La imagen de hoy son de las instrucciones para codificar un candado pequeño de combinación. Al primer paso ("encender las luces") ya se queda una dudando de si será posible que ese pequeña andrómina tenga luces o si se trata de encender las luces del lugar donde vamos a configurar la clave de tres dígitos. "Levantar la proa" y "cambio de cartera" hacen imposible en un sano juicio guiarse por la lista y al final un hispanohablante se regirá por su intuición o una experiencia previa. Lo de las luces puede deberse a que aprovecha la traducción de algún modelo ligero, que la fusilaron. Naturalmente la traducción inversa o reversa no nos permitiría devolver el texto a su pureza.
No soy muy inteligente de manera que me lleva mucho tiempo entender la mayoría de las cosas que de entrada se me resisten. Pero como soy muy persistente consigo muchas veces llegar a la comprensión de casi todo cuanto me presenta alguna dificultad. No entendía hasta hace bien poco cómo podía ser que gente que lee habitualmente y desde hace años infinidad de libros, aunque sean novelas, escribe bastante mal. Con descuido, con faltas de ortografía, con pobreza léxica, con unos vulgarismos que hasta cuesta dar por buenos en el lenguaje coloquial. Ya no digo nada de la incorporación de perlas inclusivas que minan el genio de todas las lenguas. Para mí era un misterio, hasta que me di cuenta de que una cosa es leer y otra escibir. Y otra, desde luego, es traducir. Son tres grados.
Este año me matriculé en Latín en el Institut de Llengües Antigues de Sant Pacià, que pertenece al Seminario ahora interdiocesano y hasta hace bien poco conciliar. El latín que se imparte es con fines eclesiásticos o bíblicos, pero es el latín clásico también llamado áureo, cuando alcanzó su máximo nivel de excelencia.
Hace años tuve que abandonar los estudios de Filología Clásica porque no disponía de tiempo para traducir, y eso que Tito Livio en primero no es como Ovidio, que se veía en lo que entonces era el quinto año de la carrera. Ocurre un poco lo mismo con Shakespeare, que no lo veían en Anglogermánicas hasta el último año de carrera.
La mayoría de las personas que conozco considera el latín una lengua inservible. Me llama la atención porque sin embargo a nadie le resulta chocante que se viaje al Monte Ararat ignorando el turco (en los dos sentidos de la palabra "ignorar") o a Japón ignorando el japonés y sin poder mantener una conversación trivial en esa lengua o leer algún letrero. A lo mejor con el tiempo conseguiré entender esto también.
.jpg)


