24/5/12

Post 806: La realidad y el deseo

Le robo el título a un poemario de Luis Cernuda para titular este nuevo post. Veo que recientemente ha habido en Forum Clínic una discusión en torno al Wishful Thinking, algo que he visto traducido por ahí como "pensamiento ilusorio" y que está en relación con la creencia o la idea de que pensar positivamente en algo y tener ideaciones de lo mejor ayuda a cambiar toda situación o a mejorarla, a fomentar la llamada "ley de atracción" del misticismo cuántico y el supermagufo Punset. En el foro se advierte del abuso del también llamado pensamiento positivo y de cómo puede arrojar de una desesperación a otra peor, la de quien se puede sentir responsable de todo lo que le pasa a quien se siente culpable.

Hace un tiempo leí en una entrevista a Ana Mª Matute que afirmaba que la ginebra es lúcida y el güisqui barroco. Aunque tengo más que pocos elementos de juicio para valorar una mitad de la frase, sí que firmaría la otra mitad. Además tengo la sensación y algo más de que esa frase está fundada en una experiencia vivida y vívida, repleta de sabiduría. Todos decimos en algún momento de la vida o en su mayor parte frases que ya nos damos cuenta de que fuera de contexto o maliciosamente, en malas manos, pueden dejarnos como verdaderos idiotas sin apenas el vigor mental suficiente para plasmar un pensamiento bien articulado. Sabemos que son sentidas, que no mataríamos ni moriríamos por ellas pero que las defenderíamos más allá de toda discusión, y sin embargo también sabemos que son inconsistentes. Hasta ahí todos somos iguales, lo malo es cuando alguien pretende hacer proselitismo con aquello que tanto le contenta y completa o lo defiende con una seguridad que raya en la estulticia. Equidistante al proselitismo y certidumbre más cándida está la mercadotecnia pura y dura. Hace poco me lo comentaba mi última profesora de yoga, que en una feria de Biocultura, si no recuerdo mal, había tal despliegue de marqueting que apenas reconocía el saber milenario. Pero mi profesora no se gana la vida así, sus emolumentos proceden de su otro oficio, por lo que se limita a dar sus clases a un grupo que a su vez tampoco tiene pretensiones, todo ello dentro de un orden.
Advierte Louise L. Hay, una de las postulantes más famosa de la ley de atracción y el pensamiento ilusorio, de la Nueva Era, de que al leer sus libros alguien puede sentir un cierto rechazo ante alguna afirmación, una cierta repelencia. También advierte de que si hay algo que sí se acepta mientras se lee, hay que seguir adelante y que ella se da por satisfecha si una sola idea ha servido de algo. Como bibliotecaria esta exhortación me produce la mayor curiosidad porque ensancha la idea del libro como objeto. De la misma manera que cuando buscábamos en una guía telefónica no nos teníamos que leer todo el matraco, los libros de autoayuda en general están pensados para ser consumidos y producir unos efectos o resultados muy determinados incluso sin necesidad de leerlos en su integridad o por un orden convencional.

Michel Leunig


La ley del amor, un libro que se ofrece gratis en internet, de Vicent Guillem Primo, está organizado por preguntas y respuestas, un formato que ya procede de la antigüedad, aunque ahora mismo solo soy capaz de recordar un ejemplo de Ramon Llull. Permite hacer una exposición didáctica, cercana y, a pesar de seguir un plan establecido, permite una cierta desenvoltura, entrar en un tema, salir, volver al cabo de tres o cuatro preguntas o respuestas. La exposición también permite que el libro pueda ser consumido a ratitos, un poquito en un trayecto de metro, otro poquito antes de dormir, cuando se va pudiendo.

En uno de los primeros posts de este pobre blog, ya me refería a que yo me encuentro más a gusto con nuestro arsenal clásico. No le quitaba mérito al libro sobre la ira de Thich Nhat Hanh, pero prefería el de Séneca. Escrito admirablemente además. No me atrevería a hacer tal afirmación si no hubiera leído ambos. Cuando hablo del  Dhammapada o del Bagavadh Gita, que leí con el Mahabharata y por separado, es que los he leído. Los Upanishads, los maestros del Zen, el confucionismo, el taoísmo, el budismo, la Torah, el libro de los muertos tibetano, el Popol Vuh, todos los textos principales donde se representa el saber de cada filosofía o fe los he leído con mayor o menor provecho o método. Y sin embargo con los Evangelios, Epícteto y Séneca me basta. Las traducciones de los textos orientales, son a veces versionadas a través del inglés o el francés y solo un recuerdo aberrante del original. Y excuso decir que yo, que apenas me sé defender en inglés, no me voy a poner a bregar con lenguas mucho más complejas como el chino o el sánscrito.

El Enchyridion de Epícteto no lo escribió él, sino algún discípulo, pero seguramente, como pasó con Jesús de Nazaret, la transcripción es muy fiel.

"Manténte unido a lo que es espiritualmente superior, prescindiendo de lo que hacen y dicen los demás. Sé fiel a tus verdaderas aspiraciones pase lo que pase a tu alrededor" (Epícteto, Enchyridion)

En el caso de Louise L. Hay, como en el de Michelle Nielsen, como en el de Eduard Punset, hay un historial de alguna larga enfermedad y un restablecimiento de la salud. Tanto estas personas como las que hay detrás de la nube del Curso de milagros o Cursos de milagros son candorosamente amorosos y muestran una seguridad total en aquello que trasmiten. Me gustaría arrogarles convicción, pero creo que las convicciones pertenecen a otra esfera del conocimiento, que están más cerca de otras actividades mentales. Es como confundir derechos e intereses. Lo que sí tienen todos ellos en común digo es que sus afirmaciones son muy seguras. No he sido capaz de acabar ni uno solo de los libros que se ofrecen en internet por eso, porque se hacen afirmaciones como que elegimos la familia en la que nacemos o cosas así con total seguridad. Si solo se planteara como una posibilidad o una experiencia personal ya me habrían "ganado" para la causa. Este género de asertos me devuelven a las suspicacias del foro que mencioné al principio.

Hace unos años había un juez en uno de los distritos de la provincia de Barcelona que cuando intervenía en algún caso de abuso sexual o violación siempre siempre dejaba a entender que la víctima había inducido al delito aunque solo fuera por la forma de vestir. Y de alguna manera, no hace falta decir cual, estos libros basados en que somos responsables de nuestra propia felicidad, llevados a la ultranza de la ley de atracción, me recuerdan a ese juez desgraciado.

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19/5/12

A la luz

El sábado pasado estuvimos haciendo fotos de Trini, mi anciano canario. Nunca había conseguido que posara tranquilamente en mi mano. Ayer lo atacó en su jaula una gaviota y lo destrozó. Fue un ataque espantoso e inútil.

Aunque era un anciano canario estaba bien cuidado y sus 14 años estaban muy bien llevados. Ya no cantaba y pienso que veía poco. El lunes pasado precisamente recordaba la muerte de Limón, el canario de una compañera de trabajo, que también fue atacado por una gaviota, el año 1999. Mis premoniciones nunca me encuentran predispuesta a ver peligros, soy una optimista inveterada, hasta la estupidez. Hubiera preferido para Trini una muerte más tranquila, pero debo decir que peleó como un valiente.

Trini Domínguez (Foto: 12 de mayo de 2012)
✿17 de febrero de 1998 †19 de mayo de 2012


Cuerpo de jota






n hombre con el nombre idéntico a Harry F. Griffin está enterrado en un cementerio de Los Ángeles desde 1924 y bien pudiera ser él mismo, cuya foto de 1914 lo representa en una de sus demostraciones de fuerza. En su tiempo fue considerado metonímicamente "la más fuerte mandíbula del mundo" y bien pudiera haberlo sido. Como hay gente para todo, es posible que la proeza se haya superado, pero nadie le quita su mérito.

Aunque se suele asociar la fuerza con las pesas y demás, hay fortachones y esforzados hasta en el wushu y el yoga. No me refiero a la gente que se gana la vida haciendo demostraciones de su potencia o flexibilidad, como se la ganaba  el forzudo del circo. Me refiero a los vigoréxicos, chulos de gimnasio, maquineros, vigilantes de playa y demás seres musculados. No deja de ser interesante la tradición en el cómic y el cine del abusica con el grandullón tonto. Pero no nos desviemos.

Aunque cualquier etólogo nos hablaría durante horas de que en los animales la demostración de fuerza es vital para la cohesión del grupito y su multiplicación, hay cosas que no son tan antiguas como se diría. Por ejemplo, se ve que los aizkolaris o cargadores de piedra vascos no proceden de la noche de los tiempos. Aunque siempre se cargaran piedras, la exhibición es muy reciente, de finales del siglo XIX. Pienso paralelamente en la moda del deporte en las clases sociales altas, antes de las guerras mundiales. En oposición al trabajo, por supuesto. 

A veces cuando voy a caminar a la sierra de Collserola -nunca en sábado porque es un peligro a causa de los mountain-bikers- me cruzo con amoratados corredores, con ciclistas que sudan la gota gorda y como hace muchos años que voy sé de sus lesiones y espolones calcáneos y bravuconadas varias. Y es que a veces se hace deporte con un empeño que se diría que es penitencial de no ser que estuviéramos seguros de que más bien conlleva un afán de superación. Les azuza la competitividad, la marca, el récord, sea en relación a otros deportistas, sea contra ellos mismos. Y aunque se  diría que la competitividad es propia de los deportes que son un juego o en los que intervienen equipos, o se hace una carrera, también está en el yoga. He estado en sesiones de yoga (y digo yoga, no Pilates) en los que no falta quien hace ostentación de su flexibilidad, su equilibrio, su fuerza o todo a la vez. Y sin embargo para quien practica yoga nada habría más alejado del panorama de su práctica que las nociones de competición, ostentación, rivalidad, etcétera.

También me parece muy llamativa la obsesión con determinados extremos de la biomecánica, con el diseño y la ergonomía de las zapatillas o de las camisetas, la alimentación. Y, siguiendo con el paralelismo, esto también se da en el yoga, aunque el yoga  (y digo yoga) no es propiamente un deporte. Yo suelo practicar algo de yoga, menos taichi, camino, corro algo, nado poco (me da asco la piscina). Me preocupo por ir vestida de manera que no pase frío ni calor, y voy calzada de manera que no me pueda lesionar, pero no me preocupa llegar 2 minutos antes o haber estirado las vértebras 2 centímetros menos. Solo busco, inspirándome en los gatos, los pájaros y los perros, y hasta en los cocodrílidos, mi placer. Y si tuviera que decirlo todo, que no tiene el menor interés, diría que esto de las zapatillas me recuerda a la alternancia de la moda de pantalón acampanado, estrecho, ancho, no tan estrecho, no tan ancho, y así siempre. Lo hacen para vender. El último grito en Nueva York es correr descalzos.
Por todo lo dicho y por lo que callo también, ante tantas demostraciones de fuerza y de bobadas, suelo decir que más que deporte lo que yo hago es algo de ejercicio. Saber que puedo echar una carrerita al trote de unos 7 minutos me llega porque si la puedo hacer es que voy tirando y que si me apetece puedo correr más o menos. 

Harry F. Griffin, 1913

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14/5/12

Horroris causa


sta semana se veía en "The Guardian", diario exento de toda la gama del amarillismo, un vídeo de unos monjes budistas surcoreanos de la orden Jogye bebiendo, fumando y jugando apuestas al póquer en la habitación de un hotel de lujo. No se trataba de unos monjes cualesquiera sino de líderes espirituales de una orden que cuenta diez millones de adeptos. Verdaderamente no hay que escandalizarse de que ni más ni menos que como todo el mundo unos monjes encuentren la diversión en el juego, el lujo, la bebida y el tabaco, aunque suelan estar más allá de todas estas debilidades e impurezas. Alguien dijo en los comentarios de ABC de ayer que, si acaso, lo que habría que señalar es que esos monjes han desprestigiado el póquer. Yo estaría más cerca de hacer un comentario así que de condenar su hipocresía y tanta joroba de túnica azafrán y cabeza rasurada para nada.
Los monjes se han apresurado a deponer sus cargos, cosa que me desconcierta puesto que seguramente el Dhammapada tiene una sutilísima y poética elucidación de que las contradicciones son la forma más pura y sincera de buscar la verdad desnuda, y de que no tienen el menor interés, que son como espejismos. Por otra parte como el budismo suele no determinarse por nada, cosa que es la forma más segura de no equivocarse, cualquier afirmación es correcta e incorrecta. Debo añadir que eso de "pecar", por así decirlo, con "vicios" típicos occidentales me arroja a un mar de dudas de si se podrá "pecar" de una forma oriental. Es un tema insondable.
Navego o, mejor dicho, buceo por internet buscando alguna entrevista a Ricard Gutiérrez Martí. Encuentro una [enlace roto (!) en la que acaba dando un consejo: "Sé tu mismo, no cambies". La entrevista se publicó cuando lo hicieron presidente de la Organización Médica Colegial (OMC). Es uno de esos médicos que no sé si ha sido él mismo y no ha cambiado, pero que ha acumulado y tenido muchos cargos y una carrera profesional en la gestión muy intensa (horroris causa por no sé cual universidad tal vez bonaerense, ESADE, IESE, Subdirector General del Insalud, Director General del Ministerio de Sanidad, Parc Taulí, Terrassa, Cruz Roja, etc. [enlace roto]). 
Hace poco ha salido a la luz pública en "El País" que este hombre estuvo trabajando como gerente del Hospital de Sant Pau 4 años, luego cobró 7 sin trabajar y finalmente ha recibido 158.000 euros en concepto de indemnización por su cese. Como este señor, por llamarlo de alguna manera, ha estado vinculado al IMAS socialista y fue nombrado por el Tripartit, damos en pensar que es simpatizante o afiliado del PSC-PSOE y que el hecho de que se haya publicado el desmán en "El País" es algo así como una represalia. En cualquier caso el asunto es feo y pienso que no veremos el día en que todos los sinvergüenzas que han robado dinero público lo devuelvan.
Creo que fue la Profesora Victòria Camps quien aclaró un día para sus lectores que la moralidad era algo que afectaba la esfera privada, mientras que la ética tenía su círculo de acción en la esfera pública. Tanto la timba de los budistas surcoreanos como el fraude colosal de Gutiérrez tienen consecuencias éticas porque cada uno en lo suyo están al frente de su comunidad y se les exige un comportamiento igual o mejor que el que predican o defienden para los demás. La conducta de Gutiérrez, en los tiempos en que estamos, es además reprobable porque España está en un brete por no decir en la calamidad.
Lo malo, porque siempre todo es susceptible de empeorar, es que muchos sabemos que el caso de Gutiérrez es la punta de un iceberg. Las personas que nos consideramos normales no dejamos de maravillarnos u horrorizarnos ante el obcecado egoísmo y engreimiento de estos abusones desaprensivos.  ¿Serán así felices? ¿Lo son?

Éugene de Salignac. Pintores encaramados en el puente de  Brooklyn, 1914

Post scriptum: Actualmente Ricard Gutiérrez codirige un máster en la UAB/Hospital de Sant Pau en la Fundació Salut i Envelliment (Cátedra de Gestión, Dirección y Administración Sanitarias)



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10/5/12

El enemigo

Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos
porque uno termina pareciéndose a ellos"

Jorge Luis Borges







a biografía de Simón Bolívar en la Wikipedia es prolija y ya en algún punto advierte de que la leyenda creó y recreó anécdotas inventadas para exaltar el mito y la figura heroica del libertador. Incluso esas supercherías tienen el mayor interés, a no dudarlo. Tampoco se nos debe hacer extraño que los antepasados de Bolívar, de origen vasco (Bolíbar-Jaúregui), fueran próceres servidores del rey Felipe II y concretamente de la Real Hacienda. Todo ello sin embargo empalidece ante las Páginas selectas que he leído en la colección de miniaturas de Crisol, y en concreto el "Resumen sucinto de la vida del General Sucre":

"Cuando los generales Marino, Piar, Bermúdez y Valdez emprendieron la reconquista de su patria, en el año 13, por la parte oriental, el joven Sucre les acompañó a una empresa la más atrevida y temeraria. Apenas un puñado de valientes, que no pasaban de ciento, intentaron y lograron la libertad de tres provincias. Sucre siempre se distinguía por su infatigable actividad, por su inteligencia y por su valor. En los célebres campos de Maturín y Cumaná se encontraba de ordinario al lado de los más audaces, rompiendo las filas enemigas, destrozando los ejércitos contrarios con tres o cuatro compañías de voluntarios que componían todas nuestras fuerzas. La Grecia no ofrece prodigios mayores. Quinientos paisanos armados, mandados por el intrépido Piar destrozaron ocho mil españoles en tres combates en campo raso".

Si tenemos en cuenta que una compañía de infantería cuenta por término medio unos 100 efectivos, tocaban a 800 españoles por libertador, con lo que hay que admitir que ciertamente "la Grecia no ofrece prodigios mayores" ni siquiera en el acendrado arte de la fanfarronada y la patraña tabernaria. 
Hace unos días hablábamos del bovarismo y hoy podríamos hablar del bolivarismo sin por ello perderle el respeto al legítimo deseo de todo pueblo de emanciparse. Pero una no puede dejar de ver las fulgentes charreteras de mariscal como las de un domador de pulgas o de leones y mezclarlo todo. La exaltación nacionalista a escala 1/800 es de lo más normal. No les falta ni les sobra perspicacia a los que en estos días han querido ver en las expropiaciones de empresas españolas de los presidentes electos de Argentina y Bolivia un neobolivarismo donde compensar o distraer la opinión pública de otros desaciertos, desmanes y desastres patrios. No les falta tampoco razón. 
Para acabar, otra cita, del libro de W. Montgomery Watt sobre la Historia de la España islámica (págs. 11-12):

"Para comprender cómo fue posible esta asombrosa expansión hay que remontarse a la vida de Mahoma. Mahoma fue al mismo tiempo profeta y político, combinación difícil de entender para la mentalidad moderna, con su concepción de la religión como un compartimiento estanco. Como político estava interesado en la unidad árabe; pero tal vez pensó que la unidad política iba implícita en el carácter de su misión profética, la cual no se dirigía únicamente a los hombres de La Meca, sino a los árabes en general. La unidad era, sin embargo, prácticamente imposible sin una expansión territorial, debido a la naturaleza de la vida nómada. La principal base económica de este modo de vida era la cría y el pastoreo de rebaños mediante desplazamientos irregulares desde las zonas en las que había pastos abundantes después de cada lluvia a aquellas otras en las que existían pozos permanentes. Cuando las condiciones se lo permitían los nómadas exigían una remuneración a cambió de la conducción de hombres y mercancías. La vida en el desierto árabe, sin embargo, nunca fue fácil; eran frecuentes las razzias o ataques, que, emprendidos generalmente con la finalidad de ahuyentar el ganado de un enemigo, producían también ocasionalmente pérdidas humanas. Las bajas producidas por las razzias y otras contiendas contribuían sin duda en alguna medida a resolver los problemas planteados por la escasez de alimentos. Probablemente en un determinado momento de su vida, Mahoma comprendió que la unidad política de los árabes era incompatible con las razzias y las contiendas internas; pero si éstas se hubieran suprimido, el problema de encontrar alimentos se habría agravado. ¿Cómo superar esta dificultad?

La concepción islámica de la ŷihād, o guerra santa, ha de ser considerada en este contexto. No fue en ningún momento un fenómeno puramente religioso, sino también, al menos en parte, un instrumento político. Constituyó indudablemente una transformación de la vieja tradición nómada de las razzias, cuya explicación ha de buscarse en la situación en que se hallaba Mahoma cuando únicamente tenía bajo su control Medina y unas pocas tribus aliadas. [...] En esta situación, la concepción de la guerra santa no significa sino que las incursiones de saqueo de los seguidores de Mahoma se orientan hacia los no musulmanes; así pues, a medida que aumentaba el número de tribus próximas a Medina que se convertían al islam, era necesario dirigir estas expediciones más y más lejos."


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Semillas, piedras y huesos


e vez en cuando el Museo del Louvre airea en su página de Facebook alguna pieza poco conocida de su colección. Es muy probable que la pequeña talla de marfil de Jean Auguste Barre pase desapercibida al visitante que ya ha visto la Victoria de Samotracia, la Gioconda, los miles de oinócoes, cráteras e hidrias de la colección de cerámica griega, y la Pompadour por Maurice-Quentin Delatour. Los grandes museos, si se visitan intensivamente, abotargan y conducen a un estado de desalentador cansancio total. De manera que no podemos más que envidiar a quienes pueden ir muchas veces al Museo del Prado, por ejemplo, y volver volver volver, y decir "hoy veré tal cuadro de Goya".
Aunque a simple vista puede parecer que la imagen de hoy reproduce una escultura de mármol, se trata de una talla de marfil. No sé si todo el mundo puede apreciar como en la espalda del niño y de la madre hay como una especie de vetas que son características de los colmillos (o incisivos) de los elefantes. Y las fisuras que podrían parecer resquebrajamientos del material también son característicos de la eboraria. Lo sé porque tengo una manzanita de marfil de cuando aún no estaba prohibido el tráfico ebúrneo. También tengo una pulsera de pelo de elefante, de cuando ya estaba prohibida su venta, pero la compré en una tienda normal y corriente y quiero pensar que ese pelo no era vital, que todo lo más es un ejemplo del tráfico ignonimioso que se ha hecho con los paquidermos, especialmente los africanos. Parece que esas fisuras son irremediables, pero se puede también añadir que no van a más y que incluso, junto con el amarilleamiento, autentifican la procedencia del material.
Desconozco si el trabajo del marfil produce unas piezas más delicadas que las que se pueden extraer del mármol, que es más duro. Creo que sí, que es más dúctil. Pero no sé qué cualidades puede tener como material. La cejuela de las guitarras suele ser de hueso (aunque las modernas industriales la tienen de resina y va que chuta) y me imagino que es un punto que por guiar las cuerdas desde el mástil hasta el otro extremo, tiene que reunir propiedades de dureza y resistencia, de manera que no sea rígida en exceso puesto que de lo contrario o dañaría las cuerdas o se rompería por la tensión.
Se suele poner como ejemplo de lo bien que conocían los artistas su oficio en la afanosa elaboración de las pinturas y también en Miguel Ángel visitando en persona las canteras para elegir el mármol. El arte lo han ido matando no solo la barbarie y el adocenamiento, que ya es, sino la especulación y la intelectualización. La intelectualización llegó mucho antes a las bellas letras y así nos va. 

"Madame Delaroche et son fils Horace" o "L'épouse de Paul Delaroche et leur enfant". 
Escultura tallada en marfil de Jean Auguste Barre, aprox. 1845 (41,8 x15x13 cm). Louvre