15/4/20

Los bienes de interés local y los males de interés global




erá hace unos 20 años cuando en mi trabajo habitual teníamos una gotera de aquellas que cuando llovía reaparecía y siempre por un lugar nuevo. Mi terminal no era la peor, pero adopté la costumbre de cubrir la pantalla y el teclado con dos plásticos siempre que acababa la jornada, para resguardarlos un poco. Cuando volvía los recogía y los dejaba a un lado doblados. Un día mi compañera me hizo ver que doblaba mis bártulos como se suelen recoger los paños de la misa (el manutergio, y el corporal sobretodo). En realidad yo lo doblaba no con unción sino con cuidado, como había visto doblar el género en la tienda de mis padres. Las toallas, las bragas, los delantales, las camisetas, los paños de cocina, todo. Como en mi familia no ha habido ningún sacristán ni sacristana, pienso que es lo más seguro que mi costumbre se asimilara más a lo que había aprendido en nuestro negocio familiar. No es difícil pero imprime estilo.
Anteayer recordé ese caso cuando vi un vídeo de Gèneres de punt La Torre. No el que enlazo sino el que tan amablemente me han dado permiso sus propietarios para enlazar aquí. Está tienda centenaria está tocando la Plaza Universidad y está considerada un Bien de Interés Local y un comercio emblemático porque mantiene prácticamente intacta la tienda original. Los productos que se ofrecen son además todos de calidad. Y la atención al público también.
Como yo he vendido sé un poco lo mucho que ha cambiado el panorama comercial, como ha cambiado en general todo lo que tiene que ver con la atención al público. Y no sólo por las tecnologías de la información, es que entidades como las bancarias van cambiando su orientación o la imagen y nos lo hacen notar al imponernos unos modelos que además escenifican con el mobiliario. Ya no quedan en las escasas cajas de ahorros que han sobrevivido los embates de los tiempos las ventanillas, ni aquellos escritorios en mármol donde rellenar impresos con un bolígrafo ligado a un soporte.  Desaparecieron las mamparas de fieltro renegrido que reorganizaban los espacios de los cajeros y los de los directivos, la ergonomía pesada. Van anulándose las mesas encarando una silla (la del asesor) y dos sillas (las de los clientes) a favor de modelos en los que aún no nos hallamos, como el que actualmente se da en los stores de Caixabank. No sabemos bien si los empleados que ahora nos atienden son trabajadores (asalariados por extrañas fórmulas de autoempleo) o una especie de intermediarios que no destacan por su cercanía sino que adoptan una actitud de profesionalidad líquida, versátil, pero también ambigua. Ahora los "profesionales" manejan un abanico de unas 25 frases y las repiten en toda situación. No meten la pata, jamás abandonan el camino trillado, pero tampoco convencen.
La ebullición de la venta en línia a través de plataformas con clara potencia monopolizante vino precedida por una temporada con una especie de dependientes a quienes les era indiferente si te podían ofrecer o no el producto que pedías. No se molestaban en ofrecernos una alternativa o en perseguir nuestro deseo para conseguir el artículo en cuestión. A mí me han llegado a hacer hace poco una venta sin dejar de atender el teléfono y casi sin mirarme. La incomodidad que causa una situación así es mínima en el sentido de que no altera nuestra autoestima, pero va abriendo espacio a la opción de realizar compras sin tener que interactuar con personas puesto que no añade valor e incluso hace aborrecer el trato con desconocidos a los que parece que inspiramos fastidio.


odo tiene que ver con elamor al oficio, además de que haya una habilidad social mayor o menor con el público. Para vender hay que defender lo que se vende, saberlo presentar, cuidarlo. ¿Cuántas veces no le oí decir a mi madre que si estaba con la moral baja perdía la ilusión por la venta y que eso repercutía en las ganancias?
En mi trabajo, donde es muy importante elfactor humano, percibo que a veces algunos usuarios nos ven a los que les atendemos como una molestia en vez de como una ayuda. La gran mentira que a veces esconde la revolución tecnológica  preferir rellenar un formulario donde la magia materializará sus aspiraciones, y ven al intermediario como una barrera muy irritante. Los más ingenuos pueden llegar a creer que si no tenemos una maravillosa página web donde puedan proyectar sus pretensiones es porque estamos desfasados. De hecho yo creo que a la larga algún día se usará algún chisme que colme esa magia que eludimos. Pero será perverso y sólo servirá para enmarañarlos y entorpecer o llevarlos a un atolladero, generar estadísticas y estudios de mercado, o desesperarlos. 
El cuidado de los instrumentos y herramientas de trabajo, el método, la economía de materiales y gestos, la capacidad de transmitir confianza, fiabilidad, facilidad, etc. es algo que debería transmitirse cuando aprendemos a ejercer un trabajo.
Y otra cosa que he aprendido en mi trayectoria laboral es que un buen profesional siempre respeta a otro buen profesional, aunque sean del mismo sector o no.
En mi opinión la tendencia actual de contar antes con el número de contactos o likes que con su experiencia (especialmente la buena) será pasajera, aunque no es del todo desdeñable. Todo eso cansa. "Menos es más".
El vídeo que añado hoy al álbum es un perfecto ejemplo y modelo de cómo envolver bien una venta sin trampa ni cartón.

Vídeo de@generesdepuntlatorre en Instagram

(c)SafeCreative 2212162885076 

12/4/20

Alarma, karma, alma




emanas atrás me pesaba la sensación de tener todo mi tiempo ocupado en trabajar, atender a mi madre, descansar, comer, trabajar, atendera mi madre, descansar, comer, y así siempre. Así que el confinamiento para mí ha sido en gran parte algo deseado, aunque estoy trabajando semana sí, semana no. Es ideal para mi manía de la responsabilidad ética poder trabajar, aunque no soy propiamente esencial y solo ayudo a  los que sí lo son. Otra cosa es el horror que me inspira el panorama que hemos levantado entre unos y otros, y la intranquilidad que me provoca el escenario económico que nos va a quedar. El parón de la actividad empresarial, en especial la que depende del turismo, no puede tener consecuencias inmediatas temibles, pero las consecuencias a medio plazo sí lo son.
Ayer una amiga investigadora me pasó un texto que no sé si le van a publicar sobre la pandemia y su relación con la estabulación intensiva y los mercados asiáticos de animales vivos. Le he sugerido que lo ofrezca a algún periódico de la prensa generalista, pero me temo que el texto lo tiene comprometido y por tanto encallado. Me comenta que no introduce ninguna idea nueva, y es cierto. De hecho hasta Frank Cuesta hace más de un mes ya hablaba con Federico Jiménez Losantos de los pangolines. Resalta el silencio de los científicos, investigadores, médicos, biólogos, veterinarios y demás profesionales relacionados con la salud. Eso al lado de la teoría conspiranoica de que es la propia ciencia la que ha estado desarrollando virus de laboratorio, teoría que nos haría clamar por una sociedad donde lejos de haber más ciencia querríamos menos ciencia. Los científicos o los investigadores comunican sus logros y sus hallazgos pero en general no parece que se impliquen con la realidadsocial y económica. En realidad sus detractores al verse atacados por su quehacer alternativo suelen esgrimir que las profesiones de la salud apoyan la industria farmacéutica. Todo son palabras gruesas, todo es demasiado denso.


Como estos días he vivido con el alivio de que me llegaba el día para hacer todas las cosas que quería hacer, hasta he pensado mucho. O habría que decir que he pensado poco pero en un solo tema, que no es ni lo de los pangolines ni lo del turismo ni lo de los investigadores. He pensado en el famoso karma. Lo primero que pienso es en cómo se ha ido introduciendo la idea del karma en nuestros días, siendo como es una noción budista o hinduista. Tal vez por su exotismo y por estar desprovista de los matices negativos de la doctrina cristiana, se ha impuesto incluso en conversaciones tan accidentales como las que se mantienen en un ascensor. Está mal visto invocar a Santa María, pero si recurrimos al karma como broche de una frase quedamos hasta bien.
La idea de que quien mal anda mal acaba, o de quien a hierro mata a hierro muere (Qui gladio ferit gladio perit) no es oriental en exclusiva, lo que es oriental es aplicarla a la reencarnación. Así dicho de una vez y sin demasiado detenimiento. Pero reconociendo que las cosas son así, tampoco hay que descartar la suerte (tanto la mala como la buena). La teología católica mantiene la gracia y las virtudes infusas, con las que estoy más dispuesta a comulgar. Más que nada porque he presenciado demasiadas veces el engreimiento de quienes creen que el fruto de su esfuerzo es por su único mérito (Work, work, work) y la frustración de quienes trabajan para nada o para que se apropie de su trabajo otro más listo. Los del karma dirán que el fruto de los engreídos se verá más adelante, cuando se reencarnen en un pobre animalito encerrado en una jaula sucia. Como si un animalito además tiene que cargar con el alma de un desalmado.

Der Maler im Garten (Carl Spitzweg,1865-1870)

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