27/6/10

Apariencias y apariciones

 

“Exageráis la hipocresía de los hombres. La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de

poder pensar doble”

Marguerite Yourcenar

Taxidermia


 



pesar de que Annie Leibovitz es considerada como una de las más famosas o mejores o más grandes retratistas mundiales y a mí, sin conocerla, me inspira simpatía, tengo que decir que sus retratos más modernos me resultan un tanto barrocos y que además el cuidado escenográfico (algo que llega a exasperar a su equipo) me resulta taxidermista. Los retratados de la Leibovitz parece que sean piezas de caza mayor disecadas o que salgan de un fresco de Miguel Ángel pero como cargados de laca y desodorante. Esa es desdeluego mi opinión personal y no espero ni deseo que se imponga ni aquí ni ahora. En los retratos de Annie Leibovitz me falta el aire, son demasiado cálidos.

Mi interés por los retratos no está respaldado por otra sensación que no sea la de la admiración ante algunos pintores, fotógrafos, escultores, etcétera. Fui una vez a una exposición de retratos de Sant Cugat y en Sant Cugat (San Cucufate), a 5 quilómetros de Barcelona. Llegué bastante antes de que se inaugurara y pude ver cada uno de los personajes con detenimiento, sin estorbos y en el orden que se me antojó. Al cabo de un rato aparecieron los retratados y el fotógrafo, Pep Pujol, que vive allí aunque es natural de Guissona (Lérida). Algo de lo que se podría decir más allá de la pericia técnica de mi amigo, su sensibilidad, su memoria visual, es que la viveza de los personajes de las fotografías era mayor que la de las personas de carne y hueso. Los reconocí a todos, cuando llegaron, y fueron pasando por donde yo estaba en desorden, tal vez buscándose en las fotografías expuestas. Yo me había quedado más o menos a plomo —o habría que decir “flotando”— en un punto donde el retrato que mejor veía era el de la propietaria de una mercería, cerca del meeting point que espontáneamente se formó alrededor de Pep. Si les digo que hasta los veía en blanco y negro…

Foto del año 1942 (Asociación Cultural El Patiaz-Zaragoza)

Ídolos, tiranos y semidioses

Los primeros meses de vida de mi sobrino en todas las casas adonde lo llevaban y lo traían podía ver su foto “oficial” repeinado y con un suéter de lana de angora, entronizado sobre los televisores de los tres abuelos, sus padres, sus otros tíos. Yo decía que aquello no podía ser bueno para él. Me recordaba las efigies de Fidel Castro o el Che troqueladas en las calles de La Habana, omnipresentes. Cuando estábamos en la apoteosis de su reinado o tiranía en solitario, a eso de sus tres años, nació Anna. Fue mucho peor que un golpe de estado, me figuro.

Mesas y paredes de trabajo

Mis pesquisas para reunir ejemplos de fotografías pretenciosas o de estereotipos no han sido fructíferas, probablemente porque no le he dedicado el tiempo preciso. Las hay y a montones. Hoy mismo “La Vanguardia” ha dedicado su suplemento de “Estilos de vida” a los progres. Incorporo las dos fotos que ellos han publicado, ambas de Cristina Reche, reconstruyendo el típico progre de los años 70 y el actual, en mi Picasa [enlace roto].  Tal vez el montajillo del progre setentero falla en que debería tener un aspecto un poco más ajado y existencialista, con un abrigo que fuera el del abuelo y nunca suyo.  Parece de la serie “Cuéntame”, más falso que un billete de 3.000 pesetas.  Al progre actual de “La Vanguardia” le veo un ramalazo pijo, pero no va desencaminado si sirve como modelo equidistante de lo que dan de si los ejemplares últimos más o menos auténticos o afectados. Las fotos-montaje como las que comento no me sirven para mi análisis porque busco estereotipos verdaderos. Sobre todo lo que buscaba eran retratos pretenciosos y cargados de mensajes. La americana de pana beis, la camisa de cuadritos con los puños remangados del socialista de fin de semana. La  chaquetita azul marino de punto del jubilado. Y especialmente aquellos retratos en los que se da a entender el nivel cultural, social, económico. Aquellos en los que se persigue un encuadre que deje ver una librería o una pintura o incluso otra fotografía o los viajes, los diplomas, los amigos célebres.

En nuestra antología del viernes los casos más flagrantes son tal vez los de Miguel de Unamuno y Barak Obama. El primero exhibe su fruición metafísica inmerso o enfrascado entre los símbolos del saber y la especulación filosófica: libros y legajos. El gesto del escritor más que mostrar la preocupación de quien no encuentra lo que busca entre tanto papel, muestra el hilo de un pensamiento que debe de ser muy críptico o crítico o cítrico y cuya dificultad inextricable se nos escapa.

La posición de los portarretratos del senador Obama es llamativa puesto que se supone que normalmente las fotos tendrían que mostrarse del lado por donde se sienta o se tumba el político. Es una mesa de trabajo que merecería mayor detenimiento, el que en su día le dedicamos a las mesas que aparecían en “El testamento del Dr. Mabuse” (Fritz Lang, 1933).


La mesa de Tom, con un retrato de Lilli (“El testamento del Dr. Mabuse”)

Lilli mira la mesa de Tom (“El testamento del Dr. Mabuse”)

Esto de las fotografías de los seres queridos en las mesas de despacho se ha desmandado bastante y es tema para otro post, además de que ahora sólo queremos señalar las fotos que presiden el despacho de Obama como senador: Abraham Lincoln y Martin Luther King. Dos adalides (para emplear el término más ditirámbico posible) del final de la esclavitud y el segregacionismo racial.

El abuso de la imagen del “Che” no nos puede ni nos debe distraer de su uso para funciones no muy alejadas de la hagiografía católica y los típicos calendarios de cocina del Sagrado Corazón de Jesús. La también típica lámina policromada de la Santa y Última Cena sobre el chinero ha sido sucedida en nuestros decorados domésticos por otros estereotipos: la coffee table y el “Guernika” de Picasso  o “Los lirios” de Van Gogh. La escena de caza con antílopes o el típico tapiz con La Alhambra fueron substituidos por un kilim de la semana turca de El Corte Inglés o uno menos auténtico pero comprado en  Esmirna.

Como en este país la superstición es el complemento perfecto para la iconoclastia, y viceversa, no hay una respuesta atea racionalista o materialista o de “vive y deja vivir”. De manera que los extremos, como se suele decir, se tocan y hasta se chocan, y los excesos imagineros de la Semana Santa inspiran en los nihilistas  y los llamados “no creyentes” la burla, la blasfemia y el sacrilegio. Ya digo: tal para cual. De hecho es a mis ojos lo mismito.

Los decorados

Es curioso porque normalmente fotos como las que abren el post inspiran una sonrisa clemente, por lo ingenuo del decorado, su inverosimilitud o candidez. Los fotógrafos de feria cuando utilizaban planchas que representaban grupos de gitanas con el hueco recortado como un yugo verbenero  para la cabeza del retratado, o aviones de bombardeo, sospecho que estarían siguiendo una tradición del tramoyista de teatro o el carpintero de misterios y monumentos efímeros.  En el vídeo del otro viernes [enlace roto] hay también una foto del colegio, en que uno de los hermanos ostensiblemente maneja el auricular de un teléfono que ya se le ve que no funciona. El encuadre o marco o passepartout de las colegialas que parece que salen en la TV es para mí insólito. Nunca antes había visto nada que se le parezca, quitando los libros de partituras en los que el nombre del compositor lo acaban de escribir unos querubines en un pergamino enorme. Todo eso nos hace sonreír por su candidez. Y sin embargo no nos parecen ridículas las fotos clasistas en donde se hace ostentación de un puesto, de un cargo a base de mostrar unos libros gordísimos intonsos, una mesa de raíz de cerezo, un telescopio o un aparato de perfundir corazones de rata. Les viene siendo lo mismo que la puesta en escena de las señoras del bombardero, solo que el atrezzo no va por delante sino por detrás.


Foto de un catedrático con su globo terráqueo. En vez  de pixelizar la cara para preservar su imagen, le he superpuesto una máscara. Es mi homenaje (con perdón) a Inge Morath.

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22/6/10

Naniano, el autobombo bien temperado y el pellizquito




staba esta mañana aún medio dormida y oí en la radio un suceso de una niña rumana que ha fallecido a consecuencia de haberse caído en un recipiente de esos que hay para recoger ropa usada, al parecer mientras ayudaba a un adulto que buscaba prendas es de suponer que para vestirse o para venderla.  Esta muerte no es menos ¿absurda? que la del ricacho chulín que se estrella con su catamarán o un BMW xyz en uno de los lugares de recreo de moda. Tampoco es menos elocuente, nos habla de una situación y levanta en nuestra imaginación el imaginario del fracaso y del éxito social.

Ando estos días pensando en la voz humana, algo con lo que nacemos más o menos “instalado”, como el container o el BMW xyz. La voz la podemos ir malogrando con la llamada mala vida (el abuso del tabaco y del alcohol, dormir poco, tomar alimentos demasiado fríos o demasiado calientes, hablar de más) y la podemos ir moldeando con la respiración, la atención y la dicción. Estos días además se habla mucho de las horrísonas vuvuzelas. Según el  “ABC“ [enlace roto]: “Una serie de controles realizados por los fabricantes de prótesis auditivas Phonak llegó a la conclusión de que las vuvuzelas emitían un sonido de 127 decibelios, cifra superior a la de un tambor (122 decibelios) y la de una sierra mecánica o la de un silbato de árbitro (121,8 decibelios)”. Sin embargo yo creo que lo que hace que la vuvuzela sea desagradable para muchas personas es no tanto la intensidad del ruido como su naturaleza. El chirrido de un rayazo en un encerado o el bocinazo  desabrido de un camión de seis ejes producen una respuesta diríase que física, de rechazo,  inmediata. La vuvuzela es como el zumbido de un mosquito enorme y agónico, como la séptima trompeta del Apocalipsis, como la voz grabada del mohedano en mitad de la noche, algo que revuelve la primera papilla y hasta el meconio elemental. Durante años me desperté con la ayuda de un reloj de pulsera Casio que a las 06:00 a.m. emitía 10 pitidos con poca fuerza. Eso fue hasta que quise ver qué había dentro del reloj y lo desbaraté.

Hace un año poco más o menos un grupo de cantantes, entre los que estaban Bruce Springsteen, Red Hot Chili Peppers, Neil Diamond y Shakira, plantearon una queja al Gobierno de los Estados Unidos por usar sus discos como tortura en Guantánamo. Se me escapa qué es peor  o más enloquecedor si tener que escuchar 20 días seguidos la grabación del llanto de un niño o a Georgie Dann en “Mami que será lo que tiene el negro”. Incluso una variación Goldberg puede convertirse en tortura si alguien se lo propone.  Estoy intentando recordar en qué película sobre los nazis se ve un interrogatorio en tercer grado con un tocadiscos como centro de la tortura y un vinilo aparentemente inocuo. Nada, no hay manera. Ya me acordaré.

Estamos en un mundo en el que  alguien se puede morir en un recipiente de ropa usada o con un catamarán en la Costa Azul,  en el que se puede tener una voz privilegiada y caer en una familia que no va a potenciarla con una educación musical adecuada, o en el que se puede tener escasas aptitudes para la música pero con una familia empeñada en desarrollarlas ni que sea por ostentación. Los músicos vocacionales podrían hablar mucho en ese sentido, pero los músicos en general no pierden el tiempo hablando. Estos días estuve viendo los escasos vídeos que hay de la guitarrista argentina María Luisa Anido, que fue alumna de Miguel Llobet en Barcelona, el cual a su vez fue alumno de Francisco Tárrega, de quien -dicen- procede la sintonía de fábrica de los móviles Nokia. Pero como Nokia no lo admite y no sé si Tárrega tiene quien le valga, pues es mejor dejar el apunte ahí. ¿A quién se le puede atribuir la autoría del “nianoniano” y el “naniano” del payaso Fofó?

Pues según mi profesor de guitarra, que pudo escuchar en vivo a María Luisa Anido, pocos intérpretes ha podido oír que trasmitieran la emoción que trasmitía ella. Me dice, “se me ponían los pelos de punta“. Las grabaciones que de ella quedan no le hacen justicia, aunque muestran nítidamente una mujer ajena al mundo de esos otros instrumentos musicales que son el autobombo bien temperado, el engolamiento o las fanfarrias de la vanagloria. De hecho, cuando la guitarrista perdió a su representante se quedó aparte porque ella no sabía de nada de lo que en gran manera hace que los músicos lleguen al gran público. No sabía venderse. Y por el contrario hay intérpretes que simplemente ejecutan sus piezas con maestría técnica incluso pero que no añaden absolutamente nada. El virtuosismo está en la dificultad pero también en llegar más allá del sentimiento de la admiración. Esa facultad es tan rara que a veces ni siquiera se establece  mucho tiempo en un intérprete. Lo toma y lo abandona. O se reparte, como en las descargas de jazz o son y en las fiestas flamencas, entre varios artistas, sin que pueda decirse donde está ni como llegó. El “pellizco” o el “duende” qué poco tienen que ver con la afinación de la garrapatea llevada hasta la náusea tecnológica. A veces está entre los dedos de quien toca un ukulele modesto, a veces en el espacio que llena el sonido. Sólo hay que estar ahí.

A veces me miro los vídeos de Andrés Segovia. Su interpretación de “Asturias” (Isaac Albéniz) no me deja de sorprender. Nunca sería una tortura, para mí, oír el “Asturias” de Segovia 20 días seguidos. La elijo porque no es una composición que me guste, sobre todo cuando se toca mecánicamente. Hay muchísimas versiones en la red y es escuchándolas y viendo como los pianistas o los guitarristas la interpretan como podemos apreciar lo que intento  y no sé si conseguiré decir. Hay músicos que tocan igual una pieza de Mozart que Bach que Albéniz. ¿Se acuerdan ustedes de Richard Claydermann?

Para decir la verdad, Albéniz compuso muchas piezas que admitió que él era incapaz de tocar. Así que podría decirse que poder tocar lo que compuso Albéniz ya es un qué. Y no obstante, cuando escuchamos, digo, las diferentes versiones, vemos que hay algo más allá de la destreza técnica. Para mí la música empieza ahí.

“Barcelona” (1928) , de Frederic Marès (Plaza Cataluña). Fotografía: Marta Domínguez Senra

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20/6/10

Oldies

“Dijo entonces el
señor, Habiendo conocido el bien y el mal, el hombre se
ha hecho semejante a un dios, ahora sólo me faltaría
que también fueses a buscar el fruto del árbol de la vida

para comer de él y vivir para siempre, no faltaría más
dos dioses en un universo, por eso te expulso a ti y a
tu mujer de este jardín del edén, en cuya puerta colocaré
de guarda a un querubín armado con una espada
de fuego que nunca dejará entrar a nadie, así que fuera,
salid de aquí, no os quiero tener nunca más ante mi
presencia.”
José Saramago, Caín



yer pude ver parte de un documental de la televisión local municipal sobre los hippies. A diferencia de yuppies (acróstico de “Young Urban Professional”) y de scuppies (acróstico de Socially Conscious Upwardly-mobile Person),  hippies procede de la palabra hipster (subcultura de los beatnik) como dummies viene del alemán dumm (“estúpido”).  El artículo de la Wikipedia para este fenómeno social es muy bueno para situar los puntos fundamentales y llevarse una idea general de lo que representó el movimiento en los años 60 y 70: psicodelia, subcultura, antimilitarismo, pacifismo, era de Acuario, ecologismo, amor libre, libre asociación, tolerancia con la homosexualidad y la bisexualidad, artesanía, colectivismo, antipsiquiatría y más.

El documental que vi se centra en un diálogo entre Lluís Racionero y Pau Riba, dos hippies que siguen en el “candelabro”, más algunas imágenes de Canet Rock (un festival  que tuvo 4 ediciones, entre 1975 y 1978, que fue nuestra versión en la Costa Brava de Woodstock) y otras imágenes de Pau Riba en su comuna de alquiler. Para quienes no conozcan a Lluís Racionero y Pau Riba, diremos —a título de anécdota y al estilo de la prensa rosa o amarilla— que el primero estuvo casado con Elena Ochoa (¿Elena Fernández-Ferreiro López-Ochoa?), la sexóloga que hoy está a su vez felizmente casada con Lord Norman Foster. De Norman Foster tenemos en Barcelona la llamada Torre Collserola. La torre Swiss Re (Schweizerische Rückversicherungs-Gesellschaft) de Londres, más conocida como “The Gherkin” o “El pepinillo” tiene su réplica menor (40 metros menos de altura) en nuestra barcelonesa Torre Agbar. Obsérvese como esta torre no ha recibido ningún apelativo popular y disciplinadamente se le llama “Torre Agbar” tal cual. Yo le llamo “El nabo”.

Lluís Racionero ha escrito diversos libros que han llegado hasta donde podían llegar y eso ya es mucho, considerando que la estética taoista  y los cátaros como temas tienen sus limitaciones. Colaboró con Escohotado en un programa televisivo sobre drogas y ha dado clases de Microeconomía en la Universidad (¿de Barcelona?), fue director de la Biblioteca Nacional, etcétera. Pau Riba es nieto del gran filólogo y poeta Carles Riba y de la poeta Clementina Arderiu. Como Racionero (y hasta Federico Jiménez Losantos y Karmele Marchante [!]) colaboró con la revista “Ajoblanco” (1974-1980), que en mi mocedad era un icono de la subcultura. “Ajoblanco” tuvo dos etapas y es difícil trasmitir que es lo que tenían en común a no ser que nos remitamos al socorrido underground y al anarquismo. Yo pasé de “Mortadelo y Filemón” y “Pumby” a “Cuadernos de Pedagogía” y el “Ajoblanco”  pasando por  el semanario satírico “El Hermano Lobo”, con la misma naturalidad con la que hoy tomo mi té después de un níspero.

Aunque Racionero es lo que llamaríamos un intelectual o precisamente por eso, al contraste con Pau Riba [enlace roto] parece menos expresivo y hasta… aburguesado, si nos dejamos llevar por las vestimentas respectivas. Dejemos eso, puesto que tal vez lo único que podría parecer haber llegado del movimiento hippie a nuestra época serían las camisetas tye-dye, la moda étnica, la marihuana, las barbas largas y, en una palabra, la “moda”.  De hecho yo creo que hay gente hoy día que cree que un hippie es un kumbayá o un alternativo sin botas chirukas y pasado de porros. En fin, yendo a lo que iba, Pau Riba dijo ayer muchas cosas que tienen plena validez hoy día. Una de ellas es que a pesar del castigo divino, del trabajo, actualmente podíamos finalmente aprovechar que las máquinas hacen las labores más rudas y pesadas, para dedicarnos a disfrutar de la vida. Vean el contraste entre el panfletucho de Saramago y esta propuesta que no insulta ni molesta a nadie. ¿Hay que decirlo más alto o más claro? Pau Riba y Lluís Racionero señalaron cómo además de que no nos estamos aprovechando de las máquinas, encima estamos preocupados en conseguir más trabajo y en inventar nuevas tareas y más necesidades para crear más trabajo y más trabajo.

La otra gran propuesta de Pau Riba la mostró, la indicó, con una especie de parábola. Dijo: si alguien ante un auditorio enorme como un estadio (yo añadiría, “o como Facebook”), preguntara “¿Cual es la raíz cuadrada de 319?“, alguien -una voz alejada y apagada- contestaría: “Diecisiete coma ochenta y seeeeiiiiiisss“. Ah, pero si preguntara “¿Cuánto son 2 y 2?” todo el mundo contestaría “CUAAAATROOOOOO!!!!!!”. Vuvuzelas aparte.Esa parábola explica el 83,5467 % de lo que pasa en la red y en la TV, tal vez en el mundo. Por lo tanto las consignas fáciles a las que fácilmente puedan adherirse las hordas, tienen el éxito garantizado. “1 millón de firmas para la dimisión de Zapatero”, por ejemplo. O “los tesoros del Vaticano para el hambre África” (como si muchas veces no hubiera podido llegar la comida a África si no hubiera sido por la Iglesia). Son frases que apelan además a las vísceras y muchas veces al odio.

Tal vez en donde divergían Racionero y Riba es en lo que había que hacer con el tiempo “libre”, además del amor. Riba desea que seamos otra vez animales y que como tales juguemos, y de hecho su vida es así. Racionero, si se hubiera declarado en este sentido, aventuro que habría hablado del arte y de entretenimientos sofisticados.

Si mal no recuerdo, las únicas citas que  he empleado en este blog para mostrar textos de ínfima calidad son esta excrecencia de Saramago, un ripio de Unamuno sobre la saudade y un verso de Pere Gimferrer (“Cuca me electrocuta”). Esos materiales los utilizo como pruebas documentales. Las fotografías las tomé la pasada semana en una tienda que está en el Ensanche barcelonés y pude reconocer una Nintendo bastante compacta, play stations de segunda generación, botellas de leche Ram y de cerveza Estrella Damm y Danones del año de la picor, y un caballero con su armadura idéntico a uno que tuve yo cuando era niña.

Por aquellos años en que disfrutamos del Seat 600, los 10 litros de gasolina 86 que le poníamos costaban 72 pesetas, exactamente lo mismo que 6 botellas de leche RAM. A Canet Rock se iba en tren.

Sardana flamenca de Toti Soler. Imágenes de Cadaqués.



“El col·leccionista”, tienda en la Calle Enric Granados (entre Rosselló y Còrsega)

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10/6/10

Verduras, verdades, bolas y buenas intenciones

 

Liniers


ay muchos temas de la web 2.0 que nos preocupan a veces. Uno es la privacidad y el otro el acoso, ambos en todos los grados que se puedan imaginar en la gama que va del amarillo chiffon hasta el marrón oscuro. El uso de las etiquetas en las fotos de Facebook a veces se hace sin el permiso de los retratados. Eso me recuerda cómo uno de los quilombos más gigantescos que he visto nunca, “La paloma blanca”, en una carretera que va a Gerona, tiene su aparcamiento rodeado por una tapia altísima (entre los estándares de los correccionales y los conventos contemplativos) simplemente para proteger a los coches de las miradas y las cámaras de los chantajistas. Otro vector tirando al color siena desvaído es que compremos un libro por internet y que ya nos incorporen a una lista de distribución por la cual –como fue mi caso hoy- recibes información de un taller de plastilina el 12 de abril. Es un mensaje bienintencionado, claro está. El marrón castaño correspondería al bombardeo de correos electrónicos masivo y también a los reenviados con anexos de ínfima calidad (marrón ciruela madura) o que sencillamente no nos interesan (marrón saddle o “silla de montar”). Aunque no se lo crean aún se reciben correos en que nuestra dirección y las de una peña de ni se sabe cuantos nombres está a la vista. Calamidad de calamidades. Supongo que eso es algo que habrá que ir ajustando y más teniendo en cuenta que Google está perfeccionando su buscador de imágenes de manera que pronto podremos hacer una búsqueda inversa y encontrar un nombre a través de una fotografía.

En algunas comedias o en películas de género que incluyen una persecución por un mercado o una plaza, siempre o casi siempre la huída se lleva por delante el carrito del frutero o el de la verdulera: lechugas, limones, melones sapo por el suelo. Si el presupuesto de la productora es mayor también hay aves de corral, que dan mucho juego al cámara y nos remontan a Plauto. Pero en general lo típico es que se lleven por delante el carrito del frutero y hasta al frutero [desambiguación: vendedor de fruta]. Bueno, pues a mí a veces me apetecería tener como leit-motiv de este pobre blog a los Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB), para que pasara lo que pasara, hablara de lo que hablase, siempre fuéramos a dar al conductor malo malísimo de autobús. Malos malísimos hemos tenido pocos: J.R.  (“Dallas”), la tía Angela Channing (“Falcon Crest”), Iñaki de Juana Chaos, Cheroqui,  poco más. Ahora, incluso en la vida verdadera, lo que más hay son degenerados, pero… ¿malos?

Hoy no queremos tratar sobre el conductor malo malísimo o el borde resentido, sino sobre TMB y su web. Haremos un poquitín de lo que hace años se llamaba simplemente “lectura de la imagen”. TMB es una empresa gestora de los transportes públicos de Barcelona y por tanto hace un servicio público. La web va dirigida principalmente a los usuarios de los transportes públicos (metro, autobús, bicing y bus turístico). De manera secundaria también se dirige a sus trabajadores (!), a los contratantes, a los clientes publicitarios y los comerciantes que aún tienen algún puesto en sus instalaciones.  Como esta gente le tiene mucha aversión a las iniciativas privadas, al libre mercado y a que cada cual haga lo que buenamente pueda, tienen un rechazo patológico por todo lo que se sale de sus gabinetes de imagen y comunicación. Miedo me da el día que cojan con ganas la señalización y los muebles urbanos de los cementerios municipales.

La información dirigida a cada tipo de usuarios no se presenta pues agrupada en el mismo nivel ni tampoco jerarquizada. Es decir el menú principal, que aparece también cuando estamos en los submenús, encontramos los usuarios generales y las secciones específicas para los “Turistas” y para las visitas escolares (“TMB educación”), cada una con los contenidos que le son propios (rutas turísticas , bus turístico y actividades didácticas). Sin embargo, las informaciones dirigidas a las personas con movilidad limitada o invidentes, los contratantes o licitadores y a la presencia de los comercios o los soportes publicitarios, se encuentran fuera del menú principal. En la información dirigida a los trabajadores se accede desde algunos submenús ya través de un botón animado con Flash que da acceso a un blog (“Convenidelbus”) que por cierto tiene la particularidad de no admitir comentarios pero donde sí se pueden dejar preguntas que se publican cuando reciben la respuesta institucional.

También es destacable la asimetría entre autobuses y metro y el servicio Bicing, que se trata por separado y que en realidad es un enlace al web específico de este servicio de bicicletas, el cual verdaderamente tiene un funcionamiento no asimilable al sistema de tarifas y tarjetas de los demás recursos.

Aunque se podrían comentar por lo menos 4 de los 10 propuestos por Jacob Nielsen para testar la usabilidad de un web, me centraría sobre todo en los puntos 2 (Match between system and the real world) y 4 (Consistency and standards). En cuanto a la regla 4 (consistencia y estándares) destacaríamos una transgresión o fallo por la ausencia de cabecera en la página de inicio. Vemos un banner animado cíclico con dos imágenes que se desvanecen, una con la campaña de la Primavera Cultural (fig. 2) y otra de promoción de la reducción de CO2. Si consideramos este banner la cabecera actual, podremos decir que la home no tiene logo, que el logo sólo está como algo chiquitito, como favicon. La identidad gráfica descansa pues exclusivamente en los colores corporativos (negro y rojo) y en la repetición de la palabra TMB, rasgos que son poco convencionales o que están en desacuerdo con los estándares habituales (regla 4 de Nielsen). De entrada las letras (de tipo Arial, con la excepción del reloj de la esquina superior izquierda) son pequeñas y el negro deja mucho espacio inútil a ambos lados del outer o fondo, contraviniendo la ley de Fitt (B. Tognazzini):

“Esta ley dice que cuanto más grande y más cercano al puntero del ratón es un objeto, más sencillo es el hacer click sobre él. Esto es de sentido común, pero muchas veces es ignorado completamente en el diseño de interfaces.” (B. Roe)

Es decir, la home pierde mucho espacio con la imagen animada y sin embargo la imagen corporativa no está claramente identificada, aunque el lenguaje visual es muy impactante por el contraste rojo-negro . Quizá se debería haber arrinconado el negro y se tendría que haber dado al rojo un uso para la navegación (menús, botones) para mejorar la legibilidad. Además, si hacemos caso de las estadísticas hay un porcentaje muy alto (10% según Tognazzini) de personas que sufren o disfrutan daltonismo, lo que nos haría cuestionar el uso masivo del color rojo con valor significativo. y hasta expresivo. De acuerdo con las conclusiones de Nielsen en sus investigación sobre scrolling y atención (eyetracking), los usuarios dedican el 80% de su tiempo en la parte superior de la página. Es de suponer pues que la posición del banner es totalmente deliberada y que se calcula que quien estaba interesado en buscar una determinada información en concreto la buscará de todos modos. La asimilación de la página principal con la señalización del metro nos recuerda que la estética y la publicidad han invadido o dominado el territorio propio de la usabilidad y el diseño se ha alejado del “mundo real” que invoca Nielsen (reglas 2 y 8).

Vemos además –por lo menos hasta el día de hoy- otro elemento que se repite en toda la web al pie de la pantalla, referente a accesibilidad y compatibilidad, pero no se refiere a la accesibilidad de los usuarios con discapacidades sino a teclas calientes y otras cuestiones técnicas minoritarias. Por tanto, aunque los transportes públicos del “mundo real” han hecho un esfuerzo para eliminar las barreras arquitectónicas, la web no ofrece ninguna alternativa a las dificultades que puede presentar un portal tan llamativo pero un poco complejo y tenso, desasosegado.

Aunque el menú horizontal se repita casi en todas las páginas, y muchas estén provistas de hilo de Ariadna, aunque hay un buen mapa del sitio e incluso un buscador, la sensación que tengo personalmente es de que la información está dispersa y que se presenta utilizando recursos gráficos diversos (los botones textuales se compaginan con el motivo de las islas octogonales del Eixample) que empachan la atención, que desorientan, que no ayudan a la consistencia y que no favorecen la previsibilidad. Con ello se debilita la prevención de errores (pauta 5).

Es cierto que el formulario para encontrar rutas de transporte tiene la alternativa de un buscador mucho más simple. Este buscador sencillo es casi idéntico al del metro de Nueva York , y también está en la página principal, a diferencia del metro de Londres , que se encuentra en una página secundaria. En mi opinión estos sistemas de formulario son más útiles que el mapa interactivo del metro de París [enlace roto]. Y el formulario más avanzado da unos valores iniciales que facilitan bastante la búsqueda. Por lo menos mi impresión -que no es experta- es que tmb.net podría mejorar mucho su usabilidad si estuviera más orientada al usuario medio-bajo y menos orientada a dar la imagen de empresa moderna y dinámica superestupendísima de la muerte.

La ventana pequeña que se abre cuando consultamos el periplo de una línea de autobús (fig. 5) también me parece que guarda poca consistencia con el diseño considerado en su globalidad. Si es cierto que proporciona amigablemente tres formatos de visualización o captura por el plano, también lo es que esta diversificación es un poco desconcertante, y quizás hace perder el tiempo.

De acuerdo con la contribución de Hassan y Martín (2003), no conviene emular la estructura interna de la empresa y verdaderamente el portal de TMB ilustraría perfectamente esta recomendación e incluso haría preguntarnos si será conveniente que una web se haga desde fuera de la empresa y por gente que desconoce su organización o si debe hacerse desde dentro, como yo creo. Llevaría mucho tiempo y aplicación describir qué contenidos y elementos de TMB han hecho de una manera u otra, desde los diferentes departamentos (Compras, Junta de Personal, Comunicación e Imagen, Administración, Prensa, etc.). Llevaría mucho tiempo demostrar que la arquitectura de la información, tal y como se han estratificado o conglomerado o dispersado los contenidos, es precisamente la “cuarta pared“,  la pantalla. De alguna manera, por cuestiones de imagen, bombo, platillo o de política empresarial se ha decidido dar más relieve al elemento “Turistas”, “Compra On Line” o “Prensa” que al elemento “Bolsa de Trabajo” o “Adaptaciones en el metro “(prácticamente oculto en el submenú “Transporte para todos” del submenú “Buen viaje”, que está dedicado a los clientes con problemas de movilidad o con discapacidades sensoriales).

En mi opinión los blogs no deben ser institucionales y deben favorecer la participación y la discusión. El Convenidelbus es una fórmula para dirigirse a los trabajadores de una forma unidireccional y creo que debe producir rechazo, por lo que no es de extrañar que algunos chóferes estén como están de enfadados con el mundo mundial entero.

La dispersión de la información por los diferentes tipos de usuarios del sitio concuerda seguro con el objetivo prioritario de TMB, el transporte público en el área metropolitana, pero quizás los discapacitados deberían encontrarse al mismo nivel que los turistas y los grupos escolares, como usuarios con unas necesidades especiales (como los guiris y los párvulos), y no por cuestiones igualitarias humanitarias sino por coherencia textual.

Las campañas del banner se habrían podido desplazar a una columna lateral dejando la cabecera para soportar el peso de la imagen corporativa convencional y por los ejes principales de la web. Seguro que la tmb.net no transcribe la estructura interna de la empresa, pero sí que nos habla de sus veleidades y complejos.


Web de Transports Metropolitans de Barcelona

 

Este post es tan inútil como muchos de los que le preceden, por encima resulta que pasará a la obsolescencia en pocos días porque los sitios web van cambiando como si nada. Así que tras esta incursión en los terrenos del diseño y todo aquello, volvemos al paso de caracol.

 

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4/6/10

Para qué os quiero

 A Maite Hernández Seisdedos

Caminar en las tinieblas


 pesar del enormísimo interés que despierta la convención del grupo de Bildelberg auténtico (no los de sus émulos blogosféricos) en Sitges, Barcelona, y de las fiestas y contrafiestas paralelas que se están preparando, mi interés se desplaza hacia los pies. Esas “estructuras biológicas” (!*#%aurrrg~#?!) , como dice la Wikipedia, que se encuentran al final -pero que muy al final- de las extremidades inferiores, que se articulan en 26 huesos y que sirven para andar.  Los paleontólogos y los antropólogos y sus madres todas consideran que fue un momento crucial en la historia de la humanidad y su evolución la bipedestación o el proceso por el cual las manos quedaron libres para hacer lo que venimos haciendo e incluso para prolongarlas inventando todo tipo de instrumentos y artilugios. El hecho de que la vista se elevara no es tema menor y aunque se suela creer que el eje humano y de los mamíferos en general está situado entre la pierna derecha y la pierna izquierda, o en la boca, o en el corazón, o en la cabeza (según quien lo asevere), servidora suele situarlo  en un punto donde los ojos y los pies se armonizan. Y no me refiero a un proceso como el que inmortalizó Julio César con su famosa frase (Veni, vidi, vici, esp. “llegué, vi, vencí”) sino a una circunstancia en la que los pies y los ojos forman un todo y están de acuerdo. Esa circunstancia solo se experimenta en raros estados de ecuanimidad, de bienestar y de peligro, y solo se puede provocar bailando, caminando en la oscuridad, yendo adonde en realidad queremos ir y en situaciones por el estilo.

Parábola de Agripa Menenio

Estos días estuve mirando un vídeo, con una sensación extraña entre la angustia y la curiosidad, de la mona Natasha, del zoo de Jerusalén. Después de un episodio agudo de gastroenteritis (stomach flu) pasó a caminar sobre sus dos pies. Los veterinarios pensaron que la causa podría ser debida a un daño cerebral. Curioso porque yo al verla pensé que igual tenía algún problema en el diafragma torácico. En cualquier caso la forma de caminar de Natasha a mí me resulta inquietante y no sabría defender el motivo.  Como al final del invierno pasé por una gastroenteritis especialmente violenta e iterativa  y me quedé hecha un escogorcio (*), me acordé de la parábola de Agripa Menenio, cuando terció en el motín del Monte Sacro (493 a J.C.),  haciendo de mediador entre patricios y plebeyos.:

“La primera vez no todo estaba en armonía en la naturaleza del hombre tal como es ahora: Cada miembro tiene su propia voluntad y su propia lengua. Todos los miembros del cuerpo se quejaban que todos sus afanes, y todos sus servicios eran sólo para servir al estómago. Hubo una verdadera conspiración. “Si el perezoso estómago“, dijeron, “muriere, ya no trabajaríamos más“. Así que de acuerdo todos, las manos ya no llevaron comestibles a la boca, los dientes ya no masticaban. “Por lo tanto, el estómago, será conquistado por el hambre“, dijeron. Pero lo que ocurrió es que las fuerzas de todo el cuerpo se debilitaron. De esta forma aprendieron rápidamente que el estómago no es ocioso e inútil; así como él mismo puede alimentar, él mismo era un seguidor del conjunto. De esta forma el hombre es a las fuerzas por el que vive y prospera a través de la silenciosa labor del estómago recibe”. (Wikipedia)

El motín de Sicinio Beluto se podría muy bien ilustrar con mi gastroenteritis, que llamaré “paradójica” porque pude usar simultáneamente el W.C. y el bidet, y por lo tanto quedó más que testada la buena ergonomía de mi equipo sanitario.


En esto de la ergonomía andan muy metidos, puestos y salidos los diseñadores y evaluadores de páginas web, y los expertos en “usabilidad” y en arquitectura de la información. Al final no hay más remedio que ir a investigar el llamado eye-tracking o rastreo o seguimiento visual, y cómo la vista planea sobre las pantallas a través de movimientos sacádicos y fijaciones:

“Una sacada es un movimiento rápido del ojo, cabeza u otra parte del cuerpo de un animal o dispositivo […] La finalidad de las sacadas pueden ilustrarse mediante el ojo. Los humanos no miran una escena de forma estática por lo general. En vez de esto, los ojos se mueven, buscando partes interesantes de una escena y construyendo un mapa mental referente a ella. […] Moviendo el ojo de forma que pequeñas partes de la escena puedan ser advertidas con mayor resolución, se pueden optimizar los recursos del cuerpo. Si toda la escena fuera vista en alta resolución, el diámetro del nervio óptico sería incluso mayor que el del propio globo ocular. Por esto, un procesado de toda la escena en alta resolución requeriría además un cerebro varias veces superior al actual.

Es una creencia común, pero falsa, que durante la sacada no se transmite información vía nervio óptico al cerebro. […] Este fenómeno, conocido como enmascaramiento sacádico o supresión sacádica, se sabe que tiene lugar en los momentos previos a un movimiento sacádico del ojo, sugiriendo por tanto que hay un motivo neurológico detrás, más que una función puramente mecánica u óptica.

Una persona puede observar el efecto de enmascaramiento sacádico situándose a 45 cm de un espejo y observando su ojo derecho, luego su ojo izquierdo, luego volviendo al ojo derecho y sucesivamente. No se verá el movimiento de los ojos, pero tampoco existirá la sensación de que el nervio óptico ha interrumpido momentáneamente la transmisión de información al cerebro. Debido al enmascaramiento sacádico, el sistema ojo/cerebro no sólo oculta el movimiento del ojo, sino además oculta que haya ocultado algo”.(Wikipedia)

Electrooculogramas

No he podido encontrar aún ningún electrooculograma de los ojos de un músico leyendo una partitura musical, pero parece que la Psicología y la Neurología no han podido alcanzar ninguna conclusión sobre qué es lo que pasa cuando leemos música. Servidora está aprendiendo y, después de caminar en la oscuridad, es algo bastante inexplicable. No es que yo diga que no tiene explicación, que seguro que la tiene, es que yo digo que no soy capaz de explicarlo. Me contento con intentar dar testimonio aquí en esta otra enciclopedia.

Para acabar, un texto de Cerillo, pintor que vive en el Pirineo catalán que hace poco escribió sobre su visita a Arco:

“Yo he decidido guardar tres paredes de mi casa para instalar y contemplar con detenimiento tres obras de cada exposición que me interese. La primera pared para gozar de lo que atrae a mi atención de inmediato, la otra para la obra que rechazo, incomoda, abomino o lo que sea y la tercera reservada para más tarde, para aquella obra que sin mirar vi y que luego incomprensiblemente aparecerá en el recuerdo. Una vez empapado de ellas, pasado un tiempo, las cambiaré por otras de cualquier otra exposición que reúnan los mismos intereses o maldiciones. Aunque ya sé que esto es un sueño, que este es uno de aquellos placeres que, en fin, nos están vedados”. (De Cerillo En el caos)

El texto de Cerillo me recuerda o concuerda a su vez con otro mío, de “Cuerpo extraño“, mi post preferido:

Pediría para mí tres cuerpos. Uno para estar en el mundo a pesar de todo. Otro estaría, pues eso, como está la luz cuando baila por la mañana en la pared saltándose todos los orificios de las persianas y tocando el arpa del polvo, o como está la luz cuando pace en la tarde en los ojos de las llaves puestas, como pacían los animales de antes de las explotaciones ganaderas, aquellos bueyes bergantiñanos de 1200 quilos y más. Otra estaría haciendo pruebas, equivocándose, conociendo lugares y tiempos, aprendiendo, experimentando.

*

Dedicamos en *ALFB un post a la mirada, “Los hombres y las mujeres”, y mínimamente hicimos una clasificación por la cual no es lo mismo la mirada panorámica del froteur que la del carterista, o la mirada de las estatuas abismada en la absoluta belleza. Nos dejamos la mirada de “si te he visto no me acuerdo” que siempre es mejor que la de cambiar de acera.  Y la del gato, tanto a la que siempre apelan los profesores de tai chi para condicionar una mirada sin fijación y sobre todo sin movimientos sacádicos, flotante, ambiental, como a aquella otra de los felinos cuando miran la nada como si ahí hubiera algo que nosotros no vemos.



(*) La palabra escogorcio no se encuentra en el DRAE, pero yo la tengo más que contrastada por su uso por lo menos por los aragoneses y se refiere a algo estropeado y/o chuchurrido.

Scrolling and attention (Jakob Nielsen)

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