26/1/10

Hipotizos, futuribles y bellacos (I/III)

 “Yo no hipotizo sobre futuribles”

Felipe González Márquez

*


a serie televisiva de la BBC “Sí, Ministro” (1980-1984) y su secuela “Sí, Primer ministro” (1986-1988), siguen la trayectoria política de James Hacker en el Reino Unido y son una sátira sobre el gobierno:

“[Sus] varios intentos de formular y promulgar legislación o realizar cambios en el departamento se encuentran con la oposición del funcionariado civil británico, y en particular de su Secretario Permanente, Sir Humphrey Appleby, representado por Nigel Hawthorne. Su Secretario Privado Principal, Bernard Woolley (Derek Fowlds), normalmente se encuentra atrapado entre los dos, aunque a menudo muy influenciado por el personaje de Sir Humphrey. Casi todos los capítulos terminan con la frase “Sí, Ministro” (o “Sí, Primer Ministro”), normalmente de boca de Sir Humphrey que de esa forma remarca su victoria sobre su “jefe político” (u, ocasionalmente, reconoce su derrota).”

Una de las dos series se ha repuesto en una de las cadenas de TV catalanas y por ello he podido apreciar lo buenos que son los diálogos, escritos por Antony Jay y Jonathan Lynn. En Youtube hay muchos episodios, aunque los que yo he encontrado sin mucho buscar están todos o en catalán o en inglés. Dado el interés que tienen las quotations de “Yes, Minister” y “Yes, Prime Minister”, me he permitido hacer una traducción de mi cosecha, aunque utilizando las fuentes en inglés, que nombro al final del post (*).

  • “”El tema está bajo consideración” significa que hemos perdido el expediente.”
  • “El argumento de que tenemos que hacer cuanto diga un Ministro porque ha sido elegido democráticamente no soporta el más mínimo análisis. Los miembros del Parlamento [MPs] no son elegidos por el pueblo, son elegidos por los partidos de sus distritos electorales: 35 hombres con sus mugrientos chubasqueros y 35 mujeres con sus ridículos sombreros. El proceso de selección ulterior también es absurdo: solo hay 630 miembros parlamentarios y un partido con 300 forma un gobierno. De esos 300, 100 son demasiado viejos y tontos para ser ministros y 100 son demasiado jóvenes e inmaduros. Quedan 100 miembros parlamentarios para cubrir 100 puestos de gobierno. Por lo tanto, no hay elección.”
  • “Siete maneras de explicar el hecho de que la región del noroeste haya ahorrado 32 millones de libras esterlinas mientras su departamento tiene déficit:

a) En el noroeste han cambiado el régimen contable.

b) Se han modificado los presupuestos y por lo tanto las gráficas interanuales no son comparables.

c) El dinero es el excedente de una dotación extraordinaria especial de 16 millones de libras esterlinas por año, que ya no se ha vuelto a dar.

d) Se ha ahorrado en sobres, por lo tanto ya reaparecerá el año que viene.

e) Es un gasto de última hora que pasará al presupuesto del siguiente año.

f) Ha habido un imprevisto pero considerable traslado de personal e industrias a otras regiones cuyos gastos aumentarán en consecuencia.

g) Algunos proyectos importantes se cancelaron por presupuesto insuficiente al principio del periodo contable y la dotación fue reubicada en otro capítulo presupuestario.”

  • “Todo puede ser atacado como un fracaso y todo puede ser defendido como un fracaso no significativo.”
  • “El perfecto representante en un comité gubernamental es una mujer negra galesa discapacitada y sindicalista.”
  • “”Esto puede crear un peligroso precedente”. Traducción: Si hacemos lo correcto ahora, tendremos que hacer lo correcto otra vez la próxima ocasión.”
  • “Lo sorprendente de los universitarios no es que tengan un precio, sino lo bajo que es.”
  • “Si no está de acuerdo con la decisión del Ministro, no le discuta. Acéptelo cálidamente y a continuación sugiérale que usted mismo desarrolle los detalles.”
  • “Es nuestra obligación decir a los Comités de Selección la verdad y nada más que la verdad. Pero sería profundamente inapropiado y enormemente irresponsable decirles toda la verdad.”
  • “Las afirmaciones de las memorias de un político pueden representar uno de los siguientes niveles de realidad:

a) Qué ocurrió.

b) Qué cree que ocurrió.

c) Qué le hubiera gustado que hubiese ocurrido.

d) Qué quiere creer que ocurrió.

e) Qué quiere que otra gente crea que ocurrió.

f) Qué quiere que otra gente crea que el cree que ocurrió.”

  • “Todos los departamentos gubernamentales son lobbies para los grupos de presión con los que han pactado. El Departamento de Enseñanza presiona al gobierno en nombre de los profesores, el Departamento de Salud presiona en nombre de los médicos y de los sindicatos de hospitales, el Departamento de Energía presiona por las compañías petroleras. Cada departamento del Estado está por lo tanto controlado por la gente que se supone que tendría que controlar.”
  • “Si no podemos refutar los argumentos de un informe, debemos simplemente desacreditar a la persona que los escribió.”

(Continuará)

(*) Fuentes utilizadas y traducidas: Jonathann Lynn | WikiquoteBritish TV Commedy | Swan quotes | Great quotes | Working humour

10, Drowning Street



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21/1/10

Suposiciones

“Si uno le echa un vistazo a los datos oficiales sobre su calidad de vida, se da cuenta de que una tragedia como esta [el terremoto de Haití] lo que hace no es otra cosa que añadirle publicidad a la vieja y clamorosa situación de caos e indigencia de un país en el que muchos poblados tienen el aspecto de haber sido arrojados allí desde un avión.” José Luis Alvite, La pulpa del polvo.


l día 13, el centro Cochrane Collaboration, de medicina basada en la evidencia, publicó simultáneamente las versiones en inglés, francés y español de un documento técnico sobre Haití [enlace roto]. El documento se titula “Cochrane Evidence Aid: resources for Haiti earthquake“. Más allá del interés de las conclusiones que ofrece para manejarse ante los principales problemas de salud derivados del terremoto (heridas, fracturas, otros traumatismos, transfusiones sanguíneas, y estrés postraumático) me han llamado la atención las siguientes frases: “La inclusión de una revisión en este documento no implica que la Colaboración Cochrane crea que ésta va a ser relevante para la situación en Haití, si no simplemente que debería ser tenida en consideración. Asimismo el objetivo es actuar como referencia de aquellas revisiones sistemáticas que puedan ayudar a la toma de decisiones y no establecer unas normas de actuación sobre la base de las pocas líneas de a continuación.” [sic]

La Organización Mundial de la Salud ha publicado a su vez (que yo sepa un día después) un informe técnico titulado Public health risk assessment and interventions: Earthquake – Haiti [enlace roto], documento que sólo está disponible en inglés el día de hoy. El prólogo del informe se arroga, al contrario que Cochrane, como es natural, un cierto liderazgo: “The purpose of this public health risk assessment is to provide health professionals in United Nations agencies, nongovernmental organizations, donor agencies and local authorities currently working with populations affected by the emergency in Haiti, with up-to-date technical guidance on the major public health threats faced by the earthquake-affected population.” (*)

Otra cosa es que haya haitianos que han tenido que ser intervenidos sin anestesia alguna, sea porque no había anestésicos, sea porque no había anestesistas. No sé si fueron veinte o si fueron doscientos. Cosa de la que me acordaba estos días, cuando veía en Facebook correr la voz de que American Airlines le pagaba el pasaje a cualquier médico o enfermera que quisiera ir a Puerto Príncipe.  Sobre el HAARP aún no ha surgido nada, por lo menos en mi muro, y ya me extraña pero que mucho porque es un tema que es que ni pintado para el Facebook. Y esa noticia (la de American Airlines), veraz o no, me hizo pensar que habrá quien crea que el personal sanitario se puede presentar en los sitios para hacer lo que sabe sin necesidad de alguna organización. Algo así como Don Quijote y Sancho.

La medicina oficial contemporánea está muy  especializada, muy tecnificada y descansa en infinidad de protocolos que dejan poco espacio a las audacias y a tomar decisiones en solitario, y que reparten las responsabilidades  y sus consecuencias entre varios agentes. Evidentemente, que un cirujano pueda ir un par de días o un par de meses a un sitio como Haití o un “escenario” bélico, es bueno tanto para las víctimas como para todo el mundo en general. En esas condiciones y en las situaciones de crisis en general los profesionales aprenden mucho. Ya es sabido además que las guerras han permitido avanzar más a la Medicina de lo que lo han impedido los tabús o, en nuestro caso, la Iglesia Católica.

Ya llevo unos pocos años trabajando y a veces he contado con más medios, a veces con menos. A veces no he contado con medios por cosas del sistema en el que me encuentro, y que por pasar rápido llamaremos “envidias”, susceptibilidades o lo que sea, pero que ahora ventilo de un plumazo o de una plumita. Ante esas adversidades y en situaciones de crisis siempre he actuado igual y he dicho: “Si me dais para trabajar un lápiz, trabajaré con un lápiz. Si me dais un palo, con un palo”. Y como último recurso, por lo menos en mi oficio, y cuando  en el de los médicos no hay anestesia ni güisqui, siempre queda -como decía Blas de Otero- la palabra.  Y curar con la palabra.

Post scriptum: Por cierto, estoy algo extrañada porque el blog El supositorio (de Vicente Baos, un médico de familia), por el cual me he informado de todo esto de las prioridades, tiene en su cabecera precisamente lo que parece ser un supositorio de glicerina que alguien sujeta por el lado que yo diría que es el opuesto. Es decir, por la parte que tiene el extremo romo, que es el que en realidad se tiene que insertar. Y esto no es como aquella vieja polémica que hubo en “El País” de por cual lado tenía que caer el papel higiénico (si por dentro o por fuera). Esto no es una cuestión de gustos o ergonomía,  sino que tiene una razón de ser puesto que según parece si introducimos el supositorio por el extremo picudo, lo más probable es que vuelva a salir en pocos instantes a causa de la anatomía rectal.

Fotografía de: Elliott Erwitt

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(*) Las prioridades  marcadas por el documento son: Sanitarias: Acceso a los cuidados quirúrgicos, médicos y las urgencias obstétricas y un tratamiento adecuado  de traumatismos, heridas y quemaduras. Inmunizaciones prioritarias que incluyen una campaña masiva de vacunación de sarampión/rubeola y de inmunización contra el tétano como parte de la atención de heridas. Vigilancia y seguimiento de las enfermedades infecciosas, incluyendo un plan contra las enfermedades de carácter epidémico. Ayuda para manejar la malnutrición y la alimentación de niños y adolescentes. Atención de enfermedades crónicas (p.e. VIH, tuberculosis, hipertensión, etc.). Comunicación de la salud pública. No sanitarias: planificación de asentamientos y albergue. Provisión de suficiente agua potable y servicios salubres.

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17/1/10

La embriagadora tristeza

 “Pobre barquilla mía”

En los últimos años es posible ver por aquí alguna cuereta, esp. motacilla alba. Dicen que los gorriones van despareciendo por su sensibilidad a los campos electromagnéticos de las torres de telefonía móvil. Sin embargo, ver motacillas albas no es un triunfo de nuestro medio ambiente ni de nuestro ambientazo, más bien es un signo de la desintegración de la Sierra que nos rodea. La Sierra de Collserola. No he sido capaz de fotografiar ninguna de las que a veces se posan en la baranda de mi terraza. Además, empiezo a constatar una relación directa entre tener la cámara o la grabadora a punto y que no venga ningún pajarito. Eso no deja de tener su gracia y de estar bien. Precisamente ayer oí en no sé cual emisora de radio que estaban pensado Ferran Adrià o gente cercana en darle a la gastronomía un nivel científico y por lo tanto incorporarla a los programas universitarios. Y servidora, sin considerar lo beneficioso o no que puede ser para la gastronomía someterla a un plan docente, piensa que ese empeño de “elevar” (¿o rebajar?) a ciencia las artes culinarias es, como otros empeños de poner “orden” o dar “nivel”.  Controlar. Estoy pensando en esa vía universitaria o científica para la cocina y en aquellas autopistas que permiten desplazamientos tan rápidos  como eficientes  y seguros pero que destrozan el paisaje y los caminos. Y van de la nada a ninguna parte, de oca a oca.


Chumy Chumez

Por lo demás, si sólo hubiera una forma de llegar a donde estamos, en sentido figurado, tal vez muchos de nosotros no habríamos llegado. Se dirá, “¿y qué?”.

Este año, que es año santo compostelano, serán muchos los caminantes que irán hacia Santiago por cualquiera de los caminos andados. Quien esto dice, hace bastantes años, hizo una parte del camino, pero es una parte que no se corresponde con la ruta tradicional (ni la franca, ni la de plata, ni nada), puesto que caminé el tramo que va desde Santiago a Finisterre o Fisterra. Y encima no tardé mucho en desviarme y tomar la dirección que me pedía el cuerpo (Serra de Outes), hacía la ría de Muros. Me fui hacia el mar, donde también hay caminos, dicen. Y verdaderamente sé que si no hubiera sabido al emprender el camino que me iba a poder desviar, es casi seguro que no lo habría emprendido. Para eso me quedaba tomando una clarita en la Plaza de la Quintana, precisamente encima de lo que fue el cementerio, la Quintana dos mortos.

El silencio de Dios

Fun glik fartribn bin ikh geblibn

On vayb. on kind ot do aleyn.

Di reder dreyen zikh

Di yorn geyen zikh,

Un eylent bin ikh vi a shteyn.

(Exiled from happiness, I remain without it. No wife or child, myself alone.
Wheel turns, years pass, I am lonely as a stone. *)

“Dem Milners Trern”

Desde que estrenaron “O’brother” (2000) no había ido a ver ninguna película de los hermanos Coen. Ayer fui a ver “Un tipo serio” (“A serious man”, Joel Coen y Ethan Coen, 2009). En un radio de 4-6 butacas entorno a mí noté un cierto desencanto al final de la proyección, y algún comentario que no llegaba a ser displicente, pero casi. Y creo que todo esa atmósfera de decepción venía de que la película no concluye nada de lo que empieza, de que no ofrece respuestas. Y de que tampoco duda o niega nada, que es la otra opción manida actual. Por supuesto que no negaba nada. Es de suponer que los hermanos Coen conocen ese momento que se da en las salas, cuando se pasa de la casi total oscuridad a la no menos casi total penumbra y la platea se remueve como una cámara de gas.

De hecho, yo habré olvidado mucho de lo que vi en Estambul, pero lo que no creo que olvide nunca fue una frase que  oí  en un museo, a mi espalda, cuando dejé atrás una vitrina en la que se veía una vinagrera opalina  con rubíes y dorados propia de un sultán. Escuché: “Guarda, è comme la mia oliera” (“Mira, es como mi aceitera”). Ya es casualidad, oigan. Así es que lo que se puede oír en las salas de los museos y de las galerías, en las plateas, en los palcos y en otros lugares expuestos a los comentarios, es a veces digno de ser señalado. Lo de ayer no.

Precisamente “A serious man” trata de mostrar el viejo tema del silencio de Dios o de la falta total de sentido de esta vida nuestra. No es que yo afirme que no habrá quien se lo sepa dar (yo que sé, por ejemplo a través de las victorias del Barça o de su trayectoria profesional o de su proyección social o lo que sea). Que un profesor universitario de Física capaz de explicar el principio de la incertidumbre de Heinsenberg recurra sucesivamente a tres rabinos de su comunidad para intentar encontrar una salida a su situación, no deja de ser un tributo a la lógica del tres que rige tantos cuentos de la narrativa intemporal. Que como el Job bíblico pretenda que todo sea igual que antes, hace temblar los pilares de la Física, la Química y hasta los del sentido común. El desastre en que se está convirtiendo la vida de Larry Gopnik no está narrado con tintes melancólicos y no se usa ni almíbar, ni chantilly rosa, ni purpurina, ni atardeceres rojos , sino que se usa una paleta sesentera de cielos prístinos. Se diría que lo único feo o sórdido que aparece, además del quiste y el reno muerto, es el motel donde se acaba confinando con su hermano. El motelucho. Y los sueños. Eso sí, cada vez que Larry escucha su disco de Sidor Belarski y  oye “Dem Milners Trern” (“Las lágrimas de Miller”), cada vez, la situación familiar y la suya propia están peor. Qué embriagadora puede ser la tristeza.

La película acaba con el bajo -un bajo álgido que nos recuerda a Schubert- un tornado y la llamada inquietante del médico que lo explora al principio de la película. ¿Qué más finales podía haber? ¿Es que tenía arreglo la situación?

A serious man (Joel Coen y Ethan Coen, 2009)

A serious man no sólo ilustra una de esas películas que aún quedan, de autor, sino una de esas películas en la que los directores han disfrutado haciéndola. Se nota. Ahora, a la vista del fotograma que extraje del tráiler, me doy cuenta de que cuando Gopnik da clase y explica el principio de Heinseberg en un encerado inmenso apabullante, se distingue una cabeza que no puede ser otra que la del amante de su mujer. Se le reconoce porque lleva una gorra azul, azul celeste como no podría haber otro en un decorado de 1967. ¿Figurante o broma? Ni figurante ni broma: todo, cine y del bueno. Ya cuesta más, pero también creo distinguir a su hijo y a su mujer.  Hablando de mujeres, hay que ver el género de mujeres que salen en la película. Solo se salva la vecina flipada, con su disco de “Somebody to love”.  No el sinfónico de Queen, evidentemente, sino el de Jefferson Airplane
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(*) Del inglés al español: “Exiliado de la felicidad, permanezco sin  ella. Sin esposa, sin hijo, solo. La rueda gira, los años pasan, estoy solo como una piedra.”

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8/1/10

FRS 635

- Oh ! ne les faites pas lever ! C’est le naufrage…
Ils surgissent, grondant comme des chats giflés,
Ouvrant lentement leurs omoplates, ô rage !
Tout leur pantalon bouffe à leurs reins boursouflés.
A. Rimbaud, Les assis.



l Ford Thunderbird azul nácar con el que Thelma y Louise se estrellan en la película homónima (“Thelma and Louise”, Ridley Scott, 1991) está en el elenco de los coches de las series de TV y películas que reúne la BBC desde el año 2003. Está el Ford Gran Torino de Starsky y Hutch (Starsky and Hutch 537-ONN 1976 Ford Gran Torino 460-V8 Dave Starsky) y no está el de Clint Eastwood (“Gran Torino”, Clint Eastwood, 2008). El Ford Thunderbird de 1966 FRS 635 de la fotografía por lo tanto podría ser el de Thelma y Louise con el que se despeñan en Utah en la famosa escena final, puesto que es idéntico.

Por cierto, hablando de finales, qué lástima que “El secreto de sus ojos” (J. J. Campanella, 2009) tenga un desenlace tan desacertado. Veo que casi toda la crítica coincide en este punto, sobre todo después de estar de acuerdo en que parece bastante natural que un asesino se “rehabilite” como guardaespaldas matón peronista. Yo además añadiría que el final de la historia entre Ricardo Darín/Benjamín Expósito y Soledad Villamil/Irene Menéndez Hastings tampoco es verosímil, pero está claro que los que hacen las películas les dan el final que les gusta y ya está. No me extiendo más en este punto, puesto que  no les quisiera revelar y chafar el final de “El secreto de sus ojos” a quienes no la hayan visto aún y que no deben dejar de ver aunque nada más sea por los diálogos y por el personaje interpretado por Guillermo Francella (“Pablo Sandoval”, un asistente del agente federal de justicia).

No es que una sea mucho de coches, que no lo es, más bien todo lo contrario y mucho más allá aún que Agustín García Calvo y el más pintado. Y sin embargo, me pasa como con los perros y con los niños, cuando algunos de ellos tratados particularmente son capaces de despertar en mí hasta cariño. Y es que todo es defendible a la que nos bajamos a la anécdota y vamos a lo concreto. Y sé que mucha gente cuando se sienta al volante se transforma.

Los únicos referentes literarios que tengo ahora en mente acerca de los asientos y las sillas son:

1)    el poema “Les assis”, de Arthur Rimbaud, claro, no iba a ser del Marqués de Santillana; y,

2)    una referencia de Chesterton en su Autobiografía: “El objetivo de la vida artística y espiritual era excavar hasta encontrar aquel enterrado amanecer de asombro; de esa forma, un hombre sentado en una silla podía de repente ser consciente de que estaba vivo y ser feliz”.

Y sin embargo, ahora que pienso, servidora cuando más escribe, mentalmente, está claro, es cuando camina. Si consiguiera escribir en la piscina nadaría más, pero en cuanto llevo unas cuantas vueltas sin que pase nada… No ya un barco o un buzo, por supuesto; algo. Algo de lo que ocurre incluso si camino por un páramo o un no-sitio, cualquier cosa. En la piscina no pasa nada o si pasa algo es que te das un cabezazo contra el final o que pasa otro nadador nada grácil. Un cachalote amamelucado. Así que se tiene uno que entretener con el sonido borboteante de la propia respiración, recreándose en esa intimidad amniótica, con pensamientos repetitivos o con los dibujillos monótonos que forma la luz con los reflejos acuáticos en el fondo del suelo. A veces, si tengo que decir la verdad y toda la verdad, me imagino que me hundí con el Titanic o el Poseidón y así la cosa tiene más emoción. El último trago. Dejará el amor de ser un tema literario, tal y como lo conocemos, la muerte nunca.

Como yo no conduzco no tengo la menor idea de qué es lo que les pasa por la cabeza a los conductores, pero sé que hay algo especial y que tiene que ver con el deslizamiento, un trance, la libertad (que no la independencia),  no sé. Les veo que entornan a veces los ojos como derviches giróvagos, aunque sólo sea para culminar la higiene de la nariz  que no hicieron en las abluciones matutinas. La sensación del conductor de asiento de utilitario no tiene nada que ver con la sensación de estar en una silla de esas en que ponen a los niños para comer, la trona. Una silla como de linier de tenis o socorrista de playa del Pacífico. La palabra se las trae. Lo que pasa es que ya estamos acostumbrados y  no nos hace ni la mitad de efecto que nos tendría que hacer. “Trona”.

La silla eléctrica sin embargo no suena ni la mitad de mal de lo que suena la silla de tortura o la silla del ginecólogo, la de parir, la del dentista, o aquellas sillas con palangana ajustable de los enfermos que no se valen, o las que se usan para las exploraciones e intervenciones qirúrgicas rectales en postura prona genupectoral. De hecho, en nuestro país si vemos en “Segunda mano” una silla eléctrica, es seguro que se trata de una silla para tetraplégico o discapacitado. Hay que ver lo que va de una sillería de coro catedralicio a una sillita de cocina tapizada con escay blanco, del coro al caño y del caño al coro. Ya sabemos que las sillas de las salas de espera y especialmente las de algunos aeropuertos, como las del JFK de una de las terminales de la película de Tom Hanks (“The terminal”, Steven Spielberg, 2004) son muchas veces incomportables. Vamos a decir “incomportables” para tener la fiesta en paz.

A pesar de los esfuerzos que se han hecho para dignificar las sillas agrupadas y hasta las apilables (por ejemplo con el modelo famoso de  Arne Jacobsen), las de los cursillos de formación continuada o las de las cafeterías sin pretensiones, hay sillas en las que es imposible descansar o mantener una postura más o menos estable. Hay algunas sillas de diseño ergonómico ante las cuales incluso es posible que  no sepamos ver de qué lado está el asiento. Una silla que antes se veía en muchas antesalas de edificios oficiales era la Wassily, o B3 chair de Marcel Breuer aunque lleve el nombre de Kandinsky. Para “espacios diáfanos”, ideal (?). Y dentro del movimiento Bauhaus también es muy recurrente el modelo Barcelona MR90 con su otomana. La otomana es lo contrario de un reclinatorio. El mundo del rattan, el bambú y el mimbre nos dejó la famosa carátula del disco de Julio Iglesias, imposible de olvidar. Y es que el mobiliario de jardín, con aquellas incomodísimas sillas de hierro donde retorcerse de dolor y no poder leer ni una necrológica, ha pasado de los resabios rococós en aluminio imitando forja o fundición a la teka que extermina las reservas de Indonesia y que da un toque progresista scuppy étnico al balconcito. Me extraña que la última vez que estuve en París aún se vieran las típicas sillas cannées  drucker. ¿No se les pudrirán? Al parecer, de entre todas las sillas “bistrot”, la más vendida es la Thonet 214 o Kaffeehausstuhl Nr. 14, cuyo modelo cumplió 150 años el 2009. No acabaríamos nunca, porque las sillas Tiffany y la Versailles, nos llevarían a los tresillos isabelinos, las sillas Luis XIII, Luis XIV, Luis XV y Luis XVI. Luis XVII no ha habido. Yo no sé si nuestra típica silla de enea es exclusiva de nuestro país, o si es común a todo el Mediterráneo.

A todo le llamamos silla, a la Ovalia como de Space 1999 y a la Fabergé Imperial, que tiene hasta como un cajón. Como diría Lope de Vega, “burla burlando van los tres delante”, y nos hemos quedado en las sillas y no hemos visto los  sillines de prevención de prostatismos.No vimos ni  las poltronas orejeras, ni  los escaños, ni  las cátedras, ni  las sesiones de fotos previas a las recepciones diplomáticas, ni a las sillitas de los traductores simultáneos. Ni sofases ni bisteses ni casi nada hemos visto. ¿Y los confidentes o sillones “tú y yo”?, ¿las chaise longues y los faladoiros? Es el cuento de nunca acabar. Lo que no me puedo estar de decir es que lo que sí que no me gusta pero que nada son esos sofás donde parece que puedes encontrar de todo (desde un bolígrafo hasta una palomita de maíz), como si fuera un camping.

FRS 635

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Post scriptum (10/12/2024): Tal vez este post es uno de los 5-10 que se visitaron más en su alojamiento en el Álbum del tiempo y nunca averigüé si era porque estaba enlazado en alguna página de mucho tráfico o si los accesos eran directos a través del famoso coche de Thelma y Louise.635

4/1/10

La hoja de gingko

“El hombre del sombrero hongo tiene tics. Por ejemplo: relamerse los labios. De joven, al intentar dominarlo, se sometía a una feroz autocensura: apretaba los dientes como una barrera infranqueable e inflaba los carrillos para que la lengua, sin nada a qué asirse, quedara pataleando en el interior de su boca. Dejó de luchar porque el tic, que tenía sus recursos, al sentirse reprimido convocaba otros automatismos como revancha: subía el hombro, silbaba suave, guiñaba un ojo…”

Liliana Costa Staksrud, Infinitas formas de cosas tan delgadas




i le dieran la fotografía de Andreas Feininger a una empresa  como Lynce, esa que cuenta la afluencia en las manifestaciones y escanea las muchedumbres hasta dar con cifras demoscópicas precisas, sabríamos cuantas personas había en Coney Island. Y sin embargo, la playa está en algunas zonas más abarrotada y en otras, la que quedaría más cerca del visor por ejemplo, está más libre no sabemos por qué. Seguro que alguna razón habrá o, mejor dicho, había.

Yendo a lo nuestro: anduve estos días buscando los gingkos de Barcelona. No todo iban a ser melocotoneros. Hay uno en el jardín de la Universidad de Barcelona y luego encontré otro en los Jardines Verdaguer, en Montjuïc (Núm. de catàleg: 0139-03-98). El de Montjuïc me costó encontrarlo. No sabía donde estaba exactamente y fui un día de mucha lluvia en que sólo había por allí algún japonés que iba o venía de la Fundació Miró y poco más. Al final, cuando casi habíamos desistido de distinguir el gingko, mientras barríamos con la mirada un claro del parque, descubrimos a nuestros pies sus hojas. El árbol estaba totalmente desnudo, pero a sus pies estaban las características hojas en forma de abanico. El gingko  biloba es único en su especie. El viernes, cuando regresaba de la piscina, vi una hoja de gingko biloba en mi camino. Miré a mi alrededor y no distinguí ningún árbol. Bueno, sí, había árboles  (un granado, un albaricoquero, un palosanto, una higuera) pero ninguno era el propio. Volví al día siguiente para recorrer toda la zona, que está formada por unas cuantas casas con huerto, que proceden de la época en que aquí se hacía la colada de la burguesía de Barcelona. Aún quedan los lavaderos y los pozos y es fácil imaginar la ropa blanca a clareo. He de volver otro día con la hoja en ristre, por ver si encuentro a algún vecino y le pregunto. De todas maneras, dado que la hoja estaba donde la encontré más sola que la una, también he de contemplar la posibilidad de que llegara allí por alguna de las ventoleras que a veces recorren esta ciudad arruinando el trabajo de los peluqueros. Les coiffeurs. O también podría haber llegado hasta allí a patadas, desde vaya usted a saber donde. Y es que en Barcelona, no así en el País Vasco, los niños pueden dar patadas a las cosas y llevarlas de una parte a otra de la ciudad con una diligencia pasmosa. En una versión romanticona de mis pesquisas podría incluirse la posibilidad de que la hoja estuviera como punto de libro de una adolescente que lee el sempiterno Árbol de las lecturas obligatorias de la secundaria. Y por lo tanto el árbol  verdadero podría estar por donde el Patronato (orfanato u orfelinato) Ribas -hoy I.E.S. Vall d’Hebron-, uno de los  edificios del arquitecto  Enric Sagnier i Villavecchia.

Según el catálogo de árboles de interés local del Ayuntamiento [enlace roto] los dos gingkos que hay en Barcelona son los que he visto. Y sin embargo Divina Aparicio ha colgado una foto de otro tomada en el Parque de la Ciutadella [enlace roto], y por el aspecto del espécimen, podría tener unos 30 años o quizás más. De jacarandas sí que andamos más que mal. Por lo tanto, a mí que no se me diga que no hay más temas que tratar aparte de si Marilyn Monroe leyó o no leyó Ulysses.

Curiosamente, uno de los trastornos más frecuentes del lenguaje que podemos observar hoy en día aquí y en Coney Island es  -además del de meterse con Marilyn Monroe y otros temas calados socorridísimos- la megafonía o telefonía móvil, que es esa especie de manía  o tic de hablar en voz alta con el celular de manera que es imposible que  se les deje de oír  a algunas personas a 30 metros a la redonda. Sin embargo, atendiendo a la parábola del espléndido cuento de Liliana Costa sobre los “Tics modernos”, una nunca sabe si no será peor la represión de un tic que el tic mismo. En otras palabras, si para evitar un tic  simple como el de relamerse los labios, vamos a provocar un tic complejo con  espasmo de hombro, resoplido, guiño facial, etcétera, casi es mejor dejarlo estar.

De todos los trastornos lingüísticos que conozco el que más me llama la atención no es la coprolalia o lenguaje soez (debido al síndrome Gilles de la Tourette, que dicen que ha padecido gente tan provechosa como Mozart), ni tampoco es la megafonía móvil o la verborrea en general, no, el que más me llama la atención es la ecolalia. No tengo los conocimientos precisos para distinguir entre la ecolalia y la palilalia, así que me referiré a la ecolalia como lo hace la Wikipedia,  como  a “una perturbación del lenguaje en la que el sujeto repite involuntariamente una palabra o frase que acaba de pronunciar otra persona en su presencia, a modo de eco”.  Yo a lo largo de mi vida he conocido dos casos, en dos mujeres los dos, que creo que no están diagnosticados y en donde yo no voy a tomar ninguna iniciativa. Por supuesto. Lo curioso de los dos casos es que no se trata de la ecolalia típica que practican los niños para sacarnos de quicio (o no) o la del célebre mito de Eco y Narciso, por el cual la ninfa podía repetir a su favor todo cuanto el chico decía:

“Un día, cuando Narciso tenía 16 años (exactamente igual que mi Carmona buxiforme enana, pedazo de bonsai adolescente), un día, fue visto por la ninfa Eco. Mientras él perseguía ciervos. Hago notar lo de los ciervos para que nos demos una idea fugaz del entorno, de un lugar en donde no sólo había ciervos sino que además podían correr. Eco vio a Narciso y no podía decirle nada. Solamente podía repetir las últimas palabras que pronunciase alguien. Y eso era debido a un castigo de Juno a causa de que Eco la había entretenido con su charla para despistarla y hacer que la diosa no sorprendiera a Júpiter persiguiendo ninfas. Narciso, alejado del grupo de jóvenes que lo seguían siempre, notó la presencia de Eco y preguntó: “¿Hay alguien?”. De esta manera, sin proponérselo, dio pie a que Eco pudiera repetir: “Alguien”. Después de una especie de diálogo posible porque Narciso estaba intrigado y Eco enamorada, la ninfa fue desdeñada. Se escondió y fue a vivir a las grutas llena de vergüenza. Su cuerpo insomne se disipó y sólo pervivió su voz. Dice Ovidio: “Omnibus auditur”. Todos la oyen. Bueno, yo diría que no todo el mundo la oye, pero eso ahora no interesa y no tiene nada que ver con el mito” (Omnibus auditur)

¿Por dónde íbamos? Ah, sí, que no, que la ecolalia que yo conozco no es como la de la ninfa de las Metamorfosis. Más bien una tiene la impresión de que la persona no repite lo que oye, sino que parece adelantarse o superponerse como si estuviéramos diciendo algo absolutamente predecible. Pero no es así, claro. Es un efecto mental, como si el oído fuera más rápido que la voz de la misma manera que una emisión nos llega antes por la TV que por la radio (¿o era al revés?). Experimentar la ecolalia es algo que soy incapaz de transcribir pero que aún me maravillo de presenciar a pesar de la de años que hace que conozco a estas dos mujeres. No sé qué podría pasar si hablaran entre ellas, puesto que además, en el fondo cuando las oyes también te das cuenta de que hay algo inasible que las atenaza, una cierta rigidez. La atención, la disociación entre lo que es ser y no ser, hacer y hablar, lo que sea. Otra utilidad a la ecolalia no le veo. Se me dirá, claro, tampoco tiene utilidad la hepatitis. Pues no sé. En fin, si acaso, el darse cuenta de que si nuestras disociaciones fueran tan hermosas como la dicotómica y lánguida hoja del gingko biloba, sería una maravilla. Entonces, la tensión que hay entre lo que queremos pensar y lo que queremos decir, o entre lo que pensamos y lo que decimos, o entre lo que hacemos y lo que pensamos, lo que sentimos, sería una obra de arte.

Andreas Feininger, “Coney Island”

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3/1/10

Mundo cruel

“Hollywood is a place where they’ll pay you a thousand dollars
 for a kiss and fifty cents for your soul”.
“Dogs never bite me. Just humans”. 
“Money, that’s what it’s all about”.

M. Monroe (*)


n un documental de Patrick Jeudy sobre Marilyn Monroe, “Marilyn, dernières séances” (2008), recientemente emitido en el Canal 33 o en TV2, no sé, el director reconstruye la historia de la actriz a partir de los dos últimos años de su vida, cuando estuvo haciendo psicoanálisis con Ralph Greenson. El documental se puede ver en Dailymotion en francés, en tres partes (la primera dura 18:16 minutos, la segunda 17:08 y la tercera 17:49). A la vista de algunos comentarios que aún se siguen haciendo sobre Marilyn Monroe o sobre Norma Jeane Baker o Mortenson,  sobre si era guapa o no, si la asesinaron o no, que si  era rubia platino,  que si era tonta, si esto y lo otro, este documental adquiere aún mayor valor. Por su rigor y por su respeto.  La tendresse debía ser un valor y un indicador como lo es la felicidad en Bután. La ternura interior  bruta, no la brutalidad.

Sin ir más lejos ayer leí en un magazine una columna (**) del famoso escritor  Andrés Trapiello. ¿Quién me mandará a mí? Era la primera vez que leía algo de este escritor, así que no tengo demasiada información sobre sus trabajos. Y en realidad debo admitir que lo que leí lo podría haber escrito cualquier otro escritor de tantos como tenemos en nuestro país, incluso un escritor cualquiera de un blog o algo peor.  Si es que hay algo peor.  Con ese misma acritud analítica un poco indolente, de vuelta de casi todo, sin embargo, ya hay menos (escritores). Por lo tanto, que la columna fuera de Trapiello, a quien me parece que se le honró hace poco con el Premio Julio Camba, es lo de menos. Yo más bien creo que se merece el Premio Gutiérrez Solana, si es que existe. Lo de más, de la columna, digo,  es que se valía de una foto que le hicieron a la actriz leyendo el Ulysses y por las últimas páginas, para sacar a relucir que él no lo había leído y deslizar la duda -o algo epistemológicamente muy por debajo de la duda- de que Marilyn Monroe tampoco. Si dijéramos que las razones que ni siquiera aduce el señor Trapiello para poner en entredicho que Marilyn Monroe leyera la novela son machistas, aunque de un machismo muy evolucionado y destilado, no del típico machismo mamachichista,  nos estaríamos metiendo en camisa de once varas. Lo que no puedo dejar de señalar es la “superioridad” con que el columnista maneja y prejuzga la foto de la actriz y no sólo porque ella está muerta y él aún no, sino porque de alguna manera parece partir de la base de su ventaja intelectual y hasta la de Arthur Miller, con quien la actriz estuvo casada entre 1956 y el año de su asesinato o suicidio (1962). Es lo que las señorasde las piscinas, los ingenieros de caminos, Agamenón, su porquero, cualquiera, llamaría “presunción”, “vanidad”, “soberbia” o “arrogancia”.

La presunción y el cinismo son básicamente, a la par de vicios, como espejos deformantes a través de los cuales es posible cometer muchos errores y horrores. Aunque no estuvieran entre las lecturas preferidas de Marilyn Monroe Rainer Maria Rilke (***), William Faulkner  y John Steinbeck, que lo estaban, el hecho de que Manciewicz se extrañara de verla  leyendo en el rodaje de “Eva al desnudo” las Cartas a un joven poeta más de lo que se extrañaría de ver a Rilke mirando un almanaque de pin-ups, tiene su eco en la  altiva , exultante e insultante extrañeza del flamante Trapiello. Está claro que a Julio Camba nunca le darán el Premio Andrés Trapiello. Bueno, no sé, nunca se sabe.

He elegido para el post de hoy no una imagen del documental, que en cualquiera de sus fotogramas y registros sonoros es bellísimo, no una de las miles de fotos que nos quedan de la actriz, incluso las artísticas (Erwitt Eliott [enlace roto], Arnold Newmann, etc.) sino una de las fotos que le hizo André de Diennes a Norma J. Baker en los años cuarenta. El documental de Jeudy si no recuerdo mal lo vi el día de Navidad. El primer día que me acerqué al centro me metí en El Corte Inglés y me puse no “cinco gotas” (****) sino dos chorros de Chanel 5, perfume que por cierto fue lanzado en las Navidades de 1921 y que estaba inspirado en el “Bouquet” de Catalina la Grande. De gratis. Qué buena es la gente de El Corte Inglés, con varias botellas de Chanel 5 (parfum et eau de parfum) y 19 en la entrada. “Cojan, cojan”. ¿Qué diría James Joyce del fondo de bergamota e ilang-ilang de Chanel 5?

Si algo queda claro después de ver el documental de Jeudy es que el psicoanálisis no pudo hacer nada para desintegrar esa imagen que M.M. nos mostraba y tampoco pudo hacer nada para conseguirla integrar con el lenguaje, todo lo contrario.

Marilyn Monroe por André de Diennes

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(*) ”Hollywood es el lugar en donde te pagarán mil dólares por un beso pero cincuenta centavos por tu alma”; “Los perros nunca me muerden, sólo las personas”; “Todo es por el dinero”.

(**) ‘Tengo ante mí, en grande, publicada a toda página por un periódico, una fotografía de Marilyn Monroe leyendo. El hecho no debería sorprendernos, pero el tono platino del pelo nos hace sospechar. La fotografía, a color, está tomada en 1955, un año antes de que se casara con Arthur Miller, intelectual. Nunca sabremos pues, si está leyendo ese libro porque fue con el que Miller quiso conquistarla o si se enamoró de ella justamente porque la sorprendió leyéndolo. En todo caso, el contraste del bañador de la actriz, más interesante que el libro, y éste, el Ulysses de Joyce, no es ni mucho menos lo más insólito de esta instantánea. Lo que resulta llamativo es que la actriz mantiene abierto el libro… Por las últimas páginas, dando a entender con ello que se ha leído todo lo anterior. En la foto, con más aspecto infantil que nunca, sin maquillarse y sin peinar, se ve a la joven (28 años) abismadísima en la lectura, tanto que mantiene los labios un poco abiertos, sugiriendo con ello que acaso era de esas personas que deletrean en silencio las mismas palabras entre las que los ojos avanzan dificultosamente como por una jungla’.

(***) The director Joseph Manciewicz saw the luscious young actress reading Rilke’s Letters to a Young Poet while she rehearsed the dumb blonde role in “All About Eve” and reflected that he would have been “less taken aback to come upon Herr Rilke studying a Marilyn Monroe nude calendar” (Marilyn: Protestant, Catholic and Jew).

(****) “When movie star Marilyn Monroe asked in 1953 what she wore at night, and famously replied, “Five drops of Nº 5” (Wikipedia).