23/4/25

Sant Jordi


i ayer Parenostre (Manuel Huerga, 2025). Espero que tenga un gran éxito de público porque eso indicaría a mi entender el interés y tal vez la madurez política de la sociedad catalana. Pero me temo que va a descontentar a muchos. A unos porque son fervientes creyentes de la opción "no remenem la merda", otros porque lo verán como una especie de blanqueamiento de los delitos económicos de Jordi Pujol, que son difíciles de olvidar y de perdonar. Pujol gobernó en Cataluña 23 años, tal vez más. Tampoco faltará quien con un cierto ademán de sagacidad nos prevenga de que todo fue en realidad un sabotaje al procés, que fue el procés lo que desató la investigación. 
Antes de los créditos de cierre la película nos recuerda resumidamente la situación de Artur Mas, inhabilitado en sentencia firme del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya el 2017, la muerte de Marta Ferrusola hace unos meses y que el juicio de la familia Pujol será en noviembre de este año. Jordi Pujol tiene 94 años. Seguramente su avanzada edad inspirará en muchas personas una cierta compasión o clemencia. A mi la compasión me la inspiran sus hijos tal y como aparecen retratados en Parenostre. Es decir, que me compadezco de Jordi Pujol por los hijos que tuvo, por lo menos Josep, Jordi y Oriol. Los otros cuatro no destacan tanto en la película. Si acaso Mireia Pujol, que estuvo aparentemente al margen o que se desmarcó.
Llama la atención, y hasta resulta desconcertante, el escaso parecido de los personajes con las figuras que representan. El papel de Jordi Pujol es interpretado por Josep Maria Pou, que mide casi dos metros, o los medía, porque con los años él ─como el expresidente de la Generalitat de Catalunya─ habrá perdido algunos centímetros. Pero abundan las escenas en que no es apreciable su estatura. Es de todos los que admiramos al actor conocido su poder de transfiguración cuando actúa sin sobreactuar. Nos hace reconocible con gran economía de gestos la forma de ser de Pujol, su voz un poco áspera o enrogallada ("enronquencida"), la forma de mover vivamente las manos, sus tics. Pero Pou se concentra en pocos elementos y de esta manera trasmite de lleno la psicología del político y del hombre.
El guionista de Parenostre es Toni Soler, que es el guionista del programa satírico de política Polònia, que cuenta con cerca de 600 episodios. Polònia se caracteriza precisamente por el gran parecido entre las caricaturas y los personajes reales. Pero son caricaturas. Y tal vez lo que pretendía la película es en vez de la sátira o la caricatura, buscar trazos un poco más finos sobre las pulsiones de cada cual. Guardo la sensación de que en el fondo lo que persigue la película es pasar por una especie de Transición, dejando una versión de superación de las asperezas y de la corrupción, sin dejar de admitirlas ni justificarlas. 
Reflexivamente, cuesta dejarse llevar por la imagen del Jordi Pujol que proyecta Josep Maria Pou, pero no porque no sea un magnífico actor, sino porque sabemos lo de la bruja Adelina, lo del 3% y muchas trapacerías y delitos: fiscales, de malversación, blanqueo de capitales, tráfico de influencias, prevariación, etc. Sin embargo, se agradece la voluntad de llegar a un relato civilizado del asunto para poder pasar página sin cargar las tintas ni, como dirían los murcianos, echar los carros por el pedregal.
Que el Rey emérito Juan Carlos I, Vicky (la amante de Jordi Pujol Ferrusola) y el comisario Villarejo resulten tan repulsivos como Oriol Pujol y Artur Mas, me acaba de convencer del foco del guión. 
En algún momento de lo que no deja de ser un biopic, se intercalan imágenes de archivo en la que podemos ver incluso a Puigdemont. Es curioso porque la aparición de Puigdemont da una especie de dimensión añadida a la película, hace que sea todo más perecedero y falso, por lo menos a mi parecer. Parece tan delusivo Puigdemont en la imagen de tv como Pujol escuchándole decir "O referèndum, o referèndum". 

Jordi Pujol Soley, 2023

No acabo de entender el título de la película, que en palabras de Pou en una entrevista reciente, no tiene una connotación religiosa. Solo se me ocurre que tenga relación con la trama familiar. No lo sé. Por seguir la broma adopto como título la celebración de hoy, ya que es el santo del expresident. Cuesta explicar que sea un festivo laboral, y que en la actualidad la mayor parte de las rosas las venden los gitanos y que son colombianas. La globalización.

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19/4/25

Sordos






ue la película Sorda (Eva Libertad, 2025) se haya llevado 4 biznagas en el Festival de Málaga y un premio en el de Berlín, siendo una ópera prima, no es poco. No quiero ser aguafiestas si digo que el color de la imagen está modificado. Por querer tal vez subrayar la luz de Murcia, que es muy especial, y en concreto la de la Vega del Segura, se ha tostado un poquito a lo  ghibli, el estudio de animación japonés, o acercándose a la fotografía setentera, que trasmite honestidad. Lo opuesto a lo azul de Netflix. 

Es muy acertada la canción de Verde Prato, Neskaren Kanta, que encaja perfectamente con el humor o emotividad de la película. Nada de histéricas.

No podemos hablar más que bien de la película y de lo que se propone, que no es poco, porque nos quiere mostrar el problema que es ser sordo en un mundo de oyentes. Es magistral que se haya mostrado a través de la maternidad, ya que situaciones de incomunicación y de contrariedades hay muchas, pero la de la maternidad resume muy bien que aun contando con una buena predisposición hay dificultades y frustración. El papel de Héctor, el padre, es impecable. No me refiero a la actuación de Álvaro Cervantes, que también. Me refiero a su papel como pareja oyente de una mujer sorda. Emplea el lenguaje de signos en todo momento, para que no se sienta excluida. Pero, Ona, la niña, introduce un proceso difícil, porque es oyente y además se siente estimulada por los sonidos, como es natural.

Llegado un momento la protagonista sorda, Ángela, después de pasar un gran malestar y recrudecerse su sensación de aislamiento, con una sola frase de su pequeña Ona, en el lenguaje de signos, se alivia. La niña primero dice la palabra "agua" a su padre, cosa que le produce la mayor alegría. Y solo un tiempo después, le dice a su madre en el lenguaje de signos "¿Dónde está Luka?" (el perro). Claramente los niños emplean el lenguaje en la medida en que lo necesitan.

Como en un par de ocasiones he tenido pérdidas digamos que dramáticas de audición, tengo un poquito de idea de la sensación de no poder oír más que los sonidos más molestos y además distorsionados. Pero mi sensación no es completa, solo es una impresión. De lo que sí puedo hablar es de la melancolía que produce ser oyente en un mundo de sordos. De hecho, durante la proyección o como se diga de Sorda había dos oyentes en la sala que no paraban o de comer o de hablar. Al llegar a los créditos del final en vez de escuchar a Verde Prato se pusieron a recalcar que claro, que a veces Héctor se olvidaba de emplear el lenguaje de signos. Me di cuenta que no habían visto que la niña había usado por primera vez el lenguaje de su madre y con su sonrisa de placidez se acaba la película. En fin, todo no se puede pedir.

Fotograma de Sorda (Eva Libertad, 2025)

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17/4/25

La segunda piedra

"Speciosus forma es prae filiis hominum"
 [Eres el más hermoso de los hijos de los hombres]
Salmo 44 (45): 2


veces le llegamos a ver la razón de ser a alguna de la infinidades de malicias con las que hay que bregar. La codicia o la envidia, por ejemplo. En el caso de la codicia justificamos una mala acción en el anhelo de alguien por poseer o disfrutar algo que cree que le falta. Viene siendo lo mismo la codicia y la envidia. Y estos días me he interesado por la teoría de las ventanas rotas, que como está explicada en la Wikipedia se entiende a la perfección: "En criminología, la teoría de las ventanas rotas sostiene que los signos visibles de la delincuencia, el comportamiento antisocial y los disturbios civiles crean un entorno urbano que fomenta la delincuencia y el desorden, incluidos los delitos graves.​ Sugiere que los métodos policiales que se centran en atacar los delitos menores, como el vandalismo, la vagancia, el consumo de alcohol en público, el cruce incorrecto de peatones y la evasión de tarifas, ayudan a crear una atmósfera de orden y legalidad."
El apelativo de las "ventanas rotas" proviene de la hipótesis de que una ventana rota que no se repara hace que por vandalismo o criminalidad se rompan otras ventanas, así mal explicado. Y me resulta una teoría interesante además de válida. Explicaría porque este invierno observé que en la zona "alta" de Barcelona apenas se ven las señales de alarmas de empresas de seguridad privada (Securitas Direct, Prosegur, lo que sea). Se ve solo alguna y en algún establecimiento comercial. 

Pensé que los pisos de La Bonanova o Sant Gervasi muchas veces los ladrones los podrían encontrar sin sus propietarios, porque están de viaje o en una segunda o tercera residencia. Subiendo en coche por la zona que está más llenas de clínicas de reproducción asistida, hay muchos balcones que aparentemente no tiene ningún signo disuasorio visible. Pudiera ser que sus habitantes confían la seguridad al portero, bajo amenaza de despido, o a algún sistema más discreto. O que los chorizos no quieren meterse con gente influyente.

La teoría de las ventanas rotas explicaría muy bien que los ladrones y los vándalos acuden a los lugares más vulnerables. Y esta teoría se podría aplicar también al acoso escolar o laboral y a mil escenarios en los que además lo que yo llamo "la segunda piedra" es concluyente. El acosador siempre se hace valer de cómplices o de una especie de séquito de refuerzo con habilidades repartidas entre la adulación o pelotilleo y el linchamiento.

El mes pasado dejé a medias una novela de Francesc Ribera, El silenci que heu de témer (2023) porque aunque estaba bien escrita no llegó a captar mi interés, que ya es endeble, tal vez debido a que le faltaba tirón. Es una novela ambientada en el siglo XVII en Mallorca. El trasfondo son las luchas sociales y la aristocracia dividida entre dos familias enfrentadas a favor y en contra de la monarquía española. Si me retuvo en algo la lectura del libro fue esperando que se dijera algo de los colonos catalanes que arribaron con la conquista el siglo XIII, que constituyeron lo que sería la nobleza mallorquina en el Repartiment. Pero hasta donde yo leí no se dice nada. El foco está en el Rey español.

El autor se define a sí mismo como "activista cultural y militante independentista", cosa que no da para inspirar mi adherencia al hilo argumental (aunque sí una pequeña parte de mi comprensión). Conseguí vencer la pereza que me infundía porque el libro está escrito en la variante del catalán balear, que es bonita. Hay una protagonista, que es la narradora, de familia noble, que se mete a monja. Pronto le confían en el convento la contabilidad y no tardan ─calculadamente─ en acusarla de desfalco. Todo es en realidad pura maquinación para hacer ver que la culpan y la perdonan y que al producirse un desfalco verdadero se guarde de señalarlo. 

Ribera resuelve el proceso narrativo de convertir una persona de víctima en culpable y de culpable en cómplice con el tiempo justo. Quiero decir que no emplea un montón de páginas cargadas de psicología, caracterización, engaños, culpabilidad, temor y desasosiego. Lo resuelve literariamente, no como en un atestado, pero sin darle mucho terreno. Lo que explica es suficiente para situarnos sobre el horror de la monja y la forma de actuar de la priora ayudada por otra monja.

Recuerdo el artículo de opinión de Arcadi Espada sobre María Dolores Díaz de Miranda, que fue exclaustrada del monasterio de las Puel·les de Sarrià, donde se nos presenta a toda esa pequeña comunidad benedictina enfrentada a esa única monja que no estaba dispuesta a rezar por el retorno de los independentistas. Yo vi una sola vez a María Dolores en el taller de restauración, hace muchos años, y llamaba la atención por su labor y porque se le veía diferente y aparte de las otras monjas. Tengo entendido que ahora es directora del taller de restauración de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli y que Esperança Atarés desde este invierno ya no es abadesa. Pero no sé mucho más ni lo pretendo. Simplemente me puedo imaginar el malestar de la monja restauradora enfrentada a su comunidad.

No sé si el patrón que esbozo es un modelo idéntico al de otros entornos, creo que sí. La enemistad existe incluso sin un móvil justificado y se ajusta como un guante a la noción junguiana de la sombra. El desfalco verdadero de El silenci que hem de témer oculta donativos inconfesables. Que el modelo incluya formas más o menos elaboradas de... ¿"linchamiento"? nos devuelve a las formas de vida del Paleolítico y de caza.

La imagen de hoy, Jueves Santo, la tomé en invierno, en un bazar multiproductos. Imposible tomársela a mal. El Cristo de resina original obviamente no lleva ese colgante con una metralleta. Se la colgó el chino. La única forma de confrontarlo hubiera sido comprándole el colgante o el Cristo. Si compraba el colgante pudiera ser que le colgase otro y aún peor, si es que hay algo peor que una metralleta. Si le compraba el Cristo, le hubiera transferido el colgante a otra figura, porque para él ese Cristo es una figura. No te lo puedes tomar a mal como las cosas que hacen los pedorros cafres de Mongolia o factorías peores. No es iconoclastia. Solo hay que ver que el escaparante luce una mezcolanza de budas, bodhisattvas, pastorcillos burlescos, pesebres, sirenas y minions todo el año.

Cada vez es más patente la ignorancia (en los dos sentidos de la palabra ignorar) de la celebración de la Semana Santa, y en el mejor de los casos no es raro que alguien nos felicite la Pascua el día del Domingo de Ramos, por decir algo. Solo en esos casos yo hago algo que no llega a proselitismo pero que es de justicia.

Están diciendo en la radio, mientras hablan de Donald Trump, de que en Eurodisney todos los productos a la venta son hechos en China.
 

El Cristo del escaparate del bazar

Cristo de Velázquez (¿1632?). Museo del Prado.

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