30/7/25

El manto y la capa

"La propuesta era aceptable, y así esas aventuras fueron representadas. Después Tom volvió a ser Robin Hood de nuevo, y por obra de la traidora monja que le destapó la herida se desangró hasta la última gota. Y al fin Joe, representando a toda una tribu de bandoleros llorosos, se lo llevó arrastrando, y puso el arco en sus manos exangües, y Tom dijo: «Donde esta flecha caiga, que entierren al pobre Robin Hood bajo el verde bosque.» Después soltó la flecha y cayó de espaldas, y hubiera muerto, pero cayó sobre unas ortigas, y se irguió de un salto, con harta agilidad para un difunto. 

Los chicos se vistieron, ocultaron sus avíos bélicos y se echaron a andar, lamentándose de que ya no hubiera bandoleros y preguntándose qué es lo que nos había dado la moderna civilización para compensarnos."

Mark Twain, Las aventuras de Tom Sawyer 



upongo que los niños siguen jugando a médicos, a vendedores de fruta, princesas y héroes. Lo de los héroes me lo figuro por los disfraces, camisetas y mochilas, pero la verdad es que no veo a niños saltando en abordaje ni pegando tiros o mandobles, como se veía en mi niñez. Cualquiera podía saber qué película habían hecho en Sesión de tarde con solo ver a qué jugaban después mis amigos en la pura calle. Podía haber piratas, romanos, espadachines, vaqueros. 

Las niñas también jugábamos a profesoras y alumnas, sí. Me acuerdo de haberle dicho una vez a una niña que era bastante mandona que siempre nos repartía los mismos papeles o roles y que eso era pesado. Ya entonces no me gustaba mandar ni que me mandaran.

Como a los niños les siguen comprando juguetes que permiten hacer simulaciones, cada vez menos, me imagino que algo queda y está al margen de las "actividades dirigidas" como la que hoy presencié a la entrada del Caixaforum.

Tengo curiosidad por saber qué fue de la niña mandona.

***

Hoy fui a ver la exposición sobre Rubens que estará en Caixaforum hasta el 21 de septiembre. Creo que la buena impresión se ha visto potenciada por el hecho de haber visto ayer el último Superman (James Gunn, 2025). O debería decir "el más reciente".

Superman es una buena película. Debo aclarar: 1) que solo he visto antes el Superman de 1978 y que, como personaje, me atrajo más Spiderman (Sam Raimi, 2002); y 2) que entré 8 minutos más tarde de cuenta en la sala de proyección por un error de taquilla. Esos 8 minutos de menos y mi casi total ignorancia en las historias de novelas gráficas y cómics, me deja ante Superman como un pulpo en un garaje. Pero, claro, lo mismo o parecido se prodría decir de mis conocimientos sobre el barroco flamenco.

La proiferación de humanos, metahumanos y otros seres con superpoderes es una agradable sorpresa. Me gustaron mucho Míster Terrific, el perro Krypto, Eve Teschmaker y Guy Gardner. Guy Gardner está interpretado por Nathan Fillion, el novato añoso de la serie The Rookie .Su caracterización hace que lleve un traje de héroe que le hace más corpulento, pero además parece mucho más alto de lo que en realidad es. Pasa al revés de lo que pasa en Parenostre, en que Josep Maria Pou tuvo que hacer de Jordi Pujol cuando mide 1,96 m.

Guy Gardner al lado de Míster Terrific es rematadamente idiota y lleva un peinado a capas que destroza su imagen de atractivo maduro en The Rookie, pero el actor acepto la caracterización del personaje, que proviene de una historieta de DC Comics de 1968.

Superman es un largometraje denso y trepidante a la vez, con mucha acción entreverada de manera efectiva con diálogos íntimos, humor, el gigantesco monstruo kaiju, un par de catástrofes e infinidad de combates fantásticos entre mutantes.

Tanto la novia de Superman como la de Lex Luthor (su antagonista), Eve Teschmaker, también tienen sus habilidades nada despreciables aunque siempre de acuerdo con sus roles femeninos.

La confusión de la trama me recordó mucho a lo poco que sé de las novelas bizantinas o la historia  de Sun Wukong, novelón chino del siglo XV (Viaje al Oeste) que leí íntegramente con la esperanza de encontrar algo, no sé el qué, que justificara tantas páginas. Fue peor leer La Regenta. Incluso los propios autores de las novelas bizantinas de la Baja Edad Media se hacían un tremendo lío con los nombres de los personajes y sus desarrollos.

En el Superman de 2025 se han volcado muchos personaes de DC cada cual con sus propiedades y antecedentes. Es complicado situarse y, sin embargo, a pesar de la violencia, es fascinante. De acuerdo con los tiempos actuales, tiene varios villanos, juego sucio, y más héroes que el héroe principal. Clark Kent destaca, pero los demás héroes, novias y demás tienen importancia y valor. Cooperan.

La novia de Clark Kent/Superman sabe de su verdadera naturaleza kryptoniana, lo que introduce una novedad (por lo menos con respecto a la película de 1978) que no es ninguna fruslería.

La Warner Bros ha hecho un producto muy apreciable.

Superman y Krypto mirando la Tierra desde la Luna

***

Hoy la exposición de los maestros flamencos (Rubens, Van Dick, Jordaens, Brueghel, etc.) ha adquirido a mis ojos más valor después de haber visto ayer Superman. Pero no porque entre en una (odiosa) comparación, es que el contraste me ha ayudado a captar mejor los matices de la Contrarreforma y del oficio de Rubens. Qué maravilloso dibujante y qué pintor colosal. Es el Miguel Ángel barroco. 

Su taller fue muy prolífico y en parte es por su vigor como artista pero también por sus colaboraciones. Trabajó con otros pintores en su taller en cadena. Y en la exposición de Caixaforum vemos por ejemplo un cuadro en el que la figura la pintó él (Rubens) y el paisaje así como las residencias dinásticas de Tervuren y Mariemont, y las cigüeñas, son obra de Jan Brueghel.

Infanta Isabel Clara Eugenia (Jan Brueghel el Viejo y Pedro Pablo Rubens, 1615 aprox.). Museo del Prado

El cuadro conocido como Mercado y lavadero de Flandes también es de Jan Brueghel el Viejo y Joost de Momper. En este caso el paisaje es de Momper. Como en el óleo de la Infanta hija de Felipe II el cuadro está claramente dividido de forma que casi podemos distinguir las dos manos tajantemente.
Resulta muy llamativa la disposición de la ropa a clareo como en un rompecabezas donde se ajustan las piezas. Tal vez así aprovechaban bien el espacio. Otra razón no veo.

Mercado y lavadero de Flandes (Jan Brueghel el Viejo y Joost de Momper, 1620 aprox.) Museo del Prado

Que los talleres trabajasen en cadena no es de extrañar en una época en que precisamente se mercantilizó el arte. Además por lo menos Rubens pintaba como una especie de maquillador, por capas. Y entre capa y capa tenía que dejar secarse los pigmentos de manera que, lejos de estar esperando el secado, podemos pensar que pintaba más de un cuadro a la vez.
No me extrañaría que la Warner Bros tuviera especialistas en kaijus como en el siglo XVII se fueron también especializando los artistas.

La Inmaculada Concepción de Pedro Pablo Rubens (1628-1629). Museo del Prado

Casualidad o no, la capa de Superman es del color de la túnica de la Virgen y su famoso traje es del color del manto.

(C)SafeCreative 2507302654019

22/7/25

Ideas sueltas, perdidas y/o dispersas

"La atención es la más extraña y más pura forma de generosidad"
Simone Weil


l ágave se considera una especie invasora, cuando la dalia ─que también se trajo a Europa desde México─ no, cuestión que suponía que tenía que ver con que las dalias no crecen espontáneamente a no ser que se las cultive y cuide. Son especies vegetales tan diferentes que cuesta referirse a ambas a la vez. Parece que lo que hace que a una especie se considere invasora es que altere desfavorablemente el sistema en el que es introducido. Me he acordado del ensayo de Ken Thompson titulado ¿De dónde son los camellos?, que por cierto proceden de América del Norte. 

*

El ágave de la fotografía está en Collserola y lo que vemos es la flor, algo que señala el fin de su ciclo vital. Esto es: se está muriendo. Es una planta que cuando florece muere. Hace muchos años oí decir que era una "planta abortiva", pero creo que los botánicos se refieren a su condición como "monocarpismo". Como mi ignorancia en Botánica es casi total, voy a dejarlo ahí, porque lo único que se me ocurre es que de todo ese proceso surge una planta renacida. No lo sé. 

*

Como dejó dicho Carmen Martín Gaite, "lo raro es vivir". Y eso que no vivió para ver que en España hubieron el año 2023 103.097 abortos. Hasta la palabra aborto suena mal. Pero ocurre que este tema está tan cargado de ideología (e intereses económicos no menores), que cuesta siquiera rozarlo porque levanta ampollas y reacciones irracionales. 

*

Cuesta creer que haya gente que vive de practicar abortos. Especialmente desde mi punto de vista, cuando lo considero una aberración. 

Incluso para el budismo, que habrá que recordar que no es una religión sino una filosofía, que no tiene dogmas, el aborto está descartado o proscrito. En el budismo se contempla la situación del nacimiento como algo en lo que interviene tanto la voluntad de los padres como del que va a nacer, además de la voluntad del orden que rige la vida. El hinduismo considera que el aborto es execrable y solo hay que practicarlo para salvar la vida de la madre o en contados casos que el judaísmo por su parte ha analizado con prolija precisión (malformaciones, violaciones, incesto, etcétera). 

25.045.672 abortos marcaba el Worldometer a las 5:44 y señalo la hora exacta porque cada segundo o menos aumentaba un caso. El número de suicidios era de 593.980, cifra que doy por dar una proporción de lo que no guarda en principio relación directa pero que en mis sumas tiene que ver con una sociedad fallida.

Hoy es el día de mi cumpleaños y en un par de ocasiones mi madre me dijo que yo había sido deseada. Creo que ella le concedía importancia a aclararme este hecho, que a mí no se me había ocurrido nunca, y es que para ella la tenía. Si se ven el par de fotografías que hay de mi bautizo, el día de Santiago de 1961, se ve a mi madrina, mi padre y mi abuelo felices, muy felices. Como quiero imaginar que lo estarán el día que me vuelvan a ver, aunque de alguna manera el amor que nos tenemos rebasa el tiempo y el espacio.

*

Al lado de las vidas que se han abolido terapéuticamente o por hacer la vida materna más confortable, o por lo que sea, vi durante mi breve paso por el servicio de Pediatría del Hospital Vall Hebron, niños de apenas 3 meses que ya habían sido atendidos por 9 especialistas. Habían nacido mal y gracias a la Medicina más avanzada sobrevivían. Recuerdo esas semanas con mucha tristeza. Fue durante la pandemia, porque nuestras consultas externas se habían cerrado cautelarmente. Lo pasé mal cuando veía a los niños, a los padres y a los abuelos. Yo ya llevaba muchos años viendo enfermos, pero eso era mucho peor y ─por decirlo rápido─ iba contra natura.

***

A pesar de que las comparaciones son además de odiosas casi siempre injustas, el pensamiento me ha traído una frase de Maria Mercè Marçal, cuando le preguntaron porqué escribía y ella dijo que lo que ella se preguntaba era que porqué no escribía. Y es que hemos de pensar que algunas veces el impulso poético se le resistiría o no alcanzaba la fuerza necesaria para brotar en palabras. Aunque M.M.M. muchas veces aportaba una visión transformadora a lo consabido, sin llegar a ser disruptiva ni rompedora pero sí subversiva. Pero me interesa más la pregunta primigenia, la clásica, la que plantea qué es lo que nos lleva a escribir ¿Qué es lo que nos lleva a escribir? tiene el potencial de un koan zen.

Dejo de lado las circunstancias actuales, en que se impone el anhelo de una renovación cultural y social que excede todo pronóstico más allá del marketing. Y sin embargo para mí la escritura no es una actividad tan diferente de lo que es la música o cualquier modesta actividad humana ajena a las profesiones llamadas liberales.

*

El número de obras verdaderamente notables en la literatura y en la ensayística es nimio, siempre en comparación con la producción total. Incluso hay autores que solo han podido escribir una obra redonda, inspirada, flamante y serena a la vez. En el intento también hay muchos descubrimientos y merece la pena, creo. No pasa nada.


(c)SafeCreative *2507222561732

18/7/25

Al revés



"Stupidity should be painful"


eí hace poco la frase "la estupidez debería ser dolorosa" en X y luego he sabido que se venden en una plataforma camisetas con el mensaje. La frase se puede tomar por lo menos de dos maneras: 1) que el dolor nos advierta de que algo va mal, o 2) que el dolor nos prevenga de seguir por ese camino, como ocurriría con un reflejo condicionado.
No me imagino un dolor lacerante pero sí una especie de calambre, como una respuesta eléctrica a un exceso de imbecilidad sobrevenida, para alertarnos de que estamos ante la famosa línea roja. No creo que pase mucho tiempo antes de que se invente algún dispositivo que sea capaz de medir ─sobre todo ante conductas repetitivas─ que estamos alcanzando el punto que ya marca una necesidad de atención y rectificación.
A pesar de que alguna vez se encuentra alguna joyita en X como la que he traído, también se encuentran tuits que nos conducen al mal humor o a la decepción. Pero la parte buena es que nos recuerdan que la estupidez está ahí a la vuelta de muchas esquinas para retratar nuestra vil condición. Ayer se interpuso en mi muro un tuit que poco más o menos explicaba: "Hemos ido a tomar cañas en familia. Justo al lado de la terraza del bar sentado en un banco un señor mayor que conocemos a fuerza de pasar por el mismo sitio. Saluda siempre. Buenos dias / noches. Digo, quiere usted tomarse un vino, le invito! Ha merecido la pena totalmente. Recomiendo la experiencia."
Reproduzco el tuit no para señalarlo sino porque no me veo capaz de trasladar con exactitud los matices que se escaparían de otra forma. La situación que muestra es muy clara: van "en familia"  a un bar donde otras veces han visto cerca, sentado en un banco, a un anciano solo. Se deciden a invitarlo a pasar un ratito con ellos, de lo que se sienten muy gratificados y es algo que lo consideran una "experiencia". Los comentarios, todos excepto el mío creo, corresponden favorablemente la experiencia con afirmaciones del género bonito. Mi comentario fue: "Lo normal". Luego maticé: Lo que debería ser lo normal.
A lo mejor tengo que explicarme más, desarrollar porqué me parece normal lo que se explica como un hecho portentoso e inspirador. Pero no es fácil, porque tengo que retrotraer situaciones propias del pueblo de mi madre, donde veraneaba de niña, o a vivencias propias nada maravillosas en las que coincides con extraños y compartes un breve diálogo. Tengo dos caminos de nuevo: 1) desarrollar cualquiera de esas situaciones de comunicación sana, o 2) explicar situaciones sociales fallidas de cualquier comunidad. Cualquiera de los dos caminos me inspira igual pereza.
Sin ánimo de porfiar con la tuitera bienintencionadista, recalco la frase "en familia". Porque está claro que el hecho de que la gente vaya por el mundo en tropa hace que de alguna manera se cierren más a su grupo y lo hagan menos permeable a lo que está ocurriendo a su alrededor. Si la tropa va por una calle, por ancha que sea, se despliega a todo lo ancho y quien se cruce en sentido contrario tendrá que hacerse a un lado. La tropa entra a trapo a veces en las cafeterías o restaurantes, en los transportes públicos, y el número les da poder para elevar la voz e imponer su conducta. La familia a veces queda reducida a una parte de sus miembros. Y si van con los niños al parque se relacionarán con grupos asimilables (mamá con niños con otra mamá con niño o niños, persona con perro con otra persona con perro o perros). 
Los señores mayores que se sientan en los bancos conservan aún el hábito social de dirigirse a quienes se sienten cerca, pero eso se hace con prudencia por ambas partes. Ocurre que a lo mejor alguien se sienta porque necesita reponerse porque le duele una rodilla y no quiere conversación, o que si te la dan tienes que evitar que se convierta en un consentimiento a lo sicalíptico, que abunda, no se crean.
Que somos una sociedad fallida se nota también en el microedadismo (o edadismo sin más) y en nuestra imposibilidad para relacionarnos con los demás incluso en situaciones que propician la comunicación, como la participación en una ruta cultural o natural guiada o en un cualquiera de los eventos que se ofrecen con los clubs de lectura, centros cívicos, asociaciones, etc. 
La verdad, que alguien repare en lo bonito que es como experiencia invitar a una persona a un vino, me lleva a una melancolía inconsolable.
*
La imagen de hoy está tomada en el parque de Can Xirigoy, que como tantos está tomado por las personas que llevan a sus perros a orinar, etcétera. Esto, que también parece de lo más normal no debería serlo porque los parques tendrían que servir para poder respirar en paz y para apreciar los vegetales. Que puedan ir los perros está bien, pero no para hacer sus necesidades. Todo al revés.

Parque de Can Xirigoy. Caballo añadido en la edición de la fotografía.


(c)SafeCreative [texto y fotografía]: 2507192534958 y 2507192534972

17/7/25

Prohombres


yer se pudo ver en la Filmoteca de Catalunya, Keeper of the flame (George Cukor, 1942). Los protagonistas son Spencer Tracy, como excorresponsal de guerra, y Katharine Hepburn, la viuda de un prohombre que al empezar la película se muere en accidente. La atmósfera es de misterio y melodrama y se le ha achacado lentitud y un exceso de material ideológico. No le gustó ni a su director. 
El guión proviene de una novela homónima de I. A. R. Wylie, australiana sufragista. Incluyo al final, traducido por Chat GPT, el script del diálogo entre sus protagonistas, Christine Forrest (K. Hepburn) y Stephen O'Malley (Spencer Tracy), al final del largometraje. Durante el desarrollo de la trama se cierne la sospecha sobre la verdadera personalidad de Robert Forrest, así que este diálogo (prácticamente un monólogo) revela lo que se nos ha evitado tan cautelosamente. 
Es curioso que la película se desgaste en privarnos de tanta información hasta el final de apenas 5 minutos, especialmente porque resulta lenta. Es como si de repente se dieran cuenta de que se les acababa película (que quedase apenas un rollo) o el tiempo, y que tenían que apurarse. No hay queja, más bien es algo que hay que señalar. 
Si en vez de desarrollar tanto las sospechas, se hubieran desarrollado los rasgos del narcisista (que es lo que era Forrest), seguramente habría salido una película bien diferente. Ese efecto me ha recordado al que usan los dibujantes cuando usan los contornos y hacen las sombras en torno a los blancos, de manera que se dibuja por exclusión.
Que Robert Forrest sea un impostor y que en realidad tiene a todo el mundo engañado porque es un fascista [sic] es algo que sorprende pero no porque no conozcamos algún caso de algún político que el poder ha trastornado, sino porque nadie hubiera dicho que esto ya entraba en consideración de los norteamericanos en los años 40 del siglo pasado. Y que el modus operandi sea el de divide et impera (divide y vencerás) es más viejo que el hilo negro y que Julio César, pero no lo veríamos concretado en ideologías o en grupos de opinión o en la procedencia de los grupos humanos. 
Nos dice su viuda: "Aquí hay algunos artículos listos para publicarse... para agitar todos los pequeños odios de toda la nación unos contra otros. Este era un artículo que iba a publicarse en un periódico antisemita atacando a los judíos. Este iba a usarse en la Farmers Gazette para agitarlos contra los habitantes de la ciudad. Aquí hay uno atacando a los católicos, antinegro, antilaboral, antisindical... apelaciones sutiles al Ku Klux Klan. Aquí hay una lista de editores de periódicos que querían ocupar cargos públicos... o dictar quién debía ocuparlos... y cuando fallaban, sentían que el público era una gran bestia estúpida." (*) 
Muchos sentimos que un poco (un mucho) lo que está pasando ahora va por aquí (Divide et impera). Hoy la emisora que elegí para soportar las noticias fue la COPE. En esta emisora cada dos frases se emite la consigna "cambio climático" ya hace años. Y eso que Carlos Herrera, el líder, hace muchos años negaba también frecuentemente el cambio climático. También es un medio que repite mucho la consigna de que sin emigrantes no podríamos vivir. 
No sé, desde mi ignorancia veo que al menos en Barcelona hay muchas señoras emigrantes cuidadoras de ancianos, pero también están semiesclavizadas en esas cadenas de cafeterías que son perfectamente obviables, o en la hostelería, al servicio de un turismo que cada día se hace más detestable. Esas cafeterías se encuentran en locales donde antes hubo negocios más sanos y útiles. Y no es que no sea útil fomentar las relaciones sociales. A estas cafeterías con wifi van estudiantes y van grupitos de personas de la tercera edad que luego se tomarán el antilipídico y la pastilla para la tensión alta. Tampoco es que se pueda pasear mucho porque entraña peligro y a según qué horas huele a caca y pipi de perros. 
Ya sé que hay mucho desnivel como tema desde el antisemitismo hasta el mal olor de las calles, pero todo está relacionado puesto que se nos entretiene con cuestiones que inspiran temor o aversión. Los bares se han convertido en refugios climáticos (no temáticos) y nos permiten echar la tarde por un precio módico, como pasa con el arreglo de uñas o Tik-tok, que también es una actividad desproporcionada.

Keeper of the flame (George Cukor, 1942)

(c) SafeCreative 2507172522227

_______

(*) 


Christine Forrest ─ He querido hablar contigo desde la primera noche que viniste.
Ya no puedo resistirme más.
Me casé con una leyenda.
Una leyenda sobre un héroe.
No lo sabía al principio. Y...
Yo adoraba a Robert.
Tal vez adorar a alguien
sea destruirlo.
Todos lo adoraban.
No, no. La, eh...
La imagen de él.
La imagen que se había construido cuidadosamente
en la mente de las personas.
Deliberadamente construida, ahora lo creo.
Construida con un propósito terrible.
Cuando descubrí cuál era ese propósito,
tuve que destruir la imagen.
No, yo...
Tuve que destruir al hombre...
...para salvar la imagen.
Sí, eso fue.
¿Qué propósito tan terrible?
Oh, no sabía que era terrible al principio.
Tú...
—Oíste a su madre esta tarde.
—Su madre está loca.
Pero Robert no lo estaba.
Llegó a despreciar a las personas
que lo adoraban, a todos nosotros.
A mí también.
Sentía que todos estábamos por debajo de él.
No sabía qué había pasado. Supongo
que yo también era un poco así alguna vez.
Creía en algunas personas,
líderes, gobernantes.
Pero cuando Robert empezó a cambiar, yo...
Vi el rostro del fascismo
en mi propia casa.
Odio, arrogancia, crueldad.
Vi lo que las mujeres alemanas estaban enfrentando.
Vi al enemigo.
Robert Forrest.
La mañana del accidente,
le robé las llaves, vine aquí y abrí esto.
Esto es lo que encontré.
La clave
de la organización fascista de Robert Forrest.
No lo llamaban fascismo. Lo pintaban de rojo,
blanco y azul, y lo llamaban americanismo.
Aquí están los fondos para llevarlo a cabo.
Cantidades fantásticas aportadas
por unos pocos individuos privados...
...para quienes el dinero no significaba nada,
pero querían poder político.
Sabían que nunca lo obtendrían
por medios democráticos.
Hay una lista de sus nombres.
Esta era la esencia de su plan.
Aquí hay algunos artículos listos para publicarse...
...para agitar todos los pequeños odios
de toda la nación unos contra otros.
Este era un artículo que iba a publicarse
en un periódico antisemita atacando a los judíos.
Este iba a usarse en la Farmers Gazette
para agitarlos contra los habitantes de la ciudad.
Aquí hay uno atacando a los católicos,
antinegro, antilaboral, antisindical...
...apelaciones sutiles al Ku Klux Klan.
Aquí hay una lista de editores de periódicos
que querían ocupar cargos públicos...
...o dictar quién debía ocuparlos...
...y cuando fallaban, sentían que el público
era una gran bestia estúpida.
Aquí hay una lista de hombres
que sirvieron a su país en la última guerra...
...y fracasaron en los negocios,
y anhelaban el poder del rango...
...y el prestigio de un uniforme.
Aquí están los nombres y direcciones
de los hombres...
...que fueron designados
para ser los primeros camisas pardas de América.
Pero lo que realmente me impactó
fue el completo cinismo del plan.
Cada uno de estos grupos iba a ser
utilizado hasta agotar su utilidad.
Odio contra odio.
Si un grupo amenazaba con volverse demasiado poderoso,
sería eliminado por otro.
Y al final, toda esta pobre gente
que nunca supo...
...para qué se prestaba, estaría en las mismas cadenas...
...sometida y esclavizada...
...con Robert Forrest y su pequeño grupo
de secuaces sedientos de poder...
...blandiendo el látigo.
Robert Forrest.
Stephen O'Malley ─ ¿Qué le pasó?
Christine Forrest ─ Cambió.
Cuando me casé con él, era tan parte
de este país como Lincoln mismo.
Y amó a nuestro país.
Siempre que volvía de Europa...
...sentía lo que significaba
vivir en la tierra de los libres.
Cuando me casé con Robert,
sentí que entraba en su historia.
Era valiente, noble, inmortal,
y yo estaba tan orgullosa.
Pero cambió, te digo.
No de golpe, pero poco a poco.
No podía ser porque estaba amargado
o decepcionado.
Su vida había sido solo triunfos.
Las lágrimas aún le venían a los ojos
y se le quebraba la voz...
...cuando hablaba al pueblo.
Quizás amaba al pueblo.
Quizás los amaba...
...pero no confiaba
en que pensaran por sí mismos.
O tal vez era insaciable...
...y quería aún más poder
para sumar a su gloria. No lo sé.
Pero envidiaba a los dictadores
y pensaba que todos los gobiernos...
...del pueblo y para el pueblo
iban a perecer pronto en la Tierra.
Robert Forrest.
Y a medida que él cambiaba,
mi amor también cambió.
Recuerdo el primer día en que vi su rostro
y temblé de miedo...
...por el cambio que vi en ese rostro.
Odio, arrogancia, crueldad.
El rostro de un hombre que ya no creía
en Dios, sino solo en sí mismo.
Y me sostuvo en sus brazos...
...y supe que ya no quería una esposa,
sino hijos.
Y sus ojos me dijeron
que yo era una pobre criatura...
...que no podía darle hijos.
Entonces mi miedo se convirtió en lástima.
Pensé que se estaba volviendo como su madre,
que era locura.
Las cosas que pensaba,
las ideas con las que jugaba...
...su abierto desprecio por la democracia,
su increíble ambición.
Pero no estaba loco.
No estaba loco.
Yo estaba más en peligro
por mis propios pensamientos que él.
La mañana del accidente,
le robé las llaves...
...vine aquí y abrí el gabinete.
Entonces supe que Robert Forrest estaba perdido,
que era un traidor a su país.
No sabía qué hacer.
Salí a montar a caballo para estar sola, pensar.
Monté toda la tarde.
Cayó el aguacero,
me refugié en casa de la madre.
Recibí el mensaje telefónico.
Sabía que el puente estaba caído. Lo vi.
Volví por ese camino
después del aguacero.
De repente, todo me quedó claro.
Sabía que algo debía hacerse.
Su momento había llegado.
Los saboteadores esperaban instrucciones...
...y él iba a dárselas.
Me quedé mirando el puente.
Me dije con total calma:
"Él vendrá por aquí y morirá
a menos que me apure y lo advierta."
Pero no lo advertí
porque comprendí...
...que una muerte limpia bajo la lluvia...
...era lo mejor que podía pasarle
a Robert Forrest.
De pie junto al puente, recé:
"Que muera para que no pueda burlarse
de quienes confiaron en él...
...y destruirlos
como me ha destruido a mí."
Media hora después
trajeron su cuerpo a casa.


NOTA IMPORTANTE: Últimamente se viene usando "antisemitismo" como si se hubiera olvidado que el semitismo reúne lo árabe, lo hebreo y hasta lo arameo. Llamar antisemitas a los palestinos musulmanes y sus simpatizantes es, desde esa definición clásica un absurdo.

9/7/25

Neomilenaristas

Amaga la boqueta ─se la tapa amb les fulles mé petites. De tant en tant les fulles es separen, de la buqueta li surt fum blau, i xiula. Molt fi. Per fer-li companyia les flors de borratja li envien olor i la pluja la ruixa perquè no estigui trista. Viu i mor així: voltada d'afecte i gentilesa

Mercè Rodoreda, Viatges i flors


reo que es innegable que la pantallla grande, el cine, tiene un poder perturbador que no lo tienen otras pantallas. Por mucho que nos trastorne una imagen en un visor de TV o en un móvil, la pantalla de las salas de cine, incluso las pequeñas, con una potencia de sonido adecuada, nos pueden dejar el cuerpo girado. Cuando ves películas hechas con mucha tecnología como Flow (Gints Zilbalodis, 2024) y que además son de tema catastrófico, con mucha agua y grupito de seres minoritarios inclusivos, con monstruos y precipicios, etc., estoy segura que el corazón sufre. Después, no sé por qué extraño motivo, al salir de la sala de proyecciones, la calle parece hasta irreal.

Ayer, después de ver Jurassic World: Rebirth (Gareth Edwards, 2025) me costó un buen rato recuperar la hemodinamia y hacer una higiene de imágenes apocalípticas. Gareth Edwards tenía 15 años cuando salió la primera película de la franquicia y hemos de suponer que la vio. Curiosamente, o no, la trama gira en torno a la obtención de biomaterial de unos animales prehistóricos que viven en un habitat similar al mesozoico, para la investigación de enfermedades cardíacas. Se supone que viven en el ecuador donde ─según una de las primeras consignas de la película─ viven exentos del calentamiento y las enfermedades (!). Hay más consignas, pero esta es la mayor. La que por otra parte predomina constantemente en los medios de comunicación peoristas (periodistas). 

Sospecho que los peoristas cobran algo, muy poco, cada vez que dicen la frase "cambio climático" o la palabra "vacuna". Por favor, atiendan a esa repetición constante a lo largo de cualquier programa. Y eso ocurre en todos los canales y emisoras a las que yo puedo recurrir de forma gratuita con mi TV y mi transistor. Pero no descarto que sometan a esos mismos mantras incluso en los medios de pago. La intensidad y la frecuencia de las rutinas es tan notable que solo por eso habría que cuestionar los mensajes. En la TV además nos torpedean con mapas metereológicos teñidos de rojo y con imágenes de laboratorios con personal vestido con EPI (equipos de protección individual) donde se adivina que dentro hay una persona muy motivada por la ciencia.

Como en Flow, el grupo de supervivientes es "multicultural". Aparece una familia que podría ser sudamericana navegando por el Atlántico tropical, en la Guayana francesa. Y durante el largometraje se oyen cinco o seis frases en francés. Hay un científico inexperto en misiones de aventura, dos que ya sabemos desde el principio que serán los primeros en morir, un villano malísimo que quiere hacer negocio con las muestras de ADN y, entre otros, la buenísima Scarlett Johansson. Aún hay gente por ahí que dice que la actriz no es guapa, cuando ya en Match Point (Woody Allen, 2005) en su papel de Nola lo dice ella misma bien claro: "What I am is sexy. But Linda's, my sister, is classically beautiful." 

Aparte de los detalles comunes en tantas películas de acción y aventuras, no falta el detalle buenista para que durante el desarrollo de la expedición el científico paleontólogo con gafitas convenza a Zora (Scarlett Johansson) para que no gane ni un duro (aunque se habló en dólares de diez ceros) y así se pueda ceder globalmente el beneficio de la investigación científica sin patentes. La verosimilitud de todo ello es bastante endeble, pero ya se sabe que eso es lo de menos, porque lo que importa es que todo más o menos cuadre, aunque sea mentira. Exactamente como ocurre con lo que está en el aire. Los mismos que crean los monstruos mutantes y nos meten bróquil por todas partes nos van a salvar de la fibrilación auricular y la isquemia crónica.

***

Hace poco, era sábado y fue este invierno, me sorprendió ver una cola ante la puerta del edificio histórico de la Universitat de Barcelona (UB). Para ser un examen se les veía relajados. La cola era gruesa y rodeaba ya el chaflán con la calle Aribau. Nos acercamos y ya a mitad de camino vimos gente con orejas de elfo protéticas y alguien con un vestuario que no me veo capaz de definir. En la puerta una ujier nos comentó que iban a firmar libros dos o tres autores cuyos nombres me eran totalmente desconocidos. Intento recuperar el hilo del asunto en internet, pero como el acto no estaba patrocinado por la UB y no tengo ni idea de quien lo organizaba, es poco factible identificar el evento.

Al parecer en la novela fantástica lo mismo entra Harry Potter como Ray Bradbury o George Orwell, cosa que ya indica poco más o menos que lo que pasaba con la novela histórica, que todo cabe, siempre que la temática sea la propia. De hecho, hasta la Odisea puede considerarse una novela fantástica. Pero me temo que los lectores que yo vi este invierno ceden su entusiasmo a unos libros muy voluminosos y que, como en Xena: la princesa guerrera, nos encontramos cosas de la época micénica y cosas de la época medieval, todo junto y mezclado con fenómenos maravillosos. A lo mejor cuando llevas tres o cuatro libros de estos leídos te enganchas y ya no puedes leer otra cosa. A mí me daría más bien por la novela negra. Los de la cola, por cierto, parecía que mucho no les daba el sol.

Fotograma de Jurassic World. Rebirth

(c)SafeCreative 2507092444234