26/1/12

¿Cómo puede ser feliz una mujer?

 How can a woman be expected to be happy with a man who

insists on treating her as if she were a perfectly normal human being?

Oscar Wilde

 


a primera película de Lilian Gish fue The birth of a nation (D.W. Griffith, 1915), que se puede ver en Youtube íntegramente. La última, The whales of August (Lindsay Anderson, 1987). Recordábamos días atrás que Lilian Gish (1893-1993), fue una de las pocas actrices del cine mudo que siguió trabajando en el cine sonoro y hablado, cosa que de por sí tiene muchísimo mérito porque al parecer no fue fácil para los actores del cine más primitivo adaptarse o ser considerados por el cine moderno. Las ballenas de agosto fue además la última película de Lindsay Anderson y compartió pantalla con Bette Davis (1908-1989), que aunque era más joven estaba más envejecida. Y para contrapunto aparece un Vincent Price (1911-1993) que he querido mostrar hoy en el Álbum porque representa un actitud y unas maneras que no deberíamos olvidar.

Aunque hasta los 46 si se sigue una vida más o menos ordenada, se tiene salud y no se han padecido demasiados accidentes, normalmente las mujeres están de buen ver, hacia los 50 se produce una cierta transformación física que dejaremos en "decadencia" o si lo prefieren, "madurez". Yo que siempre cultivé mi buena memoria, a sabiendas de que así también cultivaba mi imaginación, la he visto degenerar drásticamente. La cara se descuelga. Luego está aquello tan patético de que no soportas situaciones agarrotantes de garrulos sin fronteras y te pones como una hidra venenosa creando situaciones muy embarazosas a los allí presentes si te da en reaccionar como te pide el cuerpo, que es mal. Se duerme peor y te despierta en vez de la Blackberry o un arrumaco, una especie de desazón coyuntural que se hunde angustiosamente en el timo como un puñal revenido. Según una amiga que cada 10 años que cumple hace una gran fiesta, en la última, la gente comió más que bebió (solía ser al revés), cosa que indica que los hígados están entrando en una textura de paté. A esta última no fui, le dije que hacia los 80 volveré a hacer vida pública, porque lo que es ahora no me apetecen las fiestas. Como decía un compañero mío de trabajo, son "ráfagas" (rachas)

Así que nunca admiraré bastante el humor de Lilian Gish o de Bette Davis para seguir en el candelabro, perdón, en el candelero, cuando ya no se tiene la belleza radiante que impregnó la plata fina de las películas primitivas, tan vaporosa, tan fascinante. El bigote de Price fue cambiando de color, en alguna película desaparecía, pero no he visto bigote tan significativo, tan perfilado, con tanta intriga, como el que llevó este actor. O tal vez el que llevaron otros actores no me intrigó tanto. Paul Newman con bigote parecía salido de Chueca. El de Price no era bien bien como el de Tyrone Power haciendo de Zorro o el de Bonet de San Pedro, demasiado negro y tipo mariachi. El de Price era impresionante.

Pero yendo a lo que íbamos, que es nuestra decadencia, pienso en lo terrible que ha sido el cine para los artistas de verdad, cuando los fue consumiendo hasta ver una mayoría aplastante de estrellas jóvenes, con sus cinco piquitos bruñidos como la vara mágica de un hada nueva, con su marqueting y su asimilación a mitos como el de Audrey Hepburn, por ejemplo, mil veces repetida e imitada hasta la náusea. 

La belleza, que ya es de las pocas cosas que me interesan, no creo que abandone a los hombres y mujeres maduras ni ancianas, no siempre. Es otra cosa que ni siquiera voy a nombrar para no romper el encanto del fotograma de hoy.


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17/1/12

Clara victoria, victoria clara

 

Anda, y que te ondulen
con la 'permanén',
y pa suavizarte
que te den 'col-crém'.
Se lo pués pedir
a Victoria Kent,
que lo que es a mí,
no ha nacido quién.

El Pichi, “Las leandras” (Emilio González del Castillo, José Muñoz Román)

“No podrá ser fundamento de privilegio jurídico el nacimiento, la clase social,
la riqueza, las ideas políticas y las creencias religiosas. Se reconoce en principio
la igualdad de derechos de los dos sexos
(Art. 23 del Anteproyecto de la Constitución de 1931)
*

No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la
naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social,
la riqueza, las ideas políticas, ni las
creencias religiosas (Texto enmendado
a propuesta de la diputada Clara Campoamor)
 

Las elecciones de 1933, primeras en las que votaron las mujeres de España, dieron el triunfo a las derechas. Tanto Margarita Nelken Mansberger (PSOE) como Victoria Kent (Partido Radical Socialista), curiosamente, votaron en contra del sufragio femenino (artículo 36 del Anteproyecto de  la Constitución) en 1931. Defendían que, la falta de madurez política y de responsabilidad social de las mujeres españolas, podía poner en peligro la estabilidad de la República, ya que un porcentaje muy elevado del electorado, antes de votar, lo consultaría con su confesor.  El voto femenino se logró por una diferencia de 40 votos. Diputados que pertenecían al mismo Partido Radical (Lerroux) que Clara Campoamor, su defensora, como Plácido Álvarez-Buylla, se opusieron al voto femenino con ese razonamiento.  En la TV-movie “Clara Campoamor, la mujer olvidada” (Laura Mañá, 2010), que se puede ver íntegra en el portal de RTVE, vemos sin embargo como sí obtuvo el voto favorable de Lluís Companys (Esquerra Republicana de Catalunya, ERC) o de José María Gil-Robles (Confederación Española de Derechas Autónomas, CEDA).

Las siglas del PSOE y de ERC siguen en pie en el panorama político pero yo diría que no representan las mismas fuerzas que representaban el año 1931, sobre todo ERC. Al parecer, el año 1933 pudieron votar 6 millones de mujeres, lo que no sé es cual fue la participación. Lo que sí sé o de lo que tengo una ligera idea es que la llamada izquierda estaba desintegradísima, PCE incluido (o añadido), mientras que la CEDA estaba muy organizada. Pero lo que me trae hoy al Álbum del tiempo no es el clásico planteamiento de la desorganización de la izquierda, que ya aburre a las ovejas, sino otros temas como la disciplina de voto y así.

En la zarzuela de “Las leandras” se incluye el chotis con la referencia a Victoria Kent. Hago notar que “Las leandras” se estrenaron en Madrid el otoño de 1931, en aquellos tiempos en que el teatro era como la calle o aún mejor y habían “morcillas” y se palpaba sobre las tablas la realidad y la actualidad. Sin subvenciones. Yo creo que “Kent” se prestaba más a la rima que “Campoamor”. Después se han cargado mucho las tintas contra la decisión de Victoria Kent de no apoyar el voto femenino e incluso se ponen las dotes parlamentarias de Clara Campoamor muy por encima de las de ella, invocando una lid dialéctica en el Congreso donde claramente vencieron los argumentos y la habilidad oratoria de la diputada madrileña. Por lo poquito que he leído de Clara Campoamor les digo que le daría 80.000 vueltas a Carme Chacón, y me quedo corta. Tendré que mirar el diario de sesiones, pero en tanto me recreo en ese juego de palabras que acabo de proponer, “claramente vencer”, clara victoria, victoria clara, para referirme a que a veces, como se dice en China, “hay que sacrificar las flores del melocotonero”.  El maquiavelismo (“el fin justifica los medios”) es lo que explica que Victoria Kent, siendo feminista como era, se opusiera al voto femenino para que no peligrara la permanencia de la izquierda en el poder o la estabilidad de la República. Pero es una idea antigua que a todo hombre público y mujer pública les atormentará en algún momento, a no ser que siempre hayan tenido muy claro que lo único que quieren es estar ahí y permanecer a toda costa.

Recuerdo haber leído en mi temprana juventud un librito de Sir Rabindranath Tagore del cual me disculparán que no recuerde el título. Lo que sí recuerdo es que en él se planteaba como tema recurrente el dilema entre la independencia y la violencia. Ya sabemos que a Mahatma Gandhi le preocupó toda su vida esa cuestión y que sufrió mucho porque no acabó convencido de haber preservado ahimsa (no-violencia), la independencia de la India de la violencia. De Rabindranath Tagore es la letra del anatema indio, el Jana Gana Mana, que acaba “Jaya, Jaya, Jaya” (victoria, victoria, victoria). Yo creo que además de izquierdas o derechas, también hay esos dilemas. En nuestro país hay quien justifica la violencia y hasta el terrorismo y sin embargo vota, cosa que deja mis maltrechas estructuras mentales como un tomate que pasa por el microondas. Servidora prefiere las victorias claras a las claras victorias.

 
Clara Campoamor (Madrid 1888 - Lausana 1972)