a foto de hoy es de Juanita, hija de W. Eugene Smith, que ya la habíamos tenido por aquí cuando publicamos “The walk to paradise garden” (1946). Hay muchas fotos en internet de Juanita, de las cuales mi preferida es “Juanita in party hat“. La de este post, “Death of Gus-Gus” (1953) tiene otras instantáneas previas. Esta fue subastada en Christie’s el año pasado y obtuvo un precio de 6.875 dólares.
La imagen con la que
pretende ilustrar el tema del dolor psíquico y físico no sé si es la más
adecuada. Tal vez, del mismo W. Eugene Smith, nos hubiera servido la de la misaen Filipinas el año 1944, o tantas otras sobre la guerra. Y es que hay dos
cuestiones que caracterizan el dolor: su grado y que no se puede descargar en
otra persona por lo menos como si se tratara de un peso. Esta foto nos habla
del grado del dolor puesto que se suele decir que el dolor psíquico más
grande que existe es el de perder a un hijo. Eso sin entrar en detalles,
porque ya sabemos que si esa muerte esta precedida por una larga enfermedad y
hay una despedida y el cadaver recibe sepultura o cualquiera de las atenciones
que ayudan el duelo, tendemos a creer que es menos doloroso que una muerte
violenta o con ultrajes, e incierta. De manera que la muerte natural de
un ratoncito, en la escala del dolor estaría muy por debajo de la muerte
violenta de una hija en manos de un degenerado. Llegados aquí habrá que
recordar que hay quien encuentra precisamente su placer en el dolor ajeno, sea
por crueldad o por sadismo. Cosa que -por dar una explicación rápida- es muy
elocuente del enorme parecido que guardan el placer y el dolor.
También se suele decir que
el dolor psíquico puede ser muy reconfortado con el dolor físico, cosa que
reviste un no sé qué de autopunición que tiene su aquel. El dolor más
insoportable que yo he conocido es el dolor de oídos y el de una torsión de
ovario. Tal vez en el extenso catálogo de horrores de la patología humana y animal,
se conoce más la torsión testicular que la oofórica, pero les aseguro que
existe. Luego siempre hay algún galeno que dice que el dolor “es psicológico”,
cuando lo que es si acaso es subjetivo, pero eso es porque seguramente
nadie le ha dado un golpe con un attaché Samsonite en la
espinilla o algo parecido. Ideas no me faltan. Se suelen colocar en la escala
del dolor el cólico nefrítico, el parto y el disparo de arma
de fuego en los intestinos, yo no sé. Del típico golpe en el codo que duele
mucho pero dura poco, precisamente por eso, porque duele mucho y porque dura
poco, se llama dolor de la viuda. Pero hasta aquí llegan mis
conocimientos del dolor.
La mayor parte de las veces
confundimos el dolor con la rabia o hasta con el orgullo herido o una identidad
maltrecha, pero quien más quien menos, más tarde o más temprano, sabe que
el dolor tiene que ver con algo más profundo y transformador. A los enfermos
les solemos oír decir, en los hospitales, “no puedo más” y cosas así. Cada vez
menos, por cierto, gracias a que la analgesia y el tratamiento del dolor ha
mejorado. Aún me acuerdo de un verano en Finisterre, con un enfermo terminal
con cáncer de estómago al lado de la casa de mis abuelos. Eran otros
tiempos. El dolor psíquico también tiene su evolución, su proceso. Por eso
dicen que hay tantas advocaciones de la Virgen tras la muerte de su Hijo,
porque pasó por el Dolor, por las Angustias, etcétera. Hay momentos en que el
dolor se ahonda para crecer. Y en el dolor físico hay momentos de reflujo en que
el daño se disipa para enraizarse mejor y llevar al doliente a un padecimiento
extremo. Parece que el dolor físico no tenga otra utilidad que la de anunciar
que algo va mal y que tenemos que ir al médico, mientras que el dolor psíquico
se suele decir que sí tiene utilidad, que es como un camino para
sensibilizarnos, para hacernos conectar con nuestra verdadera naturaleza y
abrirnos a ser alguien mejor. Lo que no ayuda en ninguno de los dos casos, todo
lo contrario, es la impaciencia y el miedo. Por lo demás, así como hay
dolores agudos los hay crónicos. Lo mejor con el dolor crónico es abrazarse a
él e ir pasando.
Hay personas a quienes el
dolor solo consigue hacer más egoístas, o les aísla más. Y por el contrario hay
gente que siempre piensa en los demás, incluso cuando padece. Por eso resulta
tan inopinado que Juanita le pusiera precisamente narcisos a Gus-Gus en ese
féretro que bien podía ser el estuche de una cámara o de un brazalete. Pero no
hay que ir a buscar siempre el significado de todo como en un código cerrado.
Los ratones pueden llegar a oler tan mal incluso cuando están vivos que ni los
nardos pueden contrarrestar su peste.
