28/12/17

Los seis dientes de Cervantes

"Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha , y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria". 

Miguel de Cervantes, Prólogo al lector, Novelas ejemplares 


l autorretrato de Cervantes que se hizo en el prólogo de las Novelas ejemplares es una écfrasis, una descripción verbal de una imagen. Lo que ocurre es que "describe el cuadro de Jáuregui o el grabado que debería haber aparecido en la primera página del libro" pero que no apareció y que además se ha perdido. Incluso el que se viene atribuyendo al pintor está en entredicho y no es aceptado ni por los historiadores del arte ni por los cervantistas no ya que el cuadro fuera de Jáuregui sino que fuera de Cervantes. De manera que la única "imagen" que tenemos del alcalaíno es su autorretrato, el cual además en tercera persona. Eso de hablar de uno en tercera persona es en el caso de Cervantes modestia, porque también se lo hemos oído a algunas folklóricas o divas cuando están en el estrellato total. 

Hace un par de años era noticia la exhumación de los restos de Miguel de Cervantes en el Convento de las Trinitarias de Madrid. Después la noticia quedó diluida ante las evidencias de que el ataúd examinado no se correspondía con el cuerpo buscado. Ni el comité científico multidisciplinar que se encargaba de las pruebas, ni el Ayuntamiento de Madrid ni la Comunidad difundieron comunicado oficial alguno, así que todo lo que se diga entra dentro de la mera especulación. Después de dar tumbos por algún rastro que encontré hoy en internet llego a la conclusión de que los 100.000 euros que se dedicaron al asunto también se diluyeron y que eran claramente insuficientes para poder integrar a los forenses, arqueólogos, archiveros, etcétera, que se vieron implicados en la investigación. Se vio que la mejor manera de abandonarla era haciendo un mutis tan ensordecedor como desconcertante. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que el silencio es el trato que obtienen muchísimos temas cuyo resultado, si lo hay o si no lo hay, no es cómodo o no es elegante. 

Si finalmente las Novelas ejemplares que imprimió Juan de la Cuesta en Madrid el año 1613 hubieran tenido el grabado con el retrato de su autor, que me doy en pensar que se suprimió por criterios económicos, ahora tendríamos además de la écfrasis una imagen. El detalle de los seis dientes, los cuales además no llevaban correspondencia los unos con los otros (esto es, digo yo, que por su disposición no servirían para una masticación normal), debió de ser un dato a considerar por los forenses. Pero ¿cuántos hombres del Siglo de Oro abandonaron este mundo con una dentadura en buen estado? 

El autorretrato de Cervantes tiene el mismo talante que toda su obra, con lo que no estaría diciendo nada a no ser lo que cualquiera sabe ya de su modestia, su buena relación con la verdad, la tolerancia y un humor que muchos han querido identificar con la ironía. Protesto de manera rotunda puesto que ya en tiempo de Teofrasto se consideraba que la ironía estaba conceptualmente y hasta gramaticalmente emparentada con el disimulo, y no veo yo a Cervantes como alguien que se dejara llevar por el arte de la simulación. Más bien su humor es tierno, lleno de comprensión y no es escabroso, ni burlón ni reticente. Hace poco me referí a la última novela de Luisa Cuerda, porque entre sus méritos contaba con el de que la narradora había quedado al margen de la narración. Me refiero ahora de nuevo a El chico de las cigüeñas porque en su principio hay un referencia a esas fotos que les ponen a los libros con un retrato del autor. Y esa mención, en boca del personaje, que es un escritor, nos sirve para mostrarnos la idea que tiene él de sí mismo: 

Cuando empecé a vender libros en serio, antes incluso del premio, tuve que enfrentarme con la cuestión de las fotos. Nunca hasta entonces me había planteado nada acerca de mi apariencia. Es ahora cuando me preocupa, desde que tengo que ver mi jeta en contraportadas y me doy cuenta de las muchas imperfecciones que me habían pasado desapercibidas en mis someras inspecciones al afeitarme, todos estos años. La extrañeza que me produce mi propio rostro, su desidentificación con la idea que tengo de mí mismo, es una inquietud que ha venido a mi vida de la mano del reconocimiento profesional. Sin saber cuándo ni cómo me he convertido en un hombre con poco pelo en la cabeza, con dos arrugas verticales entre las cejas, con las mejillas sumidas y la piel gruesa. Cuando doy la vuelta de mis libros, es mi padre quien me observa desde la contraportada, y yo tiendo a buscarme en el espejo para encontrar también allí a mi padre, que me mira perplejo y ensaya sonrisas como reclamos. La imagen que yo tengo de mí mismo corresponde a una fotografía que me tomaron en la escuela en cuarto de bachillerato. Fue la primera vez que sonreí a la cámara, y lo hice porque Ventura se había puesto detrás del fotógrafo y nos hacía muecas. Mi madre amplió la foto, la enmarcó y la puso en el comedor. Y luego me obligó a dedicarle dos copias a mis dos abuelas. Durante un tiempo no me gustó esa foto: me veía demasiado sonriente, como complaciente, un poco bobo. Pero ahora me he perdido, hago sonreír ante el espejo al hombre mayor que tanto se parece a mi padre, para ver si vuelve aquel Santiago adolescente. Susana dice que sí. Que son los mismos ojos, la misma sonrisa. Y esa afirmación me sosiega bastante. En todo caso, no me gusta salir en los libros. Mi cara sonriendo al lado de mi obra tiene algo de mendicante; y si no sonrío, me parece que no me hago responsable de lo que hay escrito, que soy alguien que simplemente, pasaba por allí. Otros escritores parecen relajados y felices, llevando una gorra o fumándose un puro o acariciando un perro. Casuales, que diría el tipo de las fotos. Mis fotos, por el contrario tienen un inequívoco regusto a DNI o a ficha policial. Una vez, en VIP’s, oí decir a una mujer que hojeaba un libro mío: «No sé si llevarme este de aquí, el del feo, o aquel otro, el del guapo». Salí de allí ocultando la cara como un criminal. No se lo he contado ni a Susana (Luisa Cuerda, El chico de las cigüeñas. La Coruña: Ediciones del Viento, 2009: 17-18) 

Al transcribir el párrafo me doy cuenta otra vez y mejor de lo bien escrito que está*. La frase "otros escritores parecen relajados y felices" me hace pensar en algo en lo que tantas veces he reparado no ya en las solapas de los libros sino en tantos otros medios. De los escritores tenemos retratos que siguen el estilo marcado por el Renacimiento, y eso en el mejor sentido de la palabra Renacimiento. Hay fotografías académicas que bien podrían ser de foto-matón por su fondo neutro pero que hacen ostentación de una seriedad impostada, otras (estoy pensando en alguna que le hizo Colita a Terenci Moix) son fotos de artista, en las que el fotógrafo conoce bien o mal al escritor y que lo sitúan en su salsa. Montserrat Roig aunque no la conocí en persona era muy fotogénica, aparte de atractiva. Aún hay escritores que se fotografían en sus bibliotecas, como Javier Marías o Andrés Trapiello. Lo de relajados y felices (ya no digamos satisfechos) es muy socorrido por los superventas y los libros de autoayuda. Así que el texto de Cuerda, al referirse a la imagen que tiene de sí mismo el escritor a que se refiere nos devuelve a Cervantes, a la autenticidad. *** 

Hace poco pudimos disfrutar de una entrevista en La Contra de La Vanguardia a Juan José Areta, autor de Atlas del bien y del mal. Juan José Areta visitó este blog hace años, cuando aún estaba alojado en *A la flor del berro. Visitó el post sobre La tergiversicina a raíz de un disputa literaria de la que era objeto Alejandro González Terriza y su poemario. El devocionario pop. Es una lástima que al mudar de dominio se perdieran los comentarios, porque de haberse conservado aún guardaría el par de comentarios que dejó Juan José Areta, con su alias Tsevan Rabtan. Con decirlo no comprometo su privacidad puesto que él mismo lo proclama. Recuerdo que de uno de sus comentarios se desprendía su ateísmo o ausencia de creencias religiosas, algo que más que una "ausencia" se muestra activamente. Entre esa beligerancia suspicaz-perspicaz y que es de esa clase de personas que hacen preguntas sin ningún género de permiso ni cortapisa, me asusté y no cultivé el contacto.

Lo que no era tan conocido como su nickname era su imagen, aunque yo la había podido descubrir en un vídeo que creo que aún está en Youtube, en el que aparece en un acto político de Ciutadans, en los inicios del partido. Tsevan Rabtan es un tuitstar (con más de 10.000 seguidores para 297 tuits), y eso que se salió de Twitter por lo menos una vez que yo sepa. Lo más llamativo prosopográficamente hablando en el vídeo era su peinado y el tic de llevarse constantemente la mano a ese punto que hay cerca de la oreja y donde tenemos el último fleco de pelos cerca del cogote. En la fotografía que le hicieron el otro día en La Vanguardia, de Kim Manresa, lo vemos con el pelo más corto, más encanecido, nariz carnosa, labios finos y una mirada opaca y asimétrica**. 


Toni Morrison por Kim Manresa
Cuenta Daniel McNeill en su libro El rostro que los humanos no tenemos pelo en la cara, que durante la evolución se hizo lampiño "para que otros pudieran leer en él". Supongo que primero fue la bipedestación y después fue pelarse la cara o la mayor parte de ella. Hace años, desde que conocí al pintor Manuel López Garabal, me fijo en la simetría de la cara y en la buena proporción de las partes diferentes del cuerpo. La mirada de Areta es asimétrica, cosa que muy bien puede ser porque está de medio perfil o por un desequilibrio óptico entre los dos ojos, que domine el izquierdo sobre el derecho o al revés. Por lo general la asimetría facial adulta también nos habla de que no se utiliza mucho el cuerpo. Cosas como cortar leña, correr aunque sea para coger el autobús, o cosas que imprimen más carácter como remar o hacer el pino. Como mejor se aprecia la fotografía es trazando una imaginaria línea divisoria entre el lado derecho y el lado izquierdo de la cara. Si nos fijamos bien, hay veces que es fácil advertir que la expresión es bastante diferente. O por decirlo de otra manera: el lado izquierdo nos dice una cosa y el lado derecho nos dice otra. Y a veces el mensaje es contradictorio. La mayor parte de las veces pienso que se explica un retrato asimétrico por el predominio funcional de un hemisferio, normalmente el izquierdo, mucho más activo. 

La fotografía de Kim Manresa es de un primer plano (cabeza y hombros) y lo que nos transmite es la imagen de un señor de mediana edad en un no-lugar que podría ser un despacho o el vestíbulo de un hotel. Parece que su brazo derecho reposa a lo largo del respaldo de un sofá de tres plazas, cosa que nos indica desenvoltura y bienestar. Aunque no se aprecia bien la camisa, se ve descuidada. No planchada o apenas planchada, mal lavada (esas camisas tan bonitas de cuadros de colores abigarrados suelen achocolatarse mucho en las lavadoras). Kim Manresa es un fotógrafo de gran prestigio y ha publicado muchos de sus retratos. Estoy pensando en el libro Rebeldía de nobel, que reúne retratos de 16 entrevistados. He visto algunos de esos retratos y algunos me gustan mucho; no sé sin embargo si aportan algo a lo que nos dicen los libros de los escritores. Es como si más bien lo que aportan fuera independiente de los libros. Es una sensación curiosa y habla de una especie de indefensión. 

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(*) Puede parecer inverosímil la anécdota de que un escritor se encuentre en una librería (la de VIP's) y hablen de él en el preciso momento en el que el escritor puede oírlos. Yo creo que es más que posible. Una vez me encontraba en la desaparecida Llibreria Françesa, en el Paseo de Gracia, y justo cuando me encontraba ante El caganer, que estaba expuesto en plano, vi ante mí a uno de sus dos autores, que es amigo mío. Me puse roja como un pimiento, como si estuviera haciendo algo malo, que no. Semanas después Jordi Arruga me regaló un ejemplar y me volví a poner roja porque el había acertado al suponer que yo no había comprado un ejemplar. Las personas que tenemos facilidad para ruborizarnos (como mi amigo y yo misma) no tenemos remedio. Si yo me pongo roja, pase, pero cuando alguien se ruboriza cuando yo me pongo roja eso es ya muy embarazoso y se presta a malentendidos sin cuento.

(**) Me gustaría poder decir algo sobre el Atlas del bien y del mal, del libro (y no de la entrevista o del retrato), pero para mí hay historias un poco truculentas que no me convienen en estos momentos. Me decidió de manera definitiva lo del maharahá que despeñaba elefantes por el placer de oírlos chillar. Creo que el libro está bien documentado y que la tesis de fondo es interesante y certera, pero una tesis igual o parecida es la que se desarrolla en la novela Tuareg de Vázquez-Figueroa y no es tan atroz. Verdaderamente se podría decir —siempre de acuerdo con la entrevista de La Contra— que hay más de una tesis, puesto que intervienen otros temas como el poder político, la corrupción, la perversidad, etcétera.

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25/12/17

Post 1596: La sonrisa de Valle-Inclán

"Yo sólo me fijo en Rubén Darío, que oye estático, y en Valle-Inclán, que recita metido. Rubén Darío, recién pelado, bigotito claro, saqué negro y negro sombrero de media copa, totalidad estropeada, soñolienta, perdida; Valle, melena larga untuosa, barba alambresca larga, quevedos gordos, pantalón blanco y negro a cuadros, levita café y sombrero humo de tubo, rozado, deslucido todo. Rubén Darío estalla sus galas diplomáticas brillosas; a Valle la gala opaca funeral sin destino le sobra y le cuelga por todas partes, Rubén Darío, botarga, pasta, plasta, no dice más que "admirable" y sonríe un poco linealmente, más con los ojillos mongoles que con la boca fruncida. Valle, liso, hueco, vertical, lee, sonríe abierto, habla, sonríe, grita, sonríe, aspaventea, sonríe, se levanta, sonríe, va y viene, tropieza, se enreda sin solución, sonríe, entra y sale. Salen." Juan Ramón Jiménez, Castillo de quema, "El Sol" (1936) (*)



xtrañará que Juan Ramón Jiménez escribiera un doble retrato o un retrato conjunto de Valle-Inclán y Rubén Darío, a no ser que sepamos la anécdota tantas veces repetida de la "princesa Paca", Francisca Sánchez, la abuela de la periodista Rosa Villacastín. Un día en que paseaban Valle-Inclán y Rubén Darío por la Casa de Campo se encontraron con Paca, que era hija de un jardinero y allí en ese preciso momento se enamoraron el poeta nicaragüense y ella: “En su segundo viaje a España Rubén conoce a Francisca Sánchez, a la sumisa aldeana de Navalsaúz que sería su compañera sencilla devota ejemplar enfermera [...] a quien llamaría Rubén hermana enfermera, a quien rinde admiración y provee de hijos:

"Yo era hija de un guardia de la casa de campo. Había ido allí como todas las mañanas a llevarle la comida a mi padre y de pronto me encontré con dos señores que me observaban y me llamaron. Primero me fijé en el de la barba grande que estaba manco Era don Ramón del Valle-Inclán. ¡Qué apuesto era! Pero el otro me miraba de una manera tan fija… Tenía una cara extraña, no parecía español. Era él. Era Rubén. Luego nos enamoramos y ya ve usted”.

Estas palabras están transcritas de un documental de RTVE, Obra y vida de Ruben Darío (00:13:23), y no sé si son una recreación, si proceden de algún escrito de Paca, o qué. En cualquier caso nos sitúan del todo el retrato de Juan Ramón Jiménez, ya que de otra manera (yo al menos) no entenderíamos porqué nos hace una semblanza de los dos autores a la vez. Que se conocieron Valle-Inclán y Rubén Darío el año 1899 es algo que aparece en todo internet, la fecha del soneto en alejandrinos que el poeta dedicó al gallego, no aparece en ningún sitio por lo menos fácilmente. Está datado en 1907. Prologa los Aromas de leyenda. Así como ayer señalaba que todos quienes conocieron a Miguel Hernández lo caracterizaban por sus ojos azules, hay que decir que tanto Juan Ramón Jiménez como Rubén Darío en ese soneto se refieren a la sonrisa de Valle-Inclán, de la que sin embargo no tenemos una imagen que lo atestigüe. En el retrato que incorporo al álbum hoy se esboza más en la mirada que en la boca, que la barba y el bigote ocultan, una sonrisa que reconocemos como auténtica.  En mi opinión los retratos que le hizo Alfonso Sánchez Portela son los mejores. 

También me parece llamativo que Paca considerara "apuesto" a Valle-Inclán. Cuando se hayan muerto todos cuantos hubieran podido conocer a Valle-Inclán, si es que aún quedara alguien, no habrá quien nos hable de su sonrisa no ser por esas dos menciones y alguna más que pueda haber por ahí. La que recuerdo de Azorín nada dice de la sonrisa. La anécdota de cómo perdió el brazo, y otros elementos de su fisonomía, como la melena, la larga barba, la foto más famosa (la de Alfonso) nos distraen de ese rasgo que todo lo abarca. Y es que es verdad que una sonrisa arrastra e inunda la musculatura de todo el cuerpo, como tan claramente vemos en los niños. Y hablando de niños, cuenta Rosa Villacastín que en los primeros encuentros de su abuela y Rubén Darío Valle-Inclán se encargaba de los niños para que pudieran estar solos. Supongo que los niños estaban a cargo de Paca, pero ese dato tal vez está en el libro que su nieta escribió. En cualquier caso la imagen me parece muy distinta de lo que podía dar a entender la figura del dramaturgo, algo extraña para la media. 

Este gran don Ramón, de las barbas de chivo, 
cuya sonrisa es la flor de su figura, 
parece un viejo dios, altanero y esquivo
que se animase en la frialdad de su escultura. 
El cobre de sus ojos por instantes fulgura 
y da una llama roja tras un ramo de olivo. 
Tengo la sensación de que siento y que vivo
a su lado una vida más intensa y más dura. 
Este gran don Ramón de Valle-Inclán me inquieta,
y a través del zodiaco de mis versos actuales
se me esfuma en radiosas visiones del poeta,
o se me rompe en un fracaso de cristales. 
Yo le he visto arrancarse del pecho la saeta
 que le lanzan los siete pecados capitales. 
Rubén Darío, Soneto. Para el Sr. D. Ramón del Valle-Inclán (*)

Ramón María del Valle-Inclán

Aromas de leyenda en Archive.org

(*) Citado en El retrato literario (antología). Selección, estudio y notas de Ricardo Senabre. (Salamanca: Ediciones Colegio de España, 1997): 142

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22/12/17

El retrato de Miguel Hernández







n la serie de retratos que voy a ir incorporando al álbum del tiempo (Témporas) quiero que de los primeros sea el de Miguel Hernández que le hizo Antonio Buero Vallejo a lápiz cuando coincidieron en el penal madrileño de Conde de Toreno en el año 1940. Había sido el convento de las Capuchinas. Estaba situado en Malasaña. Miguel Hernández envió el dibujo a su mujer, Josefina Manresa. Pero años después dijo ella: "Por desgracia me desapareció este dibujo en la visita que me hizo Juan Guerrero Zamora cuando vino a Cox, donde yo vivía entonces, a recoger datos para la biografía que estaba preparando sobre Miguel. Lo puso en la biografía y ya no me lo devolvió, a pesar de que le escribí pidiéndoselo, el cual no me contestó. Me devolvió el dibujo en que está Miguel de cuerpo presente y todos los retratos que yo le había dejado para la biografía, menos éste". Qué desgraciado.

Josefina Manresa falleció el año 1987, Juan Guerrero Zamora el año 2002 y su viuda, Nuria Torray, murió dos años después. La prosopografía que hizo Vicente Aleixandre en su semblanza sobre el poeta la copio a continuación: "Algo tenía en esas horas que le hacía aparecer como si siempre llegase de bañarse en el río. Y muchos días de eso llegaba, efectivamente. Mi casa estaba al borde de la ciudad. "¿De dónde vienes, Miguel?" "¡Del río!", contestaba con voz fresquísima. Y allí estaba, recién emergido, riendo, con su doble fila de dientes blancos, con su cara atezada y sobria, su cabeza pelada y su mechoncillo sobre la frente. Calzaba entonces alpargatas, no sólo por su limpia pobreza, sino porque era el calzado natural a que su pie se acostumbró de chiquillo y que él recuperaba en cuanto la estación madrileña se lo consentía. Llegaba en mangas de camisa, sin corbata ni cuello, casi mojado aún de su chapuzón en la corriente. Unos ojos azules, como dos piedras límpidas sobre las que el agua hubiese pasado durante años, brillaban en la faz térrea, arcilla pura, donde la dentadura blanca, blanquísima, contrastaba con violencia como, efectivamente, una irrupción de espuma sobre una tierra ocre. La cabeza, de la que él había echado abajo el cabello sobrante en otros, era redonda y tenía un viso acerado en su pelo corto, con un signo de energía en el remolino de la frente, corroborado en los pómulos saledizos, pero desmentido en su entrecejo limpio, como si quisiera abrir una mirada cándida sobre el mundo entero que en él correspondiese". (*) 

Los ojos azules de Miguel Hernández, que no se cerraron ni a su muerte, también son un motivo de la Elegía que le escribió Aleixandre, quien también vivió, vio y miró desde sus dos ojos azules y claros. Y sin embargo, la imagen que tenemos todos es la de ese rostro moreno, despierto y limpio que dibujó Buero. Esa coincidencia de tres nombres, los dos poetas y el de quien luego sería dramaturgo, ha coincidido a su vez con la película que proyectaron ayer en la Filmoteca de Catalunya, Le cercle rouge (Jean-Pierre Melville, 1970). Y no lo digo porque también hubiera dos ex-presidiarios (Alain Delon como Corey y Gian-Maria Volontè como Vogel). De hecho también Vicente Aleixandre estuvo en la cárcel, aunque al poco tiempo de su ingreso fue liberado gracias a la intervención de Pablo Neruda. No lo digo por eso, lo digo porque al principio de la película, antes incluso que los créditos, se nos indica una frase de Gautama: “Si unos hombres, incluso sin saberlo, se han de encontrar un día; a pesar de lo que les suceda, a pesar de los caminos que sigan, en la fecha señalada, inevitablemente, se reunirán en el círculo rojo”. 

También me ha inspirado tal superposición de realidades el parecido —por su elegancia— entre Yves Montand y Vicente Aleixandre. A pesar de que Yves Montand (Jansen) entra en escena en una habitación desaliñada y en pleno delirium tremens, rodeado de ratas, hay cerca uno de aquellos maravillosos baúles de viaje (malle de voyage) de Louis Vuitton. Cuando el ex-policía es requerido como experto tirador lo vemos transfigurado y vestido con unos trajes, abrigos y sombreros impecables, y un buen porte. Corey, Vogel y Jansen planean robar lo que muy bien podría ser la joyería Boucheron, en la Place Vendôme. No estoy segura. Las siluetas de Alain Delon y de Volontè recortadas en los tejados con la columna Vendôme y el cielo de fondo expresan bien los equilibrios de dos hombres que tienen todo en contra. Los tres criminales acaban abatidos en un tiroteo durante su persecución. Los tres escritores corrieron suertes diversas, como se sabe. 

Miguel Hernández dibujado por Antonio Buero Vallejo (1940)

Vicente Aleixandre ante la tumba de Miguel Hernández en el cementerio de Alicante

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(*) Vicente Aleixandre, "Evocación de Miguel Hernández", Los encuentros (1954-1958)


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23/11/17

Troppo vero

La fotografía postmortem surgió tan pronto como apareció la técnica fotográfica, en el siglo XIX, pero se suele decir que la idea de retratar a los fallecidos viene de lejos. Las máscaras mortuorias (maiorum imagines) de la antigua Roma y los retratos del Renacimiento y de los Siglos de Oro son los antecedentes más claros.
Encontré ayer el detalle de un cuadro atribuido a Velázquez, Retrato del fraile trinitario Simón de Rojas difunto (1624). Actualmente elcuadro se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Valencia en depósito ¡Qué lejos se encuentra, a pesar del tema, de las postrimerías de Juan de Valdés! El rostro del fraile, que fue canonizado por Juan Pablo II (San Juan Pablo II), muestra una marca en su frente, cerca de la sien derecha. El dermatólogo Xavier Sierra, se refiere en su blog a esta señal, que no es desde luego un estigma: 
"Algunos autores la interpretan como una lesión congénita, e incluso dicen que en su época había quien la llamaba la "la coz del diablo. En este caso deberíamos interpretarla como un hemangioma. Sin embargo, las referencias a esta lesión no son frecuentes en las crónicas o descripciones anteriores a su muerte. Tampoco aparece en otros retratos que de él se conservan. En caso de ser una lesión aparecida ex novo, se tendría que considerar otra interpretación. Velázquez la pinta con minuciosidad, y por la forma, localización, bordes y colorido sugiere una extravasación sanguínea, un hematoma, probablemente como consecuencia de un traumatismo. Fray Simón de Rojas fue hallado muerto en su celda, tirado en el suelo, víctima de un ictus. Es posible que al presentarse el accidente vascular el fraile se desplomara y no es descabellado pensar que se pudiera haber golpeado con algún mueble o contra las losas del suelo. Aunque muy tenue, la órbita derecha, próxima a la lesión, también presenta un leve tinte violáceo, que afecta también ligeramente a la zona malar, por lo que la hipótesis traumática quedaría bien fundamentada."
Curiosamente -o no- el verismo casi forense del retrato del trinitario coincide con la inscripción de dos palabras que emanan de sus boca: Ave Maria. En la biografía del santo en la página vaticana se cuenta que las primeras palabras que pronunció, con apenas 14 meses, fueron esas, así que es lógico afirmar que también fueron las últimas, especialmente porque las pronunció tantas veces a lo largo de su vida que le llamaban "Padre ave María".
Si alguien quiere se puede asomar a los comentarios al post de Xavier Sierra y vería que incluso algún otro médico sugiere que se aprecian xantelasmas (placas de colesterol) (¡!) en la piel de los párpados del difunto. Pero yo creo que esa observación está inducida por el dato del ictus, que suele asociarse clínicamente a la colesterolemia. Cuando Velázquez pintó al fraile tenía 25 años, y aunque el retrato no nos muestra el pintor en toda su plenitud, sí podemos apreciar ya algunos elementos de su genio. Uno de ellos para mí sería ese. Lejos de entroncar con el tenebrismo y la morbosidad de los memento mori más tremendos, más bien entroncaría con el verismo de Rembrandt, que también tiene algunos retratos con signos de las enfermedades y de la vejez. Vemos la cabeza del fraile en línea con el crucifijo y lasmanos que sostienen un rosario con cuentas que podrían ser denácar. Con una gama cromática tan limitada, los matices son muy finos, y la paz que refleja el rostro también añade una cierta serenidad y aceptación. Por lo que se desprende sobre los datos de la vida de San Simón de Rojas, su proceso de beatificación como si dijéramos ya empezó con ese cuadro. También conocemos la habilidad para proyectar mensajes "propagandísticos" que tuvo Velázquez, quien por ejemplo preparó el programa iconográfico del encuentro en la Isla de los Faisanes, su último trabajo. El golpe en la cabeza nos infunde ternura. Es un hombre más (o un hombre menos) que en su sencillez aloja la fe. Murió con 72 años, que para la época no estaba nada mal. Lo del colesterol... Callo.


Retrato del fraile trinitario Simón de Rojas difunto (Diego Velázquez, 1624)


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La peca que lucía la infanta María Josefa de Borbón en La familia de Carlos IV de Goya (tercera por la izquierda) en su sien no era un melanoma ni una queratosis seborreica, sino un postizo. Era una moda afrancesada de aquel entonces (finales del siglo XVIII). Una rival declarada de la reina, la duquesa de Alba llamada Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, también llevaba el postizo, para los que incluso se hicieron cajitas decoradas (boites à mouches, patch/snuff boxes, beauty marks boxes, estuches de lunares postizos). Las de esmalte de Bilston tenían hasta versos, como los caramelos adoquines maños con jotas o los baci perusinos con el bigliettino del giorno.


Boite à mouches del siglo XVIII, en plata y marfil


Patch box (siglo XVIII)

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19/11/17

Tengan cuidado ahí fuera


a nostalgia no sabemos para qué sirve. Después de ver la entrevista a @albert_dmcat, un mosso d'esquadra independentista, en OK Diario, y después de ver su perfil en Twitter (República de Catalunya i Aran), me he acordado del capitán Furillo. Era el jefe de la serie policial procesal de la cadena NBC Canción triste de Hill Street (1981-1987) o Hill Street Blues. Les decía "Tengan cuidado ahí fuera". En la Encyclopedia of TV se puede leer un comentario sobre el papel de Frank Furillo y sobre su perfil rico en matices: "With the episode thus set in motion, the focus shifted to Captain Frank Furillo (Daniel Travani), the professional touchstone and indisputable patriarch of the precinct work-family, and the moral center of Hill Street's narrative universe. Furillo adroitly orchestrated his precinct's ceaseless battle with the criminal element. He also did battle with bureaucrats and self-serving superiors, principally in the character of Chief Fletcher Daniels (Jon Cypher). And on a more personal level, he battled his own demons (alcoholism, a failed marriage) and the human limitations of his officers, ever vigilant of the day-to-day toll of police work in a cesspool of urban blight whose citizenry, for the most part, was actively hostile toward the "police presence." Furillo also battled Joyce Davenport (Veronica Hamel), a capable, contentious lawyer from the Public Defender's office. Their professional antagonism was countered, however, by an intimate personal relationship--the two were lovers. Their affair remained clandestine until the third season, when they went public and were wed. And through all this, Furillo also maintained a troubled but affectionate rapport with his ex-wife, Fay (Barbara Bosson). "

Esta serie marcó un estilo en muchos sentidos y lo que más recuerdo precisamente de todos los episodios era —además de la relación no tan rara de Daniel J. Travani y de Veronica Hamel— que los exteriores eran realmente temibles, con superpoblación y un clima demográfico tenso, ruidoso, abigarrado, complejo. Aunque el plot se situaba en Pittsburgh parece ser que los episodios se rodaron en Los Ángeles y en Chicago, cosa que desde mi propia enciclopedia es llamativo y me suena extraño, como si se pudiera suplantar Sevilla con Valencia o algo así. Pero me imagino que eso no fue problema alguno. El hecho de que Furillo esté inmerso en sus problemas personales y en la solución de los crímenes y de las dinámicas de la comisaría no nos inspiran la menor sensación de pringue o corrupción o de todo aquello que nos produce que la gente se lleve la vida personal al trabajo y el trabajo a la vida personal. Un toque un poco vulnerable del personaje nos lo hace más creíble y meritorio. Así que sea por mi incondicional admiración por el capitán Furillo, sea porque la imagen que proyecta Donaire me es antipática, puedo poner el caso como ejemplo de lo que nos condiciona la nostalgia.

Donaire me recuerda a uno de esos clicks de Famobil, ahora de triste actualidad, o tal vez a un madelman mosso. Reconozco que esos policías como de almanaque, con horas de gimnasio, atiborrados de zumos frutales y que usan emoticonos, no me gustan mucho. Y si al menos eso conllevara que nos sintiéramos más seguros en las calles, que reforzara la frágil confianza en la funcion pública, pues lo daría por bueno, pero no. En el tuit fijado de Donaire leo: "Sempre estaré al costat del @catalan_gov pel que necessitin. Personalment i professionalment. El govern legítim de #Catalunya és aquell triat per la majoria dels catalans en unes eleccions, no l’imposat mitjançant tribunals vulnerant les lleis" (9 de noviembre). El razonamiento no añade nada nuevo a otros argumentos desde la misma orilla. Ya sabemos que no es cierto lo de la mayoría ni tampoco lo de la vulneración de las leyes. Lo que hay que subrayar es que a pesar de lo que pueda parecer, resulta que Albert Donaire sí distingue entre "Personalment i professionalment". Algo le suena. Esa distinción ha empezado a ser insostenible en muchas situaciones desde hace tiempo, desde que se ha instaurado una desproporción brutal entre los cargos políticos, cada vez más numerosos y muchos de ellos con un grave sesgo cognitivo Dunning-Kruger, y los cargos técnicos.

Mis recuerdos del capitán Furillo no los podría empañar un antihéroe, aunque pertenezca a la realidad. Pero admito que los estropearon un poco verlo recientemente en Mentes criminales viejo, con Alzheimer y haciendo de asesino en serie y violador. Un papel bien distinto al de capitán en Hill Street Blues. Lo que me lleva a pensar, yendo de una cosa a otra, qué se puede hacer con los policías con una noción del Derecho totalmente irrecuperable. O con los maestros que adoctrinan a menores de edad en las aulas, incluso contra la voluntad de sus verdaderos tutores legales. ¿Qué se puede hacer con tanta gente que aunque no son mayoría abundan y están tan empecinados en sus creencias? * Parece que el nombre de la serie de la NBC, Hill Street Blues, al ser traducido al español como "Canción triste de Hill Street", se apartó de la idea original de referirse a los polis "azules". Serían como nuestros "grises" de aquellos años ochenta, antes de que el uniforme del Cuerpo de la Policía Nacional pasara a ser marrón y beige. Y por cierto, otra vez el lacito amarillo de Twitter que se han puesto muchas cuentas para señalar su oposición a la pena de prisión para Jordi Sànchez y Jordi Cuixart vuelve a verse azul en vez de amarillo.

Daniel J. Travani como el Capitán Frank Furillo



Post scriptum (2024): El perfil actual de Donaire actual es de un corte no professional y es de influencer, en la cuenta @albert_dm (Albert DM ||*||). La imagen que gasta en el avatar es más amable y creo que lleva el pelo teñido.

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18/11/17

Ni más ni menos

En el programa de Julia Otero del gabinete de ayer por la tarde se hablaba del Efecto Dunning-Kruger o del sesgo cognitivo, por el cual algunas personas no perciben bien su competencia real y se sobreestiman a la vez que subestiman a los demás. Precisamente hace poco, el 31 de octubre, Iñaki Gabilondo publicó una colaboración en la SER titulada "Me equivoqué". En ella admitía haberse equivocado con Mariano Rajoy al haberlo subestimado y con Carles Puigdemont al haberlo sobreestimado. Este análisis me pareció formalmente llamativo, porque además Gabilondo no es dado a la pirotecnia verbal y sin embargo es muy expresivo. En el efecto Dunning-Kruger hay un desajuste terrible entre la sobreestimación y la subestimación, y en realidad de lo que se trata es de lo que toda la vida hemos considerado los tontos que no sabemos si no saben que son tontos o que se creen que los demás somos muy tontos. 
De todas las intervenciones destaco la de Juan Adriansens porque dijo algo que sintoniza con lo que yo venía meditando estos días. Dijo que lo preocupante era cuando una persona no sabe hacer su trabajo, el trabajo para el cual ha sido designado. Estoy segura de que a muchos oyentes nos vinieron a la cabeza dos políticos, los dos de Esquerra Republicana de Catalunya(ERC): Marta Rovira y Gabriel Rufián. A Oriol Junqueras fue Josep Borrell quien lo noqueó en el programa de Cuní, evidenciando que el ex-vicepresident no tenía los conocimientos que se le suponen a quien se encarga de la cartera de Economía. Marta Rovira es mucho más radical y ayer nos disparató el día revelando que el Gobierno de España les había amenazado con una acción directa de opresión brutal para fulminar la Declaración Unilateral de Independencia (DUI).De Marta Rovira también hay unos cuantos vídeos, en los que se hace patente su incompetencia en los grandes temas que rigen cualquier país. 
El caso de Gabriel Rufián es más exorbitado porque participa en el Congreso de los Diputados y lo hace con el aparato típico de un antisistema: camiseta con mensaje, una impresora o unas esposas que muchos corrieron adecir que eran como de sex-shop. Naturalmente lo que Gabriel Rufián pretende es aparecer en las portadas de los principales diarios y que una foto con la impresora o las esposas ruede por internet hasta el final de los días. Pero estos recursos chirrían en un medio parlamentario, donde se supone que hay que hacer y se puede hacer uso de la palabra. Que alguien que tiene la posibilidad de tener voto y también voz, desaproveche esa oportunidad (por la que cobra 8000 euros al mes, dicen) y que use métodos propios de un sistema no democrático, muestra primero un síndrome de Dunning-Kruger severo; segundo, una falta de respeto por la ciudadanía; tercero, que no tiene argumentos. Cuando al salir de allí airado, sin acabar de escuchar la respuesta del ministro Zoido a su interpelación, corrió a escribir tuits, vi que alguien le contestó que escribía como por plantilla. Y es cierto, de hecho siempre escribe el mismo tuit (como yo siempre escribo el mismo post).
*
Ayer también miraba las postrimerías jeroglíficas de Juan de Valdés Leal, el encargo de Miguel de Mañara para el Hospital de la Caridad de Sevilla. En la que lleva la filacteria "Finis Gloriae Mundi" (el fin de las glorias mundanas) la balanza tiene en el platillo de la izquierda (Ni más) alegorías de los pecados capitales y la del platillo de la derecha (Ni menos) símbolos de la virtud, la oración y la penitencia. Son todos ellos símbolos muy convencionales, todo un programa iconográfico que nuestro Don Juan viviente mandó encarnar para la edificación de las conciencias. Las esposas de Rufián fueron un símbolo fallido porque lejos de recordar las esposas de un reo y la pena de prisión lo único que inspiraban era un juguete infantil o sadomasoquista. 
Es curioso el lema, ni más ni menos, porque los pecados y las virtudes se representan en una balanza, y porque el Efecto Dunning-Kruger también se podría representar como un desequilibrio entre lo que creemos que somos y lo que en realidad somos, entre lo que creemos que son los demás y lo que en realidad son los demás. Naturalmente si solo opinaran o hablaran quienes saben, todos tendríamos que callar, porque en el fondo nada sabemos (Efecto Sócrates). Hace poco oí que un conocido, que se distingue por su discreción, comentaba de algún político que se defendía como una "buena persona". Según mi conocido, son los demás ─la sociedad─ los que tienen que decir de nosotros si somos o no somos buenas personas. Pero aunque admito que eso es cierto también pienso que ni siquiera somos quien para decir quien es buena persona y quien no. De hecho, muchas veces, detrás de afirmaciones como "Es muy buena persona" o "Fulanito es tan inteligente", lo que hay es engreimiento reflejo, alguien que se cree con toda la superioridad moral o intelectual para poder valorar o estimar a los demás.

Podríamos decir como los musulmanes "Allah es el más sabio" (Allah Al-Hakim).

Juan Valdés Leal, Finis Gloriae Mundi (ca.1670-1672)

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15/11/17

Post 1582: Principios y finales

“Estos son mis principios. Si no le gustan…tengo otros”

Groucho Marx


o recuerdo haber hecho en la enciclopedia sentimental comentario alguno sobre WALL-E (Andrew Stanton), una película de animación que obtuvo un óscar el año 2008 con motivos sobrados. La película está llena de detalles, alguno de ellos cultista, que hacen de su revisión un disfrute completo. Tengo que admitir que la parte que más me gusta es aquella en que aparecen solo WALL-E, EVA y la cucaracha Hal (en homenaje al HAL9000, el panóptico de 2001: Odisea del espacio (Stanley Kubrick,1968). Cuando llegan con la nave Axioma adonde está lo que queda de la humanidad postapocalíptica, deja incluso de interesarme. Ese trozo ni lo recuerdo, sí me acuerdo del final, que es cuando inopinadamente Wall-E es correspondido por EVA.

Para quienes no han podido ver la película, WALL-E sería una especie de tractorcito que vive ajeno al fin de la civilización, en el año 2115, empacando basura y almacenando piezas de un mundo donde ya no existe la vida si no es por una cucaracha que aparece de vez en cuando y alguna tormenta de polvo. Esas tormentas de polvo y el insecto nos recuerdan al arranque de Las uvas de la ira, aunque no se trate de Oklahoma. EVA es una robot exploradora cuya apariencia resulta como de 30 generaciones más moderna que la de WALL-E.

La segunda imagen que presento es del final de la película, cuando regresan para repoblar la Tierra. Volver a ver el juego Pong de Atari, una videoconsola que —siempre de acuerdo con la Wikipedia— se creó el año 1975, meparece emocionante. Ese juego imitaba el tenis de mesa y se impulsaba con dos botones de rosca. El de la pantalla muestra un puntuador 7999-0 que es del todo inverosímil pero que sirve para señalar la soledad del empacador de basura WALL-E. Juega en solitario. Desde las actuales videoconsolas, Pong debe parecer muy primitiva e incluso puede no parecer una videoconsola. Amí mesuena haber jugado con una especie de emulador de Pong de pantalla de fósforo en un salón recreativo que había en Gran Via tocando la Plaza Universidad. Ahora, a los nostálgicos, nos sería posible jugar a Pong en línea en Gratis jugar juegos.

Parece increíble, tal y como empieza la película, que WALL-E consiga la atracción de EVA, cuyo aspecto es de una tecnología muy soft, si la comparamos con la de WALL-E, puro hardware, cuadradote, de color amarillo como la de las grúas de las de antes, con unos ojos que parecen binoculares y ruedas de oruga. Que algo de esto subyace en los dos personajes se deja ver en la otra fotografía que también incluyo hoy, que muestra a WALL-E como un PC y a EVA como un Mac. Aunque WALL-E hacia el final de la trama se queda accdentalmente desconectado del mundo (como descerebrado), EVA consigue reactivarlo con un impulso eléctrico o beso. Aunque aparentemente esté desvelando el final, creo que la película desborda interés más allá de la parábola amorosa. Parece que en los guiones convencionales, suele desarrollarse una historia que empieza no muy bien y que tiene un final feliz. No siempre es así y tenemos ejemplos de infinidad de historias de final terrible, que no acaban tan favorablemente como las novelas de Rosamunde Pilcher o las películas de ZDF (Zweites Deutsches Fernsehen) rodadas en Cornualles y Devon (chico conoce a chica y madre viuda conoce a padre separado, escenario de castillo, mar, flores, pajarillos).

Vista una película  de ZDF, vistas todas. Pero tal vez esto nos ocurre a todos. Ayer supe que eso que ahora está según y como de moda en el periodismo— y no me refiero a Gregorio Morán, siempre tan bien documentado— es la prosa cipotuda, y sin embargo mi desconcierto fue entender que el que usaba tal apelativo para referirse a cuatro ejemplos del mismo modelo también estaba escribiendo en cierta manera en prosa cipotuda. El apelativo, sin entrar en consideraciones sobre sí es descriptivo o no, no llego a ver que sea ajustado al estilo que pretende señalar. Seguramente atañe a algún desfase de la testosterona y del alcohol a la vez, no digo que no, pero como término de la crítica literaria y del campo al que pertenece quien lo acuñó, Íñigo F. Lomana, me resulta impropio. De todas maneras no me extrañaría que prosperase y que incluso salieran estilos de secuela. 

La vida no se parece a las novelas de Rosamunde Pilcher o a los guiones de ZDF, aunque nos guste tal vez pasar una tarde enñoñecida con un relato romanticón con anillos de compromiso, vino, rosas y bodas dobles. La vida si acaso se parecería a alguna de aquellas series de los principios de TV3, como Gent del barri. Por mi horario nunca pude verla con asiduidad, la veía de higos a peras y mi extrañeza era grande cuando descubría los embrollos que surgían entre personajes alejados y como se complicaba la trama con infidelidades cruzadas varias. Siempre eran los mismos personajes y me pareció que al final todos se habían liado en algún momento entre ellos. Sé que cuanto acabo de decir es bastante absurdo, pero mi comparación de la vida con guiones como Gent del barri se basa en una experiencia probada de 56 años que son los que ya voy teniendo sobre mis pies. Si acaso tendría que precisar que he observado que a veces hacemos un "papel" que luego vemos representado en otras personas. O que juzgamos mal algo de lo que luego tenemos plena conciencia al experimentarlo en nuestra propia carne. El efecto espejo se llama.

Recientemente un amigo me explicó que se había tenido que ir a vivir a un piso que está al lado de una campanario y que además de oír tocar las horas y las medias y los cuartos, de vez en cuando pasa un tren de la línea del Maresme y también lo oye. La verdad es que me inspiró una cierta preocupación, aunque sé que se acabará acostumbrando. Pero también debo decir que me acordé de que hace cosa de 30 años, cuando él aún no tenía un piso pero yo vivía donde ahora sigo viviendo, me dijo nada más visitarme que lo primero que haría sería tirar todas las paredes y hacer como un loft. Me pareció un poco una insolencia, porque yo no le había preguntado por su opinión ni por una valoración de conjunto de mi piso. Además a duras penas yo podía ir pagando la hipoteca ycomer como para pensar en ponerme en reformas que ni siquiera sé si se podrían practicar sin permiso ni con permiso. Supongo que mi amigo ya no se acuerda de sus palabras, yo no se las afeé. Pero alguna vez he pensadoque era natural que él, al no haberse independizado de su familia aún, no supiera de todos los inconvenientes y problemas que conlleva montar una vivienda donde se puede estar a gusto, sin goteras ni plagas, etcétera. La vida ya va abriéndonos los ojos a todos, más tarde o más temprano. Y un día fue WALL-E flamante y otro día será EVA pura chatarra inservible.

*

Otro de los homenajes de Stanton a los años 70 es un vídeo que tiene WALL-E en su casa. Lo tiene guardado en una tostadora. Inserta el VHS en una especie de verdulera de frigorífico que está conectada a un I-pod. Como la pantalla del reproductor multimedia es muy pequeña superpone una lupa-pantalla como las de las consolas Sega de los años catapún chimpún. Estos avances y retrocesos paradójicos de la tecnología ya los describe Umberto Eco en De la estupidez a la locura, cuando nos advierte de que en algún momento se nos hará pagar por descargar un programa inferior o más antiguo que el que lleva un ordenador de fábrica. A través de la pantalla se ve una escena de Hello, Dolly!, un musical en el que participa el inefable Michael Crawford, actor que en Cataluña conocemos sobre todo por su papel de ingenuo con altísima siniestralidad en N'hi ha que neixen estrellats (Some Mothers Do 'Ave 'Em). 

Así como el cine ha incorporado a veces todos esos elementos de la tecnología y los hace palpitar en una historia con jugo y corazón, no sé si los vídeojuegos han sabido o querido o podido incorporar ese reflejo metafísico. Desde fuera o desde lejos no les veo ese atractivo, aunque sé que sí introducen el humor, que ya es algo. Como hace años se suele decir que en realidad ahora el cine donde obtiene sus ganancias es en los juegos y que las películas convencionales no son más que su lanzamiento, mejor me callo.


Fotograma de WALL-E con el juego Pong de Atari 
Escena de WALL-E en su casa

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2/11/17

La poeta lavandera

 When bright Orion glitters in the skies
In winter nights, then early we must rise;
The weather ne’er so bad, wind, rain or snow,
Our work appointed, we must rise and go,
While you on easy beds may lie and sleep,
Till light does through your chamber-windows peep.
When to the house we come where we should go,
How to get in, alas! we do not know:
The maid quite tired with work the day before,
O’ercome with sleep; we standing at the door,
Oppressed with cold, and often call in vain,
Ere to our work we can admittance gain.
But when from wind and weather we get in,
Briskly with courage we our work begin;
Heaps of fine linen we before us view,
Whereon to lay our strength and patience too;
Cambrics and muslins, which our ladies wear,
Laces and edgings, costly, fine and rare,
Which must be washed with utmost skill and care;
With holland shirts, ruffles and fringes too,
Fashions which our forefathers never knew.
For several hours here we work and slave,
Before we can one glimpse of daylight have;
We labor hard before the morning’s past,
Because we fear the time runs on too fast.
At length bright Sol illuminates the skies,
And summons drowsy mortals to arise;
Then comes our mistress to us without fail,
And in her hand, perhaps, a mug of ale
To cheer our hearts, and also to inform
Herself what work is done that very morn;
Lays her commands upon us, that we mind
Her linen well, nor leave the dirt behind.
Not this alone, but also to take care
We don’t her cambrics nor her ruffles tear;
And these most strictly does of us require,
To save her soap and sparing be of fire;
Tells us her charge is great, nay furthermore,
Her clothes are fewer than the time before.
Now we drive on, resolved our strength to try,
And what we can we do most willingly;
Until with heat and work, ’tis often known,
Not only sweat but blood runs trickling down
Our wrists and fingers: still our work demands
The constant action of our laboring hands.
Now night comes on, from whence you have relief,
But that, alas! does not increase our grief.
With heavy hearts we often view the sun,
Fearing he’ll set before our work is done;
For, either in the morning or at night,
We piece the summer’s day with candlelight.
Though we all day with care our work attend,
Such is our fate, we know not when ’twill end.
When evening’s come, you homeward take your way;
We, till our work is done, are forced to stay,
And, after all our toil and labor past,
Sixpence or eightpence pays us off at last;
For all our pains no prospect can we see
Attend us, but old age and poverty.

Mary Collier, The Washerwoman(*)


ltimamente no acabo de entender algunas columnas, Los que antes eran en general irónicos ahora son agrios y retan la comprensión lectora más probada. Que un intelectual como Fernando Savater escriba una columna como "Diván" nos habla de muchas cosas, entre las cuales domina la oportunidad desperdiciada y la desidia, aunque en una capa profunda tal vez podríamos interpretar que sus 295 palabras (1434 caracteres) encierran una crítica contra otro columnista o una clase de columnistas difusos. Sabe el profesor que a los intelectuales lo que les caracteriza es su capacidad para analizar. A ellos me referí en un post reciente (Acervo y acerbo popular): "En mi opinión, el intelectual debe conocer el pasado, hablar del presente y tener responsabilidad." Deliberadamente descarto el futuro porque pienso que escasean los visionarios de verdad. También porque me acuerdo de las palabras de un señor con quien a veces coincidía en la línea roja de Feixa Llarga a casa: "Adivinar el futuro es tirar el dinero, si uno mira su situación ya se da cuenta de lo que viene". Pero analizar correctamente la situación no es tan sencillo, eso lo sabemos todos. 
El filósofo o doctor en Filosofía se refiere a Montaigne y a Unamuno, dos autores recurrentes en todo columnista que se precie, aunque últimamente se podría hablar de la incorporación de Bauman. El apego a la marca Montaigne o a la marca Unamuno ya cansa. La primera vez que leí los Ensayos, a los que llegué desde Josep Pla, estaba toda llena de ilusión. Pero pronto me di cuenta de que me gustaba mucho más la enciclopedia de San Isidoro, una almazuela con todo el saber del siglo VI. La misantropía de Montaigne no me impresionó. La misantropía solo me impresiona cuando es precoz, y nunca cuando es procaz.
El memorialismo y ya no digamos las autobiografías inspiran mucha desconfianza o rechazo porque la mayor parte de las veces lo que revelan es vanidad, buscando un reconocimiento o justificando toda una vida, con sus tiempos muertos y todo. Y cuando no revelan vanidad nos trasladan unas confidencias incómodas o ridículas. Pero cuando alguna vez como bibliotecaria me han consultado qué libro debía leer alguien que estaba enfermo o desolado, siempre he aconsejado que les invitaran a leer alguna biografía o autobiografía. No sé al diván de qué columnistas se refiere Fernando Savater, lo prometo. No veo nada de bueno pero tampoco de malo en que alguien hable de sí. Se puede hablar de nuestros semejantes, o de quienes dirigen el mundo, o de quienes lo padecen, todo tiene su interés.
Cuando con la extensión del fenómeno de las redes sociales todos nos hemos dado cuenta de lo que piensan nuestros congéneres, también nos hemos dado cuenta de que antes vivíamos en la ignorancia y de que tanto esfuerzo en la universalización de la educación no ha dado los resultados buscados. La escasa comprensión lectora se une a la falta de criterio para saber distinguir los bulos. Y me he encontrado con personas que tienen incluso una carrera universitaria que son incapaces de darse cuenta de que muchos archivos con información maliciosa, muy atractivos pero sin fuentes ni autoría, son falsos. Por atroz que sea la opinión de una persona que ha descuidado su formación y su información, siempre la preferiré a uno de esos artefactos que tanto prosperan en Facebook.
Naturalmente no creo que mi opinión sea especialmente interesante. Si acaso siempre he pensado que podríaservir como testimonio de lo que somos una parte de la gente común o corriente. ¿No le interesaría saber a Fernando Savater qué pensaba mi bisabuela Carmen? A mí si. O cualquier hijo de vecino. Lo que pensaron los historiadores o los escritores que llegaron a ver publicados sus libros no me interesa más.

*

No encuentro una traducción del poema de Mary Collier (1688-1762), la lavandera poeta o la poeta lavandera, por lo que me atrevo a proponer aquí una versión para salir del paso y ofrecerla a los que aún saben menos inglés que yo. En el catálogo colectivo de las universidades catalanas solo hay un libro de Mary Collier, en inglés. Sí encuentro en internet reproducida la edición al parecer de 1730 de The Woman's Labour, por 6 peniques. 6 peniques como el jornal de lavandera.

La fotografía de hoy es de Ruth Matilda Anderson y la incluyo porque claramente se documenta como las mujeres en La Coruña de los años 30 cargaban y descargaban con los hombres y los bueyes.

Fotografía de Ruth Matilda Anderson de su viaje por Galicia(1923-1930)


(*)
Traducción literal aproximada no rítmica:

Cuando el resplandeciente Orión brilla en los cielos
En las noches de invierno, entonces es cuando temprano nos tenemos que levantar; 
Aunque el tiempo no hubiera sido tan malo en viento, lluvia o nieve,
Nuestro trabajo está fijado y debemos levantarnos y acudir, 
Mientras que ustedes en blandas camas se acuestan y duermen,
Hasta que la luz penetra a través de las ventanas de sus habitaciones. 
Cuando llegamos a la casa donde debemos ir,
No sabemos cómo entrar, ay,
La criada bastante cansada por la faena de la jornada anterior, 
Vencida por el sueño; nosotros esperamos en la puerta, 
Oprimidos por el frío, a veces llamamos en vano,
Antes de empezar a trabajar debemos ser antes admitidos. 
Pero cuando del viento y de la lluvia quedamos a cobijo,
Es cuando empezamos a trabajar con vigor y coraje; 
Montones de ropa blanca nos esperan
Y exigen nuestra fuerza y también nuestra paciencia; 
Batistas y muselinas, que llevan nuestras señoras, 
Lazos y puntillas, costosos, finos y raros,
Que debemos lavar con destreza y cuidado; 
Con camisas de holanda, con volantes y flecos,
Novedades que nunca vieron nuestros antepasados. 
Por muchos años aquí trabajamos como esclavos. 
Antes de poder entrever un rayo de sol;
Laboramos duro antes de que acabe el día,
Porque tememos que el tiempo corra demasiado deprisa.
A lo lejos el esplendoroso sol ilumina el cielo,
y llama a los somnolientos mortales para que se levanten; 
Entonces viene nuestra señora sin falta,
y en su mano lleva, tal vez, una jarra de cerveza
para alegrar nuestros corazones, 
y también para informarnos por ella misma qué faena debe hacerse pronto;
Nos deja sus órdenes, de cuidar bien la ropa blanca, 
sin dejar para el final la sucia.
No solo eso, sino que también debemos cuidar 
de que ni las batistas ni los volantes se rasguen;
Y lo que más estrictamente nos requiere
es ahorrar su jabón y no malgastar el fuego;
Nos explica que sus gastos son grandes, como nunca, 
Aunque tiene menos ropa que en tiempos pasados. 
Entonces nos ponemos en la mejor disposición;
Hasta que por el calor y el esfuerzo, como es sabido, 
No solo el sudor sino la sangre
Chorrea por nuestras muñecas y dedos: sin embargo nuestra tarea exige 
La acción constante de nuestras manos laboriosas.
Ahora llega la noche, de la cual ustedes reciben el consuelo,
Y que, ay,  no aumenta nuestra pena.
Con un peso en el corazón a menudo vemos el sol,
Temiendo que no se pondrá hasta que no acabemos nuestra tarea; 
Porque sea de noche o de día,
Nosotros calculamos la hora hasta en días de verano por la cera de la vela. 
Aunque acudamos con diligencia cada día al trabajo,
Como es nuestro destino, no sabemos cuando acabará. 
Cuando llega la noche, ustedes regresan a casa;
Nosotros, aunque hayamos hecho nuestro trabajo, tenemos que permanecer, 
Y, tras haber concluido con denuedo nuestra labor.
Al final nos pagáis seis u ocho peniques;
No vemos un horizonte de salida a nuestros pesares, solo la vejez y la pobreza

Mary Collier, La lavandera [trad.MartaDomínguez Senra]



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7/10/17

80

"Es charlatán, habla de cualquier cosa: política, mujeres, sexo, pesca de la trucha, movimientos intestinales, su viaje a Europa, si es mejor criar ganado o sembrar trigo,
tomar gin o vodka, Johnny Carson, su safari al África, la religión, la Biblia, Shakespeare, el genio del general MacArthur, la caza del jabalí, las putas de Reno comparadas con las de Las Vegas, el mercado de valores, enfermedades
venéreas,si los copos de maíz son mejores que los de trigo, el oro mejor que los diamantes, la pena capital (que aprueba con entusiasmo),
fútbol, béisbol, baloncesto..., de cualquier cosa…" 
Truman CapoteAtaúdes de artesanía






eo en la prensa de hoy que ayer en el pregón de las fiestas del Pilar de Zaragoza hubo pitada a Santisteban y banderas españolas. Son elementos que no tengo la menor idea de cómo van cosidos en la misma frase. Lo que es cierto es que se dieron todos a la vez y que seguramente concretan el hartazgo de la famosa "mayoría silenciosa". También es probable que los que más alto gritaran fueran los nostálgicos, a quienes se relaciona con el Partido Popular y la ultraderecha. En cualquier caso es algo que también puede ocurrir en la manifestación convocada hoy por Societat Civil Catalana para las doce en Barcelona.
Esta manifestación, con una convocatoria clara hay que decir, fue contraprogramada por la de #hablemos o Podemos, cuyo timeline en Twitter parecía la entrega de murales del colegio, un brainstorming gráfico, sin apenas palabras, donde se exigía precisamente el diálogo. Los tuiteros alérgicos a las banderas y al plural en -os pronto simpatizaron con esta propuesta, sin saber de dónde venía, incluso cuentas donde se puede apreciar criterio y madurez política. Todo esto para decir que prefiero sumarme a una iniciativa que está respaldada claramente por una entidad, a pesar de que no sabemos quién se va a añadir ni con qué estética.
Si algo hay que agradecer al recrudecimiento de la situación en Cataluña en los últimos meses es la claridad con la que exhiben los supremacistas algunas de sus ideas de superioridad moral, fisica, psíquica, científica, deportiva, etcétera. Siempre estuvieron esas ideas, pero ahora son más evidentes. Y esa claridad contrasta con el silencio sobre los casos de corrupción de los políticos catalanes, empezando por Jordi Pujol Soley. Mi posición estriba en esos dos puntos. Y en el de la propaganda que ha invadido todas las televisiones de esta comunidad autónoma, la enseñanza, el tejido social y cultural de los barrios, las empresas, etc. Y lo que relato no es un reflexión, está planteado en el Programa 2000 que CIU publicó el año 1990, cuyo texto fue elaborado con "notas" de Jordi Pujol, y con la ayuda de Macià Alavedra (Conseller de Economia), Joan Vallvé (Conseller d'Agricultura), Joan Guitart (Conseller de Ensenyament), Josep Laporte(Conseller deSanitat) y Miquel Roca cuando era el Secretario general de Convergència.
Ya comenté aquí en mi blog en su momento el detalle de Cuní y su grey cuando se produjo el caso de ébola en Teresa Romero, que achacaron a la marca España lo mal que se había llevado el asunto, usándolo como carnaza de su tertulia nefanda. Pero resulta que el asunto lo estaba llevando por aquel entonces un investigador catalán que dirigía el Instituto de Salud Carlos III (Madrid) y ahora es Director General de Recerca i Innovació en Salut (Barcelona), Antoni Andreu.
El pequeño ejemplo sirve de modelo de un enjambre de casos idénticos. Y los que aquí vivimos hemos sufrido esta situación sin poder prácticamente hasta hoy declarar nuestro hartazgo en público. Se nos conoce como la "mayoría silenciosa". Y sin embargo mi primer post en este blog, en agosto de 2007, ya era sobre un artículo que escribió Jordi Pujol, "Juicio severo". Cada vez que surgía la ocasión de indignarse he podido expresarme aquí y lo he hecho. Naturalmente, mi opinión apenas tiene un valor testimonial, es algo personal, sin pretensiones intelectuales de influir en nadie ni de hacerlo de forma brillante. De manera que la manifestación de hoy a las doce es toda una ocasión de poder hacer algo en favor de que los que nos oponemos al programa supremacista.
Para que también sirva de testimonio personal añado que estos días, como tantas otras personas, he excluido demis cuentas en las redes sociales todos aquellos que habían declarado haber votado en el referéndum ilegal del 1de octubre pasado. Un referéndum ilegal que además demostró ser un pucherazo, cosa que remata su condición. Y he suprimido ese contacto porque hago a esas personas corresponsables de la fuga de empresas y los cambios de sede de CaixaBank, Agbar, Banc de Sabadell, Codorníu, etcétera. Hago a esas personales corresponsables del previsible 10% de empobrecimiento de Cataluña.
Si al principio se puede pensar en el respeto a las opiniones, al final hay que pensar en retirarse (no menos respetuosamente) del lado de quienes están contra la legalidad, la sensatez, la realidad y el estado de derecho. En algunos casos esas opiniones coinciden con una inmadurez cultural pavorosa, pero en otros habría que hablar de la folie à plusiers, a la que me referí el año 2011. Gente de mi propia familia, amigos de toda la vida, compañeros de trabajo, vecinos, muchas personas a las que se les tiene afecto y con las que he pasado buenos ratos nos vemos confrontados por algo de lo que todos somos víctimas. Y eso es lo triste.


El Periodico | Programa 2000 (CiU 1990) (hojas segunda y tercera)

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