31/3/11

Moralina y modalina

"¡Los buenos modales antes que la moral!"
Oscar Wilde

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En la etiqueta japonesa está establecido que cuando nos ofrecen una tarjeta no solo nos la ofrecen con las dos manos sino que lo correcto es tomarla con los dos manos. Servidora ha visto numerosas veces en nuestro país como cuando alguien ofrece su tarjeta es bastante frecuente que no solo no se mire sino que incluso se eche con un cierto descuido a un lado o bien se coloque al tuntún entre las páginas de una agenda impresa. Por la misma regla de tres que nos hemos apeado masivamente hasta el tuteo general, o por razones parecidas, es cada día más normal que apelando a la espontaneidad y la naturalidad se denosten tres palabras que he empleado al principio: etiqueta, establecido y correcto. La espontaneidad y la franqueza en mi opinión es algo que tiene un gran valor cuando se nos requiere, en todos los demás casos solo conviene usarlas cuando la situación está dominada o cuando -insisto- nos lo piden. ¿De verdad alguien se cree que su espontaneidad y su franqueza le interesan a otro?

El cafre tiende a confundir la espontaneidad con la libertad, de una manera bastante similar a como algunas personas confunden la improvisación con el talento. El talento tiene una parte de improvisación y de hecho improvisar es una forma de estudiar y de disfrutar, de ir más allá o ir hacia afuera agrandando lo que es el espacio ínfimo íntimo (en el caso de las descargas de flamenco o de jazz). Pero casi todo el mundo estará dispuesto a admitir que la improvisación no equivale al arte o el arte no equivale a la improvisación.

Apenas me acuerdo de la boda de la Infanta Elena, pero sí recuerdo que fue en primavera y en Sevilla. También recuerdo que se marcó desde el protocolo de la Casa Real que las señoras no usaran perfume. Cualquiera sospecha que sí que lo usaron, pero supongo que lo que se proponían con ese dictado es que las señoras más vulgares no usaran el perfume a granel, que lo usaran más discretamente. Un día caluroso en Sevilla en una sala o un templo, por grandes que sean, cerrados y llenos de mujeres impregnadas de todo tipo de esencias con jazmín, canela o lo que sea, por buenas que sean debe de ser algo incomportable.

El ejemplo elegido puede resultar clasista, aunque yo lo he elegido porque remite al imaginario del colorismo de nuestra capital bizantina. Ascot sugiere ya casi más una concentración altísima de pamelas que no las carreras de caballos, aunque todo va junto, sí. Podría haber puesto el ejemplo de la banda de pandilleros que ocupa su pedazo de playa con un tremendo aparato desde el que arrojan un ruido infernal o rumbitas. Cualquier ejemplo es bueno para indicar que todo aquello que impide que los demás disfruten de lo mismo que nosotros disfrutamos impide la convivencia. Si tu música alta no deja que yo escuche mi música alta es que hay que bajarlas o quitarlas. Si tu barbacoa unge de olor de sardinas mi colada, es porque tal vez la barbacoa hay que hacerla donde no moleste puesto que no se me ocurre que lo que moleste sea la colada. Si estás tres horas metido en un vagón de tren con 50 personas más y no paras de hablar en un tono de voz que no deja nada a la imaginación, es muy probable que no dejes que los demás puedan mantener una conversación normal o leer o simplemente descansar. Es decir, ejemplos hay muchos. Hasta se diría que demasiados. La educación y el respeto no son solo para el ambiente formal sino que también lo son para el ambiente informal.

En mi modesta opinión que se haya adelantado la edad en que se mantienen relaciones sexuales ha sido un gran bien por lo menos para librarnos de aquellos adolescentes que se refocilaban eructando ostensiblemente y tocándose haciendo ver que se peleaban o retozaban.  No sé yo si es cierto y si está del todo verificado, como leí una vez, que las chicas que han tenido relaciones sexuales de manera precoz tienen más riesgo de cáncer de útero.  En cualquier caso, los campeonatos de eructos están erradicados de la vía pública y me alegro.

Lo que se suele conocer como buena educación es ideal para los casos en que no nos entendemos. La buena educación nunca falla cuando no sabemos qué hacer ante una determinada situación difícil. Después hay personas que por su formación o porque tienen ese don, son prudentes sin dejar de ser gentiles, de la misma manera que el patán no deja de ser zafio. Una variante, el insolente, es aquel o aquella que se piensa que como los genios son insolentes, hacen de insolentes. Pero no son geniales ni nada que se le parezca. Con la buena educación se va a todas partes, decían nuestras abuelas o casi todas. Y es verdad. Dirán que no es lo mismo Japón que Chile, el protocolo de una boda real que la playa, pero por lo que servidora tiene visto y hasta oído, si se actúa sin brusquedad, con discreción y intentando no molestar, ya se tiene mucho de ganado.

Cortejo de las gruyas

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23/3/11

Post 620: Más o menos tiempo

 "Las joyas son para toda la vida, los maridos no"

Elizabeth Taylor 


Leo en un muro de Facebook un enlace a una noticia en que se dice que el redactor del obituario de Liz Taylor para New York Times falleció el año 2005. Hay gente que se escandaliza y sonroja porque hay otra gente que prepara obituarios para el servicio de documentación de los media. Es como si la primera gente desconociera la seguridad de que todos (la primera gente, los obituaristas y los demás, a los que no nos han escrito nuestra necrológica) nos fuéramos a morir. De hecho es lo poco que tenemos seguro. Eso y los impuestos, dijo Chesterton. Las joyas de Liz Taylor no solo le acompañaron a lo largo de casi toda su vida sino que además le han sobrevivido.

Hacía tiempo que quería traer al blog el terrier de “El retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa”, que no va a ser menos que el griffon belga de “Peor imposible”, o el perro itzcuintli de Frida Kahlo,  el perrito faldero del retrato de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo (duquesa de Alba) que pintó Goya el año 1795, o el perro semihundido del mismo pintor, o Crab.

No sé yo si en el espejo convexo que hay en el mismo cuadro se refleja el terrier de los Arnolfini. La pintura, que se conserva en la National Gallery de Londres, tiene algo más de 82 cm de largo por 60 de ancho. Aunque debo decir que me estoy haciendo un lío y me pasa un poco como Alicia cuando baja por el tunel del Conejo Blanco y no sabe si es la latitud o la longitud lo que tienen distinto en las Antipatías o Antípodas. También me hago un poco de lío con los timbres de los porteros electrónicos si en el cuadro de botones no está claro qué son los pisos y qué las puertas. Porque en principio las filas deberían representar los pisos y las columnas las puertas, o al menos a mí me lo parece, pero no se crean que cuando estoy ante el panel no tengo mis dudas. Por lo tanto diré que la parte más larga del retrato que pintó Jan Van Eyck hace algo más de 82 cm de largo y que esa longitud corresponde a lo que sería el plano vertical. Por lo demás, el espejo convexo al que se refieren muchos exegetas de esta famosa pintura yo lo veo cóncavo, pero me atengo buenamente al saber ajeno y lo doy por bueno, por breve y por todo. Ya que me he desviado un poquito del tema central aprovecho para decir que el color verde del manto o vestido de Jeanne Cenami -una especie de verde fieltro o verde césped- me espanta a primera vista, pero sea por la costumbre, sea por su mismísima peculiaridad, ya me voy acostumbrando. Yo diría que fuera de ese cuadro nunca vi tal tono de color verde. Tal vez algún batracio en peligro de extinción o aún ignoto lo tiene. Tal vez hay verdes no menos viscosos en los cuadros de la colección renacentista de Thyssen-Bornemisza que he visto en el MNAC, pero con esa brillantez tan impregnada no recuerdo nada. Tratándose el cuadro no de una escena sino de un contrato matrimonial, siempre se le ha dado a ese tono el valor de la esperanza y la fertilidad, mientras que el terrier aporta la cláusula iconográfica de lo que los hermeneutas llaman "fidelidad" y yo prefiero llamar "lealtad" pero cada vez con menos empeño. El verde envenenado de la "Joven decadente" de Ramon Casas es más bilioso y no tiene el contrapunto del rojo sino del negro, color ante el cual también es raro quedarse indiferente o como si tal cosa.

Todos los elementos del cuadro de Van Eyck recrean un status: el rosario, ¿el espantamoscas?, el vestido, las joyas,  la blancura de las teces, el perro. Un poco, mal comparado, me recuerda a esas fotos que ha hecho para Louis Vuitton Annie Leibovitz, en donde el retrato de personajes como Gorvachev, Sean Connery, Andre Agassi o Francis Ford Coppola se apoya en el entorno y en los objetos. Lo que me maravilla del cuadro no es eso. Tampoco es el espejo convexo que refleja en el centro de las escenas (diez de catorce) de la pasión de Jesús a los testigos de la boda y una ventana. Eso está bien, pero lo que me maravilla es como el hieratismo del mercader es compensado por el de su esposa (él está a punto de desintegrarse y ella está a punto de explotar). La tensión o la quietud de los objetos, a poco que nos fijemos, pasa de la inmovilidad a la noción de que aquello está a punto de transformarse, de que no es totalmente inerte. Prefigura la instantánea fotográfica.

El experimento cronofotográfico precinematográfico de Eadweard Muybridge conocido como "el caballo en movimiento", sirvió para demostrar algo que había levantado una gran polémica a finales del siglo XIX en California, que los caballos cuando galopan llegan a quedar en algún momento como suspensos, sin que ninguno de sus cascos toquen el suelo. A mi entender el cuadro de Van Eyck demuestra algo parecido al mostrar, para quien mire en nuestro caso con ojos tiernos la escena, que el movimiento está presente. A veces no nos acordamos de que tenemos que hacernos amigos del tiempo. Curiosamente, el perro parece hasta vivir. Será porque no tiene que demostrar nada.

Detalle de "El retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa" (Jan Van Eyck, 1434)

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21/3/11

Abuelas


n los años ochenta era común ver los domingos en la Plaza de Cataluña grupos de filipinos que tenían como punto de reunión el centro. La mayoría eran mujeres jóvenes y parece que se dedicaban al servicio doméstico, pero también había bastantes hombres. Incluso una vez a eso de las nueve de la noche, o incluso más tarde, vi los portones de de la Basílica del Mar abiertos y cuando me asomé pude darme cuenta de que se estaba celebrando una misa en tagalo. Ahora mismo no sé explicarme ni explicarles porqué en aquel entonces la escena me resultó irreal o que pertenecía, mejor dicho, a otra realidad. No sé si por la luz pelágica que rodeaba el altar o por el idioma que ungía la liturgia de palabras que ardían como no ardió nunca ni la cera. Más allá o más acá de esa escena no sé casi que nada más sobre nuestra antigua colonia. Ni siquiera conozco a nadie que haya estado por un decir en Manila. Los diarios no traen noticias de la isla, a no ser supongo en época de tifones.

Con este bagaje tan liviano fui  el domingo a ver en el cine "Lola" (Brillante Mendoza, 2009). Sin ánimo de adelantarles ningún detalle crucial del desenlace, les participo una sinopsis:

"Dos ancianas deben lidiar con las consecuencias de un crimen que involucra a sus respectivos nietos: uno es la víctima y el otro es el sospechoso. Pobres y débiles, ambas mujeres parten en busca de dinero en mitad de una tormenta. Sepa, acompañada de su nieto menor, enciende una vela en el lugar del asesinato de su otro nieto a manos de un ladrón de móviles. Luego inicia su búsqueda de fondos para el funeral y el juicio. Por su parte, Puring se enfrasca en una laboriosa recogida de dinero para conseguir la libertad temporal de su nieto, el asaltante". (La Butaca)

Lola quiere decir "abuela" y es por eso por lo que en los países anglófonos la película se ha distribuido bajo el título de "Grandmother". La película está situada en Manila, en época de lluvias, y no diremos nunca que vayan a verla por su colorido o por su interés turístico. Como  en otras localizaciones del mundo tendríamos que recurrir al eufemismo de advertir que el lugar es muy interesante humanamente o que es toda una experiencia. Dicho esto me remito a  lo que traba el guión que es por un lado el afán de la abuela Sepa por juntar dinero para el entierro de su nieto y el de abuela Puring por conseguir sacar de la cárcel al suyo, también con dinero. El encuentro de las dos abuelas previo a la vista por el presunto asesinato por parte del encausado, para llegar a un acuerdo económico, es todo un clásico del diálogo entre dos viejas sobre sus achaques y remedios. Es muy bonito ver como las dos abuelas consiguen como  bien templadas flechas llegar a su objetivo y esto sin sentimentalismos ni rabietas estériles. Lola Puring desempeña el televisor gracias tal vez a que vende unos patos y unos huevos de pato que le da una parienta del pueblo, y Lola Sepa empeña su tarjeta de pensionista con el mínimo esfuerzo. Me refiero a que no solo no pueden poner en sus actos más energía, sino que no la desperdician. Ya ancianas, en el final de sus vidas, tienen que prescindir, venganza incluida,  de todo cuanto no es la consecución de lo que se proponen.Y lo consiguen.

"Lola" (Brillante Mendoza, 2009). Anita Linda y Rustica Carpio

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19/3/11

La camelia de Pillnitz


ólo alguna vez he lamentado que mi identidad digital sea diáfana y no escudarme en un pseudónimo o pseudoanónimo o sesudónimo. Y eso es cuando en ocasiones como la de hoy intentaría reflexionar sobre lo que estoy viendo que pasa en el lugar donde me gano el pan y donde están empezando a caer en cascada muchos puestos de trabajo sin plaza en propiedad y las personas que los ocupaban son desplazadas de arriba a abajo o a un centro de salud primaria, o de abajo a la calle, según sea el tipo de cargo, contrato o pufo (*) que tenían. Como no puedo decir además gran cosa, callo, pero eso no significa que no lo observe y en algún caso lo sienta. No me importan gran cosa los carguitos que habían proliferado y que ahora serán reintegrados a su plaza de origen, sino la gente que ocupaba esas plazas mientras sus propietarios se dedicaban a coordinar, ir de congresos y esas cosas. Se suele decir en la Administración pública que un camello es un caballo hecho por una comisión y es verdad.

Si mi identidad digital estuviera enmascarada bajo el nombre de una princesa medieval, un pokémon, una diosa, o alguna heroína romántica, ahora ésta que escribe estaría hablando de porqué los gerentes de los hospitales perciben sus incentivos por la regla de tres del número de plazas que destruyen multiplicado por dos y dividido por 3,76767676 elevado al cubo. También hablaría de que en los hospitales públicos circula dinero que no es público y que por lo tanto es difícil de fiscalizar o controlar, analizar, fijar y dar esplendor, y de oca en oca tiro porque me toca. Para los que no entienden las cosas a la primera añadiré que me importa un pito el gerente de mi hospital (que es más de lo que yo le importo a él, por otra parte), y que si callo no es por él y la gente como él sino por los pufos y los que todavía están más en precario.

Por lo tanto otra vez tendré que recurrir al legendario y encumbrado tema de las flores del melocotonero, un tópico en el que se han probado hasta las mejores plumas y que por lo tanto no es cualquier cosa. La rueda de los días va girando, a veces como un carrusel, a veces como las orugas de un tanque, a veces como el remolino del agua cuando desaparece pútridamente por un sumidero lleno de suciedad, a veces como una hoja seca que cae buenamente como puede. Dicen que la Luna, que ayer se pudo ver además de redonda más grande de lo normal porque estaba más próxima, se está alejando cuatro centímetros cada año de la Tierra. Cuatro centímetros no son nada, como los veinte años del tango, pero pienso que algo se tiene que notar a la corta y a la larga. Aparte de la improbable o no tan improbable influencia de la Luna en los maníacos, en la gestación, en la fermentación del vino, en el crecimiento de las plantas y en las mareas, creo que también ejerce alguna influencia en asuntos que apenas tenemos en consideración pero que acumulados son mucho. En mi modesta opinión la Luna interviene mucho en la formación del polvo y he observado que hay días que es inútil levantar el polvo de la casa porque está como imantado. De manera que si es cierto que la Luna influye en los bancos de atunes y en las borras, como a mí me lo parece, no necesito saber más.

Dicho esto habrá que añadirse que uno de los ejemplares singulares de la flora de Europa, como íbamos diciendo, es el camelio del Palacio de Pillnitz en Alemania. Fue un regalo del emperador del Japón el año 1776 y primero estuvo en Inglaterra, al parecer. Se suele decir que es el camelio más viejo de Europa, pero yo diría que el Matusalén del Parque de Castrelos en Vigo por lo menos es casi tan grande y si no es tan viejo le debe andar por ahí. Desconozco la razón por la que hay tantos camelios en Galicia, pero ayer vislumbré uno en flor en la tele, cuando hacían un reportaje sobre la fiesta de los Pepes de El Ferrol. El milagro se produce cada año, el de las camelias digo. De una de sus 100 o 250 especies, según quien las cuente, de la Camellia sinensis, procede el té. Como tampoco está nada claro si es un árbol o un arbusto, me decanto por la primera opción y punto. La flor, cuando llega al final de su vida se deja caer de una vez y para el sonido que hace ese desasimiento y ese dejarse vencer tienen los chinos en su lengua una palabra, según le oí una vez a Álvaro Cunqueiro. El ilustre escritor de Mondoñedo, equiparable a Josep Pla, también decía que los gallegos se parecían a los chinos en que se lo comían todo y no vivían -esto ya lo digo yo- bajo el imperio de aquellas páginas de la Biblia que han determinado nuestra gastronomía. Pero, bien mirado, gracias a que los judíos no pueden comer cerdo o pulpo, tenemos más para nosotros. Perro no comemos.



(*) El pufo es, hasta donde y se, un arreglo por el cual hay un quítate de ahí que me pongo yo, pero en el que a veces ni siquiera los afectados saben donde están ni a cuento de qué. Es decir, hay algún caso en el que una plaza la ocupa no la persona que tendría que ocuparla después de haber pasado un proceso público de oposición. De cara al órgano de la administración inmediatamente superior puede parecer que sí, pero en realidad esa persona la meten en otro sitio en el que pueda ser olvidada y en su lugar ponen a alguien que no tiene donde caerse muerto porque no ha ganado ninguna plaza pero que por los méritos cualesquiera que hizo se considera que es insubstituible. Ahí tenemos dos afectados, uno que está desplazado de su sitio sin saberlo y otro al que se le ha hecho el pufo para retenerlo.  La cosa se complica cuando un pufo afecta a varias personas, cuando se desplaza a varias personas de su sitio a fin de que no pueda destacarse tan claramente quien es el que ha sido privilegiado con el pufo principal.

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17/3/11

Post 619: Las buenas causas

"Una obra de arte es, desde luego, siempre original;
su naturaleza misma, por lo tanto, hace que se presente como una sorpresa
más o menos
alarmante."
 (Lolita, V. Nabokov)

 

 


stoy escuchando una vez más “Las lágrimas” de Sergéi Vasílievich Rajmáninov tocada por Martha Argerich y Lilya Zilberstein. Aunque no he escuchado la discografía de  Dmitri Dmítrievich Shostakóvich ni la de Rajmáninov  con la atención, la dedicación y la presencia que se merecen, puedo decir que son compositores que tienen sobre mis oídos o mi alma nada privilegiados el maravilloso efecto que ejerciera algo que es mucho más que música. Admito que hay música perturbadora, y como dije hace unos días incluso la hay que lo es sin ni siquiera ser molesta. Pero estos compositores rusos me hablan de una manera de sentir directa, sin efusiones ni fingimientos. Tal vez porque mis castigados oídos están acostumbrados a las convenciones y amaneramientos aparentes del Barroco y  a algunos socorridos tics del jazz, Rajmáninov y Shostakóvich me dicen algo nuevo por no consabido, porque no está desgastado e incorporado a los anuncios de coches junto con el color de fábrica. Ese punto de clemencia dolorida, lúcida, al que se llega después de lo que es impracticable, imposible, sincero, solo lo había encontrado en Beethoven y tal vez en Brahms. Además es una música que estando en esa misma sensibilidad en la que se destrozaron los nervios los románticos, sinestésicamente diríamos que se nos antoja con una luz tibia como la del resplandor del cielo nublado, brillante como una gota de rocío o el preciso filo de un cuchillo en el que pondríamos nuestra vida, como en una vía acerada, si hubiera la necesidad o el apremio de ofrecerla. Mozart está en otra realidad, como pasa con Bugs Bunny y Micky Mouse, que pertenecen a factorías de ficción diferentes y rara vez coinciden a no ser en recreaciones que conculcan la ley de la verosimilitud.

Koson Ohara

Me fascina la música y la literatura rusas, me gusta el cine ruso, y sin embargo algo me aleja de Rusia que no es el alma rusa, que es algo que a ellos, a los rusos, tampoco les debe gustar de ellos mismos. Todo esto, claro está, son suposiciones, especialmente porque nunca he estado en la antigua Unión Soviética. Hay rusos en Barcelona, creo que en número significativo, pero todo lo más que llegamos a advertir de su presencia es el lenguaje. Además no sé si sirven para rusos, de la misma manera que no sé si yo sirvo para barcelonesa. Creo que no. Mi cansancio general en muchas cuestiones llega al punto de extenuación máxima cuando se habla, por un decir, de los japoneses o de los burkineses. En estas cuestiones hay dos maneras de meter la pata hasta las corvas: una cuando hablamos de nuestro país cuando estamos de viaje y otra cuando hablamos de otros países en nuestro propio país. No se me ocurre otra forma más de meter la pata como no sea la de introducir terceras partes, variante que en realidad poco incorpora a la dinámica de los tópicos y las patrañas. Las patrañas son las que solemos contar los españoles, p.e., cuando vamos al extranjero y hablamos de nuestro propio país y nos inventamos lo que desconocemos u organizamos la realidad a nuestra comodidad. Patrañas son las que se inventaba Enric Marco sobre Mathausen-Gusen o Tania Head sobre  el atentado de las Torres Gemelas, de la que se declaró superviviente. Tanto el impostor como el trolero buscan un ratito de ser el centro de atención y de dejar de ser como todos los otros gatos pardos.  Casi siempre se buscan una buena causa. Tópicos son las socorridas afirmaciones a las que se suele acudir por la misma razón (comodidad) pero en este caso recurriendo indigentemente a lo que otros ya han dicho y manido.

El primer trabajo que hice remunerado fue en un laboratorio que tenía un contingente de altos ejecutivos japoneses. Me pilló allí el golpe de Tejero. Después he podido conocer someramente algunos japoneses y japonesas, por cuestiones que no son al caso. Sé con todo que los nipones a quienes se les permite emigrar de su país tienen un perfil muy determinado. Y sé que cuando vuelven tienen dificultades para reintegrarse, ni más ni menos que lo que pasa supongo con los venezolanos que han estado en Europa, los gallegos que han estado en la Argentina, etc. Sin embargo, con todo lo que creo saber, que es bien poco, no podría llegar muy lejos y lo dejaría reposar, como casi todo. De lo que yo al menos no tengo ninguna duda es de que el tsunami de la semana pasada en el nordeste de Japón les irá muy bien. Soy consciente de que en frases como ésta precedente es en las que se apoyan los comentarios desabridos o desconsiderados que no nos gustan a los bloggers, aquellos comentarios que obvian todas las explicaciones y sus merodeos, aquellos comentarios que descontextualizan y se van derechos al botón de la manita con el pulgar hacia abajo o hacia arriba como si tuvieran que votar o como si fuera el Facebook. Prosigo. Creo que esta desgracia y las calamidades añadidas les irán bien porque estaban necesitando un motivo de regeneración, o de perfeccionamiento o de lo que quieran ustedes. Intentaré aproximarme al núcleo de lo que quiero decir con todo cuidado: pienso que si los japoneses no tuvieran una razón como la que les ha dado la ola gigante, tan aplastante, para levantar su país es posible que se hubieran vuelto todos locos o, la otra opción descabellada, artistas. Como es natural, esta es solo no “mi” opinión sino que además es “una” u "otra" opinión.

Si hay algo comparable a sentirse amado es solo acaso sentirse útil.

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