26/3/17

Las expectativas

 

hora  que  vuelven  a  salir  a  la  luz  las  fotografías  de Milagros  Caturla y  revive  una Barcelona que ya no existe, al menos en sus formas aparentes, pretendo desarrollar un poco el tema que anuncié en parte en el post anterior. Las expectativas. Como en la enciclopedia (Témporas) al ser sentimental no reparamos demasiado en el diccionario, casi nunca vamos a buscarlo para centrar un significado, pero en esta ocasión leeremos ─como si fuera en voz alta─: "Esperanza de realizar o conseguir algo" y "Posibilidad razonable de que algo suceda". La segunda acepción de la RAE me resulta muy llamativa por lo de "razonable",  sobre  todo  porque  la  primera  acepción  lleva  otra  carga  y  en  general  el común  de  los  hablantes  será  la  que  identificará  como  la  más  cercana  al  valor  de  la palabra. Una posibilidad razonable es toda una hipótesis fundamentada y con indicios de éxito o de manifestación, pero que además tiene un matiz de sensatez. De hecho, decir "expectativa razonable" desde mi punto de vista hasta reuniría dos ideas opuestas en muchas ocasiones, casi al punto del oxímoron.

Cuando hablamos de expectativas hay que hablar de si vienen determinadas por intereses o por deseos. Se dirá que tanto  da,  que  es  lo  mismo  una  cosa  que  otra.  Pero  tal  vez  si  doy  un  ejemplo  conseguiré  situar  un  poco  más  el termino: Gran parte del éxito profesional o amplificación de algunas personas depende de su agenda de contactos y por lo tanto quien aspire a tener un reconocimiento cultivará una buena red de seguidores y amigos y se forjará un colchón social. Ya hemos dicho por aquí alguna vez que en un momento dado hay que valorar si se concede tiempo y esfuerzo a las habilidades sociales o si directamente se está por la labor que nos ocupa. No me refiero a escritores que  le  confían  su  proyección  social  al  editor  o  a  un  agente  y  pueden  dedicarse  a  escribir  simplemente,  sino  a aquellos que no cuentan con muchos medios y que dedican una parte de su tiempo a ir a presentaciones de libros, animar clubes de lectura, etcétera. Me imagino que el público que concurre a los clubes de lectura se verá animado a comprar o leer (incluso las dos cosas) el libro o libros de la persona que los dirige, aunque trate de otros libros. Y así se va cuajando piedra a piedra un público. Me lo imagino sin dificultad alguna. Aunque el tema viene de antiguo (recordamos el latín "Asinus asinum fricat"  (un asno rasca a otro asno), en el presenta se hace más patente por la gran  cantidad  de  escritores,  pintores, escultores,  músicos,  etc.  que  aspiran  a  ser  reconocidos  o  por  lo  menos conocidos.

Se dirá que en la promoción hay tanto deseo como interés, pero a mi entender es "puro interés" y el deseo queda precisamente  pervertido  por  las  mañas  del  aprovechamiento.  Y  el  provecho  nos  aleja  del  propósito  del  puro anhelo.

Esto mismo ocurre con otros temas que trufamos de expectativas. El mundo de la pareja por decir algo está lleno de  expectativas.  Nos  movemos  por  el  mundo  como  si  fuéramos  seres  incompletos  que  necesitan  tener  y  hacer muchas cosas: pareja, coche, viaje, cena, curso, libro, reloj, etcétera. El sector terciario vive de nuestras expectativas y  contamina   los  otros  sectores  con  sus  maneras  y  perversiones.  Y  de  la  misma  manera  que  no  hay  que confundir intereses y deseos, menos debemos confundir expectativas y deseos.

He observado a mi alrededor parejas y amistades que se fraguan en una maraña de expectativas tan inextricable que  se  hace  difícil  sin  embargo  distinguir  lo  que  es  interés  de  lo  que  es  amor.  Les  exigimos  a  quienes  nos acompañan  en  la  vida  que  sean  de  determinada  manera  o  cumplan  con  una  determinada  función  y  la  carta de derechos y obligaciones nos acaba por resultar tiránica, vacía, asfixiante, absurda. Pero, repito, el mal de raíz es que nos consideramos erróneamente incompletos, que confiamos nuestra felicidad o nuestra tranquilidad a tener y a hacer y no tanto al ser y al sentir. Tanto es así que incluso cuando en algún momento de desfallecimiento o lucidez nos  damos  cuenta  de  que  algo  anda  mal,  recurrimos  a  alguien  que  nos  ayude:  un  médico,  un  psicólogo,  un peluquero, lo que sea. Claramente si algún peluquero nos hace una faena que no nos gusta o que nos empeora, tendremos que recurrir a otro peluquero, y así en todo.

No digo que no se pueda ir a la peluquería o al médico o que no se pueda hacer voluntariado o ir a un restaurante con una pareja. Lo que digo es que no hay que perder de vista lo que se es, lo esencial. Lo demás vendrá dado y en su debido momento.

Milagros Caturla

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18/3/17

Fe




esleal es aquel que desaparece cuando el camino es obscuro" me dice Cortana-Windows cuando le pido una cita de Tolkien que me ha ofrecido. No he leído nada de Tolkien, aunque a decir verdad creo recordar que empecé a leer El señor de los anillos porque me lo recomendó mi hermano y me lo prestó. No me enganchó y lo dejé. La cita tiene la rebaba de una traducción literal del inglés. La he buscado en su versión original, que es "Faithless is he that says farewell when the road darkens". 
La fides latina tiene que ver con la lealtad y la confianza. Lealtad y fidelidad es una de esas parejas de palabras -como por ejemplo timidez y vergüenza, velocidad y tocino- sobre la que cualquier apreciación no etimológica es puro entretenimiento. Tal vez estoy dispuesta a usar la "timidez" como algo más elaborado y la "vergüenza" como algo más natural, menos domesticable. También uso la "fidelidad" como una virtud menos activa que la "lealtad", que en español proviene de "lex", pero que nos habla de una postura más comprometida. Sin embargo, ya digo que todo esto es hablar por hablar. Las palabras van a significar lo que decidamos. El diccionario de la RAE añade a "fiel" un elemento de constancia que no es menor.
Estas pinceladas me sirven para situar la fe a un plano que nada habla de intereses ni de aquello que nos mueve oque nos retiene con el objeto de conseguir algo que nos favorece. Es decir que aunque muchas veces las pasiones se ven acuciadas por el apego a una necesidad (real o irreal), la fe no guarda un deseo de alcanzar un beneficio o ganancia. Y precisamente lo interesante de la fe es que la rodea una oscuridad (como la que nos sugiere la frase de Tolkien) que es advertida y tal vez temida pero que no altera ni conmueve la confianza. Aunque parezca un definición en círculo, puesto que confianza incluye la palabra fe, admitamos que nos sirve para entender algo de lo que es esta virtud teologal católica. 
En la alegoría renacentista de De Pollaiolo aparece con un cáliz y una cruz, con una pequeña desproporción entre la mitad superior del cuerpo y la mitad inferior. Al parecer, esta pintura sobre madera (de unos 2 metros de altura si mal  no  recuerdo),  al  estar  colocada  en  el grupo  de  las  7  virtudes  y  por  encima  de  la  mirada,  mostraba  esta desporporción para parecer más  imponente.  Aunque los atributos de la alegoría sean los que son y el detalle  de pretender infundir una impresión fuerte no sea menor, esos elementos tienen poco que ver con la fe tal y como la entiendo yo. Es decir, la Fe del siglo XV me dice bien poco de mi fe. Estaría más cercana la alegoría de Vermeer, que coincide con De Pollaiolo en que la mujer mira hacia el cielo, hay un cáliz y una cruz (o dos, según se mire). Vermeer añade dos elementos en los que he reparado, uno el de la serpiente aplastada por la piedra angular y otro el de la manzana  (de  Adán  y  Eva).  
Incorporo un  detalle  de  la  manzana por  su perfección  y  originalidad  admirables.  La primera vez que advertí la manzana me llamó la atención cómo se destacaba la silueta de la marca de un mordisco, como si hubiera sido desechada y arrojada, y el escorzo. Si Vermeer hubiera representado la manzana de la manera habitual consabida (tal y como colgaría de un árbol) el efecto no hubiera sido tan sugerente. O, mejor dicho, una manzana en la que se hubiera mostrado abiertamente el mordisco habría resultado como alegoría demasiado obvia y tal vez le hubiera quitado relevancia a los dos elementos centrales (cáliz y cruz). Otro logro de Vermeer  -donde cada pincelada lo es- es la inclusión de un cuadro que representa la muerte de Cristo y que para mi pobre entender representaría la oscuridad. Por no decir que añade un plano de profundidad visual e iconográfico a la pintura y así le suma  un  realismo  que  de  otra  manera  no  hubiera  logrado.  El  máximo  nivel  de  realismo  es  la  cortina,  no  tanto porque aparece en el primer plano o porque los colores son más vivos o definidos, sino porque nos habla de algo tangible, anclado en un momento presente y en un entorno social o familiar concreto.
La fe es algo que me constituye más que el hecho de haber nacido en España o ser una mujer. No sabría decirlo deotra manera. Dicen los que saben que la infunde el Espíritu Santo, con lo que nos metemos en un jardín del que casi nada podría decir por ejemplo no ya a una persona que profesara otra religión sino incluso a alguien de la mía. Mis conocimientos sobre mi propia fe son escasos, a pesar de que admito que lo que sé, aunque sea incomunicable, tiene vigor.
La  fe  siempre  me  ha  acompañado  en  toda  mi  vida  y  aunque,  como  todo  el  mundo, he  pasado  por  horas,  días, semanas, meses o años ─incluso segundos─ calamitosos, no me ha abandonado jamás. La fe se hace más presente cuanto mayor es la incertidumbre o la falta de claridad y de luz. Por esta razón podría decirse que los que contamos con ella obtenemos de cada sinsabor, por grande que sea, la constatación de la confianza. Y no hay en ello nada penitencial  o  un  orgullo  por  exclusivismo.  Cuesta  además  decir  que  una tiene  la  certeza  de  algo  sin  por  ello desmerecer las ideas de los demás. Ni me siento privilegiada ni considero que lo que puedan creer los demás sea inferior o falso.
Por  la  misma  razón  por  la  que  la  prisa  me  parece  absurda  ante  la  eternidad  en  la que  vivimos  y  ya  no  digamos morimos, la falta de fe me parece absurda ante tantas certezas de luz.

"La alegoría de la fe" (Johannes Vermeer, 1670-1672). MET.



Detalle de manzana. "La alegoría de la fe" (Johannes Vermeer, 1670-1672). MET.


"Fe" (Piero del Pollaiolo). De la serie Virtù, 1469-1470. Uffizi


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16/3/17

Objetos y deseos

 



iempo atrás me estresaba bastante los días festivos porque quería hacer muchas cosas y sabía que tenía que elegir. Sabía que no podía hacerlo todo. El sueldo nos limita bastante a la mayoría de los mortales. Pero pienso que ocurre un poco como con la lluvia de sugerencias que aparecen cuando uno se tiene que comprar un ordenador nuevo, en la pantalla. El asistente abre mensajes sugiriendo ideas y funciones que en principio están diseñadas para facilitarnos la vida, pero algo nos dice que nos va a complicar, que si nos limitamos a los que ya conocemos es suficiente y que "menos es más".
La pared de ónice de Villa Tugendhat, una de las más celebradas obras minimalistas de Mies van der Rohe (el autor de la famosa frase), "costó el equivalente de un bloque de viviendas sociales de la época", según Anatxu Zabalbeascoa. En la foto que enlazo aparecen unas cuantas sillas "Barcelona", también diseñadas por Mies van der Rohe, las MR90. Aunque se pueden encontrar versiones económicas en las salitas de espera de muchos gerentes, la original de piel de cerdo y acero debe de ser tres o cuatro veces más costosa. Como asiento es incomodísimo, como también lo resulta el Chester de capitoné "cubatero" que me he encontrado mil veces hasta en peluquerías, insufrible. 
Sin negarle su belleza a las MR90 y a los muros de ágata veteada, otra cosa es la comodidad. Y con el tiempo he aprendido a apreciar las persianas de madera o alicantinas y los colchones de lana. Cuando me pasé del colchón de lana al colchón moderno, a mis 30 años, pasé frío, un frío que nada conseguía aliviar. Y eso que yo había dormido con la ventana abierta en invierno durante años. Me dijo mi madre que es que me había acostumbrado a la lana, que metiera entre el nuevo colchón y la bajera una mantita que tenía de lana y lino que había tejido una tía suya. Y funcionó. Luego me conseguí una manta palentina que es muy amorosa y que no tiene que enviadiarle a las cubiertas de plumas, pero para entonces ya me había acostumbrado al colchón de muelles y borra. 
Actualmente apenas quedan colchoneros en Barcelona porque se han ido jubilando y ya habían ido dado cabida a esos artefactos de materiales industriales, amoldados por máquinas, que aseguran un sueño reparador y prometen infinidad de beneficios para la curvatura dorsal y lumbar, el asma y hasta se diría que contra la caspa. Hace tiempo que no se ven telas de cutí (fr. coutil) en las tiendas, ni aquellos colchoncitos en miniatura de reclamo, con sus bodoques y sus rayas en colores vivos.
Los colchones de lana se rehacían cada cierto tiempo, una vez que la lana se había apelmazado mucho y ya no se podía ahuecar mucho el empaque. También porque convenía añadir más material de relleno y lavarlo, renovar la funda. Y sin embargo se les ha declarado la guerra a costa de los chinches. En toda mi vida solo he visto un chinche y fue en una cocina, no en un dormitorio. No tengo la menor idea de qué mantenimiento exigen futones y tatamis.
La infinidad de necesidades con que nos acorralamos es insólita. Al final bien sabemos que se pasa con poco y que la mayoría de objetos y deseos que nos tientan son innecesarios y lejos de procurarnos felicidades o tranquilidad no son más que un engorro y una fuente de problemas. Y el caso es que lo de los colchones y los objetos se puede trasladar a cualquier otro terreno, al de los anhelos inmateriales y la codicia pura y dura. Todas las puertas que no he podido traspasar me han ayudado a entenderlo, por si hubiera tenido alguna duda. Una vez le oí decir a un psiquiatra que Fèlix Millet, el ladrón del caso Palau, se sentía pobre siempre, que siempre necesitaba más y más. Esa es la clave.

Aaron Siskind

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12/3/17

Sin pies

"Mario Feijóo Anakabe, de la asociación vasca Euskadiko Polio Elkartea, cuenta a propósito de su infancia: “En casa te entrenan para hacer frente a la enfermedad. En la mía fue mi padre, que de niño había huido de Galicia a Francia en la Guerra Civil y más tarde llegó al País Vasco con una maleta vacía a trabajar en la mar. Él siempre me animó para que fuera alguien en la vida, para que estudiara. Las niñas lo tenían peor, eran educadas para que cuidaran de los mayores de casa”. Durante su infancia, el miedo a la polio creó una auténtica alarma social. “No había ninguna cura. Las madres rezaban para que sus hijos no se contagiaran. Cuando la mía salía a la calle a pasearme en el carrito, no la saludaba nadie, todos se cambiaban de acera. Era el año 1955”. (Kirmen Uribe, Los niños de la polio, "El País")




é que me voy a acordar muchas veces de mi tía Loli, que nos dejó hace 15 días tras un breve episodio en las Urgencias de un hospital comarcal cerca de donde había nacido hace 74 años. Cuando leo en la cita sobre la poliomielitis que traigo hoy eso de "Las niñas lo tenían peor, eran educadas para que cuidaran de los mayores de casa", pienso que mucho de eso hubo en su vida: la poliomielitis y cuidar de los mayores. La casa, cuando no tenía agua corriente y apenas electrodoméstico alguno más que un transistor, le ocasionaba mucho trabajo, aunque solo fuera por acarrear agua, lavar ropa, ir a comprar comida. 
Habrá quien diga que los electrodomésticos dan trabajo, y es verdad. Además sabía coser y ganchillar y hacía arreglos, cosa que si no se lleva con una firme barrera de protección contra abusones acaba por cansar al más paciente. "Es poca cosa, te lo vendré a buscar cuando vuelva del pan". Por la misma razón por la que un jefe de Personal que tuvimos en mi tercer trabajo decía "Los que trabajan por los que no trabajan" (cuando alquien protestaba por alguna iniquidad), pienso que estamos los que recordamos por los que olvidan tanto. 
Mi tía Loli además del cuidado de mis abuelos y de la colada y la compra, acarreó con la memoria de la familia materna. Un día me dio a entender que era la única de la calle que sabía buscar un nombre en la guía telefónica, y no era solo porque los vecinos usan los sobrenombres y esos no venían en el listado de los números sino porque además no sabían manejarse con la ordenación alfabética. Y pensé que como en eso pasaría en todo y que vivía en un entorno donde su inteligencia lejos de brillar era otra desventaja más, como la poliomielitis que arrastró tantos años. Acabaron de enturbiar sus claros ojos verde olivo la muerte de un primo que la comprendía y algún que otro conflicto. Nunca sabremos si fueron los conflictos los que la arrojaron al alcohol o el alcohol lo que la arrojó a los conflictos, pero lo que es cierto es que hubo de las cosas. Y eso no suele acabar bien. 
La cuestión ahora no es esto y lo otro ni lo de más allá, la cuestión es pensar -como suele ocurrir siempre con los difuntos- si podríamos haber hecho más de lo que hicimos. Seguramente que sí. Siempre se puede hacer un poco más o mucho más. Y en especial la familia. Aunque el alcoholismo es una lacra que se encubre, sobre todo en las mujeres, para mí resulta incomprensible que no se pueda tratar más abiertamente. Pienso que en los próximos años va a aumentar el número de mujeres alcohólicas, con lo que eso representará además para los que seremos o seríamos pensionistas, con lo que es previsible que el asunto se tratará con más claridad.
Sin embargo, como pretendo ir diciendo, lo que me preocupa es que nuestra sociedad por mucho que se cargue de dispositivos de comunicación y de prestaciones sociosanitarias, es incapaz de integrar verdaderamente a los que son ¿"diferentes"? Y más allá de esas infraestructuras que siempre se invocan para reparar muchos males que en parte propiciamos nosotros mismos (la "sociedad"), habría que arremangarse y hacer más los unos por los otros, sin necesidad de encauzarlo por el voluntariado reconocible y reconocido. 
Parece que en el mejor de los casos, quienes ostentan el marchamo de la "normalidad" en su capacidad intelectual, en su orientación sexual y forma de vida, en su estado de salud, están dispuestos a "ayudar" -como los maridos machistas que "ayudan" a sus mujeres- en un coto muy determinado e intermitente, o a través de gestos de dosificado patetismo, como pulsar el "me gusta" en las redes sociales cuando hay un video de un niño pasando por una hambruna o una guerra. La solidaridad está confiada al estado del bienestar, que ya se ocupa de los enfermos, los drogadictos, los accidentados graves, los discapacitados psíquicos, los abandonados, y eso es bueno pero ha hecho que nos desentendamos de alguna manera de una cualidad que nos hacía humanos.
El número ingente de perros en el barrio, sobre todo los de la gente "normal" me habla de una renovación de las costumbres sociales y de una cierta degradación de las relaciones entre los ciudadanos. Pero siempre, como ocurre con el agua, que siempre encuentra su camino, el amor se va escurriendo por donde puede, y aún veremos más novedades. De la misma manera que Rosalía de Castro dejó escrito "Eu quero ir onde as miñas dores foron" habrá quien irá donde vaya su amor.

Mª Dolores Senra Marcote

Par le petit garçon qui meurt près de sa mère
Tandis que des enfants s'amusent au parterre
Et par l'oiseau blessé qui ne sait pas comment
Son aile tout à coup s'ensanglante et descend
Par la soif et la faim et le délire ardent
Je vous salue, Marie.
Par les gosses battus, par l'ivrogne qui rentre
Par l'âne qui reçoit des coups de pied au ventre
Et par l'humiliation de l'innocent châtié
Par la vierge vendue qu'on a déshabillée
Par le fils dont la mère a été insultée
Je vous salue, Marie.
Par la vieille qui, trébuchant sous trop de poids
S'écrie : « Mon Dieu ! » par le malheureux dont les bras
Ne purent s'appuyer sur une amour humaine 
Comme la Croix du Fils sur Simon de Cyrène 
Par le cheval tombé sous le chariot qu'il traîne 
Je vous salue, Marie.
Par les quatre horizons qui crucifient le monde
Par tous ceux dont la chair se déchire ou succombe
Par ceux qui sont sans pieds, par ceux qui sont sans mains
Par le malade que l'on opère et qui geint
Et par le juste mis au rang des assassins
Je vous salue, Marie.
Par la mère apprenant que son fils est guéri
Par l'oiseau rappelant l'oiseau tombé du nid
Par l'herbe qui a soif et recueille l'ondée
Par le baiser perdu par l'amour redonné
Et par le mendiant retrouvant sa monnaie
Je vous salue, Marie
Georges Brassens, La prière (Letra de Francis Jammes) 
[En español: La plegaria]

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9/3/17

Post 1506: La excusa

 



or una casualidad o por una curiosa sincronía la foto tomada por mí el 24 de noviembre de 2012, la que hoy "ilustra" ─si se me permite la inmodestia─ el post de hoy, y unos días antes se había publicado otro post que hoy consulto sobre cuanto representa. Es una imagen de lo que quedaba entonces de los llamados "Pabellones de libros Antoni Palau i Dulcet". El post del 14 de noviembre de 2012, de Ricard Fernández Valentí es muy interesante y bien documentado. Se titula "Recordando los pabellones de libros Antoni Palau i Dulcet de la calle de la Diputación". Según explica el autor, la concesión de las paradas fue en un principio, después de su traslado desde Santa Madrona (1966), mucho más asequible que lo que muestra el artículo de la Wikipedia para los bouquinistes parisinos, por lo menos ahora.
Es difícil comparar las condiciones de unos y otros ahora que yo diría que la última parada que quedaba el año 2012 y que según las malas lenguas vendía pornografía ya debe de haber desaparecido.
Hace muchos años que no he vuelto a París, creo que desde el 2002, pero también creo que los bouquinistes no han conocido la decadencia ni la degeneración que sí han conocido estas paradas detrás de la Universidad de Barcelona. Puedo decir, para compensar esa laguna, que cuando estuve en Praga hace 3 años me sorprendió que aún había bastantes librerías y que parecían mostrar mucha más salud que la que mostraban los escasos establecimientos que aún quedaban en Barcelona. Y en los expositores no se exponían superventas o novelas respaldadas por campañas de marqueting, parecían librerías de la época en que se exponían manuales, tratados, etcétera. Ya hace años que empecé a notar las deficiencias de las librerías que aún quedaban simplemente al constatar la dificultad que tuve para conseguir los sonetos de Shakespeare. Y creo que si los conseguí es porque era una edición reciente en catalán.
Hablando de Shakespeare, como este año me he decidido a leer toda la obra completa, también me he decidido a leerla en libro no electrónico. Además de la edición de los sonetos en catalán, tengo algunas obras de teatro traducidas por Josep Mª de Sagarra y si mal no recuerdo la versión gallega de Othello. El teatro completo lo tengo en una versión ilustrada por Jaume Plensa cuyo formato hace inviable la lectura, sirve todo lo más de coffee-table book. También tengo las Obras completas recuperadas del punto verde de mi barrio en una edición de Aguilar de los años 60, más viable que la que acabo de comentar (del Círculo de Lectores), pero mucho menos que la de la misma editorial en dos volúmenes posterior (1974 si mal no recuerdo). Además tengo en mi libro electrónico muchas comedias y tragedias, pero la lectura en libro electrónico de todo lo que no sea un ensayo ligero, me resulta ingrata y somera. Los libros de historia o los clásicos los necesito leer en papel.
Como por mi trabajo tengo que pasar gran parte de la jornada amorrada a un ordenador, el resto del tiempo evito las pantallas de todo tipo y disfruto escribiendo a mano y leyendo sobre papel. No he sido capaz de participar en demasiados cursos virtuales, especialmente los que te acribillan a actividades de mensajería, Skype, etcétera. Simplemente me enervan. Por no decir nada del cansancio que produce iniciar todo los rituales de participación que exigen estos recursos.
Durante mi formación tuve que manejar muchas veces el Manual del librero hispano-americano (1923-1945) de Antoni Palau i Dulcet, que siempre encerraba una gran cantidad de información, que además era rigurosa y confirmada por el bibliólogo. Por eso ahora, recordando lo apacible que era buscar allí datos, me pregunto si volveremos a conquistar aquel sosiego de las fuentes de información bien editadas y fiables, sobrias, útiles y que resistían el paso de los días como si nunca fueran a perder su vigencia. Reconozco todas las ventajas de la Web 2.0 o 3.0 -por eso tengo este blog- pero también sé de sus defectos y en los últimos meses he rebajado todo lo posible mi uso y me he protegido de los abusos.
Según el post de Ricard Fernández, el rector de la Universidad de Barcelona exigió que las paradas se dispusieran frente al muro que rodea el jardín del edificio. Sin embargo, el proyecto inicial tenía las paradas a lo largo de ese muro, mirando hacia la acera y la calzada, lo que le hubiera dado más visibilidad y una condición más diáfana. Al parecer, según el rector, la instalación contra el muro hubiera facilitado que los estudiantes alcanzaran el muro y entrasen subrepticiamente al jardín. De espaldas a la calzada de alguna manera estrechó el paso y hizo menos visible la mercancía, los libros. Yo había ido algunas veces durante mi primer año de carrera (1978), porque una amiga de San Sebastián lograba comprar allí muchos libros que teníamos de lectura obligatoria en Filología. Algunos alumnos al acabar la carrera revendían sus libros y otros los compraban. Como estaban ya subrayados era muy cómodo estudiar con ellos. Y además resultaba más económico.
El Jardín Ferran Soldevila no sé bien bien en qué momento está. Hubo una época que se pudo franquear desde Diputación incluso en sábados, pero luego lo volvieron a cerrar a cal y canto o solo se hizo accesible a través del acceso a la Universidad. Me gustaba mucho. El ginkgo biloba que allí se encuentra creo que es el más viejo de Barcelona, porque tiene aproximadamente 110 años. También hay un tejo centenario, árbol muy preciado por mi, bajo el cual pasé muchos ratos. La última vez que estuve por allí noté un olor fortísimo a gatos y vi que había una colonia enorme. Es de UniversiGats. Sin entrar a valorar la utilidad de esta organización, debo admitir que me decepcionó no encontrar el jardín en el que yo había pasado tantos ratitos a mi solaz. En la época en que más lo disfruté era corriente que hubiera algún gato, pero la última vez que estuve por allí el número era abrumador y se contradecía con la frescura y el sosiego que solía encontrar en mi juventud.
Todo va cambiando, incluso el bookcrossing va de baja o no crece, y la Universidad apenas tiene estudiantes que cursen los estudios regulares. Mucha administración, mucho máster, muchas actividades académicas ajenas a lo que son propiamente los estudios convencionales. Ya le oí decir una vez a una profesora de Lingüística, por aquel entonces, que nosotros éramos la excusa.

Foto tomada el 24 de noviembre de 2012 (M. Domínguez Senra)

Bouquinistes de París (Foto: Benh LIEU SONG)


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5/3/17

Despalabrados

Cuando vivíamos en la era en que a la palabra dada se le concedía un valor hablábamos de haber "apalabrado" algo cuando habíamos dado nuestra palabra a favor de un trato y con ello nos obligábamos a mantenerla. Con la postverdad y el pensamiento líquido no sé en qué habrán quedado esas costumbres ancestrales, pero remito a ellas en contraposición al desapalabramiento. En otro orden de cosas tenemos el despalabro, palabra o palabro de mi (re)creación haría referencia al vaciamiento de significado de una palabra y su ocupación y desparrame por significados cercanos pero que crean confusión de manera que llega un momento en que ya se hace improbable el entendimiento porque según quien emplee una palabra quiere decir una cosa u otra. Y no como pasa con los pronombres, que cuando decimos "yo" o "tu" dependen de quién es el hablante que los pronuncia, aunque todos somos "yo", etcétera. 
Hace poco empecé a leer un libro sobre la influencia astrológica de Quirón y noté que el autor confundía lo que era el mito del centauro con lo que es el conjunto de las centáureas, unas centellicas que se descubrieron allá por el año 1977 y que por ser algo que por su naturaleza se encuentra entre los cometas y los asteriodes se acordó que recibieran el nombre del centauro Quirón (mitad hombre, y mitad caballo). Astronómicamente se acordó ese nombre para el cuerpo celeste principal y astrológicamente se le asumieron una serie de características propias del mito de Quirón más otras que creo que proceden de los estudios de Jung. Pero hay que añadir que el autor a que me refiero no menciona a Jung en ningún momento. 
Creo en la tradición por la cual no se ignora lo asentado por los predecesores y por lo tanto había que citar o referirse a Jung cuando había que introducir el tema del sanador herido. Jesús Gabriel Gutiérrez también establece su propio cuerpo semántico entre otros pares de palabras como enseñar/educar y vergüenza/timidez que cuando conviene se apoyan en una cierta etimología y cuando no se apoyan en su sentido (por oposición al sentido común). Estas aportaciones al valor de las palabras me producen un desconcierto grande y se me ponen las orejas coloradas como si me generaran un aumento de la presión sanguínea, no menor a la que me produciría un experimento por el cual reintrodujéramos la declinación en el español.
Los neolenguajes y las jergas de grupo son el adorno que adoptan los mundos paralelos y lejos de aportar claridad o alguna precisión útil añaden lastre al conjunto de fablistanios que nos marean. Solo por esto el lenguaje académico me parece justificado, si no se hipertrofia y desvía también hacia un fablistanio subfablistánico o hiperfablistánico. Al ver la camelia que hoy ilustra este post, pensé en cómo se había comparado el color de la piel de Nicole Kidman al de las camelias rosas. Pensando en que hay camelias de color "rosa" pero también hay camelias de color "fucsia", me acuerdo de lo que esto provocaría en quienes renuevan o pretenden renovar el lenguaje personalmente, desde sus libros o sus conferencias. Porque las rosas a su vez son flores, y las fucsias. Pero no hay fucsias de color camelia ni rosas de color camelia, porque hay flores que han impuesto el nombre de su color y el color de su nombre sobre otras flores que no son menores pero que por alguna razón son más desconocidas.
Parece que cuando hay un vacío lo podemos llenar con lo que tenemos a mano y por eso la Biblia dice que la boca del hombre habla de lo que le rebosa el corazón y aquello de "Lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro".



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1/3/17

Los últimos y los primeros

“Para ver si tu pintura es conforme en su totalidad
 a las cosas que representas, toma un
espejo, haz reflejar en él el modelo, y compara
 este reflejo con tu pintura: examina bien, en
toda la superficie, si las dos imágenes del objeto
se parecen. Verás que la pintura es capaz de
reflejar sobre el plano las cosas que parecen en relieve
y que esto es lo mismo que hace el espejo.
Pero la pintura es sólo una superficie y el espejo
 también. La pintura es impalpable, ya que lo que parece
completo y saliente (tondo e spiccato) no puede
tocarse con la mano, y el espejo actúa exactamente
 de la misma manera. Y viendo que el espejo puede, mediante
líneas, sombras y luces [obre e lumi] crear la ilusión
 del relieve, tú que tienes entre tus colores las sombras
y las luces [obre e lumi] más poderosas que
 las del espejo, si sabes combinarlas como
 es preciso, lograrás sin duda que tu obra sea tan parecida a la
realidad como la que se ve en un gran espejo.”

Leonardo da Vinci, The literary Works of Leonardo da Vinci
(citado por Victor I. Stoichita)

Me parece que citar a Leonardo da Vinci condiciona un efecto Mateo, esto es que al revelar la autoría le concedo todo el valor a lo que cito, mientras que tal vez si fuera un texto anónimo o firmado por Antonio Gutiérrez o Pilar Olmo ya veríamos si iba a tener la misma aceptación. A pesar de que lo que propone Leonardo da Vinci, tantas veces citado antes por otra parte, tiene mucho sentido, a mí no me acaba de convencer del todo. El otro día, cuando me refería a la gigantesca sombra de la bailarina de "El jaleo" de John Singer Sargent, proyectada en la lóbrega pared del tablao, pensaba en la atmósfera del cuadro. La atmósfera que encontramos en un espejo se encuentra pocas veces en los cuadros, aunque ahora estoy pensando en Velázquez, en sus atmósferas y en su espejo de Las Meninas. 
El espejo también aparece en grandes cineastas como Dreyer, en Jean Renoir y en Eyes wide shut (Stanley Kubrick), por lo que estos directores percibieron o reconocieron en los reflejos en los espejos algo que tampoco está en la fotografía o en el cine. Y es que, sin que por ello contradiga al renacentista, la profundidad que devuelve un espejo creo que no la devuelve casi nada en este mundo. Mirar en los ojos de alguien que nos responde con toda la pureza de la mirada.
Divago deliberadamente, sin la necesidad de llegar a ninguna conclusión ¿Para qué? Y digo que por muy plano que sea un selfie y por muy atrayente que sea hacer una infinidad de disparos que capturen lo que no vemos, siempre será más enigmático o misterioso un espejo. Es posible que de un espejo saliera la inspiración de un cuento de Poe ─ahora no lo recuerdo─ pero de un selfie solo podría salir, creo, un relato neurótico, una especie de pesadilla como la de aquellos espejos que multiplican nuestra imagen miles de veces hasta el infinito.

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Si da Vinci hubiera visto a Tutmosis III en el British Museum cargado de divinidad pero rodeado de turistas tal vez apreciaría como yo ahora la sencilla cenefa de una galleta María horneada industrialmente.
Me doy cuenta también ahora de la de veces que he citado el evangelio según San Mateo en mi blog. De Mt 20) procede la inspiración del llamado efecto Mateo con el que abrí el post. "Los últimos serán los primeros", nos dice la lectura de misa de ayer. Y es una declaración muy simple que no hace falta interpretar.
Y no es como cuando en el supermercado nos dicen "pasen por la caja que abrimos por orden de cola", cuando al contrario el último pasa vivamente el primero. Es que lo que se nos promete en los evangelios es que los que parecen poseer menos prendas y méritos esos son los preferidos y más estimados en el reino de los cielos.

Michael Leunig

En memoria de mi querida tía Loli, que ya disfruta de la paz de los justos.

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