"Concebido en principio como orfanato minero y transformado en el tiempo de su construcción en Universidad Laboral, el edificio de Luis Moya fue pensado como una gran ciudad ideal autárquica y cerrada sobre sí misma, que disponía incluso de una granja de 100 hectáreas y estaba preparada para formar a generaciones de hijos de obreros como profesionales altamente cualificados.
Construida según los ideales de la arquitectura clasicista, el centro de esta ciudad ideal sería la gran plaza central, alrededor de la cual se disponen la magnífica Iglesia, la Torre, el Teatro y los edificios de dirección. En torno a ese auténtico corazón monumental de la ciudad, se despliegan el resto de dependencias, entre las que destacan las naves diáfanas construidas para talleres de formación profesional.
El conjunto de edificios comenzó a construirse en 1948 y las obras continuaron durante años hasta ser bruscamente detenidas en 1957, a raíz del cese fulminante del Ministro de Trabajo José Antonio Girón, principal impulsor de las universidades laborales españolas" [*]
Aunque nos pudimos acercar a La Laboral, que en la actualidad alberga varias instituciones, incluida la Televisión de Asturias, tuvimos que dejar la visita para otra ocasión y centrarnos en el jardín. Pero aconsejaría a quien hiciera la misma vuelta que yo que considerara la posibilidad de acercarse también este enorme conjunto, que ofrece visitas guiadas. Varias líneas de autobús de Gijón nos dejan en la carretera de llega al Hospital de Cabueñes en apenas 20 minutos y la parada queda delante del Jardín y muy cerca de La Laboral. Pienso que las universidades laborales se volverán a inventar, aunque sea bajo otra ideología o pretensiones aparentes.
Podría referirme a muchas de las cosas que nos agradaron de la visita, pero me voy a detener en la abundancia de agua y en el cuidado de tener árboles muertos o "maderas muertas". Tal vez a quien tenga una noción muy aseada (¿?) de la naturaleza y de los jardines, tener ahí un pedazo de tronco lleno de insectos, yerbas, hongos, líquenes y musgo es un despropósito, pero precisamente esos ejemplares aseguran labiodiversidadnatural. Un bosque sin musgo y sin renacuajos no es un bosque. En el Jardín Botánico Atlántico han cuidado estos elementos, que a lo mejor en los jardines japoneses alcanzan un sentido más ornamental, y que a los aficionados pueden "molestar", pero que tienen una gran razón de ser y nos recuerdan (Memento mori) el ciclo natural. El empeño de algunos jardineros de tener un jardín como nuevo y demasiado limpio puede pensarse que es una tendencia o un estilo,pero no debe considerarse el jardín verdadero.
Hubo algún momento indeterminado, más bien asociado a la impresión, en que me parecía estar en las Fragas del Eume, de una gran riqueza vegetal casi intacta. De hecho, el nombre de "Atlántico" señala el objetivo de reunir especies propias de esa parte del mundo y nos habla de la labor de preservación del Jardín. Vi algunas personas, creo que voluntarias, tal vez de alguna de esas asociaciones que se vinculana los jardines botánicos,que trabajabanen unhuertoque hay cerca de la entrada,y su actividad me hubiera parecido envidiable de no ser que sé que con mi lumbalgia crónica no puedo hacer más que alguna fotografía y eso no sin esfuerzo.
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