31/12/14

Risas enlatadas y latosos

En mayo de 2013 el actor Josep Maria Pou interrumpió su actuación de "A cielo abierto" cuando estaba representando la obra en el Teatro Calderón de Valladolid tras oír sonar el undécimo móvil en la sala. El último, casi cuando la obra llegaba a su fin, sonó en la primera fila y Josep Maria Pou le espetó a la señora del móvil "¿Por qué tenemos que aguantar esto?", a lo que siguió una serie de protestas que le salieron del alma y que merecieron una cerrada ovación. 

Yo he visto a Josep María Pou actuando y la transfiguración que experimenta para adoptar su papel es prodigiosa. Al final de una obra, que es donde se suele acumular el mayor clímax, se le podía ver como con 70 años y durante los minutos en que salió con los otros actores para saludar al público desde el escenario parecía tener 50, de golpe ser otro hombre. Eso requiere una concentración que por disciplina puede ser tomada y abandonada pero no sin un esfuerzo que sería innecesario si el público fuera considerado. Considerado y respetuoso para con los que están trabajando y para con los que están disfrutando de un espectáculo.

A pesar de que al principio de las representaciones se pide que el público insonorice sus móviles, que hubieran 11 sonando consecutivamente no me extraña a la vista de lo que veo a mi alrededor. Luego decían que es que estaban de guardia, pero de guardia telefónica se ha estado siempre -cuando habían buscas- y la gente desactivaba el sonido. También se podrá decir que los jugadores de fútbol juegan con un ruido atronador con insultos a veces a sus madres y a ellos mismos, cuando losjugadores de tenis es tradicional que jueguen en silencio, silencio que velan los jueces de silla cuando al principio de un set recuerdan "Silencio, por favor". Nótese que no se pide a la gente que se calle o que no hable o que no haga ruido, se les ruega silencio, que es otra cosa. El silencio adquiere así cualidades positivas, afirmativas. Es un silencio fecundo.

Es curioso porque de la misma manera que es difícil mantener el silencio, incluso en el Auditori o en el Palau, y ya no digamos en las bibliotecas y en los hospitales, en espectáculos o representaciones donde se esperaría la participación del público, por lo menos en mi ciudad resulta que o es inexistente o pacata. La primera vez que actuó José Mercé en el Auditori, abriendo una noche flamenca inolvidable que duró hasta las cuatro de la mañana, la platea paya no se movía. Y sin embargo unos palcos que estaban llenos de gitanos hervían, por no decir que salían y entraban de la sala como Pedro por su casa. Jaleaban de acuerdo con lo que convencionalmente se espera en el flamenco, a punto. No ponían un "arza" o un "ole" a destiempo y que no tocara. A mí me pedía el cuerpo jalear también, pero estaba convencida de resbalar fuera de compás y solo me movía en la butaca como un manojillo de pellizcos y escalofríos.

Tengo observado, especialmente en los mítines del PSOE, que cuando habla el orador y levanta la voz lo hace como para indicar que le aplaudan. No es al revés, es decir no es que suba la voz porque le aplauden sino que le aplauden porque sube la voz, cosa que es perceptible hasta para mí. Cuando Pedro Sánchez se transfigura en King África quiere decir que hay que aplaudir. 

En algunos programas de TV con público presente les indican cuando tienen que aplaudir. Hay una persona en el plató que les va marcando, como un director de orquesta, en qué momento exacto tiene que entrar la ovación. De la misma manera en programas de humor grabados estadounidenses se incorporan risas enlatadas, que son como mojones donde reparar que hemos oído o visto algo gracioso. En las películas de intriga nos ponen una musiquilla como de suspense y así cuando aparece el asesino parece que nos hace un mayor efecto.

La gente molesta con sus móviles onanistas, especialmente cuando se supone que están con otra gente, aunque los tengan silenciados. Porque le oí a una entrevista al mismo Josep Maria Pou que desde el escenario no solo se oyen mejor los móviles que desde la platea sino que se ven las pantallitas brillando porque hay personas (es un decir) que las consultan a cada momento.

Una de las actrices españolas que ha demostrado crecerse en las morcillas es Charo López. Cuando asistí a una representación de "Tengamos el sexo en paz" recuerdo que la abría repasando "El País" del día, aparte de que interpelaba al público -como también lo hacían en "El Molino" las vedettes- y éste respondía al caso. Fue ella quien una vez cuando le sonó un móvil durante una representación dijo alto y claro: “Si es para mí, dígale que estoy trabajando y no me puedo poner”.

 

"Me impide mirar mi teléfono cada dos segundos"

Liam Walsh


26/12/14

Ser humano



tra vez, como el año pasado, cuando veo el mural de la campaña de Médicos Sin Fronteras vuelvo a pensar en las palabras de una intensivista que conocí en el Hospital de Bellvitge: "Nosotros no salvamos a nadie".  Si no recuerdo mal, esta frase me la dijo Maite Górriz Vidal. El único rastro que ahora tengo de ella lo encuentro en un "ABC" de 1975, donde se da noticia de que fue detenida por liarla parda con el FRAP o Frente Revolucionario Antifascista Patriota, del ala sanitaria. Las protestas de los MIR del año 1975, poco tiempo después se abrirse el Hospital de Bellvitge (entonces Hospital Príncipes de España), fue muy sonada y aún quedaban hasta hace poco médicos que habían participado y que habían sido despedidos y después readmitidos. Yo empecé a trabajar allí en julio de 1985 pero traté con médicos que se acordaban perfectamente de quienes habían sucumbido al miedo o a la bajeza de ser esquiroles. Y de la misma manera que entre los de mi oficio yo distingo entre quienes tuvieron de profesora a Nora Vela y los que no, se puede decir que hasta hace bien poco en Bellvitge se podía distinguir entre los que se habían jugado el puesto de trabajo por sumarse al conflicto de los MIR y los que no. 

Pero el comentario que traje aquí ("Nosotros no salvamos a nadie") no hubiera tenido menos valor si hubieran faltado estos antecedentes, porque sobre todo es una perla del escepticismo médico y de la necesaria modestia para avanzar en cualquier saber. El entusiasmo -si no es de eutrapelia- puede caer en la jactancia. Sabía la Dra. Górriz que muchas veces exactamente lo mismo y en un caso idéntico no funcionaba, en la UCI. Que había muchos elementos que se les escaparon. Otras veces, cuando clínicamente no había esperanza para un enfermo, de una forma que bien pudiera decirse "milagrosa" experimentaba una mejoría injustificable y contra todo pronóstico. Gracias a estos factores y a que en definitiva gran parte de los médicos tratan con seres humanos y hasta infrahumanos, tarde o temprano el que ya no era modesto es un converso a la modestia decidido. Ni que sea optando por el desvío del escepticismo, que también vale para el caso.

La campaña de Médicos Sin Fronteras es buena, apela a la urgencia y no tanto a la consabida piedad. Habida cuenta de que lo más caro de los cuidados sanitarios son los especialistas (los seres humanos especialistas) y la tecnología, la frase se aguanta sola. Pero todos sabemos que hay muchos perros que le salvaron la vida a heridos o a personas en peligro de morir asfixiadas por combustión de gas, que hay delfines que han ayudado a marineros (seres humanos marineros) a volver a tierra, etcétera. También sabemos, sobre todo por los misioneros que tenemos en países subdesarrollados -y la palabra cada día se hace más insostenible- que cuando estamos dispuestos a ayudar a los demás también tenemos que estar dispuestos a hacerlo en lo que nos piden, no en lo que pensamos que es necesario. No es posible ayudar además a quien no se deja ayudar. O "salvar", si quieren.

Uno de los sacerdotes de la capellanía del Hospital donde trabajo (el Padre Buenaventura) ahora me explicó que cuando va a ver a los niños les hace unas pajaritas de papel. No tiene recursos para más y sabe que ese primer nivel de la papiroflexia es suficiente para fascinar a un pequeño y para acercarse sin invadirlo. Naturalmente esa es la verdadera evangelización, la que Manolo, perdón, Jesús de Nazaret, hubiera hecho. Y cuando los misioneros (los seres humanos misioneros) hablan ves que acaban todos o muchos haciéndose maestros, sanitarios y cocineros no solo porque la fe se demuestra andando sino porque el Evangelio, con ser un libro vivo se queda en letra muerta si el hambre y el dolor abotargan a quien lo recibe en condiciones pésimas.

Hablaba esta mañana de llamados y elegidos e invertía la proporción clásica (muchos los llamados, pocos los elegidos) por otra más idónea e interesada (pocos los llamados, muchos los elegidos), cuando según la hermana Conxa Adell todos hemos sido elegidos (seres humanos elegidos). El problema será en todo caso -en mi interpretación- que somos duros, que no somos ni atentos ni confiados. 

"Amb Ell, nosaltres hem estat en el pensament de Déu des de sempre, des de tota l’eternitat. Amb paraules de Pau en la carta als Efesis: «Ens ha escollit abans de crear el món» (Ef 1,4). Joan encara és més explícit: «M’estimaves des d’abans de crear el món» (Jn 17,24).
Com li plau al cor sentir aquestes paraules entranyables: escollit des d’abans de crear el món! Som beneïts ja des d’abans de crear el món i ens voldríem mantenir ferms fins a la fi, per respondre a l’amor inefable de qui ens ha creat.
Per tu, per cadascun de nosaltres, després va crear el món, pensant que també seria el món que veuria el seu fill Jesús, que ara dorm tranquil dins de Maria. Amb la mateixa il·lusió que uns pares primerencs preparen la cambra del seu fill que ha de néixer, Déu anava creant amb cura tots els detalls del món amb mil formes i colors, amb mil moviments i una sola harmonia". (El regal de la llibreta nova [enlace roto]) 

 

Fotografía: Marta Domínguez Senra


23/12/14

El nido del tilonorrinco (o Veintiocho Barcelonas)

"Por el mundo adelante hay muchas Barcelonas: una en el Valle de Oro, en tierras de Lugo; otra a la sombra de Bunyola, en la isla de Mallorca; cuatro en Francia; la séptima en Inglaterra; la octava en Sicilia de Pozzo di Gotto; aún otras dos en las islas Filipinas; dos más en Colombia y otras tantas en Bolivia y en el Brasil; diez más en Venezuela y una en el Ecuador y otra en Puerto Rico. Total, veintiocho y, probablemente, alguna más trasconejada por los recovecos de la geografía, esa ciencia confusa."

Camilo José CelaBarcelona: Calidoscopio callejero, marítimo y campestre de Camilo José Cela para el Reino y Ultramar 

 

 


uisiera saber si una de las diez Barcelonas que cuenta Cela en su guía de 1970 como venezolana es la de Aruba, que en realidad es posesión de los Países Bajos. No he encontrado en la obra del escritor un error de bulto como ese ni aún otros, por lo que me inclino a creer que habría 29 Barcelonas, muchas más que las que admite la Wikipedia el día de hoy.

La guía de Barcelona de Cela se deja leer bien -como guía, me refiero- porque se mantienen en pie la mayor parte de los edificios que menciona y porque como en toda su obra los elementos están dispuestos en la proporción idónea. Esto es que le concede poco más o menos el mismo número de líneas a la Sagrada Familia que a la calle Petritxol, cuestión que para muchos lectores puede parecer un despropósito pero que a mí me parece bien si tenemos en cuenta que la ciudad es como un diorama o un escenario del que nos queremos llevar una idea general. También me parece bien porque le tengo mucho más cariño a la calle Petritxol que a la Sagrada Familia. Naturalmente, por esas cuestiones de la impermanencia de todo cuanto somos y de cuanto nos rodeamos (con la excepción tal vez de la Coca-Cola y poco más), la calle Petritxol del año 1970 y la de 2014 es bien diferente. Permanecen fundamentalmente la Sala Parès (galería de arte), la "Granja Pallaresa" (1947) y "Dulcinea" (abierta como taberna en 1789 y como vaquería o tienda de aceites a granel en 1930). Pero hay muchos establecimientos que cambiaron de orientación o de dueños. Por ejemplo, recuerdo una tienda de material de dibujo y pintura que se encontraba ya tocando la calle de Portaferrissa. El Piera de Cardenal Casañas se ha mudado, por la entrada en vigor de la nueva ley de arrendamientos supongo, a la calle Pintor Fortuny, a unos 300 metros de donde estuvo o tal vez menos. La tienda es más grande y está peligrosamente cerca de la Granja Viader.

*

Nuestro apego a las cosas tiene que ver con el arraigo o con la necesidad de pertenencia o de tener un punto de referencia estable. Por poner un ejemplo de como se nos mueven cosas que parecían de toda la vida me di cuenta ayer de que lo que yo me pensaba que eran participaciones de lotería, no eran más que números con los que solo participaba en el sorteo de paneras. Eran los números que cada año compro a los estudiantes de Medicina de la UAB o a alguna cafetería del barrio. Por Navidad suelo comprar un solo décimo, pero además compró participaciones. Cuando me di cuenta de que eran paneras no adiviné que era a causa de que el impuesto de Cristóbal Montoro impone una obligación al que da participaciones de correr con el gravamen. El impuesto no se paga a escote, lo paga el depositario. Por lo tanto, el impuesto de Montoro se ha cargado las participaciones. Las paneras a mí no me hacen ilusión porque no sé cortar jamón, todo engorda y no bebo licores, así explicado rápido y mal.

*

Una pequeña catástrofe doméstica me ha empujado a pensar si no valía la pena meterse a aprovechar la movida de albañilería, fontanería y demás para reformar dos piezas más, eso sin contar con lo que cuesta. Me doy cuenta de lo fácil que es emparrarse en ideaciones de remodelación y decoración cuando sencillamente cuanto menos cambiemos las cosas tal vez se vive mejor.

Mientras yo fui aguantando de mi pobre cocina de la obra original había vecinos que ya se habían reformado la suya dos veces. Cuando ya amenazaba ruina y era impensable que pasara con bien las inspecciones del gas, no cuando vi una idéntica en "Cuéntame", decidí que había llegado el momento de organizar su reforma en dos fases y eso sin cambiar ni el suelo ni la cerámica de las paredes. Mi sistema nervioso pudo soportar las dos acometidas respectivas porque fueron cada una de cosa de una semana y con una distancia de 3 años.


Ya lo he dicho otras veces: si tengo que cambiar de sofá me mudaré de piso. Y es que cambiar el sofá mueve no sé qué resortes que nos hacen ver que si la lámpara, que si el suelo, que la pared necesita una buena mano de pintura, que las puertas, etc. Y cuando veo en la TV o en las revistas del corazón los pisazos y las casazas de los famosos o no tan famosos también pienso en el jaleo que hubo y en que muchas de las cosas que nos muestran seguramente nunca se usarán.


Ptilonorrhynchus violaceus. Nido.

"[...]  el pájaro satinado de enramada no es especialmente impresionante a simple vista: tiene más o menos el tamaño de un tordo y un plumaje de un color azul oscuro que despide un brillo metálico cuando le da la luz. Francamente, parece que llevara un traje de baño azul viejo y brillante, y cabría pensar que sus posibilidades de inducir a la hembra a olvidarse de la pobreza de su vestuario son nulas. Pero lo logra con un truco sumamente astuto: construye una enramada[...]. 

"El tilonorrinco estaba encantado: descendió por los alambres para quitármelo todo cuidadosamente de los dedos y después volvía a saltos a su quinta para ordenar las cosas. Se quedaba mirando la decoración un ratito y después daba un salto adelante y cambiaba de posición un billete de autobús o una hebra de lana para dejarlos de la forma que a él le parecía más artística. Cuando quedó terminada la enramada tenía un aspecto verdaderamente encantador y decorativo, y se puso delante de ella acicalándose, y de vez en cuando abría una ala como para indicar orgulloso lo que acababa de hacer. Después fue entrando en su pequeño tunel y saliendo de él, volvió a colocar dos de las conchas de mar y empezó a posar otra vez, con un ala abierta. Verdaderamente había trabajado mucho para construir su enramada y me daba mucha pena, pues todos sus esfuerzos eran en vano: aparentemente su pareja había muerto hacía algún tiempo y ahora compartía  la pajarera con unos cuantos pinzones ruidosos a los que no les interesaba nada su destreza arquitectónica ni su exhibición de tesoros domésticos"

Gerald Durrell, "Galanteos animales", Encuentros con animales.

(c)SafeCreative 2412240453511

22/12/14

Experimentados, expertos y escarmentados

 


uiero partir de la base de que el lector ya sabe la diferencia que hay entre ser experimentado, experto y escarmentado.

Tal vez hubo un tiempo en que la experiencia estuvo sobrevalorada. En muchos oficios la experiencia no lo era todo pero era mucho. Ese valor ha cedido espacio a las habilidades sociales. Tener una agenda de contactos o muchos seguidores serían los indicadores máximos y vienen a relevar o revelar o rebelar a lo que en otro tiempo sería la buena fama lironda, la cual se trasmitía de boca en boca o porque se le hacían reconocimientos públicos a la persona en cuestión (premios, calles y hasta plazas, etcétera). 

No voy a hablar de mi oficio, que ahora ha perdido a mi entender mucho de su dignidad -si es que algún día la tuvo- con la matraca de la mercadotecnia, los freebies y la bibliocosmovisión. Pero puedo hablar de los profesionales que tengo más cerca y decir que en Medicina abundan un género de pseudodivinidades que de acuerdo con la bibliometría son eminencias de su saber, el cual por otra parte es casi siempre muy específico, muy limitado a un área que no es suficiente por sí sola para atender un enfermo. Armonizar la parte de la comunicación ─Publish or perish─, la docencia, la gestión y la asistencia es titánico o hercúleo, y me temo que aunque hay algunos médicos que lo consiguen siempre es de una forma monstruosa, esto es atrofiando una buena parte de su personalidad e hipertrofiando otras. El hecho de que la oferta atienda la tiranía de la demanda (una demanda además especulativa) es un tema que merecería dos o tres posts aparte, cinco telediarios y trescientos tuits. Yo prefiero como médico para mí uno que no publique mucho.

Hace un tiempo, cuando me preguntaban por un buen especialista a quien recurrir más o menos podía dar una respuesta. Actualmente no la puedo dar porque intervienen demasiados factores y todos ellos cambiantes. Lo que un día es de una manera al día siguiente puede ser de otra manera, eso sin entrar si es mejor o peor. Lo bueno de los sistemas "estables" es que se pueden considerar sus resultados seriamente. Por ejemplo, no es posible valorar el rendimiento de un sistema educativo cuando no permanece el tiempo suficiente para que dé frutos. O no hemos percibido plenamente el desmantelamiento o la demolición de la sanidad pública porque hasta hace poco hemos ido disfrutando de la buena salud que nos había permitido tener el sistema nacional público. La elongación de las listas de espera quirúrgicas, su entelequia, suponen una peor condición de los pacientes y por lo tanto unas intervenciones con peor pronóstico y convalecencia. Hay cifras de las fugas de muchos casos a la sanidad privada, casi siempre dotadas con los mismos médicos que hay en la pública. Pero lo que no se dice es que la sanidad privada no lo cubre todo. O se dice pero solo cuando se presenta la ocasión ineludible.

Como me resulta muy difícil hacer favores más allá de lo que está en mis manos suelo por lo tanto responder, cuando alguien me pide consejo, que no sé. Contesto pero no sé e incluso cuando creo saber no contesto. Ya siempre he evitado hacer favores a terceros y pedir favores a terceros porque los favores hay que pedirlos a quien los puede hacer no a quien conoce a quien los pueda hacer. No sé si me explico. Naturalmente si alguien se quiere meter en un berenjenal, de esa manera tiene un desastre asegurado o bien obtendrá sinsabores y algún disgusto que otro.

Que simplemente para darse de alta de una compañía telefónica o de gas o de electricidad y para elegir la tarifa idónea haya que contar con todo un cúmulo de picardías, trucos, destrezas, informaciones y escarmientos, requiere un tiempo y unas ganas que poca gente es capaz de dedicarle. Por otra parte, aunque le dedicáramos ese tiempo a estudiar y negociar una tarifa, probablemente sería objeto de especulación mercadotécnica y no nos la mantendrían más allá de lo contratado. Nos pensábamos que con más compañías habría más competencia (en la teles, en los teléfonos, en los seguros), pero no está tan claro. De la misma manera, cuantas más panaderías hay más caro es el pan y no siempre es mejor.

A veces me temo que mi enciclopedia adopta formas de tribuna o de púlpito, cuando defiendo vivamente algo en particular o en general o porque como el fraile culterano Paravicino puede parecer que me enredo en disquisiciones enrevesadas, parabólicas y retóricas. Pero la verdad de la verdad es que solo pretendo ahuyentar toda esperanza de que la claridad sea alcanzable o descartable. El escepticismo incluso me parece tan ingenuo como la mismísima ingenuidad. 

El relativo éxito de Podemos es la facilidad con que emite o excreta enunciados claros de validez universal. Tan claros como discutibles e insoportablemente lenes.

A Aristóteles le debemos la palabra entelequia, y yo digo que el futuro hoy más que nunca es una entelequia.

 

"I know what I said ten minutes ago. That was the old me talking." (*)

____
(*) Sé qué es lo que dije hace 10 minutos. Era mi viejo yo el que hablaba.


11/12/14

Las puertas giratorias

"Hace estúpidos a los consejeros del país,
a los jueces vuelve locos.
Desciñe la banda de los reyes
y les pasa una soga por los lomos.
Conduce descalzos a los sacerdotes,
acaba con los poderes establecidos.
Quita la palabra a los confidentes,
a los ancianos arrebata el juicio.
A los nobles llena de desprecio,
afloja el cinturón de los fuertes.
Desvela la hondura de la tiniebla,
saca a la luz las sombras.
Suscita naciones y acaba con ellas,
promueve pueblos y los suprime.
Deja sin talento a los jefes del país,
los guía por un desierto intransitado;
van a tientas, sin luz, entre tinieblas,
tambaleándose lo mismo que borrachos."

Job, 12: 17-25


avid pintó muchos cuadros de difuntos: Héctor, Marat, Sócrates, etc. Pero el menos conocido es el de Joseph Bara o Barra, muerto por los contrarrevolucionarios a la temprana edad de 13 años. Aunque Jacques-Louis David se guardó de que pareciera un ángel a mí me da la sensación de ser un ángel héroe. No recuerdo que hubiera ningún ángel héroe en el libro de Rafael Alberti, Sobre los ángeles (1929).  En su pecho asoma una escarapela tricolor, que es lo único que nos permite identificarlo contra el Antiguo Régimen y el rey Luis XVI.  Luis XVI, Marie Antoinette y Joseph Bara murieron el mismo año. El niño, sin juicio.

Por una desafortunada confusión, en el artículo de la Wikipedia sobre el agua de Valencia, se dice que se sirve en la copa María Antonieta, cuando lo que debería poner es que se debe servir en la copa Pompadour (por la marquesa). Imperdonable es que ese mismo artículo tal y como está hoy desarrollado no hace ninguna referencia al buck fizz, cóctel de parecida composición (naranjada y cava) pero documentado mucho antes. En la Viquipèdia nos encontramos con la misma afirmación, de que Constante Gil fue el creador del combinado conocido como "aigua de València". Constante Gil, por cierto, pintor que vivió en Valencia pero había nacido en San Salvador de Taragoña, concello de Rianxo, comarca de La Coruña que limita con Pontevedra.
El año 1793 también fue el que guillotinaron a Olympe de Gouges,  del ala girondina, esto es, moderada. Precisamente se opuso a la pena de muerte de Luis XVI pero ya sabemos que de nada sirvió. Nos dejó la Déclaration des droits de la femme et de la citoyenne (1791), que iba dedicado a María Antonieta, la de la copa Pompadour, y de la cual les dejo un pequeño ejemplo en prenda de su probidad como pionera del feminismo, expresión del todo justa.



Hoy en que se celebra o se condena nuestra Constitución Española de 1978, incluso quienes nunca la han leído, me parece oportuno incorporar este retalito de la historia de las mujeres, sobre todo de las de mi género, ya que hay algunas que apenas se han liberado e incluso están más sometidas de lo que nunca hubieran podido imaginar hasta las jacobinas.

Además de los errores de foco o cortedad de miras, como el del invento del taragoñés Gil, hay errores semánticos como el de la copa de champagne inspirada en los pechos de la marquise de Pompadour (confundidos irreverentemente con los de la reina Marie-Antoinette d'Autriche). Pero entre todos los errores el peor es el de la hostilidad.

No hay absolutamente nada de lo que yo me haya lamentado en esta vida de lo que pueda decir que estoy libre de culpa.  Casi todas las faltas que yo hubiera podido recriminar, en mayor o en menor medida también podría admitir haberlas cometido. Naturalmente siempre existirá el grado y las circunstancias atenuantes aquellas que siempre tienen en cuenta los jueces.

Hace pocos días confesé haberle cambiado mi abanico por el suyo en una boda a otra invitada, porque nos los habían dejado como objeto de cortesía y creí que el que le había tocado a ella (color malva) me combinaba mejor con mi blusa (color aguamarina tirando a azul cadete). También podría confesar haber imprimido alguna cosa personal en mi trabajo o haber salido 30 minutos antes de mi hora alguna vez, aunque fuera excepcionalmente. Se dirá que son tonterías, pero si bien lo pensamos y en conciencia lo consideramos en todo cuanto pasa a nuestro alrededor veremos que sea por error o por horror o por omisión todos tenemos faltas, excepto los que delinquen.  

Si hay alguna falta que intento evitar a toda costa es la hostilidad. Por lo menos en sus variantes de desprecio, ninguneo, abucheo, linchamiento, etc., y en lo que ahora llamamos "depredación". ¿Nos daremos cuenta de que no se puede vivir así? Hasta en los libros religiosos, no ya la Biblia, sino por ejemplo el Baghavad Gita, hay episodios de enfrentamiento a muerte, por causa más o menos razonables. 

Releo Job. Dicen, si me está permitido una expresión anacrónica, que era la lectura preferida de San Juan de la Cruz. Literariamente es una belleza. Lo suelo leer en español simplemente porque la letra de mi biblia de Montserrat, cuya traducción me parece mejor en casi todos los casos, es inalcanzable a mi perjudicada vista. Lo que va de "Hace estúpidos a los consejeros del país" a "Retira la paraula dels experts" es inasequible a mis pretensiones en este blog y a mis conocimientos de hebreo, nulos. Pertenece a la época áurea de la literatura judía y por lo tanto su traducción es complejísima, y porque es un libro sagrado.

La suerte de Job y todo el proceso al que le somete el demonio con permiso divino es un tema que no deja de ser actual. De ser un hombre pío se convierte en un hombre desesperado hasta que vuelve a aceptar que todo es como aquel que dice lo mismo. Ese efecto es asombrosamente aprovechado para la magna perversión de las puertas giratorias, y no estoy cayendo en un error semántico como el de las copas Pompadour. 

Entre jacobinos, girondinos, ángeles, héroes, errores, víctimas y hostiles, es difícil que alguien como yo, que no está ni con los tirios ni con los troyanos, atraiga simpatías. Pero sé que las que obtuve están bien ganadas.

Muerte de Joseph Barra (1779-1793) por Jacques-Louis David

Muerte de Joseph Barra (1779-1793) por Charles Moreau-Vauthier [siglo XIX]



1/12/14

El mármol travertino

Triste é o cantar que cantamos,
mais ¿qué facer si outro mellor non hai?
Moita luz deslumbra os ollos,
causa inquietude o moito desear.
Cando unha peste arrebata
homes tras homes, n'hai máis
que enterrar de presa os mortos,
baixala frente, e esperar
que pasen as correntes apestadas...
¡Que pasen..., que outras vendrán!

Rosalía de Castro, Follas novas

 

El domingo volví a ver La dolce vita (Federico Fellini, 1960). Como el año pasado vi La grande bellezza (Paolo Sorrentino, 2013) quise repasar. A nadie se le ha escapado el parecido, más que parecido. Paolo Sorrentino, de acuerdo con la tipología de Josep Sala Culell no pertenece a nuestra generación T (1945-1965) sino que pertenece a la generación X (1965-1981). La generación T sería no ya la generación de la Transición, ese trabajito de ingeniería social que se quiere demoler, sino la generación "tapón". Somos una rémora. Cuando transcribo esos intervalos me pregunto si los nacidos en el año 1965 -cuando yo ya tenía 4 años- harían como yo, que cuando me interesa soy Cáncer y cuando me interesa soy Leo, pero eso siempre de acuerdo con las entelequias segregacionistas, no de acuerdo con mis propias ideas. 

Las dos películas me parecen buenas con la salvedad de que siempre preferiré un "original" a una variación. Por lo demás, hay algún momento en que La grande bellezza escora hacia la astracanada, que por otra parte ya encontrábamos en el Satiricón, de Petronio, claro, aquel escritor que nació el año en que murió Augusto y que por tanto queda fuera de la Época Áurea, la mejor de las letras romanas.

Digan que tengo debilidad por Marcello Mastroianni, digan que ay el neorrealismo italiano me pierde, digan lo que quieran, pero la versión restaurada de La dolce vita es más que Anita Ekberg en Trevi. Mucho más. Se dice por ahí que el parón de la Fontana al final de la escena, coincidiendo con el alba, tiene un desfase de sonido, que cuando aún cae ya no se oye.  Bah. Un recadero inmóvil mira a la descomunal sueca Ekberg con Mastroianni en la Fontana, parado desde su bicicleta, como si todo se hubiera detenido. Como si formaran parte de la parte que proyectó Bernini, el cual no petrificó la pasión sino que llenó de pasión y magnetismo el mármol travertino. Sería lo contrario a la lassitudine postcoitalis, tema que algún día desarrollaremos pero que ahora solo dejamos sugerido:

"The famous scene in the Trevi Fountain was shot in March, when nights were still cold. According to Federico Fellini (in an interview with Costanzo Costantini), Anita Ekberg stood in the cold water in her dress for hours without any trouble. Marcello Mastroianni, on the other hand, had to wear a wetsuit beneath his clothes, and even that wasn't enough. Still freezing, he downed an entire bottle of vodka, so that he was completely drunk while shooting the scene."  (Trivia, La dolce vita, IMBD)

Aunque se dice en la Wikipedia que Trevi se restauró el año 1998, yo recuerdo que en mi viaje de 1993 la habían acabado de limpiar a fondo y apenas sí se podía mirar con gafas de sol, de tanto que relumbraba. Era septiembre. En este caso confío más en mis recuerdos que en la Wikipedia.

*

Este invierno  un ejemplar de la Generación X me afeó que me gustaran las películas del primer cine, habiendo como hay ahora tantas películas y que también se pueden descargar gratis, etcétera. Tal vez le molestó que le señalara su parecido físico con el actor que solía hacer de padre de la novia o de policía malo en las películas de Charles Chaplin, Eric Campbell. Este gachupín acaba de ser padre, viven en un piso de alquiler, hace un master de marketing que le pagamos los contribuyentes y se dedica a la bioinformática. No debería decir todo esto cuando él no sabe nada de mí y por el camino por el que ya les he dicho que fue ustedes ya imaginarán que no sabrá mucho más. Me entristeció que con una sola frase pudiera perturbar todos los buenos momentos que he pasado con el cine primigenio europeo, el cual a su vez se tuvo que marchar a América por las dos guerras. Ni la Biblioteca de Alejandría fue tan rápida en arder como su desprecio o arrogancia en proporcionarme una amargura que para nada sirve ni a nadie beneficia. Lo que yo sé no sirve.

*

Ya he levantado acta aquí, por lo menos un par de veces, del importante componente generacional que tienen las adhesiones y las animadversiones en nuestro panorama político y social en 41°22′57″N 2°10′37″E. Podemos pensar que hay personas que están más orientadas a sus antecesores y otras a sus descendientes. Esto es como en el trabajo, que hay gente que se orienta a los que mandan, otros a los compañeros, otros a sus inferiores. Lo ideal sería repartirse y mezclarse.

Pero una no quisiera molestar y una señora sabe cuando debe retirarse, todo aquello, por lo que no se molesten en levantar ante nuestros ojos presbíticos gráficas con nuestra insolvencia para afrontar la corrupción, la burbuja inmobiliaria, la desertización de España o el relevo de las jaurías de triunfadores. No se molesten, ustedes a lo suyo. No reparen en nosotros, que ya estamos bien predispuestos a ser transformados en comida para perros, sea en salchichas o fraccionados en cómodos cubitos para hacer caldo.

Hablando de perros, la famosa raya de la escena final de La dolce vita si no recuerdo mal es reconocida en La grande bellezza con una mariconada de una jirafa en un palazzo. No vale. Esa jirafa u otra, su tatarabuela tal vez, ya había salido en una película sobre Byron y sobre Mary Shelley. O mejor, sobre Mary Wollstonecraft Godwin. Vean sino el fotograma de Remando al viento (Gonzalo Suárez, 1988). Por favor, sacar jirafas en los salones es más viejo que el hilo negro.

*

Por cierto, mi padre nació el mismo año que Marcello Mastroianni. El carnet de la Biblioteca de Catalunya me caduca el 29 de noviembre de 2019.

 

Eric Campbell (el primero por la izquierda) en The adventurer (1917)

(c)SafeCreative 2412240453511