31/5/17

Post 1527: Alibabá y Gulliver

Hace un par de meses estuve por El Coll y pasé cerca de La Bruguera, hoy Centre Cívic, pero que había alojado el taller o las oficinas de una de las editoriales más importantes de Barcelona. Como Salvat llegó a abrir en su época de expansión sucursales en Sudamérica. Un documental de Carles Prats emitido hace poco en TV3 nos recuerda las historietas, pero la factoría también editó colecciones de clásicos infantiles y juveniles, novelitas del Oeste de Marcial Lafuente Estefanía, Corín Tellado y libros de bolsillo de la literatura universal.

Cuando el año pasado para el pregón de las Fiestas de la Merced se invitó a Javier Pérez Andújar, que nos brindó unos minutos deliciosos sobre la literatura de kiosko y demás, inconcebibles sin la existencia de nuestra Editorial Bruguera y sus tebeos o colecciones como Heidi, que ilustra el post de hoy. Las sobrecubiertas se deben a Francisca Gallarda Garós, que falleció en septiembre de 1971 y que también hacía recortables para niñas. Era característico de esta colección y de la de Historias selección un lomo en que a modo de tejuelo había unos dibujos con los protagonistas de las historias contenidas. Todos estos libros para niños y adolescentes tenían el texto adaptado y cada cierto trecho dos ilustraciones a toda página, en blanco y negro. Se podía hacer una doble lectura, o alternarlas. Es decir, se podía seguir la historieta solo con la versión ilustrada o bien se podía hacer una lectura convencional o se podía hacer la doble lectura.

La industria de Francesc y Leopold Bruguera, hermanos, es un modelo o un ejemplo empresarial que probablemente muchos consideran periclitado. Se trabajaba muchas horas, los trabajadores tenían 5 pagas extras y podían conseguir sobresueldos si se llevaban trabajo a sus casas, y los propietarios entregaban a las familias de los trabajadores que se morían un millón de pesetas, según se cuenta en el documental (se entiende que en plena vida laboral). Pongamos que sería por los años 60-70 del siglo pasado.

En mi infancia me junté con muchos libros. Tanto a mi hermano como a mí nos gustaba mucho leer. El marido de mi madrina nos pasó una colección de su época que no bajaba de unos 20 volúmenes. Siempre nos regalaban libros en fechas señaladas y cuando yo tuve un accidente de tráfico a los 9 años recibí muchos libros de Enid Blyton, de la Editorial Bruguera (muchos de Sissí, que a mí no me gustaba), del Capitán Trinquete (Ediciones Toray), etc. Mi historia preferida era la de Gulliver y lo sigue siendo. El pregón de Pérez Andújar entronca con la canción "Qualsevol nit pot sortir el sol" de Jaume Sisa.

No he leído los western de Marcial Lafuente Estefanía, pero sí alguno de Zane Grey que me recomendó mi amiga la escritora Teresa Pous. Tampoco he leído Corín Tellado, que ya mencioné en este blog por lo prolífica que fue. Como dijo Proust en su "Elogio de la mala música":

"Detestad la mala música, no la despreciéis. Se toca y se canta mucho más, mucho más apasionadamente que la buena, mucho más que la buena se ha llenado poco a poco del ensueño y de las lágrimas de los hombres. Séaos por eso venerable. Su lugar, nulo en la historia del Arte, es inmenso en la historia sentimental de las sociedades. El respeto, no digo el amor, a la mala música es no sólo una forma de lo que pudiéramos llamarla caridad del buen gusto o su escepticismo, es también la conciencia de la importancia del papel social de la música. Cuántas melodías que no valen nada para un artista figuran entre los confidentes elegidos por la muchedumbre de jóvenes romancescos y de las enamoradas. Cuántas "sortijas de oro", cuántos "Ah, sigue dormida mucho tiempo", cuyas hojas son pasadas cada noche temblando por unas manos justamente célebres, mojadas por las lágrimas de los ojos más bellos del mundo, melancólico y voluptuoso tributo que envidiaría el maestro más puro —confidentes ingeniosas e inspiradas que ennoblecen el dolor y exaltan el ensueño y que, a cambio del ardiente secreto que se les confía, ofrecen la embriagadora ilusión de la belleza. El pueblo, la burguesía, el ejército, la nobleza, así como tienen los mismos factores, portadores del luto que los hiere o de la alegría que los colma, tienen también los mismos invisibles mensajeros de amor, los mismos confesores queridos. Son los músicos malos. Este irritante ritornello, que cualquier oído bien nacido y bien educado rechaza nada más oírlo, ha recibido el tesoro de millares de almas, ha guardado el secreto de millares de vidas, de las que fue inspiración viviente, consuelo siempre a punto, siempre entreabierto en el atril del piano, la gracia soñadora y el ideal. Esos arpegios, esa "entrada" han hecho resonar en el alma de más de un enamorado o de un soñador las armonías del paraíso o la voz misma de la mujer amada. Un cuaderno de malas romanzas, resobado porque se ha tocado mucho, debe emocionarnos como un cementerio o como un pueblo. Qué importa que lascaras no tengan estilo, que las tumbas desaparezcan bajo las inscripciones y los ornamentos de mal gusto. De ese polvo puede elevarse, ante una imaginación lo bastante afín y respetuosa para acallar un momento sus desdenes estéticos, la bandada de las almas llevando en el pico el sueño todavía verde que las hacía presentir el otro mundo y gozar o llorar en éste.

Marcel Proust, Los placeres y los días

Sobrecubiertas de la colección Heidi por Francisca Gallarda Garós

Muñecas recortables de Francisca Gallarda Garós


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30/5/17

Mariano Gracia

A  cuento  de  la  posibilidad  de  elegir el  orden  de  los  apellidos de  los  niños  a  partir de  mañana,  cuando  pierda vigencia  gran  parte  de  la Ley  del  Registro  Civil (de  1957), me  preguntaba  si  se  podría  aplicar  un  primer  apellido distinto para hijos del mismo padre. Es decir, si se podría poner a un hijo el primer apellido del padre y a otro hijo el primer apellido  de  la  madre.  No  me  parece  cuestión  menor  que  el  registro  civil  se  privatice, aunque  ignoro  qué consecuencias  tiene.  A  la  vista  de  la Ley  20/2011 se  lee:  "El  orden de  los  apellidos  establecido  para  la  primera inscripción  de  nacimiento  determina  el orden  para  la  inscripción  de  los  posteriores  nacimientos  con  idéntica filiación". Por lo tanto queda claro que los hermanos tendrán los mismos apellidos, sea cual sea el orden elegido para el primero.

Como  una  es  muy  bruta  prefiere  las  cosas  como  son  y  aunque  me  hago  cargo  del acomplejamiento  que  puede acarrear  llamarse  García,  las  alternativas  me  parecen peor. Aunque  se  hablaba  hoy  en  los  medios  de  que  la opcionalidad  salvaría  apellidos que no  tuvieron  hasta  ahora  derecho  de  transmisión,  me  parece  que  tampoco  es para ser tan  dramáticos.  Como  dicen  los  franceses,  "Tout  passe,  tout  casse,  tout  lasse  et tout se  reemplace".  

Ni siquiera la permanencia de la Mezquita-Catedral de Córdoba es algo que nos tuviera que preocupar más allá de lo razonable. No es que la queramos ver hecha polvo, pero hay cosas más importantes, como las marismas de Doñana.

Lo mismo que aprecio la conservación de los bienes culturales y del patrimonio artístico, también defiendo que no hace  falta  preservar  a  toda  costa  edificios  que  exigen  un mantenimiento  desatinado.  La  Mezquita-Catedral  de Córdoba ─según Trip-Advisor, que tampoco es que sea la autoridad más relevante en estos temas─ es el edificio más visitado de Europa. Yo hubiera dicho que era más visitado el estadio del Barça o el Coliseo de Roma, pero es igual. En  cualquier  caso  las  multimillonarias  restauraciones  de  algunas  obras  están  justificadas  en  cuanto  atraen  un turismo enorme y divisas. Pero queda claro que si un aguacero se lleva por delante un puentecito romano hecho por ingenieros militares, lo siento más por el río que por la pérdida del monumento. Si un puente aguantó veinte siglos, el  problema  está  claro  que  está  en  el  río,  en  el  clima,  en  la  mano  del  hombre.  Y  es infinitamente  más penosa la desaparición de un río que la desaparición de un puente. 

Paseábamos esta mañana con mi amiga À. F. Fabra i Puig abajo y señalábamos que tal vez una de las 3 tiendas que permanecen desde hace más de 40 años por un tramo del paseo es la  de Mariano Gracia. Hace esquina entre el Paseo de  los hermanos Ferran y Romà Fabra i Puig (o Puig i Fabra) con la calle del Dr. Emili Pi i Molist,  ante la Plaza Virrei Amat.

Tal vez el letrero amarillo no es el original, pero se le parece mucho, siempre fue amarillo. No creo que pueda haber alguien que tenga dificultades para leer el letrero incluso desde lado opuesto de la plaza. Pienso que el revestimiento de mosaico vidriado amarillento sí es el original. Los toldos, el equipamiento de la tienda (mostradores, burros, estanterías) son funcionales y pragmáticos, destilan mercantilismo utilitario. Responden al espíritu comercial de otra época, donde no se pondría en el escaparate ninguna extravagancia que despistara sobre los productos que se ofrecían dentro del local. Ahora verdaderamente hay tiendas que han llevado tan lejos la originalidad que cuesta saber qué venden o para qué.

Mi madre, que regentó durante 40 años una tiendecita de ropa del hogar, me dijo hace no mucho que si tuviera que comprar algo lo compraría allí. Venden ropa que con no ser de lujo está bien confeccionada y las costuras están derechas, bien rematadas y los colores no pierden. Es posible encontrar en Mariano Gracia bragas de algodón de tallas grandes (hasta la 64), armillas, chubasqueros clásicos de nilón, mañanitas y otras prendas que aún se hacen aunque cuentan con un público menguante. Hay ropa de trabajo, como pantalones de mecánico o delantales de pescatera, pero también hay camisones y calzoncillos a la moda, toallas, batas, calcetines y mucho género de lo que en "El Corte Inglés" llaman textil cama. El negocio de Mariano Gracia funciona, siempre se ve gente comprando o mirando los escaparates, los cuales, como digo, representan bien lo que se puede encontrar tienda adentro. Hay colas. 

El sistema de escaparatismo me recuerda el que tenía una tía paterna mía en su negocio, que estaba en la Bajada de La Plana. Usaba agujas para poder extender bien las prendas y las colgaba abigarradamente de hilos que no se veían casi. Se muestran claramente los precios, con cifras redondas, y ya está. Nunca he visto ni un Maneki-neko o gato de la suerte ni un San Pancracio con una moneda de 25 céntimos de peseta y una ramita de perejil ni nada que se le parezca.

No puedo dejar de señalar que también lleva allí en esa esquina muchos años la gitana María, sentaba en un lado de un escaparate, con la mano extendida pidiendo limosna. María también es clásica. Lleva el cabello recogido en un moño y saluda a quien le saluda y cuando le das la limosna te bendice. Hoy cuando pasamos aún no había llegado.

Fotografía: M. Domínguez Senra
Fotografía: M. Domínguez Senra

Post scriptum (29/12/2024): El nombre completo de Mariano Gracia es Mariano Gracia Romance. Le tengo que preguntar a À qué ha sido de María porque hace años que no la veo.

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29/5/17

El tercer día

 






l Deus ex machina del teatro clásico era un elemento que surgía diríamos que milagrosamente en el momento más comprometido de la acción para resolverla. La expresión nos habla de que aparecía en escena un dios gracias a un artefacto de  la  tramoya,  y  llegaba  en  un  momento  en  el  que  se  habían  agotado  los mecanismos  argumentales  lógicos.  Como  recurso  dramatúrgico  no  está  bien valorado, se considera pobre y que resuelve lo expuesto casi con una astracanada sumarísima y condena la representación a una mera sucesión de efectos. En teatro yo no recuerdo haber visto ninguna obra en la que se usara ese efecto.

En cine  sí  que  recuerdo infinidad de veces  en las  que  se  da el Deus  ex machina  pero vagamente, sin acertar a señalar en qué películas. Normalmente los espectadores reconocen de inmediato esta manera de happy end como un desenlace inverosímil que produce tanto alivio como un cierto rechazo. Ya no es que el villano se electrocute con un cable suelto, es que aparece la salvación y llega por el aire ex machina, con una grúa o así. Aceptar que el caballo del bueno corra más que el del malo o que la polícia llega miríficamente en el último momento, entra dentro de la lógica de la acción, pero el Deus ex machina introduce un elemento ajeno a la acción y que lo que hace es ahorrar guión o horas de rodaje. Admitiendo que conduce al descanso o el desahogo del público, también hay que admitir que es tenerlo por simple.

Chon Day  (Chauncey Addison Day). 
"Espero que despeje para el fin de semana"

Si Huffington Post y Jotdown no han tratado sobre el tópico de la isla desierta en los cómics o historietas o en la literatura y el  cine,  no voy a ser  yo quien rompa una lanza  en favor de este tema tan rico e  interesante. Tal vez arranca en El filósofo autodidacta de Ḥayy ibn Yaqẓān, del siglo XI, y no vuelve a aparecer hasta Robinson Crusoe de Daniel Defoe (1719) y La isla del tesoro de Robert L. Stevenson, que tan desierta no era. También estoy pensando en la isla de las sirenas de la Odisea, y en la grisalla que cierra la tabla con "El jardín de las delicias", de El Bosco.

La imagen que cierra "El jardín  de las delicias", tan abigarrado, es a mi gusto mucho más sugerente  que  la obra principal. Que es de tema bíblico nos lo da a entender el salmo 33 (32) que la preside: "Pues al mandarlo Él fue todo hecho; Al ordenarlo Él vino al ser todo". Dicen que representa el tercer día de la creación (Génesis 1:9-13), cuando Dios creó los mares y los vegetales, previos a la creación del Sol y la Luna el cuarto día.  Pero no me interesa tanto plagar de erudición reseca este párrafo como señalar la geografía literaria y fantástica y el paisaje primigenio en el que aún no habían aparecido ni los pájaros, que fueron las primeras criaturas que el Señor puso en la Creación.


Díptico grisalla de El Bosco para "El jardín de las delicias" (Hieronymus Bosch, 1500)

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18/5/17

Eau d'aquarelle




Generalmente nos pueden atraer andróminas que son más pequeñas que al natural de lo normal, o que son más grandes. También nos pueden atraer las cosas complicadas y, por el contrario, las cosas simples, de líneas sucintas pero muy expresivas. La ilustración de hoy nos hablaría más de cursilería que de complicación, a no ser que pensemos que lo cursi es complicado. Son términos de sectores diferentes. Ambos refieren a lo retorcido. Y si lo cursi se quintaesencia en el lacito y en la gasa rosada, lo complicado huele a cuerno quemado, o a heráldica para veganos, y es intragable. Luego hay hallazgos basados en la cercanía de sus elementos, como lo es lo de la acuarela de agua de colonia, ocurrencia que además nos da ganas de probar, aunque no con los pigmentos más caros de Winsor and Newton ni papel Hahnemühle de la serie Tiepolo.
Muy elocuente es la puerta que se abre al fondo de la escena, a la izquierda del retrato de Picasso. Establece el nivel real (la calle, el sol, el suelo) añadido al nivel del arte establecido (la entelequia del continuum) y al del arte en su ejecución. Cualquiera de los tres elementos tiene su fondo de misterio. La cita de Hipócrates ("Ars longa vita brevis") es un elemento extraño a esas tres entidades, si acaso tendría relación con el agua de Colonia.
El agua de colonia es tonificante, pero no he sabido encontrarle otras propiedades, y me resulta más agradable el agua de lavanda, cuyo olor parece en vez de tonificante calmante. El año 1990 si no recuerdo mal, en un viaje de trabajo a Montpellier nos acercamos a Saint Rémy-de-Provence, que era un pueblecillo donde decidió pasar la princesa Carolina de Mónaco una buena parte de su viudedad. Se diría que era una alternativa campestre y floral a la moda ad-lib ibicenca, de túnicas blancas y discotecas. Naturalmente la princesa pudo recuperarse en la Provenza con aquella tranquilidad y aquellos buenos alimentos, aunque su unión con Ernesto de Hannover creo que volvió a perturbar su equilibrio emocional. La cuestión no es esa, la cuestión es que los campos de lavanda que preceden la entrada al pueblo es un éxtasis para la vista y para el olfato. Aún con las ventanillas del coche en que viajábamos bajadas, el aroma era abrumadoramente pleno, esencial, casi espeso. Algo más cercano al óleo que a la acuarela, si se me permite seguir con la broma.

¿Saul Steinberg?

*

El agua de rosas consuela, tanto o más que un buen cocido. Esta tarde de regreso a casa vi muy crecidas las rosas de la Parroquia de San Francisco Javier. Las plantaron hace unos 9 años. Como estos días atrás hubo lluvias y luego ha habido calor (tanto que ya florecieron las jacarandas de la plaza Virrei Amat), además de que las matas estaban altas, había muchas flores. Estaba a punto de subir una foto a Instagram, de la escena, cuando se interpuso una mujer en mi encuadre para arrancar una rama de la que salían como en un bouquet 7 u 8 rosas. Le dije "no" con un suave movimiento e la cabeza, pero ella siguió adelante y dijo "para mi marido". Me dio la impresión de que en realidad se acababa de arrepentir, pero que había decidido seguir. Me esperé inmóvil a que acabara, cosa que tardó porque el tallo se resistía y al final fue despojándolo rosa por rosa por las ramificaciones más tiernas. Un horror. Cuando finalmente acabó hice la fotografía, en la que es cierto que no se puede percibir la falta, que al fin y al cabo no tiene tanta importancia. Más que nada nos habla de lo aberrante que nos resulta para algunas personas que se arranquen las rosas.

Parroquia de San Francisco Javier, Nou Barris, Barcelona

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12/5/17

Mi vida feliz

La  portada  que  reproduzco  procede  de  la  autobiografía  de Marianne  North, Recuerdos  de  una  vida  feliz (1894).

Cuando  el  año  pasado  estuvo  en  los  Jardines Kew de  Londres  podía  haber  visitado  la colección  de  ilustraciones botánicas que les donó, pero el día se me hizo corto si consideramos que Kew hace 120 hectáreas y que ni siquiera pude recorrerlas en toda su extensión. Si se sigue el enlace que he puesto se va a parar al menos hoy a una imagen de la galería, que para mi gusto es un poco abrumadora, toda repleta de las ilustraciones enmarcadas y a su vez con un estilo abigarrado, sin espacios en blanco al menos.

El primer volumen de Recollections of a happy life tiene 351 páginas y el segundo 343, tal y como se puede ver  (y descargar)  en  archive.org.  Reparo  en  dos  detalles  de  la  portada:  primero,  un  título  tan  decididamente  alegre  y, segundo, la mención a su hermana por el nombre de su marido. Mrs. John Addington Symonds. Symonds fue uno de los primeros defensores de la homosexualidad masculina y estuvo casado con Catherine North, la hermana de Marianne North. Que las mujeres adoptaran totalmente el nombre del marido y ya no solo el apellido es algo de lo que ya casi no quedan restos, pero fue así por lo menos, hasta donde yo sé, en Francia y en Inglaterra, en las clases altas. La primera vez que tuve constancia de esta costumbre me desconcertó bastante porque no podía entender que por ejemplo mi madre se llamara Sra. José Domínguez Fernández.

A pesar de que yo no he podido viajar tanto como viajó Marianne North, me imagino muy bien el enorme placer que  le  produciría  poder  conocer  tantas  especies  vegetales  en  14  paises  de  6  continentes  en  14  años,  poderlas dibujar, pintar y luego llevar sus óleos a casa. Esto último hay que añadirlo porque ha habido más de un caso en que las pinturas de otros artistas botánicos se han perdido para siempre por accidentes calamitosos. Lamento no poder recordar uno de los ejemplos más tristes. Sé que lo mencioné en este blog pero como ahora no vamos a mejorar la situación con recordarlo lo dejo correr. Marianne North viajaba sola y vestida como una dama victoriana.

Leo en Find a grave ("Encuentra una sepultura"): "She moved to Mount House in Alderley in 1886 where she spent her last years suffering from deafness, rheumatism and nerves.She died of liver disease aged 59 years." (*)  Y estas líneas enturbian un poco lo que podría  ser su legado inmaterial,  su estilo de vida. De todas maneras, aunque no haya que creer las autobiografíasa pie juntillas, soy partidaria de creer que su actitud no tenía brecha alguna, que tuvo una vida bonita y que si al final no gozó de buena salud pudo ver compensado ese sinsabor con la seguridad de haber disfrutado de los buenos tiempos buenamente.

Tengo una pequeña colección de autobiografías y algunas están fundamentadas en una cierta vanidad y otras en mostrar una fachada arreglada de la propia persona cara a la galería. Indistintamente son pergeños, tanto el de la vanidad (un relato de logros), como el del arreglillo (un relato donde recomponer la maltrecha identidad o la falsía, para dejar una versión que no admita revisiones).

Estoy feliz creo que como Marianne North por la vida que he llevado y quiero seguir llevando, que para mí tiene su sentido. Asumo mis errores, no me jacto con mis aciertos -que alguno ha habido- y lo considero todo coyuntural. No sé si merezco más o si merezco menos, pero aprecio lo que tengo. Y sé que mis seres queridos me respetan porque no hago trampas y se puede contar conmigo. O tal vez me respetan porque son respetuosos. O por ambas razones. Pretendo alejar del panorama de mi vida lo mismo el orgullo que la vergüenza y creo que lo voy consiguiendo. Lo de dibujar flores eso es más difícil.


Flores de Montaña de la Mesa en Cabo de Buena Esperanza, Marianne North

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10/5/17

Mis tres guineas

«*…+ la guinea ha de ir destinada a “Trapos. Petróleo. Cerillas”.
Y debe ir acompañada de la siguiente nota: “Tome esta guinea y con ella transforme el colegio en cenizas. Pégueles fuego a las viejas
hipocresías. Que la luz del edificio en llamas ahuyente
a los ruiseñores y enrojezca los sauces. Y deje que las hijas de los hombres con educación dancen
alrededor del fuego, y que arrojen brazada tras brazada de hojas muertas a las llamas. Y deje que sus madres se asomen a las ventanas más altas
y griten: “¡Que ardan! ¡Que arda! ¡Ya no queremos esta “educación”!»

Virginia Wolf, Tres guineas

 

Hace  unos  años  no  usábamos  el bookcrossing, ni  existía Llibre  solidari ni Re-Read.  Empezaban  a  languidecer  las librerías de viejo y un compañero de trabajo  se proveía en ellas de sus lecturas, que coincidían exactamente con los libros que solíamos leer dos décadas antes la gente de mi generación. Era como si hubiera cogido mi biblioteca y hubiera  tomado  cada  libro  en  el  mismo  orden  en  que  los  había  dejado.  No  deja  de  tener  su  interés  leer  Arnold Hauser, Herman Hesse, Julio Cortázar o aquellas Señas de identidad de Goytisolo desde el año 2017, con otros ojos, en hojas que el tiempo ha resecado y dejado con el inconfundible color ocre que van tomando los libros llamados de bolsillo. Nunca sabemos si los contenidos han quedado pulverizados por el tiempo o si somos nosotros los que ya no encontramos el interés. Una  relectura puede hablarnos de lo  que resecó en nuestro interior o puede vivificar recuerdos de lo que se quedó apartado para una ocasión oportuna.

Estos días estoy leyendo, que no releyendo, Tres guineas. El ensayo de Virginia Woolf es junto con Una habitación propia uno  de  los  textos  fundamentales  del  feminismo.  En Tres  guineas la  escritora  atiende  una  carta  que  había recibido de  la agrupación antedicha, pero la atiende con un ensayo de 298 páginas en la que de paso contesta otras dos cartas. Esa estructura de fondo, tres cartas (1) de la agrupación pacifista masculina, 2) una institución que se ocupaba  de  la instrucción  superior  femenina y  3)  una  asociación  que  ayudaba  a  las  mujeres  a insertarse  en  el mundo  del  trabajo)  es  lo  que  origina  el  motivo  de  las  tres  guineas  del  título.  La  escritora  da  la  primera  para  la institución educativa siempre que no adoptara el modelo imperante masculino, la segunda para la inserción laboral (con el compromiso de que las profesiones se enriquecieran con la cultura femenina) y la tercera para la agrupación pacifista,  porque  perseguía  un  objetivo  común  de  hombres  y  mujeres,  aunque  las  mujeres  lo  hicieran  de  modo diferente a los hombres.

La fotografía de hoy ilustra una lectura exageradamente concienzuda de un profesor universitario del texto que yo estoy  leyendo  más  superficialmente  y  en  formato  digital  de  libre  acceso.  También  las  apreciaciones  (*)  que  no podían  ser  impertinentes  que  le  hizo  Virginia  Woolf al  desconocido  interlocutor  que  le  planteaba  la  pregunta  de cómo  prevenir  la  guerra.  La  respuesta,  como  dije  antes,  no  fue  breve  ni  somera.  Wolf  se  refiere  a  la  formación recibida por su interlocutor porque "¿cuándo se ha dado el caso, anteriormente, de que un hombre culto pregunte a una mujer cuál es la manera, en su opinión, de evitar la guerra?" El argumento lleva no tanto una punta de azúcar y modestia  ─que  también─  como  una  carga  de  sal  sobre  el  desfase  que  había  en  las  familias  entre  los  recursos económicos  dedicados  a  la  formación  de  los  hijos  y  de  las  hijas.  Y  de  ahí  en  adelante  todo  lo  que  la  autora  va exponiendo es muy recapacitado y brillante.

Un vídeo  de  Bildu me  ha  recordado  a  Virginia  Woolf  o,  para  ser  más  exacta,  a  su  libro Tres  guineas (1938).  Pero tengo que explicar porqué, que de otra manera así dicho parece descabellado. En el vídeo de Bildu un grupo de mujeres  cargan  contra  la  sociedad  patriarcal  y  en  un  argumento  que  otros  filiarán  directamente  con  las  ideas feminazis, la voz cantante acaba diciendo: "La única forma de mantener relaciones afectivo-sexuales satisfactorias y desde la igualdad y que me sienta cómoda y capaz de ser yo misma y libre es el lesbianismo".  Y he comparado estos razonamientos,  no  odiosamente,  con  los  que  dirigió  Virginia  Wolf  al  filántropo  que  le  pedía  su  ayuda  desde  la agrupación  pacifista  masculina.  Estaba  Europa  en  plena  Guerra  Civil  española  y  con  la  Segunda  Guerra  Mundial cerca de empezar. Woolf de alguna manera consideraba que la guerra era algo de los hombres.

La  idea  que  asocia  belicismo  y  hombres  no  es  nueva.  Tenemos  antecedentes  en Lisístrata y  la  Guerra  del Peloponeso. La obra se representó  el año 411 a. C.  El episodio  del rapto de las  sabinas,  aunque  se considera un mito, también nos habla de la posición de las mujeres raptadas, que se interpusieron entre los dos bandos porque si vencían los romanos perdían a sus padres y hermanos, pero si vencían los sabinos perdían a sus maridos e hijos.  La verdad es que no sé si esto es aplicable a las niñas nigerianas secuestradas por Boko Haram y a la guerra en la ex-Yugoslavia.

El  tema  del  pacifismo  femenino  continuamente  se  ve  reforzado  por  campañas  como  la  que  la  semana  pasada recordaba el origen de la celebración del día de la madre en una proclama antibelicista de 1870. Que las bildutarras consideren satisfactoria y estupenda la afectividad lesbiana a mí me parece muy bien pero dudo de que sea así tal cual y pienso que también tiene sus miserias, de la misma manera que las mujeres alguna culpa o responsabilidad o complicidad tendremos también en que se desencadenen guerras o que no se acaben. Honestamente no creo que las mujeres seamos más pacíficas que los hombres. De hecho he conocido mujeres muy perversas, que se  solazan en hacer el  mal y  que  incluso lo hacen con la  misma  suavidad con la que el Papa  Francisco cuchichea la  palabra "misericordia"  con  lene  acento.  Probablemente  el  mal  provocado  por  una  mujer  o  por  las  mujeres  no  tiene  la crudeza de aquellas imágenes que nos muestran desde World Press, a cual más espantosa y terrible, pero agriaría una fábrica de yogures.

Otra idea que se va acomodando desde hace años es la de la invasión de musulmanes de Europa. No se trata solo de  una conquista con sangre, sudor y lágrimas  sino  demográfica. La vieja Europa tiene  unos  índices de natalidad que hacen imposible la supervivencia de nuestras culturas o nuestra cultura. Al lado de nuestra baja natalidad los índices  de  natalidad  de  los  emigrantes  musulmanes  es  mucho  más  alta  y  garantiza  que  en  menos  de  20  años nuestras  preocupaciones  actuales  serán  una  tontería.  Por  supuesto  ya  hay  quien  crea  alarma  y  yo  no  voy  a contribuir  en  nada  que  se  parezca.  Por  otra  parte,  en  paralelo  a  mi  suspicacia  ante  la ilusión  del  pacifismo feminista se  reproduce  en  este  tema  y  me  pregunto  si  la  sociedad  que  hemos  creado  está  exenta  de  casos reprobables.

Claro  que  Boko  Haram  no  se  puede  comparar  con  Caritas  Diocesana  o  incluso,  si  me  apuran,  con  el Barça,  pero tampoco podemos decir que Europa sea una maravilla y que el modelo sea sostenible.

*

La guinea es una moneda que parece que se sacó de la circulación el año 1970. Su valor era de 21 chelines, cifra que no es que se corresponda con otras extravagancias del sistema de pesos y medidas inglés, es que al tratarse de una moneda de oro su valor se tuvo que corregir creo que en el siglo XIX para ajustarse al precio del metal

¿A qué causas sería conveniente y útil conceder hoy tres guineas o su equivalente? Hace tiempo que pienso que en la  educación,  tanto  la  de  los  niños  como  la  de  las  niñas,  sería  muy  importante  integrar  la  llamada  "defensa personal". No se trata de asumir la violencia o de incentivar la agresividad, se trata de formar a los niños para que en caso de ser víctimas de un ataque se puedan defender con seguridad, sin miedo y sin causar daño. No creo que esta idea choque con métodos tan prestigiosos como el de Maria Montessori, al contrario. Y estoy pensando en que  la  mayoría  de  artes  marciales  no  fomentan  la  crueldad  ni  nada  que  se  le  parezca,  sino  el  autodominio,  el equilibrio y la confianza.

Solo Dios es bueno.

Del blog Sketching a present


 

(*) En primer lugar, expresemos lo que todos los autores de cartas expresan instintivamente, a saber, un somero retrato de la persona a quien se dirige la carta. Si en el otro extremo de la relación de correspondencia escrita no hay alguien que viva y respire, las cartas  carecen de valor. Por lo tanto, usted, que ha formulado la pregunta, es persona de cabello un tanto gris en las sienes; y en lo alto de su cabeza ya no es espesa la cabellera. Ha alcanzado usted los años medios de su vida, no sin esfuerzo, mediante el ejercicio de la abogacía; pero, en términos generales, su  singladura  ha  sido  próspera.  En  su  expresión,  nada  hay  marchito,  mezquino  o  insatisfecho.  Y,  sin  ánimos  de halagarle,  su  prosperidad  –esposa,  hijos  y  casa-  es  merecida.  Nunca  se  ha   sumido  en  la  satisfecha  apatía  de  la media edad, tal como demuestra su carta con membrete de  un  despacho en el corazón de Londres, y en vez de reposar  la  cabeza  en  la  almohada,  de  apacentar  sus  cerdos  y  podar  sus  perales  –es  propietario  de  unos  cuantos acres en Norfolk-, escribe cartas, asiste a reuniones, preside esto y lo de más allá, y formula preguntas, con ecos de cañoneo en sus oídos. En cuanto a lo que falta, digamos que comenzó su educación en una de las grandes escuelas y  la  terminó  en  la  universidad”  (Virginia  Woolf, Tres  guineas.  Traducción  de  Andrés  Bosch.  Barcelona:  Editorial Lumen, 1999)


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6/5/17

El último trabajo de Velázquez

 

aigo en que el Bar Faisán (el del chivatazo aún por esclarecer a ETA) está bien cerca de la Isla de los Faisanes, y pienso que de ahí viene su nombre. La Faisaien uhartea o Île des  Faisans  como  mucho  es  conocida  entre  las  víctimas  de  la  E.G.B.  por  haberse firmado en ella el Tratado de los Pirineos entre Francia y España, el año 1659. Un año más tarde se zanjó el acuerdo para el matrimonio entre Luis XIV de Francia, el Rey Sol, y nuestra Infanta María Teresa. Este islote fluvial que a duras penas conserva sus 2000 metros  cuadrados  y  eso  con  mucha  ayuda  técnica  para  mantenerlos  estabilizados, parece inverosímil que con tal evento pudiera exhibir un tapiz de 35 metros que dicen se tejió para el acontecimiento en la manufactura de los Gobelinos.

Como suele pasar cuando se buscan certezas, aún encontré más incertezas. Para comprobar ese dato, que estaba en un libro sobre la programación de las imágenes del poder, busqué más datos sobre el acontecimiento. Lo primero que hay que aclarar es que en la Isla de los Faisanes nunca hubo faisanes, que ese nombre fue una corrupción de la palabra más cercana a su función, cuyo significado se refería el "peaje" que se pagaba para el tráfico que pudiera haber entre Aquitania y España. El Bidasoa era la frontera natural entre Hendaya e Irún y Fuenterrabía, como el Ribadeo lo es entre Asturias y Galicia o el padre Miño, que sale al mar por el estuario entre A Guarda (Pontevedra) y Caminha (Portugal).
Otra cuestión llamativa, para quien solo curiosea en la Historia, es que donde se dice "el matrimonio entre María Teresa de Austria, hija de Felipe IV, y el monarca francés Luis XIV, sobrino del rey español, ya que era hijo de su hermana  Ana  de  Austria",  bien  se  podría  decir  que  el  Rey  Sol  y  la  infanta  eran  primos.  Pero  la  Historia  suele escribirse así, y aunque el caso del parentesco no es un modelo útil de cómo se hace prevalecer un dato sobre otro, cuando ambos son ciertos, de momento nos sirve. El blog Línea serpentinata, aporta muchos datos sobre lo que fue el evento del acuerdo nupcial entre los dos países, cuando —desengañémonos— lo que se concertó no fue tanto una boda sino la renuncia a la hegemonía española o de los Austrias en Europa.

Behovia (Irún), el Puente internacional sobre el Bidasoa y la Isla de los Faisanes


Otra cuestión es propiamente el evento, del que queda una pintura de Jacques Laumosnier. Pero nos haremos un gran lío con la representación de la misma escena por Charles Le Brun para el tapiz tejido por los Gobelinos, que si no se encuentra aún en restauración se encuentra en la Embajada de Francia en Madrid. Pero resulta difícil pensar que  este tapiz,  en  que  se  representa  a  los  asistentes  al  acuerdo,  estuviera  presente  en  el  acuerdo.  La  figura  del pintor Diego de Velázquez se distingue claramente un poco atrasado respecto a la Infanta, y se le distingue por la cruz de Santiago de su capa. Velázquez aparece tanto en el óleo de Laumosnier como en el tapiz. Velázquez, artista de  corte  y  con  el  cargo  de  aposentador,  además  de  haber  sido  ordenado  Caballero  de  Santiago,  fue  uno  de  losencargados de la organización del evento, por parte española. Velázquez, que ya tenía 60 años de edad preparó el escenario y los traslados del séquito o concibió su disposición.

Según leo en un interesante artículo de Luis Ignacio Sáinz, también participó en la organización Charles Le Brun, que trabajó  primero  para  Richelieu  y  después  para  Colbert,  pero  siempre  para  construir  el  programa  del  fasto absolutista:  controlaba  la  Académie,  la Manufacture  Royale  des  Gobelins,  la  decoración  de  Versailles  y  la  del Louvre ¿Cómo sería el entendimiento entre Velázquez y Le Brun? Al parecer, si damos crédito al artículo de Sáinz, la expresión de las diferencias entre las dos potencias se confió al sevillano. Encuentro en internet hasta planos donde claramente se ve la disposición simétrica de los espacios. Explica Sáinz:

En su lado privado los franceses instalaron en la primera galería 22 paños de la Historia de Psiquis y Cupido, y ocho tapices  de  las  guerras  de Aníbal  y  Escipión en  la  segunda  galería;  en  la  primera  pieza  siete  paños  de  seda  y  oro de Los meses del año, y en la segunda se montó una colgadura bordada de distintos colores con jaras y flores de oro y seda, la Historia de San Juan Bautista en la tercera pieza de traza cuadrada, la tapicería de las Matronas ilustres en el  pasadizo  que  conducía  al  retrete,  y La  pasión  de  Cristo,  narrada  visualmente  en  varios  gobelinos,  adornaba  el retrete;  mientras,  los  españoles  le  dedicaron  sus  muros  a Los  triunfos  de  las  virtudes, Los  pecados  capitales y la Historia de Noé (en la galería); en la primera crujía se montó la Historia de San Pablo; en la segunda Las poesías; en  la  tercera Las  esferas;  en  el  pasillo  o  galería  angosta La  historia  de  Rómulo  y  Remo;  y  en  el  retrete  o antecámara La Pasión de Cristo, tema también instalado por los galos, pero con un chamelote rojo.

El mareo iconográfico que suscita la carga de tanta imagen simbólica y el poder emblemático que retratan es una parte del despliegue que tuvo el evento. Porque Velázquez también se ocupó del vestuario de los asistentes que, tal y  como  se  puede  apreciar  en  el  cuadro  de  Laumosnier,  giraba  en  torno  a  varios  tonos  del  verde,  excepto  por  la novia en blanco o plata y los dos monarcas, Luis XIV y Felipe IV.

Pocos días después del acuerdo nupcial de la Isla de los Faisanes Velázquez murió, el 6 de agosto de 1660. El pintor murió de lo que entonces se conocía como fiebres tercianas, esto es malaria. Pero no se nos escapa que el esfuerzo en Irún fue decisivo para rematar su salud.

Cito a Palomino (El museo pictórico y escala óptica) a través de Gonzalo Durán para referirme a otro detalle digno de consideración: En  aquella  ceremonia  Velázquez  lució  un  atuendo  que  llamó  la  atención  por  su  elegancia,  digno  del  cargo  que ocupaba y de la posición social que tanto esfuerzo le había costado conseguir. Palomino lo describió así: "todo el vestido estaba guarnecido con ricas puntas de plata de Milán según el estilo de aquel tiempo [...] en la capa roja de insignia; un espadín hermosísimo, con la guarnición, y contera de plata, con exquisitas labores de relieve, labrado en Italia; una gruesa cadena de oro al cuello, pendiente de la venera, guarnecida de muchos diamantes, en que estaba esmaltado el hábito de Santiago; siendo los demás cabos correspondientes a tan precioso aliño".

Es cierto que nuestro mejor pintor sin duda había escalado también sin duda la posición social que obtuvo con mucho esfuerzo. Que para conseguir la cruz de Santiago el año anterior a su muerte solo Dios sabe qué pudo hacer. Guardando las debidas distancias, me viene a la cabeza el mecenazgo de Güell sobre Antoni Gaudí, y la efervescencia de significados de su obra. Estos días en que se vuelve a condenar al suegro de Güell, Antonio López (Marqués de Comillas) —por negrero- me inspira un cierto cansancio o náusea o aturdimiento la botarga del arte al servicio del poder. También me vienen a la cabeza las cuidadas escenas de Luchino Visconti, el cineasta que también había sido escenógrafo operístico. Y pienso que no sé si es injusto que un genio como Velázquez tuviera que pintar la corte de los Austrias y preparar una monstruosidad como el evento en el islote del Bidasoa, o si es injusto que los eventos de hoy en día los hagan gabinetes de comunicación e imagen cuya preparación escenográfica, clásica y artística es nula. Tengo la sensación de que más que pensar qué es justo y qué no, hay que sufrirlo.

"Faisán" (Ben Rothery)


El pequeño islote del Bidasoa, cuyo nombre de "Isla de los Faisanes" por lo menos hoy me parece esperpéntico, está en condominio con Francia. Cada seis meses es gobernado alternativamente por España o Francia. Ese espacio de tiempo es desde el 1  de febrero al 31  de julio  para España y  del  1 de  agosto hasta el 31  de  enero para Francia. La presidencia  del   Consejo   de  Europa también  es  semestral   pero  coincide  con  las  fechas   más  prosaicas   y tecnócratas de enero-junio y julio-diciembre. La  coincidencia  regular  entre  la  presidencia  francesa  en  Europa  y  en  el  condominio  puede  ser  llevada  a  una urdimbre  gobelina  y  dar  un  tapiz  cuyo  dibujo  coincida  exactamente  con  una  de  las  baldosas  de  un  trencadís  de Gaudí. Pero eso no es el arte.



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