21/6/12

Mis diez tías

"Una mujer de trasquilado pelo blanco se encuentra de pie junto a la ventana de la cocina. Lleva zapatillas de tenis y un amorfo jersey gris sobre un vestido veraniego de calicó. Es pequeña y vivaz, como una gallina bantam; pero, debido a una prolongada enfermedad juvenil, tiene los hombros horriblemente encorvados. Su rostro es notable, algo parecido al de Lincoln, igual de escarpado, y teñido por el sol y el viento; pero también es delicado, de huesos finos, y con unos ojos de color jerez y expresión tímida."

Truman Capote, Un recuerdo de Navidad 


al vez son los Tres cuentos de Truman Capote tres buenos ejemplos de lo que se puede hacer desde un relato breve y lo que no acierto a decir es si se debe a su fundamento autobiográfico aunque, total, como no voy a perder nada, me atrevería a sugerirlo. Ahí derivaríamos al viejo y abusado tema de si la literatura se hace desde la vivencia o de si por muchas experiencias que se tengan la literatura va por otro lado y más el talento. Si yo dispusiera de tiempo seguramente lo perdería leyendo relatos breves y releyendo Poe, Chéjov, Mansfield y muchos narradores norteamericanos que me interesan grandemente. Como hace muchos años tuve grandes atracones de toda la cuentística y la novela sudamericana y centroamericana, que por otro lado me habían aliviado en parte de mi indigestión de realismo europeo, ahora solo me tienta repasar alguna gran obra y, como género, ya solo me interesan el cuento y la poesía. 

He oído hablar a algunos autores de la germinación de una novela y de como les surgen los personajes y hasta se adueñan de ese espacio que va recreándose en una especie de espacio en donde se van levantando las escenas y todo como en una película. Y sin embargo esa vivencia no la conozco o por alguna razón no la he necesitado. Por no decir nada de esas novelas en que los escritores condenan o se mofan de sus congéneres rencorosamente, a quienes se molestan en darles nombres de ficción y hacerles pasar por situaciones ridículas con tal de purificar sus sinsabores y frustraciones o lo que sea. En pocas palabras: la ficción me resulta cada vez más algo inconcebible y hasta poco honorable. Y en cuanto hago tal afirmación me precipito a corregirla porque pienso en lo mucho que he llegado a disfrutar con algunas novelas y  en lo apto que es el género para adaptarse a todo tipo de registros y de temas. Por lo tanto dejo aquí, como en un esbozo la certeza de que una novela viene siendo como una catedral, pero que cualquier definición le sirve porque sirve para todo.

Aunque la prima de sesenta años del Truman Capote de siete es bien particular no es ajena a la tía Polly de Tom Sawyer (si hasta hacen un ensalmo contra las verrugas) y al sur que han recreado tantas joyas de la literatura estadounidense. Yo he pensado mucho en las tías porque he llegado a tener diez y eso si no contamos la mujer de mi único tío. No estoy segura de si alguna vez llegué a ver juntas a las seis hermanas de mi padre, puesto que una de ellas vivió en São Paulo y otra en Madrid, y que yo recuerde cuando nos venía a ver la del Brasil recalaba en la villa y corte. Con todo y con eso, aunque solo se me agolparan cinco de ellas, con sus labios pintados de carmín y perfumadas, ya era todo un acontecimiento que yo intentaba amortiguar lo máximo posible evitando el introito de los arrumacos y las lisonjas con que nos recibían a mi hermano y a mí. El hecho de que a mi hermano le gustaran los besos y demás y yo me hubiera ganado a pulso fama de ser algo huraña, ya hacían, pero aún y así era un momento que yo temía. Claro está que ahora daría cualquier cosa por un solo beso de mis tías, puesto que por parte de mi padre solo me viven dos y a trancas y barrancas. Como se suele decir, "institucionalizadas", a causa de su provecta edad y una situación familiar que impide otra alternativa.

Otro motivo que podría desarrollar si hablara de mis diez tías sería indudablemente lo emocionante que era ir a recoger a una de las hermanas de mi madre a la estación de Sants, con todo el andén lleno de gallegos y gallegas, con sus inconfundibles y anchas caderas, y un ambientazo que creo que no admite ninguna comparación. Y de lo que no tengo ninguna duda es de que si alguna vez yo escribiera una novela o un cuento no dejaría de explicar aquello de que cuando llegaba a mi casa del colegio de pequeña mi tía también pequeña (tiene 11 años más que yo) me hacía surcar la casa calzada con dos trapos que me señalaba solo entrar. Me hacía pasar por el espacio que había entre el recibidor y nuestra habitación con las dos gamuzas al objeto de no estropearle el encerado y de dar más brillo a su trabajo. Todas mis tías excepto una han sido unas maníacas de la limpieza cosa que no es que me haya incapacitado para vivir en la suciedad y el desorden que -desengañémonos- son irreductibles, pero digamos que me han hecho apreciar la diferencia que hay entre un buen barrido y un mal fregado. Aunque la mitad de mis tías eran maníacas totales, la otra mitad eran selectivas. De esta manera, a mi tía Dolores le da por bruñir los metales y sus fogones y ollas, como los de mi madre, lucen como patenas. Las Domínguez no eran tan maníacas con la colada como las Senra, pero la vuelta de la playa era un horror y a pesar de  compartir un apartamento en Castelldefels con todas ellas nunca (y cuando digo "nunca" es nunca) consiguió llegar ni una sola mota de arena a nuestro segundo piso. Nunca.


"Chillidiana" | Mero collage registrado en SafeCreative *1206201837592


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19/6/12

Pimientos y mosca


ienso que la planta más vieja en casa es un potos. Tendrá 20 años. Siempre que pasó del metro y medio la recorté, pero desde este invierno pasado decidí dejarla hacerse, un poco como el potos que aparece en aquella película deliciosa de Katherine Hepburn y Spencer Tracy, la menos conocida tal vez, Set desk (Walter Lang, 1957). Bunny Watson la jefa de las bibliotecarias referencistas de la cadena Federal Broadcasting Network, tiene en su despacho un filodendron que -como un friso- rodea toda la estancia cabe el techo. No dejaré que crezca tanto a lo largo, pero sí por lo menos que rodee una parte de la cocina y que cuelgue hasta el reloj de pared. Poco más. 
Se suele decir que hay gente que "tiene mano" con las plantas, cuando las plantas son simplementes seres vivos  y hay que conocer sus necesidades. Y aunque es bien cierta aquella greguería de Ramón Gómez de la Serna de que "las rosas se suicidan" ellas parece que lo hicieran ante lo feo que puede llegar a ser este mundo mientras que un potos lo hará porque no le echamos agua o porque simplemente le hacemos pasar frío o calor y en realidad se podría hablar más que de una autolisis de un potocidio involuntario. Las plantas, dejando aparte su belleza y su misterio, son una de las principales fuentes de alimentación de la humanidad y del reino animal, por lo que no podemos hacer otra cosa que admirarlas por su variedad y por su resistencia a pesar de las continuas agresiones que reciben por parte de una parte, no la mejor, de ese reino.
Hoy empecé a dibujar una maceta con pimientos al parecer de Padrón, un pimiento que se da ya hasta en Perú, donde al parecer el clima es de lo más parecido a la villa próxima a Compostela. Como el boceto lo hice a sabiendas descentrado (no me gusta la simetría exacta) mi profesora protestó y pude parar su contrariedad prometiéndole que en el espacio en blanco colocaría una mosca. Me acordé de Giovanna Garzoni, pintora italiana del siglo XVII que junto a la rareza de ser pintora y mujer, aunó la de ser pintora de still-lifes o bodegones. Sus pinturas son reconocibles, al menos a mi entender, en muchas cosas, pero especialmente en un rasgo prácticamente presente en todos sus bodegones: que había algún vegetal mustio o más que maduro y que incluía algún insecto, que si para algunos era un recuerdo de la muerte para otros es un signo elocuentísimo de la vida que todo lo impregna, lo tritura, lo transforma.

En muchas de mis meras fotografías intento captar el posado de un abejorro o de cualquier otro insecto sobre la corola de una flor y muchas veces lo consigo porque no son tan volubles como las mariposas propiamente dichas. Si no recuerdo mal Garzoni tiene al menos un antecedente en Jacques Le Moyne de Morgues, del siglo XVI, del cual solo tengo presentes dibujos de flores con mariposas. Probablemente encontraríamos un antecedente más lejano. No lo sé. En el espacio sí tengo presentes los kachô-e o grabados japoneses en los que coinciden siempre un motivo vegetal y un pájaro o un insecto. Belleza pura.

Dos narcisos y una aquilegia, una libélula y un escarabajo ciervo 
(Jacques Le Moyne de Morgues)

Bodegón con limones (Giovanna Garzoni)


18/6/12

Abarcar y apretar


reo que las rudbeckias más bonitas que he visto nunca fueron las que había el año pasado en el Palacio de Nymphenburg, en Múnich. El nombre, según asevera la Wikipedia lo dio Linné a estas asteráceas en honor de su maestro en la Universidad de Uppsala, Olof Rudbeck el Joven (1660-1740), y de su padre, el profesor Olof u Olaus Rudbeck el Viejo (1630-1702). A Rudbeck padre, que además (entre otros logros) de ser el descubridor del sistema linfático y el fundador del Jardín Botánico de Uppsala, se atribuye en gran parte el Campus Elysii, una obra de Botánica en doce volumenes de la que apenas se conservan algunos ejemplares de dos volúmenes, a causa del incendio que hubo en la ciudad sueca el año 1702. Según Wilfrid Blunt (El naturalista. Vida, obra y viajes de Carl von Linné (1707-1778)) Rudbeck falleció del disgusto poco después de la catástrofe. Y no había para menos porque los Rudbeck habían ido recogiendo muestras de una infinidad de flores, el Campus iba profusamente ilustrado con grabados de hermosos ejemplares incluso lapones y era el resultado de un trabajo inmenso que no se podía fácilmente restablecer.
Las bibliotecas que han sobrevivido a algún incendio (raramente a los intencionados) es más raro aún que sobrevivan a los efectos causados por el agua empleada en la extinción. Aún está reciente el recuerdo de la guerra en la ex-Yugoslavia. Los libros mojados tienen que ser rápidamente rescatados de la humedad, un elemento físico que hace al papel muy vulnerable a las plagas de hongos. Por no decir nada de lo que ocurre en el papel no muy bueno y sí muy satinado cuando es sometido al remojo, cuando se le quedan las hojas enganchadas hasta formar una masa que solo puede ser despegada si se vuelve a mojar y se congela. El agua al convertirse en hielo puede ser separada limpiamente de un libro, sin hacer gran cosa, pero ¿quién dispone de congeladores suficientes para someter una biblioteca nacional europea al choque de las bajas temperaturas necesarias para provocar la transformación del agua en hielo?
El incendio del Jardín Botánico de Uppsala también debió de ser algo dramático para Olof  y/o Olaus Rudbeck. De su trabajo quedaron otros libros y añadiremos que el descubrimiento del sistema linfático, que no se perdió. También el honor de haber dado nombre a unas flores y de que el nombre se lo diera Linné, que fue el padre de la moderna taxonomía, sin la cual para los que amamos el reino vegetal todo sería un berenjenal irreductible a un estudio sistemático. Más berenjenal de lo que parece.
Los grandes enciclopedistas del siglo XVIII abarcaron y apretaron, pero nos legaron un conjunto de conocimientos y sobre todo un buen orden. Ahora, pienso, hay unos abarcadores apretadores que tienen un enormísimo poder o al menos eso parece. Mandan sobre millares de empleados y entre ellos y sus empleados hay cientos de cargos y carguillos que también mandan, abarcan y aprietan. Los sueldazos sirven, es de suponer, para llevar a los niños a buenos colegios y para que sus señoras se puedan inyectar ácido hialurónico cada vez que se les desencaja el código de barras o para que se puedan comprar unos manolos o varios o cosas así que -bien miradas- no son tan bonitas para lo que cuestan. Los manolos, dicen, no aprietan.
El disgusto que tuvo la madre de Linneo cuando le dijeron con todo el tacto del mundo que el niño no servía para seguir la carrera religiosa y que tenía que dedicarse como segunda opción al estudio de la Medicina fue inenarrable. Hoy en día las carreras de los niños se complican porque con una carrera muchas veces no se consigue ni un contratucho de 400 euros. Hay mucha titulitis (inseguridad diría yo, o mediocridad) por otra parte y es fácil ver, qué sé yo, hasta en un programa de formación de Yoga, gente que hace ostentación de estudios y doctorados que poco tienen que ver o que aún aceptando que lo tuvieran no acreditan a nadie para poder transmitir la tradición. El yoga se demuestra andando. Cualquiera sabe por experiencia que los títulos a veces lejos de inspirar confianza son un engorro. Rocío de las eras. He conocido a algún semidiós incluso de la Cardiología incapaz de distinguir signos de enfermedades comunes que a lo mejor un estudiante de tercer año de Medicina interpretaría la mar de bien sin titubear. Y en general tiendo a creer que los mejores médicos son los que tienen un número de publicaciones dentro de lo razonable y a poder ser útiles, centradas en su quehacer. Lo demás, si ardiera, no sería una pérdida.




12/6/12

Cebollitas, bengalas y triquitraques

"Cuando Ben estuvo rendido, Tom había negociado ya la próxima oportunidad con Billi Fisher por una cometa en buen estado, y cuando esté se cansó, Johnny Miller le compró el puesto por una rata muerta y un cordel para balancearla. Así se iban sucediendo los chicos, hora tras hora. Y cuando mediaba la tarde, de ser un pobre chico hundido en la miseria por la mañana, Tom había pasado a nadar en riquezas. Poseía, además de las cosas que he mencionado, doce canicas, parte de un birimbao, un trozo de cristal de botella azul, que le servía de lente, un cañón hecho de un carrete, una llave que no abría nada, un fragmento de tiza, un tapón de cristal de una garrafa, un soldado de estaño, un par de renacuajos, seis triquitraques, un minino muerto, un picaporte de latón, un collar de perro -pero sin perro-, el puño de un cuchillo, cuatro trozos de pellejo de naranja y un viejo bastidor dilapidado de una ventana de guillotina".
Mark Twain, Las aventuras de Tom Sawyer


raigo hoy al álbum un recuerdo. Propiamente el triquitraque al que se refiere Mark Twain cuando enumera los tesoros que Tom Sawyer consigue a cambio de que le pinten la valla de tablas sería más bien una especie de
traca, aunque algunos le llaman triquitraque a los mistos de la imagen de hoy. Verdaderamente la pirotecnia es otro de los temas que se me escapan, aunque sí recuerdo haber usado los rasca-rasca. Y es que los rasca-rasca eran lo más parecido a los fuegos artificiales que nos dejaban usar a los más pequeños y a las niñas, para quien también estaban las bengalas y las cebollitas o "bombetas" y poco más. Como a algún niño le dio por comerse los mistos y al parecer eran altamente tóxicos, los acabaron por prohibir en los ochenta, pero estoy segura de que aún hay mucha gente que los recuerda bien. Se frotaban contra la pared y producían chispas y una fulgurante incandescencia que duraba poco, pero todo iba junto al olor inconfundible del fósforo y el chasquido de las centellas y la sensación era intensa y rotunda. Había que separarlos de uno en uno, habrá que aclarar. Pero no hará falta que añada que pasaba como con las cebollitas, que en la noche de San Juan se echaban a la hoguera para añadir más vida al fuego.

El negocio que hizo Tom Sawyer fue a consecuencia de convertir lo que era un castigo en algo envidiable. Es decir, consigue que sus amigos se desvivan por hacer lo que a él le tocaba hacer por haberse portado mal, pintar una valla de treinta yardas (unos 28 metros), y que incluso pagaran por hacerlo. Aunque este libro lo leí en mi niñez varias veces soy consciente de que no le saqué todo su jugo, de que debería haber aprendido más. En cualquier caso todo cuanto consigue reunir Tom tiene todo lo más el valor que tienen las cosas en la infancia. O tenían, que esto no lo sé, puesto que veo que los niños llevan ahora objetos hasta sofisticados y muy tecnológicos. No obstante, hasta donde yo recuerdo, las cosas que solíamos acumular niños y niños hace más de 40 años eran normalmente lo que los adultos llaman "caca".

En mi barrio, cuando hay más de dos días seguidos de fiesta mucha gente hace limpieza de cajones o armarios y se ven restos de cosméticos o de juegos o de libros o de apuntes u otros cachivaches varios. También es fácil distinguir cuando tiran cosas que pertenecieron a una vieja o un viejo. Las cosas que pertenecen o pertenecieron a los niños tienen su impronta, su huella. Ellos además organizan las cosas de una manera muy especial. Así también los ancianos. Cuando murió mi padre dejó bien poca cosa, de lo que destacaría unos recortes de prensa con victorias del Depor. Nunca antes los habíamos visto, pero los tenía como oro en paño.

Los ajuares de las novias de antes, los tesoros almacenados en la cueva de Alí Baba, los álbumes de los coleccionistas pertenecen a otra dimensión y poco tienen que ver con esos trozos de nuestra vida a los que ni siquiera nos aferramos ni nadie tomará interés en heredar ni en robar. 

Estos días se muestra en el Monasterio benedictino de Montserrat una exposición temporal con los donativos recibidos entre los años 2010 y 2012. Hay importantes obras de arte, de las que Francesc Fontbona hace una breve reseña en el semanario "El Temps". Creo que fue el abad de Montserrat, o tal vez alguno de los monjes designado como conservador, a quien hace unos días le oí en la radio aclarar que mucha gente desea legar su patrimonio artístico a Montserrat porque consideran que la Iglesia es una institución duradera. Más allá de que es cierto que sí, que tiene más de 2000 años, lo que se señalaba sobre todo es la cuestión de que además de duradera es estable. Hay gente que también le donaría al Barça sus cosas, antes que dárselas a la Generalitat de Catalunya o al Estado, o a sus sobrinos, los cuales a lo mejor o peor no las van a apreciar en su valor. Otros se las llevarían al otro mundo, pero no pueden.

Imagen de "Fósforos de rascar" (El Kiosko de Akela)


Diablotines de Vilpa

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7/6/12

El tiempo es oro


os mossos d'esquadra detuvieron el otro día a un matrimonio de Cervelló (Barcelona) por presuntamente cobrar durante trece años la pensión de un hombre que había fallecido en el geriátrico que regentaba la mujer. "Los detenidos, Maria Elena T.P., de 67 años, y José Patricio Avelino R.L., de 69, ambos de nacionalidad chilena, habrían percibido 137.000 euros, que la mujer cobraba cada mes en un banco de Sant Feliu de Llobregat". Y sin embargo cada dos por tres (6) mi madre tiene que dar fe de vida en La Caixa. Ayer le recordaron que tenía que renovarse el carnet y esta mañana, a pesar de que está con una lumbalgia del copón, la veo toda peripuesta, como si hubiera estado en la peluquería (que no) para hacerse las fotos. Las últimas fotos, claro, porque después de los 70 años te dispensan de renovar el DNI, y ella hizo el día 20 78. ¿O sería el día 78 20? Vaya, no sé, en cualquier caso la fotógrafa, yo y mi madre sabíamos que esa sonrisa que muestra en la fotografía es la de su último carnet. Está feo que yo lo diga.

Tal vez ahora, dicho sea de paso, de su brazo a torcer y acceda a cambiar la fotografía del otro carnet que usa, el de la piscina, donde hay una foto de cuando tenía unos 55 años. La recepcionista de la piscina protesta casi que a diario, pero en realidad como mi madre hasta hace bien poco no se sentía tan mayor, ha defendido a ultranza conservar una imagen que claramente no la representaba hace... tiempo. Ya se sabe que los nacidos bajo el signo de Tauro son bastante testarudos y todo el mundo acaba haciendo algo que yo he hecho prácticamente toda mi vida, decirle que amén. Otra cosa es una pérdida de... tiempo.

Y eso, el tiempo, es lo que me ocupa hoy en AdT/Témporas. El tiempo que se nos acaba, el tiempo que tenemos o creemos tener, el coraje que hay que tener para que no se lo hagan a uno perder, el tesón que hay que tener para no perderlo. Tal vez no tengamos otra cosa que tiempo, y si acaso ni siquiera eso.

No soy de colas, claro. Las he visto no solo para ver la Capilla Sixtina, que yo la pude disfrutar ad libitum porque la acababan de restaurar y los turistas aún no sabían que volvía a estar abierta al público. Las he visto en La Habana, para comprar un helado con más agua que leche, en Coppelia, cosa que me permite decir que la cola no es una cosa exclusiva de las rebajas y el capitalismo, puesto que también son propias del cooperativismo y el racionamiento. No soy de colas. No haría cola ni para ver, qué se yo, a Dostoievski.

En la cola se sopesa y se equilibra lo que estamos dispuestos a hacer para entregar nuestro tiempo. Aunque bien se puede emplear en leer. Por ejemplo. Conocí una mujer cultísima, la mujer más culta que he conocido, que cuando hacía cola en el mercado se llevaba su libro de cocina mesopotámica (de 3000 años a. C. para arriba) y allí, mientras recordaba las costumbres de Nínive, se aglomeraban las otras señoras para comprar ajos, puerros, cebollas, patatas. Nadie hubiera podido sospechar el enorme caudal de erudición de Reme, puesto que su aspecto -como le pasó al astrónomo de Le pétit prince- no adhiere las simpatías y los parabienes de los taimados prejueces. Reme, digo, aprovechaba su tiempo en toda ocasión. Le perdí la pista.

Las personas con un problema identitario (por decirlo de una manera à la page y no dejarnos llevar a derroteros moralinos ni modalinos) tendemos a luchar denodadamente con el tiempo. Los que se creen por encima de los demás (como Rafael Ribó, Ricard Gutiérrez, el matrimonio chileno y otros corruptos y granujas) en el fondo tienen además de un problema identitario de bulto, poquísima vergüenza. Consideran su tiempo mucho más importante que el de los demás y tal vez todo cuanto hacen es por no hacer cola y demás. Así que si Rafael Ribó se fue a las Bahamas como Síndic de Greuges senyera en ristre, esto es como Defensor del Pueblo, es bien seguro que no viajó en clase turista. Los que nos creemos por debajo incluso de nuestras posibilidades, estamos siempre luchando a viento y marea por tener un poquito más de tiempo, y hasta dormimos rápido. Pero todos, si no cambian las cosas, nos vamos a morir. Sí, a lo mejor Ricard Gutiérrez, en la fantasmagórica nómina del Hospital de Sant Pau 7 años sin pegar sello mientras tenía en ciernes un cese de 158.000 euros de indemnización, no crea que se va a morir como los trabajadores sometidos al E.R.E. Él se morirá menos cuando se muera. O tendrá una contorneada caja de caoba más bonita que ninguna.


Reloj alemán. Franz Hermie, ca. 1890

6/6/12

Post 816: Nuestras vidas son los ríos

En memoria viva a las lavanderas de Horta, que lavaron y clarearon la ropa
de todos los burgueses de Barcelona

 





ací en la Clínica de Lourdes, un edificio del año 1925 que se encuentra en la Calle Torrent de l'Olla del barrio de Gracia y que por aquel entonces lo regentaban las Siervas de la Pasión, según tengo entendido. Luego fue un geriátrico y hasta una residencia de estudiantes. Yo aún me acuerdo de que la calle Torrent de l'Olla se llamaba Menéndez Pelayo y veo por el Nomenclàtor que así fue hasta 1989. La calle que se suele confundir con Torrent de l'Olla, Torrent de les Flors, se llamaba Torrente Flores y la traducción es simplemente la catalanización de un apellido en beneficio de una "más popular y agradable invención" (?) (*)

Me alegro de que al menos quede un trazo de esta decisión municipal porque cuando yo he querido explicar que lo de las torrenteras de Gracia tiene mucho de marketing, me he encontrado con una cierta incredulidad, cosa que no se si es mejor o peor que la indiferencia que suelen causar las cosas en que reparo. Creo que es mejor la incredulidad, pero para el caso a mí me es indiferente.

No está tan bien documentada en el Nomenclàtor la Riera de Horta, calle que bajaba desde el antes municipio de Sant Joan de Horta (hoy barrio de Horta) hasta el de Sant Martí de Provençals (hoy también agregado a Barcelona), en paralelo al río Besós y que llegaba hasta el mar, por si quedaba alguna duda. Las torrenteras y rieras de Horta aún estaban vivas hasta donde yo recuerdo, y en la calle Cartellà los bajos tenían en las puertas unas guías por donde los vecinos hacían pasar unas tablas para que no les entrara la riera en la casa. Aún queda alguna, pero con las cloacas con las que se acribilló la calle en los años 90, ya no ha vuelto a haber ninguna crecida. Les digo que yo recuerdo haber pasado la calle llegándome el agua hasta por encima de las corvejones y habernos parado una vez un autobús que bajaba de Guinardó en plena riada, de manera que al abrirse las puertas el agua llegaba a ras del alto peldaño de la puerta. Y que había que bajarse, claro.

También me acuerdo de que en la calle Tajo había un puente, más grande que el que cegaron hace unos años en la calle Peris i Mencheta, porque allí había un hombre viviendo como bien podía. El puente de la calle Tajo es el de la imagen de hoy en mi álbum.

 

Calle Tajo (Horta, Barcelona), en los años 50 aproximadamente.

En esa fotografía se apoya mi memoria sus recuerdos, puesto que la realidad actual, con ese nudo con la calle Lisboa y el Paseo Maragall (sobre el puente) no permite hacerse una idea de lo que allí hubo. Y tal vez no hace falta. Me acuerdo vagamente de los ojos del puente, me acuerdo más de la escalera, pero de lo que no creo que me olvide en la vida es como se nos ponían los pies de tierra roja cuando hacíamos ese camino para ir a Martí Codolar o a casa de mi tía. Se quedaban las sandalias Gorila para los restos. Una nunca sabe de qué cosas se va acordar y de cuales no porque la memoria -o la imaginación- elige lo que mejor le parece.

Bien pensado, no está nada mal que esa calle perdiera el nombre de la riera para adoptar el del río Tajo, ya que es una continuación de la calle Lisboa, y el Tajo es un buen río. Sinceramente, lo veo más digno como nombre que ese apaño al que cedió el ferrolano incomprensiblemente.

Torreta d'aigua (Horta, Barcelona)

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Post scriptum: Hoy (18 de diciembre de 2024) vemos que el Nomenclàtor ha rectificado en parte su nota sobre el nombre de la calle:


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3/6/12

Con pasión


ue el 19 de junio de 1987 en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona, cuando Joaquín Sabina dio uno de sus conciertos en Barcelona, que tantos no ha habido. Y es difícil de olvidar porque ese día hubo el atentado terrorista de Hipercor de Meridiana, perpetrado por la banda terrorista ETA. Hubo 19 muertos y 45 heridos "de diversa consideración". Me acuerdo de que era un viernes por la tarde y yo hacía dos años que trabajaba en el Hospital de Bellvitge. Nos trajeron algunos heridos por error, puesto que en Bellvitge no se pueden atender quemados, los llamados "grandes quemados", puesto que el hospital de referencia es el de Vall Hebron. Cosa que simplemente demuestra aquello de que con solo buena intención no podemos ayudar, que además hay que saber. Fui al concierto con mi colega de la Biblioteca del Hospital Vall Hebron, por lo que sé de muy buena fuente qué ocurrió poco más o menos en su Hospital, sobre lo que guardaré la más completa discreción.

A pesar de que fue uno de los ataques más atroces de ETA que se recuerden, yo recuerdo que algunas personas lo justificaban en razones de signo nacionalista. A nadie le extrañó que Sabina no condenara el atentado y a nadie se le ocurrió que lo suspendiera. Tal vez yo soy la única persona de toda la plaza de toros que reparó en ese pequeño detalle. Ese detalle me hizo sentir muy incómoda y algo conmocionada por la falta de sensibilidad hacia las víctimas de la deflagración y la asfixia. Pero quiero hacer constar que la tarde de los atentados de las Torres Gemelas me fui a ver "Mejor imposible", película que tal vez por esa razón siempre recuerdo como "Peor imposible".

Y estamos como en la Rue del Percebe, aquel bloque que salía en la contracubierta del TBO que dejaba ver todos los pisos con sus habitantes, en cada casa hay un mundo. Vivimos casi que en compartimientos estancos y apenas nos afectan las desgracias y las alegrías de los demás. De tal manera que como en aquella canción que compuso Julio Iglesias, , "unos que nacen, otros morirán", "La vida sigue igual". Y sin embargo, cada día, cuando abandono el hospital por la noche, pienso que "yo me puedo marchar" y que por difícil que haya sido la tarde siempre habrán otros que están peor. Idea que también suele suscitar la desgracia ajena, además de la comprensión y la compasión

Aunque la compasión tiene muy mala prensa y peor fotogenia, como de beatona farisaica, yo la defiendo con base etimológica, que es algo tan descabellado como si yo -con la mala puntería que tengo- quisiera ganar al billar haciendo un cálculo de probabilidades y dominando las carambolas y los ángulos matemáticamente. No, miren, la compasión es literalmente "padecer con", "dolerse con", "sentir con", porque tiene la misma raíz que "simpático" o "antipático"  mientras que la comprensión es algo que está muy bien pero que no va más allá de lo que alcanza la inteligencia, la voluntad, la memoria, la imaginación, cosas así.  Tal vez las personas (volviendo al principio del post) estemos mejor dispuestas a ayudar cuando no estamos emocionalmente implicadas con alguien, y tal vez haya personas que estén también mejor predispuestas a ser ayudadas, pero nunca podrá la comprensión ser una alternativa al compadecimiento y a la pasión compartida. Tendrían que cambiar muchas cosas en el mundo. Más.

"Elyssa", The Julie Project. (Fotografía de Darcy Padilla (Premio Eugene Smith 2010)

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