24/3/08

Los roles

 





a penúltima vez que ví Gertrud (1964) de Karl T. Dreyer, hacía solo unos días que se había estrenado la última película de Stanley Kubrick. Por esta razón pude apreciar inmediatamente dos coincidencias que no son meros parecidos fortuitos. La primera coincidencia entre Gertrud y Eyes wide shut (1999) es la representación de la ópera "Fidelio". La segunda, la frase "¿No habrás visto por ahí mi cartera?", de Tom Cruise a Nicole Kidman, con espejo y todo. Tanto la esposa de Eyes como Gertrud saben con exactitud donde están las carteras de sus maridos y lo saben tediosamente, sin moverse de sitio, sin apartar la vista de su lugar en el espejo, sin darle más importancia, como si se tratara de talentos menores. O como quien pone el intermitente y al mismo tiempo le dice a los niños "Ya veréis cuando lleguemos a casa" y se pone bien la pestaña.

Aunque la misma frase remita a dos objetos distintos (en el caso de Tom Cruise, médico, es una cartera; el caso del aspirante a ministro, es un attaché o maletín) vienen a significar lo mismo. Que el papel típico del esposo típico encierra un cierto desdén o descuido por las cosas materiales y pequeñas. Ya sabemos que si además el asunto de los roles lo llevamos hasta la caricatura, se considerará ocupación de los débiles mentales el hacer caso a cosas sin importancia. Las cosas sin importancia se van situando y encasillando en el terrreno de las dotes de la intuición y de la organización doméstica microeconómica. Al lado de esta realidad o encima de ella se ha ido construyendo con pruebas más o menos científicas la gran teoría de que existe una inteligencia (o una estupidez) masculina y una inteligencia (o estupidez) femenina. Esta tesis es tan famosa que sólo basta recordar uno de sus argumentos más socorridos: la facilidad de los hombres para interpretar un mapa se contrapone p.e. a habilidades femeninas como la facultad para hacer varias cosas a la vez.

Seguimos con Gertrud. Después de la escena del espejo, el marido le pregunta para darle a entender un ascenso: "¿Te gustaría ser la esposa de un ministro?". Gertrud en una muestra de humor nórdico digna de ser señalada le responde que le tiene que decir con cual de ellos. La muestra de humor es digna de señalar porque el humor nórdico es un gran desconocido y porque enaltece una respuesta benigna ante una pregunta inofensiva pero cargada de roles sobreentendidos y de una cierta vanidad. El valor de esa respuesta se ve confirmado y aún matizado por otra frase que pronuncia Gertrud un poco más adelante: "Me hace reír pensar en toda esa pobre gente que se permite amar aunque no sean nadie, ni artistas, ni celebridades". El diálogo se produce como otros que hay en la película –entre ella y el poeta, el músico o el profesor- sin que se miren. Se ha querido ver un gran parecido entre los fotogramas de Dreyer, sus blancos deslumbrantes, la soledad de sus figuras, la sobriedad, con los cuadros de Vilhelm Hammershøi. La soledad de las figuras, que esconden su mirada o la abisman en sus pensamientos, también recuerda los retratos (que no lo son) de Edward Hopper. Por esta razón no me extrañó el título de la película de Kubrick ni los ojos abiertos de par en par de Nicole Kidman, quien por entonces era esposa de Tom Cruise en la vida real. Ni tampoco me extrañó que en la escena masónica de los dominós y las máscaras, el pianista tocara como Mozart con los ojos vendados.

La influencia del cine en las costumbres es innegable y perversa. Pero quiero creer que entre la "literatura" inagotable de títulos como ¿Por qué los hombres mienten y las mujeres lloran?, ¿Por qué los hombres se equivocan y las mujeres se confunden?", ¿Por qué los hombres no se enteran y las mujeres siempre necesitan más zapatos?, ¿Por qué los hombres nunca recuerdan y las mujeres nunca olvidan?, ¿Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no saben leer mapas? , etc., quiero creer -digo- que entre esos bodrios y las obras geniales de Dreyer y Kubrick, hay un espacio de normalidad.

Nicole Kidman en Eyes wide shut (1999)


Nina Pens Rode en Gertrud (1964)

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20/3/08

El perro de Goya

 A mi abuelo “Melé”, marinero, in memoriam.

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oy el censo de animales de ficción ha superado tal vez finalmente el de animales vivos. Aunque contáramos todas las variantes de Mickey Mouse como un solo ser y sin embargo consideráramos cada berberecho por separado, hay ya más animales imaginarios que de los otros.

Creo que los animales transgénicos estarían entre los animales fantásticos y los que son creación o aberración de la naturaleza (animales normalitos y monstruos). Pero esto de las clasificaciones es muy complejo, nada fácil. En el infierno de Dante los homicidas están “clasificados” en el séptimo círculo. Van dos círculos por debajo de los iracundos y a un círculo por encima de los seductores, los aduladores, los simoníacos, los barateros, los hipócritas, los ladrones, los malos consejeros, los sembradores de escándalo y de discordia y los falsificadores. Es decir, en el Inferno los homicidas resultan ser un poco menos malos que los engañadores, los mentirosos y los defraudadores. Los traidores están a un círculo de Belcebú, que es lo peor de lo peor.

En el papel quedan muy bien distribuidos los nueve círculos infernales y sus correspondientes nueve cielos del Paradiso, con los ángeles, bienaventurados, arcángeles, serafines y querubines. Pero es como esos cuadros sinópticos en que se apoyan los malos oradores, que a fuerza de ser mirados se convierten en cuadros hipnóticos. No nos aclaran nada.

Una cosa es la verdad y otra la realidad. Constantemente las confundimos. Yo no sé dónde irían los del Prestige famoso. No me pregunto a qué puerto, sino a qué infierno. Me temo que la avidez, la estupidez y la crueldad humanas no estaban tan desarrolladas en el siglo XIII como se ha visto en los ocho siglos siguientes. Actualmente el séptimo círculo de los homicidas debería incluir a los criminales contra la naturaleza y a los criminales contra la humanidad. Entonces también debería ponerse al día el octavo círculo y añadir a los que van a disfrutar del campo en coches particulares. Esta modificación sería insostenible y desproporcionada, no podemos mantener a los que destruyen la naturaleza en un plano moralmente superior al de los que se contradicen a sí mismos o se autoengañan. Ya dije que no era fácil.

Tenemos la sensación de que están ocurriendo cosas que nunca antes habían pasado. No sabemos qué es lo mejor de lo peor ni lo peor de lo mejor. Todo está revuelto. En la Costa de la Muerte siempre hubo naufragios. El nombre no es un mero reclamo turístico. El mar donde cada día se pone el sol, ha devuelto a sus playas barcos hechos añicos, ha dejado delicadamente –como quien está saciado- sobre sus arenales y calas, hermosos cadáveres de ahogados que las olas rolan, cargamentos enteros de mantequilla o de acordeones. “Fue –cuenta Manuel Rivas- en 1905. Naufragó el vapor italiano Palermo y nada se pudo hacer por rescatar a sus 22 tripulantes. Una música estremecedora hacía saltar el corazón de la costa da morte. El Palermo llevaba un cargamento de acordeones”. El Nil (1927) dejó en Arou botellas de champán, sedas, perfumes y hasta potes de leche condensada, delicias todas ellas exóticas. El Banora (1965) naufragó en su travesía a Hamburgo, dejó en Cabo Vilán una marea de mandarinas marroquíes. El mar lo devuelve todo. En los ochenta tuvimos el Cason. ...”Explotó y después empezó a arder a unas quince millas de Fisterra y dentro de las aguas por las que está prohibido el paso de cargamentos con grave riesgo para las personas, las autoridades son condescendientes, muy condescendientes, a lo mejor disimulan para ir tirando y no tener que trabajar demasiado, el barco tocó fondo en la punta del Rostro, el viento lo llevó a la playa y acabó embarrancando en la Anzuela, entre las puntas de Castelo y Pardiñas, llevaba treinta y un tripulantes a bordo y se salvaron ocho, transportaba una carga de productos químicos y por la zona hubo cierto miedo de que el aire se envenenase matándonos a todos y el agua se contaminase matándonos a los peces que nos dan de comer, los bidones llevaban una calavera con dos tibias y el letrero Inco 6 que sólo se pone a las mercancías muy peligrosas” (Madera de boj, Camilo José Cela, 1999)

Nada que ver los indefensos ahogados, las mandarinas hamburguesas, los acordeones, el INCO 6 innominado y el maldito “pichi”, en náutahl chapapote. Y nada que ver lo que pasa y lo que se habla. Dante sitúa los soberbios en el Purgatorio. Y luego está lo que no se ve. Eso que mira el perro de Goya.”

Publicado la primavera de 2003 en Conciencia sin fronteras [ENLACE ROTO].

Perro semihundido (Francisco de Goya, 1819)

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5/3/08

Post 90. El resto del tiempo

 

A word is dead
When it is said
Some say.
I say it just
Begins to live
That day
Emily Dickinson

 



odría extenderme mucho sobre mi propia ignorancia, puesto que es algo que conozco. Iba a decir "bien" pero no lo digo por cohesión intratextual. Ya me gustaría conocerla mejor (la ignorancia mía) para saber donde he de rectificarme o cultivarme. Pero sólo en lo que me interesa, cosa que ya es pura ignorancia o ciega confianza en el instinto. Si sabemos qué no sabemos (con acento diacrítico y crítico en el "qué") ya estamos ahondando, ya estamos en un punto en donde todo parece posible. Si no nos regodeamos o hundimos en él, en el punto, puede dar de sí. Y "de no", como le oí decir un día a un cirujano en la radio, para referirse a que la barriga sólo podía dar de sí. Dicho sea de paso, a mí que un cirujano especialista en abdominoplastias y faldos postbariátricos no distinga un pronombre de un adverbio o que no sea capaz de distinguir las 22 formas del reflexivo "se" en español, me deja la mar de tranquila. Prefiero que se dedique a lo suyo. Otras cosas me ocupan.

El otro día en el metro iban hablando unos chinos y sólo entendí "discoteca". Ayer eran tres rusos los que hablaban y sólo entendí "Mercadona". De todas maneras la última vez que oí hablar a unas jóvenes dominicanas no entendí absolutamente nada aparte de que eran dominicanas. Mi torpeza con los idiomas se extiende a otros dominios que no tienen que ver propiamente con el lenguaje. Del mundo, el demonio y la carne, sobre lo que más entiendo es sobre el demonio. Por ejemplo, aún no sé si sobre el mundo o sobre el demonio, el 29 de febrero leí en "La Contra" de "La Vanguardia" una entrevista bastante inefable de Víctor M. Amela a Ignacio Martínez Pisón, el escritor que casi siempre escribe novelas sobre la Guerra Civil. Ya sé que no es decir gran cosa para situar al que no lo conozca ya, pero ahora mismo no se me ocurre nada más. Leí:

-"¿Escribe cada día?

Un par de horas después de comer.

-¿No hace jornadas maratonianas?

No, no, pequeñas dosis. De estar más rato escribiendo no rendiría ya lo mismo.
-Y el resto del tiempo, ¿qué hace?

Medito argumentos, leo, visiono DVD, paseo...

-Vida cojonuda, la del escritor.

Vivo bien: ¡la literatura ha sido generosa conmigo! La literatura me ha dado la felicidad. Y creo que traspaso esa felicidad a lo que escribo. ¡Yo no tengo motivo de queja!

-Qué raro, qué raro, un escritor que no se queja...

¡Somos varios los escritores que vivimos de nuestro trabajo!".

De verdad que no acabo de entenderlo de puro claro que es y, cuanto más lo leo, más dudas me suscita. Yo creía que la escritura exigía más dedicación e incluso algo de obstinación y ensimismamiento. He llegado a pensar que el entrevistado, para no complicarse la vida, dio al periodista unas respuestas que no dieran pie a más preguntas. Es un arte el de callar. Las dos afirmaciones que más me llamaron y llaman la atención son la de que escribe "un par de horas después de comer" y la de que son "varios los escritores" que viven "de su trabajo". "Varios" parece que excluye "muchos". Dada mi condición de mujer trabajadora que escribe todo lo más un blog, no deja de llamarme la atención que la vida de Martínez Pisón no se vea perturbada o distraida por tener que planchar, cumplir con sus obligaciones como presidente de la comunidad de propietarios de su bloque, atender algún enfermo familiar o ni que sea acudir a actos de promoción librera o a compromisos editoriales. Y a aquello del asinus asinum fricat o del amiguismo tipo "hoy por mí, mañana por ti". He observado que los artistas mediocres que prosperan cuidan sus habilidades sociales por un lado y por otro no tienen escrúpulos. Digámoslo así. No sé, daría vueltas y vueltas alrededor de la puñetera entrevista y no sacaría nada en claro. No es que crea o deje de creer a Martínez, es que no puedo entender lo que dice.

La entrevista me hizo recordar una novela histórica que publicó Maria Grazia Siliato, Calígula. Siliato es una arqueóloga suiza de lengua italiana que no empezó a ganar dinero hasta que publicó en el otoño de su trayectoria profesional como historiadora Calígula. Creo que la diversidad de escritores que hay es inabarcable. Desde el negro hasta el negrero, desde los llamados hasta los elegidos, hay una gama muy extensa y variopinta. El mercado refleja sin embargo una masa bastante uniforme sobre todo por lo que respecta a los productos. Lo de los premios literarios es un enigma cuando no es un mero pasteleo.

Me he visto en la obligación de cumplir con esta entrada de mi enciclopedia ciclópica, la de los escritores de oficio, pero me abruma y no puedo más que exponer abiertamente mi ignorancia como prueba de honestidad y de método. También debo admitir que hace años que apenas leo novelas y que intento estar, ante lo que no entiendo, como las figuras de la calle de Vermeer. A lo mío. No debería obstinarme en seguir leyendo los diarios.

La callejuela (Johannes Vermeer, aprox. 1658)


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