26/8/17

Un universo de paso

How happy is the little Stone
That rambles in the Road alone,
And doesn't care about Careers
And Exigencies never fears—
Whose Coat of elemental Brown
A passing Universe put on,

And independent as the Sun 
Associates or glows alone,
Fulfilling absolute Decree
In casual simplicity—
Emily Dickinson (*)

Como días atrás la vegetación en Collserola estaba muy agostada y la tierra reseca, puse mi atención en las rocas. Hace un tiempo que se despertó mi interés por los minerales y desde entonces sólo ha hecho que crecer. Hoy me he dado cuenta de que en realidad siempre estuvieron allí. Que mi admiración se repartía entre los árboles, los matorrales y las peñas, y también entre las olas, la brisa marina y las rocas. De hecho muchas veces mi forma de resistir las contrariedades era en gran parte adoptando esa cualidad inerte que les asociamos a las piedras, pero como tantas cosas no lo hice muy bien.

A veces he adoptado las cualidades de la quietud por ejemplo cuando estoy en una sala de espera por un tiempo indeterminado o determinado. Advierto que puede ser interpretada como sumisión, cohibimiento, el miedo que agarrota. En yoga los legos advierten una quietud para la que no encuentran explicación. Ven una figura inmóvil como las de la moda del Mannequin challenge, cuando en realidad hay una quietud viva. No somos personas-estatua. Precisamente se trata de estar cómodo en una postura y de encontrar ese equilibrio. Además, los que solo ven el yoga exteriormente ignoran que en el asana está presente la respiración y hay un proceso muscular que el practicante observa y siente. Precisamente a través de esos dos puntos de propiocepción se reconecta con la presencia. Las personas que se inician en el yoga miran al resto de los practicantes, tal vez un poco más iniciados, y pretenden imitarlos o incluso ir más lejos (competir). De esa manera se pierde la conexión con la respiración y con el proceso interno. La postura más fácil no es la del "cadáver". Normalmente lo único que pueden hacer los instructores es sugerir que lo importante es la intención del asana y también corregir la postura si ven que se pueden hasta lesionar.

*

Recuerdo hace años, un vecino muy alcoholizado, que caminaba siempre con una rigidez muy especial. Creo que caminaba así para no caerse, para no perder el equilibrio y mantener la dignidad.

*

Me doy cuenta de que cuando ayer el Rey vino a Barcelona a la manifestación que se convocó en respuesta a los atentados del día 17, ya sabía que se exponía al boicot y a que los separatistas aprovecharan la ocasión para salir en las televisiones de todo elmundo. Cuando Felipe VI hizo las ruedas de consulta después de las elecciones su instrucción o su adiestramiento le permitió recibir con la misma expresión de cortesía a Mariano Rajoy que a Pedro Sánchez que a Pablo Iglesias cuando los saludaba. Tendrá que ver algo la formación militar, pero su rostro no se descompone apenas y su postura es al mismo tiempo de una cierta rigidez pero sin tensión, y al mismo tiempo atenta y suave. Creo que a eso se le llama prestancia.

*

Ayer Jacobo Fitz-Edwards tuiteaba: "El cant dels ocells es un villancico que celebra el nacimiento de Jesús: En veurecdespuntar el major lluminar en la nit més ditxosa ...". Ciertamente, el uso inveterado en tanatorios y en días de duelo es algo incomprensible a no ser que creamos en que el violonchelo es triste. Admitiré que Pau Casals ya no es el poseedor de su composición y que adquiere nuevos significados o que se suplanta el significado original simbólicamente. Se suele decir que el supremo éxito de una obra empieza cuando el autor pierde su control.


(*) Cuán feliz es la Piedrecita | Que deambula sola por el Camino, | Y no se preocupa por Profesiones | Y nunca teme Exigencias |— Cuyo Abrigo de Marrón elemental | Le puso un Universo que pasaba, | E independiente como el Sol | Fraterniza o brilla a solas, | Cumpliendo un Decreto absoluto | Con despreocupada sencillez — (Traducción de Álvaro Torres Ruiz)

(c)SafeCreative 2412300502517

19/8/17

De Saskia a Maudie

"El model de Rembrandt era Sàskia, la seva dona. S'havien casat just dos anys abans que l'holandès la pintés sota la forma de la princesa de qui s'havia enamorat Zeus.
Rembrandt estimava Sàskia, i els quadres d'aquesta època
reprodueixen l'harmonia de la seva felicitat. Així és el de la deesa Flora, una pintura que també és a l'Ermitage. Perquè Rembrandt creia, com Caravaggio, que l'autèntica bellesa es troba a la naturalesa. I
ell en tenia el model, viu i estimat, a la vora. Tant es així que, en morir Sàskia als trenta anys per culpa de la tuberculosi, el pintor es tornà més tenebrós i amargat. I passà angúnies
econòmiques perquè els burgesos de l'època
preferien l'exaltació mítica a la realitat sense pal•liatius de la vida. De ben segur que no podien entendre, tampoc, que Dànae se sentís
captivada per un raig de llum en lloc d'una pluja d'or."

Montserrat Roig, L'agulla daurada




a historia de Maudie (Aisling Walsh, 2016) recuerda en cierta manera a la de otra pintora folk norteamericana, Grandma Moses (1860-1961). Pero la artritis de Anna Mary R. Moses empezó cuando tenía 76 años y fue al dejar las labores de aguja por lo que se inició en la pintura. Maud Lewis (Maud Dowlewy) (1903-1970) padeció una fiebre reumática juvenil y su cuerpo se fue deteriorando en la forma en que se puede apreciar en muchas fotos que de ella hay en internet. Sus dedos se fueron retorciendo como un tronco de vid, y sin embargo se puede decir que toda la vida pintó. Y el dolor reumático nos recuerda al de otra pintora, Frida Kahlo, ésta sometida a las secuelas de un accidente brutal hasta su muerte. 
La película que se proyecta estos días en los cines sitúa lo que fue el entorno en el que vivió durante su madurez y vejez, en un pueblo de Nueva Escocia en Canadá que ahora cuenta con unos 2000 habitantes. Se ve que la principal cosecha en Digby es la de vieiras (Argopecten irradians), que allí se conocen como sea scallop. La cabaña de la imagen se cuenta en la película que fue trasladada desde cerca del muelle hasta donde se ve en la fotografía en blanco y negro por 7 bueyes. Años después, en 1996, se llevó a la Art Gallery of Nova Scotia en parte por suscripción popular. 
Desde la película se podrían tomar varias ideas: sobre el matrimonio, sobre el arte y sobre la discapacidad (ahora denominada diversidad funcional). El matrimonio, el arte y la discapacidad, todo, tienen mucha diversidad funcional si bien lo pensamos. Y hasta trampas, pero ese es otro tema. No podemos perdernos en eufemismos ni en semánticas, lo que nos impresiona es que la vida de Maud Dowley ilustra que se puede ser feliz pintando en láminas de contrachapado escenas naïf, con un marido huraño, un clima duro y un entorno nada adaptado. De hecho, después de ese panorama, los matrimonios convencionales, los maridos empalagosillos y el arte consabido y resabiado se nos hacen hueros, falsos, desvaídos e inconsistentes.


Se ve que la época en que Rembrandt tuvo a Saskia de modelo le proporcionó un gran éxito. No me queda claro de qué ciudad fue burgomaestre el padre de Saskia, pero me resulta laberíntico para mi imaginación pensar en que la hija de uno de nuestros alcaldes fuera retratada por nuestros pintores y eso sin ser sometida en Twitter a todos los zarandeos propios del lugar. La Dánae de Rembrandt nos parece una obra cumbre de la historia humana y sin embargo por lo menos a mí me habla de unas nociones desconocidas sobre la felicidad. Si no fuera por su innegable calidad pictórica me resultaría como un cromo o peor, porque un cromo en cierta manera "sabe" (es un decir) que es un cromo.
Con los ojos y las manos de Maudie nos parece poder aceptar la belleza que nos rodea y los trabajos que nos impone el entorno. Los elementos de la naturaleza, los animales domésticos y salvajes, los árboles que atrapan en sus hojas tanta luz, no me son tan extraños como el Barroco más místico. Me propongo sin embargo visitar la exposición de Giorgio de Chirico en CaixaForum. A ver, la metafísica.

Pintura de Maud Lewis (1903-1970)

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4/8/17

El polvo del camino

"En los barrancos abiertos por las aguas, la tierra se deshizo en secos riachuelos de polvo. Las ardillas de tierra y las hormigas león iniciaron pequeñas avalanchas. Y mientras el fiero sol atacaba día tras día, las hojas del maíz joven fueron perdiendo rigidez y tiesura; al principio se inclinaron dibujando una curva, y luego, cuando la armadura central se debilitó, cada hoja se agachó hacia el suelo. Entonces llegó junio y el sol brilló aún más cruelmente.
Los bordes marrones de las hojas del maíz se ensancharon y alcanzaron la armadura central. La maleza se agostó y se encogió, volviendo hacia sus raíces.
El aire era tenue y el cielo más pálido; y la tierra palideció día a día. En las carreteras por donde se movían los troncos de animales, donde las ruedas batían la tierra y los cascos de los caballos la removían, la costra se rompió y se transformó en polvo. Cualquier cosa que se moviera levantaba polvo en el aire; un hombre caminando levantaba una fina capa que le llegaba a la cintura, un carro hacía subir el polvo a la altura de las cercas y un automóvil dejaba una nube hirviendo detrás de él. El polvo tardaba mucho en volver a asentarse."
John Steinbeck, Las uvas de la ira




royectaron ayer jueves Las uvas de la ira (John Ford, 1940) en la Filmoteca. Aunque no tuve presencia de ánimo para acercarme al Raval bajando por las Ramblas, las crucé por la Boquería. Allí se ha montado uno de esos altares populares llenos de notas, velas y peluches. El primer altar de este tipo que vi fue en Múnich, el que está erigido en memoria de Michael Jackson. Pues bueno molt bé éste es como 40 veces más extenso y, como es natural, sin orden ni concierto más que el de la acumulación. Minutos después tuve un calambre en el estómago, que se me pasó enseguida pero que me demostró que se me había apelotonado una procesión por dentro. O eso o que fue un ibuprofeno que me tomé sin protector gástrico después de comer.
California la avistan los personajes empobrecidos de la película de John Ford al fondo y como la tierra prometida, rebosante de viñas y melocotones. Hubo un tiempo en que se quemaron públicamente las obras de John Steinbeck, que en lugar de complacerse con la prosperidad, señalaba lo bien que vivían terratenientes y banqueros a costa de los trabajadores del campo mexicanos y okies (de Oklahoma). El grupo del fotograma de hoy se dirige hacia allí porla ruta 66 y a medio camino se cruzan con un hombre que regresa defraudado por lo mal que se les paga y porque perdió a su mujer y a sus hijos a causa del hambre:
—He intentado advertirles —dijo—. De algo que tardé un año en comprender. Dos hijos y mi mujer tuvieron que morir para que me diera cuenta. Pero no se lo puedo contar a ustedes. Debí haberlo sabido. Nadie me pudo convencer a mí tampoco. No les puedo hablar de mis pequeños, acostados en la tienda con los vientres hinchados y nada más que piel cubriendo sus huesos; temblaban y gimoteaban como cachorrillos y yo corriendo como loco de aquí para allá, buscando trabajo, no por dinero, ¡no por salario! —gritó—. Dios mío, sólo por una taza de harina y una cucharada de manteca.
Y luego vino el forense. «Estos niños han muerto de un fallo cardíaco», dijo. Lo escribió en el papel. Ellos tiritabancon los vientres hinchados como la vejiga de un gorrino. (John Steinbeck, Las uvas de la ira)

John Ford sigue casi literalmente la novela hasta allí donde permite lo que va del sexto arte al séptimo arte. Por lo tanto de la forma más clara y concisa tanto el escritor como el cineasta nos hacen un retrato de lo que fue una crisis ambiental (Dust bowl) y económica de la Gran Depresión. El hambre y no una insuficiencia coronaria era de lo que tendría que haber informado el médico, que seguramente se veía obligado a no estropear los números de la mortalidad y la morbilidad. Para contrarrestar la prevaricación de unos, hay que decir que otros levantaron campamentos o hoovervillespara asegurar la asistencia sanitaria y de otras necesidades básicas, de manera que los desempleados pudieran reparar su dignidad como personas y comer.
El realismo de la película y de la novela es algo que además participa de la contribución de actores que ya se ve que provenían o del cine mudo o de sus frutos. Son dos obras maestras. John Fonda está en su plenitud y sus ojos, aunque se dirá que no son tan bonitos como los de Paul Newman, tienen una mirada fascinante, entre tierna, terca y tronada. En los años 80, cuando se le concedió un óscar honorífico, en la ceremonia de la entrega accedió al escenario mientras sonaba la música de una de las canciones de The grapes of warth, su película sin duda.

Casualmente, o no, resulta que al entrar a la proyección coincidí con uno de esos señores de quien podría decir que he tenido la mala suerte de tener en mi camino. En realidad no lo conozco gran cosa, pero puedo decir que ha hecho una carrera profesional en la Sanidad a costa de muchos desafueros, de no pocas componendas y de su voraz codicia. Pertenece a lo que Basilio Losada denomina "la jauría maldita de los triunfadores". No tengo nada personal contra este señor, si quitamos mi aversión por la grotesca costumbre de teñir su pelo. Su figura esperpéntica no me produjo ninguna irritación más que la de pensar que era mejor que no estuviera en la sala junto con la gente honrada. Me imagino a los autores de la Gran Depresión, pero no a los autores de sus obras de arte sino a los responsables, yendo a ver la película de John Ford o leyendo el libro de Steinbeck.
John Ford sigue fielmente a Steinbeck en la escena en que Ma Joad da de comer sobras a una pléyade de niños hambrientos pero en vez de servirles ella la comida en sus latas lo que hace es dejarlos solos:

Voy a dejaros aquí fuera la olla para que todos lo probéis, pero no os va a servir de nada —vaciló—. No puedo remediarlo. No os puedo privar de lo poco que haya. —Levantó la olla y la dejó en el suelo—. Esperad un poco. Está demasiadoccaliente—dijo, y entró rápidamente en la tienda para no ver. Su familia estaba sentada en el suelo, cada uno con su plato; podían oír a los niños metiendo en la olla sus palos, cucharas y trozos de hojalata oxidada. Un montón de niños ocultaba la olla de la vista. No hablaban, no peleaban ni discutían; pero todos ellos tenían una callada resolución, una fiereza inflexible. Madre les dio la espalda para no ver—. No podemos volver a hacer eso — decidió—. Tenemos que comer solos —se oyó cómo rebañaban la olla y luego el montón de críos se disolvió y los niños se fueron, dejando la olla rebañada en el suelo. Madre miró los platos vacíos—.

Steinbeck yo diría que no conocía directamente ni de cerca el hambre, pero John Ford sí, ni que fuera a través de sus padres, que algo sufrirían la plaga irlandesa de la patata. Cuenta mi madre -que nació en el año 1934 en un pueblo gallego- que en la época del hambre, pasaba a veces por el huerto de una familia de ricos y ellos hacían como que no la veían y se metían disimuladamente dentro de la casa con el perro guardián, para que ella pudiera tomar una manzana o dos de sus árboles y no condenarla a la vergüenza de la caridad o advertir el hurto.
Algo tuvo que ver mi calambre o que se me pusiera de punta el nervio simpático con oír en una versión tan blue grass dos clásicos del country: Red River Valley y She'll be coming round the mountain. La versión que enlazo de El valle del río Colorado la canta Henry Fonda cuando saca a bailar a su madre en su hooverville o campamento de desplazados. La primera versión que yo conocí es la catalana y creo que ahora la ponen mucho en los tanatorios.


Fotogramas de The grapes of warth (John Ford, 1940)



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