“Es posible que [Andrew] Keen, al igual
que Borges, peque de elitista y conservador. Pero en su último libro, The cult of the amateur (Doubleday,
2007), critica la citada democracia cultural de la Web 2.0 de modo demoledor.
Keen arremete contra toda buena parte de los aficionados que escriben blogs,
graban y cuelgan sus videos de YouTube o aportan sus críticas literarias a
Amazon”. “Estoy en contra de la idea rousseauniana de que la inocencia es mejor
que la Ilustración”, dice Keen. Y, además, abunda la impostura: ¿cómo sabemos
que la crítica de un libro que leemos en Amazon no ha sido colgada por su
autor?”
(La
Vanguardia, 15 de agosto de 2007)
Hoy el libro de Keen, subtitulado How today’s internet is killing our culture,
se vende en Amazon por 15,61 $ (sin gastos de envío). A cambio, hay colgado
en Youtube un vídeo de una
hora. Es su presentación del libro en los Headquarters de Google en California,
en junio. El vídeo, además de la gratuidad, añade elementos importantes, como son los de ver en vivo al
angloamericano desabrido. Y eso no tiene precio.
Todo me hace suponer que Jean-Jacques
Rousseau estaría encantado con la Web 2.0. Prometo haber leído su Émile y hasta parte de Les confésions, por lo nada
me hace creer que Rousseau defendiera la inocencia antes que la Ilustración, o
que elaborara una frase por la cual pudiéramos pensar que la inocencia es mejor
que la Ilustración. Es una afirmación que no podría atribuírsele ni a Voltaire,
porque es demasiado agria.
Rousseau, como Borges, es citado a
diestro y siniestro, para defender unas ideas y sus opuestas. Rousseau lo mismo
estuvo en el Índex librorum prohibitorum
de la Inquisición (hasta 1966, cuando Pablo VI lo clausuró), que está muerto de
asco en una biblioteca universitaria.
A veces parecería que nuestros profetas
del caos desean un Santo Oficio 2.0., un tribunal donde examinar la probidad de
los escritores aficionados y los tratos de la canalla letraherida con el
“diablo” o con la propaganda encubierta. Al profeta del caos le gustaría que el
tal tribunal mirase con lupa y con telescopio supuestos fraudes, y atrapase deslices
e ingenuos errores de la fulaña. Los profetas formados en la Universidad, una
institución vieja –aunque no tanto como la Iglesia- y que, como la Iglesia,
apenas ha evolucionado, podrían aspirar a controlar la futura Web 3.0. o Web
3.1. con las artes de toda la vida.
Andrew Keen ignora, en los dos sentidos
de la palabra ignorar, que la cultura es por lo menos dos cosas: supervivencia
y diálogo. A quien no le interesan las personas, no le interesa la cultura.
Un vistazo, ni que sea superficial, por
las principales Historias del libro, incluso las que se editaron antes del
advenimiento de internet, permite comprobar las dificultades que ha habido para
la supervivencia de los textos (por no hablar de los que ni siquiera llegaron a
publicarse) y cómo el diálogo se ha visto amenazado por los poseedores de la
verdad o por los que no tienen el menor interés por otros puntos de vista menos
privilegiados.
En los libros sobre libros, en los
libros sobre historia de la escritura, o sobre los soportes documentales, o sobre las bibliotecas públicas y privadas,
se explica la destrucción y el saqueo de colecciones preciosas que en algunos
casos provenían a su vez de otros saqueos.
En esos libros se explica cuántas ovejas llevaba hacer un códice con
Aristóteles o una Biblia en pergamino. Hoy en día, cuando publican hasta las
mujeres, que ya es decir, por lo menos se puede hacer sin sacrificar ni ovejas
ni corderos ni calamares ni árboles.
Un día noté a faltar en una librería,
en una gran librería, los sonetos de Shakespeare. El dependiente parecía la más
detestable mutación del telefonista de un call
center: ausente, impermeable, con la atención perdida o imantada a la
pantalla del ordenador, ajeno no sólo a las sutilezas de la poesía isabelina
sino a los rudimentos mínimos de la cortesía. Desde entonces sólo acudo a las
librerías cuando no hay otro remedio. Me gustaban más las librerías de hace
apenas 15 años, que han ido desapareciendo junto con sus libreros y, por
pequeñas que fueran, con sus sonetos de Shakespeare. Pero, no hay mal que por
bien no venga, y todo Shakespeare está en internet. Y mucha música escrita de
otra manera inasequible.
Se queja Keen de que en la Wikipedia
“la voz de un estudiante de secundaria tiene el mismo valor que la de un
erudito universitario o que la de un profesional con experiencia [...] Con sus
millones de editores aficionados y su contenido poco de fiar [sic] Wikipedia es
el decimoséptimo sitio con más visitas de internet, mientras la Enciclopedia
Británica, con sus cien premios Nobel y sus 4000 expertos, está en el lugar
5.128 de la lista”.
Es cierto que la Wikipedia está
pasteleada por Google, como también lo es que la Encyclopaedia Britannica es de
pago (la subscripción es de 51 € al año). El buscador más socorrido e
inevitable de la red da indefectiblemente el mayor peso a cuanto se publica en
la wikipedia. La wikipedia se ofrece en infinidad de idiomas. Hoy “Andrew Keen”
no está en la Encyclopaedia Britannica, mientras que sí que está en la
Wikipedia. Está claro que los buscadores o metabuscadores deberían ser más
inteligentes. Pero, ¿tiene sentido pasar por el proceso editorial y todas las
humillaciones que conlleva un libro con su ISBN y su Depósito Legal y sus
correctores y su promoción, cuando hay sistemas instantáneos, cuando esos
sistemas aseguran supervivencia y diálogo? Por lo demás, un Nobel lo es por ser
bueno y no se es bueno por ser Nobel. No hace falta cacarear tanto el valor,
cuando lo hay.
Sabe Keen que la impostura, el plagio
y el autoplagio, la inanidad y lo que él –bárbaramente, anglófonamente- llama
“cacofonía”, ha existido siempre. También sabrá, a no dudarlo, que hasta la patulea sabe lo que es bueno. La
patulea, la fulañita, sabe advertir publicidad encubierta incluso mejor que un
erudito universitario avezado advierte
el prestigio cuestionable de una idea que tiembla en la pura base.
The cult of the amateur es la respuesta a The long tail, de Chris Anderson, que representaría al idealismo y
a los valores democráticos de internet. Cada maestrillo tiene su librillo. La
respuesta de Keen me hace pensar en un versículo de la Biblia en donde el sabio
Cohélet nos dice: “He visto que todo afán y todo éxito en una obra excita la
envidia de unos hacia otros. También esto es vanidad y atrapar vientos”
(Eclesiastés 4,4). El versiculo procede de la versión de la Biblia de
Jerusalén. La de Monserrat varía: “M’he convençut que tot el treball i tot
l’èxit d’una obra no és més que gelosia d’un home per un altre. També això és
vanitat i un afany buit”. Ya sé que la divergencia entre ambas versiones es
mínima, pero la versión en catalán da a entender no sólo que los trabajos
producen envidia, sino que además vienen de la envidia.
En cualquier caso, lo importante es
pasárselo algo bien. Tengo la sensación de que los profetas del caos y la
anarquía como Andrew Keen no se lo pasan bien. La cosa universitaria y erudita
les hace medirse continuamente a sus colegas. Como en el fútbol. Tengo, sin
embargo, la sensación de que no disfrutan.
Ilustración de Gerhard Glück
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