16/7/17

Casos abiertos: la estampa de Aegidius Sadeler

 




o sé si voy a hablar de lo que no sé o de lo que sé o de las dos cosas. La exposición "Imatges per creure: Catòlics i protestants a Europa i Barcelona, segles XVI-XVIII" muestra una colección de grabados y algún impreso que rara vez podemos disfrutar públicamente. El comisariado es del Museo de Historia de Barcelona. No conocía el grabado de Aegidius Sadeler, que lleva un rótulo donde se indica que se reprodujo por la técnica de "Burí sobre paper verjurat encolat" (página 62), es decir que es una calcografía con buril o talla dulce en papel verjurado. 
 Es la imagen que reproduzco en segundo lugar y que han titulado "Descendimiento de la cruz" (Davallament de la creu) aunque en realidad se trata del Entierro de Cristo, ya que el Descendimiento de la Cruz ya lo grabó Sadeler y es una imagen canónica típica con otros motivos. Pero mi post no se refiere al concepto (descendimiento o entierro). Mi post es sobre mi observación de que la imagen que vi ayer en la estampa de la exposición estaba girada 90º horizontalmente con respecto a la que hoy encuentro en la Biblioteca Digital Hispánica (BNE). En la BNE Cristo tiene su cabeza mirando a la izquierda y en la Col•lecció Gelonch Viladegut Cristo tiene su cabeza mirando a la derecha. 
La obra en que se basó Aegidius Sadeler es el Entierro de Fiori Barocci, que se encuentra en el Victoria and Albert Museum. Lástima que en la colección mostrada en la web han puesto por error que es de principios del siglo XVIII cuando el autor es del siglo XVI.
No comprendo porqué hay esta diferencia entre las dos estampas si el procedimiento calcográfico es el mismo y proviene de la misma "plancha". Es algo que he advertido porque sin querer he cultivado una memoria fotográfica considerable. Hace unos años hice digitalizar una fotografía antigua de mi abuelo paterno y enseguida noté que le habían cortado los pies. Se ve que el formato de impresión no coincidía con el de la imagen. Desconozco porqué no la redujeron. La rechacé. Y años antes me habían pasado a papel fotográfico una diapositiva y me la hicieron al revés, como si se hubiera tratado de un negativo. Además me dijeron que eso no tenía importancia. ¿Cómo no va a tener importancia que tú tienes un recuerdo de un farallón donde el mar está a la izquierda que te lo pasen a la derecha? Después de ese par de experiencias poco más volví a hacer "positivar". Este caso no puede ser de algo parecido al "positivado". Como la imagen está cortada por el pie, dato nada desdeñable e incluso sospechoso, tal vez ese factor indicará más a quien de esto sabe.
Las chapucillas que podemos asimilar a la rapidez con que se hacen las cosas con las nuevas tecnologías no explican el caso que propongo. No le encuentro ninguna explicación, pero voy a buscarla. De momento guardo el tema en mi carpeta de casos abiertos.
Recomiendo vivamente ver las piezas expuestas por ver las obras tan cuidadosas que hicieron los grabadores, que manejaron con primor sus herramientas, en este caso contra la Reforma.

El entierro de Cristo por Aegidius Sadeler, 1595-1597
Biblioteca Digital Hispánica (Biblioteca Nacional de España)

El entierro de Cristo por Aegidius Sadeler, 1595-1597
Col·lecció Gelonch Viladegut

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15/7/17

El desprecio, el orgullo, los prejuicios



acaciones en Roma (William Wyler, 1953) se proyectó el jueves en la Filmoteca en la programación de "Fotógrafos de prensa". No me voy a referir a la película, de la que tanto se ha hablado y escrito, más que para volver a la escena en que Audrey Hepburn como princesa Ann recibe a la prensa en su visita a Roma. En la primera fila están Gregory Peck y el paparazzi que les había hecho fotos durante el día que pasan en Roma, tan envidiable. La altura de ellos dos destaca más por cuanto están entre dos hombres bajitos. Son Julián Cortés Cavanillas y Julio Moriones. Representa que la princesa se digna saludar a los representantes de prensa acreditados para cubrir su visita a la ciudad eterna. La escena se desarrolló con periodistas reales. Julián Cortés Cavanillas se presenta con su nombre y el de ABC y es quien aparece en el centro de la imagen de hoy. Además de ser un periodista "real" era monárquico. A continuación de Gregory Peck (Joe Bradley, de American News Services) se presenta "Julio Moriones, La Vanguardia de Barcelona". Julio Moriones era pamplonés y fue corresponsal del diario barcelonés hasta 1977, en Roma. Julián Cortés Cavanillas fue enviado el 1945 y salvo algunos periodos cubriendo otras regiones, estuvo en Roma hasta 1971. 
Ofrezco las dos imágenes para que se aprecie que al ver la película el primero que vemos es a Cortés Cavanillas y conforme avanza la escena es cuando vemos a Moriones. Cuando vi la película este jueves está claro que gran parte del público no había visto previamente la película o desconocían esta escena. Y esto lo he de suponer porque cuando se presenta Cortés Cavanillas se produjo una reacción chusca por una gran parte de la sala, entre la sorpresa y el desprecio. Incluso oí que alguien decía en voz alta "¡Vaya taco!" (porque Cortés era de poca estatura). Cuando a continuación de Gregory Peck aparece en escena Moriones y se presenta, la reacción de las butacas volvió a producir risas de sorpresa pero no tanto de desprecio, como si el orgullo que no había aparecido con el corresponsal de Madrid se hubiera reservado para el de Barcelona. El pitorreo con el corresponsal del ABC fue como una especie de linchamiento no sé si al personaje, a su aspecto, a su condición de madrileño o a su filiación al ABC, o de todo un poco. También podría haberse debido a ser español, como si no se esperase -incluso en una película- que apareciera "representado" nuestro país, como si siempre nos tuviéramos por poco o por casi nada. Y la reacción del público convertido en chusma cuando la cámara llega a Moriones sigue siendo de sorpresa porque, de acuerdo con nuestros complejos de siempre, no se esperaba que apareciera un representante de Barcelona.
Curiosamente el sentimiento español o de pertenencia a España es siempre una paradoja y algo irreductible a la razón, aunque se puede explicar, cosa que ya es algo en lo que depositar la esperanza. Por una parte nuestra condición, se acepte o no (que ese es otro tema) suele estar rodeada de fastidio, regodeo en la zafiedad y rechifla generalizada. En unos casos hay como una especie de humor negro o marrón de la inferioridad, en otros lo que hay es hostilidad a la mera idea de que España pueda ser una nación o de que lo sea. Ese fastidio o tirria a veces tiene que ver con un sentimiento antiespañolista proclive a otros nacionalismos, otras veces es simplemente antiespañol. No sé si reacciones como las que viví el jueves se producen en otros países como Reino Unido o Francia o Rusia. Debo pensar que también en esas naciones habrá quien se oponga a lo tópico y lo típico de sus costumbres y sus ritos.
Los que somos hijos de emigrantes podemos asimilarnos al lugar donde fuimos acogidos y olvidar nuestras raíces, o podemos mantener un pie aquí y otro allí. Cuando se constituyó el estado de Israel parece que los judíos de diversas procedencias (azquenacíes, serfadíes, etc.) no tuvieron gran problema de mezclarse. En los primeros años. Luego aparecieron las discordias o peculiaridades o características. Los emigrantes propiamente dichos tampoco es que puedan volver a su lugar de origen como si por ellos no hubiera pasado nada. No sirven ni para ser lo que se supone que son los de su pueblo ni para ser los que se supone que son los del lugar donde se fueron a ganarse la vida. No se pueden llevar las raíces al aire como tampoco podemos enterrar las ramas. O algo así.
Observo con preocupación como en las salidas de los colegios para visitar, qué sé yo, una fábrica (alguna habrá) o un museo, en los grupos se advierte un gran número de niños de procedencia "extracomunitaria" (sudamericanos, paquistaníes, etcétera). Me refiero a los colegios públicos sobre todo. Doy fe de que hay muchos padres que dicen que no quieren llevar a sus niños a los colegios públicos porque hay demasiados emigrantes. Lo que no sé es si están dispuestos a admitirlo públicamente, valga la redundancia. No lo sé. Lo que sí sé es que podría pasar que dentro de unos años esos niños ya adultos incuben alguna especie de rencor, algo de lo que no están exentos -al parecer- algunos yihadistas que han actuado en actos terroristas en Europa. Todo, el nacionalismo pequeño, el nacionalismo grande, el desprecio, el orgullo, los pejuicios, tienen que ver con un sentimiento de inferioridad.

*

La défilé de ayer en París a ritmo de Daft Punk, con motivo de los festejos del 14 de julio y ante Donald Trump, es algo sorprendente porque lejos de optar por la pompa que por ejemplo rigió en el protocolo con que esta misma semana se recibió a nuestro Rey en Londres, ha sido una especie de pirueta diplomática muy audaz. En vez de desplegar el boato tradicional y secular, Macron mostró una clara propuesta festiva que en las redes han calificado por unanimidad como sorprendente. La sonrisa de Macron frente al rictus a que nos tiene acostumbrados el presidente de EEUU (entre hosco y despectivo), muestra ante todo seguridad, convicción. Es toda una declaración de intenciones.

Julian Cortés Cavanillas en Roman Holiday


Julio Moriones en Roman Holiday


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12/7/17

Hablar de lo que no sé

"Cuando trabajas en un hospital aprendes que en el mundo solamente hay dos clases de personas: las enfermas y las sanas.
Si uno se encuentra en el segundo grupo, tiene que dejar
de lamentarse y ayudar a los demás. Veinticinco años después, sigo pensando que es una buena forma de contemplar el mundo.

Hope Jahrens, La memoria secreta de las hojas








i en vez de hablar de lo que sabemos hablásemos de lo que no sabemos, tendríamos más repertorio. No voy a referirme a la impostura o a los impostores, y eso que ahí teníamos mucho tema. Durante nuestra formación nos empalaga la mayéutica y el arte de pretender que nos hagamos preguntas de las que tenemos la respuesta aunque no la sepamos. Muchas veces he pensado que era una triquiñuela de los profesores para hacer trabajar a los alumnos, cuando el método lo que provoca es que la comprensión de la materia sea más empírica y nada pasiva, más efectiva. Por lo tanto, cuando se nos pregunta pasa un poco como cuando alguien en la calle nos pide por una seña, porque ponemos en acción una parte de nuestra mente para situarnos y dar indicaciones precisas al mismo tiempo que nos orientamos más. 
Hablar de lo que no sabemos nos sitúa contra nuestras limitaciones y es al admitirlas cuando se abren al potencial. No sé qué pensaré dentro de veinticinco años pero lo que ahora pienso es que todos estamos enfermos y sanos (de la misma manera que todos sabemos e ignoramos). Forma parte de nuestra naturaleza, como se dice en el chiste, tener algún trastorno o debilidad. Lo malo viene cuando el desequilibrio es tan grande que hay que buscar ayuda o nos jugamos la vida. Además -siento disentir con Hope Jahrens y su interesantísimo libro- creo que es un error pensar que los sanos deben ayudar a los enfermos. Por estar enfermos no debemos dejar de ayudar a los sanos y a los otros enfermos o a otros enfermos como nosotros. De hecho, la existencia de asociaciones de pacientes con diversas dolencias o con discapacidades están en la primera línea de quienes pueden brindar una valiosa ayuda a otros enfermos.
En la presentación que comentaba ayer, Mariano Aguirre señalaba cómo la sociedad estadounidense está como dividida no ya por la polarización (que también) sino que la lucha proviene de minorías que no son divergentes pero que están segregadas. Hay una sectorización que hace que el feminismo, el grupo LGTB, los afroamericanos y los latinos, diverjan porque no se unen e incluso hablan otro "lenguaje". Y eso hasta el infinito, porque parece como una especie de mitosis pero de identidades. Por eso nos pretendemos segregar por edades y por sexos y por cualquier cosa que se les ocurra. Terribilísimo. Eso por no hablar del sectarismo y de lo que no sé.

Laurits Tuxen, Zomerdag op het strand van Skagen
(Día de verano en la playa de Skagen), 1907

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11/7/17

Hablar de lo que sé


yer en la presentación del libro Salto al vacío: crisis y declive de Estados Unidos en la librería Alibri, se encontraban además de su autor, Mariano Aguirre, otros dos periodistas, Rosa María Calaf y Rafael Vilasanjuan. Mariano Aguirre hasta hace poco había sido consejero del Consejo Noruego para la Resolución de Conflictos (NOREF), según creo, pero aún figura como tal en el sitio de este organismo en internet. Uno de los papeles a mi entender más eminentes de Vilasanjuan fue de director de Comunicación en Médicos Sin Fronteras. Rosa Calaf obtuvo su reconocida fama como corresponsal no solo en Estados Unidos para RTVE, sino en otros países. Viajera experimentada y curtida en todo tipo de conflictos, se distingue por su elegante discreción. Por eso fue sorprendente hace unos años que se decidiera a hablar del intento de violación por parte de un coronel de Dragomir Milosevic durante la guerra en la ex-Yugoslavia. Naturalmente todos nos pudimos dar cuenta de que la revelación era no tanto el relato personal de una mujer traumatizada o una crónica de sus batallas como la denuncia de una amenaza siempre latente en muchas profesiones de riesgo.
Poco después de jubilarse también habría que añadir que puso a caer de un burro a Sara Carbonero pero no se trataba de un ataque personal sino de su desagrado ante el tipo de periodismo que está ganando el terreno en los medios, alineado y alienado, sectarista, de barbies, etc., en un panorama en el que nos creemos informados cuando solo se nos tiene entretenidos. A pesar de su finezza, advertía sin ambages: "Si no digo ahora lo que pienso,¿cuándo lo voy a decir?". Sus intervenciones en la mesa redonda sobre "El Periodismo del futuro", creo que hace 3 años, fueron notabilísimas. Creo recordar que el evento se emitió en streaming y pude tuitear y retuitear alguna de las afirmaciones que hizo Rosa Calaf, aunque sin éxito. Curiosamente he visto en Twitter prosperar periodistas que apenas podrían cubrir una reunión de una comunidad de propietarios o la cola para hacer el DNI. Pero ya se sabe que más vale caer en gracia que ser gracioso.
Claro está que sale más barato a la prensa, a la radio y a la TV montar tertulias con periodistas y pseudoperiodistas que hablan de lo que no saben pero que se pelean por su turno de palabra como si en lo que fueran a decir se nos fuera a todos la vida. Y sin embargo en la presentación de ayer en Alibri Rosa Calaf señaló lo mucho que le gustan estos actos en que todavía funciona la comunicación directa cara a cara en una reunión, añadió, sin pantallas. Sin pantallas de redes sociales, se entiende. Sin la sección de comentarios de prensa digital. Y yo añadiría: con expertos. O al menos con gente que sabe un poco de lo que habla. 
Creía que la intervención de Rosa María Calaf sería mayor, pero no. Ella misma cuando Vilasanjuan la introdujo advirtió que su participación era para acompañar el acto. Y aunque intervino dos o tres veces fue para poner de relieve el libro o para confirmar algo de lo que allí se decía. De manera que por increíble que parezca su discreción fue más resaltada de lo que hubiera sido su intervención. Algo de lo que todos tenemos mucho que aprender.
Mariano Aguirre apuntó algunos elementos de Salto al vacío después de explicarnos que él había predicho ─no en el sentido adivinatorio sino en el sentido literal de pre-decir─ que Trump saldría ganador en las elecciones a la presidencia de los EEUU. Y esta predicción estaba fundamentada en observaciones de años de cómo había ido degenerando o decayendo la política estadounidense. Aquí podría haber hablado muchísimo la periodista que le escuchaba a su derecha, Rosa Calaf, pero no era ese su papel, aunque muchas veces el periodista argentino le ofreció el micrófono.
El último artículo de "El País" de Aguirre fue hace casi un año sobre la disolución de las FARC, pero no es un colaborador habitual ni mucho menos. Encontramos una entrevista reciente en BBC MUNDO, que tiene un gran interés y nos puede dar una idea de los temas que estudia o investiga, sobre lo que reflexiona en cualquier caso. También de él podríamos aprender lo que va de la frase "Sé de lo que hablo" a la frase "Hablo de lo que sé". Vale la pena leer la entrevista porque al menos podemos llegar a la conclusión de que afortunadamente de Trump no dependen demasiadas cosas. Pero desafortunadamente, me temo, lo que no depende de él está en peores manos.

Playmobil - Western


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La luz de un año

Com a claps de poesia, entre les planures d’Espanya se troben els jardins que he anat espigolant, abans no acabin de borrar-se 
Santiago Rusiñol, Jardins d'Espanya








os jardines de España que conoció Santiago Rusiñol siguen ahí. A veces, en todo caso, lamentamos el abandono de algunos proyectos que empezaron bien pero que pronto padecieron alguno de los bandazos presupuestarios consistoriales. Vista la exposición en el Museu de Modernisme de Barcelona de muchas de las pinturas que constituyeron el álbum Jardins d'Espanya, se aprecia una sensibilidad por estos espacios llena de consideración y reflexión. Para los que fuimos a verla nos era fácil distinguir a distancia cuando se trataba de Mallorca, Arbúcies o Aranjuez, porque las variaciones de la luz nos lo declaraban sin necesidad de acudir a los rótulos. También pudimos ver cuadros en que la misma escena aparecía mostrada en la tarde o bien a otra hora del día. 
Aunque los jardines siempre tienen su interés, tanto a lo largo del año como a lo largo del día, sabemos qué encontraremos en cada circunstancia. Posiblemente lo único que yo evito son las horas centrales del día, pero ni siquiera eso es absoluto, porque el esplendor que puede lucir por ejemplo Marimurtra en Blanes al lado del mar en un mediodía de verano es digno de ser disfrutado. Pero cuando voy a los jardines del palacete Albéniz en Montjuïc, prefiero ir a primera hora de la mañana. Aunque el palacete en sí no se puede visitar más que en alguna fecha de puertas abiertas, los jardines tienen un cierto encanto pero solo abren hasta las tres de la tarde. La parte de la solana tiene buenos árboles y son al gusto francés, basados en la simetría, con castaños, aunque con una entrada asimétrica con grandes ejemplares. La parte de la umbría, detrás del palacete, tiene una vista sobre el puerto y algunos ejemplares de camelios. Hasta donde yo sé no hay otros camelios en ningún jardín o parque público de Barcelona, así que vale la pena subir a verlos cuando florecen, que acostumbra a ser a mediados de mayo poco más o menos.
Pero, en general, el mediodía no es la mejor parte del dia ni el verano la mejor parte del año para visitar un jardín. A parte de por cuestiones de luz, que es más matizada cuando sube y baja el sol, por la mañana y por la tarde es cuando es más posible notar el aroma de las plantas y las flores. Visitar un parque a pleno sol nos impedirá muchos disfrutes. Idealmente habría que pasar todo un día para ver los cambios y apreciar cómo la sombra aporta además de frescura y un alivio al calor, matices que hacen que se perfilen mejor las formas de los vegetales y de otros elementos, como las piedras. 
Dijo da Caravaggio (no sé porqué decimos "da Vinci" y sin embargo decimos "el Caravaggio") que era más fácil el retrato humano que pintar flores. Y aunque yo no lo sé sí puedo decir que pintar flores es difícil, más difícil de lo que parece. Captar su naturaleza vegetal para que un lirio no parezca un guante desinflado o un árbol no parezca la piel de un oso, marca la diferencia. Porque el detalle, con paciencia o talento, no es que sea tan difícil de plasmar. Se puede llegar a conseguir. Lo difícil creo que es eso, captar lo que les es propio a los vegetales y que incluso para la mayor parte de ellos pasa tan rápidamente si su vida es corta. 
Últimamente me dio por dibujar piedras porque un poco ahí ya juega la luz, solo que al tratarse de un cuerpo irregular no es como representar las sombras y los claros de un cubo. Tratándose de algo inerte tiene sin embargo cierto interés, sea al lado del mar o cuando algún diente de león consigue hacerse un hueco o incluso pelado bajo el sol o la luna. Aunque se diría que estoy lejos de esas ramas que aparecen en el claustro de Rusiñol, que parecen estar entre flotando y volando en la luz, quien sabe si no tendrán las piedras también alguna de esas cualidades.
Santiago Rusiñol, Claustro de San Benito (1907)

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6/7/17

Miedo a lo conocido

Ropita tendía:
adiós me dicen
las mangas de las camisas.

Isabel Escudero


"Intenté regular los apartamentos turísticos y me amenazaron de muerte"

Itziar González Virós

El ciclo Sex & Sun de la Filmoteca ayer proyectó Les vacances de M. Hulot (Jacques Tati, 1953). Lo de "Sex & Sun" es por el ya indiscutible exceso de turismo en Barcelona. La sesión la abrió Fèlix Pèrez-Hita, que nos contó que al acercarse al Raval desde las Ramblas, para presentar la película, se cruzó con un incidente entre un carterista y un turista. Por lo poco que nos quiso detallar supimos que venía trastornado porque el turista había tenido una reacción muy violenta y ya me imagino el jaleo que se organizó en un momento: el tumulto, el calor, la sangría. La sangría no en el sentido hematológico, claro.
He pasado grandes temporadas de mi vida en las que no había día que no pasara por las Ramblas y siempre me resultaban diferentes. Cada hora tenía su qué, cada día era distinto e irrepetible y siempre el espectáculo estaba asegurado. Últimamente casi nunca voy, más bien la cruzo ─como hizo Pèrez-Hita ayer─ para pasar del Raval a la parte llamada Gótico y viceversa, y eso poco, evitándolas siempre que puedo. 
Podría referirme a una "primera época" de las Ramblas, la de la Barcelona que aún no le había sacado partido ni al Ensanche ni a los edificios Modernistas o La Roca Village. En los años sesenta los turistas iban al monumento a Colón, a la Catedral y al Pueblo Español, pasando por las Fuentes Luminosas y haciendo una escapada al Tibidabo. A mí me habían llevado a las Ramblas cuando hacía escala un barco americano de aquellos de los que desembarcaban de repente 2000 marineros. Yo creo, sin temor a equivocarme, que los marineros se pensaban que el Barrio Chino era Barcelona, que es como pensar que Sankt Pauli es Hamburgo. Los marineros iban en grupos pequeños y llevaban la gorra de marinero raso y su traje de trabajo blanco de tela gruesa, con las perneras ligeramente más anchas que las de los pantalones normales. Como en aquella época no se veían emigrantes ni nada que se les pareciera, les estoy recordando lo más exótico de que soy consciente. Se les veía muy diferentes a nuestros hombres la verdad.
Sabe Dios cómo la fascinación por los marinos se fue ramificando hasta descender a los trajes de comunión con el cuello de peto de la marina holandesa en raso color perla. Hacia 1970 se vio incluso algún niño comulgando de almirante, con chorreras doradas, medallas y sombrero de plato. Sin embargo nunca vi un niño comulgando como general prusiano, aunque sí que se vieron niñas que bien podían pasar por pequeñas Sissís de Baviera en su Primera Comunión. La moda Navy (camisetas de rayas azul-blanco) creo que ha llegado a su apoteosis con Givenchy y ya no digamos con el macho de Jean-Paul Gaultier, un macho que lo mismo sirve en las campañas publicitarias para fascinar a algunas mujeres que a algunos hombres.
Como vivo cerca de la Casa de los Navarros hoy me crucé con uno, sesentón él, que llevaba su ropa blanca y el pañuelo rojo al cuello mostrando el escudo de Navarra. Aunque este año no he estado para oírlo sé que a eso de las doce hubo chupinazo para abrir también en Barcelona las fiestas de San Fermín. Me figuro, no lo sé, que cada vez habrá menos navarros que celebren aquí la fiesta de este santo patrón. Lo que a mí me ha llevado a incorporar aquí la anécdota es al hilo del traje blanco, lo diferentes que resultan el rollo fechitista navy y el irundarra (antes "pamplonica").
Mi "segunda época" de las Ramblas está relacionada con mis años preuniversitarios, cuando eran tan vistosas. Entonces era fácil ver por el tramo de Santa Mónica puteros con periódicos enrollados en su puño, que supongo que hacían servir para disimular alguna erección inoportuna. Un poco más arriba, por la zona donde hubo el Drugstore era fácil ver los travestis y transexuales, que entonces eran todos conocidos como "travestis". Yo no sé si es casualidad pero siempre que las veía se estaban peleando hasta llegar a las uñas y lo más razonable era alejarse. Era más lo que salía por aquellas bocas, ahora que lo pienso, que no las trompadas que se daban.
En aquella misma época era muy habitual cruzarse con Ocaña. Más arriba, por encima de la Rambla de las flores y de los pájaros, tocando Canaletas, había unas sillas que se alquilaban, cerca de donde se reúnen los culés espontáneamente. Ya en época de Maragall, o tal vez antes, con Narcís Serra de alcalde, se pusieron unas sillas que se podían usar libremente y durante mucho tiempo la gente no las usaba porque creían que seguían siendo de pago. A esas alturas también eran corrientes los limpiabotas, cuya perímetro de influencia llegaba hasta el bar Zurich o la Avenida de la Luz (hoy Sephora) y salpicaban las Ramblas hasta Colón.
Mi "tercera época" (ya parezco la revista Ajoblanco) fue cuando estudiaba en la calle Hospital y se puede decir que pasaba allí el día y por lo tanto pude apreciar con algo de método los cambios que se producían a lo largo de la jornada, porque alguna regularidad cierta sí que había. Esa época se cerró la noche de San Silvestre de no recuerdo qué año, en que al pasar por Canaletes descubrimos con horror y preocupación que unos italianos se estaban lanzando botellas de cava vacías. Sinceramente, me pareció pero que muy peligroso porque un golpe con el culo de una botella de esas te puede partir el cráneo o cuando menos dejarte mal parado. Y sinceramente también creo que aquellos muchachos ya tenían mal la cabeza. En la época en que la arquitecta Itziar González fue concejala/regidora del distrito de Ciutat Vella yo ya hacía tiempo que había abandonado mis paseos por las Ramblas.

En la película de Tati (Tatischeff) se nos muestra cómo los veraneantes tienen algunos una escasa predisposición para divertirse. Aunque hay muchos caracteres y la escenificación es rica en detalles, como se apoyan en rutinas es fácil darse cuenta de cómo la costumbre los preserva del miedo a lo desconocido y del aburrimiento. Alguna vez he pasado algunos días en un hostal que podemos equiparar al de Saint Nazaire por su carácter "familiar" y los manteles de cuadritos. También he pasado días en balnearios como el Prats, que se presta a tener una clientela muy fiel que también tiene unos hábitos que es fácil distinguir. Una vez en que disfruté de un viaje organizado con un guía experto, él mismo propuso que siempre nos sentáramos en el autocar que nos hacía los traslados en los mismos asientos. Como lo dijo con mano derecha y con mano izquierda se le obedeció, cuando lo que yo me temí es que se le objetaran razones que cualquiera puede pensar: que hay gente que no le parece mal sentarse una vez al fondo, pero que sí le parece mal sentarse siempre. Pero en definitiva lo que parece lógico es que ese orden establecido y esos ritos que parecemos adoptar para situaciones bien pasajeras tienen su razón de ser en nuestro miedo a dejarnos sorprender y en nuestra necesidad de seguridad. La contrapartida, todo la tiene, son los turistas que parecen Harrison Ford en busca del arca perdida. Pero eso va en el mismo post que los señores de cincuenta años que se visten como si tuvieran cinco.

*

Esta servidora le tiene a veces más miedo a lo conocido que a lo desconocido y para las dos situaciones tengo mis razones. La actitud vital de Mr. Hulot, que se lleva una cazamariposas a Saint Nazaire, en plena costa bretona, hoy Pays de la Loire, es toda una metáfora, porque es altamente improbable encontrar por allí mariposas esa época del año.

Les vacances de Mr. Hulot

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