13/12/10

Bunny Watson, la bibliotecaria referencista

Richard Sumner: [watching the computer result on "Corfu", which is mistaken as "curfew"] What the devil is this?
Bunny Watson: [also having a look] It’s the poem, “Curfew Shall Not Ring Tonight”. Isn’t that nice?
[reciting]
Bunny Watson: “Cromwell will not come till sunset, and her lips grew strangely white… as she breathed the husky whisper, curfew must not a-ring tonight.”
Miss Warriner: [while Bunny goes on] Mr. Sumner, what can I do?
Richard Sumner: Nothing. You know you can’t interrupt her
[the computer]
Richard Sumner: in the middle of a sequence.
Miss Warriner: Yes, but, Mr. Sumner…
Richard Sumner: Quiet! Just listen.
Bunny Watson: “She had listened while the judges read, without a tear or sigh, at the ringing of the curfew, Basil Underwood must die.”
Richard Sumner: Uh, how long does this go on?
Bunny Watson: That old poem has about 80 stanzas to it.
Richard Sumner: Where are we now?
Bunny Watson: She has reached the topmost ladder. O’er her hangs the great dark bell, awful is the gloom beneath her like the pathway down to hell. Lo, the ponderous tongue is swinging. ‘Tis the hour of curfew now, and the sight has chilled her bosom, stopped her breath and paled her brow.”
[telephone rings]
Bunny Watson: “Shall she let it ring? No, never! Flash her eyes with sudden light, as she springs and grasps it firmly…
[answers the phone]
Bunny Watson: curfew shall not ring tonight!” They hung up… And I know another one! “Out she swung, far out, the city seemed a speck of light…”

(De Set desk, en IMDB Quotes)


La cita ilustra una de las pifias de la computadora que Mr. Sumner  (Spencer Tracy) implementa en la cadena Federal Broadcasting Network, en el eficiente servicio de referencia que dirige Bunny Watson (Katherine Hepburn). La película está íntegramente descargada en Youtube, aunque fragmentada y sin subtítulos. En Set desk (Walter Lang, 1957) nos llama la atención lo bien que se expresan los errores comunes cuando se “informatiza” algo que ya funcionaba e incluso que funcionaba bien: el  hecho de no integrar al personal afectado por el cambio (y que además éste se entere in extremis, el hecho de que se deposite en una nueva tecnología una ingenua y eufórica fe sin contar con todos los pros y los contras y, finalmente, el que se tenga que revisar en segundo intento la famosa implementación contemplando aspectos que habían quedado descartados en el primer plan.

He recopilado algunas de las imágenes de la comedia, casi como en un retablo, para que este proceso quede más esquemáticamente reseñado. La película se ve aderezada por el enfrentamiento de dos gigantes de la interpretación (S. Tracy y K. Hepburn), cuyo trabajo siempre se vio enmarcado por el valor añadido de una relación amorosa en la vida real. Vemos en la presentación que en el servicio hay 3 bibliotecarias referencistas más una jefa, que es Bunny Whatson. Las consultas son telefónicas y hemos de pensar que seguramente atienden las necesidades de información internas de la empresa en la que se encuentran.

Cuando finalmente el Sr. Sumner y la Sra. Watson trabajan juntos, a la vista de que Miss Warriner tiene un pico de estrés fatal, es cuando la implementación se encarrila. De hecho la primera cita muestra el desastre que representaba en los principios de la informática la necesidad de exactitud, puesto que las máquinas no eran capaces de reinterpretar errores o imprecisiones. En una de las escenas finales la máquina ya es capaz de feedback y generará una pregunta de reaproximación: “With or without people?“.

Miss Warrison es bastante rígida en su forma de trabajar, por contraste con las referencistas, que por así decirlo van “a salto de mata” pero con una buena base de conocimientos. Cuando Bunny Watson le indica “That’s the little key that fascinated me!” (para referirse irónicamente a la enorme palanca roja donde se indica Warning), Miss Warrison le contesta: “We’d never try to use that key?“. “¿Por qué?” o “Why not?” le pregunta Bunny Watson y la técnica le contesta enigmáticamente y de una forma displicentemente disuasoria (otro clásico de la informatización en primera instancia): “Well, it’s too technical to explain”.

A pesar de todo, aunque han pasado muchos años desde 1957, se sigue procediendo más o menos por el estilo infinidad de veces: Se deja fuera al personal implicado, se le trata como si fuera irrecuperable, etcétera. Otro factor que hay que marcar y que está a la orden del día en este siglo, es la “externalización”, que se confíe el desarrollo de algún servicio o producto de información con mucho contenido interno a empresas externas. En mi opinión, algo que habría que matizar por supuesto, las webs se tienen que hacer fundamentalmente desde dentro y no desde fuera.

Vemos que la computadora de “Set Desk” es IBM, cuando hoy en día el mercado se ha diversificado y complicado muchísimo, de manera que las habilidades del bibliotecario actual exigen la capacidad de poder distinguir y comparar equipos, productos, servicios por los cuales hay que pagar o no.

No sé muy bien cómo anda ahora el tema de los bibliotecarios de referencia. Observé hace unos años que en muchas universidades dejaban precisamente el “mostrador” a becarios, a auxiliares o, en general, a bibliotecarios con poca experiencia, como si el trato con el público fuera o penoso o de poco interés. En mi opinión también ese es un error lamentable puesto que ese puesto, el de la recepción o referencia, es el que permite por un lado echar un pulso a la realidad y, por otro, el que facilita la difusión de productos sobre los que estamos trabajando y en los que nos desvela que se obtenga la mayor publicidad posible.

En estos días se habla del despido de 200 personas de las más de 1000 que hay actualmente en la plantilla de la British Library, la cual además va a ver dramáticamente mermado su presupuesto para 2011 en un 40 %. No sé y creo que casi nadie aún sabe donde se aplicarán las restricciones tanto las de plantilla como las de recursos no humanos.


Set desk  (Walter Lang, 1957). Philodendron hederaceum

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3/12/10

Small is beautiful

 Al pot petit hi ha la bona confitura

Refrán catalán



a IMCDB (Internet Movies Car Database) que he descubierto recientemente me ha permitido saber fácilmente que el modelo de coche [enlace roto] azul celeste que aparece en “The party” (“El Guateque”, Blake Edwards, 1968) es un Morgan Sports  de 1933 three-wheeled. “El guateque” es una de esas películas que me reconconcilian con bla bla bla. Los coches de tres ruedas también. Ya he dicho cosa de 7 veces que no me gustan los coches e incluso que creo o pienso que gran parte de las calamidades de nuestra época vienen por el automovilismo y el consumo de gasolina, etc. Ya ha señalado Agustín García Calvo lo mucho que representa la concepción moderna de familia, incluso de la desestructurada y postmoderna, por progresista que parezca. Así que, como ya se ha hecho ese trabajo tan tedioso, me limitaré al que me gusta más. 

Si yo tuviera un coche y si yo tuviera carnet de conducir, cosa que es altamente improbable por no decir imposible, es casi seguro que tendría un coche de tres ruedas. Sí, ya sé que el mismísimo Mr. Bean, que maneja un Morris Mini MK IV de color naranja tiene varios encontronazos con un adorable Reliant Robin azul celeste pálido que ilustran a la perfección la inestabilidad de este vehículo en las curvas. El inglés Reliant Robin tiene una rueda delante y dos detrás, mientras que el coche de Peter Sellers en El guateque tiene una rueda atrás y dos delanteras. Esa condición, los colores y algún que otro detalle externo es todo lo que yo puedo reconocer, pero las cuestiones mecánicas y de aerodinamia se me escapan.

El primer coche en el que yo subí fue un Biscúter. El que se puede admirar en la wikipedia no es que esté tuneado, pero está bruñido y muy arreglado y el coche, para qué nos vamos a engañar, más bien parecía una latita de sardinas con sus remaches visibles y un asiento de escay rojo ribeteado de blanco. Lo que también recuerdo es que para aparcar el coche nos dijeron “venga niños, a levantarlo” y uno en cada esquina lo alzamos para desplazarlo hacia su izquierda. Y es que el “Zapatilla”, como así se llamó en España, era de aluminio. Pero el “Zapatilla” tenía 4 ruedas. El Velorex nunca lo he visto y sí que tiene 3 ruedas, es checoeslovaco y la carrocería era de vinilo, lo que hacía que el modelo más sencillo apenas llegara a los 200 quilitos. Estaba pensado para minusválidos, o como se dice en La Moncloa, para discapacitados físicos. No sé si es por el nombre del vehiculo o si es por su aspecto, que a mí me recuerda a un animal prehistórico. 

Hay un artículo precioso en la Wikipedia tituladoList of microcars by country of origin donde se puede ver una galería de microcoches en formación alfabética, que es un orden muy adecuado para este tipo de autos. De los llamados bubble cars tengo una especial debilidad por el Messerschmitt KR, y el BMW Isetta, que me figuró que está emparentado con el italiano Iso Isetta, mi preferido. Y es que todos esos coches más o menos asequibles o que aspiran, como el Tata nano indio, a ser un modelo de sostenibilidad y todo aquello, me parecen horribles. No me gusta ni me gustará nunca nada el Smart, ni -volviendo a las tres ruedas- el Triac Aptera ni el Scoot coupé que parece de autos de choque, ni el Twike, que parece una bicicleta tándem cubierta. Sí me gustan el Peel P50 y el Corbin Sparrow. Incluso me gusta la furgoneta Ape 50 de Piaggio, la Daihatsu Midget y, mezclando épocas, la Mazda T2000. Este blog si fuera un coche sería un Ape 50 de Piaggio con algo de la mecánica de un Lamborghini acaso, pero ni eso.

Por lo demás sólo hay algo que me parezca más feo y odioso que un coche: una moto. Bueno, sí, peor aún es una moto acuática. Eso es deleznable y aberrante.