelos, no enganchara a nadie. La segunda, algo así como que aquella vía estaba requeteinaugurada por José Blanco cuando había sido ministro de Fomento. He podido encontrar una parte de su entrevista, que enlazo [enlace roto] para dejar constancia de que Isidoro habla con toda la serenidad y que no es un patán ni nadie al servicio del BNG, el PP o el PSG. Tal vez, pienso, en el momento que habló, apenas unas 13-15 horas después del descarrilamento, ya se le estaban dando la culpa a los "recortes". El BNG es como ERC, para irnos entendiendo.
Parece que cobra cuerpo que las medidas de seguridad no eran las propias de la alta velocidad, aunque hay que añadir que se trataba de una línea híbrida, y que hubo imprudencia temeraria por parte del maquinista. En Galicia el tema fácilmente vira hacia el "nunca máis", siempre a punto para rescatarnos de la contaminación marina, como de las preferentes como de cualquier cosa que se mueva, desde una salmonelosis en un picnic hasta de las chapuzas de Fomento y obras públicas por el gobierno de turno. Los accidentes más deletéreos que han habido en España en los últimos 80 años han sido la mayoría en líneas que cubren tierras gallegas. Mi madre, que llegó en el llamado Shanghái a Barcelona hace casi 60 años, después de dos días de trayecto, me dijo ayer: "Con el Shanghái llegabas machacada pero llegabas". Después el Shanghái se llamó "Estrella de Galicia". Yo fui con 3 años en el trayecto inverso (Barcelona-La Coruña) y el viaje duraba más de 24 horas. Llegabas con las orejas negras de carbonilla. Por León se pasaba de noche y en pleno agosto veías gente con abrigo y con las bocas que humeaban claramente en la oscuridad. Siempre había alguna mujer que vendía Mantecadas de Astorga y alguna vendería. Después de Lugo, el tren se quedaba prácticamente vacío. En Orense bajaban muchos. En La Coruña prácticamente quedábamos nosotros y dos o tres más. Aún nos quedaba coger un autocar de línea y llegar a trancas y barrancas al pueblo por una carretera que cubría los 80 y tantos quilómetros en cosa de 3 horas y media. Ahora hay una autovía y algún incauto se jacta de ponerse en Finisterre en tres cuartos de hora. Zumbando.
26/7/13
Post 1019: Y lo que surja
El otro día oí que una buena mujer que deseaba acogerse a los derechos de inseminación decía que ella era una familia monoparental. "Yo soy una familia monoparental". Hay tal caterva de bobos que la verdad es que empieza a ser algo agobiante y abrumador. Claro, que de acuerdo a Derecho igual sí que existe la posibilidad de ser una familia monoparental, monopaternal o monomarental o, mejor, un núcleo familiar monoparental, monopaternal o monomarental. Ya sé que esto es como oír a Susana Díaz, la única candidata en firme a la Junta de Andalucía, la región más grande de España y creo que también la más poblada. No se crean que voy a ir hacia un análisis de la frase de la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato ("La ausencia de varón no es un problema médico"), que aprovecho para comentar que usa un perfecto castellano, de gran concisión y claridad, a pesar de que se ha querido emponzoñar con una controversia cuyas consecuencias no se me alcanzan. No, más bien me voy a intentar referir a la familia, aunque mal y pronto, esto es sin haber pensado demasiado el tema y con pocas ganas de profundizar.
Pienso en primer lugar en cuando se legalizó el divorcio en Irlanda, donde se creía que el principal impedimento era de tipo religioso cuando en realidad era debido al sistema de transmisión patrimonial de las tierras. Es decir, un país de base aún bastante rural, podía ver temblar sus fundamentos si las tierras se dividían o pasaban por todos los lances que se me ocurren ante una separación de bienes con hijos por medio. También pienso en las bases del Derecho Romano, donde la institución del pater familias aseguraba situaciones tan anómalas o absurdas como que uno podía ser considerado padre incluso aunque falleciera tres años antes del nacimiento de su hijo, mientras que lo de ser madre estaba casi siempre en entredicho o, por ser más exactos, merecía otra consideración. Evidentemente, entre el derecho que rige en Irlanda y los albores de Europa hay mucho que contar. Pero tanto si sumamos como si restamos, tanto si nos remontamos al modelo hutu como si nos inspiramos en otros menos exóticos, pensamos que una familia, nuclear o extensa, es algo que existe en todas las sociedades humanas. Lo de la señora del principio también se conoce en ámbitos de la Antropología cultural como unidad doméstica matrifocal.
A lo que quiero llegar, y
les voy a evitar cualquier merodeo, es al hecho de que en una familia -sea una
unidad doméstica matrifocal al estilo de la película aquella titulada Mi
hija Hildegart (Fernando Fernán Gómez, 1977), sea una comuna, sea
polígama, monógama o lo que sea- siempre hay una relación de poder. Y algunas
veces ya sabemos que una relación de poder puede llegar a ser incompatible con
la dignidad de las personas.
En las unidades de urgencias
de los hospitales y en los juzgados de guardia ven
todo lo que da de sí la dignidad de las personas y las relaciones de poder. Y
ya no me refiero al maltrato llamado de género, físico o psíquico. Me refiero a
cosas como que a uno de los cónyuges el otro le revuelva los cajones o el disco
duro o que se meta incluso en sus cuentas en internet para fisgonear qué hay y
qué no hay. He sabido de dos casos, en matrimonios de lo más normal, que
aparentemente llevan una vida que desde fuera se considera ordenada y sin nada
fuera de lo corriente o de la media. El primer caso me lo comentó la parte
contratante femenina de un matrimonio cuyo nivel cultural podemos considerar medio-alto,
de profesores universitarios. En aquel entonces me pareció deleznable. Y mido
mis palabras. La confidencia me incomodó en su mayor medida por cuanto
era, como suele ocurrir, un desahogo. Siguen felizmente juntos. El segundo caso
lo descubrí yo, hace unos días. Por lo tanto vi invadir mi propia intimidad y,
por razones que no sé si hace falta explicar, decidí hacer mutis y alejarme. En
cualquier caso, a estas alturas ya he llegado a la conclusión de que ocurren
dentro del matrimonio cuestiones de sexo, mentiras y cintas de vídeo que no
pueden ser valoradas así como así desde fuera. Y, como decía una amiga
mía, "las mujeres tenemos dos ocasiones de hacer el ridículo, cuando nos
enamoramos y cuando somos madres". La frase sirve para los hombres también,
para las unidades domésticas monomaternales y para cualquier tipo de pareja.
Quien no haya hecho el ridículo alguna vez que tire la primera piedra.
Las relaciones
amorosas o matrimoniales son tan contradictorias como lo son otras
relaciones de poder y una nunca sabe quien "manda", como si se
tratara de monstruos bifrontes.
13/7/13
El verano
"I hate big models"
Imogen Cunningham
8/7/13
Post 1010: Los rollos

Los libros gordos
so sí, para libros gordos
los de la señera Enciclopedia Espasa. Pero tenía su qué, o lo tiene
aún, tener en las manos un mamotreto cuya tangibilidad nos da exacta proporción
de su alcance. Con la virtualización de los contenidos, para advertir su
alcance, tenemos que hacer otras pruebas. Aparte de que hay mucho refrito de
"difusión cultural"
que no indica las fuentes (se las apropia directamente) y no anda muy
interesado en asentar si una frase se la debemos a Freud o a Shakespeare, ya
que cualquiera sirve.
Desde el sábado la Real
Academia Española cuenta con una página en Facebook. La de
Twitter lleva ya tiempo. Casi simultáneamente, su director, José Manuel Blecua,
advierte de que la vigésimo tercera edición del Diccionario tendrá 60.000
modificaciones respecto a la edición previa, sea por la eliminación de entradas
obsoletas como por la incorporación de americanismos, tecnicismos o la
renovación de descripciones. Esos cambios representan -en un cuerpo de 90.000
entradas- dos terceras partes de su contenido.
Continuamente sin embargo
se tiene una que acordar del DRAE porque tiene una legión de adoradores que lo
usan como si se tratara del Código Civil o el de la circulación, cuando la
lengua -aparte de que es más cosas que un léxico representado convencionalmente
en orden alfabético- no necesita ese tipo de gendarmes. Me ocurre con los
aficionados a la lexicografía exactamente lo mismo que le ocurría a Marguerite
Yourcenar con los aficionados a la heráldica (¿o era a la
genealogía?), ocupaciones todas ellas para gente con una curiosidad muy
limitada y que se ha decidido por algún campo que no exija otra cosa que
tiempo. Al lado de los adoradores del DRAE y otros productos lexicográficos se
ha amparado una legión no por menor menos perniciosa de prescriptivistas y
neologistas, que consensuadamente deciden qué palabra es correcta y cual no.
Son los intervencionistas lingüísticos. Aquí nos referimos hace poco a
los obtentores de palabras y
en concreto a la voz "sinologia" que en catalán, en oposición
al resto de las lenguas comunes se ha adoptado -en vez de senologia- para
referirse al estudio de las mamas, aunque sinologia era un
término que se avenía mejor al panorama internacional y tradicional y designaba
el estudio de la cultura china.
Los aficionados a la heráldica, la genealogía y la lexicografía en un momento dado, cuando menos se les espera, deciden abrir más nuestros ojos y nos señalan por ejemplo que la palabra "evidencia" no es equivalente a la del mundo anglófono, donde se adoptó para designar una especie de escuela médica que basa sus hallazgos en datos contrastadísimos. Los aficionados a la Filología proponen entonces la expresión "medicina basada en pruebas", y eso a pesar de que "prueba" en español es tan polisémico que lo mismo significa evidencia que intento. Los aspavientos que hace un maníaco del diccionario ante lo que consideran un error vienen a substituir los gestos de escándalo y bochorno de otras épocas ante costumbres indecorosas. Consideren que la mayor parte de las veces es gente que no puede aportar mucho más allá de lo que pone el diccionario.
Los aficionados a la verbografía corrieron a condenar la voz "escrache", cuando lo que tenían que haber visto es que la palabra no tenía equivalente en el español europeo oficial contemporáneo porque tampoco lo tenía la práctica en sí, que vino o la trajeron de donde les diré. De hecho lo que tenían que haber apreciado es que los escraches se habían venido desde la Argentina. Yo me traje la palabra en agosto de 2009 al blog pero porque me la había sugerido Liliana Costa Staksrud por aquel entonces. Sin embargo me libraré mucho de adoptar una palabra como "ingresar", que los argentinos usan para referirse a la acción de introducir datos en un formulario. O "menúes", palabra que advertí hace poco en una guía traducida del inglés.
Yo diría que consulto más
en su formato en papel el María Moliner que el diccionario de la RAE, pero lo
que sí creo que tengo que hacer de tanto en vez es leer algún libro de
Cervantes o Quevedo o Cela para no perder de vista, como si fueran diapasones,
el ritmo cierto de mi lengua, el régimen de los verbos y el uso correcto de las
preposiciones.
Debo admitir que me
divierte terrriblemente imaginar el desconcierto de aquellos de quienes les
dije que siempre están empuñando el DRAE, cuando vean que dos de cada tres
palabras ya no son lo que eran. Se tendrán que buscar otro entretenimiento.

4/7/13
Las mil caras
uscaba una cita de Ramon Llull sobre la gran variedad de rostros que tenemos los humanos pero no soy capaz de encontrarla, aunque tengo la seguridad de que está en el Llibre de meravelles ya que empezaba "Jo em meravell..." En cualquier caso la recuerdo y sé que el filósofo había reparado en ello con una especial intensidad.
















