Del pasado enciclopédico de este blog quedó un post titulado “¿Mil doláres o 50 centavos?”, uno de mis homenajes a Marilyn Monroe, porque de ella es la frase “En Hollywood te pueden pagar 1.000 dólares por un beso, pero sólo 50 centavos por tu alma.” Pero no hay dos besos iguales. ¿O sí? Porque además del episodio de mis calcetines pienso en otra frase famosa que no sé si recuerdo bien y en la que Michael Jackson decía poco más o menos algo así como que su hermana y él eran dos personas diferentes.
Estos días en que tanto se ha hablado de la futura ley de la autoestima en
Estados Unidos, contra los apaños, trucos y tejemanejes varios del Photoshop,
no puedo menos que sumarme por lo menos a la oposición al paquete de Adobe. Ya vimos el otro día lo que hicieron con las
piernas de la exministra de Defensa. Si Celestina, la más famosa
recomponedora de virgos de la literatura universal, levantara la cabeza,
alucinaría pepinillos. El otro día vi un vídeo de una tal Alanis Morissette.
Perdón si escribo mal el nombre, pero como precisamente iba más pintada que una
puerta, que parecía una máscara de Anonymous, ¿qué más dará una ese más o
menos? Las pestañas de Pene Cruz son inverosímiles. Hoy vi un primer plano de
Julia Roberts en que se la ve irreconocible de tanto retoque y tanto
alisamiento que le han practicado a ella o a la foto o a ambas. Sí, ya en los
cuarenta, es cierto y se dijo que Rita Hayworth era un producto de Max
Factor, y que Hollywood había conseguido que su frente retrocediera un par de
centímetros, puesto que tenía cuando estaba en Sevilla el nacimiento del pelo
mucho más abajo de lo que lo tuvo en “Gilda” por ejemplo. Pero la cosmética
siempre se había dedicado a realzar las virtudes y a disimular los defectos,
pero sin tanto engaño.
La
pobre Rita Hayworth sufrió en los últimos años de su vida la enfermedad de
Alzheimer, aunque en un principio se pensó que lo que padecía era un demencia
alcohólica. Y no veo en qué una condición descarta otra, la verdad, de la misma
manera que “cosmética” actual cuenta con la paleta de sus posibilidades sin
proponerse límites ni descartar recurso informático alguno.
Ayer por la mañana en la Ronda de Dalt un coche detuvo el
tráfico por un rato porque el conductor se hizo a un lado para que su madre o
quien parecía su madre, una anciana en todo caso, apoyada contra un quitamiedos
se hacía caca piernas abajo. Hay quien parecía puerilmente divertido, hay quien
parecía como escandalizado o asustado o, en fin, no me llegan las palabras para
expresar lo poco que nos gusta darnos cuenta de lo fácil que es vernos en un…
aprieto. Se dirá que el conductor podía haber seguido la dirección que llevaba
y si acaso luego limpiar los efectos del desaguisado. Pero por lo que fuera
consideró que lo mejor era parar allí mismo, uno de los puntos de más tráfico
en Barcelona y más a aquellas horas. Aunque por un lado cubría la escena la
puerta del coche y por otro él mismo, fue evidente para todos lo que lo
pudieron ver. Y me parece que no están muy acostumbrados. Es que en el hospital
vemos mucho estas cosas, porque entre que la gente está enferma o allí alguna
prueba los deja descompuestos, tenemos más de una oportunidad para saber que el
que no sabe lo que es eso, que lo puede esperar. Y la caca no se limpia con Photoshop.


