En el Hospital en el que yo trabajaba (1985-2005) esas camas psiquiátricas, no todas, se recuperaron de alguna manera (no tal cual) cuando los trastornos de alimentación aconsejaron el internamiento de los enfermos de anorexia y bulimia para poner en orden sus costumbres diarias. Pero, aunque gracias a Dios no hemos tenido en mi familia ningún enfermo psiquiátrico, sé que Ernest Lluch con su bandazo estaba trasladando (o devolviendo) el problema a las familias. Y hay psicosis y esquizofrenias muy graves que no se controlan con medicación y ya no digamos cuando el paciente la abandona. Como lo que se suele comentar sobre Ernest Lluch es su desafortunada muerte en manos de ETA o también que "universalizó" la Sanidad Pública, hay que dejar también nota de algún detalle colateral que complete la sesgada imagen que proyectó.
Sin embargo lo que me trae hoy aquí no es la Psiquiatría, tan medicalizada o desinstitucionalizada (en consonancia con lo que hablamos de la política judicializada), sino un detalle del proyecto que por mi afición a la Botánica no me puede pasar por alto. En él se comenta en los preliminares haber visitado varios establecimientos europeos de la época para tomar ejemplo de las buenas ideas y porqué la elección del lugar recayó en un llano del sudoeste de Barcelona, por estar alejado del bullicio y por contar con tierras de cultivo y un clima salubre. Por lo menos mucho más salubre que el Raval, que queda a nivel del mar.
También entró en consideración Pedralbes, el monasterio, pero era pequeño para el plan. De hecho el edificio era mucho más grande que cualquier otro edificio de Barcelona, dato que lanzo sin detenerme a analizar. Ocupaba 122 hectáreas. La solución arquitectónica que se adoptó para su clausura fue un salto de lobo o zanja, lo que los ingleses inventaron y llaman ha-ha. Ese tipo de zanja veo que recientemente se ha aplicado en los aledaños de las renovadas Glorias, pero ese es otro tema.
La institución contó con una granja y huertos (entre los que estaba el de Can Masdeu, finca actualmente ocupada), por lo tanto se autoabasteció en gran parte. Había tahona y un telar para las gasas. En las imágenes de archivo se ven porquerizas y talleres de costura.
Tal y como se explica en un vídeo muy interesante aunque cargado de doctrina guerracivilista,en los años de la especulación los terrenos se empezaron a vender para la construcción de pisos en La Guineuta, Barcinova y Canyelles. Eso por un lado, por otro se perdieron todos los enfermos "privados" y sólo quedaron los desahuciados por la sociedad. Otro factor fue el relevo del personal religioso por el personal sanitario. La degradación del edificio, algo que ocurre en todos los equipamientos sanitarios, fue visible y tan colosal como la extensión de las instalaciones.
En la actualidad una de las dependencias que se mantiene en pie alberga la sede del distrito, una unidad de la Guardia Urbana, una biblioteca y un centro residencial de primera acogida, es decir, un "albergue social".
Hace un año se iniciaron las obras de rehabilitación de la Capilla de San Rafael, sobre la cual trata un excelente trabajo de final de carrera de la arqueóloga Alba Vilardell. Contra todo lo que podría preverse, porque parecía imposible que hubiera interés por parte del Ayuntamiento en rehabilitar un edificio tan deteriorado y ruinoso. Ceden su uso al Arzobispado y por lo tanto allí podrán celebrar misa los parroquianos de Sant Marcel ─un local vecino, modesto, y no muy grande─, que llevan años pidiendo que les arreglen esa capilla. La capilla, a diferencia del resto del Instituto Mental de la Santa Creu, era de estilo historicista neorrománico:
"La capilla es la única parte del Manicomio en que la arquitectura puede desplegar moderadamente galas de la decoración y ornamentación: las pinturas que acaso se coloquen en ella, no representarán escenas lúgubres martirios, etc., sino pasos de la vida de Jesucristo o imágenes de Santos; cuadros instructivos y consoladores" (Proyecto de Pi i Molist).
Para Pi i Molist era muy importante la salubridad del instituto y hace notar en su Proyecto la idoneidad del terreno elegido, aunque también indica la falta de árboles. Porque no solo pensaba en la explotación agrícola y ganadera de las tierras sino también en la benignidad de la naturaleza para el equilibrio mental. Vuelca todo el catálogo de Miguel Colmeiro (Catalogus plantarum in horto botanico Barcinonensis) de 1844, que yo a mi vez reproduzco como muestra de la variedad de flores arvenses que teníamos en Nou Barris por aquella época. El vídeo de Comelles antes enlazado nos muestra alguna imagen del jardín enclaustrado en uno de los pabellones, ese que ahora solo tiene dos grupos de palmeras. En el Parc Central hay un tejo maltratado y algún laurel que podría pertenecer a la época anterior a la guerra, pero se diría que no queda nada. Cuando pienso en esto y recuerdo el jardín de Fráncfort (Grüneburgpark) que conserva árboles que bien pudieron dar sombra a Goethe, se me cae el alma a los pies. ¿Tendremos remedio?
Incluyounparde imágenes del estado de la rehabilitación de la Capilla de San Rafael y otras de mi archivo que las tomé en mayo de 2012, cuando el templo no podía estar peor. Estas rehabilitaciones siempre nos dan un aire de cartón-piedra y me recuerdan un poco a Disneyland y su castillo de Blancanieves.
Miguel Colmeiro Penido, siempre según la Wikipedia, cuenta con cinco especies botánicas con las que se le ha dedicado un epónimo. Una de ellas es la malva colmeiroi.
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