e parece que desde que tuvimos la exposición en Barcelona sobre la obra
de Charlotte Salomon no
había disfrutado tanto de otra exposición como ayer con la de William Kentridge en el CCCB (Centre de
Cultura Contemporània de Barcelona). La muestra incluye algunas de las obras más
emblemáticas de Kentridge: tapices de gran formato, la instalación audiovisual More Sweetly Play the Dance y la serie
completa de los once cortometrajes de animación Drawings for Projection. William Kentridge retrata Johannesburgo y
la historia de Sudáfrica y el apartheid,
pero, sobre todo, los temas son desnudamente cuestiones universales: la
naturaleza de las relaciones humanas, la memoria, la dominación y la culpa, y
la disección del poder. Los médicos explorando el magnate Soho Eckstein,
cualquier imagen de este ser descomunal, son carboncillos, pero carboncillos de
gran tamaño que Kentridge borra y reutiliza para crear sus películas, en las
que el movimiento se desarrolla no con la animación típica sino por la sucesión
de imágenes fijas. El dibujo de hoy muestra la radicalidad de los trazos, y el color dominante, casi negro. El azul (aplicado con pastel) es el otro color que
aparece en las obras, pero siempre representa el agua y el agua siempre parece
representar los sentimientos y los sentimientos que se desbordan, que nada
puede contener. Es un elemento que de repente inunda las escenas a partir de un
rastro de saliva o de poco menos. El agua, que ya desde la literatura medieval,
es toda una metáfora de las emociones, en William Kentridge cobra toda su
fuerza.
Dibujo para Stereoscope (1998-1999), William Kentridge
La asociación en Kentridge de varias técnicas no es una alarde de tecnología o modernío, no se desperdician recursos por redundar sobre lo que tan claramente esboza un trazo. Y el carboncillo es muy expresivo y dúctil al mismo tiempo, universal. El expresivismo es tan duro o más que en Goya. En el dibujo de hoy coexisten el carbón y el pastel. Kentridge se mueve también en la ambivalencia cuando reúne su identidad con la del magnate Soho Eckstein hasta el punto de que a veces es difícil distinguirlos.
El
segregacionismo, el afán de dominación y el deseo son las tres ideas que
fundamentan el tema de la obra de Kentridge y aunque está motivado por la
realidad que conoció o conoce, se podrían considerar atemporales. Pero arranca
de su vivencia directa y esto me lo hace muy estimado, por la tendencia que hay
a veces no solo al arte-adorno sino también al arte de peana y al arte de
repetir modelos o motivos muy trillados.
Me
atrae mucho el dibujo con grafito o carboncillo, aunque en general todos nos
sintamos tan predispuestos hacia el color y sobre todo a los los colores vivos.
Y aunque las líneas delicadas son muy bonitas muchas veces siento la necesidad
de aplicar la fuerza, el borrón y un detalle brusco. Ahí estoy.
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