30/5/11

Post 646: Toisha y Cela


e suele decir, y yo abundo en ello, que Cela no era bueno como poeta. Lo que no se suele decir es que no era peor que Unamuno. También se dice que no era tan buen hombre como escritor, cosa que no es el objeto de este post, especialmente cuando como escritor me parece -junto a Francisco Umbral- el mejor del siglo pasado. Sin entrar en detalles. Leí ya hace tiempo una de sus autobiografías, no La rosa sino la otra, Memorias, entendimientos y voluntades, que escribió antes de la publicación de La familia de Pascual Duarte. Hoy sin embargo he leído el poema al que creo que se refiere cuando habla en sus memorias de Toisha (Tránsito Vargas), que fue destrozada por un obús:

“A Toisha me la mataron de un cañonazo a poco de llegar los nacionales a las puertas de Madrid, la gente llamaba obús a la bala del cañón; ella vivía en la calle de la Madera llegando ya a Espíritu Santo; la calle del Pez es como una vaguadilla que parte en dos la calle de la madera, la primera mitad, viniendo de la calle de la Luna, cuesta abajo, y la otra mitad, cuesta arriba. Yo bajaba por la otra mitad y ella por la segunda, y yendo yo a la altura de Madera, 15, en la casa de putas que llamaban la Sociedad de Naciones, porque había mucha extranjera, a Toisha la alcanzó un obús justo al cruzar la calle del Pez, la dejó deshecha, yo creo que la pobre no se enteró. Mi primer libro, Pisando la dudosa luz del día, lo escribí del 1 al 11 de noviembre; en él va el poema que le dedico a Toisha, lo conoce bastante gente y, en todo caso, no es difícil de encontrar.

La muerte de Toisha fue una prueba muy dura para un hombre de 20 años, yo no me imaginaba siquiera que Toisha pudiese guardar tanta sangre en el cuerpo. Me da cierto rubor confesarlo, bueno, rubor no es, no sé lo que será, reparo, aprensión, vergüenza, miedo al infierno, a lo mejor todo junto, pero recogí del suelo un ojo de Toisha, estaba bastante lejos, lo envolví en un pañuelo y me lo metí en un bolsillo. Al llegar a casa lo metí en un frasco con formol y lo escondí en mi armario, debajo de las camisas, pero unos días más tarde, cuatro o cinco días más tarde, como no sabía lo que hacer con él, porque me daba un asco horrible, y como temía que me lo pudieran encontrar en un registro, lo eché a arder en el hogar de la cocina; entonces no había carbón y, a falta de mejor combustible, se cocían las collejas quemando suelas de zapatillas de goma.

Ésta fue la parte,  una mínima parte, prosaica y penitencial, del amargo, del venenoso trance de la muerte de Toisha. La otra parte poética y redentora, otra mínima parte, quedó en los versos que le dediqué, supongo que habrá quedado.”

Cuando leí estas Memorias de Cela no pude en primera instancia dar crédito a lo que leía. Exactamente igual que lo que me había con el Canzionere. Lo que ocurre es que la poesía de Petrarca jamás ha sido cuestionada no ya en su forma, de la que procede toda la poesía posterior con alguna excepción rara, sino incluso en su verosimilitud. Y así Laura como Beatriz lejos de ser interpretadas como meras musas o el desarrollo poético idealizado de dos mujeres que en realidad existieron (Laura fue una antepasada del marqués de Sade), son aceptadas tal cual y a nadie se le ocurre decir que son una invención de Petrarca y Dante respectivamente. Por razones que no son al caso, sin embargo, cada vez estoy más dispuesta a creer cualquier cosa por disparatada que resulte, y la historia del globo ocular de Tránsito Vargas pienso que es tan cierta como que es ahora de día. 

Como a veces surco la Meridiana a primera hora de la mañana por el carril de bicicleta los domingos, es fácil que me cruce con alguna escena amorosa. Pero todas son terriblemente estándar, por no decir vulgares, y reproducen la mayor parte de veces películas de factoría norteamericana que me resisto a calificar. De manera que es muy común ver atravesarse en pleno carril de bicicleta un utilitario, que una chica airada salga dando un portazo y que se quite el maldito zapato de tacón de aguja  o stiletto para clavarlo repetidamente en el capó del acompañante con el furor uterino de veinte hidras venenosas o dos fans y media de Gerard Piqué.

Para no dejarles con la sensación desabrida de esas historias, las que parecen inventadas y las que parecen copiadas, les dejo otra cita de la autobiografía de Cela, donde también nos resulta reconocible:

“A Petrita y a su prima María Luisa las cité en el Parque del Retiro y les dije que me gustaban las dos y que también me sentía con fuerzas para querer a las dos, no una detrás de otra sino al tiempo; estábamos sentados en un blanco [sic] y las dos se levantaron de golpe y me dijeron varias zafiedades muy desconsideradamente, las mujeres son a veces rarísimas”.

La vida es como es, no se le pueden poner puertas al campo y es impredecible. El jueves salí armada de valor para comprar en el Opencor, que es lo peor de lo peor, la taza de la abeja Maya que daban (es un decir) con “El mundo” y resulta que había leído mal, que la que daban era la de Supermán.

Camilo José Cela en 1918

Camilo José Cela en 1923



28/5/11

Enanos y cabezudos

“Al pasar, se encontró Jesús con un ciego de nacimiento. Sus
discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién tiene la culpa
de que esté ciego, él o sus padres?”.

Juan 9, 1



ue Tod Browning dirigiera Freaks o La parada de los monstruos (1932) el año siguiente de salir a la luz, y es un decir, su versión de Drácula, no nos puede dejar indiferentes. Pero más allá de como ha evolucionado tanto el tema como el mito, no debemos perder de vista algo que se dice al principio de la película, es un código interno por el cual se conviene que dañar a uno de los fenómenos de circo significa dañar a todos los demás. Luego la cosa degenera o se nos da a entender que la malinterpretamos, porque la trapecista del circo engaña al enanito, con el que se casa de burlas, y la venganza de la troupe es terrible. No conozco a nadie que se haya repuesto completamente de la escena final. 

En mi ingenuidad yo había interpretado mal el código de conducta del circo y pensaba que era un poco como la parábola aquella del Monte Aventino o no sé si el Monte Sacro, en Roma, cuando el cónsul Agripa Menenio Lanato medió en el motín de los plebeyos, el año 493 a. C. :

“La primera vez no todo estaba en armonía en la naturaleza del hombre tal como es ahora: Cada miembro tiene su propia voluntad y su propia lengua. Todos los miembros del cuerpo se quejaban que todos sus afanes, y todos sus servicios eran sólo para servir al estómago. Hubo una verdadera conspiración. “Si el perezoso estómago“, dijeron, “muriere, ya no trabajaríamos más“. Así que de acuerdo todos, las manos ya no llevaron comestibles a la boca, los dientes ya no masticaban. “Por lo tanto, el estómago, será conquistado por el hambre“, dijeron.

Pero lo que ocurrió es que las fuerzas de todo el cuerpo se debilitaron. De esta forma aprendieron rápidamente que el estómago no es ocioso e inútil; así como él mismo puede alimentar, él mismo era un seguidor del conjunto.

De esta forma el hombre es a las fuerzas por el que vive y prospera a través de la silenciosa labor del estómago recibe” (Wikipedia)

Gracias a la arenga de Menenio Lanato se resolvieron los disturbios y hasta se creó la institución de los Tribunos de la plebe, que digo yo que de algo serviría. Como toda parábola tiene su contrapuesta también existe la de la manzana podrida, que el director del colegio en el que estudié de niña nos recordaba cada dos por tres (seis). Es la parábola por la cual cuando hay una manzana podrida en el cesto lo mejor que se puede hacer es apartarla para que no se pudran las demás. De manera que, como en todo lo demás, tenemos teorías para todos los gustos. 

“Freaks” (Tod Browning, 1932)

Me acordaba estos días de Freaks cada vez que me llegaba un mensaje con la campaña de retirar 150€ de los bancos con el propósito de desestabilizar la prepotencia de las entidades, especialmente por parte de quien a estas alturas del mes cuenta con 150€ en el banco, claro está. Y es que hay mucha muchísima gente que no los tiene. Como yo soy mucho de magnitudes esa cifra me da muchos indicios y me divierte tanto su fractalidad como las virtudes del soneto más rematado. Y me acordaba porque me parecía raro que nadie dijera lo de Menenio, que si los bancos se hunden se va todo a freír espárragos.

Estos días estoy a verlas venir pero no salgo de mi asombro y de mi estupefacción cuando veo la admiración que despiertan las acampadas del 15 M o la plataforma Democracia Real Ya. Especialmente cuando después de los comicios del pasado domingo han preferido ignorar los resultados, la elocuencia de las urnas y se han declarado literalmente al margen de las elecciones. Así lo escuché el otro día  en la radio a una concentrada en la Plaza de Cataluña. Como al parecer los indignados representan un 0,2 de la población total de este país, está claro que en la democracia representativa no creen. Yo no estaba entusiasmada el domingo ante las urnas, todo al contrario, cuando llegué a mi colegio electoral y vi los otros freaks, los interventores de los partidos, me llené de asco y coraje. No, no era indignación. La indignación me viene cuando pienso en los recursos perdidos y los esquilmados, desviados o distraídos. En una palabra: robados.

No es la primera vez que digo por aquí que este pobre blog no es ni un púlpito ni una tribuna ni un punto desde el que pretenda hacer proselitismo ni publicidad ni nada que se le parezca. No pretendo tener la razón ni, aún menos, que me la den. Es un blog particular, esto es “privado”, en el sentido de “íntimo”. ¿Son discutibles los sentimientos? Ni siquiera me puedo permitir tener una opinión sobre algo y además mantenerla, porque ni tengo suficiente información ni un cerebro tan vigoroso que pudiera procesarla correctamente. Hablo de lo que siento más que de lo que pienso. Y aunque hablara de lo que pienso eso no dejaría de ser mera anécdota y solo palabras. Porque no perdamos de vista que lo que importan son los actos, especialmente en caso de contradicción.

Desde ese punto de vista es desde donde aprecio algo que ya han dicho otros, que cada vez que las urnas parece que van a “castigar” al PSOE aparecen protestas y todo tipo de acciones con un destinatario difuso y se resucitan a monstruos y ogros como Hitler, etcétera. Eso por un lado, por otro lado no puedo dejar de referirme al hecho de que el movimiento originado el 15 de mayo aglutina gente muy diversa y las propuestas de su manifiesto, que no están desarrolladas o precisamente porque no lo están, podrían ser suscritas por cualquiera. Otra cosa es que se pudieran aguantar y no solo con la plastilina de los esplais y las cadenas de pásalos, twitters y demás. La verdad es que me esperaba otro tipo de reacción ante los cinco millones de desempleados. Ésa no. Y ahora sí que me preocupo.

Leo, siguiendo con los monstruos, con cierta preocupación un artículo que ayer [enlace roto, "servicio discontinuado"] vi en la revista de Humanidades y Medicina, Jano. Lo firma Óscar Giménez, que escribe muy bien, no como otras. En él se nos acerca una investigación reciente en la que se halló que el córtex cingulado anterior de los liberales es de mayor tamaño que el de los conservadores. Habría que decir “de los que se declaran liberales” y “de los que se declaran conservadores”, pero ese es otro tema. El autor principal, Ryota Kanai no se aventura a afirmar sin embargo qué es primero, si la gallina o el huevo, y por lo tanto si es nuestra ideología lo que conforma nuestra masa gris o al revés. En este sentido Óscar Giménez recuerda otro estudios de 1967 por el cual se relacionaba el tamaño del pene con las tendencias políticas y en el que se concluía que los conservadores republicanos estadounidenses tenían mayor sus miembros que los demócratas.

A mí todo esto lejos de parecerme “muy interesante” -parafraseando la revista paramédica- me produce una cierta incomodidad pero también indiferencia. Según el día. Me perdonarán pero las campañas como la de los 150 € o esa otra de que se va a hundir Google me resultan como los pop-ups en los que se me felicita porque me ha tocado un BMW por ser la visitante un millón de una web sobre algo que no tiene nada que ver. Gráficamente tienen el mismo valor. A mí, a quien nunca ha tocado ni tocará nada, resulta que a diario se me felicita porque tengo un vale de 500 € para comprar  trapitos no sé donde, o me regalan un viaje a Praga o 50 horas de conversación en una compañía telefónica.  Y  todo esto por no decir nada de la cantidad de mensajes que recibo para aumentar mi pene. En mi pequeño cerebro -tan pequeño como el de Schlitzie- hay tan poca materia gris que apenas puedo manejar para el caso que nos ocupa estos datos. Y seguro que habrá quien me dirá que si aceptara la posibilidad de que me ha tocado un viaje a Praga me tocaría un viaje a Praga, porque esa veta también existe en la especulación filosófica y psicológica de la actualidad. Dejadme vivir.

No olvidemos que uno de los más importantes investigadores en la historia del descubrimiento del ADN, James Watson, dijo una vez algo así como que se debería conceder a las mujeres la posibilidad de abortar si los análisis preparto mostraran que su hijo va a ser homosexual. Y si les recuerdo sus conclusiones sobre la inteligencia de los negros de alguna manera me haría cómplice y resulta que sea porque no tengo pene o sea porque mi córtex cingulado anterior no está íntegro, cuanto más dotada está una persona menos veo en ella la gloria de vivir y más me gustan los monstruos.

“Jesús les respondió: “Ni él ni sus padres. Su caso servirá
para que se conozcan las obras de Dios”.

Juan 9, 3

10/5/11

Arte y parte. Díptico sobre Jean Renoir

Estos días ando repasando la filmografía de Jean Renoir (La gran ilusión, La bestia humana, La regla del juego) y también una entrevista que le hizo Jacques Rivette que está en Youtube en francés y subtitulada en inglés. El pedazo a que remite mi enlace discurre sobre el arte y lo que mata -por decirlo así de rápido- al arte. He escuchado varias veces las palabras de Renoir, cuyo valor está garantizado por su filmografía que por cierto en gran parte pudo hacer “gracias” a que fue vendiendo cuadros que había pintado su padre, cosa que no cesa nunca de impresionarme. Supongo que es por esa razón por la que hay tantos cuadros de Pierre-Auguste Renoir en Estados Unidos. Pienso sobre todo que Jean Renoir tenía que estar muy seguro de su propia valía para haber hecho algo así, porque no se me ocurre otra causa por la cual hubiera podido vender los cuadros de su padre.

En cualquier caso, cuando vemos la primera escena de La bête humaine (Jean Renoir, 1938) no podemos menos que creer que la plata de la vieja película de nitrato se deja ver entre las imágenes, como una manera especial de perfilar brillos y claroscuros, negros y grises. Las escenas de trenes en marcha abundan en la historia del cine, pero yo no recuerdo ninguna que tenga tamaña belleza, o al menos ahora mismo no se me ocurre. Me estoy acordando simplemente de los trenes de películas del oeste, de Asesinato en el Orient Express (Sidney Lumet, 1974) y de El puente de Casandra (George P. Cosmatos, 1976), que acaba bastante mal. La bête humaine no es que acabe bien, tal y como está basada en los personajes de Zola, cada uno descarriado a su manera, él (Jean Gabin en el papel de Jacques Lantier) por generaciones de alcohólicos y locura que pesan y se arrebolan en sus venas, ella (Simone Simon en el papel Séverine Roubaud) por su tendencia a ser una mala mujer, expresión con la que el mundo clásico se suele referir a las mujeres que llevan a los hombres indefectiblemente por el camino de la perdición.

Como a mí no me interesa pero que nada el tema de las emociones que recrea la película ─aunque lo hace muy pero que muy bien- me detengo por una parte en las primeras escenas, del protagonista como maquinista ferroviario camino a Le Havre en compañía de Pécqueux. La  locomotora que conducen Jacques Lantier y Pécqueux se llama Lison, una variante del nombre que en español es propiamente Isabel o Elisa. A pesar de que se le han querido añadir a Lison una serie de connotaciones simbólicas referentes a los significados más evidentes de la película,  la insania, el adulterio, yo dejaría que limpiamente la primera escena se presentara en toda su fuerza -no solo en sus imágenes sino también en su sonido- y, sin más:

Primera escena de “La bête humaine” (Jean Renoir, 1938)

 

Aunque esa escena es poderosamente elocuente la uso para ilustrar  y completar el texto que he transcrito al español del vídeo de la entrevista y el eterno tema de la relación entre naturaleza, arte y tecnología. Mi opinión es lo que menos cuenta pero diré que la tecnología me interesa infinitamente menos que el arte y que la naturaleza. Y siento tener que decir que no he visto hasta el día de hoy ni una sola página web hecha “profesionalmente” que me haya despertado la más mínima admiración ni emoción estética. La naturaleza es misteriosa y hermosa, aunque a veces es indiferente a nuestros pesares, y siempre implacable. Aunque nos acompaña en ese viaje al que dos posts atrás me refería y nos devuelve constantemente a nuestro verdadero ser, tal vez la compañía del arte y de la belleza en general es de lo poquito que nos puede consolar. 

Transcripción aproximada de la entrevista de Jacques Rivette a Jean Renoir (¿1966?)

*

Jean Rivette — Aparte del sonido, el llamado “progreso” en el cine (color, pantalla grande, avances técnicos en la filmación además de la manera en que las películas están hechas), ¿ese progreso no va todo él en la dirección de un realismo más perfecto, un realismo técnico?

Jean Renoir — Seguro. Es lo misma historia en todas las artes. Y sabemos que en la historia de todas las artes la llegada del realismo perfecto coincide con la perfecta decadencia. Ya antes me he referido al ejemplo del arte griego. Hay muchos ejemplos. Pero uno viene a mi mente.  Permítame que me repita. Es el arte de los tapices. El primer tapiz que conocemos es el Tapiz de la reina Matilde. La reina Matilde y sus damas para pasar el tiempo mientras su marido Guillaume conquistaba Inglaterra tejieron un tapiz. Es evidente que la lana que usaron era primitiva, probablemente sebosa.  Los colores eran muy toscos, probablemente a base de vegetales y de algunos minerales. En el tapiz solamente se usó una limitada y pobre paleta de colores y no obstante ese tapiz es probablemente uno de los tapices más bellos del mundo. Durante varios siglos los tapices continuaron siendo primitivos. Así por ejemplo los tapices de Angers sobre el Apocalipsis.  Vemos un mundo maravilloso y no solo en el sentido del sueño sino en el de la realidad. Los personajes del tapiz son como modernos, nosotros los conocemos y nos los encontramos en las calles todos los días y se parecen a esos santos, esos reyes, esas reinas, esos pecadores o esos ángeles. Y sabe Dios que era una técnica bien primitiva.  Pero un buen día el rey Enrique IV cometió un desacierto enorme y eliminó el arte de la tapicería de golpe. Con Sully.  Lo que me hace preguntarme si la leyenda no será una completa mentira.  Porque la estupidez de Enrique IV con respecto al arte de los tapices me hace dudar de la leyenda de su divinidad.  Reemplazó la urdimbre corta existente por la urdimbre larga de manera que se hizo posible entrelazar los hilos de una manera más sutil. Al mismo tiempo hubo  un enorme avance en los colores. El rey decidió fomentar los tapices de urdimbre larga. El arte de los tapices avanzó incrementándose su capacidad para imitar a la naturaleza. Pronto no fue necesario concebir simplificaciones de los motivos de los tapices. Se copiaron pinturas con la verosimilitud de los cuadros de Boucher y Watteau. Hoy en día un tapiz puede copiar la naturaleza. Cada matiz se ha hecho posible.  Diez tonos de verde. Todos los tonos del azul del cielo desde el de la pálida nube hasta el azul más profundo.  ¿El resultado? Los tapices se han acabado.  En la actualidad artistas como Lurçat intentan revivir artificialmente el arte del tapiz rehuyendo el realismo.  Pero ay algo trágico ocurre. Es un intento artificial.  No obtenemos un tapiz de la Reina Matilde.  Lo cual a veces me hace preguntarme  si el don de la humanidad para la belleza no será a pesar suyo.  Y si su inteligencia, esa facultad devastadora… Es terrible la inteligencia, se hacen barbaridades con la inteligencia… Si la inteligencia no nos empujará hacia la fealdad ¿Qué ocurriría si la inteligencia nos hiciera esclavos, admiradores de todo cuanto es feo? ¿Qué si nuestra tendencia a imitar la naturaleza no fuera simplemente una tendencia hacia la fealdad, puesto que lo que imitamos de la naturaleza no es precisamente lo más bello? Me pregunto si en los tiempos primitivos todos los objetos, no solo los artísticos, eran bellos, cuestión que es bien perturbadora, si pensamos en la cerámica etrusca, toda ella tan preciosa, ¡y no me diga que todos los ceramistas etruscos eran genios! ¿Cómo puede ser que cuando la técnica es primitiva todo es bello y cuando la técnica llega a la perfección todo es espantoso excepto cuando las cosas están creadas por un artista con talento que sobrepasa la técnica?

Es una pregunta perturbadora.  Que me sugiere otra cuestión sobre nuestra discusión acerca de las artes del espectáculo que nos interesan. Me pregunto si nuestro progreso tecnológico no es simplemente un indicio de nuestra completa decadencia. La perfección técnica solo nos puede llevar al aburrimiento, en tanto que solo reproduce la naturaleza. Imagine que podemos recrear perfectamente un bosque en el cine.  Podemos ver la espesa corteza de los árboles. La pantalla es más grande que nunca y rodea el auditorio. De manera que estamos en el medio del bosque.  Podemos tocar los árboles y oler el aroma del bosque.  Habrán maquinas que emitirán el sutil olor del musgo. ¿Qué pasará? Pasará que la gente cogerá un scooter y se irá al bosque real y no a ver películas. Porque ¿quién querrá ir a ver una película cuando puede ver la cosa real? Por lo tanto la imitación de la naturaleza solo nos puede llevar al fin del arte.

Jean Rivette — Llevando su argumento más lejos, a su conclusión lógica,  no podemos menos que lamentar que las películas tengan cada vez el grano más fino.

Jean Renoir —   Absolutamente. Yo lamento sinceramente este hecho.  Somos cineastas, así que déjeme que admita una cosa. Estudie la fotografía de las películas primitivas. Estudiemos la fotografía de “El gran robo del tren”, el primer western americano. Observemos la fotografía de las películas de Max Linder.  En general es soberbio ¡Increíble contraste!  Lamento los avances en el surtido de películas”.

 

Fragmento del tapiz de la Reina Matilde o de Bayeux (ca. 1066)

 

Fotograma de La bête humaine (Jean Renoir, 1938)

5/5/11

Post 630: Difusión cultural

“A la hora de la comida, Booz le dijo: “Acércate aquí, puedes
comer y untar tu pan en el vinagre”. Ella se
le ofreció grano tostado. Comió ella
hasta saciarse y aún le sobró. Cuando
se levantó ella para seguir espigando, Booz
ordenó a sus criados: “Dejadla espigar también entre
las gavillas y no la molestéis. Podéis sacar incluso
algunas espigas de las gavillas y las
dejais caer para que ella las recoja y no la riñáis”.

Rut 2, 14



pesar de que estos días estoy intentando quitarme esa gran cantidad de trabajo que me llega hasta las orejas, no puedo menos que hacer una pausa para traerme a este álbum -que es el de ustedes- una fotografía de Josefina Darriba, uruguaya en Argentina. Josefina es una de las dos o tres razones por las que mantengo mi cuenta en Facebook. Aunque no la conozco por ahora personalmente, puesto que nos encontramos en el muro de una escritora porteña, siempre es un placer saber de ella, que encarna aquello de que la inteligencia puede brillar en la discreción. No nos da más que alegrías.*

Cuando ayer vi su álbum “En una esquina de Córdoba”, del que no faltará decir que se trata de la Córdoba americana, enseguida quise hacerme con alguna de las fotos para este pobre blog e inmediatamente obtuve su permiso. La serie ilustra bien esas mañanas o tardes con que al fotógrafo la realidad le agasaja con unas cuantas instantáneas que están cargadas de valor. Los reflejos, la superposición de planos, la ocasión, la espontaneidad, la fugacidad, la viveza, todo está ahí. Sabe Jose que a veces salimos con la cámara, como quien sale a cazar y, sí, disparar disparamos, pero las fotos apenas tienen fuerza más allá de que capturan un momento. Y el momento, como dijo Schubert tan bien, es supremo. El momento es de lo mejor.

De nuestro “pasado” como cazadores y recolectores pretendí hablar en "Los recolectores y la recolectora". Uno de mis documentales preferidos es Los espigadores y la espigadora, o Les glaneurs et la glaneuse (Agnès Varda, 2000), que trata sobre los recolectores y espigadores de nuestra época, aquellas personas que recogen y utilizan lo que los demás han dejado. La primera parte del documental da buena idea de las otras partes. Y uno de mis libros preferidos es el de Rut la viuda, cuando su cuñado hace por facilitarle su “cosecha” como espigadora. El libro veterotestamentario no deja de ser una perpetuación del levirato, que es la ley de Israel por la cual la viuda sin hijos se casa con un hermano del marido, pero a mí me gusta mucho la escena a la que me refiero, en la que Booz se asegura de que pueda espigar más de lo que se podía esperar.

Ahora algunos agricultores se quejan de que les roban las cosechas. A los agricultores nunca les ha importado que alguien les cogiera una manzana, una col, unas nabizas, pero sí que les roben la cosecha entera. No quiero dejar de ofrecer un recuerdo a los ricos del pueblo de mi madre, que cuando era niña y la veían venir, se metían disimuladamente dentro de sus casas y ataban los perros para que ella -que pasó mucha hambre- pudiera tomar unas tabardillas de los manzanos. Toda mi gratitud por la delicadeza de su caridad. Que Dios les bendiga una y mil veces, caramba.

Y como en este mundo tiene que haber de todo, lo mismo que hay fotógrafos recolectores y fotógrafos cazadores, también los hay carroñeros. No olvidemos que nuestros ancestros del Paleolítico más primitivo eran fundamentalmente carroñeros y recolectores. Solo cuando no tuvieron otro remedio, porque aumentó la población de homínidos,  solo cuando empezaron a organizarse mejor, cazaron aquellos animales cuyos restos nos dan una idea de su enormidad y fiereza. Los fotógrafos “carroñeros” son los que esperan horas para captar algo que saben que indefectiblemente ocurrirá (aunque a veces no saben qué es bien bien) y también son los que se aprovechan del trabajo de los demás y se lo apropian.

Fotografía de Josefina Darriba del álbum “En una esquina de Córdoba”



Yo he experimentado jornadas de “caza” trepidantes. Ya cuando cargo las pilas de la cámara digital, como si fuera un escopeta ni más ni menos, y cuando prefiero usar el visor a la pantalla para encontrar el objeto y recortar la vista, me siento como una cazadora. Hasta me salen como pases de pecho y manoletinas, aunque las suertes del toreo son un arte para el que hay que tener cintura.
Aunque hay por ahí y por aquí infinidad de fotos preciosas de este mundo ante cuya degradación asistimos -que si las ranas costarricenses, que si la Antártida y la Gran Muralla, que si el lago Como, ah, y los tigres, ¡los tigres!- seguramente las fotos que más interesantes son serán aquellas que plasman a nuestros congéneres en esta nave en la que viajamos por el espacio, en soledad o no. La Tierra. 

 

Quando eu me encontrava preso | Cuando me encontraba preso
na cela de uma cadeia | en la celda de una prisión
foi que vi pela primeira vez | fue cuando vi por primera vez
as tais fotografias | las dichosas fotografías
em que apareces inteira | en que apareces entera
porém lá não estavas nua | aunque allí no estabas desnuda
e sim coberta de nuvens… | sino cubierta de nubes…
Terra! Terra! | Tierra, Tierra
Por mais distante | Por más lejos que estuvierao errante navegante | el errante navegantequem jamais te esqueceria?… | ¿quién jamás te olvidaría?

Ninguém supõe a morena | Nadie supone a la morenadentro da estrela azulada | en la estrella azuladana vertigem do cinema | del vértigo del cineMando um abraço prá ti, | Te mando un abrazo,pequenina, como se eu fosse | pequeñita, como si yo fueseo saudoso poeta | el nostálgico poetae fosses a Paraíba… | y te fueses a ParaíbaTerra! Terra! | Tierra, Tierra

Eu estou apaixonado | Yo estoy apasionadopor uma menina terra | por una niña tierrasigno de elemento terra | signo de elemento tierraDo mar se diz “terra à vista” | Desde el mar se dice “tierra a la vista”Terra para o pé firmeza | Tierra para el pie firmeTerra para a mão carícia | Tierra para la mano cariciaOutros astros lhe são guia… | A los otros astros  guíaTerra! Terra! | Tierra, Tierra

Por mais distante | Por más lejos que estuvierao errante navegante | el errante navegantequem jamais te esqueceria?… | ¿quién jamás te olvidaría?

Eu sou um leão de fogo, | Yo soy un León de fuego,sem ti me consumiria | sin ti me consumiríaa mim mesmo eternamente | a mí mismo eternamentee de nada valeria | y no valdría nadaAcontecer de eu ser gente | Pasa que soy gentee gente é outra alegria | y la gente es otra alegríadiferente das estrelas… | diferente de las estrellasTerra! Terra! | Tierra, Tierra

Por mais distante | Por más lejos que estuvieraO errante navegante | el errante navegantequem jamais te esqueceria?… | ¿quién jamás te olvidaría?

De onde nem tempo, nem espaço | [¿]De donde ni tiempo, ni espacio Que a força mãe dê coragem | Que la fuerza madre del coraje [?]prá gente te dar carinho | para que la gente te de cariñodurante toda a viagem | durante todo el viajeque realizas do nada | que realizas de la nadaa través do qual carregas | a través de la cual cargaso nome da tua carne… | el nombre de tu carne…Terra! Terra! | Tierra, Tierra

Por mais distante | Por más lejos que estuvieraO errante navegante | el errante naveganteQuem jamais te esqueceria?… | ¿Quién jamás te olvidaría?Terra! Terra! | Tierra, Tierra

Na sacada dos sobrados | En las azoteas de los áticosda velha são Salvador | de la vieja San Salvadorhá lembranças de donzelas | Hay recuerdos de las doncellasdo tempo do Imperador | del tiempo del EmperadorTudo, tudo na Bahia | Todo, todo en Bahíafaz a gente querer bem | hace a la gente amarA Bahia tem um jeito… | Bahía tiene algo…Terra! Terra! | Tierra, Tierra

Por mais distante | Por más lejos que estuvierao errante navegante | el errante navegantequem jamais te esqueceria?… | ¿quién jamás te olvidaría?Terra! | Tierra

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1/5/11

"O"

“Algo tiene Viena de las rosas del sur. Y cuando
las violetas se marchitan
en los bosques, las vienesas se visten de
flores. Cuando los mirlos dejan de cantar en el Prater,
comienzan los conciertos”.
Mauricio Wiesenthal, El esnobismo de las golondrinas.

 


e resulta cada vez más oneroso la mayor parte del cine contemporáneo. Cada vez me siento más desfasada de todo. Si les digo que hoy me he visto explicando que en el proceso del libro de una biblioteca pública lo primero que se hace es sellarlo para que quede identificado con el membrete del propietario… De repente, cuando estaba a media explicación (tampoco es que de para mucho) he sido consciente de que se me caían mis casi 50 años todos de una vez encima de mí. “Primero se coje el libro y se sella en la portada, en la página 1, 101, 201, etc. y no al tuntún. No se trata de poner sellos por un tubo, sino de ponerlos con tino”. Y lo de esta afición que le he tomado a las primeras películas del cine sonoro tampoco habla mucho a favor de mi caso, que doy por perdido.

La letra capital de hoy pertenece a la película “M, el vampiro de Düsseldorf” (Fritz Lang, 1931). Se suele decir que fue la primera película en emplear un leitmotiv. Esto es, el vampiro o asesino de Düsseldorf, cuando se trastorna silba “En la gruta del rey de la montaña” de Edvard Grieg, o cuando silba “En la gruta del rey de la montaña” se trastorna. Tanto da. Se ve que quien silbaba en la cinta original es el propio Fritz Lang, porque el actor perdía el resuello. Y esto de los motivos es francamente bonito de saber porque fíjense sino en el motivo que acompaña las apariciones de Gargamel y Azrael, los antagonistas de los Pitufos o (Les Schtroumpfs), muy opuesto al que suele acompañar a los propios enanitos. He intentado silbar “En la gruta del rey de la montaña” y no he sentido nada raro y no me he ahogado, pero no sé si el hecho de ahogarse es lo que desata la maldad. El caso es que este fin de semana he visto, además de “M, el vampiro de Düsseldorf”, otro clásico, “El ángel azul” (Josef von Sternberg, 1930), es decir del año anterior. En “El ángel azul” aparece sino un leitmotiv, algo muy muy parecido, que va jalonando las partes de la película por ser el carillón del reloj del pueblo y nos va acercando al vórtice del drama, puesto que no es ni más ni menos que un compás de “La bella molinera” de Schubert. Para quien no conozca esta maravillosa colección de lieder, diremos simplemente que en su conjunto es una sucesión de veinte canciones como estampas que van desde el optimismo a la desesperación. “El ángel azul” es una película magistral con una Marlene Dietrich que se come las escenas y todo el boato huero de la decadencia de Hollywood. Las piernas de Sharon Stone parecen un par de bolígrafos Bic o Rotrings al lado de las piernas de Marlene Dietrich. Sin embargo, también hay que decir que tanto von Sternberg como Lang acabaron sus carreras y sus vidas en los Estados Unidos.

La tercera película que he vuelto a ver este fin de semana fue La regla del juego (Jean Renoir, 1939). Con La regla del juego me pasa un poco como con la ópera bufa en la cual se inspira, Le nozze di Figaro, que no me interesa nada lo que me explica. La ópera de Mozart tiene momentos descomunalmente bellos, como la cavatina de la condesa, de la cual no sé si enlazar la versión cantada por Montserrat Cavallé o la de Maria Callas, por lo que enlazo las dos y tan ancha. Pero el jaleo de amoríos me agota. Leí en su momento cosa de 10 veces o más el argumento de la historia y no conseguí aclararme con los triángulos y hasta poliedros amorosos. Luego caí en la cuenta de que tampoco hacía falta alguna. En “La regla del juego” la sucesión de escenas amorosas que se entrecruzan es tan rápida que es imposible tomarlas en serio y pertenecen al mismo tirón dramático que el de la batida de caza. Con todo es inaceptable no admitir que es una obra maestra del cine y que todo no deja de ser un reflejo del amor que le tiene lo falso a lo verdadero, lo que no es a lo que sí es. Es por eso por lo que encabecé la página de hoy con esa cita de Wiesenthal, porque quería remitirme a la textura que tienen los deseos y porque contínuamente tendríamos que admitir que no tenemos otra cosa que no sea tiempo. No es que tenga más valor per se el canto de un pájaro que un concierto “artificial”, como tampoco lo tiene una flor respecto a otra flor de un vestido, lo que tiene valor es en todo caso darse cuenta de los reflejos, los espejismos, las huellas, y dejarse hacer. Le oí una vez decir a un amigo mío: “Mi madre ha pasado por la vida pero la vida no ha pasado por ella”.

Más fácil es referirse a la película “M”, la del asesino de Düsseldorf, que en realidad existió y fue un asesino en serie. Pienso que lo del sobrenombre de “vampiro” le debe de venir por el estado en el que encontraron a las niñas que asesinó, pero es algo que no me interesa, la verdad. Lo bonito de la película es cómo para encontrar al asesino antes de que se le vuelva a ir la bola, se ponen en marcha los recursos de dos organizaciones, la de la policía de Düsseldorf y la de los criminales, que ven amenazada su normalidad con tanta redada y tanta niña muerta por un criminal que lo consideran mucho peor que ellos. El despliegue de los bandidos y falsificadores o delicuentes en general está además reforzado por la red de mendigos que apostan por toda la ciudad. Por lo tanto, se diría que cuentan con más recursos humanos que la policía, que pueden llegar a donde no llegan las autoridades y además tienen tantas ganas como el que más de capturar al psicópata.

La colaboración entre la llamada Ley por antonomasia y los malhechores es un clásico del cine, sea por los chivatos y confidentes, sea porque en muchas películas sobre la Mafia está claro que la primera interesada en mantener “el orden” es la propia organización que está al margen de la ley. No hace tanto tiempo que Xavier Cugat decía que los que eran mejores pagadores eran los mafiosos, que siempre le habían retribuído puntualmente y según lo acordado. Pero, en fin, también nosotros vamos a poner un poco de orden en este post que se desborda y, sin pretender bordarlo, que eso es imposible ante tamaño bastidor, voy a intentar trasmitir la desazón que me ha producido hoy la declaración de Barak Obama sobre la ejecución de Osama Bin Laden: “Puedo informar al pueblo estadounidense y al mundo de que Estados Unidos ha matado a Osama Bin Laden”. La frase por una parte me ha recordado en algo a las folklóricas y otras divas y divos en general cuando hablan en tercera persona de si. Por otra parte -y esto es mucho peor- me ha recordado aquella frase de Goethe, “prefiero la injusticia al desorden“, que aún no he conseguido desentrañar del todo, y menos hoy. Las frases de Goethe tienen trastienda, efecto y honda. Así como tengo claro que el chivatazo del caso Faisán no favorece ni a la justicia ni al orden y revela trapicheos deleznables y pactos no precisamente entre caballeros, la ejecución del terrorista Osama Bin Landen, introduce un “nuevo orden” y tiene algo de deleznable por mucho que se haya hecho de acuerdo con la ley y el embeleco del premio Nobel de la Paz. ¿Sino de qué iban a haberlo matado los Estados Unidos? No sé si me explico.

 

Captura de pantalla de M, el asesino de Düsseldorg (Fritz Lang, 1931)

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