“En toda Europa existe la impresión de que hay demasiados libros, al revés que en el Renacimiento. ¡El libro ha dejado de ser una ilusión y es sentido como una carga!” (J. Ortega y Gasset, “La misión del bibliotecario”, Conferencia leída por el autor en el paraninfo de la Universidad de Madrid, como discurso inaugural en el 2° Congreso Internacional de la International Federation of Library Associations, el día 20 de mayo de 1935).
La imagen tópica de los bibliotecarios está desintegrada en
infinidad de películas
y suele ir asociada a una imagen como la que da el fantasma de Ghostbusters (Ivan
Reitman, 1984) haciendo el sifón (sshhhh!!) y la no menos estereotipada
bibliotecaria frígida y sesentona Alice Drummond. Lo que no
suele abundar es la idea del bibliotecario o bibliotecaria como Jorge de
Burgos, en quien se vio un trasunto de Jorge Luis Borges, dada la pendencia
existente o imaginaria entre Umberto Eco y el
escritor argentino. Tampoco suele asociarse a los bibliotecarios con uno de
esos personajes perversos que salen en los dibujos animados , sabios o científicos locos
que se creen el amo del mundo (así,
en singular) y con el derecho de destruirlo. No olvidemos que uno de los
inventos más famosos de Saturnino Bacterio fue
la tergiversicina, un producto con el cual el
Profesor pretendía aumentar la potencia de las cosas, pero el invento falla y
explota, esparciéndose un gas que hace que todo funcione al revés.
Será por eso, por una intoxicación masiva de tergiversicina,
por lo que ya es difícil distinguir qué es lo que está del derecho de lo que
está del revés, pero yo sé y tengo para mí que alguien que ejerza como
bibliotecario nunca debería faltarle el respeto
a un autor, ni a un editor, ni a un traductor, ni a un
distribuidor, ni a un encuadernador… “¡Ni a nadie!”, se dirá. “Ni a nadie”,
digo, pero sobre todo a un autor. ¿Por qué sobre todo a un autor? Pues porque
se le supone un papel ecuánime, neutral, objetivo, porque debe arrogarse unas
técnicas de trabajo y unos criterios basados en la buena
práctica y la ética profesional especialmente con
respecto a la materia que lo ocupa. Que en su vida privada deje a un escritor a
caer de un burro es comprensible y hasta sano. Hasta cierto punto, claro. El
deporte español de poner verde a alguien esencialmente no está mal y de hecho
admitamos que un poco de crítica, de pataleo y burla es hasta higiénico. Lo
malo es cuando no se practica más deporte que el de criticar y esto cargando
las tintas con la bilis más negra, más negra que el basalto, que en el mundo
hubiera. Servidora le tiene verdadera inquina a los autores
subvencionados, pero no tanto porque se lo merezcan o no se lo
merezcan (allá ellos) como porque los tenemos que sufragar los
contribuyentes. Y sin embargo es algo que sólo lo sabe gente de
mi confianza, amigos de toda la vida que soportan estoicamente mis dos minutos
de indignación cuando se desliza tal tema. Esa manía fóbica mía ni asoma en *A
la flor del berro ni asoma con más motivos en +Tibidata, mi otro blog, el de
trabajo. Por lo general creo que en *ALFB suelo hablar de mis desengaños
y de lo que me gusta y en +Tibidata (Varium) de lo que puedo, que no es mucho pero que
intento que sea útil.
Así es que al ver una ¿”crítica”? adversa, o habría que
decir perversa, a tu Devocionario
pop en la red, se me cayeron los palos del sombrajo. Y no sólo por lo que
llevo dicho, ya que la ¿”crítica”? la firma un bibliotecario ( !) , sino porque
te aprecio y te admiro y porque me dolió. Otra cosa es que de vez en cuando te
reprenda con un rapapolvo, como el otro día cuando dijiste de Zapatero
que era UN PENSADOR (#?!). Luego me doy cuenta de que tal vez el
presidente despierta en algunas personas una fascinación que no solo no
comparto sino que además no puedo ni concebir ni desde mi cabeza ni desde lo
hondo de mi corazón. Recapitulo y me doy cuenta de que no hace tanto
Bernat Soria en su nombramiento como ministro de Sanidad dijo algo así como «al
presidente Zapatero yo le daría el Nobel de la Honestidad y la Solidaridad» ,
por lo cual muchos columnistas lo nominaron para el nobel al peloteo.
Y hace menos aún, Leire Pajín, en un desayuno informativo de Europa Press, dijo
como en pleno trance nostradámico: “Les sugiero que estén atentos al próximo
acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia
en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados
del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero
presidiendo la UE”. Por lo tanto algo os suscitará Zapatero a algunas
personas para que os arrobe a tal punto. A pesar de nuestro desencuentro en
casi todos los temas –sean las cualidades de Pío Baroja como escritor, las de
Amenábar como cineasta, las de Dios como Dios, está claro que nos entendemos en
lo fundamental.
Hoy he recibido el ejemplar del Devocionario pop
que he comprado y estoy contentísima de ver tu trabajo materializado
y de poderlo disfrutar. En la contraportada leo: ”De los Carmina
Burana a Elvis Costello, 46 canciones memorables sirven de punto de
partida a Devocionario pop, un peculiar libro de oraciones en el que Dylan
predica en alejandrinos o endecasílabos de gaita gallega y las visiones
lisérgicas de los Beatles, Pink Floyd o los Doors inspiran décimas, sonetos o
romances. Con esta historia elíptica del pop, el autor integra en nuestra
tradición no tanto el texto (solo cinco poemas son versiones, muy heterodoxas,
de canciones) sino la estética y mitología del mejor pop”. Por una vez en
este blog me limito a hacer de bibliotecaria y no añado nada más a favor de lo
que se defiende por sí solo ni en contra de lo
que se desploma por sí solo, a pesar del séquito de algunos
energúmenos que le hacen coro en los comentarios. Hay gente para todo, Al.
Clark
Gable y Carol Lombard en el papel de bibliotecaria, en “No man of her own” (Mitchell Leisen, 1950)
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(*) A.A. González Terriza, Devocionario Pop
(1220-1996): 41 reflejos y 5 metamorfos. Madrid: Trea, 2008.











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