31/3/13
La página en blanco
29/3/13
Tantos tontos

o bueno de hablar con la gente es que siempre se pueden tener otros puntos de vista. Claro está que con algunas personas todo es tan previsible y tienen las conexiones sinápticas tan petrificadas o simplificadas que no tiene interés ni aliciente mantener conversación alguna ─más allá de lo que dicta la mera convivencia─ e incluso hay que evitarlas en lo posible. Creo que fue este verano, mientras descansaba en el salón-comedor de mi madre, viendo "Autopista hacia el cielo" (1984-1989), aquella serie televisiva donde Michael Landon hacía de ángel enviado a la tierra junto a Victor French. Ya es bastante desconcertante que los actores que habíamos visto como vecinos en "La casa de la pradera" (¿1974-1983?) los veamos más o menos igual pero en otros contextos dramáticos y en otra época, como para además ser totalmente descolocada por algún comentario de mi madre. En un momento dado, una pareja madura, que se había distanciado porque él estaba muy dedicado a su hijo en coma, se reencuentran tras un tiempo de separación. Se les ve en un acantilado recuperando el tiempo perdido, la mar de amartelados, y de repente mi madre dice claramente: "Ahí tiene que haber mejillones". Ella a lo suyo.
Hoy, a cambio, hemos visto una de esas películas de la historia sagrada, In the beginning (Kevin Connor, 2000). Cuando se llega a la escena de Putifar y José, hijo de Isaac y Raquel, mi madre ya hacía rato que había perdido el hilo y no es de extrañar y se pensaba que Isaac aún era Abraham. Pues bien, cuando Moisés se despierta y ve la zarza en llamas, mi única madre me dice: "Se le incendió el único árbol que tenían". Estas películas la verdad es que ganan mucho con estas observaciones porque ya no me impresiona ni el éxodo del pueblo elegido por el Mar Rojo ni las siete plagas ni nada. Reparo como mucho en el tocado del faraón, o el parecido de un general con Falete y en las plumas de avestruz que portan los esclavos; todo lo demás ya me aburre.
A estas alturas de la vida una ya está un poco cansada o aburrida, la verdad, de oír siempre los mismos argumentos tan desgastados, abusados e irrecuperables. Además llega un momento en que todas las personas que no nos hemos conformado con la indigencia cultural, que nos hemos resistido un poco a la pereza mental y demás, descubrimos que hay gente que se supone que tiene su formación universitaria o casi confunde no ya los chinos con los japoneses, sino incluso a los indios con los magrebíes y ya no digamos la velocidad con el tocino y el culo con las témporas. Además del punto de vista hay más cuestiones, la de la "petrificación", palabra que reencontré hoy en mi relectura de Proust.
Uno de nuestros autores preferidos franceses acabaría sabiendo qué era el teatro. Y a pesar de las comedias de errores o de alguna escenografía vanguardista o experimental, de las que eliminan paredes o por el contrario las añaden donde no las habían, el teatro sigue ofreciendo un punto de vista dominante que pretende atraer y magnetizar la atención del espectador. La libertad de los sentidos en la calle es tan abrumadora que aunque estemos pendientes de que no nos atropelle ningún ciclista o no nos roben los descuideros, o de lo que oímos en el MP4, siempre recibiremos muchísimos estímulos. De ahí que me parece imposible que desaparezcan las procesiones. Entre otros motivos, por su eficacia dramática. Al parecer proceden de los triunfos romanos.
Hoy me pareció ver en un edificio en la Avenida del Paralelo un señor que desde su balcón hacía fotos. Para tener la certeza le he hecho una foto al edificio y luego al magnificarla he comprobado que efectivamente estaba haciendo una foto. No a mí, ahí está el asunto. No comprendo cual era su punto de vista y si hacía fotos de la calle porqué las hacía tan abiertamente. O, mejor dicho, su punto de vista sí está claro, pero no su objetivo, que eso en materia de opiniones (volviendo al principio del cuento) también tiene su aquel. ¿Por qué se adopta un punto de vista y no otro? La mayor parte de las veces es cierto lo que dice la sabiduría popular de que se critica aquello de lo que se adolece. No es fácil.
Algo que me tiene totalmente desconcertada es lo de las direcciones de las calles. No me refiero a si son de subida o de bajada, a cómo van los números o la ruta de los autobuses y demás. Me refiero a que, por ejemplo, cambia mucho hacer las Ramblas desde la Plaza de Cataluña hasta las Atarazanas o hacerlas al revés. Aparte de que en la última opción hay una ligera subida, cambia la luz, cambia la afluencia de la gente, e incluso el tipo de gente que sube o baja. No sé si sirve por toda explicación una foto que tomé este mediodía desde el mismo punto de la Gran Vía. Es decir, parecería que tendría que parecerse más lo que dejaba atrás a lo que pasaba adelante. Pues algo sí, la verdad, pero la sensación es tan distinta que sobrecogida opté por tomar el metro.
28/3/13
La Filología en dos tardes
yer me acordé de "The Itchi and Scratchy movie", que son los dibujos animados que a veces vemos en esos otros dibujos animados, "Los Simpson", dentro de la serie "Krusty el payaso". La serie trata sobre un ratón azul (Itchy) que siempre está intentando matar a un gato negro (Scratchy) y es como una parodia de "Tom y Jerry". En la Wikipedia se dan muchos datos sobre este modelo de la ficción en la ficción y sobre este ejemplo de lo que da de sí la industria de la animación con criterios poco edificantes. Me acordé porque hace cosa de cuatro años le sugerí a una porteña si la palabra que ellos usaban para referirse al "escrache", para la que no encuentro equivalente en el español europeo, no tendría alguna relación con el inglés scratch ("rascar, rasgar"), habida cuenta de que el lunfardo se nutre de "materiales" de diferentes procedencias. En la lengua o en las lenguas, lo mismo nos encontramos -mal comparado- muros de mampostería (los hechos con piedras de diferentes tamaños) que en opus testaceum, puesto que la tendencia natural de todas las lenguas es la de regularizar todo. Ana, la psiquiatra porteña, ferviente opositora de los dominadores estadounidenses, convino que bien podría ser que fueran palabras emparentadas. Ayer encontré en el muro del Facebook de una amiga el comentario que reproduzco íntegro y que de alguna manera si no demuestra sí ilustra el significado original de la palabra. Tomo del primer diccionario de lunfardo que me encuentro sin mucho buscar un retazo de varias palabras en su desorden alfabético.

Así que bien puede ser lo que señalaba la señora de Facebook, que la palabra se ha ido independizando de sus significados originales, y ha llegado a nuestra orilla junto con una estrategia activista que cuenta con simpatizantes y con detractores, pero siempre sin haber perdido el espíritu de la onomatopeya. La discusión, a cuento del escrache de González Pons, como suele ocurrir últimamente con casi todo, se ha salido de su justa medida y cualquier opinión al respecto ya está matizada por ecos y reverberaciones partidistas bastante distorsionantes, medio en el que no se realzan las precisiones filológicas sino todo lo contrario. Es como hablar del arte del destazado o del templado de una navaja o la ergonomía de sus cachas, cuando el tema es un descuartizamiento criminal y alevoso con ensañamiento psicopático.
Pero,
siguiendo con otras pequeñeces, también reparo en algo que noté ayer referente
a unas declaraciones de Marta Rovira (portavoz de ERC), que
trascendieron a través de "La Vanguardia". Se trataba de la pregunta
que plantea su partido para la consulta soberanista, que "La
Vanguardia" tradujo literalmente "¿Usted cree que Catalunya
debería ser un Estado independiente?". Me extrañó que la traducción
empleara la forma "debería ser" y comprobé en la fuente (Vilaweb) cual era la forma original, que resultó ser 'Vostè creu que
Catalunya hauria de ser un estat independent?'. Y esa forma me
concordaba mejor con lo que está en mi competencia lingüística de
catalanohablante. "Deu ser" es una forma tan correcta como "ha
de ser" o "té que ser", pero aunque son expresiones equivalentes
no son idénticas. Tal vez las diferencias no están tan connotadas como en
las formas con las que cuenta otro idioma, el inglés, para sugerir, impelir,
etcétera, pero algo hay. Por lo general en un nivel Intermediate se
nos exigirá que nunca empleemos el must como si fuera una
construcción con would, mucho más obsequiosa y blanda o polite.
Pero, claro
está, lo más llamativo de la trabazón de la frase es que va introducida por el
verbo creer, verbo unívoco donde los haya, que no obstante
apela más a la emoción que a la razón, que mezcla la voluntad y el deseo. La
frase está pergeñada de manera que la recorren dos impulsos, el de creer y
el de haber. Es algo menor -de pequeña filología- en lo que yo
vengo reparando desde hace unos años. Después de satisfacer un test psicológico
de cosa de 250 preguntas o más, le hice notar a un psicólogo que la mayor parte
de las preguntas tenían dos partes, una que apelaba a la impulsividad y
otra a la razón, de manera que bien podía contestar -por volver al ejemplo-
a creer como a haber. Esta cisura no sería
tan evidente si se hubiera empleado la fórmula "Está usted a favor" o
cualquier otra forma tan operativa como la de "creer" pero con una
función más incidental.
A todo
esto, para mí, sin entrar en más razones y respetando las que puedan
tener los demás, la pregunta no deja de ser como un mal koan, esto
es aquellas preguntas absurdas que los maestros del zen sugieren a sus alumnos
para comprobar sus progresos en el arte de soslayar todo pensamiento ilusorio.
Un clásico de estos enigmas o adivinanzas es que el maestro dé
una palmada y pregunte al alumno cómo sonaría con una sola mano. Marguerite Yourcenarabre
su autobiografía con un koan: "¿Qué cara teníais antes de que vuestro
padre y vuestra madre se hubieran conocido?" ("Quel était votre
visage avant que votre père et votre mère se fussent rencontrés?").
Pues eso. Hay preguntas sin respuesta, respuestas sin pregunta y luego hay por
último preguntas como las que les dije. Aquellas.
23/3/13
Bic naranja, bic limón

22/3/13
El caldo suave
a trajimos al álbum alguna vez algún retazo que le quitamos a Pilar Álvarez-Castellanos de su muro y que serían muy del gusto de dos de mis escritores preferidos del Nuevo Mundo, Jorge Amado y José Lezama. Pilar las más de las veces scrabbleliza el teclado y deja palabras que me cuesta reconocer unos instantes. El otro día me llamó "Martas", por ejemplo, pero el texto sobre su punto del caldo lo escribiría con menos precipitación, aunque sin parsimonia ni mucho menos afectación. Ahí queda como muestra de lo que dan de sí en el mejor de los casos los rincones de Facebook.
Ayer, mientras escuchaba esos programas radiofónicos que no me interesan, para relajarme, oí una escritora que acababa de presentar un libro en Siruela. Un día por cierto vi al conde de Siruela, su fundador, en la Rambla de Cataluña. No sé si saben que es Jacobo Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, esto es uno de los hijos de la actual duquesa de Alba. Se metió en el hotel Murmuri, cuyo rótulo recuerda el enunciado de la declinación de la palabra ratón en latín (Mus -muris) más que la palabra "murmullo" en catalán. Ya la editorial me trae esa retahíla de nociones de sofisticación rebuscada como para que la autora del libro presentado se pusiera a defender las virtudes de su novela negra, escrita a cuatro manos con otra escritora alemana. Por si tenían alguna duda se trata de un thriller filológico. Sí, "filológico", no "psicológico". Estos digamos experimentos no me atraen tanto como aquel un tanto mefistofélico de los "cadáveres exquisitos" o cadavres exquis surrealistas, que Lorca y Neruda llamaron "poemas al alimón".
Si algo
bueno tiene lo de escribir es que no se molesta a casi nadie, es una labor
solitaria y de escaso gasto. No me tienta trasladar el caso a la música, donde
los solistas pueden disfrutar al tocar con otros instrumentistas o al hacer un
coro o un cuarteto o ni que sea una rondalla de cuerdas. Los músicos, a
excepción de los compositores, suelen interpretar, no crear (sobre todo si no
entramos en otros inventos, que también los hay). Diría que lo de escribir a
cuatro manos entraría en la esfera de los happenings, los flashmobs y
-como diría Rose Velz [cuenta suspendida]- de las chocolatadas. Así que aparte de los cadáveres
exquisitos y mi coleccionismo de frases que cojo al vuelo en
la calle, las citas y algunas frases de Pilar, este blog es personal y
particular, como en un principio lo fueron todos. Luego han habido no ya blogs
institucionales sino incluso de pago, esto es a sueldo.
Pero mi
tema de hoy no es el de las sinergías, sino que va por donde iba el
caldo de Pilar, que por cierto no he catado. Apunta que no lo vigila porque al
"final no distingues matices" y muchas más cuestiones que son -si
quieren- una buena lección de como estar en este mundo. La forma de estar en la
cocina es digna de notar, porque allí se aprovecha todo el tiempo pero sin
apurarse y se hacen incluso varias cosas a la vez, aunque sea vigilar el fuego
y fregar los cazos o cambiarle el agua al canario. Yo alguna vez he
hecho de pinche de gente que sabe cocinar y he actuado con la mayor invisibilidad
e intangibilidad posible, simplemente obedeciendo lo que se me indicaba.
Obedecer, cuando se tiene quien sabe dar bien las órdenes, no es mala cosa y
permite dejar la voluntad a un nivel de latencia que tiene su gusto. "Dios,
qué buen vasallo, si hubiera buen señor".
Intuyo que
Pilar se mueve en la cocina con escasa artillería de aparatos y andróminas y
que usa lo que tiene a mano, cuestión que también es para mí uno de los grandes
atractivos de la cocina (para la que estoy más que negada). Me gusta el
quehacer de aprovechar lo que se tiene y saber darle un buen fin a las cosas.
La idea de que en una cocina entre una checklist o una ficha
con una receta me desagrada por eso, porque la comida se hace
con comida, básicamente.
Guardo en
mi casa una gran variedad de tuercas, diferentes tipos de papel, pedacitos de
telas, muestras de cuero, lápices sinfín, arandelas, al objeto de tenerlos ahí
para algún día darles uso. A veces me hago una carpeta y tengo el cartón de la
base, el papel para forrarla, pero no encuentro las vetas que quisiera ponerle
para liarla. Entonces guardo el material y espero que aparezcan las vetas. Así
hago con todo, aunque hay materiales e ideas que tengo guardadas desde ya hace
tanto tiempo que no veo el día que podré usarlas.
Hace tiempo
también disfrutaba mucho con la opción contraria, la de encontrar lo que no
sabía que existiera. Iba al Servicio Estación, en la calle Aragón
cerca del Paseo de Gracia, y algunas veces encontraba algo que se correspondía
de alguna manera con lo que ya había necesitado o imaginado. No quieran saber
qué alegría. Y pienso que con esto de los tornillos y los cartones pasa como
con los amigos o los amores, que a veces hay que dejarlos estar y otras se
encuentran.

_____
(*) “Un
hueso de ballena grabado, una caja de cigalas momificadas, un amuleto egipcio,
una máscara Tatanua, un erizo de mar fosilizado, una pintura de Joan Miró, una
muñeca maya, los cantos rodados de un río, un cuadro de Francis Picabia, una
máscara iroquesa, una caja de mariposas… El conjunto, compuesto en función de
un extraño capricho, de un orden paradójico, que entrelaza los recuerdos
personales y el respeto debido a las potencias ocultas, a las leyes del
magnetismo, a las sorpresas del azar. El “muro” de André Breton, como un
desafío lanzado al museo de arte moderno, como el corazón, aún caliente de un
reactor de muy alta energía”.
20/3/13
El tránsito
oda la imaginería religiosa que hay, en monoteístas y politeístas y hasta en las religiones sin Dios alguno, es -como diríamos en Barcelona- brutal, esto es numerosa. Probablemente si descartaramos del arte todo cuanto es de tema religioso quedaría menos de la mitad, pero antes tendríamos que determinar qué es artístico y qué no y qué es tema religioso, y cualquiera de esos preliminares me sume en una mezcla de pereza, aburrimiento y desesperación. Viniendo como venimos del asco que inspira una hormiga reina de 30 años de vida, se dirá que la tarea no es tan tediosa como en principio se podría presentar, pero ¿a quién favorecería?
Aquí tenemos colgado algún cuadro religioso. Me acuerdo de Ganesha, el dios con cabeza de elefante que tiene un ratón que le acompaña, talmente como el ratón Timoteo acompañaba a Dumbo. Se suele decir que los elefantes temen a los ratones porque saben que pueden devorar como un manjar preciadísimo que lo es el mullido tejido conectivo o grasa que rodea sus patas y que amortigua su peso y les permite caminar sigilosamente y en puntillas. Un mordisquito puede acabar no ya como una noche toledana pero sí en una infección necrotizante y gangrena, posibilidades todas ellas en las que no quiero ni pensar. De ahí ese temor de un animal tan grande ante un animalito en apariencia tan inofensivo, y de ahí el emparentamiento iconográfico de Dumbo y Ganesha, entre Walt Disney y el Panchatantra. Ganesha es un dios muy invocado para los principios y para las dificultades. En India tiene tantos seguidores como podría tener Messi, o tal vez algunos menos.
También tenemos colgado un cuadro de Velázquez -su reproducción, claro está-, el titulado "Cristo en casa de Marta y María" (1618-1620), que se encuentra en realidad en la National Gallery de Londres. Allí reparamos a mi solaz en el lienzo, y en como todo contribuye a que el rostro de Marta sea el que tiene la mayor expresividad y donde incluso se dirimen sentimientos encontrados: el enojo, la frustración y la vergüenza o la rabia después de haber sido reconvenida por protestar de estar siempre preparándoles la merienda (por un decir) a Jesús de Nazaret y a María, su hermana, de Betania. María siempre rezando y Marta siempre fregoteando y entre cebollas son las dos formas de beatitud femeninas cristianas. La hermana Forcades es un caso excepcional, que puede cundir, no digo que no, pero que es algo oportunista. Los hostiles o los gentiles o los laicos, los ateos si quieren, los que nada quieren saber de la historia sagrada, no interpretarán nada piadoso en la escena de la que iba a ser santa y hasta mártir. Y entre los que tienen algún fervor religioso a lo mejor tampoco se verán satisfechos. Sobre todo los supersticiosos con apetencias idolátricas. Así que bien podría decirse que el cuadro va dirigido a los que nos movemos entre la iconoclastia y la idolatría, que seguimos siendo muchos. Y seguramente yo con lo mío tampoco voy a obtener más que antipatías, pero hay que saber estar tal cual.
Hoy cuelgo
un cuadro de Goya, uno de mis pintores españoles preferidos, que tampoco es que
tenga muchos cuadros de temática religiosa que digamos. El boceto de El
Tránsito de San José es uno de los tres lienzos que se conservan en
Castilla y León del genio. Se encuentra en el Real Monasterio de San Joaquín y
Santa Ana, en Valladolid, cosa de la que por lo menos da fe la Wikipedia, que
tampoco es que sea la Biblia pero casi. El cuadro es además un boceto, pero ya
están en él todos los elementos que nos hacen reconocer las pinceladas de Goya.
La expresión de San José, central, senil, traspasado, algo asustado, no se
aleja de aquellos magníficos cuadros sobre los horrores de la guerra y demás. Y
sin embargo nos habla del hombre viejo (que ya lo era al parecer cuando nació
Jesús), al que siempre hemos visto representado con los atributos de la pureza
putativa, de su paciencia y su discreción. A mí, que soy devota de San José
desde hace unos cuantos años, me conmovió mucho esta pintura porque me recordó
la indefensión del viejo, que en su decrepitud se vuelve tan rígido como tierno
y que se vuelve en parte como un niño. Aquí los vemos en los papeles cambiados,
no como en el Belén, derecho, pendiente del Niño. Aquí está pendiente pero
sabiendo lo que pende y depende. Lo malo es que a todos nos hace mucha gracia
cuando un niño se hace caca, pero no nos hace tanta gracia cuando un anciano se
hace caca. Hay que tener un humor en el umbral estratosférico de una triple
A para sobrellevar el tirón. Se acostumbra uno a todo. A San José se
le puede confiar el deseo de una buena muerte, figura o cliché que
lo es como lo es en otras religiones la reencarnación o el abandono a la
sabiduría celeste o el tao. Ay, el tao.
Una de las
primeras cosas que supe del cardenal Bergoglio fue la de su
devoción a San José, santo al que ha encomendado muchos fieles. Verdaderamente,
si me dejan que les diga, la Virgen es más efectiva, pero en estas lides nunca
se sabe que es mejor y no lo sabremos ni nuestro último día. Además, si Dios no
quiere los santos no pueden. Hoy bromeábamos en un frente social virtual sobre
lo empalagosillo y palabreador que es el Papa Paco y lo hipertímico que está,
tan entregado a la imagen caritativa y buenrollística que no cuidaron tanto sus
predecesores, los cuales estuvieron más por los misterios de la fe (Ratzinger)
y la esperanza (Wojtila). Pero esto de los pastores, como casi todo,
es una cuestión de gustos y no le concedería más importancia. Como dirían los
hindúes, todo es maya, ilusión.
Boceto de La Muerte de San José (Francisco de Goya, 1787)
15/3/13
La singularidad
ías atrás
vi no sé en cual diario ("¿El País?") un titular que decía poco más o
menos que Hilma af Klint era la precursora del arte abstracto,
y que su obra es anterior a la de Kandinsky, quien a su vez se había proclamado
como el primer pintor abstracto de la historia, por lo que parece. En la
hoguera de las vanidades arde como un ave fénix, constantemente, el asunto de
las primicias, los gestos y los récords. Mismo estos días -aunque ando un tanto
alejada de la "rabiosa actualidad" por una pequeña migrañilla-
observo lo mucho que se atiende al aparato externo del temperamento y hábitos
del Papa Francisco I, que si es vegatariano o no, que si toma el autobús o el
colectivo o no, que si procede de Buenos Aires sur, etcétera. La emotividad de
las hordas se mueve por estos trazos gruesos efectistas y por las sensaciones
más codificadas por el uso y la costumbre. No pude oír la misa que ofició
Bergoglio creo que aún como cardenal o no sé si ya como pontífice, pero ahí
está el qué, en cómo se queda el cuerpo después de una misa. Tal vez se le
piden demasiadas habilidades y virtudes a quien no deja de ser un hombre por
mucho que cuente con el espaldarazo del Espíritu Santo. Por lo demás, ese
personalismo no deja de ser algo por lo que no nos deberíamos dejar contaminar
los que somos un poco católicos. No deja de tener un punto idolátrico que viene
acaso a compensar la vomitera iconoclasta que nos cae cada dos por tres (seis)
a los que tenemos a Manolo por pastor y cordero.
Yo no sé si
la pintora sueca Hilma af Klint fue la primera pintora abstracta; pienso que
no, pero no porque lo fuera en su lugar Kandinsky u otro pintor sino porque la
pintura abstracta debe de haber existido siempre ya que es una necesidad.
Reconozcámoslo. Hoy leo que Miss Mary Lawrance, de quien nos
quedan cosa de 90 grabados con rosas, fue la antecesora de Pierre
Joseph Redouté. La inglesa publicó A collection of roses from
nature el año 1799, mientras que los tres volúmenes de las rosas de Redouté, espléndidas, son algo posteriores, como veremos en algún post en el
futuro. Hoy en el álbum, como homenaje a la inglesa Mary Lawrance, que me
parece que por no tener no tiene ni una página en la Wikipedia (!), le dedico
una pequeña selección en este pobre blog con sus láminas.
Al cierre
de este post no tengo la certeza de si algunas de las numerosas sociedades de
amigos y amantes de las rosas o alguna sociedad científica le ha concedido los
nombres de Lawrance o de Redouté a alguna de las no menos numerosas especies
que tenemos en la Tierra. Lo desconozco. Pero tanto la inglesa como el belga se
lo tendrían bien merecido.
Me imagino
los ratos que pasaron con las rosas, con los especímenes individuales, donde
encontrarían como Shakespeare en la mujer a quien dedicó su soneto 130, su
singularidad, en cada una de ellas. Qué horror cuando dentro de unos días
veamos por Sant Jordi las rosas clónicas, metidas en frigorígicos para
conservar una frescura de la que en realidad nunca gozaron.
(*) Trad.
al catalán de Salvador Oliva : La meva amant té un ulls que estan lluny
de ser un sol; | el vermell dels seus llavis ho és molt menys que el corall. |
Els seus pits no són blancs com la neu, i no em dol. | Si els seus cabells són
fils, negre n'és l'escampall. | Són blanques i vermelles les roses damasquines,
| però, a les seves galtes, no hi veig roses així; | hi ha en molts perfums
delícies i olors molt més divines | que les del seu alè quan és ben prop de mi.
| M'agrada quan la sento parlar, pro sé molt bé | que la música sona amb un so
molt més dolç. | No sé pas com caminen les dees; ara bé, | la meva amant camina
trepitjant terra i pols. | I tot i això, pel cel, és molt més excel·lent | que
les que símils falsos descriuen falsament. (Els sonets de Shakespeare)
4/3/13
Las paradojas (escritura automática)
e
encontrado en un blog (Vsyachina) una
pequeña colección de cuadros con geranios. Aunque en otras condiciones eligiría
el cuadro de Fantin-Latour o el de Renoir, en esta ocasión elijo el de Odilon Redon, porque me
recuerda el modelo natural que seguí hace unos días para llegar a un resultado bien distinto. El color de mi flor era fucsia o rosa mejicano o
magenta, no soy capaz de determinar siquiera el tono. Es más, desde que empecé
con el tiesto hasta que lo di por terminado le salieron tres flores
nuevas. Renoir es siempre tan voluptuosamente alegre, tan
gentil, que a su lado los geranios en agua de Fantin-Latour parecen
el triste bouquet de un cementerio, pero todo tiene su aquel.
Leí una vez
que lo de los tiestos se lo inventaron los romanos, para ponerlos en los
alféizares los que vivían en aquellos pisos que siempre eran pasto de incendios
y sobresaltos varios. Tal vez entonces nuestra Córdoba más romana y sus patios
con las macetas adornando las paredes encaladas proceden de Roma. Pero yo lo
dejaría en cuarentena y vería si no es aún más antiguo el invento. Las
persianas, como la palabra indica, son persas. Nos resulta en España de lo más
extraño ver un geranio en agua, creo yo, precisamente porque la tenemos en las
macetas. Y eso a pesar del gusano africano. Pero, claro, el tema de hoy no es
ni el gusano africano ni las persianas ni las macetas, aunque bien pudiera
serlo porque cualquiera de esos tres temas es muy interesante. El tema de hoy
es la vanidad. O no, habría que decir que es la modestia. Planteemos
la cuestión desde donde nos importa verla.
Aunque
dijo Cohélet que toda la obra del hombre proviene de su
vanidad y que todo proviene de la rivalidad de unos contra otros (Eclesiastés
4:4), y yo no soy quien para desdecir un sabio bíblico, me atrevo a proponer
que es imposible hacer verdaderamente algo real sin modestia. Sin modestia es
imposible aprender; sin reconocer que no se sabe es poco probable que se pueda
adquirir alguna habilidad, un conocimiento nuevo. Pero antes de instalarnos en
la paradoja, a pesar de que uno de los libros sapicienciales del budismo (el
Dhammapada) está estructurado en los llamados "versos gemelos", en
parejas de contrarios que van oponiendo por ejemplo la conducta arrogante y la
sencilla (que no es sencilla porque sea fácil sino porque busca la
pureza); antes de instalarnos en la paradoja -digo- avancemos un paso y
situémonos de repente en darnos cuenta de que los envidiosos y odiadores
siempre buscarán la alabanza o el desdén. En el fondo, el odior y la envidia y
la vanidad son maneras de impedir que los demás se realicen. Por lo tanto son
puro miedo.
Hace años
que tengo una guerra particular (particular porque la hago yo sola y porque ya
verán que es bien peculiar): me resisto ante todo lo que no es original. No
quiero que me envíen Powerpoints, prefiero un mensaje de un amigo que me diga
buenamente lo que quiera decir. Youtube lo justo. Reenviados los precisos o,
mejor, ninguno. Además de que no tengo tiempo.
Rimpoché y
Santa Teresita de Lisieux coincidirán en que no hay que exponerse ni al agua de
los elogios ni al rocío del desprecio. Los bárbaros del norte nos han impuesto
su gusto en la idea del éxito y unos modelos de belleza que cada vez me
resultan más insostenibles, irrisorios, penosos (según el día). Me perdonarán
que pase por ello también por encima, como sobre áscuas, aunque estos días me
pregunto si la globalización es reversible y eso en lo que nos
hemos convertido, un mercado, un electorado, nada, tiene vuelta de hoja.
Curioso que los soberanistas se parezcan tanto entre ellos, aunque basen su...
¿lucha? en la diferencia. Nada hay más parecido a un independentista catalán
que un independentista gallego. Son iguales, son más que parecidos. Curioso
también es que los calvinistas sostengan que su idioma es más idóneo para los
negocios y la especulación o que su religión del éxito prescinde de nuestro
fatalismo endémico y que el afán de superación es poco menos que sagrado. Caiga
quien caiga. Curioso por último que ahora todas las bellas y los bellos, todos
los listos y las listas se parezcan tanto entre sí. Especialmente después de
haber pasado por las clínicas liposuccionadoras, por el bótox, por los
gimnasios, por las universidades, por las redes sociales.
La
naturaleza y el arte son en principio indiferentes a todo esto de ser superior,
inferior o igual. La naturaleza, se dirá, sacrificará al más débil. Y el arte
al que es más igual. La vanagloria y la arrogancia que me salen tantas veces al
paso, seguramente porque yo soy también vana y arrogante, me recuerda el adagio
árabe por el cual "Allah es sabio" o "Solo Allah es
sabio". Lo malo es cuando se toma como una disculpa o bien una excusa
indolente para no acabar de hacer bien las labores o dejarlas imperfectas. Pero
cuando la frase refleja nuestra infinita ignorancia y pequeñez ante la obra
divina o el misterio de la creación, es cuando adopta su pleno sentido.
Tomo la
expresión "escritura automática" del surrealismo, que la usaba para
designar un texto o un mensaje producido a vuelapluma, sin pensar, al hilo de lo
que afloraba del subconsciente. Seguramente hoy día un nativo informático
reinterpretaría la frase como una respuesta automática, la dada por
ejemplo por una cuenta de correos cada vez que recibe un mensaje.
Si los
terciaristas, los consumidores de lo que hacen los demás, sus reprobadores o
aprobadores, alguna vez se dieran el gusto de hacer algo, aunque sea un
cromillo como el que yo hice con un pobre geranio, se darían cuenta de que el
disfrute no está en la aprobación de los demás, aunque gusta compartir. El
placer no es lo opuesto al dolor, es lo opuesto al rencor.
1/3/13
La presencia (o el presente)
Gustavo Adolfo Bécquer, Rimas, XL
stos días estoy pintando el par de manzanas que capté con la cámara del móvil. Es una composición sencilla, con dos volúmenes
mucho más simples que por ejemplo la hoja de un geranio, que se riza, se
repliega y es serícea y bicolor. Mi modelo hace días que se amustió, por lo que
ahora ya solo sigo la fotografía. Los colores, las sombras y los reflejos son
mi objeto de estudio pero también lo es algo que yo doy en llamar "la
presencia", que es aquello que es verdaderamente lo que hace que las
manzanas ocupen un lugar y lo hagan no ya recordándonos la ley
de gravedad o la caducidad sino la forma en que se apoyan y mínimamente
permanecen.
Ayer cuando salía de trabajar, en una noche muy lluviosa y de un
viento impetuoso e inclemente, se me cruzaron tres coches en un semáforo con el
disco en verde a mi favor. Estaba claro que me habían visto. Y por la hora
luego consideré que solo podían ser los coches de Artur Mas, que está yendo al
Hospital Vall d'Hebron a ver a su hermana, que está ingresada. Es una hora en
la que solo he visto circular de entrada por el recinto sanitario algún long
vehicle que llevaba material delicado o de difícil manipulación y
algún taxi. Nunca tres coches. La costumbre de los coches
"oficiales" de saltarse las normas, sea por razones de
seguridad, sea porque el tiempo que les ocupa tiene muchísimo más valor que el
de cualquiera de nosotros, es algo que perdura, que es políticamente
transversal, igual para cualquier partido de cualquier signo, y que a mi
entender solo demuestra su prepotencia (*). En nuestro caso la
prepotencia o las razones de seguridad están además rodeadas o mal apoyadas
-seguimos hablando de presencias- en el hecho de que no pagamos (la Generalitat
no paga) a nuestros proveedores y de que a los empleados se les (nos) han
retirado percepciones y días de permiso con los que se compensaba por no pagar
un sueldo base digno.
La presencia personal de Artur Mas, sorprendentemente
o no, para mí guarda un cierto parecido con la primera aparición que hizo Iñaki
Urdangarín en los juzgados de Mallorca, rígido, envarado, tenso, la mirada
dura, sin lágrima. En los años en que era el eterno candidato de CIU para la
presidencia de la Generalitat su presencia se comparaba a la de un madelman,
por ese desequilibrio postural que adoptan los bajitos y los
narcisos, de avanzar y elevar el tórax. Luego tenemos muchos hombres que son
todo lo contrario, fofos y como pastosos. En los últimos años prolifera el
subgrupo de los hombres que se sientan como contorsionados, con los brazos y
las piernas entrelazados o rodeando la extremidad opuesta o sentados sobre los riñones y con la cabeza cayendo como caen las corolas
de los pensamientos (viola tricolor) o las cabezas de los ahorcados. Luego hay
cabezas ensilladas, con el cogote que quiere juntarse a los hombros. Los
pulmones de los señores doblados tienen en sus bronquiolos residuos podridos
del aire que respiraron hace ocho años y la boca les huele a güisqui vomitado
mezclado con ácido clorhídrico y café amoniacal.
Estos días corre por las redes sociales una vídeo que apareció en
"El País", La extrema belleza del cuerpo humano
(Guillaume Côté), donde es fácil apreciar los principales grupos musculares del
bailarín. Y sin embargo les digo que me resulta demasiado sofisticado y
tirante, que lo que más me gusta de la serie de movimientos es un instante
(0:50) en el que se desprende talco de sus pies y forma una leve nube que tan
pronto como la apreciamos se funde en ese azul oscuro que domina el fondo.
Para belleza clásica canónica, el Hermes sentado y psicopompo de Lisipo. Los demás parecen de
anuncio de calzoncillos, futbolistas.
Qué poco me extraña que a Goethe le gustase G. F. Kersting, del cual
hoy traemos una pintura, no la más famosa, que sería la de la bordadora, sentada como el hombre del escritorio de 1811,
pero que nos deja ver su cara a través de un espejo. Es bien curiosa la
posición del cuerpo del que escribe, que transcribe a su vez toda una época de
Sturm und Drang pero preconiza el estilo algo humorístico del Biedermeier (Carl
Spitzweg).
Encabeza el post una rima de Bécquer que la primera vez que la leí me
dio como tortícolis pero que habla de lo incómodas e insostenibles que pueden
llegar a ser algunas posturas, además de "favorecedoras" o "poco
favorecedoras", expresión que ha sido vencida a favor de la
"fotogenia" primero y últimamente ha sido relevada por la del
"enamoramiento de la cámara" (¿?).
(*) No hará falta decir que la frase introduce la licencia poética de
dar vida a los coches, cuando ya sé que los coches son llevados por chóferes.
Es que hay que decirlo todo.











