27/3/26

Piedra aplasta a tijeras

"Tijeras cortan papel. Papel tapa a piedra. Piedra aplasta a lagarto. Lagarto envenena a Spock. Spock rompe tijeras. Tijeras decapitan lagarto. Lagarto devora papel. Papel desautoriza a Spock. Spock vaporiza a piedra. Y como siempre, piedra aplasta a tijeras."

Sheldon (The Big Bang theory)

Oye, Señor, la voz del que te invoca

Salmo 27


o hace mucho, en una clase en la Universidad ─dejémoslo así─ una profesora de Historia Medieval dijo "yo no pienso leer los Salmos ni loca". Me parece que su especialidad es el arte medieval, cosa que hace aún más sorprendente tamaña afirmación. No creo que fuera una boutade; seguramente no ha leído los Salmos que, para quien tampoco los haya leído, no llega a las 150 páginas y eso si no se imprimen los versos de corrido, que aún ocupan menos espacio. 

Son 150 himnos de gran fuerza poética y profética (que es decir lo mismo) y se suele recordar, entre tantos comentaristas y especialmente en los cristianos, no en los judaicos, que era la lectura de Jesús de Nazaret. Me gusta pensar que las propiedades musicales le añaden fuerza y permiten su retención incluso involuntaria en el espacio insondable de la memoria.

Se ha hablado mucho sobre la musicalización polifónica del salmo 51 (Miserere mei, Deus) por Gregorio Allegri, una maravilla. El papa Urbano VIII prohibió su ejecución fuera de la Capilla Sixtina, se dice, y quien la copiara podía ser excomulgado. También se dice que Mozart la escuchó dos veces para memorizarla y luego escribir la partitura. Pudiera ser. Quiero decir que pudiera ser que hiciera esa proeza, no que fuera necesario.

Hay por ahí una grabación en donde en el coro de voces blancas uno de los niños se lleva a la boca un globo de helio y aspira el gas, cosa que le permite afinar su voz (0:58) a mi entender a un extremo poco natural y parecido a la asfixia. Es la frase munda me, "límpiame". Se puede comparar con otra grabación del King's College de Cambridge y está claro qué suena mejor.

Lejos de preguntarme qué hace una universitaria estudiando la Edad Media de espaldas al cristianismo, cuando es el milenio en que reinó, aunque no plenamente, me pregunto cómo puede haber tanta gente que desconozca la polifonía de Allegri.

El cambio de voz a lo largo de la vida, tan dramático para una voz blanca, es un detalle menor al lado de la enorme riqueza vocal que nos rodea. Y a veces pobreza, se tendría que añadir. Porque al final, una vez que la mirada se satura y complace, la voz tiene un papel rotundo. Nos habla de todo e incluso puede contradecir lo que se ve.

La voz nos habla de razas, porque la voz de las personas de raza negra es diferente a la de las personas de raza blanca. Los labios son más gruesos, por empezar diciendo algo. La voz nos habla de sexos, de modas, de pretensiones, de vergüenza, de jactancia, de acentos. Una amiga mía, cuando hacía años que ya no era profesora, aún hablaba alto y como declamando. Había asumido un rol, ese, como propio y lo había confundido con su personalidad. 

Las modas no son poca cosa. Por ejemplo, la pronunciación tan característica de la y y la ll en Argentina y Uruguay tiene que ver con una moda porteña femenina. Yeísmo rehilado, se llama. Esa forma de hablar se impuso en Buenos Aires y Montevideo principalmente. Me doy cuenta de que de unos años a esta parte se está imponiendo por lo menos en los medios una forma peculiar ajena al español de pronunciar la ese. Sin sonar como la ese sonora del catalán, suena ─para que nos entendamos─ como sonaban los telediarios de Doña Letizia. Esa tendencia me ha hecho entender (no comprender) la moda del yeísmo rehilado, su triunfo.

La ese sonora en catalán, como en italiano, viene respaldada por la grafía, y ésta por el étimo y supone que haya vibración de las cuerdas vocales. La ese amanerada es para todos los casos, y más bien parece un fenómeno articulado por la lengua, sin vibración. Es decir, caso en que yo misma pudiera producir una ese amanerada no se produciría ni el más mínimo eco vibratorio en mi nuez, sino una especie de realce algo pastoso y lene, cursi en una palabra.

De la misma manera que hay personas que no han escuchado nunca el Miserere de Allegri, tampoco han captado los rasgos de la voz de una persona de color, o que el tono de voz de los japoneses tiene a veces un matiz umbroso, o que algunos hombres homosexuales afectan una entonación de picardía y más aguda y alegre de la que habría en su condición masculina.

En mi coleccide mronstruos no faltan los pomposos. Me estoy acordando de Luis Ángel de Benito cuando se emite su Diccionario musical en RNE Clásica, que sabe mucho pero que tiene una dicción para mi gusto un poco llena de excesos en las guturales y las jotas, con eses amaneradas y en general resulta rimbombante y nada natural. La grandilocuencia o el histrionismo de los comunicadores tiene que ver con la necesidad de marcar, supongo, un espacio donde la voz predomina sobre el aire. Como Luis Ángel de Benito hay coachers financieros y hasta en Radio María España, Luis Antequera emplea un tono muy peculiar y algo cirquense que eclipsa la serenidad cierta de sus conocimientos.

El Mejor Actor Revelación de los Goya de 2019 por la película Campeones, Jesús Vidal, revelaba hace poco en la prensa que lo toman por discapacitado intelectual. En realidad solo tiene una discapacidad sensorial (casi no ve) y si acaso capilar (es muy calvo) pero creo que al haber participado en ese largometraje y por su forma de hablar se ha ganado una reputación falsa de simple o bobo.

En enero fui al Palau para el Homenaje a Ennio Morricone y Nino Rota, por la Osquestra Simfònica del Vallès. Lamentablemente la sesión iba conducida por la narración de Salvador Vila, que creo que es actor de doblaje. A mi parecer le añadía a la música una carga que no solo era innecesaria sino que la desfavorecía y entorpecía. Sus reflexiones sobre La misión (Roland Joffé, 1986) además solo podrían proceder de quien no ha visto la película y/o no tiene la menor idea de lo que fueron las reducciones. Así como me he andado con tiento en no vituperarar ni ser desconsiderada con Luis Ángel de Benito o Luis Antequera, sin embargo a algún youtuber como Lethal Crysis (Ruben Díaz) o a Salvador Vila no les concedería más que la misericordia, pero sin deternerme mucho ¿Cómo se puede estropear de esa manera la música de Morricone y de Rota?

La voz conmovida de Salvador Vila había que padecerla en platea con la visión de su presencia al lado de la directora de la orquesta. Sentado en una silla plegable y vestido informalmente. De fondo se veían o trozos de las películas que ya son del dominio publico o recreaciones fantasmagóricas de las que aún están bajo la propiedad intelectual de las productoras. Está claro que ese espectáculo de algo menos de 2 horas no hubiera podido soportar una voz en off, pero tal vez podían habernos excusado de la narración y simplemente guiar el transcurso de las imágenes con algún subtítulo como los que se nos ofrecen en las óperas.

La voz en off o voz superpuesta es un efecto que siempre me ha llamado la atención. Una de las primeras voces que recuerdo es la del principio de Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), cuando se emitía cine de los años 40 en TVE. La voz en off nos ponía "en antecedentes" o como un coro griego nos revelaba una dimensión humana más allá de la evidente. Otra voz en off que recuerdo es la de Primitivo Rojas Ramos en el programa-concurso Precio justo (1988). En honor a la verdad nunca he visto entero ni un solo programa concurso, no ya de Precio justo, sino incluso de Un, dos tres, responda otra vez. Pero no porque haya visto cosas mejores, no, es que no me enganchan nada.

Mi hipersensibilidad a los sonidos es tan acusada que no me gusta The Big bang theory (2007) porque cada 9 segundos o menos suena la risa enlatada. 

Hoy que es Viernes de Dolores tengo un recuerdo para mi tía Loli. A veces hablábamos por teléfono desde la casa de mi madre y en los primeros segundos nuestras voces se confundían y mi tía no sabía si hablaba yo o mi madre, y mi madre no sabía si hablaba mi tía o yo. Era divertido. 

George Booth

(c) Marta Domínguez Senra. Todos los derechos y los reveses reservados.

18/3/26

Las siete diferencias


n las últimas semanas hemos disfrutado en Barcelona de dos conciertos notabilísimos para piano y orquesta. El 17 de febrero en el Palau de la Música Seong-Jin Cho interpretó con la London Symphony Orchestra el Concierto para piano #2 de F. Chopin. Anteayer la Orchestra della Svizzera Italiana y Martha Argerich nos brindaron el Concierto para pinao #1 de L. van Beethoven en el Auditori.
Los dos solistas tienen una diferencia de edad de varias décadas y no los voy a comprar porque técnicamente no cuento con los conocimientos para osar hacer algo que ni se le parezca. Sí me atrevo  a decir que disfruté mucho de ambas obras y que el desnivel formal que hay entre orquesta y pianista es mucho mayor con Chopin. Por decirlo de otra manera: Beethoven tiene un dominio orquestral mejor. El concierto de Chopin es el piano con ráfagas orquestales que hasta resultan como un relleno.
Los cambios de registro de Beethoven en el concierto opus 15 contrastan con la emoción más literaria que trasmite Chopin, donde la melodía llega a ser hasta previsible. Desconozco qué tiene más dificultad y admito que me gustan las dos obras, aunque tal vez hay que decir que Chopin no es para escucharlo cada día, precisamente por su sensibilidad extrema romántica.
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Incorporo hoy al álbum el cuadro de Helene Schjerfbeck (1862-1946), que me recordó mucho las rosas de Antonio López (1936) que vi en su exposición en La Pedrera el año 2023. Bueno, que yo sepa no ha habido otra.
Acaso la comparación no enriquece la experiencia. No ocurría con los dos conciertos para piano y no ocurre con las dos pinturas de rosas. Pero es cierto que aquello de las siete diferencias nos hablan mucho del estilo de cada pintor. Y si ya teníamos claro la especial luminosidad del manchego, al ver las rosas de la pintora finlandesa aún se aprecia más. Y sin embargo la pintura de Schjerfbeck nos transmite una variedad de tonos prodigiosa. No veo cómo saber si el efecto más opaco del cuadro de las rosas amarillas tiene que ver con la degradación de los pigmentos o incluso con la suciedad, cosa que pude advertir en gran parte de la colección de Solana en su casa-museo en Madrid. Siento decir que en los azules marinos  parecía disolverse la roña de las coladas de unas cuantas casas. Pienso que en el caso de los cuadros de Solana se han conservado mal los azules. 
Volviendo a la pintora, esas rosas son magníficas y captan la forma de estar de las flores. Y su forma de ser, habría que añadir. Algo que las mantiene en su espacio y que añade una cualidad especial a la posición. La rosa que lleva el jovencito al que muerde una lagartija en el cuadro de Caravaggio, recuerda la rosa del soneto 1 de Shakespeare, aunque la rosa de Caravaggio ya está algo marchita, sin turgencia,  y la del soneto no. Las rosas de López y de Schjerfbeck poco tienen que ver con mordiscos y jovencitos.
Se suele decir que la representación botánica ha de tender a ser un modelo ideal, no un retrato individual.  Incluso los grandes ilustradores botánicos representan una planta en todas sus fases y Les rosacées de Redouté muestran sus rosas abiertas y con capullos, espinas, el haz y el envés de varias hojas, las yemas, los peciolos en desarrollo y ya formados. 
La cuestión que añade la representación artística es una emoción del momento y eso lo encontramos tanto en la finlandesa como en el manchego. Por eso el realismo o, mejor dicho, el hiperrealismo, a mi entender no aporta más que un dominio técnico admirable (que también se puede encontrar en otras obras de arte menos exigentes) con el detalle de calidad indistinguible de la imagen fotográfica. Hay pintores cuya habilidad para el hiperrealismo es muy remarcable, pero en mi opinión eso no es arte. Y lo dejo así.
La pintora de nuestras rosas amarillas tiene otro cuadro más sensual con rosas rosadas y rojas dispuestas o inclinadas, echadas, sobre una superficie. Si no fuera por las hojas, que son claramente de rosas, podrían pasar por peonías. La profundidad que transmiten estas pinturas reta todo comentario.
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Helene Schjerfbeck sufrió un accidente doméstico a los 4 años que le dejó mal la cadera y que le condicionó a llevar una vida sedentaria. Pero hasta donde yo he podido ver, en sus cuadros no encontramos ningún signo de sus impedimentos. Su obra es en gran parte una sucesión de autorretratos, retratos de otras personas, bodegones.
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Ayer me llegaron la consabida encuesta y la información sobre la actuación de Martha Argerich y Charles Dutoit, que es el director de la Orquesta de la Suiza Italiana. En realidad la comunicación, de M. Ayguadé, se refería al "tándem", un tándem que yo no sé ver porque la semiología deportiva me aturde. En realidad, y no deja de tener su gracia, Charles Dutoit es el padre de la segunda hija de Martha Argerich y fueron pareja entre 1969 y 1973, hace muchos muchos años. 

Rosas de Ávila VIII (Antonio López, 2014) [impresión glicée]

Helene Schjerbeck, 1888 aprox.

(c) Marta Domínguez Senra. Todos los derechos y los reveses reservados.

12/3/26

Asinus asinum fricat

How dreary – to be – Somebody! 
How public – like a Frog – 
To tell one’s name – the livelong June – 
To an admiring Bog!
Emily Dickinson
 

 

s muy frecuente, cada vez más, ver citas atribuidas a algún autor tal vez por arrimarse a su fama. Todos hemos visto citas atribuidas a Einstein inventadas. El sábado vi una cita atribuida a Howard Zinn por @LibrosEnCitas y vi que tal vez procedía de un reel, al que se había dado una forma literaria. He buscado en las citas de Zinn y no existe ese texto.

El arrimo es tan viejo al menos como la popular locución latina "Asinus asinum fricat" (el asno se restriega con otro asno). La frase se usaba en Roma para referirse al arte de codearse en sociedad y hacer gala de unos reconocimientos recíprocos. Lawrence Durrell en Justine nos ofrece la versión anglófona: "The cocktail party – as the name itself indicates – was originally invented by dogs. They are simply bottom-sniffings raised to the rank of formal ceremonies" (“El cóctel —como su propio nombre indica— fue inventado originalmente por los perros: simples olfateos de trasero elevados a la categoría de ceremonia formal.”)

Las citas falsas buscan hacerse virales al arrimo de un nombre célebre o prestigioso. La que reproduzco tiene una cierta elaboración y eso no deja de concederle algún mérito, pero dentro de los usos culturales clásicos es torpe. Sobre los llamados "creadores de contenido" ya escribí antes y solo podría amontonar más datos, pero no más razones de descrédito. Además, en el fondo, hay que dejarlos vivir. Con las herramientas de la inteligencia artificial cada vez es más fácil identificar las fuentes.

En mi entorno social y con la perspectiva que me han dado los años he visto que hay cocktail parties en forma de clubs de lectura, presentaciones de libros, etc. El tiempo que se pierde en estos regodeos se le roba a la escritura y a la "creatividad". O no, tal vez sea rentabilísimo.

Desde diciembre han fallecido 4 periodistas que pertenecían más o menos a la misma generación: Gregorio Morán  de 1947, Alfonso Ussía de 1948, Fernando Ónega de 1947 y Raúl del Pozo de 1936. Hemos podido comprobar en los medios el eco de sus sepelios y necrológicas panegíricas. También hay quien aprovecha para recordarnos cuestiones como el pasado falangista de Ónega y otros chismes, pero generalmente se ha hablado muy bien de todos ellos y parecía incluso que algún periodista se respaldaba en ellos para darse importancia.

Admito que de los cuatro periodistas solo leí durante la época más turbulenta del Procés a Gregorio Morán sus Sabatinas intempestivas. No me atreví con su libro El cura y sus mandarines: historia no oficial del bosque de los letrados, cuya publicación se abortó en Planeta pero que salió adelante al margen de mi borreguil generación, que aún cree los productos y subproductos de la RAE a pies juntillas, como si el Diccionario fuera el Código civil y los académicos bacantes de excelsa pureza. Lo acabaron por cesar los de La Vanguardia, aunque era aún posible últimamente seguirlo en  The Objective. 

Ónega lo oí alguna vez, si no me equivoco, en Onda Cero, y me resultaba de estilo cursi pero escocido con c. Cuando desconocía su pasado en la Falange ya me parecía servil. En general me siento más interesada por firmas que desconozco. Ayer en el colmo de la adulación más ridícula alguien de esRadio niveló la experiencia que pudo gozar Raúl del Pozo al haber coincidido con Cela pero también con Jiménez Losantos (!). Y, en fin, por acabar, y en resumen, se da una cuenta de que en el fondo de todos estos intercambios de lisonjas y friegas hay un amiguismo y una lambisconería que producen más bien alipori. No es amistad, es amiguismo. 

La labor periodística de Federico (Pfizerico) Jiménez Losantos es muy útil porque nos proporciona informaciones que de otra manera sería difícil tener, pero su lado nocivo también es notable. En cualquier caso yo no soy quien para repartir ni bulas ni sanciones a las plumas patrias, solo pretendo señalar el individualismo, el amiguismo, la manía que tenemos en España de elevar altares y poner ménsulas con fervor más propio de las aficiones taurinas y futbolísticas.

Se atribuye a Josep Pla la frase de que la cultura es chismografía y a Terenci Moix la afirmación de que los chismes circulan en nuestro país con una rapidez trepidante, comparada con la rapidez con la que circulan las ideas. 

*

Me he reído mucho tanto con Gerald Durrell como con Terenci Moix, y eso no tiene precio. Así que tenía que "arrimarme" a estos autores para defender la idea de que lo mejor es enemigo de lo bueno en muchos sentidos, y no solo para desenmascarar la falacia del nirvana. En mi teoría es preferible lo bueno que lo mejor y eso en todos los ámbitos. No es que esté en contra de la excelencia, es que prefiero simplemente las cosas bien hechas, con la intención de hacerlas con cuidado, atención y oficio, sin trampas. Como dijo Napoleón, "quien lo probó lo sabe".

Michael Leunig: "Slower, deeper, wiser".

(c) Marta Domínguez Senra. Todos los derechos y los reveses reservados.

6/3/26

El broche gordiano


lfred López, el "listo que todo lo sabe" dice que la expresión "ni qué niño muerto" está recogida en Diccionario castellan de Esteban Terreros y Pando (1787) y que procede de "ni que niño envuelto". De esta locución me he acordado esta mañana cuando me preparaba el primer café y aún adormilada he encendido mi transistor al tuntún y lo primero que he oído es "2000 niños muertos". He comprobado que tenía el dial sobre RNE1, como así ha sido. 
Pero no voy a escribir sobre la guerra en Irán, sobre la que sobrevuelan además de aviones de combate y drones infinidad de patrañas, alardes y renuncios además de la geopolítica. En parte algunas historias ya las vimos guionizadas por el mismo equipo creativo en la guerra de Gaza. De la misma manera que al escuchar "2000 niños muertos" ya sabemos que la voz sale de RNE1, se sobreentiende un modelo del relato en todo lo demás.
*
Ayer @DoctoraPrego tuiteó una frase de Richard Horton, el editor jefe de The Lancet: “Gran parte de la literatura científica, quizás la mitad, puede ser simplemente falsa. Aquejada por estudios con muestras pequeñas, efectos minúsculos, análisis exploratorios inválidos y flagrantes conflictos de intereses, junto con una obsesión por seguir tendencias de moda de dudosa importancia, la ciencia ha dado un giro hacia la oscuridad.” La cita en realidad proviene de un editorial o comment que se publicó el 2015. Años antes, el 2009, al otro lado del Atlántico en el NEJM,  su entonces editora científica Marcia Angell, se había expresado en parecidos términos: “It is simply no longer possible to believe much of the clinical research that is published, or to rely on the judgment of trusted physicians or authoritative medical guidelines. I take no pleasure in this conclusion, which I reached slowly and reluctantly over my two decades as an editor of The New England Journal of Medicine".
No hace falta decir que son las principales revistas médicas en el mundo y que la experiencia de Horton y Angell es valiosa. Sabían de lo que hablaban. La medicina mueve mucho dinero. Como decía un médico que conocí hace 20 años, mueve tanto dinero como el narcotráfico.
Curiosamente, por lo menos en mi entorno, y a pesar de mi dilatada experiencia en documentación clínica y como bibliotecaria de ciencias de la salud, hay personas que no dan crédito a mis propias palabras sobre el panorama que enturbia la ciencia, como si la ciencia fuera algo ajeno al mundo y una nueva Iglesia.
"Si no creemos en la ciencia, ¿en qué vamos a creer?" me dijo el invierno pasado una conocida. Hombre, mujer, la palabra creer y la palabra ciencia tendrían que estar lo más alejadas que concibamos en cualquier escenario. "Creer en la ciencia" entraña un oxímoron. 
Aunque la cita de la @DoctoraPrego es antigua podemos decir diez años después que sigue vigente. Yo solo añadiría que las muestras grandes entrañan una financiación mayor y un aparato más complejo con reclutado de pacientes. La mayoría de los pacientes se siente feliz de tener más atenciones de lo normal. Ahora Marcia Angell a la provecta edad de 86 años colabora con la universidad de Harvard en un departamento de Salud Global que fractalmente reproduce una tendencia que ─al menos en nuestro país─ tiene la Open Society en la sombra.
En los años 90 yo trabajaba en el servicio de Documentación que creó el Dr. Josep M.ª Capdevila en el Hospital de Bellvitge. Ayudaba a los médicos a encontrar información en las bases de datos bibliográficas usuales y que ahora en parte son accesibles fácilmente en internet. Una vez, sería el año 1988, una médica me pidió que mirásemos que había sobre el chocolate (cacao). Mi intervención era necesaria porque la conexión a los hosts americano y alemán era cara, accidentada, y cada base de datos se interrogaba con un lenguaje rígido y lleno de expresiones codificadas. Generalmente yo empezaba siempre desde una pregunta amplia con la finalidad de que los resultados devueltos en el total situaran al médico en la muestra con la que trabajábamos. El fondo era de millones de citas. La búsqueda sobre chocolate nos devolvió 0 citaciones. Por suerte "chocolate" no se puede expresar de muchas maneras y las probamos todas."
Por aquel entonces el número de personas que nos dedicábamos a la teledocumentación se podían contar con los dedos de una mano y parte de la otra. A pesar de que yo estaba segura de haberlo hecho bien, para la tranquilidad de mi usuaria le propuse, guardando la confidencialidad debida, que aquella tarde hablaría con la documentalista de otro hospital para que ella ejecutara la búsqueda bibliográfica. Ella también obtuvo 0 resultados. No se había publicado ni un solo artículo científico sobre chocolate o cacao.
Ese año en un congreso en Bruselas conocí a una bibliotecaria portuguesa que me explicó las maniobras que hacía la Nestlé para introducir la lactancia artificial y sus productos en África. La perversidad mayor de esta multinacional residía a mi entender en el hecho de que una vez que introducías la lactancia artificial en la alimentación de un bebé y la madre detiene la lactancia natural, ya no secretaba más leche (hasta un nuevo parto), por lo que el bebé dependía de la Nestlé y no de la madre. Ahora la industria farmacéutica también promueve la lactancia materna en hombres o en mujeres transgénero.
Con esta historia y otras llegué a la conclusión de que el médico y yo habíamos hecho bien la búsqueda, que no había ningún artículo sobre chocolate y que si lo hubiera habido no se habría publicado. Los publishers sufren una presión contundente por parte de quienes dominan el panorama de la alimentación, por no decir que los editores dependen totalmente de las industrias farmacéuticas, alimentarias, etc. Por lo tanto nos encontramos con que en el remoto caso en que alguien quisiera hacer un estudio independiente sobre algún tema, no se lo publicaría ninguna revista de las que tienen una distribución y un impacto notables. 
Como la carrera profesional médica y de enfermería, etc., está totalmente imbricada con la necesidad curricular de publicar, el acicate para hacer artículos ─aunque sean inconsistentes, salami o al límite de la verdad─ está asegurado. Es un círculo que se cierra como un feo broche gordiano.

Viñeta de Mike Twohy

Citas bibliográficas en PubMed (1816-2026) sobre chocolate o cacao

(c) Marta Domínguez Senra. Todos los derechos y los reveses reservados.