la flor del berro, mi blog eliminado, fue un locus amoenus y ·Álbum del tiempo· más bien ronda el tópico del tempus fugit (el paso irremediable del tiempo) y del peregrinatio vitae. Si hay un próximo blog veo que ya será una meditación sobre omnia mors aequat (la muerte todo lo iguala) y el equivalente sic transit gloria mundi.
La imagen de hoy reproduce
un cuadro de Sorolla que fue subastado en Sothebys en otoño de 2010 con
un precio, que no valor, estimado entre 350.000 y 585.000 euros. Un crudo
invierno de hará quince años se heló el algarrobo que hay en Collserola al pie
de la carretera de las Roquetes que subé a Torre Baró. Nadie hubiera dado ni un
euro por él, pero ahora está frondoso y da muy buena sombra, nunca habían
brotado de él tantos frutos y su fragancia es extasiante. Ni un euro,
hubiéramos dado. El cuadro de Sorolla es de un lugar de Jávea o Xàbia
(Alicante) y verdaderamente recrea otro tópico, el Mediterráneo.
La danza de números
en que vivimos habitualmente acabará siendo también un tópico. Ayer leí en “La
Vanguardia” que en el Hospital de Sant Pau de Barcelona se había
iniciado un expediente de regulación de empleo o ERO (expedient de
regulació d’ocupació) de 500 trabajadores en una plantilla de 300. Me acogí al
derecho de rectificación que brinda el diario digital y les sugerí que lo más
probable es que la plantilla del Hospital de Sant Pau fuera más bien de 3.000
trabajadores e incluso más. Según qué se considere plantilla, porque cada vez
ha habido en nuestros hospitales más personal flotante que -si se me permite el
humor negro- está tocado y hundido. Esas cifras al cabo de una noche no tienen
ya casi ningún valor puesto que he leído en mi twitter que en el diario “Ara”
se comenta que el ERE es de 900 trabajadores.
Plantilla del antiguo Hospital de la Santa Creu
Biblioteca Cambó (Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, aprox. 1981)
Perdonen que divague si les
remito a otra imagen que fotografié en el nuevo Hospital de Sant Pau con ocasión de una
exposición de su historia. Es sobre la plantilla del antiguo Hospital
tardomedieval. En el post que escribí en “Varium” remitía a la Wikipedia, que a su
vez recoge la historia del hospital, el cual se originó el año 1401:
“[...] por la fusión
(“reducción”) de seis hospitales que por aquel entonces existían en Barcelona y
que a raíz de la peste de 1348 y la crisis demográfica posterior entraron en
una profunda crisis económica. El nombre de la nueva institución fue Hospital
de la Santa Creu (Hospital de la Santa Cruz). La MIA (Muy Ilustre Administración)
se componía de dos canónigos de la Catedral de Barcelona y dos miembros del
Consejo de Ciento (órgano de gobierno de la ciudad de Barcelona). La gestión
estaba a cargo de un Prior, que siempre era un sacerdote (en Valencia se
llamaba clavario y en Zaragoza Mayordomo). Hasta 1904, fue la principal
institución asistencial del principado de Cataluña y, con los hospitales de
Gracia de Zaragoza y General de Valencia, las tres piezas clave del dispositivo
de acción social de la Corona de Aragón. Situado en el Raval de Barcelona
(actualmente el edificio es la sede de la Biblioteca de Catalunya) el
crecimiento urbanístico de la ciudad durante el siglo XVIII le rodeó”.
Yo estudié en el edificio
gótico de 1401 (hoy Biblioteca de Catalunya), luego hice mis prácticas de
bibliotecaria-documentalista en el edificio modernista de 1902 y cuando aún no
había acabado los estudios obtuve una beca para trabajar en la Biblioteca
Cambó, situada en el pabellón principal, que era bonita de verdad y que no
sé qué habrá sido de ella. No en vano el edificio es patrimonio de la Humanidad
desde 1997. Las nuevas dependencias, en vez de estar repartidas por pabellones,
como sus dos anteriores versiones, son un edificio moderno con el típico
vestíbulo descomunal y diáfano, muy fotogénico, y el resto de la instalación no
es accesible a todo el mundo porque está dotada de un sistema de seguridad que
permite a cada cual entrar donde se le supone sin más. De todas maneras lo que
pude ver y saber me permitió lamentar que aunque las habitaciones de los
pacientes son espaciosas, obligaban en general a cubrir distancias al personal
enfermero y que el personal no disfruta de luz natural. Es decir hay un
vestíbulo muy trendy, estupendo y fotogénico, de “cara a la galería”,
con luz a raudales, aunque de matices metálicos, y sin embargo el personal -que
a veces cumple guardias de 12 horas y más- trabaja bajo los palios de las luces
crepusculares de la fluorescencia.

“El
algarrobo” de Joaquin Sorolla (1898)
Las medidas de seguridad,
con tarjetas que los trabajadores usan para acceder donde se les espera pero en
ningún otro sitio, me recordaron que en el hospital donde yo trabajo, que es un
edificio del Franquismo, encontraron por lo menos una vez un okupa que estuvo
instalado meses en una de esas zonas muertas que también deben de tener
en el Hospital Clínico, cuyo núcleo creo que es del siglo XIX. Pero la historia
nos enseña, como ya he dicho, que el primer Hospital de Sant Pau provenía de la
fusión de los seis hospitales que tuvo Barcelona en la Baja Edad Media, ya que
la crisis demográfica y la peste condujeron a la Iglesia a tomar esa medida.
Recuerdo que cuando trabajé
en el Hospital de Bellvitge podía ver desde la Biblioteca del Hospital
(que fue eliminada el año 1993) cada día hacia las cuatro de la tarde un rebaño
de ovejas por donde luego construyeron un campo de béisbol y un geriátrico. Yo
nunca estuve segura de que fuera un geriátrico puesto que por donde habían
pastado las ovejas llegaba cada mediodía un inconfundible camión de la Damm. Hasta
donde yo sé en los geriátricos no se consume cerveza (?). Y todas estas
cuestiones y danzas de números, ovejas, cervezas y pestes bubónicas, me dan a
pensar en la fragilidad de las instituciones y en su escasa versatilidad. Y la
verdad es que cuando se les ocurre ser flexibles es para poderle sacar todo el
jugo a la plantilla o para manejos con los administrados que son innombrables y
que están al borde de la ley.
Todo va muy rápido y ahora
oigo en la radio, una hora después de haber leído el twitter, que el ERE de
Sant Pau es de un millar de personas. La forma en que los números nos vapulean
y esa manera a la que asistimos a las tertulias de los economistas, que hablan
de la recesión como los metereólogos hablan de las tormentas y las bonanzas,
como si no fueran con ellos, como algo ajeno, me descorazona y descarna.
Ayer se descubrió una grieta
activa en el salón de actos del hospital donde trabajo (Hospital Vall d’Hebron)
que atraviesa el foso y tiene 9 cm de profundidad. Este salón de actos es el
que está en la planta 10 del Hospital General, el cual sufre de aluminosis. Así
que ayer desde mi puesto en la planta 11 me preguntaba si de caerse todo el
bloque abajo como un castillo de arena zafaríamos no solo nuestro ERE sino que
ayudaríamos a ir al cielo a cosa de 500 enfermos, que ahora más no habrá. Y
también me pregunto qué habrá sido del algarrobo de Jávea.
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