15/11/08

Perdidos en el espacio

 No como el mítico gigante griego de bronce,
De miembros conquistadores a horcajadas de tierra a tierra;
Aquí en nuestras puertas del ocaso bañadas por el mar se erguirá.
Una poderosa mujer con una antorcha cuya llama
Es el relámpago aprisionado, y su nombre.
Madre de los Desterrados. Desde el faro de su mano
Brilla la bienvenida para todo el mundo; sus templados ojos dominan
Las ciudades gemelas que enmarcan el puerto de aéreos puentes
"¡Guardaos, tierras antiguas, vuestra pompa legendaria!" grita ella.
"¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres
Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad
El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas
Enviadme a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades a mí
¡Yo elevo mi faro detrás de la puerta dorada!"

Emma Lazarus, El nuevo coloso (al pie de la Estatua de la Libertad)



n esta vida nuestra es difícil que andemos acertados en el momento adecuado y que además por ende seamos oportunos. La mayor parte del tiempo por lo tanto estamos en manos de la rutina y de nuestros deberes o compromisos, y el resto del tiempo lo confiamos al ocio o a nuestros anhelos, pero no sé si vivir es eso. Ni tampoco a estar subidos en la oxitocina, esa hormona que procura unos colocones emocionales que ríanse ustedes de los 8 loopings del Dragon Khan del Park Aventura, en Salou (Tarragona). Por algo que no llegamos a saber bien cómo ocurre, a veces nos pasan cosas y a veces no. Y ni siquiera digo que sean cosas que nos resulten ventajosas o que nos resulten desfavorables. Simplemente, a veces parece que no se mueve ni el aire, y otras parece que todo se pone en marcha y hasta lo hace armoniosamente. Por armoniosamente me referiría tanto a la escena de sexo de Delicatessen como a cuando se escucha verdaderamente con la debida atención a Bach o a Beethoven –por un decir- y descubrimos que un haz de luz arrojada sobre la llave de un cajón, los gorriones, todo, imita y celebra algo que va más allá de la melodía. Un orden.

Nuestra vida deja muy poco espacio a la peripecia, al avatar, a la aventura. Hay el sucedáneo del turismo y el voluntariado, que a su manera es como un sucedáneo de la solidaridad y que tampoco no sé si es vivir. Si alguna cosa yo hice alguna vez acertadamente en el momento adecuado y oportuno estoy segura de que fue leer las novelas que se suelen catalogar como novelas juveniles. Tuve la suerte de que el marido de mi madrina nos pasó a mi hermano y a mí la prodigiosa colección que él había tenido de niño. Como tanto J.Mª como yo leíamos como maníacos, pronto nos habíamos leído todos los libros no una sino varias veces. Como tuve un par de accidentes, uno a los 9 años y otro a los 12, casi todos mis compañeros del colegio, de la calle y del grupo de boyscouts (sí) me regalaron libros. Por lo tanto reuní una colección creo que desproporcionada con respecto a lo que eran mis propios recursos económicos, y además sin duplicados. Los libros que más me gustaban eran la vida de Genoveva de Brabante, la Odisea, los Viajes de Gulliver, las 20.000 leguas del viaje submarino, Viaje al fondo de la tierra, Viaje a la luna y Robinson Crusoe. Leí la Odisea a los 13 años (por eso para mí sigue siendo sobre todo una novela juvenil de aventuras). Y su lectura me llevó a los 15 a las Metamorfosis y eso me arruinó el gusto, puesto que ya no fui capaz de leer según qué, de la misma manera que después de un buen vino o de una buena conversación ya no es fácil pasar por cualquier cosa inferior ni correosa. Después he leído hagiografías y, lo que es lo mismo, autobiografías. Lo bueno de las autobiografías es que con leer el primer párrafo sin salir de una librería es fácil darse cuenta de si lo que mueve al autor es una cuestión de vanidad y autocomplacencia o publicidad, o exhibicionismo, o si hay verdaderamente un trabajo de superación, de generosidad, de indagación o de meditación.
Como en la época juvenil, que al parecer los psicólogos suelen situar entre los 12 y los 17 años, tenía tiempo para todo, también disfrutaba de las series televisivas de aventuras. Tengo un recuerdo muy vivo de "Flipper", "Maya", "Daktari" y, en menor grado, de "Bonanza", aunque admito que estaba muy bien explicada y perfilada. Pero las dos series a las que, como se dice ahora, estaba “enganchada” fueron sin duda "Perdidos en el espacio" (Lost in the space) y "Viaje al fondo del mar". Prefiero definitivamente "Kungfu" a "Hechizada" o "Embrujada". Luego hubieron muchos héroes que se movían sobre ruedas y no me refiero a Ironside y a su maravillosa furgoneta adaptada, sino al Ford Torino rojo de Starsky y Hutch (el “tomate”) y el Peugeot 403 de "Colombo". También recuerdo vagamente "Espacio 1999" y "La mujer policía", pero nada me llegó a cautivar tanto como "Viaje al fondo del mar" y "Perdidos en el espacio":

"Serie producida en 1965 por CBS y emitida hasta 1968. Creada por el mago de la ciencia ficción Irwin Allen. Inspirada en la novela "Los Robinsones Suizos" de J.R. Wyss, la acción se desarrolla en el "futuro", y cuenta el proyecto del gobierno americano en el que se propone por vez primera, enviar al espacio a una familia con el propósito de colonizar nuevos planetas, ante la sobrepoblación de la tierra. La familia estaba encabezada por el profesor John Robinson (Guy Williams), su esposa Maureen, (June Lockhart), y sus hijos, Judy, Penny y Will (protagonizados por Marta Kristen, Angela Cartwright, y Billy Mumy), por último, el comandante Donald West (Mark Goddard), era el piloto de la nave espacial "Jupiter II". Su destino, un planeta habitable que gira alrededor de una de las estrellas del sistema de Alpha Centauri, a unos 4,5 años luz de la Tierra.

También viaja con ellos el maquiavélico Dr Zachary Smith (Jonathan Harris), contratado por una potencia extranjera para sabotear el viaje. Aunque finalmente sus planes son descubiertos, su ataque hará que la nave se salga de su trayectoria y comience a vagar sin control por el cosmos, quedando sus tripulantes perdidos en el espacio. A partir de ese momento, los Robinson tendrán que enfrentarse a numerosos peligros desconocidos, y siempre con el Dr Smith al acecho.La mascota del viaje era el inteligente robot 1a1998, programado en principio por el malvado Dr para matar a la familia, y controlado finalmente por el pequeño Will.”

(Viejas series de TV)

Reconozco de corazón que la nave Júpiter II de "Perdidos en el espacio" ahora parece una fiambrera, pero era maravillosa. Es verdad, sin embargo, que el no menos maravilloso sónar de "Viaje al fondo del mar" o el periscopio transportaban mi imaginación a las profundidades pelágicas de un océano más misterioso y cortocircuitante que el mismísimo firmamento. Y los perdidos en el espacio me sugerían todo lo que puede dar de sí un viaje. Las sirenas de Ulises hacen reír al lado de los huevos que descubre la capitana Ripleu de "Alien, el octavo pasajero" (1979). Y no obstante, cuando la computadora Madre de Alien despierta de su letargo artificial a los tripulantes del Nostromo, servidora no puede menos que acordarse de la isla de los lotófagos del principio de la Odisea, cuando al comer loto se desmemorian y no piensan en regresar a Ítaca. El letargo artificial de Alien ya estaba en cierta manera en "El planeta de los simios" (1968), ya que al principio de la película los astronautas están hibernados. No es casualidad que el coronel George Taylor (Charlton Heston) en la versión del libro en que está inspirado el guión (La planète des singes, Pierre Boulle) se llame Ulysse Mérou, de la misma manera que no es casualidad que el héroe principal de "Perdidos en el espacio" se llame John Robinson. Está claro que "2001 odisea del espacio"(1968) también retoma la historia del periplo de Odiseo-Ulises.

La idea de periplo no tanto como “recorrido o trayectoria espiritual de una persona” como de “viaje o recorrido, por lo común con regreso al punto de partida” alcanzó su versión más tremenda en "El planeta de los simios", cuando El coronel Taylor y Nova se encuentran con la Estatua de la Libertad semienterrada. La imagen de la pareja en la playa con el caballo ya es de por sí muy poderosa, pero el descubrimiento de Taylor de que están en la Tierra y no en Orión, es un fotograma definitivo en la historia del cine. Curiosamente, muy cerca del emplazamiento de la Estatua está la isla de Ellis, donde estuvo la principal aduana de Nueva York, donde entre 1892 y 1954 entraron 12 millones de pasajeros. Entre ellos habían multitudes de emigrantes europeos y entre esos emigrantes europeos, mi abuelo, que estuvo 25 años en la ciudad.

Me acordé de “Perdidos en el espacio” después de visitar a un amigo mío en una clínica de enfermos crónicos y terminales. Su mujer, también amiga mía, está con él todo el tiempo posible, porque en realidad eso es todo lo que se puede hacer por él. Después de un derrame cerebral masivo fue operado y aunque estuvo en coma inducido unos días, fue despertado y contra todo pronóstico sobrevivió. Vive, si es que eso es vivir, con una traqueostomía. Además lleva una gastrostomía para comer de unas bolsitas de nutrición enteral. Entiende pero no puede articular palabra y su estado no le permite caminar ni leer. Se hace entender con las manos y recibe todo el antidepresivo que se puede administrar a una persona. Pepe y María están perdidos en el espacio, están ahí a la vez varados y a la deriva. Muchos de los enfermos están enajenados, algunos están abandonados por sus familias y apenas reciben visitas. Unos pocos de los que están medio bien como para estar en las salas comunes o en la terraza de la azotea, se pelean entre ellos. Un día, uno de ellos se interpuso desafiante con su silla de ruedas (le faltan las dos piernas) en la entrada del ascensor y no dejaba entrar a nadie. No sé si hace falta decir que estos centros no son como el crucero del amor de "Vacaciones en el mar" (ya que hablamos de películas).

"Lost in space" (1965)

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7/11/08

Las señoras de la piscina

 "Triste é o cantar que cantamos,
máis ¿qué facer si outro mellor non hai?
Muita luz deslumbra os ollos,
causa inquietude o muito desexar.
Cando unha peste arrebata
home tras home non hai máis
que enterrar depresa os mortos,
baixa-la frente, esperar
que pasen as correntes apestadas...
¡Que pasen..., que outras virán!"
Rosalía de Castro

“¡Yo, que de un estropajo hago cuatro!”
Corona Senra



acía tiempo que en este blog no comentábamos una frase al vuelo, pero últimamente he oído dos sin desperdicio. Una la oí en la calle: “Yo mi sofá, mi mando, mi tabaco y, si quiero, un cortadito”. La otra la pronunció mi madre, cargada de razón: “¡Yo, que de un estropajo hago cuatro!”. Y es que verdaderamente los estropajos que usa, los de rejilla de plástico duro recogidos en forma de flor con un bodoque en el centro, son demasiado e innecesariamente grandes mientras están nuevos. Esta frase al vuelo, aunque está en un entorno sobre el que voy a escribir a continuación, tiene la propiedad de todas las frases al vuelo de tener por sí misma un significado poderoso y una sonoridad característica. Le pasa como muchas frases del Paradiso del poeta José Lezama que tienen una resonancia especial y que sugieren muchos sentidos. Por ejemplo aquella de “La caca del huérfano hiede más”.

La presión que estoy soportando es inhumana. Me explico: el día que las madres de España (esos seres de la mitología prerromana, esos pilares biológicos) se pongan todas de acuerdo y a la observación totalmente inofensiva de que “después de tamaño desayuno me vendría bien un cafelito” respondan “Pues te vas al bar”, ese día –digo- esto se hundirá irreversiblemente. La mía está en pie de guerra desde que sin quererlo ni beberlo le quitaron la tarjeta rosa que le daba derecho a usar los transportes públicos del área metropolitana de Barcelona gratis. Ahora, mejor dicho, su tarjeta rosa sólo le da derecho a adquirir la T4, que es la tarifa mínima. La cuestión es que le retiraron su tarjeta rosa, la buena, cuando fue al consejo del distrito a devolver la de mi padre, cuando murió en enero de 2006. El Ayuntamiento les había enviado la tarjeta rosa automáticamente a los dos cuando cumplieron 65 años. Alegaron que la administrada tenía dinero. Probablemente, pero la pensión que percibe no llega a 600 € y es menor que la percibían los dos dividida por dos. Cualquiera sabe que los gastos de agua, teléfono, electricidad, comunidad de vecinos, gas, etc. de dos personas vienen siendo iguales que los de una sola persona.

La primera reacción de mi madre fue la de dejar de reciclar. Es decir, la de tirar todo directamente en la basura sin separar los tetrabricks de la leche y las botellas de Fairy de los diarios gratuitos y la publicidad, las mondas de naranja y el marro del café. Nótese que la especificación de los desechos de mi madre es todo lo intencionada que parece, puesto que es una basura que refleja una actividad absolutamente impecable y de una persona que de un estropajo haría cuatro. La segunda reacción de mi madre, C.S.M., fue la de sacar el tema diariamente por lo menos una vez. Por ejemplo, si salía el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, por la tele, decía: “Ése, que cobra 178.000 € cada año, ¡más que ningún alcalde!, y le quita la tarjeta rosa a las viudas”. Habría que llamarlo "Jordi Eureu".

Como C.S.M. es lenta pero implacable, ahora está en el proceso de ir a reclamar hasta donde se pueda reclamar. Le sugerí –yo, que soy rápida pero inconsistente- que había una ley muy importante por la cual claramente lo que le habían hecho era ilegal o alegal o lo que sea que es. Me refiero al artículo 113.3 de la Ley 30/92, de 26 de noviembre Ley de régimen jurídico de las administraciones públicas y del procedimiento administrativo común:

“El órgano que resuelva el recurso decidirá cuantas cuestiones, tanto de forma como de fondo, plantee el procedimiento, hayan sido o no alegadas por los interesados. En este último caso se les oirá previamente. No obstante, la resolución será congruente con las peticiones formuladas por el recurrente, sin que en ningún caso pueda agravarse su situación inicial”.

En cualquier caso, siendo ella lenta y yo rápida, ella implacable y yo inconsistente, lo que tenemos en común es que somos de protestar y no de quejarnos ("ay ay ay ñi ñi ñi").

Como el tema le lleva a mal traer anda opaca y ensimismada, no explica mucho, pero le pregunté qué iba a hacer. Me dijo que ya se había informado y que tenía que ir a una oficina donde los Ferrocarriles Catalanes. Le pregunté que quien le había informado y me respondió “Las señoras de la piscina”, a lo que yo no me atreví a rechistar nada, puesto que la debilidad del argumento inspira una indefensión elocuente.

Lleva una mala temporada, sí. En el taller de memoria les pidieron que escribieran una historia que recordasen y la escribió de un tirón:
“C[…] S[…] M[…]. Nací en Finisterre el 20 de mayo de 1934. + Hija de marinero. A los 8-10 años que estábamos en plena postguerra hacía mucho frío y muy poca pesca. Es más, a veces salía a pescar y volvía de vacío. Recuerdo que mi padre llegaba con los ojos llenos de legañas y los puños rozados de la ropa de agua de remar y había hasta galernas. No teníamos para comer y menos para juguetes, que nosotros confeccionábamos […] Pero llegaba la fiesta de Reyes y los niños que sus padres tenían dinero les traían juguetes y a los pobres no nos dejaban nada. Teníamos en la parroquia un cura que se llamaba Don Juan Bueno y Bueno […] Llegó al punto de solucionarlo, supongo que le costó mucho tomar la decisión de decirnos que nosotros éramos buenos pero que nuestros padres no tenían dinero. Yo era pequeña pero me acuerdo que no sentó bien a todo el pueblo, pero yo pienso que no estuvo mal. El sentimiento que yo tengo es por mis padres lo que debieron sufrir […]” 

Nunca había visto un texto tan largo de mi madre, que sólo hace cuentas o listas de la compra y se apunta palabras que oye en la radio cuyo significado ignora, poco más. Pues entendió mal y el profesor pasó totalmente por alto el ejercicio. Yo sé que lo escribió en la mesa de la cocina porque había algunos trazos del mismo bolígrafo en el hule. Bueno, un chasco lo tiene cualquiera.

Esta anécdota ya me la había explicado a mí, que la recogí en este blog: “Me he acordado del P. Juan Bueno Bueno. Además de dos veces bueno fue breve, como si lo dijera Gracián, porque vivió poco. O, mejor dicho, vivió pocos años. Me sabe hasta mal hacer un chiste tan a huevo, pero es que es así tal cual lo digo. Era bueno. Fue párroco en el pueblo de mi madre después de la Guerra Civil, la guerra fraticida, ¿cuál no lo es? Un día, en un oficio de Adviento, le dijo a los niños: "Niños, los Reyes son los padres". Y es que al Padre Bueno le dolía ver que unos niños tenían muchos regalos y otros nada. Y le dolía ver que los niños pobres y los niños ricos encontraran en esa distribución de la riqueza o de la pobreza, respectivamente, alguna razón o alguna justicia (fuera humana o divina).” (El día más corto del año)

A C.S.M. no le va a gustar lo que estoy haciendo. No me refiero a este pequeño homenaje al Padre Bueno, sino a colgar un texto suyo en internet, un lugar que en general le parece una tontería y una pérdida de tiempo. Además no le gusta figurar en ningún sitio.

En la trayectoria de su vida el siguiente día remarcable fue cuando se comió un bizcocho entero en la casa del diputado para el que trabajaba en La Coruña. Si nos saltamos la boda y todo lo demás, ya nos vamos a otro hecho insólito, que fue cuando devolvió 500 pesetas a la RENFE al darse cuenta al llegar a casa –después de comprar un quilométrico- de que le habían dado el cambio mal. Nos estamos refiriendo a 500 pesetas del año 1965, que serían unos 125 euros de hoy. Pues le enviaron una carta y todo, anunciándole que su gesto de honradez había tenido eco en la revista "Vía libre", una publicación corporativa de la Red Nacional de Ferrocarriles Españolas. Ahora, según y como la RENFE se llama ADIF, sobre todo si se trata de atender a los del AVE, esos canallas insolidarios que se han quedado con gran parte de la Estación de Sants en Barcelona en detrimento del populacho inmundo que usa la líneas de largo recorrido habituales que me resisto a criticar. Éste tema sera tratado en otro momento, como creo recordar que se decía a menudo en La conjura de los necios.

Si pasamos por alto lo de la aluminosis en el Turó de la Peira en los noventa, y como le practicaron 70 catas al piso de mis padres, haciendo unos agujeros de unos 40 cm en el techo (cada cual a un metro cuadrado del otro), si pasamos por alto que estuvimos recogiendo polvo una semana y que tuvimos la suerte de no tener que apuntalar el piso, esa inmensa suerte fue desmentida por el entonces presidente de la Generalitat de Catalunya, cuando dijo: "Home, és que la gent hi posa pianos a les cases". Que yo sepa en el barrio sólo había alguna guitarra, o armónicas, zambombas o flautas, pero ¡¿pianos?! Eso donde vivía él, en la Ronda de Dalt.

El siguiente trance en la vida y milagros de C.S.M. se produjo durante los 6 años de la enfermedad de mi padre y después ya nos vamos directamente a la viudedad y a lo de la tarjeta rosa. Ah, y cada cierto tiempo, mi madre -con quien comparto la titularidad de mi cuenta corriente- tiene que presentarse en la oficina bancaria para dar fe de vida. Esto ocurre cuando el cajero automático de "la Caixa" me indica desalmadamente: "Retire su dinero. Por favor, el titular de la pensión o el seguro debería pasar por cualquier oficina para comprobación de datos."

Por todo esto, por una vez me he decidido a hablar de un tema personal. Por favor, digo yo, un respeto por las señoras de la piscina. Vale ya.

Beatrix Potter

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