Leí la Odisea el verano que hice 14 o 15 años y me impresionó vivamente. Detrás de sus páginas se levantó para mí todo un mundo que luego volví a encontrar con Virgilio y Ovidio. No soy capaz de leer en griego y Ovidio sé que en los estudios de Filología Clásica se emprendía en el último curso debido a su dificultad. Cuesta incluso explicar en qué consiste esa dificultad porque no se trata de un obstáculo léxico ni morfológico; se trata de que es una empresa imposible ─con nuestro pobre conocimiento de nuestro propio idioma─ trasponer la vitalidad de la gramática de las lenguas antigüas a una traducción que no pierda tanta substancia en su recorrido que haga ridículo y penoso el intento. Ovidio es el Annapurna de la sintáxis latina y sin embargo resulta tan sencillo.
Tras ver ayer El retorno lo normal sería que la olvidara y pasara a otro tema, pero es que he oído en RNE una entrevista que le han hecho a su director y a Ángela Molina (que hace el papel de Euriclea, la nodriza de Ulises). Ángela Molina defiende en esta entrevista el pacifismo, cosa que resulta muy chocante a la vista de la matanza final de los pretendientes de Penélope a manos de Ulises y su hijo Telémaco. De hecho, en una interpretación ancha de las palabras de la actriz, quien no hubiera visto la película podría creer que es pura concordia.
Como el largometraje es una "versión" de tres guionistas de la Odisea, no le podemos exigir la fidelidad al relato original homérico, donde por cierto abundan los elementos maravillosos y las intervenciones de Atenea y hasta del propio rey de los dioses, Zeus. En la película de Uberto Pasolini se ha eliminado la intervención de los dioses, cosa que hace inverosímil la superioridad del héroe enfrente de tantos y tan jóvenes enemigos:
Esta cuestión recuerda un poco a las polémicas que ha suscitado Netflix, donde aparecen personajes actualizados con una raza negra que nunca tuvieron. Se cancelan aquellos factores que pueden resultar poco progresistas, y se desvirtúa totalmente la historia original, de la que solo se toma lo que conviene para defender patrones propalestinos, procuiros, profeministas, laicistas, etcétera.
Con todo hay que decir que Ángela Molina hace muy buen papel, lo mismo que Juliette Binoche, que hace que Penélope pueda entenderse en toda su plenitud desde nuestra actualidad sin perder lo que es auténtico. Juliette Binoche sabe trasmitir todo el caleidoscopio de emociones que suscita una situación tan tremenda, que en parte depende de ella y en gran parte no.
Otra cosa podría decirse de Ralph Fiennes, cuya expresividad se limita a la mirada y a la voz, aunque bien podríamos admitir que quiere pasar desapercibido a su llegada a Ítaca para comprobar bien la situación sin darse a conocer. Así como Binoche encarna a Penélope y le da vida, el Ulises de Ralph Fiennes decepcionará a quien como yo se había hecho desde Homero otra imagen.
Después de haber escuchado atentamente la entrevista a Ángela Molina y de repasar el canto XVI de la Odisea me pregunto cómo se podía alejar del palacio del rey de Ítaca a la caterva de pretendientes o disuadirlos de su empeño de ocupar alguno su lugar al lado de Penélope ¿Hablando?
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(*) Odisea, canto XVI, en la traducción de Luis Segalá y Estalella.






