a) Usted sabe que yo sé que usted sabe
que yo sé que una web no se puede ni se debe externalizar.
b) Yo sé que usted sabe que yo sé que
usted sabe que una web no se puede ni se debe externalizar.
La diferencia entre construir las frases de relativo en dirección
yo-usted o usted-yo es difícil de explicar, al menos para mí, en el formato de
un post. Pero sé que ustedes saben que por alguna razón la segunda frase es más
malsonante o cacofónica y se podría añadir que tiene algo de descortés. Debe de
ser por la misma razón por lo que lo es, descortés, decir “¿me entiendes?” en
vez de “¿me explico?”.
Habría que hacer más pruebas, y no durante la tarea de tender la ropa, y
ver también en qué interviene el número de veces que se va incrustrando la
frase de relativo en cualquiera de las dos direcciones. Pudiera ser que de la
misma manera que cuanto más queramos intensificar la complicidad de nuestro
interlocutor con más tiento habrá que enmarañar el ovillo, pero algo me dice
que no, que la intensidad está confiada a otro recurso, no al de la mera
repetición del efecto.
Ya se sabe que el final del laberinto es su principio, por lo que
ese algo me dice que la forma más eficiente de la frase sería la que empezara
igual que acaba. Esto, Doña Concha (Concha Piquer por supuesto) lo
explicaría la mar de bien, de la misma forma que con un simple gesto de su
abanico demostraba que era vulgar y ridículo marcar el compás con el ventalle,
y que el compás iba por una lado y el abanico por otro. En una copla, para ir
situando el tema, lo que se hubiera dicho es: “Tú sabes que yo sé que tú
sabes”, etcétera. E insisto, el abanico a su aire.
Se suele decir que de las cosas más difíciles de trasmitirle a un
anglófono cuando pretende hablar español es el régimen del subjuntivo o
la flexión de los verbos ser y tener correcta. No es tan sencillo como
intentar meterles en la cabeza que el subjuntivo está en el ámbito de las
hipótesis mientras el indicativo está en el ámbito de la realidad. Y sin
embargo yo creo que es más difícil trasmitir la expresividad de
determinadas construcciones como la que he sugerido. En la anglofonía pura y
dura hay expresiones en las que la gentileza provoca unas evanescencias
gramaticales en las que nosotros nos resbalamos. Ni siquiera se me ocurre cómo
decir en español algo así como “¿Tendría usted por un casual la amabilidad
de decirme si le importa que abramos un momentito la ventana?“. Se podría
encontrar además con el catalán del chiste que le contesta: “Es igual“.
Pero no es que le conteste “es igual”, el del chiste, porque le sea
indiferente, sino porque la ventana no tiene cristal.
Pero todos estos juegos anagramaticales no nos deben despistar de
lo más importante, del fondo de las cuestiones, de los bajos fondos de las
cuestiones. P.e., ayer fue el Día internacional del cáncer de mama. No
es ninguna tontería sobre todo a la vista de que en mi caso personal -si es que
sirve de muestra estadística- de 21 puertas que hay en mi bloque, ha habido ya
3 casos de cáncer de mama. Y la vecina de enfrente también ha pasado por lo
mismo. A mí no me salen los números. Ni siquiera sé si esa proliferación me
salva ─estadísticamente hablando─ de ser objeto o sujeto de la enfermedad, ya
que es probablemente improbable o improbablemente probable que haya más mujeres
con más tumores o más mujeres con menos tumores. Después está el hecho de que
nos tienen amargados con el colesterol. Entre que cada vez ponen más
bajos los intervalos de hipercolesterolemia y que cada vez hay más pastillas
hipolipemiantes (y más caras), el tema de la colesterolemia nos afecta a todos:
a la vecina de enfrente, a las que tienen cáncer de mama y a las que no, al
catalán que decía “es igual”, a todo el mundo que está vivo. Y servidora ha
llegado a la determinación de que no le van a amargar la vida, ni con esto ni
con nada. Está claro que no me voy a dar atracones de grasa, pero si para vivir
-en vez de 90 años- 95 me voy a tener que quitar de comer de vez en cuando un
pincho de tortilla de patata o chorizo, ya saben mi respuesta. Me “es igual”
tener las arterias como los chorros del oro, me importa un pito que me de un
ictus y hagan conmigo salchichas en un clinicucho de bien morir, pero lo que es
yo mientras pueda comeré dentro de un orden lo que me pida el cuerpo. Ustedes
saben que yo sé que ustedes saben que les digo la verdad.
