31/3/13

La página en blanco

“El medio mejor para hacer buenos a los niños es
hacerlos felices”

Oscar Wilde







yer leí la entrevista del ABC Cultural a Carme Riera, que pronto pronunciará el discurso de su ingreso en la silla n minúscula de la Real Academia. Entre otras muchas cosas, hablaba de su infancia y de su libro autobiográfico Temps d'innocència. Reparé especialmente en ese tema porque por la mañana había estado dándole vueltas a la infancia de los escritores y a que no hay muchas imágenes. Tal vez ahora cualquier niño es fotografiado a diario, por no decir constantemente, pero hubo un tiempo en que ni siquiera existía la fotografía. 

Ayer por cierto vi parte de la Liturgia de la luz en la TV y por segundo año consecutivo me fastidió no quieran saber cuanto ver como durante el bellísimo ratito de tinieblas en San Pedro se podían ver claramente los disparos de los flashes y el resplandor de las pantallas de los móviles. Poca gente conoce la Liturgia de la luz de Pascua, por razones que ahora no son al caso, así que por su rematada belleza les invito vivamente a que el próximo año vayan el Sábado de Gloria a cualquier parroquia y que participen en ella. Se supone que cuando en el templo a oscuras desfila el sacerdote con el cirio pascual, del que se van encendiendo las velas de los fieles, se canta tres veces "Lumen Christi", a lo que la asamblea responde "Deo gratias". La tercera vez el tono es ligeramente un poco más alto y se prenden las luces todas del templo. Así que interferir la liturgia en tinieblas, en recogimiento, con esas salvas de flashes me parece además de irrespetuoso y muy garrulón algo muy reprobable.

El Domingo de Ramos me pasé por la Iglesia de San Agustín, barroca. Además de esa particularidad la de ser barroca, es sede canónica de la Hermandad del Gran Poder y la Esperanza Macarena, y allí están depositadas sus imágenes. Tengo que volver con más calma, cuando no haya culto, para ver el Niño Jesús de Praga que parece de tómbola y otros elementos de la religiosidad popular que allí se acumulan, pero ahora me voy a centrar en el jaleo que había el Domingo de Ramos en San Agustín. Hay que decir que allí siempre que entré en los últimos años me encontré con cosa de 1.500 filipinos y que ofician en tagalo. Hace muchos años también les hacían misa en la Basílica del Mar, pero de noche. En el presbiterio de San Agustín hay una especie de pantalla de karaoke en inglés que solo me hace más incomprensible saber la dinámica de la parroquia. Les digo que quisiera averiguar más. Ahora solo dejo dicho que el follón que había no era menor que el que hay en la Estación de Sans a finales de julio o principios de agosto.

La página en blanco, el silencio, son necesarios para hacer pie sin apenas emborronar. Nunca he entendido el terror de la página en blanco, a no ser que se refieran a ella los que no la conocen desde el lado adecuado o pecan de audaces. Ni siquiera en mi torpe iniciación en la ilustración botánica he sentido en ningún momento ese terror ni nada que se le parezca. No hará falta decir que mi papelera está como los chorros del oro, también la virtual. Sí, probablemente desecharía mucho de lo que escribo, pero eso sería tanto como admitir que el resto tiene más valor, que no.

No les resultará inusual que les hable de la identidad entre los escritores, que son como una familia, aunque no se hayan tratado o podido tratar. Los parentescos funcionan en un nivel que ensancha las ridiculeces de nuestra vida social, especialmente la de la literatura, sometida a apadrinamientos y otros servilismos por reciprocidad o sumisión. El marqueting llega donde no llega el talento. Aún menos inusual les resultará recordar aquello de que la infancia es una patria (Rainer Maria Rilke). A veces, tal vez bajo la influencia de mi contemplación de las flores, veo a cada cual de nosotros como una semilla que puede florecer, dar frutos, malograrse, conservarse en el seminario o no. Digo esto y suena en la radio como una salmodia meliflua la voz del gestáltico Joan Garriga, que oigo como oiría a un entusiasta preconizador de las semillas transgénicas, con personas alteradas morfológicamente según la última moda psicológica para que sean todas como esas rosas de frigorífico y los tomates tan iguales que no saben a nada.




29/3/13

Tantos tontos

"Por aquel entonces poseíame la afición al teatro,
afición platónica, porque mis padres nunca
me habían dejado ir, y se me representaban
de un modo tan inexacto los placeres
que procuraba, que casi llegué a creer que cada
expectador miraba, lo mismo que en un estereoscopio,
una decoración que era para él solo, aunque igual a las
otras mil que se ofrecían, una a cada uno,
el resto de los espectadores"

Marcel ProustPor el camino de Swan

o bueno de hablar con la gente es que siempre se pueden tener otros puntos de vista. Claro está que con algunas personas todo es tan previsible y tienen las conexiones sinápticas tan petrificadas o simplificadas que no tiene interés ni aliciente mantener conversación alguna ─más allá de lo que dicta la mera convivencia─ e incluso hay que evitarlas en lo posible. Creo que fue este verano, mientras descansaba en el salón-comedor de mi madre, viendo "Autopista hacia el cielo" (1984-1989), aquella serie televisiva donde Michael Landon hacía de ángel enviado a la tierra junto a Victor French. Ya es bastante desconcertante que los actores que habíamos visto como vecinos en "La casa de la pradera" (¿1974-1983?) los veamos más o menos igual pero en otros contextos dramáticos y en otra época, como para además ser totalmente descolocada por algún comentario de mi madre. En un momento dado, una pareja madura, que se había distanciado porque él estaba muy dedicado a su hijo en coma, se reencuentran tras un tiempo de separación. Se les ve en un acantilado recuperando el tiempo perdido, la mar de amartelados, y de repente mi madre dice claramente: "Ahí tiene que haber mejillones". Ella a lo suyo.

Hoy, a cambio, hemos visto una de esas películas de la historia sagrada, In the beginning (Kevin Connor, 2000). Cuando  se llega a la escena de Putifar y José, hijo de Isaac y Raquel, mi madre ya hacía rato que había perdido el hilo y no es de extrañar y se pensaba que Isaac aún era Abraham. Pues bien, cuando Moisés se despierta y ve la zarza en llamas, mi única madre me dice: "Se le incendió el único árbol que tenían". Estas películas la verdad es que ganan mucho con estas observaciones porque ya no me impresiona ni el éxodo del pueblo elegido por el Mar Rojo ni las siete plagas ni nada. Reparo como mucho en el tocado del faraón, o el parecido de un general con Falete y en las plumas de avestruz que portan los esclavos; todo lo demás ya me aburre. 

A estas alturas de la vida una ya está un poco cansada o aburrida, la verdad, de oír siempre los mismos argumentos tan desgastados, abusados e irrecuperables. Además llega un momento en que todas las personas que no nos hemos conformado con la indigencia cultural, que nos hemos resistido un poco a la pereza mental y demás, descubrimos que hay gente que se supone que tiene su formación universitaria o casi confunde no ya los chinos con los japoneses, sino incluso a los indios con los magrebíes y ya no digamos la velocidad con el tocino y el culo con las témporas. Además del punto de vista hay más cuestiones, la de la "petrificación", palabra que reencontré hoy en mi relectura de Proust.

Uno de nuestros autores preferidos franceses acabaría sabiendo qué era el teatro. Y a pesar de las comedias de errores o de alguna escenografía vanguardista o experimental, de las que eliminan paredes o por el contrario las añaden donde no las habían, el teatro sigue ofreciendo un punto de vista dominante que pretende atraer y magnetizar la atención del espectador. La libertad de los sentidos en la calle es tan abrumadora que aunque estemos pendientes de que no nos atropelle ningún ciclista o no nos roben los descuideros, o de lo que oímos en el MP4, siempre recibiremos muchísimos estímulos. De ahí que me parece imposible que desaparezcan las procesiones. Entre otros motivos, por su eficacia dramática. Al parecer proceden de los triunfos romanos.

Hoy me pareció ver en un edificio en la Avenida del Paralelo un señor que desde su balcón hacía fotos. Para tener la certeza le he hecho una foto al edificio y luego al magnificarla he comprobado que efectivamente estaba haciendo una foto. No a mí, ahí está el asunto. No comprendo cual era su punto de vista y si hacía fotos de la calle porqué las hacía tan abiertamente. O, mejor dicho, su punto de vista sí está claro, pero no su objetivo, que eso en materia de opiniones (volviendo al principio del cuento) también tiene su aquel. ¿Por qué se adopta un punto de vista y no otro? La mayor parte de las veces es cierto lo que dice la sabiduría popular de que se critica aquello de lo que se adolece. No es fácil.

Algo que me tiene totalmente desconcertada es lo de las direcciones de las calles. No me refiero a si son de subida o de bajada, a cómo van los números o la ruta de los autobuses y demás. Me refiero a que, por ejemplo, cambia mucho hacer las Ramblas desde la Plaza de Cataluña hasta las Atarazanas o hacerlas al revés. Aparte de que en la última opción hay una ligera subida, cambia la luz, cambia la afluencia de la gente, e incluso el tipo de gente que sube o baja. No sé si sirve por toda explicación una foto que tomé este mediodía desde el mismo punto de la Gran Vía. Es decir, parecería que tendría que parecerse más lo que dejaba atrás a lo que pasaba adelante. Pues algo sí, la verdad, pero la sensación es tan distinta que sobrecogida opté por tomar el metro.


Gran Via con Calle Urgel

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28/3/13

La Filología en dos tardes

"Para mentir se necesitan dos: uno que mienta y otro que crea."
Homer Simpson

  


yer me acordé de "The Itchi and Scratchy movie", que son los dibujos animados que a veces vemos en esos otros dibujos animados, "Los Simpson", dentro de la serie "Krusty el payaso". La serie trata sobre un ratón azul (Itchy) que siempre está intentando matar a un gato negro (Scratchy) y es como una parodia de "Tom y Jerry". En la Wikipedia se dan muchos datos sobre este modelo de la ficción en la ficción y sobre este ejemplo de lo que da de sí la industria de la animación con criterios poco edificantes. Me acordé porque hace cosa de cuatro años le sugerí a una porteña si la palabra que ellos usaban para referirse al "escrache",  para la que no encuentro equivalente en el español europeo, no tendría alguna relación con el inglés scratch ("rascar, rasgar"), habida cuenta de que el lunfardo se nutre de "materiales" de diferentes procedencias. En la lengua o en las lenguas, lo mismo nos encontramos -mal comparado- muros de mampostería (los hechos con piedras de diferentes tamaños) que en opus testaceum, puesto que la tendencia natural de todas las lenguas es la de regularizar todo. Ana, la psiquiatra porteña, ferviente opositora de los dominadores estadounidenses, convino que bien podría ser que fueran palabras emparentadas. Ayer encontré en el muro del Facebook de una amiga el comentario que reproduzco íntegro y que de alguna manera si no demuestra sí ilustra el significado original de la palabra. Tomo del primer diccionario de lunfardo que me encuentro sin mucho buscar un retazo de varias palabras en su desorden alfabético.


Así que bien puede ser lo que señalaba la señora de Facebook, que la palabra se ha ido independizando de sus significados originales, y ha llegado a nuestra orilla junto con una estrategia activista que cuenta con simpatizantes y con detractores, pero siempre sin haber perdido el espíritu de la onomatopeya. La discusión, a cuento del escrache de González Pons, como suele ocurrir últimamente con casi todo, se ha salido de su justa medida y cualquier opinión al respecto ya está matizada por ecos y reverberaciones partidistas bastante distorsionantes, medio en el que no se realzan las precisiones filológicas sino todo lo contrario. Es como hablar del arte del destazado o del templado de una navaja o la ergonomía de sus cachas, cuando el tema es un descuartizamiento criminal y alevoso con ensañamiento psicopático.

Pero, siguiendo con otras pequeñeces, también reparo en algo que noté ayer referente a unas declaraciones de Marta Rovira (portavoz de ERC), que trascendieron a través de "La Vanguardia". Se trataba de la pregunta que plantea su partido para la consulta soberanista, que "La Vanguardia" tradujo literalmente "¿Usted cree que Catalunya debería ser un Estado independiente?". Me extrañó que la traducción empleara la forma "debería ser" y comprobé en la fuente (Vilaweb) cual era la forma original, que resultó ser 'Vostè creu que Catalunya hauria de ser un estat independent?'.  Y esa forma me concordaba mejor con lo que está en mi competencia lingüística de catalanohablante. "Deu ser" es una forma tan correcta como "ha de ser" o "té que ser", pero aunque son expresiones equivalentes no son idénticas.  Tal vez las diferencias no están tan connotadas como en las formas con las que cuenta otro idioma, el inglés, para sugerir, impelir, etcétera, pero algo hay. Por lo general en un nivel Intermediate se nos exigirá que nunca empleemos el must como si fuera una construcción con would, mucho más obsequiosa y blanda o polite.

Pero, claro está, lo más llamativo de la trabazón de la frase es que va introducida por el verbo creer, verbo unívoco donde los haya,  que no obstante apela más a la emoción que a la razón, que mezcla la voluntad y el deseo. La frase está pergeñada de manera que la recorren dos impulsos, el de creer y el de haber. Es algo menor -de pequeña filología- en lo que yo vengo reparando desde hace unos años. Después de satisfacer un test psicológico de cosa de 250 preguntas o más, le hice notar a un psicólogo que la mayor parte de las preguntas tenían dos partes, una que apelaba a la impulsividad y otra a la razón, de manera que bien podía contestar -por volver al ejemplo- a creer como a haber. Esta cisura no sería tan evidente si se hubiera empleado la fórmula "Está usted a favor" o cualquier otra forma tan operativa como la de "creer" pero con una función más incidental.

A todo esto,  para mí, sin entrar en más razones y respetando las que puedan tener los demás, la pregunta no deja de ser como un mal koan, esto es aquellas preguntas absurdas que los maestros del zen sugieren a sus alumnos para comprobar sus progresos en el arte de soslayar todo pensamiento ilusorio. Un clásico de estos enigmas o adivinanzas es que el maestro dé una palmada y pregunte al alumno cómo sonaría con una sola mano.  Marguerite Yourcenarabre su autobiografía con un koan: "¿Qué cara teníais antes de que vuestro padre y vuestra madre se hubieran conocido?" ("Quel était votre visage avant que votre père et votre mère se fussent rencontrés?"). Pues eso. Hay preguntas sin respuesta, respuestas sin pregunta y luego hay por último preguntas como las que les dije. Aquellas.

 

Autorretrato de Arthur H. Fellig "Weegee"

23/3/13

Bic naranja, bic limón

Tuve la suerte de poder conocer el Fauchon de los años 80, que no tiene nada que ver con el de los años 90 y ya no digamos con el actual. El Fauchon que yo conocí aún tenía productos frescos y dejaba imaginar sin esfuerzo el que escasamente hacía el magnate Niarchos para hacerse llevar sus productos por helicóptero pienso que a Zurich, que es donde vivía o moría, según se mire. 
Recuerdo que el negocio ocupaba una de las esquinas de la Place de la Madeleine y que solo entrar se veían apiladas en perfecto orden unas manzanas y unas judías verdes y unas naranjas además de otras verduras, frutas y hortalizas. Ahora todo son tés, foiegrasses, champagnes, vinos y chocolates, todo envasado como si fueran perfumes. Aunque era un colmadito selecto -las judías verdes eran por ejemplo de lo mejor de Tanzania-, aunque los productos estaban expuestos como si fueran diamantes, emanaban la belleza, la frescura y hasta algo del olor de los productos naturales. Para mí fue una alegría comprobar que las naranjas expuestas eran españolas y verlas allí todas alineadas y enceradas con parafina, abrillantadas, me hizo sucumbir a aquel júbilo cordial y nostálgico en el que caen el emigrante, el exiliado y hasta el turista cuando encuentra algo familiar. Para muchos de nosotros, los que no creemos o no sentimos las glorias deportivas, el orgullo resiste ahí y en los momentos en que la dignidad está socavada, poco más.
El actual Fauchon ya no recuerda en nada el colmado que fue sino que parece cualquier cosa, desde una tienda de moda para anoréxicas y pasadas de maquillaje hasta un plató de algún programa inclasificable. En De Luca es posible encontrar alguna sensación relacionada con los sentidos, en Fauchon es tan indirecta, tan mediatizada por etiqueta, tarros y decorados, que es imposible recordar el origen de los alimentos y solo queda una vaga noción no ya de la lluvia y la tierra sino del canto de una nube neozelandesa de un meme. Y en el caso del hígado de pato se agradece, claro está.
En mi tercer viaje a París aún pude comprar una manzana, que me comí en Versailles, y es la mejor manzana que me he comido en mi vida por el momento. No estoy segura de que fuera una Granny Smith, pero era verde y ácida. La mejor naranja la he comido en Valencia, aunque no dudo de que se coman las mejores naranjas valencianas en Londres por decir algún sitio. 
Está ahora la vida comercial plagada de franquicias, y sus establecimientos no tienen ningún interés para mí precisamente porque están como si dijéramos desalmados. Todos son iguales, aquí o en Turín unas tiendas de la misma firma son más parecidas entre sí que a ellas mismas. Aunque la via Condotti siempre tendrá su aquel romano y la rue Royale también siempre tendrá una horlogérie Milliaud Ludovic auténticamente antigua y no afectadamente avejentada por sus escaparatistas, todas las tiendas de lujo se parecen tanto, que no se pueden parecer más. 

Balthasar van der Ast (1620)

Los bazares de los chinos también guardan mucha semejanza entre ellos, como si fueran oficinas bancarias de la misma entidad. Se dirá que responden a una fórmula sobre la que pocos cambios se pueden introducir, y a base de unos productos que no se dejan más que ser mostrados como lo son, en formación de anaquel y todos juntos, por colores, bajo algunas nociones de feng shui de toda la vida, el que se adquiere casi sin darse cuenta.
Me acuerdo cuando se retiraron las tiendas de animales de compañía de las Ramblas, aunque hay que hacer la salvedad de que el concepto era amplio porque se habían visto camaleones y aquellos pájaros exóticos que son insoportables. El Ayuntamiento de Barcelona, que estaba tan enamorado de su "marca" y de los mobiliarios urbanos y de las señales -que es imposible hacer una sola foto de la ciudad evitando las papeleras, los postes o cualquier elemento del verjurado urbano omnipresente- veló para que a cambio de los puestos de canarios, periquitos y ranas, no hubieran gitanas, banderillas y sombreros de mariachi, camisetas de Superman y demás souvenirs. Así que ahora tenemos unos puestos, todos iguales, que ofrecen más o menos todos los mismos productos y con un personal que claramente está asalariado. Se dirá que es mejor el olor de caramelo, ese que le echan a los crêpes y a los gofres, que el de las tortugas y que las tazas inspiradas en motivos del trencadís modernista es mejor que los abrelatas con faralaes, pero al final todo acaba siendo lo mismo.
Estos días fue noticia el escrache que le hicieron a Esteban González Pons, término que yo encuentro totalmente acertado porque la procedencia de la práctica es argentina. Aquí somos más dados al linchamiento, el abucheo y la damnatio memoriae o hasta el ninguneo. Los activistas que se mueven en la celebración de cumbres y demás están mundializando incluso la antiglobalización. Ya al amparo del 15M pudimos ver formas de protesta que no se habían visto antes por aquí. De hecho estos días salió una chipriota con una pancarta en español, que preguntada por un periodista, adujo que era porque la próxima bancarrota sería en España. Nadie que tenga dos dedos de frentes se tragará que una ciudadana normal y corriente se acuerde de España ni de Italia en sus protestas, con la que está cayendo. No perdamos nunca de vista que solo lo que aparece en la TV o en internet parece tener eco, por lo que los que buscan tener impacto lo buscan ahí y al precio que sea.


22/3/13

El caldo suave

"Un os de baleine gravé, une boîte de cigales momifiées, une amulette égyptienne, un masque Tatanua, un oursin fossilisé, une peinture de Joan Miró, une poupée maya, les pierres du lit d'une rivière, un tableau de Francis Picabia, un masque iroquois, une boîte de papillons… L'ensemble, composé en fonction d'un étrange caprice, d'un ordre paradoxal, qui tresse les souvenirs personnels et le respect qui est dû aux puissances occultes, aux lois du magnétisme, aux surprises du hasard. Le « mur » d'André Breton, comme un défi lancé au musée d'art moderne, comme le cœur, encore chaud, d’un réacteur à très haute énergie" ("Le Mur" : André Breton (1896 - 1966). Texte de Didier Ottinger) (*)


"El caldo suave... requiere su tiempo, un trozo de gallina, el pollo que nos sobró de los arroces, algo dulce... zanahorias, a veces calabaza... apio, me encanta sin que se note su sabor... algún diente de ajo machacado, un codillo fresco de cerdo si se tiene, jamás que enrancie, se aprovecha todo pero no es una olla de verdes mustios... luego, su limpieza, debe ser limpio, transparente, larga y lenta cocción pero no debe acabar con los aromas... un juego, nada más, vigilo justo, si estás todo el tiempo en la cocina al final no distingues los matices. Fui nada de caldos pero ahora los necesito, y a mi príncipe le han conquistado... Al final farigola" tomillo" si necesitas purificarte, pero es tan a gusto de cada paladar y estado de ánimo..." (Pilar Álvarez-Castellanos)
 




a trajimos al álbum alguna vez algún retazo que le quitamos a Pilar Álvarez-Castellanos de su muro y que serían muy del gusto de dos de mis escritores preferidos del Nuevo Mundo, Jorge Amado y José Lezama. Pilar las más de las veces scrabbleliza el teclado y deja palabras que me cuesta reconocer unos instantes. El otro día me llamó "Martas", por ejemplo, pero el texto sobre su punto del caldo lo escribiría con menos precipitación, aunque sin parsimonia ni mucho menos afectación. Ahí queda como muestra de lo que dan de sí en el mejor de los casos los rincones de Facebook.

Ayer, mientras escuchaba esos programas radiofónicos que no me interesan, para relajarme, oí una escritora que acababa de presentar un libro en Siruela. Un día por cierto vi al conde de Siruela, su fundador, en la Rambla de Cataluña. No sé si saben que es Jacobo Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, esto es uno de los hijos de la actual duquesa de Alba. Se metió en el hotel Murmuri, cuyo rótulo recuerda el enunciado de la declinación de la palabra ratón en latín (Mus -muris) más que la palabra "murmullo" en catalán. Ya la editorial me trae esa retahíla de nociones de sofisticación rebuscada como para que la autora del libro presentado se pusiera a defender las virtudes de su novela negra, escrita a cuatro manos con otra escritora alemana. Por si tenían alguna duda se trata de un thriller filológico. Sí, "filológico", no "psicológico". Estos digamos experimentos no me atraen tanto como aquel un tanto mefistofélico de los "cadáveres exquisitos" o cadavres exquis surrealistas, que Lorca y Neruda llamaron "poemas al alimón".

Si algo bueno tiene lo de escribir es que no se molesta a casi nadie, es una labor solitaria y de escaso gasto. No me tienta trasladar el caso a la música, donde los solistas pueden disfrutar al tocar con otros instrumentistas o al hacer un coro o un cuarteto o ni que sea una rondalla de cuerdas. Los músicos, a excepción de los compositores, suelen interpretar, no crear (sobre todo si no entramos en otros inventos, que también los hay). Diría que lo de escribir a cuatro manos entraría en la esfera de los happenings, los flashmobs y -como diría Rose Velz [cuenta suspendida]-  de las chocolatadas. Así que aparte de los cadáveres exquisitos y mi coleccionismo de frases que cojo al vuelo en la calle, las citas y algunas frases de Pilar, este blog es personal y particular, como en un principio lo fueron todos. Luego han habido no ya blogs institucionales sino incluso de pago, esto es a sueldo.

Pero mi tema de hoy no es el de las sinergías, sino que va por donde iba el caldo de Pilar, que por cierto no he catado. Apunta que no lo vigila porque al "final no distingues matices" y muchas más cuestiones que son -si quieren- una buena lección de como estar en este mundo. La forma de estar en la cocina es digna de notar, porque allí se aprovecha todo el tiempo pero sin apurarse y se hacen incluso varias cosas a la vez, aunque sea vigilar el fuego y fregar los cazos o cambiarle el agua al canario. Yo alguna vez he hecho de pinche de gente que sabe cocinar y he actuado con la mayor invisibilidad e intangibilidad posible, simplemente obedeciendo lo que se me indicaba. Obedecer, cuando se tiene quien sabe dar bien las órdenes, no es mala cosa y permite dejar la voluntad a un nivel de latencia que tiene su gusto. "Dios, qué buen vasallo, si hubiera buen señor".

Intuyo que Pilar se mueve en la cocina con escasa artillería de aparatos y andróminas y que usa lo que tiene a mano, cuestión que también es para mí uno de los grandes atractivos de la cocina (para la que estoy más que negada). Me gusta el quehacer de aprovechar lo que se tiene y saber darle un buen fin a las cosas. La idea de que en una cocina entre una checklist o una ficha con una receta me desagrada por eso, porque la comida se hace con comida, básicamente.

Guardo en mi casa una gran variedad de tuercas, diferentes tipos de papel, pedacitos de telas, muestras de cuero, lápices sinfín, arandelas, al objeto de tenerlos ahí para algún día darles uso. A veces me hago una carpeta y tengo el cartón de la base, el papel para forrarla, pero no encuentro las vetas que quisiera ponerle para liarla. Entonces guardo el material y espero que aparezcan las vetas. Así hago con todo, aunque hay materiales e ideas que tengo guardadas desde ya hace tanto tiempo que no veo el día que podré usarlas.

Hace tiempo también disfrutaba mucho con la opción contraria, la de encontrar lo que no sabía que existiera. Iba al Servicio Estación, en la calle Aragón cerca del Paseo de Gracia, y algunas veces encontraba algo que se correspondía de alguna manera con lo que ya había necesitado o imaginado. No quieran saber qué alegría. Y pienso que con esto de los tornillos y los cartones pasa como con los amigos o los amores, que a veces hay que dejarlos estar y otras se encuentran.

 

"Le Mur" (André Breton). Una versión muy ampliada e interactiva aquí [enlace roto]

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(*) “Un hueso de ballena grabado, una caja de cigalas momificadas, un amuleto egipcio, una máscara Tatanua, un erizo de mar fosilizado, una pintura de Joan Miró, una muñeca maya, los cantos rodados de un río, un cuadro de Francis Picabia, una máscara iroquesa, una caja de mariposas… El conjunto, compuesto en función de un extraño capricho, de un orden paradójico, que entrelaza los recuerdos personales y el respeto debido a las potencias ocultas, a las leyes del magnetismo, a las sorpresas del azar. El “muro” de André Breton, como un desafío lanzado al museo de arte moderno, como el corazón, aún caliente de un reactor de muy alta energía”.

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20/3/13

El tránsito

 



oda la imaginería religiosa que hay, en monoteístas y politeístas y hasta en las religiones sin Dios alguno, es -como diríamos en Barcelona- brutal, esto es numerosa. Probablemente si descartaramos del arte todo cuanto es de tema religioso quedaría menos de la mitad, pero antes tendríamos que determinar qué es artístico y qué no y qué es tema religioso, y cualquiera de esos preliminares me sume en una mezcla de pereza, aburrimiento y desesperación. Viniendo como venimos del asco que inspira una hormiga reina de 30 años de vida, se dirá que la tarea no es tan tediosa como en principio se podría presentar, pero ¿a quién favorecería?

Aquí tenemos colgado algún cuadro religioso. Me acuerdo de Ganesha, el dios con cabeza de elefante que tiene un ratón que le acompaña, talmente como el ratón Timoteo acompañaba a Dumbo. Se suele decir que los elefantes temen a los ratones porque saben que pueden devorar como un manjar preciadísimo que lo es el mullido tejido conectivo o grasa que rodea sus patas y que amortigua su peso y les permite caminar sigilosamente y en puntillas.  Un mordisquito puede acabar no ya como una noche toledana pero sí en una infección necrotizante y gangrena, posibilidades todas ellas en las que no quiero ni pensar. De ahí ese temor de un animal tan grande ante un animalito en apariencia tan inofensivo, y de ahí el emparentamiento iconográfico de Dumbo y Ganesha, entre Walt Disney y el Panchatantra. Ganesha es un dios muy invocado para los principios y para las dificultades. En India tiene tantos seguidores como podría tener Messi, o tal vez algunos menos.

También tenemos colgado un cuadro de Velázquez -su reproducción, claro está-, el titulado "Cristo en casa de Marta y María" (1618-1620), que se encuentra en realidad en la National Gallery de Londres. Allí reparamos a mi solaz en el lienzo, y en como todo contribuye a que el rostro de Marta sea el que tiene la mayor expresividad y donde incluso se dirimen sentimientos encontrados: el enojo, la frustración y la vergüenza o la rabia después de haber sido reconvenida por protestar de estar siempre preparándoles la merienda (por un decir) a Jesús de Nazaret y a María, su hermana, de Betania. María siempre rezando y Marta siempre fregoteando y entre cebollas son las dos formas de beatitud femeninas cristianas. La hermana Forcades es un caso excepcional, que puede cundir, no digo que no, pero que es algo oportunista. Los hostiles o los gentiles o los laicos, los ateos si quieren, los que nada quieren saber de la historia sagrada, no interpretarán nada piadoso en la escena de la que iba a ser santa y hasta mártir. Y entre los que tienen algún fervor religioso a lo mejor tampoco se verán satisfechos. Sobre todo los supersticiosos con apetencias idolátricas. Así que bien podría decirse que el cuadro va dirigido a los que nos movemos entre la iconoclastia y la idolatría, que seguimos siendo muchos. Y seguramente yo con lo mío tampoco voy a obtener más que antipatías, pero hay que saber estar tal cual.

Hoy cuelgo un cuadro de Goya, uno de mis pintores españoles preferidos, que tampoco es que tenga muchos cuadros de temática religiosa que digamos. El boceto de El Tránsito de San José es uno de los tres lienzos que se conservan en Castilla y León del genio. Se encuentra en el Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, en Valladolid, cosa de la que por lo menos da fe la Wikipedia, que tampoco es que sea la Biblia pero casi. El cuadro es además un boceto, pero ya están en él todos los elementos que nos hacen reconocer las pinceladas de Goya. La expresión de San José, central, senil, traspasado, algo asustado, no se aleja de aquellos magníficos cuadros sobre los horrores de la guerra y demás. Y sin embargo nos habla del hombre viejo (que ya lo era al parecer cuando nació Jesús), al que siempre hemos visto representado con los atributos de la pureza putativa, de su paciencia y su discreción. A mí, que soy devota de San José desde hace unos cuantos años, me conmovió mucho esta pintura porque me recordó la indefensión del viejo, que en su decrepitud se vuelve tan rígido como tierno y que se vuelve en parte como un niño. Aquí los vemos en los papeles cambiados, no como en el Belén, derecho, pendiente del Niño. Aquí está pendiente pero sabiendo lo que pende y depende. Lo malo es que a todos nos hace mucha gracia cuando un niño se hace caca, pero no nos hace tanta gracia cuando un anciano se hace caca. Hay que tener un humor en el umbral estratosférico de una triple A para sobrellevar el tirón. Se acostumbra uno a todo. A San José se le puede confiar el deseo de una buena muerte, figura o cliché que lo es como lo es en otras religiones la reencarnación o el abandono a la sabiduría celeste o el tao. Ay, el tao.

Una de las primeras cosas que supe del cardenal Bergoglio fue la de su devoción a San José, santo al que ha encomendado muchos fieles. Verdaderamente, si me dejan que les diga, la Virgen es más efectiva, pero en estas lides nunca se sabe que es mejor y no lo sabremos ni nuestro último día. Además, si Dios no quiere los santos no pueden. Hoy bromeábamos en un frente social virtual sobre lo empalagosillo y palabreador que es el Papa Paco y lo hipertímico que está, tan entregado a la imagen caritativa y buenrollística que no cuidaron tanto sus predecesores, los cuales estuvieron más por los misterios de la fe (Ratzinger) y la esperanza (Wojtila). Pero esto de los pastores, como casi todo, es una cuestión de gustos y no le concedería más importancia. Como dirían los hindúes, todo es maya, ilusión.

 

Boceto de La Muerte de San José (Francisco de Goya, 1787)

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15/3/13

La singularidad

 My mistress' eyes are nothing like the sun;
Coral is far more red than her lips' red;
If snow be white, why then her breasts are dun;
If hairs be wires, black wires grow on her head.
I have seen roses damask'd, red and white,
But no such roses see I in her cheeks;
And in some perfumes is there more delight
Than in the breath that from my mistress reeks.
I love to hear her speak, yet well I know
That music hath a far more pleasing sound;
I grant I never saw a goddess go;
My mistress, when she walks, treads on the ground:
And yet, by heaven, I think my love as rare
As any she belied with false compare.
W. Shakespeare, Sonnet CXXX (*)



ías atrás vi no sé en cual diario ("¿El País?") un titular que decía poco más o menos que Hilma af Klint era la precursora del arte abstracto, y que su obra es anterior a la de Kandinsky, quien a su vez se había proclamado como el primer pintor abstracto de la historia, por lo que parece. En la hoguera de las vanidades arde como un ave fénix, constantemente, el asunto de las primicias, los gestos y los récords. Mismo estos días -aunque ando un tanto alejada de la "rabiosa actualidad" por una pequeña migrañilla- observo lo mucho que se atiende al aparato externo del temperamento y hábitos del Papa Francisco I, que si es vegatariano o no, que si toma el autobús o el colectivo o no, que si procede de Buenos Aires sur, etcétera. La emotividad de las hordas se mueve por estos trazos gruesos efectistas y por las sensaciones más codificadas por el uso y la costumbre. No pude oír la misa que ofició Bergoglio creo que aún como cardenal o no sé si ya como pontífice, pero ahí está el qué, en cómo se queda el cuerpo después de una misa. Tal vez se le piden demasiadas habilidades y virtudes a quien no deja de ser un hombre por mucho que cuente con el espaldarazo del Espíritu Santo. Por lo demás, ese personalismo no deja de ser algo por lo que no nos deberíamos dejar contaminar los que somos un poco católicos. No deja de tener un punto idolátrico que viene acaso a compensar la vomitera iconoclasta que nos cae cada dos por tres (seis) a los que tenemos a Manolo por pastor y cordero.

Yo no sé si la pintora sueca Hilma af Klint fue la primera pintora abstracta; pienso que no, pero no porque lo fuera en su lugar Kandinsky u otro pintor sino porque la pintura abstracta debe de haber existido siempre ya que es una necesidad. Reconozcámoslo.  Hoy leo que Miss Mary Lawrance, de quien nos quedan cosa de 90 grabados con rosas, fue la antecesora de Pierre Joseph Redouté. La inglesa publicó A collection of roses from nature el año 1799, mientras que los tres volúmenes de las rosas de Redouté, espléndidas, son algo posteriores, como veremos en algún post en el futuro. Hoy en el álbum, como homenaje a la inglesa Mary Lawrance, que me parece que por no tener no tiene ni una página en la Wikipedia (!), le dedico una pequeña selección en este pobre blog con sus láminas.

Al cierre de este post no tengo la certeza de si algunas de las numerosas sociedades de amigos y amantes de las rosas o alguna sociedad científica le ha concedido los nombres de Lawrance o de Redouté a alguna de las no menos numerosas especies que tenemos en la Tierra. Lo desconozco. Pero tanto la inglesa como el belga se lo tendrían bien merecido.

Me imagino los ratos que pasaron con las rosas, con los especímenes individuales, donde encontrarían como Shakespeare en la mujer a quien dedicó su soneto 130, su singularidad, en cada una de ellas. Qué horror cuando dentro de unos días veamos por Sant Jordi las rosas clónicas, metidas en frigorígicos para conservar una frescura de la que en realidad nunca gozaron.

 A Collection of Roses From Nature (Mary Lawrance, 1799)

 
NYPL (Pierre Joseph Redouté, Les roses, 1817-1824)

(*) Trad.  al catalán de Salvador Oliva : La meva amant té un ulls que estan lluny de ser un sol; | el vermell dels seus llavis ho és molt menys que el corall. | Els seus pits no són blancs com la neu, i no em dol. | Si els seus cabells són fils, negre n'és l'escampall. | Són blanques i vermelles les roses damasquines, | però, a les seves galtes, no hi veig roses així; | hi ha en molts perfums delícies i olors molt més divines | que les del seu alè quan és ben prop de mi. | M'agrada quan la sento parlar, pro sé molt bé | que la música sona amb un so molt més dolç. | No sé pas com caminen les dees; ara bé, | la meva amant camina trepitjant terra i pols. | I tot i això, pel cel, és molt més excel·lent | que les que símils falsos descriuen falsament. (Els sonets de Shakespeare)

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4/3/13

Las paradojas (escritura automática)

 



e encontrado en un blog (Vsyachina) una pequeña colección de cuadros con geranios. Aunque en otras condiciones eligiría el cuadro de Fantin-Latour o el de Renoir, en esta ocasión elijo el de Odilon Redon, porque me recuerda el modelo natural que seguí hace unos días para llegar a un resultado bien distinto. El color de mi flor era fucsia o rosa mejicano o magenta, no soy capaz de determinar siquiera el tono. Es más, desde que empecé con el tiesto hasta que lo di por terminado le salieron tres flores nuevas. Renoir es siempre tan voluptuosamente alegre, tan gentil, que a su lado los geranios en agua de Fantin-Latour parecen el triste bouquet de un cementerio, pero todo tiene su aquel.

Leí una vez que lo de los tiestos se lo inventaron los romanos, para ponerlos en los alféizares los que vivían en aquellos pisos que siempre eran pasto de incendios y sobresaltos varios. Tal vez entonces nuestra Córdoba más romana y sus patios con las macetas adornando las paredes encaladas proceden de Roma. Pero yo lo dejaría en cuarentena y vería si no es aún más antiguo el invento. Las persianas, como la palabra indica, son persas. Nos resulta en España de lo más extraño ver un geranio en agua, creo yo, precisamente porque la tenemos en las macetas. Y eso a pesar del gusano africano. Pero, claro, el tema de hoy no es ni el gusano africano ni las persianas ni las macetas, aunque bien pudiera serlo porque cualquiera de esos tres temas es muy interesante. El tema de hoy es la vanidad. O no, habría que decir que es la modestia. Planteemos la cuestión desde donde nos importa verla.

Aunque dijo Cohélet que toda la obra del hombre proviene de su vanidad y que todo proviene de la rivalidad de unos contra otros (Eclesiastés 4:4), y yo no soy quien para desdecir un sabio bíblico, me atrevo a proponer que es imposible hacer verdaderamente algo real sin modestia. Sin modestia es imposible aprender; sin reconocer que no se sabe es poco probable que se pueda adquirir alguna habilidad, un conocimiento nuevo. Pero antes de instalarnos en la paradoja, a pesar de que uno de los libros sapicienciales del budismo (el Dhammapada) está estructurado en los llamados "versos gemelos", en parejas de contrarios que van oponiendo por ejemplo la conducta arrogante y la sencilla  (que no es sencilla porque sea fácil sino porque busca la pureza); antes de instalarnos en la paradoja -digo- avancemos un paso y situémonos de repente en darnos cuenta de que los envidiosos y odiadores siempre buscarán la alabanza o el desdén. En el fondo, el odior y la envidia y la vanidad son maneras de impedir que los demás se realicen. Por lo tanto son puro miedo.

Hace años que tengo una guerra particular (particular porque la hago yo sola y porque ya verán que es bien peculiar): me resisto ante todo lo que no es original. No quiero que me envíen Powerpoints, prefiero un mensaje de un amigo que me diga buenamente lo que quiera decir. Youtube lo justo. Reenviados los precisos o, mejor, ninguno. Además de que no tengo tiempo.

Rimpoché y Santa Teresita de Lisieux coincidirán en que no hay que exponerse ni al agua de los elogios ni al rocío del desprecio. Los bárbaros del norte nos han impuesto su gusto en la idea del éxito y unos modelos de belleza que cada vez me resultan más insostenibles, irrisorios, penosos (según el día). Me perdonarán que pase por ello también por encima, como sobre áscuas, aunque estos días me pregunto si la globalización es reversible y eso en lo que nos hemos convertido, un mercado, un electorado, nada, tiene vuelta de hoja. Curioso que los soberanistas se parezcan tanto entre ellos, aunque basen su... ¿lucha? en la diferencia. Nada hay más parecido a un independentista catalán que un independentista gallego. Son iguales, son más que parecidos. Curioso también es que los calvinistas sostengan que su idioma es más idóneo para los negocios y la especulación o que su religión del éxito prescinde de nuestro fatalismo endémico y que el afán de superación es poco menos que sagrado. Caiga quien caiga. Curioso por último que ahora todas las bellas y los bellos, todos los listos y las listas se parezcan tanto entre sí. Especialmente después de haber pasado por las clínicas liposuccionadoras, por el bótox, por los gimnasios, por las universidades, por las redes sociales.

La naturaleza y el arte son en principio indiferentes a todo esto de ser superior, inferior o igual. La naturaleza, se dirá, sacrificará al más débil. Y el arte al que es más igual. La vanagloria y la arrogancia que me salen tantas veces al paso, seguramente porque yo soy también vana y arrogante, me recuerda el adagio árabe por el cual "Allah es sabio" o "Solo Allah es sabio". Lo malo es cuando se toma como una disculpa o bien una excusa indolente para no acabar de hacer bien las labores o dejarlas imperfectas. Pero cuando la frase refleja nuestra infinita ignorancia y pequeñez ante la obra divina o el misterio de la creación, es cuando adopta su pleno sentido.

Tomo la expresión "escritura automática" del surrealismo, que la usaba para designar un texto o un mensaje producido a vuelapluma, sin pensar, al hilo de lo que afloraba del subconsciente. Seguramente hoy día un nativo informático reinterpretaría la frase como  una respuesta automática, la dada por ejemplo por una cuenta de correos cada vez que recibe un mensaje.

Si los terciaristas, los consumidores de lo que hacen los demás, sus reprobadores o aprobadores, alguna vez se dieran el gusto de hacer algo, aunque sea un cromillo como el que yo hice con un pobre geranio, se darían cuenta de que el disfrute no está en la aprobación de los demás, aunque gusta compartir. El placer no es lo opuesto al dolor, es lo opuesto al rencor.

"Maceta de geranio" (Odilon Redon)

1/3/13

La presencia (o el presente)


Su mano entre mis manos,
sus ojos en mis ojos,
la amorosa cabeza
apoyada en mi hombro,
[...]

Gustavo Adolfo BécquerRimas, XL





stos días estoy pintando el par de manzanas que capté con la cámara del móvil. Es una composición sencilla, con dos volúmenes mucho más simples que por ejemplo la hoja de un geranio, que se riza, se repliega y es serícea y bicolor. Mi modelo hace días que se amustió, por lo que ahora ya solo sigo la fotografía. Los colores, las sombras y los reflejos son mi objeto de estudio pero también lo es algo que yo doy en llamar "la presencia", que es aquello que es verdaderamente lo que hace que las manzanas ocupen un lugar y lo hagan no ya recordándonos la ley de gravedad o la caducidad sino la forma en que se apoyan y mínimamente permanecen.

Ayer cuando salía de trabajar, en una noche muy lluviosa y de un viento impetuoso e inclemente, se me cruzaron tres coches en un semáforo con el disco en verde a mi favor. Estaba claro que me habían visto. Y por la hora luego consideré que solo podían ser los coches de Artur Mas, que está yendo al Hospital Vall d'Hebron a ver a su hermana, que está ingresada. Es una hora en la que solo he visto circular de entrada por el recinto sanitario algún long vehicle que llevaba material delicado o de difícil manipulación y algún taxi. Nunca tres coches. La costumbre de los coches "oficiales" de saltarse las normas, sea por razones de seguridad, sea porque el tiempo que les ocupa tiene muchísimo más valor que el de cualquiera de nosotros, es algo que perdura, que es políticamente transversal, igual para cualquier partido de cualquier signo, y que a mi entender solo demuestra su prepotencia (*). En nuestro caso la prepotencia o las razones de seguridad están además rodeadas o mal apoyadas -seguimos hablando de presencias- en el hecho de que no pagamos (la Generalitat no paga)  a nuestros proveedores y de que a los empleados se les (nos) han retirado percepciones y días de permiso con los que se compensaba por no pagar un sueldo base digno.

La presencia personal de Artur Mas, sorprendentemente o no, para mí guarda un cierto parecido con la primera aparición que hizo Iñaki Urdangarín en los juzgados de Mallorca, rígido, envarado, tenso, la mirada dura, sin lágrima. En los años en que era el eterno candidato de CIU para la presidencia de la Generalitat su presencia se comparaba a la de un madelman, por ese desequilibrio postural que adoptan los bajitos y los narcisos, de avanzar y elevar el tórax. Luego tenemos muchos hombres que son todo lo contrario, fofos y como pastosos. En los últimos años prolifera el subgrupo de los hombres que se sientan como contorsionados, con los brazos y las piernas entrelazados o rodeando la extremidad opuesta o sentados sobre los riñones y con la cabeza cayendo como caen las corolas de los pensamientos (viola tricolor) o las cabezas de los ahorcados. Luego hay cabezas ensilladas, con el cogote que quiere juntarse a los hombros. Los pulmones de los señores doblados tienen en sus bronquiolos residuos podridos del aire que respiraron hace ocho años y la boca les huele a güisqui vomitado mezclado con ácido clorhídrico y café amoniacal.

Estos días corre por las redes sociales una vídeo que apareció en "El País", La extrema belleza del cuerpo humano (Guillaume Côté), donde es fácil apreciar los principales grupos musculares del bailarín. Y sin embargo les digo que me resulta demasiado sofisticado y tirante, que lo que más me gusta de la serie de movimientos es un instante (0:50) en el que se desprende talco de sus pies y forma una leve nube que tan pronto como la apreciamos se funde en ese azul oscuro que domina el fondo. Para belleza clásica canónica, el Hermes sentado y psicopompo de Lisipo. Los demás parecen de anuncio de calzoncillos, futbolistas.

Qué poco me extraña que a Goethe le gustase G. F. Kersting, del cual hoy traemos una pintura, no la más famosa, que sería la de la bordadora, sentada como el hombre del escritorio de 1811, pero que nos deja ver su cara a través de un espejo. Es bien curiosa la posición del cuerpo del que escribe, que transcribe a su vez toda una época de Sturm und Drang pero preconiza el estilo algo humorístico del Biedermeier (Carl Spitzweg).

Encabeza el post una rima de Bécquer que la primera vez que la leí me dio como tortícolis pero que habla de lo incómodas e insostenibles que pueden llegar a ser algunas posturas, además de "favorecedoras" o "poco favorecedoras", expresión que ha sido vencida a favor de la "fotogenia" primero y últimamente ha sido relevada por la del "enamoramiento de la cámara" (¿?).

"Hombre en su escritorio" (Georg Friedrich Kersting, 1811) Goethe National Museum

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(*) No hará falta decir que la frase introduce la licencia poética de dar vida a los coches, cuando ya sé que los coches son llevados por chóferes. Es que hay que decirlo todo.

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