30/12/11

The artist

 

Fotograma de The artist (Michel Hazanavicius, 2011)


ikipédicamente hablando me constan 409 actores de cine mudo. En realidad, si nos vamos a la Wikipedia en inglés, constan sólo en el cine mudo americano 1627 actores. Aunque hay actrices como Lilian Gish y actores como John Barrimore, el abuelo de Drew Barrimore, si mal no recuerdo, que consiguieron continuar sus carreras del cine mudo en el cine hablado -o más concretamente de las silent movies a las talkies- “The artist” nos recuerda que no fue así en la mayoría de los casos. Muchos actores del cine mudo fueron relevados. The artist trata sobre ese momento del cine, y lo hace a partir del encuentro de un actor en su “decadencia” y una actriz más joven, en su ascenso. El hecho de que sea además una comedia romántica no le quita acritud al hecho de que George Valentin no es capaz de adaptarse al cine sonoro y lo rechaza, cosa que le conduce a una situación difícil.

Parece incomprensible que el hecho de hablar se le hubiera convertido a alguien en un problema, puesto que al fin y al cabo quien más quien menos todos hablamos. El caso me parece del mayor interés porque hacia el año 1929 -además del famoso crack, que no es poco- estaba totalmente consolidado el asunto de la especialización en el trabajo. Es decir que la era industrial ya llevaba unos cuantos lustros de alienación, perdón, de especialización. Está más que comprobado que el rendimiento del personal es mucho mayor cuando cada función se encarga a una persona determinada, que el trabajo en cadena es lo más productivo del mundo. También se sabe, como dejé caer, lo alienante que es, y hasta se diría que descorazonador, puesto que son pocos los que llegan a tener en sus manos algún resultado tangible de su trabajo, ya que la labor es una parte del entramado o montaje y a veces ni siquiera es reconocible como parte del todo. La especialización del trabajo y sobre todo la asociación a una determinada tecnología o material ha determinado también el rechazo a participar en el “progreso”. Es decir, si asociamos a una determinada técnica un puesto de trabajo, y esa determinada técnica se cambia o queda obsoleta, es muy posible que obtengamos el rechazo del trabajador para incorporarse al cambio. Esto dicho así en plan blog.

Mi oficio de base es el de bibliotecaria (aunque algunos colegas se hacen llamar documentalistas y hasta community managers) y hay gente que cuando me conoce me contempla con una cierta incomodidad no exenta de conmiseración al asociar la biblioteconomía con los libros de papel, cuando fuimos muchos de nosotros, bibliotecarios, los primeros en trabajar con ordenadores. Hablo del año 1985. Es tan estúpido como pretender que los plombiers, que es como pienso que se les sigue conociendo a los fontaneros en el país vecino, siguen trabajando en tuberías de plomo y además desconocen las virtudes del PVC. Pero, como se dice en The artist, es ley de vida. Un poco el planteamiento acaba siendo como en La caverna, uno de los libros más nihilistas de José Saramago, donde se explica cómo unos alfareros son como si dijéramos exterminados por un macrocentro comercial.

Hoy en “La Vanguardia” Jordi Batlle y Pedro Vallín comentan bajo el título de “Vuelve el cine mudo” el tributo que se le rinde en esta película al blanco y negro. Y nos anuncian que “Pablo Berger anda preparando una Blancanieves también muda y blanquinegra. La producción de Berges parte de un guión propio inspirado por la versión de los hermanos Grimm –de sólo tres páginas– y trasladado a la España de principios del siglo XX, donde un cortijo reemplaza al original castillo en una país negro como un cuento gótico y con Maribel Verdú, Ángela Molina e Inma Cuesta como principales reclamos”. Así de entrada me parece un poco como aquella versión de la ópera “Fidelio” que vimos en Barcelona, con el homónimo enfundado en una chupa de cuero de motarra, pero ya se verá si la película será algo más que un experimento.

La primera película con diálogos sonoros fue The jazz singer (Alan Crosland, 1927). Y, sí, creo que Uggie el perro (Jack Russell terrier) de George Valentin se merece un Oscar a la mejor interpretación.

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29/11/11

Post 752: Maneras y mareos

Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni fenore,
neque excitatur classico meles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.

Horacio, Épodos, II, 1




arcelona a veces me resulta atenazadoramentepequeña y otras abrumadoramente grande y densa. Vengo de echarle un vistazo al programa de una jornada organizada por una cualquiera de nuestras Conselleries de la Generalitat sobre no sé qué de la gestión del conocimiento bla blablacompartido y que si la bla bla inteligencia colectiva y que la innovación y la mejora personal de no sé cuantos de la narrativa digital, eficiencia y demás. Actividad formativa gratuita bla bla bla. Resalta el no menos oneroso sintagma “procesos colaborativos” y el socorrido “compartim”, que en catalán tanto quiere decir “compartimos” como “compartamos”.Esta ambivalencia les parecerá una cosa sin la menor importancia y que se le tiene que conceder la misma atención que a esos experimentos en los quealguien pierde el tiempo demostrando que tras el logo de la Wolkswagen se esconde el símbolo nazi subliminarmente. Yo que aún querría ver los famosos delfinessaltando de aquel holograma que circuló en los años 90, solo consigo distinguir y eso bizqueando, en el logo de Wolkswagen dando vueltas, la estrella del Rey David.

Evidentemente no estoy diciendo platónicamente que el régimen subjuntivo del catalán sea torticero o malintencionado, sino que el uso que sehace en el lenguaje que además persigue la corrección política lo es. Que unaconselleria de la Generalitat pretenda hacer del “proceso colaborativo” unatendencia y ya no digamos un acontecimiento es algo que en estas fechas sobretodo les tendría que causar pudor. Precisamente pocas semanas antes de que elhospital en el que trabajo se quedara a la mitad –tal y como lo digo- sugerencia se había gastado un dineral en un plan de comunicación que confió auna consultoría externa. Ese plan de comunicación no solo no se llegó adesarrollar con el gerente que lo había defendido, ya cesado, sino que está enel “plano” teórico diametralmente opuesto a la desinformación en que nos tiene ArturMas a los trabajadores públicos (globos sondas, desmentidos, desinformación,vaguedades, fomento de la murmuración, el comadreo y el safareig, “lavadero”,etcétera.

Sigo de cerca el proceso del expediente de regulación de empleo del Hospital de Sant Pau y, tal y como ya comenté aquí, sehan oído tantas cosas y sus contrarias en poco tiempo que una llegó a pensarque se buscaba deliberadamente no solo la confusión sino también el cansancio. María Dolores de Cospedal, que hace apenas un año se lamentaba de que Zapatero gobernara a golpe de decreto, amenazó el lunes con que el gobierno entranteactuará por esa vía si no hay entendimiento con las fuerzas vivas sociales. Ladiferencia entre Mas y Cospedal es que la segunda es más clara o más despótica,que tampoco sería esa la palabra justa, pero para entenderse hace al caso. Enfin, que lo que pretendo decir es que hay maneras y maneras pero que a veces seagradece la claridad, y más en tiempos de incertidumbre. 

Por cierto, buscandoen la prensa del lunes la frase exacta de la Secretaria general del PartidoPopular leo otra que tampoco está mal: “María Dolores de Cospedal, ha explicadoeste lunes que el Gobierno en funciones ha avisado “por escrito” alpartido liderado por Mariano Rajoy de que no le va a informar sobre lasdecisiones que vaya a adoptar en estas últimas semanas en materia de indultos”(Europa Press).Se diría que la nota informativa está mal redactada porque dudo mucho que elGobierno en funciones informe al “partido liderado”, si acaso avisaría al“candidato ganador a la Presidencia del Gobierno” o algo por el estilo. La noticia deja los pelos como escarpias. La palabra clave es “indultos”, no nos engañemos.

Es decir, que entre las ambivalencias, losdesbarajustes y los dimes y diretes difícilmente podremos entendernos en elfuturo. Es cuestión de semanas.

Me doy cuenta de que, paradójicamente, cuantos más medios y recursos tenemos para comunicarnos parece que es peor. Es decir, por ejemplo, como muestra un botón, hace unos años servidora cuando concertabaun rendez-vous con alguien esosuponía una breve conversación, apenas un tira y afloja de nada. La cita sesolía mantener sin problemas y normalmente cada cual llegaba puntualmente allugar indicado. Ahora cuando pretendes encontrarte con alguien eso genera a veces unainfinidad de correos electrónicos. A pesar de que dejan constancia electrónicaeso no quita que donde se dijera “digo” se diga “Diego” y por algún diablillotipográfico inesperado unos se presentan en la calle (por un decir) París yotros en la calle Londres, aunque sea a la misma hora. A más información, menos atención. Pero como además haypersonas que llegan sistemáticamente tarde, luego hay otra infinidad de llamadasal móvil, comunicaciones perdidas, mensajes apresurados e ininteligibles y buzones de voz que al ser atendidos se cruzancon el contestador automático u otra llamada. Todo ello ad maiorem gloriam Movistar, Vodafone, Orange, Yoigo, e tutti quanti. De manera que podrán creerme siles digo que cuando una cita a mí me representa más de dos correos electrónicosya la dejaría correr por inane y embrollada. Y si alguna vez he aceptado su cursopuedo decir y digo que acaba como les dije.

*

Es una de las másmaravillosas contradicciones de la historia literaria que el épodo de Horaciotrascendiera como un motivo de la vida campestre y sus delicias. Incluso quiendesarrrolló más que notablemente ese motivo en la literatura española, Fray Luis de León, lotrató así, por el lado de la huida del mundanal ruido y del canto de la vidaretirada y los pajarillos y la yedra y el laurel y todo aquello. Si Jorge Guillén escribió “Beato sillón” sería porel hartazgo del tópico, porque cansan a Cristo. Y sin embargo muchos pensamos que Horacio hizo una críticade los ricos que ya entonces  hipócritamenteensalzaban la vida rural mientras no renunciaban a los placeres y los lujos queles proporcionaba su estatus. Está en la orden del día, porque es el claro antecedente de los bobos (bourgeois bohemian) o scuppies como Brad Pitt, para entendernos. Sin embargo, digo, lo que más ha prosperado es la retahílade elogios a la sencillez del campo mientras que los últimos cuatro versos queverdaderamente culminan el segundo épodo, están prácticamente en el olvido a noser entre algunas, muy pocas, personas:

[...]
haec ubi locutus faenerator Alfius,
iam iam futurus rusticus,
omnem redegit idibus pecuniam,
quaerit kalendis ponere (**)

De manera que la sarta de elogios la iba trabando mientras contaba sus monedas. Pues así todo. O mucho.
 
Michael Leunig

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(*) Dichoso aquél que lejos de los negocios, | como la antigua raza de los hombres, |  dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con los bueyes, | libre de toda deuda,|

y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador, | nitiene miedo a los ataques del mar, | que evita el foro y los soberbios palacios| de los ciudadanos poderosos.

(**) Así habló el usurero Alfio | de todo ello, dispuesto airse al campo a escape… y | recogió todo su dinero en los Idus,| pero ya busca prestarlo en las Kalendas.

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28/11/11

Gus-Gus

Si hubiera un solo hombre inmortal sería asesinado por los envidiosos
José María González Castrillo (“Chumy Chúmez”)



a foto de hoy es de Juanita, hija de W. Eugene Smith, que ya la habíamos tenido por aquí cuando publicamos The walk to paradise garden (1946). Hay muchas fotos en internet de Juanita, de las cuales mi preferida es “Juanita in party hat“. La de este post, “Death of Gus-Gus” (1953) tiene otras instantáneas previas. Esta fue subastada en Christie’s el año pasado y obtuvo un precio de 6.875 dólares.

La imagen con la que pretende ilustrar el tema del dolor psíquico y físico no sé si es la más adecuada. Tal vez, del mismo W. Eugene Smith, nos hubiera servido la de la misaen Filipinas el año 1944, o tantas otras sobre la guerra. Y es que hay dos cuestiones que caracterizan el dolor: su grado y que no se puede descargar en otra persona por lo menos como si se tratara de un peso. Esta foto nos habla del grado del dolor puesto que se suele decir que el dolor psíquico más grande que existe es el de perder a un hijo. Eso sin entrar en detalles, porque ya sabemos que si esa muerte esta precedida por una larga enfermedad y hay una despedida y el cadaver recibe sepultura o cualquiera de las atenciones que ayudan el duelo, tendemos a creer que es menos doloroso que una muerte violenta o con ultrajes, e incierta.  De manera que la muerte natural de un ratoncito, en la escala del dolor estaría muy por debajo de la muerte violenta de una hija en manos de un degenerado. Llegados aquí habrá que recordar que hay quien encuentra precisamente su placer en el dolor ajeno, sea por crueldad o por sadismo. Cosa que -por dar una explicación rápida- es muy elocuente del enorme parecido que guardan el placer y el dolor.

También se suele decir que el dolor psíquico puede ser muy reconfortado con el dolor físico, cosa que reviste un no sé qué de autopunición que tiene su aquel. El dolor más insoportable que yo he conocido es el dolor de oídos y el de una torsión de ovario. Tal vez en el extenso catálogo de horrores de la patología humana y animal, se conoce más la torsión testicular que la oofórica, pero les aseguro que existe. Luego siempre hay algún galeno que dice que el dolor “es psicológico”, cuando lo que es si acaso es subjetivo,  pero eso es porque seguramente nadie le ha dado un golpe con un attaché Samsonite en la espinilla o algo parecido. Ideas no me faltan. Se suelen colocar en la escala del dolor el cólico nefrítico, el parto y el disparo de arma de fuego en los intestinos, yo no sé. Del típico golpe en el codo que duele mucho pero dura poco, precisamente por eso, porque duele mucho y porque dura poco, se llama dolor de la viuda. Pero hasta aquí llegan mis conocimientos del dolor.

La mayor parte de las veces confundimos el dolor con la rabia o hasta con el orgullo herido o una identidad maltrecha, pero quien más quien menos, más tarde o más temprano, sabe que el dolor tiene que ver con algo más profundo y transformador. A los enfermos les solemos oír decir, en los hospitales, “no puedo más” y cosas así. Cada vez menos, por cierto, gracias a que la analgesia y el tratamiento del dolor ha mejorado. Aún me acuerdo de un verano en Finisterre, con un enfermo terminal con cáncer de estómago al lado de la casa de mis abuelos. Eran otros tiempos. El dolor psíquico también tiene su evolución, su proceso. Por eso dicen que hay tantas advocaciones de la Virgen tras la muerte de su Hijo, porque pasó por el Dolor, por las Angustias, etcétera. Hay momentos en que el dolor se ahonda para crecer. Y en el dolor físico hay momentos de reflujo en que el daño se disipa para enraizarse mejor y llevar al doliente a un padecimiento extremo. Parece que el dolor físico no tenga otra utilidad que la de anunciar que algo va mal y que tenemos que ir al médico, mientras que el dolor psíquico se suele decir que sí tiene utilidad, que es como un camino para sensibilizarnos, para hacernos conectar con nuestra verdadera naturaleza y abrirnos a ser alguien mejor. Lo que no ayuda en ninguno de los dos casos, todo lo contrario, es la impaciencia y el miedo. Por lo demás, así como hay dolores agudos los hay crónicos. Lo mejor con el dolor crónico es abrazarse a él e ir pasando.

Hay personas a quienes el dolor solo consigue hacer más egoístas, o les aísla más. Y por el contrario hay gente que siempre piensa en los demás, incluso cuando padece. Por eso resulta tan inopinado que Juanita le pusiera precisamente narcisos a Gus-Gus en ese féretro que bien podía ser el estuche de una cámara o de un brazalete. Pero no hay que ir a buscar siempre el significado de todo como en un código cerrado. Los ratones pueden llegar a oler tan mal incluso cuando están vivos que ni los nardos pueden contrarrestar su peste.

A mí me hubiera tocado llamarme Consuelo, a no ser porque mi madre hizo valer sus derechos y me impuso el nombre de Marta, ya que Laura lo dejó para la sobrina que nunca nos pudo dar mi tía y madrina Raquel. Si me hubieran preguntado a mí, que no lo hicieron, yo hubiera dicho que Rita. Pero lo que me importa ahora subrayar, en la línea de mi manía de romper las dicotomías es que lo contrario al dolor no es el placer sino el consuelo. Y por lo tanto lo contrario del placer es el alivio.

Death of Gus-Gus (W. Eugene Smith, 1953)

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27/11/11

Cassette is not dead

 “Había una vez veinticinco soldaditos de plomo, todos
hermanos, porque habían nacido de una vieja
cuchara de plomo. Llevaban el fusil al hombro,
la cabeza erguida, y el uniforme, rojo y azul,
les sentaba bastante bien. La primera frase
que oyeron en este mundo, cuando
levantaron la tapadera de la caja donde
estaban metidos fue: 
¡Soldaditos de plomo!”

En un post que quise titular “Tontos, tantos y tanteos” ya me referí a las subastas con motivo de haber asistido a la de la partitura manuscrita original de “Recuerdos de La Alhambra”. Veo que hace ya días que nadie se interesa por ese post y que la curiosidad se ha desplazado por el post sobre el anuncio de “From me to you” de La Caixa y el del timo de Datatalk, cosa que indica dos cosas: que el anuncio de La Caixa creo que gusta y que Datatalk tiene muchos “clientes”. Esos posts se hundirán en el olvido tan pronto como otros temas aparezcan en la actualidad.

Aunque hay una tendencia por olvidar también hay otra por recordar, por coleccionar incluso. Aunque no estoy muy al corriente de las aficiones de los adolescentes hoy día, me acuerdo de que en mi adolescencia perdíamos mucho tiempo en el coleccionismo. De niñas coleccionábamos cromos de picar y cromos para formar álbumes. Había gente que iba los domingos por la mañana al Mercat de Sant Antoni para intentar completar la colección con el cromo o cromos que le faltaba. Para eso tenías que llevar un mazo con los repetidos ordenados porque el trato consistía en buscar otro coleccionista y cantarle los números de cada cromo hasta que decía “¡Falta!”. Había esta opción o la de ir a uno de los puestos que hacían reventa. Más tarde había amigas que coleccionaban posavasos, servilletas de papel, sobres de azucarillos y todo tipo de recuerdos. 

Llegados a este punto podíamos tomar dos caminos: el del mundo del souvenir y el del mundo del coleccionismo. En el souvenir excelen las teles de juguete con diapositivas de algún lugar turístico pero los abrecartas damasquinados en forma de espada toledana no se quedan atrás y el tema merece blogs enteros. El mundo del coleccionismo también puede tomar varios caminos: las subastas, las galerías de arte, lo que en catalán llamamos brocanters (que mercadean objetos de menos de 100 años), los anticuarios (que por exclusión son los que se ocupan de los objetos de más de 100 años) y los encantistas. La Viquipèdia considera por un igual a brocanters y a encantistas y en mi modesta opinión no van desencaminados, pero se diría que lo que venden los brocanters aspira a tener más valor. La prueba está en que en los tradicionales Encants (Encants vells) de la plaza de las Glorias se les han unido no ya los del top manta sino incluso gente que tiene la necesidad de sacar algo por lo que se va encontrando en la basura. No son propiamente traperos ni chatarreros, no están agremiados y supongo que malviven. A todo este grupo habría que añadir el de la segunda mano, como Humana o Farcells o Engrunes, Converter, casas de empeños varias y los mercadillos de beneficiencia. 

Todos los barceloneses tenemos más o menos claro qué es cada cosa, pero sabemos que son mundos permeables y que los objetos se pueden acomodar en donde no los esperábamos y que se le puede llamar arte a la basura y basura al arte. Me he dejado para el final los artistas que reciclan o trabajan con oldies, como Vanesa Moreno Serna [enlace roto] que está recuperando cassettes y les da una segunda vida de acuerdo con el ¿movimiento? “Cassette is not dead”, cuyas ideas se han colado a su vez en el merchandising o en las más testimoniales T-shirts (camisetas).

Es un mundo apasionante, no digo que no, pero confieso que me ahoga un poco. Precisamente eso pensaba ayer, cuando visité el Museu Frederic Marès, en el llamado Barri Gòtic de Barcelona. El otro día hablábamos de la colección de los Clark y hoy tenemos que referirnos a otro coleccionista, Frederic Marès. Aunque hay una polémica bastante agria y áspera sobre si Frederic Marès expolió Castilla (dicho así de rápido), yo no voy a entrar en ese terreno. Frederic Marès era escultor y se considera el coleccionista más destacado del siglo pasado. Se suele decir que consiguió reunir su colección haciendo intercambios con su propio trabajo. También podemos pensar que en su momento tal vez le malvendieron piezas que una vez restauradas adquirieron todo su rutilante valor. Lo que sí estoy dispuesta a afirmar es que apabulla y entristece mucho el gran número de imágenes castellanas e incluso de Asturias, Aragón, Valencia, León y La Rioja, que hay en la colección de esculturas. Siento que están fuera de su elemento. Otra cosa es que las crucifixiones, las piedades y demás no son como para tirar cohetes. Y que cuando has visto dos o tres seguidas ya se te caen los palos del sombrajo aquel. 

Lo segundo que estoy también dispuesta a afirmar es que los dos pisos altos de la exposición permanente del coleccionista, son abrumadores y hasta diría que me condujeron a un cierto estado de angustia. No solo por que hay decenas de miles de objetos (abanicos, pipas, relojes, joyas, fotografías, juguetes, llaves, botes de farmacia, relicarios, benditeros) sino porque son del siglo XIX y parece que aún queda algo de sus primeros propietarios como impregnado en ellos.

Estoy convencida de que aloja una gran carga de verdad la frase más conocida de Proudhon (“la propiedad es un robo”), por eso aunque algo de mí aprecia esas colecciones que nos acercan la historia “viva” también hay algo de mí que prefiere la ligereza de equipaje y pasar con lo menos posible incluso en mobiliario urbano y en todo. Si por mi fuera casi no se restauraría nada. No ya rehabilitaciones como las que se hacen en cartón piedra o poco menos sino también como las que se están haciendo en Alemania, con los planos antiguos, porque sin planos originales no está permitido restituir nada. Téngase en cuenta que en ciudades como Köln cayeron en la Segunda Guerra Mundial casi 4000 bombas, así que tuvieron que levantarse de las cenizas y han querido recuperar lo que todos hubiéramos dado por perdido. Es totalmente respetable y hasta comprensible.

Una de las historias más entrañables del cine de animación sobre estos temas es sin duda “Wall-e” (Andrew Stanton, 2008). El robot compactador de basura Wall-e es el único superviviente junto con una cucharacha en un mundo totalmente destruído. Su encuentro con Eva, una robota exploradora o reconocedora que llega en una nave muy avanzada es conmovedor. Además de que Eva es claramente unas cuantas generaciones tecnológicas más preparada, aunque su nombre nos retrotraiga a nuestra madre, es lo que es y naturalmente no le hace caso porque va a lo que va. Ni siquiera se puede decir que sea interesada, es que no tiene alma.

Soldados de plomo. Colección de juguetes del Museu Frederic Marès de Barcelona

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25/10/11

Puntos sobre las jotas

“Hay personas que transforman el Sol
en una simple mancha amarilla,
pero hay también quien hace de una simple mancha amarilla
el propio Sol”.
Pablo Picasso



 

vueltas con el dibujo botánico estoy estudiando un libro de Sarah Simblet, titulado Botany for the artist, título que ya de por sí es una primera “lección” puesto que nos sitúa en la posibilidad de que para dibujar vegetales puede ser de gran ayuda contar con unas nociones de Botánica. Me figuro que cada maestrillo tendrá su librillo y que habrá quien con la mera observación de las flores, las plantas y demás, tendrá más que suficiente para representarlas. En mi caso, que siempre necesito saber qué nombre recibe cada forma, cada disposición morfológica, cada subespecie en su taxonomía y en las formas populares, la Botánica es una auxiliar inestimable.
Por lo que explica Simblet, ya en los orígenes de la imprenta, los dos primeros libros de Botánica, el de Fuchs y el de Brunfels, ejemplificarían dos tendencias. El Herbarum vivae eicones (1530) de Otto Brunfels fue ilustrado por Hans Weiditz -alumno de Dürer- y el De Historia Stirpium (1542) de Leonard Fuchs fue ilustrado por Albrecht Meyer. Weiditz dibujaba retratos individuales, por decirlo rápidamente, mientras que Meyer, bajo las instrucciones de Fuchs, buscaba una representación más ideal, más esquemática, más “científica”, de manera que el dibujo sirviera para cualquier especimen pero para ninguno en concreto. Digamos que lo que se le pedía es -parafraseando a Pablo Picasso- que transformara el sol en una “simple mancha amarilla”.

Lilium bulbiferum (A. Meyer)

Aunque Picasso despachó el tema con la fuerza y la expresividad que le caracterizan, hay que reparar en que no es tan fácil transformar el sol en una simple mancha amarilla, que el esfuerzo de abstracción es digno de recibir tanta admiración como la que pueda recibir la maravilla de dar vida a un dibujo. Me imagino que las dos tendencias, la de Weiditz y la de Meyer, están en todos los dibujantes. 
No me gusta, ya lo he dicho demasiadas veces, la basílica de la Sagrada Familia, especialmente la que se ha ido engendrando a la muerte de Gaudí. Demasiados significados, demasiados símbolos. Sólo falta Eduard Punset. Si hasta hay un cuadrado mágico de Josep Mª Subirachs. Precisamente una vez le oí hablar a Subirachs de la cruz, como un símbolo potentísimo que podría prescindir de su significado religioso y aún así acrisolaría tantos sentidos como el taijitu del yin y el yang famoso. O más, diría yo, porque el taijitu es menos esquemático. El taijitu condiciona una “lectura” de dos opuestos en equilibrio, en movimiento, etcétera. “Ayuda” a sacar interpretaciones. La cruz no. Por eso es un símbolo universal, como el punto (que es el que más me gusta) y el círculo. Por eso sirve hasta como signo matemático.
Cuando era niña los martes y los jueves hacíamos Caligrafía inglesa. La buena letra implica además hacer el trazo en su orden y proporcionadamente, de manera que recuerdo muy bien que los puntos sobre las íes y sobre las jotas se debían colocar después de haber caligrafiado la palabra. Primero se escribía “cotiledon” sin el punto en la i y después de trazar la “n” había que volver atrás y colocar el punto sobre la i y el acento sobre la o. Esto parece de lo más raro ahora que la mayoría de las veces que escribimos es con teclado. Por no decir nada de que la ortografía se ha… ¿simplificado? o está en su decadencia más absoluta, de manera que el acento no lo pone casi nadie y el punto sí pero porque sale solo.
Me imagino que la razón de ser de que los puntos se colocaran después de haber escrito la palabra era para no romper las ligazones que había entre letras. Porque las letras tenían muy claramente un principio y un fin, pero iban ligadas entre ellas imperceptiblemente con graciosa soltura. Si poníamos los puntos esas ligas se hubieran perdido al retomar la escritura. La cosa obligaba a actuar con tino y volver atrás con la mano por debajo de la línea invisible del curso del texto, para no emborronarla. Explicado así parece una tortura, pero se acaba todo integrando.
Tengo entendido que en los calígrafos asiáticos además interviene la intención y el ímpetu o la duración del trazo. Por ejemplo, para dibujar una determinada pincelada hay que “hundirla”. Parafraseando aún a Picasso, se puede escribir a máquina por peteneras como también se puede bailar como quien escribe 300 veces “agasajadas las hadas”. El que tiene salero lo tiene para todo. En general la caligrafía inglesa tiene alguna veleidad en las astas ascendientes o descendentes, en las serifas hay que cargar una cierta delicadeza como la que emplearíamos en decir que no (por ejemplo) o “pero”, y los óvalos o panzas no tienen rebuscamientos. Mi única extravagancia era la rapidez y la disimulaba porque pronto vi que si iba más despacio me salía mala letra. Y porque no nos permitían acabar antes de tiempo, que era siempre mi caso.
Me acordé de todo esto ayer porque supe de la muerte de un compañero de mi curso. Esta muerte no la he confirmado y no veo la manera de confirmarla. Prefiero pensar en la certeza de que todos moriremos. Ese compañero y servidora éramos, en la opinión de la profesora María del Carmen Gea, los que hacíamos mejor letra. Él un día le reveló que yo hacía trampa, que acababa antes de lo que daba a entender. Ella ya lo sabía, pero sabía ser discreta y había entendido que era mi natural.

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20/10/11

14-9=5

“Se cuenta que todos los días, en el momento
de disponerse a dormir, Saint-Pol-Roux
hacía colocar en la puerta de su mansión
de Camaret un cartel en el que se leía:
EL POETA TRABAJA”.

André Breton, Manifiesto surrealista



uele ocurrir que a algunas personas nos guste hacer precisamente aquello para lo que no estamos en especial dotadas o, tout court, dotadas. Es mi caso. Pudiéndome haber dedicado a las Matemáticas, me incliné siempre más por el dibujo, así, con minúsculas. Y ahora que voy despejando un buen montón de incógnitas de la vida mía he corrido a pertrecharme de varios manuales de dibujo botánico, que es a lo que en principio tengo intención de dedicarme los próximos años. Tanta ha sido mi precipitación o mi ímpetu que uno de ellos lo he comprado por duplicado. Es lo que tiene la compra por internet. Y sé de una compañera de trabajo que compró un día en vez de 3 packs de yogures 300 yogures o no sé si eran 3000. No me importa tener dos ejemplares del mismo libro, pero lo de que me hubieran llegado a mi casa 300 o 3000 yogures no dirán que sea llevadero.

Pienso, si todo va bien, compaginar el estudio del dibujo botánico con el qi gong, también conocido como chi kung, mientras no nos acabemos de poner de acuerdo sobre la transcripción del chino. Y poco más. Aunque debo admitir que lo que más me divierte de este mundo, además de estar con mis amigos o con mi familia, es escribir y en realidad paso todo el tiempo del mundo escribiendo, nunca se me ocurriría exponer el dinero de un editor a mis labores. “En especial” si tiene hijos que mantener. Por lo demás, hice dos libros por encargo pero uno de ellos fue con gente de escaso oficio y acabé bastante escarmentada.

Escucho en la radio que a un señor que violaba a su hija desde sus 13 años y que registraba en vídeo sus malas acciones le han caído 14 años de prisión. A la señora que convirtió en una antorcha a “El pincelito”, el violador de su hija, después de que éste le preguntara por la calle “¿Qué tal su hija”?, le cayeron 9. Catorce menos 9 dan 5 años ¿Lo ven? ¿Para qué sirven las Matemáticas? Para nada. Pues bien, esa es la lógica que abunda hoy día, como si no hubiera otra. “La procesada sufría “un trastorno adaptativo” con síntomas de ansiedad y depresión, al tiempo que desconocía que A.C.V. disfrutaba de permisos carcelarios”. 

No quisiera acudir a esa interrupción para dar a entender mis buenos sentimientos o probar que estoy en este mundo, en el que no me propongo dejar rastro alguno. Simplemente apelo a las superposiciones de la realidad, algo de lo que he querido representar en la fotografía de hoy. La foto está tomada en la puerta principal del Palau Nacional de Montjuïc (o Museu d’Art de Catalunya), en el lugar donde es posible apreciar una de las más bellas panorámicas de Barcelona. La foto está tomada sin embargo de espaldas a esa panorámica, con el Tibidabo en el centro y en la skyline de Collserola. También es una imagen bonita la que se puede capturar no “en el otro lado del espejo”, como Alicia, sino “desde el otro lado del cristal”.

Me pone un poco nerviosa, eso sí, como decía Anne Igartiburu, que me impongan un punto de vista y que me lo disfracen de opinión, de movimiento o de lo que sea. Estamos en época de manifiestos, como la que hubo en el período de las entreguerras, esa etapa que marcó por cierto la decadencia o la degeneración de Europa. Aunque para mí la radio o la prensa no deja de ser otro velo más de la realidad, una superposición, una pista, una “capa” (para emplear la jerga de Photoshop), no por ello dejo de atender de tanto en vez lo que por allí alienta. Y de esa manera fue como me enteré del librito de Hessel (¡Indignaos!), que no he leído, del de Baltasar Garzón et al. (Reacciona), del manifiesto personal de Anna Maria Moix, que si leeré, y ahora de una especie de movimiento literario que se hace llamar Nuevo Drama y que también se expresa por manifiestos. Perdonen si no puedo precisar con certeza si se trata de un movimiento, si es literario y si lo que ha ventilado es una manifiesto. Más bien parece una campaña de Facebook (Literatura 2.0.) o un asociación de escritores noveles que apelando al fin de la Generación Nocilla se buscan un lugar en el mundo de la edición o de la cultura o de la prensa.

No estoy nada al corriente de lo que se escribe y lo que se publica contemporáneamente. Y como he tenido la mala suerte de conocer a algún escritor o escritora que hubiera sido capaz de matar a su madre con tal de que le publiquen otro libro, vivo bastante de espaldas (pero no como en la foto) a todo los fenómenos posteriores a Ramón María del Valle Inclán. Por dar un nombre. Por otra parte me doy cuenta una vez más de que hay muchos escritores que se forjan una especie de colchón social y que incluso -digásmolo al revés- es una pena que mucha gente que lo tiene no escriba, porque si cada “amigo” le aporta 10 “lectores”, ya tiene para rentabilizar la sufrida función financiera o no del editor. He querido informarme un mínimo sobre cual es la aportación del Nuevo Drama, pero se me caía de las manos y además me espera el opúsculo de Séneca titulado Ciencias Naturales. Séneca me resulta más nuevo que cualquier modernidad o postmodernidad. Y no veo que eso sea un problema. Precisamente ya en Roma se decía Asinus asinum fricat (“el asno rasca a otro asno”), para referirse a las cadenas de halagos y parabienes.

No pierdo de vista unas palabras que leí sobre Jean Renoir o que reproducen sus propias palabras cuando recordaba sus principios en el cine, cuando tuvo que vender unos cuantos cuadros de su padre, que supongo que son los que por eso están ahora en Estados Unidos. Decía poco más o menos que se había dado cuenta de que no debía trabajar solo. Los francotiradores son solo útiles en un momento dado, después hay que liquidarlos, se diría. No pierdo de vista esas palabras, las de Renoir, sobre todo no porque las dijo uno de los cineastas más grandes que ha habido sino porque noté que las había dicho desde una certeza vivencial profunda y no desde la teoría o la boutade. Se había equivocado y rectificó su carrera desde la certidumbre que da el haber tenido un error o un descuido.

Mi actitud hacia el dibujo botánico y hacia el qi gong es la de quien quiere aprender pero también espero disfrutar aprendiendo, desde el primer día. Dum spiro, spero. Mientras hay vida hay esperanza.

El título alternativo de hoy sería 14-X=5, que vendría siendo lo que el original pero pasado por una campaña publicitaria o un manifiesto. Otro título alternativo: “El lapicito”.

 

Autorretrato


Post 723: mi colesterol es mío




or la mañana, mientras tendía la colada calibraba la diferencia que puede haber entre las siguientes frases:

a) Usted sabe que yo sé que usted sabe que yo sé que una web no se puede ni se debe externalizar.

b) Yo sé que usted sabe que yo sé que usted sabe que una web no se puede ni se debe externalizar.

La diferencia entre construir las frases de relativo en dirección yo-usted o usted-yo es difícil de explicar, al menos para mí, en el formato de un post. Pero sé que ustedes saben que por alguna razón la segunda frase es más malsonante o cacofónica y se podría añadir que tiene algo de descortés. Debe de ser por la misma razón por lo que lo es, descortés, decir “¿me entiendes?” en vez de “¿me explico?”.

Habría que hacer más pruebas, y no durante la tarea de tender la ropa, y ver también en qué interviene el número de veces que se va incrustrando la frase de relativo en cualquiera de las dos direcciones. Pudiera ser que de la misma manera que cuanto más queramos intensificar la complicidad de nuestro interlocutor con más tiento habrá que enmarañar el ovillo, pero algo me dice que no, que la intensidad está confiada a otro recurso, no al de la mera repetición del efecto. 

Ya se sabe que el final del laberinto es su principio, por lo que ese algo me dice que la forma más eficiente de la frase sería la que empezara igual que acaba. Esto, Doña Concha (Concha Piquer por supuesto) lo explicaría la mar de bien, de la misma forma que con un simple gesto de su abanico demostraba que era vulgar y ridículo marcar el compás con el ventalle, y que el compás iba por una lado y el abanico por otro. En una copla, para ir situando el tema, lo que se hubiera dicho es: “Tú sabes que yo sé que tú sabes”, etcétera. E insisto, el abanico a su aire.

Se suele decir que de las cosas más difíciles de trasmitirle a un anglófono cuando pretende hablar español es el régimen del subjuntivo o la flexión de los verbos ser y tener correcta. No es tan sencillo como intentar meterles en la cabeza que el subjuntivo está en el ámbito de las hipótesis mientras el indicativo está en el ámbito de la realidad. Y sin embargo yo creo que es más difícil trasmitir la expresividad de determinadas construcciones como la que he sugerido. En la anglofonía pura y dura hay expresiones en las que la gentileza provoca unas evanescencias gramaticales en las que nosotros nos resbalamos. Ni siquiera se me ocurre cómo decir en español algo así como “¿Tendría usted por un casual la amabilidad de decirme si le importa que abramos un momentito la ventana?“. Se podría encontrar además con el catalán del chiste que le contesta: “Es igual“. Pero no es que le conteste “es igual”, el del chiste, porque le sea indiferente, sino porque la ventana no tiene cristal.

Pero todos estos juegos anagramaticales no nos deben despistar de lo más importante, del fondo de las cuestiones, de los bajos fondos de las cuestiones. P.e., ayer fue el Día internacional del cáncer de mama. No es ninguna tontería sobre todo a la vista de que en mi caso personal -si es que sirve de muestra estadística- de 21 puertas que hay en mi bloque, ha habido ya 3 casos de cáncer de mama. Y la vecina de enfrente también ha pasado por lo mismo. A mí no me salen los números. Ni siquiera sé si esa proliferación me salva ─estadísticamente hablando─ de ser objeto o sujeto de la enfermedad, ya que es probablemente improbable o improbablemente probable que haya más mujeres con más tumores o más mujeres con menos tumores. Después está el hecho de que nos tienen amargados con el colesterol. Entre que cada vez ponen más bajos los intervalos de hipercolesterolemia y que cada vez hay más pastillas hipolipemiantes (y más caras), el tema de la colesterolemia nos afecta a todos: a la vecina de enfrente, a las que tienen cáncer de mama y a las que no, al catalán que decía “es igual”, a todo el mundo que está vivo. Y servidora ha llegado a la determinación de que no le van a amargar la vida, ni con esto ni con nada. Está claro que no me voy a dar atracones de grasa, pero si para vivir -en vez de 90 años- 95 me voy a tener que quitar de comer de vez en cuando un pincho de tortilla de patata o chorizo, ya saben mi respuesta. Me “es igual” tener las arterias como los chorros del oro, me importa un pito que me de un ictus y hagan conmigo salchichas en un clinicucho de bien morir, pero lo que es yo mientras pueda comeré dentro de un orden lo que me pida el cuerpo. Ustedes saben que yo sé que ustedes saben que les digo la verdad.

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17/10/11

Reflectores y reflexiones


igo con la serie iniciada en “Violencia y violines”. Por mucho que se diga que la Fuente Mágica de Montjuïc de la Exposición de 1929, diseñada por Carles Buigas, fue “restaurada” con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, yo recuerdo no diré que perfectamente que al equipo que se propuso ponerla a punto, revisarla y hasta introducir mejoras, le fue imposible. Pero no porque su estado fuera comprometido, sino todo lo contrario. Era imposible mejorar el trabajo de Buigas. Y lo sigue siendo, supongo, aunque en los 80 se introdujo la música que creo que ahora ha derivado del vals al chill-out y el new-age a lo Cirque du Soleil. Y supongo que no falta Queen y Montserrat Caballé.

También se suele decir que las luces que en fechas especiales coronan como un amanecer hawaiano o una aurora boreal el Palau Nacional se usaron como reflectores antiaéreos durante la Guerra Civil. Hay quien dice que no fue así, que nunca se usaron con fines militares, y sin embargo encuentro una pequeña crónica en el ABC del 27 de julio de 1937 la titulada “Uno de los aviones llega a Cornellá”, donde queda patente su uso:


Ayer tuve la oportunidad de verlos en lo alto de la sala oval del Palau, hoy Museu d’Art de Catalunya, porque una visita guiada de la historia del edificio, tenía uno de los puntos de la ruta en el terrado. A mí, como a las palomas, me gustan mucho los terrados y los tejados. La vista no es mejor que la panorámica que se puede ver desde la entrada principal y verdaderamente se diría que esa panorámica es una de las mejores de Barcelona.La verdad, yo diría que nos acostumbramos a esos focos potentísimos y sobre todo desde que ya no sirven para delatar la presencia de bombarderos, pero también diría que les pasa un poco como a las luces que le ponen a la Encarnación en mi parroquia, que parece un flipper o un pinball de los de antes. Luego, el edificio, de ese estilo llamado Mozart pero que es un batiburrillo de los órdenes clásicos, el Renacimiento y un pastel nupcial, no da para más, y menos si lo comparamos con otro de la misma época, el Pabellón alemán que hizo Mies Van der Rohe para la misma Exposición de 1929. De su famosa silla Barcelona MR90 con su otomana ya hablamos aquí. Cómoda y bonita es, muy Bauhaus, pero cuesta Dios y ayuda levantarse.

Dos de los reflectores antiaéreos del Palau Nacional (Montjuïc)

Ya que incluyo hoy en el Álbum una noticia del año 1937 les ofrezco una foto del mismo año de mi madre con su hermano José María. Está un poco dolida y de morros porque no se quería sentar en esa especie de caramelo o cojín sobre la que la sentaron, porque igual que unas somos como palomas otras son como tortugas. Nuestro gran teórico de la violencia, Stéphane Hessel, uno de los abuelos cebolleta que tenemos a punta de pala, seguramente hubiera aprobado un bombardeo en tierras coruñesas, porque total… como ya eran del bando opuesto… Unas cuantas bombas y arreglado ¡Para que luego digan de los neocones!

Corona y José María Senra Marcote (1937)

15/10/11

Las puertas de los campos

“Never judge a cover by its book” (*)
Fran Lebowitz


l beso de Julia Roberts y Woody Allen en “Everyone says I love you” (Woody Allen, 1996) no me resulta tan sorprendente como el del propio director y guionista y Romy Schneider en “What’s new, pussycat?” (1965) o como el asunto que se le atribuyó a Naomi Campbell con Hugo Chávez o la debilidad de Muamar el Gadafi por Condoleezza Rice. La escena de la fotografía de hoy tributa o parece tributar otra de “No man of her own”, cuyo clipe embuto por su valor inmarcesible. En esa escena Clark Gable se aprovecha de su posición como lector para pedirle un libro a la eficientísima Carole Lombard, una bibliotecaria, que se tiene que encaramar a los estantes con ayuda de una escalerilla para alcanzarlo. La bibliotecaria de “No man of her own” no es como la de “Cazafantasmas”, y tiene unas piernas más que bonitas. Hay una toma preciosa, con todo el glamour, el encanto o la elegancia que parecen habernos definitivamente. La guardo como oro en paño en un lugar de mi blogosfera mitómana.  A ella recurro un día como hoy en el que hacía las cinco de la tarde es cuando me debo haber acabado de despertar lo suficiente como para advertir que me había calzado dos medias diferentes, una casi negra y la otra casi gris.

Del pasado enciclopédico de este blog quedó un post titulado “¿Mil doláres o 50 centavos?”, uno de mis homenajes a Marilyn Monroe, porque de ella es la frase “En Hollywood te pueden pagar 1.000 dólares por un beso,  pero sólo 50 centavos por tu alma.”  Pero no hay dos besos iguales. ¿O sí? Porque además del episodio de mis calcetines pienso en otra frase famosa que no sé si recuerdo bien y en la que Michael Jackson decía poco más o menos algo así como que su hermana y él eran dos personas diferentes. 

Estos días en que tanto se ha hablado de la futura ley de la autoestima en Estados Unidos, contra los apaños, trucos y tejemanejes varios del Photoshop, no puedo menos que sumarme por lo menos a la oposición al paquete de Adobe. Ya vimos el otro día lo que hicieron con las piernas de la exministra de Defensa.  Si Celestina, la más famosa recomponedora de virgos de la literatura universal, levantara la cabeza, alucinaría pepinillos. El otro día vi un vídeo de una tal Alanis Morissette. Perdón si escribo mal el nombre, pero como precisamente iba más pintada que una puerta, que parecía una máscara de Anonymous, ¿qué más dará una ese más o menos? Las pestañas de Pene Cruz son inverosímiles. Hoy vi un primer plano de Julia Roberts en que se la ve irreconocible de tanto retoque y tanto alisamiento que le han practicado a ella o a la foto o a ambas. Sí, ya en los cuarenta, es cierto y se dijo que Rita Hayworth era un producto de Max Factor, y que Hollywood había conseguido que su frente retrocediera un par de centímetros, puesto que tenía cuando estaba en Sevilla el nacimiento del pelo mucho más abajo de lo que lo tuvo en “Gilda” por ejemplo. Pero la cosmética siempre se había dedicado a realzar las virtudes y a disimular los defectos, pero sin tanto engaño.La pobre Rita Hayworth sufrió en los últimos años de su vida la enfermedad de Alzheimer, aunque en un principio se pensó que lo que padecía era un demencia alcohólica. Y no veo en qué una condición descarta otra, la verdad, de la misma manera que “cosmética” actual cuenta con la paleta de sus posibilidades sin proponerse límites ni descartar recurso informático alguno.

No man of her own” (W. Ruggles, 1932)

Ayer por la mañana en la Ronda de Dalt un coche detuvo el tráfico por un rato porque el conductor se hizo a un lado para que su madre o quien parecía su madre, una anciana en todo caso, apoyada contra un quitamiedos se hacía caca piernas abajo. Hay quien parecía puerilmente divertido, hay quien parecía como escandalizado o asustado o, en fin, no me llegan las palabras para expresar lo poco que nos gusta darnos cuenta de lo fácil que es vernos en un… aprieto. Se dirá que el conductor podía haber seguido la dirección que llevaba y si acaso luego limpiar los efectos del desaguisado. Pero por lo que fuera consideró que lo mejor era parar allí mismo, uno de los puntos de más tráfico en Barcelona y más a aquellas horas. Aunque por un lado cubría la escena la puerta del coche y por otro él mismo, fue evidente para todos lo que lo pudieron ver. Y me parece que no están muy acostumbrados. Es que en el hospital vemos mucho estas cosas, porque entre que la gente está enferma o allí alguna prueba los deja descompuestos, tenemos más de una oportunidad para saber que el que no sabe lo que es eso, que lo puede esperar. Y la caca no se limpia con Photoshop.

Woody Allen y Romy Schneider en “What’s new, pussycat?” (1965)

 (*) “Nunca juzgues una cubierta por su libro”.

12/10/11

Post 713: los pilares de la tierra

El agua pa bautizar en mi pueblo no bendicen
el agua pa bautizar
porque la cogen del Ebro
después que besa el Pilar

Nobleza baturra


o seré yo ni nadie que tenga corazón quien le quite valor al verso más famoso de Gabriel Celaya (“La poesía es un arma cargada de futuro”) que a mí me recuerda mucho a la canción de John Lennon “Happiness is a warm gun” pero que en realidad creo que alega el poder diferido de la poesía, su valor germinativo, y -si me permiten la ayuda de un tercer poeta, Aragon-, apela también a su valor premonitorio “En el fuego de lo que fue arde lo que será”. Seguimos con el “antes y después” que empezó esta semana y vuelvo la cabeza hacia una representación que no sé si hoy recordarán muchas personas, de Els Joglars. La producción estuvo en las tablas entre 1985 y principios de 1987 y se llamó “Los virtuosos de Fontainebleau” [enlace roto].

La imagen que hoy incorporo al álbum no se encuentra superficialmente en el buscador de imágenes de Google, hay que hacer algo de minería aunque no de pico y pala. Y eso porque ya en su momento levantó olas de indignación y reprobación ver a la Virgen del Pilar con un gran bigote, como patrona que es de la Guardia Civil, no solo en los escenarios sino incluso en la televisión. No se recuerda tanto la imagen del guardia civil con mantilla o la de la propia virgen tocando la pandereta, pero cualquiera de las dos fue tan impactante y tan celtíbera que me costará creer que encontremos tanta carga simbólica ni histórica en lo que nos queda de fiesta. Aunque Eduardo Haro Tecglen no fue santo de mi devoción, como sí lo es San José, pero que hay que reconocer que escribía muy bien, hizo una crítica razonada en “El País” por aquellas fechas:

“Los virtuosos de Fontainebleau comienza con una leve ironía, y termina en una zarabanda bufa de superrealismo ibérico. Se remeda en la obra un acto cultural: la Generalitat se ha traído un grupo de músicos de cámara franceses para irnos incorporando a Europa, y la pequeña torpeza del funcionario que lo presenta y la pedantería de los músicos abren la caricatura. Casi sin exagerar algunos rasgos bastante reales” (“De la ironía a la fiesta“)

Representación de “Los virtuosos de Fontainebleau” (Els Joglars, dir.:Albert Boadella, 1986)

Ni les cuento la que se “armó” en España con esta producción de Albert Boadella, que por cierto aún estaba empadronado en Cataluña. Hubo rezo de rosarios de desagravio en Zaragoza ante las puertas del teatro donde se representó. El asunto se fue a mezclar con lo de “OTAN de entrada no” y el atlantista Felipe González fue recibido con uno de nuestros más estruendosos e hispánicos abucheos y salves a su madre. El grupo tiene en su página web un recuento de las reacciones [enlace roto]. Y es que el teatro de verdad, cuando es un espectáculo de arte total con buenos actores, repito, “con buenos actores“, que cada día introduce sus morcillas y se actualiza según vaya lo de afuera y no lo de “después”, el teatro sí que da miedo. De hecho es lo primero que se prohíbe cuando van mal dadas, lo último que se levanta cuando se pretende dar un respiro, lo primero que se somete a subvenciones y a todo tipo de censuras y presiones.

Siento no estar totalmente de acuerdo con otra escritora difunta, Montserrat Roig, cuya crítica decía: 

 “La justicia se va al teatro” [enlace roto]

 

Aunque es verdad que ha habido ataques soeces y verdaderamente blasfemos, Los virtuosos de Fontainebleau era una delicia incluso para los que somos fervientes marianos. Por ejemplo, ya me referí aquí a la basura onanista de J.A.M. Montoya, su caca de “Sanctorum” de 1997, con unas imágenes que más que nada insultan el buen gusto y a la inteligencia. Esos escogorcios repugnantes pertenecen a lo que yo me atrevo a llamar “blasfemia erotizante”, que no tienen nada que ver con el genio del idioma y nuestra  auténtica celtiberia hecha polvo, con aquella vieja que en León explicó Llamazares que defendió las campanas de Fuencebadón en la Maragatería:

“María recibió a la expedición (integrada por dos curas, seis obreros y cuatro guardias civiles) armada con un palo y subida en el tejado de la iglesia, decidida a defender las campanas con su vida. En vano intentaron convencerla para que se bajara y les dejara llevarse unas campanas que, al fin y al cabo, legalmente no son suyas. Mientras les arrojaba piedras, María decía que las necesitaba, entre otras cosas, para avisar a la gente de los pueblos cercanos si un día se declaraba un incendio en el suyo, puesto que ni teléfono tiene para sustituirlas. Y cuando un cura le dijo que para eso no le servían, puesto que las campanas no tienen ya badajo, la enrabietada María le contestó que, si hacía falta, lo tocaba con el suyo (el del cura).” 

Como decimos en Fisterra (A Coruña), “Ai qué textos!”.

Yo comprendo que haya gente que se erotice con las imágenes sagradas y hasta condenando la pederastia (por alambicado que parezca), de la misma manera que hay gente a quien le ponen las escenas lésbicas o la mera mención a la palabra “margarina” les inspira ideas lúbricas. Otra cosa es convertir eso en un modus vivendi y en algo que resista la más mínima comparación con una obra de arte total y no totalitaria, Los virtuosos de Fontainebleau. Por eso me alegré un montón cuando el Centro Jurídico Tomás Moro le ganó al infeliz Javier Krahe el juicio que le interpuso por la basura de vídeo ”Cómo cocinar un cristo”. En realidad esa bromita era de 1978, pero se emitió en Canal+ el año 2004, cosa que ya indica por lo menos que estamos ante un autor de escasísimas ideas y éstas además a su vez magras. La denuncia se planteó como ofensa a los sentimientos religiosos y, como les digo, se ganó limpiamente. El cantautor tuvo que pagar una fianza de 192.000 neuros y la productora 144.000. Me parece que desde que se hizo pública la sentencia poco más han hecho Krahe y el Plus. Els Joglars sigue en las tablas y Dios quiera que siga muchos años.

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