23/6/13

La rara pura atención

"L'attention est la forme la plus rare et la plus pure de la générosité"
"La atención absolutamente pura y sin mezcla es oración"

Simone Weil


Hacía tiempo que no nos encontrábamos con vidas paralelas y hoy he sabido que Simone Weil (1909-1943) y Simone de Beauvoir (1908-1986) llegaron a coincidir o en el liceo  o porque accedieron al parecer juntas a la Escuela Normal Superior como las dos mejores alumnas. Simone Weil murió durante la guerra a consecuencia de la tuberculosis. Extraigo la primera frase que abre el post de un documental que hizo Julia Hasslet ("An encounter with Simone Weil", 2010) pero añado otra que nos la sitúa más en la personalidad de la filósofa.

Releo estos días L'enracinement, uno de sus libros póstumos, que cuya edición textual debemos en parte a Albert Camus, quien le tuvo gran afecto y admiración. Aunque Simone Weil hizo muchas cosas en su corta vida, como por ejemplo trabajar en la Renault como obrera, empezó por dar clases. Por alguna razón que se me escapa, en mi entorno hay o hubo muchas personas que se dedican a la enseñanza en diferentes frentes: niños discapacitados, primaria, secundaria, formación profesional, universidad, educación musical, voluntariado, adultos, distancia. Sin embargo, las únicas apreciaciones que han dejado en el Facebook sobre la ley Wert entran dentro de lo que yo considero "irracional", es decir que apelan a la condena no razonada, a la descalificación  y sino a la bronca. Cuando he pedido que dada su condición nos participaran una especie de análisis de los puntos fuertes y débiles de la ley he obtenido el silencio por respuesta, cosa que yo evocaba ayer noche cuando oía los petardos. Petardos que sonaban como portazos desabridos entre silencios no menos estruendosos.

Aunque conozco un poquito mejor la obra de Simone de Beauvoir que la de Simone Weil, de ésta me atrae la condición en cierta manera intemporal o atemporal de sus textos, la frescura. Las observaciones de la Beauvoir tienen una honestidad intelectual que yo no pongo en duda pero pienso que Simone Weil aún estuvo más lejos de modas y tendencias, dicho sea esbozadamente y sin ninguna consecuencia.

Por su interés transcribo unos párrafos de la primera parte de Echar raíces:

"El segundo factor de desarraigo es la instrucción tal y como se la concibe hoy. El Renacimiento provocó en todas partes una escisión entre las gentes cultivadas y la masa; pero, aunque separó cultura y tradición nacional, al menos sumergió a la cultura en la tradición griega. Más tarde, sin haberse renovado los lazos con las respectivas tradiciones nacionales, también Grecia fue olvidada. De ello resultó una cultura desarrollada en un ámbito muy restringido, separado del mundo, en una atmósfera cerrada; una cultura considerablemente orientada a la técnica e influida por ella, muy teñida de pragmatismo, extremadamente fragmentada por la especialización y del todo privada de contacto con este universo de aquí abajo y de apertura al otro mundo.

En nuestros días un hombre puede pertenecer a los medios llamados cultivados sin tener, por un lado, idea alguna relativa al destino humano, y sin saber, por otro, por ejemplo, que no todas las constelaciones pueden verse en cualquier estación. Se suele creer que un pequeño campesino de hoy, alumno de la escuela primaria, sabe más que Pitágoras porque recita dócilmente que la tierra gira alrededor del sol. Pero, de hecho, ya no contempla las estrellas. El sol del que se le habla en clase no tiene para él ninguna relación con el que ve. Se le arranca del universo que le circunda de la misma forma que se arranca a los pequeños polinesios de su pasado obligándoles a repetir: "Nuestros antepasados los galos tenían el cabello rubio". 

Lo que hoy llamamos instrucción de masas consiste en tomar esta cultura moderna elaborada en un ámbito así de cerrado, de viciado, de indiferente a la verdad, quitarle cuanto aún pueda contener de oro puro, operación denominada vulgarización, y hornear el residuo tal cual en la memoria de los desgraciados que desean aprender, a la manera que se da alpiste a los pájaros. 

De otro lado, el deseo de aprender por aprender se ha vuelto muy raro. El prestigio de la cultura se ha vuelto casi exclusivamente social, tanto en el campesino que sueña con tener un hijo maestro  o el maestro un hijo universitario cuanto en las gentes adineradas que adulan a los científicos y a los escritores famosos.

Los exámenes ejercen sobre los jóvenes estudiantes el mismo poder obsesivo que el dinero sobre los obreros que trabajan a destajo. Un sistema social está profundamente enfermo cuando un campesino trabaja la tierra con la idea de que es campesino porque no es lo bastante inteligente para llegar a ser maestro".

Huelga añadir nada a lo que dejó dicho ahí Simone Weil. Pero sin embargo, con tal de retomar sus palabras ("Dios mío que solos se quedan los muertos") y sin pretender actualizarlas demostrar su actualidad, sí que creo que vale la pena volver a ellas, comentarlas. Lo primero que se me ocurre pensar es que seguramente las Ciencias y las llamadas Humanidades siguen estando en sendas torres de marfil como ajenas al polvo de los caminos y ya no digamos al barro de las togas. Y sin embargo el saber está confiado a gente que tiene casi exclusivamente una formación universitaria y ese saber está endogámicamente afianzado y con una clara determinación a perpetuarse. Alguna vez ya he señalado mi sorpresa y desconcierto ante la supuesta infalibilidad del método científico, cuando cualquiera de sus antropólogos estaría dispuesto a admitir y argumentar que el saber -como todo- está pasteleado por los intereses de los grupos dominantes. Cosa que nos llevaría a condenar no ya la falta de compromiso real de la mayor parte de los universitarios más influyentes con la sobreexplotación del medio natural y sus especies, sino incluso su participación proactiva.  Yo no me quedo indiferente ante proyectos tan deleznables como el de las Glowing plants o vegetales bioluminiscentes de ADN alterado, a manos de un aburrido y aburriente matemático, que pretende así substituir el no menos lucrativo negocio de las farolas. Se pueden comprar semillas en Etsy, que es una especie de tienda virtual donde lo mismo puedes comprar pulseras de jade que marcos de foto hechos con cuerno de antílope que papel de arroz que cualquier cosa que en teoría (según la mía propia) no tendrá problemas en Aduanas como si las tendrán muchas cosas que se pueden adquirir en E-bay. Lo que yo no comprendo es si esa luz que emiten algunos de los árboles de Glowing plants -ya que ni siquiera se garantiza que funcionen todos- puede ser manejada a voluntad. Es decir, si en un momento dado podemos apagar esas luces, no tanto porque temamos un bombardeo (sabemos que la falta de luz no es un freno para las armas de destrucción masiva) sino porque a veces  hay que participar en una de esas campañas de apagón contra el cambio climático. La Arabidopsis thaliana tiene la buena suerte o la mala suerte de haber sido la primera especie vegetal cuyo genoma ha sido secuenciado y eso la ha convertido en objeto de infinidad de experimentos, entre ellos el de la bioluminoscencia. Al parecer se eligió esta planta por su simplicidad vegetal, especialmente si la comparamos con la de un ser humano, y porque se la tiene por una "mala hierba".

Cuando Simone Weil se refiere al hecho de que a los niños polinesios se les enseñaba que sus antepasados franceses tenían el cabello rubio nos encontramos ante una de aquellas aberraciones del sistema educativo o de los sistemas educativos a los que a veces recurrimos. Lo comentábamos en abril, con un artículo de Xavier Pericay sobre los absurdos pedagógicos. Alguien en Facebook aseveraba que los niños de Barcelona son tan listos que lo mismo te hablan urdu que nauhátl que catalán que español que todo y todo muy bien. Pero quien defendía esa idea lo que defiende es implícitamente -no lo declara- que no se sostengan los derechos reconocidos por la ley para que los niños hispanohablantes reciban una enseñanza de su lengua propia. Se basa en la falacia de que el español ya se aprende por todas partes. La otra falacia, esta mendaz y malintencionada, es la de repetir hasta la saciedad que los niños catalanes tienen una competencia en castellano mejor y mayor que la de nadie más. No hace mucho aún le pude oír esta afirmación a la vicepresidenta Joana Ortega. Y en realidad, tal y como ha denunciado pormenorizadamente [enlace roto], con los exámenes en la mano, Convivencia Cívica Catalana el pasado 21 de junio, los exámenes de español o de castellano a que son sometidos los escolares en Cataluña son de un nivel más bien bajo y exigen una competencia inferior a los exámenes equivalentes para el catalán. El tema de la inmersión o sumersión lingüística y demás está tan infectado por los intereses políticos y económicos que prácticamente es intocable y es imposible evitar los resortes irracionales. A los ojos de Simone Weil, el hecho de negarles a unos niños el enraizamiento con la tradición de donde provienen sería un factor de desarraigo y por lo tanto es su degradación personal y atenta (no de "atención", de "atentar") contra derechos elementales no materiales pero necesarios para vivir y para la dignidad de las personas. No olvidemos además que el hecho de que los padres no puedan ser trasmisores de una cultura los coloca a su vez en una situación de correspondiente desarraigo y desasimiento con un panorama de humillados y/o ofendidos. Estoy pensando en mis padres, que recibieron su educación familiar pero que no pudieron transferirla. Pero mis padres fueron emigrantes de Galicia, ya humillados y ofendidos por sus respectivos sistemas educativos.

Cuando hace uns días la BBC ensalzaba el sistema educativo más efectivo y eficiente de Europa, el finlandés, señalaba que su puntal estaba no en la cantidad de deberes que se les mandaba a los escolares -que era menor- ni en los recursos que éstos contaban en las escuelas, sino en que los profesores eran los mejores preparados de todo nuestro viejo continente. Y a mí me parece muy bien que la gente que se dedique a la enseñanza sea la mejor y no la que no sirva para otra cosa, por decir algo, pero eso -en nuestras latitudes de intervencionismo y socialdemocracia mal entendida- puede ser una vía para negarle a las familias su papel. Está claro que el crecimiento de los niños culmina con lo que los freudianos llaman "la muerte del padre", pero también lo es que la madurez supone una comprensión del padre.

 

"Saturno devorando a su hijo" (Francisco de Goya, 1819-1823)

18/6/13

Tuttle y Buttle

"Spencer percibió en su sonrisa, así como
en sus palabras, aquella delicada ironía, tan característica ella,
que le parecía ver en la mitad de las cosas que decía.
Era una ironía carente de acritud,
cuyo origen exacto era una imaginación desbordante,
y nada tenía que ver con los sarcasmos baratos
que se oyen en boca de la mayoría de las
gentes que se mueven en la buena
sociedad, gentes que pugnan por labrarse
una reputación de inteligencia,
siendo así que ninguno la posee en
grado alguno"

Henry James, El rincón feliz


l error u horror fiscal sobre las 13 fincas que supuestamente vendió la Infanta Doña Cristina de Borbón me recordó uno parecido que tuvieron aquí en el catastro de Barcelona con mi padre, al que le atribuyeron 5 pisos que nos costó Dios y ayuda probar que no le pertenecían. Descubrimos el error por casualidad, al ir a comprobar otra cuestión y recuerdo que el funcionario o eventual de turno ante nuestra sorpresa o desconcierto usó una frase un tanto sarcástica. Mi madre les había dicho desde su lado del mostrador: "Pero ¿cómo iba a tener mi marido 5 pisos?", a lo que el tipo repuso: "Ah ¿y usted qué sabe qué es lo que tiene su marido por ahí?". Mi padre por aquel entonces lo que tenía básicamente era un diagnóstico de Alzheimer firme, por lo que el comentario no dejaba de traslucir además de lo que los anglosajones llaman "lack of professionality" una consideración cafre y desafortunada.
Por lo que estoy oyendo desde ayer en la radio el error sobre las supuestas propiedades de la Infanta es semejante al que hubo con mi padre, al que le habían asignado 5 propiedades por la sencilla razón de que el sistema informático había vinculado al nombre de mi padre todos los pisos de contribuyentes que se llamaban igual y cuyo DNI no había sido registrado o se había asimilado al suyo. El caso es que este error no se podía no ya probar -que esa es otra cuestión que nos entretuvo varios días- sino incluso rectificar, porque la chapuza del sistema informático del otrora llamado catastro estaba y está más blindado que un búnker de hormigón armado. Lo que no sé es si la opinión pública será capaz de pensar más allá de la noticia de lo de la Infanta y ver la cantidad de errores sistemáticos que hay o habrá por ahí. Excuso decir que si los 5 propietarios de los 5 pisos que le atribuían a mi padre no hubieran pagado sus contribuciones religiosamente Hacienda hubiera ejercido toda su capacidad de apremio y embargo sin piedad y sin atender a lo que salta a la vista, que tienen una plataforma informática que no es mejor que la del ministerio de Información de la película Brazil (Terry Gilliam, 1985). En la película una mosca cae en un informe durante su impresión y hace que la palabra Buttle se transforme en Tuttle, nombre que se corresponde con el de un terrorista. El desafortunado Archibald Buttle muere durante su interrogatorio, si no recuerdo mal, de un infarto de miocardio.

 

Henry James (fotografía de William M. Vander Weyde)


Aunque estos días se habla del adelgazamiento y racionalización de la Administración pública no tengo ninguna fe en que se consiga nada e incluso creo que puede ser peor. Aparte del cafrerío supuestamente irónico y la chapuza que tanto abundan, y a los que más que referirme de lleno he apuntado y ejemplificado con un caso muy particular, está la capacidad que tiene la función pública o funcionariado de absorber o asimilarse parásitos, políticos e inútiles y molondros varios. El administrado no distingue entre un funcionario de carrera, que ha accedido a su puestecillo de trabajo tras superar una serie de pruebas a cual más absurda, y un molondro enchufado. Además la administración tiende a crear departamentos que acaba desatendiendo para crear otros que tienen exactamente la misma función pero que lanza  como el no va más del más allá entre lluvias recias de purpurina y campañas de adelgazamiento burocrático y modernez. Esos nuevos departamentos a su vez son  olvidados y tenemos varios departamentos inservibles cuya liquidación es improbable cuando no imposible.
Sería injusto no referirse a personas que acceden a la función pública para hacer el trabajo de funcionarios públicos que están promocionados pero que no saben hacer el trabajo por el que los han promocionado ("inertos", una fusión entre el inepto reunionólogo y el inerte reunionista). En el mejor de los casos, esa clase de profesionales que se ganan la vida cubriendo la ineptitud de los injustamente promocionados "inertos" se ve de alguna manera reconocida. Pero siempre crea un malentendido, el de que el enchufado vicariante hace el trabajo de uno o varios funcionarios, cuando en realidad lo que está haciendo es impedir que acceda a ese puesto un funcionario que estando preparado para ejercer esa función nunca podrá aspirar a desarrollarla porque eso supondría una amenaza para el que fue promocionado sin tener prendas. No sé si me explico.
De manera que si el Ejecutivo consigue metabolizar esa continua fuente de ironía y cafrerío, y transformarla en algo con su cierta racionalidad, nos podríamos dar por satisfechos, pero es cosa que no creo ni remotamente. Todo lo más, lo único que el Gobierno de España puede pretender es que la proporción de cargos políticos a dedo, esbirros y trabajitos chapucillas externalizados pagados como oro puro sea algo menor de lo que viene siendo, algo asfixiante.

 

(c)SafeCreative 22172888234

7/6/13

Rollos negativos

"A pesar de que trabajó como niñera en Chicago durante más de cuatro décadas, la fotografía fue para Vivian Maier la pasión a la que dedicó toda su vida. Sus estampas en blanco y negro son un singular testimonio de la vida callejera de Chicago y Nueva York de los años 50 y 60. Bajo el título 'Vivian Maier, Street Photographer', la Sala Municipal de Exposiciones San Benito de Valladolid acoge hasta el 8 de julio la primera gran exposición a nivel europeo que se realiza con esta, hasta ahora, desconocida fotógrafa norteamericana." (Metrópoli)

"Aunque trabajó como niñera durante casi toda su vida, Vivian Maier fue descubierta por John Maloof como fotógrafa de calle y de viajes en 2007, en una casa de subastas locales en Chicago. Siempre con una Rolleiflex alrededor del cuello, Maier se las arregló para acumular más de 2.000 rollos de película, 3.000 fotografías impresas y más de 100.000 negativos que, aparte de ella, prácticamente nadie más contempló durante su vida. Sus fotografías en blanco y negro son imágenes indelebles de la arquitectura y la vida callejera de Chicago y Nueva York, sobre todo de los años 50 y 60." (El Mundo)

 


e resisto a extractar o referirme a la  vida de Vivian Maier  sino es enlazando la Wikipedia para que ustedes puedan recibir la impresión sin mi mediación.  Verán que las dos citas que al buen tuntún recojo ambas hacen mención a su condición de niñera. Vengo de ver la web de donde al margen de los derechos de explotación intelectual, cosa que solo he transgredido en dos ocasiones, he tomado una de sus fotos para el Álbum. Hay 40 autorretratos. Y de los 100.000 negativos de la Rolleiflex a que se refiere "El Mundo" apenas se han positivado la mitad. Pero de lo que llevo visto siquiera ahí en la web mencionada, me resultaría extremadamente difícil elegir por un decir 10 fotos. Todas son muy buenas o debería decir que todas me gustan mucho.
Debo también decir por delante que a mí todos los datos sobre la existencia de la artista, aunque trasluzcan una vida que a algunas personas les resultaría peculiar, para mí no son más que un material tan precioso como lo es el de todas nuestras pobres vidas. Estos días en que se le ha concedido el Premio Príncipe de Asturias a Antonio Muñoz Molina y se ha enaltecido su coherencia y su corrección política, estos días en los que se ha celebrado los 115 años creo del nacimiento de Federico García Lorca y se ha usado para engrandecer su posición en medio de la locura de entreguerras, yo sigo creyendo y pensando que el verdadero artista nunca se justifica por su coherencia ni por su posición. Les confieso que el uso que se ha hecho de Antonio Machado o de Miguel Hernández me impide, al menos temporalmente, no sé ya si para siempre, disfrutar de su obra como la había disfrutado en algún momento. Que se haga de los poetas un uso partidista entra dentro de la dinámica de estos tiempos. Por lo demás, el hecho de que Rosalía de Castro padeciera de un cáncer de ovario o sobreviviera a dos de sus hijos (si no recuerdo mal) no la hicieron mejor ni mayor poeta. Curiosamente la secularización de la sociedad ha trasvasado la borra hagiográfica de los santos y mártires a los intelectuales, músicos y poetas que se han prestado o no a ocupar las hornacinas de Nuestra Señora de la Santa Indignación, el Sepulcro de la Eutanasia Llevadera, el Sagrario de la Alianza de las Civilizaciones y la Reverendísima Solidaridad.
Hay 40 autorretratos de Vivian Maier, digo, como si no se subrayara su identidad más genuina a través del resto de sus miles de fotografías. Alguno es un reflejo sobre una superficie cóncava, donde aún destaca más su prominente nariz, otros son su mera sombra como una interferencia no evitada en el encuadre. Estoy pensando en las meras fotos de perfil por ahí por las redes sociales en que muchos se muestran tras una cámara. O tantos autorretratos en que el hombro delata con qué mano se hizo cada cual su foto. Estoy pensando también en Orlando (Sally Potter, 1992), en cada vez que Tilda Swinton, cuando cambia de ser hombre a ser mujer o de ser mujer a ser hombre, mira a la cámara a sabiendas de que trasciende la escena, de que hay un rodaje que a su vez es el símbolo del futuro. Las piernas de Marlene Dietrich en El ángel azul y esa mirada de Tilda Swinton no tienen equivalente en la historia del cine. O tal vez sí, pero no ahora en este preciso momento.
La mirada de Vivian Maier, madre francesa, padre vienés, su vida entre Nueva York y Chicago, no es por supuesto la mirada de la niña de la foto que finalmente elegí, una mirada directa, la mirada del presente que tanto envidiamos a los niños (algunos van quedando). Vivian Maier mira el presente pero con una cierta rigidez, como de quien se para para tomar esa instantánea que en realidad tomó y para captar el momento. La mirada de la niña es puro presente y establece otra dimensión diferente a la del espejo. En ese eje gira el quehacer fotográfico. Hay fotografías muy bonitas en internet, cada vez más, algunas retocadas, con los colores o el contraste intensificados, con paisajes grandiosos que dan fe de grandes viajes y del paraíso terrenal. También hay fotógrafos que pretenden denunciar los horrores de este mundo, pero suman y siguen cuando eligen lo que conviene ser mostrado. Algunas de estas fotos no diremos que estén retocadas pero sí que muchas veces son tendenciosas y nos empujan sin rubor alguno a determinarnos a favor o en contra de algo. Fotos bandera. Para mí ni los cromos de la Virgen del Pixelado ni los bodrios del Cafrerío (que no Cofradía) de la Devota Prensa Procesionaria no son lo que yo busco en fotografía. Por cierto, ahora el "The New York Times" lleva unos días que no ha hecho nada en su campaña contra España o su marca. Pero esto, claro está, es una apreciación personal. 

Autorretrato de Vivian Maier (©Maloof Collection)