"La propiedad es un robo"
Pierre-Joseph Proudhon
"¿Para cuando una exposición desmontando los mitos de
la homogeneidad catalana, o del pancatalismo ?
Espero pacientemente, aunque con Josep Ramoneda como
director del CCCB estoy seguro que esto no ocurrirá. Fiel al poder nacionalista
catalán, defensor del Estatut que anulaba (anula) el Estado, siempre estará
presto a desmontar España. ¡ Qué pena!, el CCCB había montado exposiciones muy
interesantes y para nada políticas,
recuerdo la de las "arquitecturas imaginadas" o las de Barceló".
(Leales
al poder en "El d efecto barroco" de J.L. Marzo)
n
los últimos meses se ha puesto de moda referirse al fantasma del pasado, del
presente y del futuro, figuras que provienen del sinigual Cuento de Navidad de
Charles Dickens, y de los fantasmas que se le aparecen a Ebenezer Scrooge para
corregir su vida y alarmarlo sobre las consecuencias de su avaricia. Estas
poderosas figuras son recursos literarios que se proponían no solo hacer
recapacitar a Scrooge sino que perseguían una cierta plasticidad discursiva muy
apropiada para el tiempo de adviento y su imaginario milagrero. Otra cosa es
que las ficciones se puedan entrecruzar y de la misma manera que Santiago el
Mayor se encontró con la Virgen del Pilar a su paso por Zaragoza, se encuentre
Mickey Mouse y Winnie the Pooh, y la vendedora de fósforos con el avaro de
Dickens.
A
pesar de que hay mucho revuelo estas últimas semanas con Wikileaks y más
con Julian Assange, que ha adquirido un llamativo protagonismo en su
organización, habrá que observar con tranquilidad lo que da de sí el asunto,
por donde va, de donde viene, y dejarlo en cuarentena. De momento, a pesar de
su impacto, yo tengo a Assange más o menos en el mismo plano en el que pondría
a Nostradamus. Me propongo cada día por encima de toda contingencia el
respeto, pero ¡es tan difícil en algunos casos no caer en la sorna y la
procacidad! Si les digo que para mí Blecua (el recientemente designado
presidente de la RAE) es Rubalcaba... Se dirá que Nostradamus hizo pronósticos
o profetizó el futuro a través de sus centurias astrológicas. El foco de
Assange es el presente, algo sobre lo que es no menos aventurado hablar si no
es refugiándose en la opiniología, el chismorreo o el espionaje de toda la
vida. Lo interesante de Wikileaks es que cubre un espacio que a lo mejor, mal
comparado, podía ser saciado por una magdalena, pero que no deja de ser un
hallazgo, por amarillo que parezca.
Por
alguna desviación siento más interés por lo que pensarían los antiguos de
nosotros que por lo que piensan mis coetáneos de los antiguos. Manía,
oye. También me ocurre (aunque reconozco que esto es más que reprobable) que cada
día me interesa menos la gente que es aún peor que yo y la que ignora la
Historia. Es una pérdida de tiempo. Estoy pensando por ejemplo en una
exposición que hay ahora en Barcelona, en el CCCB (Centre de Cultura
Contemporánea) sobre el Barroco. Se titula ni más ni menos que "El d_efecto Barroco:
políticas de la imagen hispana" aunque también remite a la frase
"Lo hispano está embarrocado ¿quién lo desembarrocará? El desembarrocador
que lo desembarroque buen deshispanizador será". Exposición audaz y
requetepetulante donde las halla porque el barroco, tanto si lo comprendemos
como estilo como si lo entendemos como época es un campo de estudio amplísimo
(tan extenso como intenso) y es uno de los bancos de artistas -como quien
dijera “banco de peces”- más prodigiosos de la historia de la humanidad. Abarcó
catolicismo y protestantismo. Abarcó a Europa y a América, Roma con Santiago.
Aunque aún me estoy documentando sobre el evento, que estará instalado hasta
finales de febrero de 2011, pienso que tiene visos de propaganda subsidiada
contra el mito hispánico. Me echa para atrás. La cuestión hoy es qué
pensarían los antiguos de nosotros. No al revés. ¿Qué pensaría Velázquez,
que se ha etiquetado en la exposición -250.000 euros de nada- como "pintor
de corte", del montaje abrumadoramente lleno de imágenes catódicas hasta
el abotargamiento hipnótico por dos comisiarios
superhipermegasubvencionadísimos de la muerte? Otro
blog, "El Pabú", me previene de asistir a la instalación de Jorge
Luis Marzo, profesor de Historia del Arte de la Universitat Pompeu Fabra
(esa universidad que cuenta con las ventajas de ser privada y de ser también
pública) y Tere Badia (Hangar, otro punto soportado por los fondos públicos de
nuestra arruinada administración).
Admito
que tal vez estoy anclada en los estudios más serenos y rigurosos de quienes
fueron mis profesores y maestros y que me trasmitieron el acervo (que no
acerbo) de los Siglos de Oro con tanto rigor como serenidad y cuidado.
Admito que no soy muy amiga de happenings ni de versiones de
"Fidelio" con chupa de cuero y coro de motarras. Si Sor Juana Inés de
la Cruz o, si lo prefieren, Juana de Asbaje , o Cervantes o Johann Sebastian
Bach leyeran aquello que yo he leído con estos ojos que se van a comer los
gusanos de "És en aquest esborrallament des d’on parteixen, d’una
banda, un discurs identitari clarament determinat per la voluntat d’administrar
una memòria única, de gestionar la història i d’encobrir l’engany i la
manipulació de l’incipient capitalisme modern mitjançant el cultiu extrem de
les formes culturals, i, de l’altra, un discurs culturalista guiat per la
supressió de la dissensió i de la consciència crítica per promoure una cultura
oficial al servei del silenci", ¿no se les caerían los palos del
sombrajo? No hay derecho.
Entre
lo que he conseguido leer del catálogo de la exposición, lo que me ha
descubierto "El Pabú" y lo que me ha inspirado el documento firmado
por Jorge Luis Marzo titulado "Barcelona y la paradoja del barroco",
he desistido de entender nada y percibo las conclusiones y más las omisiones
como insania paranoica o algo peor y muy sesgado, como propaganda
tout à fait. Evidentemente, como pasa con casi todo, hasta con el
"Fidelio" en versión rockera, pueden salvarse muchas aportaciones,
pero como el conjunto es abrumadoramente sesgado y en realidad desmonta un mito
(cosa legítima) pero lo hace destrozando sus artífices como si fueran ídolos de
barro, se descalifica per se.
Para terminar, porque el tema no merece más espacio, tengo que referirme a un
párrafo que probaría la extravagancia del punto de vista de Marzo, cuando
pretende comparar ni que sea de una forma estructural esa cosa horrenda, esa
torpeza a la megalomanía inmobiliaria que fue el Fòrum,
con la escalina de la Piazza
di Spagna:
"De entrada uno se pregunta sobre el porqué de esas dimensiones
descomunales; uno se interroga acerca de las verdaderas de las [sic] razones y
utilidad de semejante escenario. Porque no parece ser más que eso mismo, un
escenario construido para magnificar la voluntad misma del poder. Las
escalinatas del Fòrum, organizadas por segmentos claramente escenográficos y
perspectivistas, nos retrotraen a la escalina de la Piazza di Spagna de Roma o
a la de la Catedral de Gerona, pero con una enorme diferencia. Mientras
aquellas dos eran respuestas a problemas de ordenación y accesibilidad urbana,
la del Fòrum es un espacio en sí mismo, sin relación alguna con el entorno: se
trata de un monumento per se, reflejo (patético) del sueño de un urbanismo
ciego a los problemas reales y enterado por entero al negocio del logotipo". (Barcelona
y la paradoja del barroco)
Curiosamente,
"Barcelona y la paradoja del barroco" tendría que tratar sobre las
razones y las pasiones por las que en Barcelona prácticamente no hubo Barroco y
los llamados Siglos de Oro fueron la época de mayor decadencia para mi
ciudad. Pero no. Yo no soy historiadora del arte y si ser historiadora
del arte es ser algo parecido hacia lo que apunta el menesteroso Jorge
Luis Marzo tampoco desearía serlo, puesto que no me interesa la propaganda,
pero me atrevo a señalar que el Fòrum para todo hijo de vecino no fue
más que pura especulación del terreno construible, su recalificación y el gasto
subsidiado de hormigón puro y duro, cuanto más mejor. Por favor, que no me
comparen el monstruo del Fòrum con la Piazza di Spagna. Eso no. Italia no.
La foto de "El País" que incorporo parece que invite a la destrucción
no de la copia, sino de toda la obra de Diego Velázquez y su
linchamiento moral. Ni las cargas de Mao contra el arte decadentista
contrario a los objetivos del comunismo tienen una carga tan incendiaria y
rabiosa como la que mantiene en un difícil equilibrio el aparato fantasmagórico
marzalino. Y eso que me pasa con Velázquez como con otros dos barrocos, Mozart
y Bach. Tengo días Bach y tengo días Mozart. También tengo días Beethoven, pero
Beethoven ya es romántico. Uf, no quiero ni pensar en lo que dirían Marzo y
Badia de Beethoven o Brahms. Precisamente estos días me sentía más próxima al
intimismo y el quietismo que trasmiten el cuadro de Vermeer que más me gusta
("Calleja"
o "Little street") y me parecían, estos días, muy superior a lo
que alienta la tan cacareada autorreflexividad de "Las Meninas" de
Velázquez, ese cuadro que solo podemos entender si creemos que refleja lo que
veía un pintor que no era el propio Velázquez. Esa profundidad óptica, ese
acertijo del espacio, incomprensible sin la abundancia que presidió aquella
época, sus excesos, sus excipientes, sus espumarajos, no me impresionan
tanto como el ensimismamiento de las mujeres de la calleja que pintó Vermeer.
En
esta ciudad, Barcelona, se enfrentan cerca de aquella Plaza de las Glorias Catalanas,
engendro monstruoso donde los hubiere que derrumbamos y levantamos cada dos por
tres (seis), dos edificios: el de Moneo para el Auditori
y el de Bofill para el Teatre
Nacional de Catalunya. El primero se identifica con el turno político del
PSC, socialista, funcional, minimalista. El segundo con Convergència i Unió y
el mito mediterráneo, un invento con no más músculo que el de la hispanidad tan
denigrada y desenmascarada.
Misión
pedagógica en Cebreros, Ávila, en 1932. Al fondo, copia de Las hilanderas de
Velázquez
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